Chibi!Suiza (recién bañado) se hace bolita en un árbol, arco en mano y muy nervioso porque hemos dicho que vamos hoy pero él nunca confía en que sepamos bien las horas.

Austria no tiene NI IDEA de a qué hora vamos (o eso dice)

Suiza frunce el ceño y se hace más bolita, a la espera. Esta histéricoooooo.

Austria no parece en lo absoluto preocupado, está moviendo los brazos y tarareando algo de Mozart con los ojos cerrados

Creo que le va a caer una flecha cerca de la cabeza solo por decir que no está interesado (cada quien escucha lo que puede)

Y desde luego se paraliza antes incluso de que se clave porque la oye venir

(Viene de lejos además) Desde luego la flecha no le da...

La mira de reojo, suspira y sigue a lo suyo pero ahora andando en dirección a donde vino la flecha.

¡No! Se suponía que debía andar en la otra (ja! Claro, Suiza...)

En realidad...

*Chibi!Suiza y Suiza adulto a la expectativa*

Puede que Austria se quede en Salzburgo unos días si le han de lanzar flechas.

Chibi!Suiza parpadea y parpadea otra vez. ¿P-Pero no va a venir de verdad? ó.ò

Pues es que... Para que lo ataquen.

Pero si no le ha dado... ¡Si no le ha dado no es un ataque real! ¡No puede no veniiiiir! (Pueden dejar de romperle el corazón a Suiza cada tres horas?)

Es que es poco amable.

Se bañó...

Y aquí está Mozart en una ciudad tan bonita que sí le quieren.

Pero si allá también le quieren y lo ha limpiado y ordenado todo. Si no viene Austria nadie entra.

Lo que debería hacer Suiza es venir aquí a por él y traer bombones.

UFF... No creo que traiga bombones pero creo que sí podría venir por él.

Y una Edelweiss.

Suiza se sonroja un MONTÓN porque ya trae una para él pero era un SECRETO.

Vamos mejorando.

Ahora está inmóvil ahí sin saber qué hacer.

¿Qué más cosas va a hacer para ganarse su simpatía?

¿¡Más cosas?! ¿¡Cuantas ha hecho EL para ganarse la simpatía del suizo?!

Suiza no necesita que él haga cosas

¡Sí que necesita!

¿Cómo cuáles? A ver, ¿qué querría él que hiciera?

¡Pues ser bueno con él!

Lo es, no le lanza flechas.

Pero es que Austria no quería venir.

Pues sí quería, pero le ha lanzado una flecha.

Chibi!Suiza no sabe ni qué es un bombón…

Bien, pues una edelweiss, ya le llevará él un bombón de los que le dé Suiza adulto.

Pero se guarda el arco y las flechas y se pone otra capa de piel porque como está nervioso tiene frío...

Vale, entonces, armas guardadas, sí que se le acerca.

Ohhh... Hombre. Es que nunca le dispara a ÉL

Sí le disparó a él como siempre le dispara.

Mal. Pero vale vale vale... Se calla y no dice más no sea que no venga, sonrojadito.

Así nos gusta, pero aún tiene que convencerle

¡Convencerle!

Sip

Le mira a lo lejos y es que no sabe hacer eso... Aunque ya es bastante que esté aquí. Se baja de un salto del árbol y se echa a correr hacia el

Austria le mira y sonríe un poco esperando que llegue

Tarda, pero termina por llegar corriendo.

Le mira, irguiéndose y sonriendo aún.

Se detiene a su lado con los ojos súper abiertos porque... Está muy alto y además sonríe.

—Gutten morguen.

—Ha-Hallo —cejas más arriba aún porque eso suena amable

—¿Qué haces aquí? —pregunta cruzándose de brazos, pero aun en un tono de voz no agresivo, si no de curiosidad.

—Y-Yo v-vi que... Venias y...

—Me atacaste —acaba la frase. Aprieta los labios y baja la cabeza.

—¡Solo lance una flecha! ¡No es mi culpa que tú estuvieras ahí!

—La lanzaste claramente contra mí.

—Nein! Si así fuera te hubiera dado.

—Hombre, ¡nada más faltaría que además apuntaras a darme!

—P-Pues... Solo quería asustarte un poco —susurra.

—Exacto.

—¿Te asusté?

—Me enfadaste más de lo que me asustaste —y a pesar de todo sonríe, ala, apáñatelas para entender eso tú solo. Suiza levanta las cejas aún más porque sonríe.

