Esperanza y Pereza

Castiel despierta lentamente, le cuesta mucho abrir los ojos y se le hace imposible moverse, pero con un pequeño esfuerzo abre los parpados y ve a su alrededor.

Por un momento no sabe ni donde esta ni como ha llegado allí, pero entonces los recuerdos de la noche anterior surgen en su memoria. El cobertizo ahora esta iluminado. Cas sabe que es de día pero no sabe que hora es ni cuanto ha dormido.

Siente la pereza tirando de el, queriendo devolverlo a un sueño profundo y reparador, porque aparentemente, su cuerpo aun no ha descansado lo suficiente. Parpadea varias veces para retirar la bruma de su visión y aclarar su mente, no puede volver a quedarse dormido, debe salir de allí y seguir en movimiento.

Pero entonces nota varias cosas al mismo tiempo que lo alertan.

Se siente observado. Primero ve un fugaz movimiento por la esquina de su visión, algo que desaparece rápidamente detrás de cajas y herramientas viejas. Escucha una respiración susurrante y luego la mas diminuta, aguda y melodiosa risita que es suprimida inmediatamente.

Cas se pone de pie en un segundo, teniendo que apoyarse en la puerta porque siente un fuerte mareo y porque se queda sin aliento repentinamente. Pisa algo en el suelo y al ver lo que es frunce el ceño.

– ¿Banditas Winnieh The Pooh? – pregunta al aire al ver la caja medio aplastada.

Escucha más ruidos de movimientos y alza la mirada escaneando el lugar. – ¡¿Quién esta allí?! ¡Muéstrese! – reclama.

Toma la primera arma que consigue, un bate de madera, y lo alza para estar preparado en caso de ataque. No piensa volver a ser victima de humanos criminales.

Finalmente, ve salir de su escondite a lo que lo estaba espiando.

Pero no es un que.

Es un quien.

Más específicamente, una niñita.

Cas mira boquiabierto a la criatura de no más de cinco años, rubios cabellos platinados, claros ojos azules y mejillas sonrosadas. Deja caer el bate y con el pie lo aparta a un lado, escondiéndolo de la vista.

Ella le sonríe tímidamente, balanceándose sobre sus pies, Cas se aclara la garganta, incomodo.

–hmmm hola…– dice la niña en una melodiosa voz.

–Hola…– responde Cas, con voz medio rasposa. De nuevo, se aclara la garganta.

– ¿Qué hace aquí? – inquiere la niña, mirándolo.

–Yo, hmmmm, ¿Es esta tu casa? – pregunta Cas, evitando su pregunta.

La pequeña lo mira entre divertida y contrariada.

–Mi papi dice que no se debe responder una pregunta con otra pregunta. – responde fluidamente.

–Oh…tu padre parece ser un hombre sabio. – responde Cas, sin saber que mas decir.

Ella ríe –No vivo aquí, vivo en la casa, aquí mi papi guarda sus herramientas y mi mami las cosas que ya no utiliza pero no quiere botar. – explica.

–Hmmm claro…– responde Cas, pensando en como largarse antes de que los padres de la niña lo descubran.

Porque si algo sabe de los humanos, es que encontrar a una niña pequeña con un desconocido que luce como un indigente nunca es bien visto.

– ¿No te han dicho tus padres que no debes hablar con extraños? – pregunta Cas. Sabe que los niños son muy ingenuos e inocentes y la pequeña parece ser muy confiada con extraños. Lo cual la hace presa fácil para depredadores, no quiere ni pensar en lo que le pasaría a ella si se topase con otro extraño que no fuese el y que tuviese malas intenciones.

Ella asiente a su pregunta.

–Bueno, ¿Entonces porque hablas conmigo? –

Ella sonríe ampliamente. –Porque se que no eres malo. – responde simplemente.

– ¿Como lo sabes? – pregunta Cas, con verdadera curiosidad.

Ella se encoge de hombros. –Solo lo se. – responde, pero su mirada juguetona expresa que guarda un secreto.

–Oh hmmm bueno, pero no debes hablar con extraños, nunca, por nada del mundo. – advierte Cas.

Ella sonríe y asiente fervientemente.

Cas vuelve a mirar la caja de banditas de Winnieh The Pooh en el suelo. Se inclina y la recoge. – ¿Es tuya? – le pregunta innecesariamente, porque ya sabe la respuesta. Desde el primer momento que la vio.

Ella lleva puesta un pijama de Winnieh The Pooh, sostiene una mantita de Winnieh The Pooh, y también abraza un peluche del oso amarillo.

–Si, pero se las regalo, creo que usted las necesita mas que yo. – responde, señalando hacia el abdomen de Cas.

El mira hacia abajo, solo para encontrar su camisa con un tajo y la herida hecha por el motociclista la noche anterior, larga y poco profunda cruzando su abdomen horizontalmente.

–Oh, gracias. – responde, con sentimiento por el gesto de la niña.

–De nada.

Cas le dirige una sonrisa sincera, la primera que muestra en mucho tiempo.

– ¿Sabes que hora es? – pregunta Cas.

–Pasadas las cuatro…de la tarde., usted ha estado durmiendo todo el día. – responde la pequeña.

Cas se asombra al escuchar esto.

– ¿Has sabido todo este tiempo que he estado aquí?

Ella asiente. – Vine aquí a jugar cuando amaneció. Y lo encontré durmiendo. Pensé que se veía muy cansado y no quise despertarlo. También he mantenido a mi papi lejos de aquí todo el día. – responde.

–Gracias, pequeña. – susurra Cas. Con la esperanza de que tal vez la raza humana no esta perdida después de todo. –Yo debo irme ahora, debo continuar…– dice Cas, le da una última mirada agradecida a la sonriente niña y se gira para salir por la puerta.

– ¡Espere! ¿Cómo se llama? – pregunta ella.

–Castiel, pero puedes decirme Cas. – responde con una sonrisa.

El la mira con curiosidad.

– ¿Y tu? – pregunta.

Ella sonríe y sus ojos brillan. –Meg. Mi nombre es Meg. – responde.

Castiel la observa en silencio, repentinamente pensativo.

– ¿Sucede algo? – pregunta Meg, inocentemente.

Cas niega con la cabeza. – No, nada. Es solo que…yo conocía a una Meg. Era una amiga…– Castiel fija su mirada en la niña. – Eres la segunda Meg que conozco y la segunda en ser una amiga. – dice. Cas le sonríe una ultima vez –Gracias por todo Meg. – añade.

Y sale de allí.