Capítulo 2 – El Capitán.

Los días siguieron pasando y conociste a más miembros de la legión de reconocimiento. Pudiste mantener una conversación con Eren sin ser acecinada por Mikasa, con quien aún tenías algunas diferencias, y también pudiste disculparte con Armin por empujarlo aquella vez.

Las misiones de exploración, no eran tan seguidas como pensabas, lo que resultó ser un alivio para ti, sin embargo siempre habían entrenamientos y clases teóricas, por decirlo de alguna manera, donde siempre se estaban analizando nuevas estrategias y mejorando las anteriores, también estaban los días de limpieza, dirigidos por Levi. Ese pelinegro para ti, aún no terminaba de encajar en la descripción que te hacia Petra, aunque también debías admitir que no se dirigían la palabra desde la vez que entro a tu habitación con la pelirroja, así que tratabas de no odiarlo mucho, pero se te hacía difícil, pues últimamente siempre que te sentías observada, al voltear, estaba el mayor viéndote con su inexpresiva, fría y nada amistosa mirada.

Ese día, era día de limpieza, y te encontrabas en ese momento con una chica de cabellos castaño, Sasha y un rubio, Armin, estaban recogiendo las hojas del patio. Como cosa extraña te sentiste observada y al voltear, estaba el capitán Levi, con su pañuelo en la cabeza y otro cubriendo parte de su cara, causando que su mirada fuera más directa, el pelinegro estaba recostado de una columna y de brazos cruzados, parece que tenía rato observando, diste un respingo un poco nerviosa y el rubio de ojos azules lo noto.

-¿Que te sucede [Nombre]? ¿Estás bien?-

-Sí, Armin... - respondiste forzando una sonrisa -No es nada... -

Continuaron recogiendo las hojas como si nada, unos minutos después volteaste de nuevo y te relajaste que el ojioliva ya no estuviese allí, escudriñándote con su penetrante mirada.

- Mmmm... Chicos...-comenzaste algo dudosa -¿Qué pensarían ustedes de alguien que los observa mucho?- preguntaste metiendo las hojas que habías recogido en una bolsa.

-Pues ¡que le gustas a esa persona! - dijo inmediatamente la castaña.

-O que quiere matarte- escuchaste detrás de ti la voz de la de lentes.

-¡Teniente Hanji!- exclamaste –mmm… esa opción es más factible-

-Pero… ¿de quién estamos hablando?- Pregunto el rubio con algo de curiosidad

-Pues…- comenzaste meditándolo un poco –No, no puedo decir su nombre- dijiste lamentándote.

-Pues yo creo que le gustas, ¡yo amo la comida! Y siempre me gusta verla- Respondió la castaña cursándose de brazos.

-Todo sabemos eso Sasha- comenzó la mayor –Pero a mí también me gusta ver a los titanes para aprender de ellos y un día encontrar su debilidad y acabar con todos de una vez por todas- Explico.

-Yo creo que ambas tienen algo de razón- comenzó el rubio, con tono pensativo –Tal vez esa persona se la pasa observándote porque quiere aprender algo de ti, bien sea porque quiere matarte o porque le gustas- termino sonriendo.

-Vaya… supongo entonces que debo cuidarme- dijiste un poco preocupada.

-Descuida [Nombre]- comenzó la de lentes –Si te acecinan, prometo llevarte flores todas las semanas- termino riendo divertida.

-Gracias Teniente, sus palabras realmente me tranquilizan- contestaste irónicamente.


Los días pasaron nuevamente y el pelinegro seguía vigilándote con la mirada, ya iba casi un mes desde que se quedaba mirándote fijamente, incluso optaste por sostenerle la mirada, como para hacerle entender que él estaba siendo muy obvio, más sin embargo el mayor no le importaba, cuando lo mirabas de igual forma él te seguía mirando, así que parecía que más bien tuviesen un duelo de miradas, al principio te daba algo de miedo, pero con el pasar de los días, te acostumbraste a esa mirada fría de color oliva e incluso llegaste a notar que a veces tu misma buscabas que esos ojos te miraran a ti, Incluso en varias ocasiones durante las clases teóricas cuando el daba el tema, no podías evitar escudriñarlo con la mirada, y es que seamos honesto, el capitán esta como quiere.