—E-Eso está bien. Tú siempre me haces enojar.

—¿Y eso te gusta como para querer hacérmelo a mí?

—Nein, ¡pero es lo que mereces! ¡Por malo!

—¿Qué te estoy haciendo yo que sea malo?

—N-Nada —confiesa mirándole con sospecha—. ¿Por qué? ¿Qué quieres? ¿Estás muriendo o te casas de nuevo o... Algo?

—¿Qué harías si así fuera? —Austriaaaaa no machaques al niño.

—W-Was?! —levanta las cejas u le mira consternado—. ¿Cuál de las dos?

—Ambas —sonríe.

—¡No vas a casarte y no vas a morir! Menos aún si sonríes así

—Ah, nein?

—No entiendo qué haces.

—¿Qué hago de qué?

—No pareces enfermo —asegura cambiando un poco el tono de voz e inclinando la cabeza.

—Ni siquiera me estás examinando con atención.

—¿Vas a dejar que te examine yo? —se muerde el labio y vacila un poco.

—¿Lo harías con cuidado y profesionalidad?

Frunce el ceño.

—Dedicación y... —añade sin acabar la frase, sonriendo de lado.

—Nunca te he... ¿Y qué más?

—¿Tú qué crees?

—¿Y-Yo? Pues yo que voy a saber cómo quieres que te revise si no es con... —se queda callado pensando en si se referirá a amor...

—Desde luego que es con amor.

—¡No voy a hacerte nada con amor! ¡Yo no te quiero! — se sonroja de golpe.

Austria se ríe.

—¡No te rías!

—Entonces no puedes examinarme.

—Was?! ¿Qué quieres? ¿¡Que te quiera?!

—Para examinarme, ja, es necesario.

—¿¡Y tú vas a quererme?! —Abre los ojos como platos por haberlo preguntado y se tapa la boca.

—A lo mejor, si te das a querer lo bastante...

—W-Was?! —susurra detrás de sus manos.

—¿Tengo que repetírtelo?

Suiza le mira con ojotes sin saber cómo reaccionar a eso

—S-Siéntate —decide finalmente el helévtico.

—Veremos si te lo mereces —igual lo hace.

—¡Cállate! ¿Dónde te duele? ¿Te hirieron?

—Nein, es enfermedad.

—¿Qué te duele? —le mira preocupado.

—Es... el hígado —se inventa, desde luego.

—¡El hígado! —muy preocupado. Aunque no se ve amarillo. Se le acerca a la cara y le mira a los ojos. Frunce el ceño y le quita los lentes. Austria cierra los ojos para que no le haga daño, dejándole.

—Mírame, bitte —le toma de las mejillas. Los abre y le mira intensamente.

—El medico dice que necesito un donante.

—¿U-Un... Was? ¿Donante de qué?

—De hígado, alguien que me done su órgano sano para un trasplante del mío enfermo.

—¿Eso se puede? —parpadea muy serio muy serio.

—Ja.

—¿Y cualquiera puede dártelo? ¿Tiene que morirse para dártelo?

—Ja, normalmente la gente se muere cuando no tiene hígado.

—¿Vas a morirte si no? ¿De verdad? —se sienta junto a él y le mira a los ojos.

—Desde luego, es lo que acabo de decirte, me quedaré sin el mío así que necesito otro de alguien más o moriré.

—Y quieres que... Yo... —Suiza traga saliva.

—Nunca me atrevería a pedirte algo así...

—¿Pero quién más va a quererte dar su hígado? —susurra.

—Nadie, por eso te digo que me voy a morir.

—P-pero... ¡No puedes morirte! —le mira desconsolado.

—¿Y qué más te da si no me quieres? —le cuesta aguantarse la risa pero es bastante convincente. (Eres tremendo Austria!)

—Sí que te quiero, Österreich —le abraza del cuello pensando que no puede morirse. NO PUEDE.

Él sonríe y le pone una mano a la espalda abrazándole un poco.

—No te puedes morir... ¡No te mueras! —lloriquea.

—¿Y qué hacemos? —sigue, aunque le rodea completamente de la cintura contra si.

—¡Es que no puedes morirteeee! —hasta solloza.

—Sh, shhh —le levanta las piernas y lo sienta en su regazo, acunándolo—. Calma, calma, es mentira, no me muero.

—Yo te doy el mío —susurra a la vez.

—Schweiz...

—Mmm?

—¿Cómo puedes decir eso? Si te estoy diciendo que morirás.

