La historia de Mamá Li Bao
Sí, es cierto lo que Bill y Eric te han relatado. Provengo de la Dinastía Quing, pero siempre admiré más a la Han, por eso mi apellido. Y si, maté a mi familia. Como toda princesa quise el poder, pero yo estuve entrenada desde pequeña para el arte de la guerra, tal y como mis hermanos. Esa ha sido la constante toda mi vida y mi muerte, y mi creadora misma es la más poderosa del mundo. Los que he amado han sido guerreros. Los que me han amado y odiado, también. Tengo hermanos de sangre o armas. Y solo busco luchar contra adversarios más fuertes.
El gran problema para mí llegó a finales del siglo XIX, cuando me enamoré de un joven noble holandés, llamado Kees Van der Rihn. No tenía nada, nada en especial, solo era tan, si no más, autodestructivo como yo. Lo conocí en un fumadero de opio en Cantón, y por el fui capaz de recorrer el otro lado del mundo e instalarme en Londres, donde vivía con su familia. ¿Qué puedo decirte, Sookie Stackhouse? No era fuerte como tú, no sabía defenderse solo. Creo que no habría sabido ser pobre. Solamente le encantaba el placer, auto torturarse y auto compadecerse. Su madre era una caza-vampiros, y por eso lo enlazó con otra mujer hija de una bruja, Verena van der Rihn. Esa mujer me causó muchos problemas. Porque Kees se debatía entre ella y yo. ¿Qué sucedió? Que él se casó, tratando de huir de mí, que le recordaba su lado oscuro: Adicto, encantadoramente adicto, autodestructivo y violento. El matrimonio no funcionó, y ni siquiera vimos si eso podría pasar. Ella tuvo sus hijos, y yo simplemente la maté del susto.
Su espíritu vino a atormentarme, a atormentarnos, y tuve que recurrir a los viejos hechizos para deshacerme de ella. Hechizos chinos. A costa del pobre Kees, claro, más loco que nunca. El escondió a sus hijos a mis espaldas y mandó a su hermano a América. Lo creé, y provoqué a su madre, que convocó a los peores caza-vampiros y aliados hombres lobo, y viejos enemigos míos para eliminarme. Al lado del Támesis los maté a todos, con mucho esfuerzo. Yo sola. Kees se horrorizó conmigo.
Por eso, de repente, pensé en irme a un lugar donde empezar de nuevo. China me aburría, Europa también, y se me ocurrió América. Sabía que Kees me había ocultado el paradero de sus hijos, yo no le creía que hubieran muerto sin su madre. Creo que nunca confié en él, en el fondo. Y supongo que él lo sabía también. Siempre me ocultó todo, y yo también, no lo niego.
Pero yo tenía mi debilidad por él. Por eso le prometí en apariencia no volver a matar, por lo menos no por diversión. Le prometí algo que jamás me cruzó por la mente tener desde que era mortal: Un hogar, un tranquilo hogar. Como soñaron ustedes dos, Bill y Eric, en algún momento. Y La Autoridad me interceptó en Nueva York. En recompensa por la matanza, Román Zimojic, Rosalyn Harris y el pequeño encanto Alex me dijeron que podría escoger el territorio que quisiera, a despecho de su Rey o Reina (el cual yo eliminaría, naturalmente). Le dije a Román que quería San Francisco, sobre todo por la cantidad de compatriotas que había ahí. Y porque me sería más fácil estar protegida entre los míos, si comenzaba a hacerles favores. Y no me equivoqué.
Debes saber que desde 1903 estoy bajo la tutela de Lamar, que es bastante astuto, y bastante guapo, también. Es el primer negro guapo que he visto. Él es mi Rey, si, y me deja hacer y gobernar San Francisco como quiero, porque controlo el territorio muy bien. No soy tan estúpida como para causar guerras que involucren humanos, o a esas bárbaras criaturas que son los hombres lobo, y eso que para mí son fáciles de matar. El que controla las afueras de la ciudad es hombre lobo. Hemos sabido aliarnos, y darnos lo mejor. Y eso hice también con los humanos del Barrio Chino. Les hice favores fáciles. Les di dinero a sus hijos para estudiar. Maté a los blancos que los habían humillado. Maté a los blancos que los amenazaban. Maté a quienes considerábamos una vergüenza para nuestra sociedad, así yo no creyera en las estúpidas leyes confucianas, en lo absoluto.
Y ellos se unieron a mí, sabían que unidos a mí, Mamá Li Bao, que es como me hecho llamar desde entonces, serían prósperos. Sus hijos querían servirme. En realidad he escogido a pocos para ser vampiros. Son especiales. A los demás, les he dado una buena vida. Y comencé a expandir mi influencia por toda la ciudad.