En una ocasión que estabas en el comedor con las mayores, estabas hablando con ellas y en lo que el pelinegro se levantó de su puesto para salir de allí, no pudiste evitar seguirlo con la mirada, cosa que no pasó desapercibida.

-Parece que ya te cae mejor el capitán, ¿he?- comenzó divertida la de lentes.

-Creo que alguien más bien ha tenido un flechazo- agrego la peliroja.

-¿Qué cosas dicen? Por supuesto que no- Dijiste con tu cara un poco sonrojada y molesta por haber sido tan obvia.

-eeehh… ¡pero si hasta te has puesto roja!- recalco la de lentes, mientras que la peliroja rio por lo bajito.

-Bueno, bueno…- dijiste algo molesta -No voy a negar que el capitán es apuesto, ¡pero eso no significa que me guste!- aclaraste.

-jajajajaja- Rio la ojimarron –Así comienzan todas, eso mismo decía Petra de Auruo-

-¡Hanji!- dijo la ojiambar cubriéndose la cara.


Luego del entrenamiento de ese día y de darte un merecido baño, decidiste ir a los establos para cepillar el pelo del caballo con el que habías realizado el entrenamiento, estuviste un rato allí mimando al animal, ya que era esencial que tuvieses una buena relación con el caballo. Al salir del lugar te diste cuenta que ya casi anochecía, caminaste hacia el cuartel general admirando el atardecer y sin querer te topaste con el capitán, sus miradas en seguida se cruzaron como ya acostumbraba a suceder siempre y las mantuvieron así por unos minutos.

-¿No te han dicho que mantenerle la mirada así a un superior es sinónimo de rebeldía?- soltó de repente el mayor –Sin mencionar tu mala educación por no ofrecer una disculpa al chocar con alguien-

-Disculpe usted capitán, además ¿no le han dicho que acosar a las personas también es mala educación?- respondiste un poco molesta.

-Y hasta te atreves a contestarme. A mi oficina, AHORA- sentencio el pelinegro y se dio la vuelta.

-¿Qué?... pero…-

-¿Vas a desobedecerme?- Pregunto el mayor viéndote por encima del hombro.

-No señor- respondiste quedadamente y comenzaste a seguirlo.

Caminaron en total silencio por algunos minutos, realmente no ibas fijándote en el camino, solo seguías al mayor con la cabeza gacha maldiciendo tu suerte, tenías que caerle mal al hombre con peor carácter del mundo. Al llegar, él te dio la orden de entrar, y no fue hasta que cerró la puerta con seguro que levantaste la mirada y te diste cuenta, que eso no era su oficina, era su habitación. Volteaste rápidamente exigiendo una explicación con la mirada, a lo que el mayor simplemente se encogió de hombros y se acercó mientras se quitaba la chaqueta del uniforme. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, te tomo de la cintura, cosa que te sorprendió bastante, sobre todo por la corta distancia que había dejado entre sus caras.

-No entiendo porque siempre estoy viéndote- dijo el mayor su tono era un poco extraño, no se le escuchaba molesto, pero tampoco se oía feliz. –No entiendo porque me atrae una mocosa como tú- termino y sin ningún aviso unió sus labios con los tuyos por escasos segundos, pues tú colocaste tus manos en su pecho y lo separaste.

-¡Oiga! ¿Qué cree que hace?- preguntaste inmediatamente, mientras sentías tu cara arder.

-Típico de una mocosa- comenzó y al siguiente segundo se deshizo de tu chaqueta –Ha pasado un tiempo desde la última vez, tratare de no ser rudo- termino aprovechándose de tu sorpresa por sus palabras, te tomo con fuerza de la cintura arrojándote a su cama, colocándose sobre ti, y acomodándose entre tus piernas.