—No quiero que mueras tú —es que le tiene PRENSADO.

—¿Y prefieres morir tú que verme morir?

Suiza se queda callado unos segundos.

—Ja... —el susurrito.

—No me estoy muriendo —lo abraza de nuevo contra sí

—Pero has dicho que tienes eso... —le hunde la nariz en el cuello.

—Es mentira

—¿Pero por qué? —por malooooo! Confiesaaaaa

—Quería ver como reaccionabas.

—No entiendo —sollocito silencioso.

—Quería ver qué decías, sí realmente te ofrecías a dar tu vida por mí.

—Es que no puedes morirte.

—¿Por qué no?

—Porque eres Österreich.

—¿Y?

—Y prefiero que seas malo pero estés... A... que no estés —se medio explica no muy claramente.

—No seré tan malo entonces.

—¿De verdad no vas a morirte y no necesitas un hígado? —pregunta aún sin soltarle y sin responder a esto, completamente pegado a él en el abrazo.

—De verdad.

Se sorbe los mocos. Austria le sonríe y le acuna un poco más.

—Me asustaste mucho —susurra y piensa un poco más ordenadamente—. ¿Por qué eres malo conmigo y me dices cosas feas?

—¿Cuándo hago eso? —se finge tan inocente y ni se cree a si mismo.

—¡Siempre!

—No es verdad...

—¡Me dijiste que ibas a morirte!

—Estaba jugando.

—No me gusta ese juego —le vuelve a hundir la nariz en el cuello.

—Bueno, por eso te dije que era juego.

—Pues no me gusta. No me gusta y no quiero que te mueras NUNCA —asegura infantilmente.

—Eso no creo que podamos cumplirlo, pero no parece que vaya a ser pronto.

—Yo voy a hacer que no pase nunca —susurra disfrutando repentinamente el abracito más de lo que debería—. Aunque seas tonto y no me quieras.

—¿Y cómo vas a hacer eso? —nunca tienes suficiente, Austria.

—Voy a cuidarte... Aunque sea de lejos —vuelve a sentirse súper agobiado al notar que no niega que no le quiera.

—¿Cómo? ¿Mezclarás medicinas en mi leche?

—No sé... —admite porque eso tampoco suena muy convincente ni lógico. Se le acurruca—. Debería dejar de soñar contigo.

—Seguro trabajarías más duro entonces.

—¿Y de qué sirve?

—¿Más productividad y más dinero? —propone encogiéndose de hombros.

—Aún así no puedo... Lo intento pero siempre apareces otra vez.

—Es una maldición.

—Ja... —le olisquea un poco—. Porque además TÚ no existes.

—Ah... nein?

—Nein. Solo ese otro tú insoportable.

—Debe ser ese al que no quieres...

—Nein... Sí que lo quiero.

—¿Y qué vas a hacer? — Austria sonríe con eso sin poder evitarlo y le hace un cariñito.

—Pero él no me quiere a mí. ¿Qué quieres que haga?

—Lograr que te quiera.

—No voy a lograr que me quiera.

—¿Por qué no?

—Porque no sé por qué no me quiere.

—¿Tú qué crees?

—No sé, solo me fui enfadado un día y nunca me volvió a hablar.

—A lo mejor deberías pedirle disculpas.

—Pero si es él el que me trataba mal todo el tiempo como si fuera su... Esclavo —se le repega un poco más —. Quizás no me quería tanto.

—Si es así, de este modo nunca lo sabrás.

—Pero es que cuando voy es horrible —aprieta los ojos.

—¿Por qué?

—Porque es tonto y me hace esperar todo el rato y... Me llama cabrero y me dice que huelo mal, ¡y yo me baño muy bien antes de ir!

—A lo mejor deberías vestirte más con ropas y joyas como las de él.

—Pero son feas y caras y tontas... —se sonroja un poco —. No puedo comprarlas. Y aunque pudiera, me diría cabrero maloliente venido a más.

—¿Ya lo has probado?

—Nein porque son caras y no sirven para quitar el frío ni para andar en la montaña...

—Pero sirven para a entrar en un palacio con propiedad... deberías entrar en un baile de máscaras para que no te reconozca.

—Seguro si no me reconoce no le importa, pero yo quiero que me reconozca a mi

—Seguro te reconocerá igual.

—Crees que... Qué crees que pase?

—Es fácil que te reconozca y se te acerque a ver... qué haces.

—Quizás podría quedarme mejor aquí para siempre contigo... Dormido —le mira de reojo.