La verdad, querida, ya no puedo negártelo luego de casi 30 años: Me encanta el poder. Pero no podría gobernar un territorio tan extenso, California es muy grande. Además, no me daría tiempo para dedicarme a mi fuente de ingresos favorita, matar por encargo. Es obvio que esto a Kees no le gustó. Lo tuve como un Príncipe, impuse el respeto hacia el entre las familias chinas que llegaron desde 1840 y criaturas que creían que él era débil. Pero el me odiaba, eso es lo que concluyo ahora. El odió que yo no supiera cumplir mi promesa. ¡Pero yo lo amaba, lo amaba a pesar de que siempre le fui infiel, de que siguiera haciendo lo mismo! Lo quería a mi manera. Pero él siempre me vio como un monstruo. Y sabes que no hay nada peor que ver a un vampiro que odia su condición. Y para colmo, que culpa a su creador por sus desgracias.
Él era mi debilidad, y fue mi talón de Aquiles. Eric estuvo ahí. Eric me consoló.
-Era patético. Debiste matarlo en ese entonces. Debiste dejarme matarlo- farfulló el vikingo, impasible. Claude asintió.
-Por primera vez en la vida, estamos de acuerdo, vikingo.
En 1957, descubrí que bien, los hijos de Verena, su amada esposa, habían tenido hijos. Estos olvidaron a través de las décadas, o se esforzaron por hacerlo, lo que había ocurrido, pero la rama de la hija mujer (pues eran mellizos), nunca lo hizo. Esta había desembocado en la última descendiente, Terry. Con poderes tan especiales como los de su abuela. Supe que Kees quería irse con ella. La iba a convertir. La maté en un ataque de celos, en Nueva York. Él se fue, por supuesto. Eric le mostró la cabeza. Y volvió siete años más tarde, y tratamos de que funcionara, pero es claro que si te abandonan, nunca vuelve a ser lo mismo.
Bill y Eric no pudieron evitar mirar a Sookie, que sin embargo les sostuvo la mirada, a pesar de que se sentía incómoda. Yue Lie se percató de ello, pero continuó con su historia.
Y eso pasó. Kees creó a dos gemelas de una de las familias cercanas a mi círculo, a las gemelas Won, a Ling y a Mei. Ling es a quien ves aquí. Eso fue mucho después, tres años antes de que lo ejecutara. Eso se pudo considerar como una deshonra en la familia Won, pero Mei estaba enamorada de él, que bien se acostó con las dos. Ling lo amaba, pero Mei estaba obsesionada. Y a Ling dejó de gustarle cuando le pedía cosas extrañas. Vestirse como yo. O ponerse… mi ropa. Todo tipo de ropa, si me entienden.
Él las había creado para recrear la imagen que algún momento tuvo de mí. Para controlarme. Si lo hizo, con su dulzura, ternura, melancolía, pero él quería hacer otra de mí. Y yo siempre he dominado. Y claro, como eran tan talentosas, entrenaron con Chow, mi tercero.
Tuve que hacer mucho para cubrir esa deshonra, la familia Won tiene las mejores rentas del Barrio Chino gracias a mí. Estaba furiosa con Kees ¡jamás le pedí hijos! Pero el parecía encantado. Y aquí entra a mi historia Russell Edginton.
Siempre admiré a Russell, aunque lo odiaba por ser tan obvio en sus intenciones. Lo conocí cuando le gané en un combate a todos sus lacayos, y me quedé con Claude, que había sido su juguete/amante/consejero/prisionero por 100 años. En fin. Fue cuando se acababa la Edad Media. Hice muchos trabajos para él, que me recompensaba bien, mucho mejor que otros vampiros. Pero nunca lo acepté como alumno: Solo dependía de sus poderes vampíricos para pelear. Además, su megalomanía me parecía más indiscreción y tontería que una virtud a considerar. Aunque sonaba razonable en su discurso, no puedo negarlo.
Quiero que les quede claro que nunca he sido sanguinista, y las políticas de La Autoridad me parecen tontas. No me afecta nada de lo que ocurra en la política, mientras yo llene mis arcas y haga lo que me venga en gana. EN cualquiera de los dos casos, ni los humanos ni los vampiros pueden ocultar su naturaleza de asesinos. Ellos se jactan de vivir con los humanos abiertamente, pero me mandan a cometer sus crímenes. Y los humanos se jactan de ser distintos a los vampiros, pero también me mandan a asesinar a quienes les incomodan. Y esto lo digo, porque Russell me hablaba de ello todo el tiempo. Yo no podía hacer más que darle la razón: Igual, aunque megalómano, algunas cosas las analizaba con coherencia.