El pelinegro rápidamente comenzó a deshacer todas las correas de tu equipo, mientras al mismo tiempo mantenía una batalla contigo, pues no dejarías a ese hombre hacer lo que le place.

-¿Puedes quedarte tranquila?- pregunto con un poco de molestia en su voz, mientras forcejeaba tratando de colocar tus muñecas en la cama.

-¡No! Esto es abuso de poder, ¡suélteme!- le exigiste.

-Pero que osada, ordenando a un superior- Dijo el mayor deshaciéndose de tu camisa quedando expuesto tu brasier blanco, te cubriste con tus brazos el pecho apenada, mientras que el pelinegro desato el nudo de su corbatín, te quedaste observando como jalaba la prenda con parsimonia hasta que abandono su cuello, y seguido tomo tus manos con fuerza y las coloco hacia atrás, para amarrarlas al respaldo de la cama –Así estas mejor- te susurro con su voz ronca cerca de tu oreja.

-¡Oiga suélteme!- exigiste de nuevo.

-¡Silencio mocosa!- dijo levantando el tono de voz, mientras pasaba su mano acariciando tu estómago y luego tu vientre –¿Crees que no he visto como me desvistes con la mirada durante las reuniones de estrategia?- se quitó su camisa y se acostó sobre ti, temblaste un poco al sentir su tibia piel contra la tuya, el pelinegro se acercó peligrosamente dejo su boca a escasos milímetros de la tuya, no pudiste evitar el sonrojo de tu cara, e inconscientemente separaste un poco tu labios –Al menos tu cuerpo es más honesto- dijo en voz baja, rosando sus labios con los tuyos y luego uniéndolos en un beso; Beso que comenzó suave, por unos segundos pero el pelinegro no pudo evitar introducir su lengua en tu boca, gemiste al instante de sentir al mayor, mas no pudiste rechazarlo, y dejaste que el explorara toda tu cavidad. Mientras el ojioliva mantenía el beso, comenzaba a acariciarte por todo el torso, termino por quitarte el brasier y comenzó a masajearte los pechos y luego apretar de forma sueva los pezones, logrando arrancarte sonoros gemidos que morían en sus bocas. El pelinegro termino el beso, para comenzar a repartir lamidas y besos por tu cuello y luego bajando hasta tus pecho y pasando su lengua juguetonamente por el pezón varias veces antes de meterlo completamente en su boca y chuparlo. Mientras su boca se entretenía, sus manos viajaban hasta tus pantalones para desabrocharlos y deshacerse de ellos con todo y ropa interior.

-[Nombre] eres jodidamente hermosa- dejo salir el ojioliva, y luego ataco tus labios nuevamente en un feroz beso. Se separó un momento de ti para deshacerse de sus pantalones y ropa interior quedando en las mismas condiciones que tu.

No pudiste evitar deleitarte con el cuerpo del pelinegro, el cual ahora se encontraba incado en sus rodillas entre tus piernas, dejándote una perfecta vista de todo su esculpido torso, te sonrojaste de sobre manera al llegar a su cara y darte cuenta que te veía con una expresión divertida.

-Parece que te gusta lo que ves- afirmo el mayor mientras te acariciaba por la parte interna del muslo, causándote un pequeño escalofrío y produciendo que gimieras quedadamente -Relájate un poco, la idea es que lo disfrutemos los dos-

-¡Claro capitán! Usted esta tranquilo, porque no es al que le van a meter ESO! - dijiste haciendo énfasis en la última palabra, un poco alterada.

-Ya entiendo, ¿eres virgen? - pregunto un tanto altanero, espero un poco pero no le respondiste, solo ladeaste tu cara esquivando su mirada -Responde mocosa- te pregunto sujetandote el rostro obligandote a mirarlo.