—¿Eso no es justo como morirte?

—No sé cuándo va a hacer un baile de nada, a mí eso no me lo cuentan ni me invitan, ¿por qué propones cosas difíciles siempre? —se acurruca un poco más.

—Porque si solo fuera cuestión de hacer queso y trabajar, ya lo habrías logrado solo.

—Pero eso otro implica ir con mucha gente y que este Spanien y que no salga nada bien. ¡Va a salir mal! —arruga la nariz.

—Ah, está aun con Spanien...

—¿Crees que no? —se separa y le mira levantando las cejas.

—Si tú no lo sabes...

—Yo creo que sí, aunque Spanien nunca está cuando voy.

—¿Y qué haces entonces?

—Esperarle toooodo el día para que decida si me recibe o no. Pero si me recibe él me dan más dinero.

—¿Y eso por qué?

—No sé, supongo que... No sé. Quizás le doy pena —se mira las manos pensando que ODIA dársela.

—Mmmm... —no parece muy convencido

—Quizás los criados se roban el dinero. No sé. O él es tonto y le da lo mismo tomar tres que cinco monedas. A él el dinero no le importa.

—Sí que le importa, si no, no diría que eres pobre.

—¡No soy tan pobre! Tengo dinero para muchas cosas, pero él... ¡vive rodeado de cosas doradas! —aprieta los ojos.

—Eso es gracias a Spanien

—Eso es lo que yo le digo siempre pero le da lo mismo. Y es que tiene unas casas así ¡ENORMES! ¡Casi como una montaña de las mías!

Austria se ríe

—¡No te rías! Tiene cuadros también así y así —hace gestos con las manos y después se vuelve a abrazarle—. Y pisos que rechinan todos cuando camino, y... Cosas. Muchas cosas. Y ahí dentro está casi siempre calientito, hasta los cuartos vacíos.

El moreno sonríe un poco, escuchándole.

—Aunque no puedo entrar a todos lados... Si lo intento buscándole viene alguien y me apunta con unas lanzas enormes y... Bueno, termino en la calle sin vender la leche. Y tiene un cuarto azul y uno rojo y uno verde y muchos amarillos y dorados

—¿Y qué haces mientras estás ahí esperando?

—Me aburro y miro las pinturas o me caliento en la estufa... Luego me estoy meando pero me da vergüenza decirlo porque no sé dónde me van a mandar a hacer eso, ¡y esos días siempre son los que más tarda en salir! Los salones son tan grandes que a veces puedo hasta correr ahí dentro y hacer cosas.

—Haces ejercicio mientras esperas —recuerda.

—Ja, hasta que viene alguien y me regaña

—¿Y entonces? —sonríe.

—Entonces me quedo ahí sentado y es muuuuuy aburrido porque no sale y tengo que protestar y protestar y PROTESTAR —suspira y se lamenta un poco—. ¿Por qué no puede ser como antes?

—Por qué te fuiste...

—No, antes antes. Cuando estaba Vater y solo tenía que esperarle a que saliera de la tina o a que terminara de vestirse. Ahora no sé qué hace todo el tiempo pero creo que no hace nada tan interesante más que hacerme esperar.

—Ja, sobre todo cuando no está Spainen representa el día más entretenido en su semana.

—¡Hacerme esperar!

—Juega contigo.

—Como el gato con su comida. ¡Lo odio! Quisiera no venderle leche y no tener que volverle a ver nunca, nunca más —se acurruca en el pecho de Austria y le abraza oliéndole de nuevo. Ya veo que quisieras eso...

—¿Y qué harías todo el tiempo?

—¿En vez de hablar como idiota solo conmigo? Pues... No sé. Cosas —¿volverte aún más loco?

—No parece una alternativa muy interesante.

—Pero es que esto es muy molesto. Quisiera un día... Ganarle y que viera que no soy un cabrero y que tuviera que dejarme de llamar cabrero porque tengo mucho dinero y cosas...

—Seguirá llamándote cabrero cuando eso pase —Austria sonríe.

—Was?!

Se encoge de hombros.

—Aún así nunca voy a tener todo dorado ni esas cosas feas que él tiene.

—Nein.

—Pero va a respetarme y a saber que no es mejor que yo. ¡Porque no lo es!

Austria se ríe. Suiza toma el bastión del odio otra vez. ¡Venga, sigue, Suiza!

—¡No te rías!

Le sonríe igualmente.

—¿Crees que algún día pasen esas cosas?

—Ja.