Él fue el primero en visitarme 40 años después de que había llegado a San Francisco. Me proponía algo: Unirme a su cruzada. Mataría para él. Y él me daría los territorios que quisiera. Yo le dije que era descabellado, La Autoridad me había fichado primero, y además estaba cansada. Tenía cosas, y a Kees como mi única familia. No acepté su propuesta, en pocas palabras. Pero el ambicionaba mi poder, y en un viaje de Kees a Nueva York, me enteré por mi querido esposo, que había sido mi amante de toda la vida, que él se había entrevistado con Russell. Exactamente lo que este quería.
Dejó que prácticamente los espiaran a los tres, a Talbot, a él y a Kees. A Claude le parecía muy extraño, y en esos tiempos el ambicionaba cambiarse de lugar. Y por supuesto, quedarse conmigo. Yo le otorgaría protección, el me aconsejaría como expandir mis relaciones de poder y tener mucha más influencia en la ciudad, claro, haciendo obras de caridad, pagando demás en los impuestos y todas esas tonterías para mantener a los humanos contentos. Algo que yo manejaba de manera muy regular. Y claro, los sentimientos, y todo eso. A Claude siempre le gustó mi ambición, y mi manera de gobernar, y matar. Y a mí siempre me gustó que le gustara- Yue Lie se rió. – Era justo a quien necesitaba, así que lo dejé manejar el asunto. Además, él me había visto destrozada, llorando como una pobre esposa abandonada por su marido viejo, por Kees.
Yo dejé hacer a Russell Edgington, y si, sé que te preguntas, no es necesario leer la mente, si vigilaba a Kees. Claro que lo vigilaba. Desde que se casó lo vigilaba. Siempre lo hice. Él era una de mis posesiones. Creo que él nunca supo todo lo que registraban sobre él. O si, si lo supo, y por eso quiso traicionarme.
Dormíamos juntos: El plan de Russell era que Kees me mataría luego de una noche romántica (ya no teníamos ninguna, y eso me colocaba de mal humor), porque me drogaría. Russell le prodigaba la droga, todo. La estaca que pensaba clavarme. Luego, Kees se iría al otro lado de la ciudad y Russell se ocuparía de la Guardia.
-¿Por qué no maté a Russell ni a Talbot en mi propia ciudad? Porque quería dejarlo hacer. Eso me aconsejó Claude. Mataríamos al ejecutor, y el moriría de miedo. Mataría a cualquiera que le hubiera colaborado. Y le mandaríamos sus partes. Podríamos pedirle lo que quisiéramos. Y yo, si, te confieso, tengo más de mil años, pero he matado a vampiros de su edad. La mayoría de nuestra raza suele ser bastante indisciplinada, y confiada. Peor si sobreviven más de 500 años. Por eso se les puede matar de maneras tan estúpidas.
No llegué a su cita. Solo le dije a Claude que lo ejecutara. Tendría que hacerlo, mi vida estaba en peligro. Me partió el corazón, pero ya no había algo peor. Estar muerta sería una tontería. Ahí fue cuando Bill me vio ebria, loca, deshecha, en Castro, en 1987.
Kees comprendió que había sido traicionado. Y se enteró de su error, se entregó sin resistencia. El mismo, con lágrimas en los ojos, le mandó a decir a Claude que no merecía mi perdón. Que se le había acabado su amor, si alguna vez lo tuvo, por mí. Y mi esposo ayudó a clavarle la daga. Yo misma tiré el cofre al mar, pero sé que Claude ordenó que lo destruyeran. Traté de suicidarme ingiriendo solución de plata, y él me rescató. Quedé muy malherida, hecha una nada durante tres años, en los cuales él se encargó de San Francisco. Cuando me recuperé, volví a entrenar, muy fuerte, y a recuperarme en todo. Claude se casó conmigo. Por cierto, me enteré de que Talbot dio un fuerte grito cuando vio las cabezas deliberadamente descompuestas, de todos los espías que habían puesto en mi ciudad. Russell volvió a encontrarse conmigo como si nada. Y si, La Autoridad me mandó a matarlo. Pero supe que ya estaba enterrado, y casi hecho papilla por ustedes dos, hasta donde sé.
Las gemelas Won quedaron deshechas, sobre todo Mei, que fingió durante estos 30 años estar a mi lado, pero solo aprendió de mí, para luego desaparecer, hace dos meses. En esto admito que no le hice caso a mi marido, que nunca llegó a aceptarlas. Solo a Ling, bajo varias pruebas difíciles. Luego me entero de todo esto, por los informes de la gente que tiene Livia Scarron, los mandó desde Nueva York. Mei quiere vengarse. Y La Autoridad no quiere contactar conmigo. ¿Qué más puedo decir? Mei quiere ser la nueva Mamá Li Bao. Eso pasa cuando creas a un monstruo.