-¡Si lo soy! ¿Y qué?- respondiste de mala gana, viendo en la cara del mayor lo que te parecio una expresión de sorpresa, pero no era como si pudieras estar segura.

El mayor se posicionó de nuevo sobre ti para besarte nuevamente -Mírame bien mocosa- te susurro en la oreja y luego metió dos de sus dedos en su boca lamiendolos frente a ti sin dejar de verte, los metió y los saco un par de veces de su boca hasta dejarlos bien empapados con su saliva. Luego atacó tu cuello con un feroz beso mientras introducía un dedo en ti, apretaste tus labios reprimiendo el gemido y tensandote un poco.

-Si no te relajas, te dolerá - advirtio el mayor para luego introducir un segundo dedo en ti.

-Nnngh!... Aaah... - gemiste sin poder controlarlo al sentir los dedos del mayor moverse en tu interior y su boca lamiendo y succionando en tu cuello.

-Eso...- detuvo un momento sus besos -Así esta mejor, déjame escucharte más - termino y continuo atacando tu cuello. Siguió con su labor de prepararte introduciendo un 3er dedo en ti.

-AAAAH!- gemiste con dolor y el pelinegro detuvo sus movimientos.

-¿Que sucede?- Pregunto aun con sus dedos en ti.

-Me duele capitán...!- respondiste.

-Aguanta un poco- dijo el ojioliva comenzando un beso apasionado, pero ladeaste tu cara bruscamente terminado el beso.

-¡Me duele! ¡Deténgase!- gritaste un poco molesta.

-Mocosa estúpida- dijo el mayor y luego bufo -Quédate tranquila, es una orden- término de mala gana, retrocedió un poco y te sujeto de los muslos abriendo más tus piernas, para luego acercarse a tu intimidad y comenzar a lamerla.

-Aahh! ... No! ... Capitán que hace?... Nngh! - dijiste entre gemidos moviéndote un poco por la sensación que te causaba sentir su lengua.

-Dije que te quedaras tranquila- repito mirándote seriamente. Tragaste grueso por el escalofrió que te causo su semblante rudo y asentiste, unos segundos después el volvió a lamerte y tu intentaste mantenerte todo lo tranquila que te permitía la oleda de placer que te invadía, sentiste como él comenzaba a introducir sus dedos nuevamente y los intercambiaba con su lengua. Así se mantuvo un rato el mayor mientras tú te deshacías en gemidos y suspiros.

-Ca-capitán... Si continua... Yo... - comenzaste a decir pero el pelinegro te interrumpió.

-Vas a llegar, adelante - dijo para luego seguir dándote placer.

-Mmmm! Nnngh! Ngh! ya! Ya! ... Capitán!- gemiste acabando en sus manos.

-Eso estuvo bien- dejo salir en voz baja limpiándose la boca con el reverso de la mano para luego colocarse sobre ti, pero estirándose un poco más y soltando el nudo que tenía presas tus muñecas, retrocedió de nuevo su posición para quedar frente a ti, viéndote fijamente unos segundos y luego besarte apasionadamente introduciendo su lengua en tu boca y dominando sobre la tuya. Pudiste sentir tu propio sabor de la boca de él y cruzaste tus brazos alrededor de su cuello, el mayor inició a acomodarse mejor entre tus piernas y luego comenzó a entrar. Sentiste una leve punzada de dolor que logro sacarte un sonoro gemido que quedo opacado entre sus bocas. El mayor termino el beso y se acercó a tu oído lamiendo el lóbulo de tu oreja -Ya está todo dentro- te susurro

-¿Todo?- Preguntaste un poco incrédula y en parte alegrándote que no fuese a doler más.

-Yo no miento, te dije que si te relajabas dolía menos- añadió y comenzó a besarte por todo el cuello, hasta llegar a tu otro oído –Voy a moverme- termino levantando un poco su posición, apoyándose en las palmas de sus manos. Tu solo asentiste y deshiciste el agarre para dejar tus manos reposando en los hombros del mayor.