—Yo no.

—Bueno, ahora parece un poco difícil...

—Es que él... Tú eres el difícil. ¡Mira cómo haces cosas como decirme que te vas a morir!

—Ja, siempre voy a jugar contigo de ese modo.

—¿Diciéndome que te vas a morir? Eso es... Ya no voy a creerte nada nunca más — nunca lo cumple.

—No solo eso, haciéndote diciéndote toda clase de cosas para fastidiarte.

¡Eeeel cínico!

—Y... ¿A mí va a gustarme solo porque no vas a odiarme?

—Mmm... no, no creo que te guste mucho, suele ser bastante cruel.

—¿O sea vas a torturarme y no quererme? — Suiza parpadea.

—Nein, tampoco eso.

—¿Vas a quererme otra vez?

—Mmm... —sonríe de lado y no contesta. Suiza se sonroja y deja de abrazarle un poquito sin saber qué hacer.

—Y-Yo no te quiero.

—Sí lo haces, hasta ibas a morir por mí.

—¡No es verdad! —protesta sonrojado.

Austria se ríe otra vez.

—No moriría por ti NUNCA

—Morirías conmigo.

—¿Cómo? —Vacila un poco.

—Porque soy tu otra mitad y si yo no estuviera tú no podrías vivir.

—Eso lo dices porque estás aquí —se señala la cabeza aunque no sabe bien si podría vivir si él no estuviera... Sinceramente.

—A lo mejor —se encoge de hombros.

—Tú sí podrías vivir si yo no estuviera.

—¿Cómo? si soy tu mitad.

—Bueno no tú, él. El Österreich de verdad.

—Él también lo es.

Suiza se sonroja un poco.

—No es cierto. A él no le importa en realidad casi nada de mí, más allá de si la leche está fresca. Si consiguiera a otro que le vendiera leche mejor...

—¿Cómo Deutschland o Italien?

—Pues... Ja.

—Así que los tiene y no les compra.

—Mi leche es mejor. ¿Crees que la compre por ser yo?

—Nein, la compra porque es mejor.

—Lo odio —Suiza toma aire profundamente y lo suelta.

—Pero podría no hacerlo.

—Ja, y yo tendría que... Venderle la leche a alguien más. Ya sé yo que podría no comprarla y que por eso no puedo darle leche mala, ¡porque un día va a decidir no comprarla más!

—Exacto, no le des leche mala.

—No se la doy igual —se talla los ojos y se cruza de brazos—. ¿Para qué darle leche mala y quedarme con leche buena que se haga vieja?

—Haces bien —sonríe.

—Pero eso no arregla nada.

—Deberías hacer otra cosa entonces.

—¡Es que lo dices como si hubiera mil opciones! Debería... Debería traerlo aquí a la fuerza y —hace gestos con las manos porque no sabe exactamente qué es lo que querría hacer—. Obligarle a vivir aquí conmigo y...

—Y...

—¡Y hacer que me quiera!

—Eso suena más a un secuestro…

—Nein! Ugh! —Suiza se sonroja—. Quizás solo debería despertarme y ponerme a trabajar.

—Espera...

—Was?

—Antes de que te despiertes, deberías hacer algo.

—¿Hacer qué?

—Besarme —se sonroja un poco ahora sí.

—W-Was?! —se sonroja a juego

Austria se encoge de hombros. Suiza se humedece un poquito los labios y se le acerca un poco.

—¿Pe-Pero vas a... Besarme tú también?

—Eso depende de lo bien que lo hagas.

—¿Y co-cómo se hace bien? — Abre la boca porque de que no lo hace bien no lo hace... Bueno, ¡a saber Dios como lo haga!

—¿Lo que quieres decir es que no sabes? —anda, no seas crueeeel.

Suiza se sonroja un MONTONAL

—Está bien, mejor no lo hagas entonces.

Se sonroja más y se le rompe DE NUEVO un poco el corazón con esto. Austria hace un gesto de desinterés con la mano y un movimiento para que se baje de su regazo.

El helvético traga saliva y se gira hacia él. Austria se detiene y le mira por encima de las gafas que se ha vuelto a poner.

Vale, vale, se baja sin su beso. Le ha rechazado por tontoooooo. Es que se abraza a sí mismo mirándole desconsolado.

Austria se pone de pie y se arregla las arrugas de la ropa con la nariz levantada, haciéndole sentir pequeñito de nuevo, e idiota.

El moreno se acerca un poco a él con cara de "y ahora qué?". El rubio le mira y se le entreabren los labios impresionadito.

Le sostiene la mirada.

—Enséñame a hacerlo.

—¿Eso quieres?

—Si lo haces ya sabré hacerlo. (Y no le enseñara Francia... El chantaje)

—¿Y a quién se lo harás?

—A... —suspira porque no se lo va a hacer a nadie bajando un poco la cabeza y guardándose las manos en los bolsillos.

—Ajam.

—A nadie. A ti, en sueños —protesta un poco.

—Tienes que prometerme que lo harás, pero no en sueños, al de verdad.

—¿Be-Besarle?

—Ja.

—¡Pero va a matarme después de que le bese!

—Es posible... tendrás que arriesgarte.

—B-Bueno. Le besare cuando le vea la próxima vez —se pone nerviooooooso.

—Está bien —asiente—. Confío en tu palabra —susurra acercándosele.

Otra vez los ojoooootes, hasta tiembla de los nervios.

—Así que... —pelo tras la oreja, solo para ir instaurándole en la cabeza—. No me decepciones.

—N-Nein, nein —Escalofriiiiiio. Cariñiiiito en la mejilla porque mira que Austria puede ser desesperante.

Le siiiiiiigue el cariiiiiño. Tan mono, seguro Austria lo alarga solo por eso. Al helvético hasta se le cierran los ojos un poco y estira el cuello.

El moreno levanta la mano y le resigue una ceja y la sien, y el rubio… es que si fuera gato ronronearía hasta da un pasito hacia él sin notarlo.

El adulto vuelve a atraerlo de la cintura y se humedece los labios vacilando porque aun con todo, mira lo que le cuesta. El procesooooooo.

Suiza pequeño le mira la boca y es que debe estar absolutamente idiotizado.

El galo se le acerca hasta un centímetro de sus labios. Suiza HIPERVENTILA y se acerca hasta medio centímetro de sus labios.

Y entonces es que Austria junta los labios con los suyos y el mundo se le pone a Suiza de cabeza. Abre un poco los labios y la verdad es que lo hace mal y medio intenta comérselo.

Así que tras unos instantes se separa un poco. Suiza suelta un gimoteo

—Sh, shhh, espera, espera.

—Lo-Lo siento —le mira asustado.

—Está bien, está bien

—Was?

—Relájate, ¿vale? No tienes que hacerlo todo en un segundo.

Le mira todo menos relajado, pero le escucha con muuuuuucha atención.

—Ve más lentamente para que pueda seguirte y ayudarte, ¿vale?

—E-Es que estoy yendo... E-Estoy... Solo... —balbuceos idiotas. XD

Le toma de la barbilla y se acerca otra vez. Suiza trata de no echársele encima, pero falla miserablemente y prácticamente le golpea con los dientes, así que vuelta a echarse para atrás.

—Waaas? —protesta frustradito

Austria se lleva una mano a los labios porque le ha hecho daño ahora, Suiza le mira.

—¿Te... Te lastimé?

Asiente

—Ohh, ¡perdona!

El de ojos violetas le mira, aun con la mano en los labios, el de ojos verdes le mira también toooodo agobiado y sin saber qué hacer pensando que esto es un desastre.

—Tal vez deberíamos dejar esto para más adelante.

Baja la cabeza regañando y sonrojado porque él seguía queriendo comérselo y no había estado tan mal... ¡Habían juntado sus labios! Se sonroja aún más al recordarlo. Austria se toca un poco pero parece que ya está más o menos.

—Para luego es otro día, ¿verdad? —pregunta en un susurrito.

—Ja.

—No puedo besar a Österreich así —Aprieta los ojos.

—No puedes besar a nadie, así.

—B-Bueno —se sonroja un montón.

—Es en serio.

—Solo te di un beso... Como tú —es que le da una vergüenza preguntar por qué

—No, me diste un golpe... con la boca.

—Oh... Solo me acerqué —Con muchas muchas ganas. Suiza necesita unas orejas de perro para bajarlas.

—Te acercaste demasiado fuerte

—Perdón. Me acercaré suavemente de ahora en adelante (tan suave que no lo creerás...)

—Bien.

Se pone de puntas y pone boca de beso. Austria le pone un dedo sobre los labios.

Le da un besito en el dedo mientras el mayor espera a que note que no son otros labios y abra los ojos. Da un saltito cuando lo nota, separándose

—Was?!

—Hemos dicho otro día —sonríe porque esa ha sido para fastidiar.