Lo sentiste salir y entrar lentamente una cuantas veces, hasta que te acostumbraste a la acción de la penetración, y el mayor supo exactamente cuándo paso pues acelero sus movimientos. Poco a poco fue subiendo la intensidad hasta que tus suspiros se convirtieron en sonoros gemidos. Podías escuchar claramente la respiración del mayor junto con algunos bufidos y de vez en cuando un gemido bajo y ronco. Sus cuerpos comenzaban a perlarse por el sudor.

-¡Maldición [Nombre]!- Gimió ronco el mayor moviéndose libremente en ti.

-¡AH! ¡Capitán! ¡Ca- Ngh! ¡capitán!-

-Llámame Levi... mmm… Di mi nombre- Dijo casi como una orden, con su respiración agitada, agarrándote luego de las rodillas para levantarlas un poco, soltando un bufido después.

-¡Le-vi!- gemiste un poco dudosa y con tu respiración entrecortada por el cambio de posición.

-Dilo de nuevo-

-Levi!-

-Más-

-Levi! Levi! Levi!-

-[Nombre]!- el mayor tomo tus rodillas y las dejo descansar cada una sobre sus hombros mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas.

-¡Levi~!- gemiste unas octavas más arriba por el brusco cambio de posición. – Levi! Levi! Levi!- continuaste diciendo mientras el solo soltaba bufidos. Mantuvieron esa posición unos momentos más hasta que sentiste tu orgasmo venir nuevamente – Le-Levi yo-! Nngh!- gemiste mientras tus manos apretaban las sabanas con tanta fuerza que tus nudillos se ponían blancos. Mientras tanto el mayor seguía moviéndose aún más rápido y sus movimientos eran más erráticos.

-¡[Nombre]! – Gimió fuerte y ronco el pelinegro llegando a su propio orgasmo y luego ir bajando el ritmo hasta detenerse, estuvo un momento inmóvil y luego salió de ti, su respiración estaba acelerada e inconstante, bajo tus piernas de sus hombros, acostándose a tu lado, para luego colocar sus manos alrededor de tu cuello y jalándote para besarte con pasión. –Solo por ser la primera vez, te dejare descansar ahora- dijo mientras curvaba sus labios en lo que parecía una sonrisa -Debemos bañarnos- agrego y se levantó de la cama. Viste su figura desnuda avanzar un poco meditando hacia donde iba el pelinegro así -Muévete mocosa, dentro de poco sirven la cena- soltó sin más, haciéndote caer en cuenta que la habitación del capitán contaba con baño propio.

Tomaron un baño juntos, no fue lo más romántico del mundo, considerando lo minucioso que era el mayor con la limpieza, sin embargo de vez en cuando, te sujetaba para besarte. Ambos salieron del baño y se vistieron el ojioliva te ordeno que salieras primero, que él podía bajar después al comedor. Y Así lo hiciste, abriste la puerta de la habitación, viste a ambos lados y luego saliste de allí lo más rápido que pudiste sin llegar a correr para evitar hacer ruido, llegando sana y salva al comedor.

Al pasar por la puerta la pelirroja te hizo señales con la mano, y luego la peli castaño volteo y también te hizo señales para que te sentaras con ellas, así que te acercaste a las mayores. Mientras caminabas, realmente meditabas sobre cómo sería mejor, si estar frente a Hanji y que Petra se diera cuenta de las marcas en la parte derecha de tu cuello, o estar frente a Petra y que Hanji notara que cambiaste de champú. Como sea que lo vieses, estabas en aprietos, no saldrías librada de esta tan fácilmente.

Decidiste sentarte al lado de Petra, a la final ella siempre era más discreta que la de lentes, así que si notaba las marcas, al menos no lo diría en ese momento, o eso creíste.

-¿[Nombre]… con que te hiciste eso en el cuello?- Pregunto inocentemente la pelirroja, provocando que te sonrojaras y la de castaña te mirara de forma divertida.