De Trabajo a Trabajo
Al día siguiente Milo se levantó temprano y tomó su caja de pertenencias para llevárselas consigo a su nueva oficina. Tomó un poco de cambio y lo metió en su bolsillo, no podía creer todavía que su suerte hubiera cambiado para favorecerle y que el mundo al fin reconociera su trabajo.
Cuando al fin llegó a la parada del transporte colectivo, después de hiperventilar y respirar en una bolsa de papel varias veces, lo llamaron desde un auto elegante y aparentemente muy caro, para que entrara en él. Tuvo poco tiempo para reaccionar pues antes de dar con el misterioso pasajero ya había sido jalado dentro del auto por una mujer.
"Bienvenido muchacho, te levantaste temprano hoy" dijo la mujer de cabello rubio, mientras Milo respiraba dentro de una bolsa de papel, ella le sonrió. "Mi nombre es Helga Sinclair y también trabajo para el ejército-" dijo "-me mandaron a buscarte a tu departamento, pero que bueno que has venido hasta aquí, me ahorraste tener que ir a buscarte".
"Espera, ¿como supiste mi dirección?" de repente el auto se detuvo de un jalón y aunque no obtuvo una respuesta, Milo se sintió aliviado de no tener que seguir conversando con ella por alguna extraña razón.
En cuanto salió, el comandante ya le esperaba en el jardín principal del edificio de oficinas del ejército, en sus manos tenía un sobre y al lado de él se encontraba el mismo hombre que había estado en el museo, de quien todavía no sabía ni su nombre. Como si hubiera leído la mente de Milo, brincó enfrente del comandante quien ya había estirado su brazo para entregarle el sobre que tenía en su mano. "No tienes idea de cuanto me sorprendí de que el nieto del mejor explorador que haya conocido estuviera en un lugar con gente tan denigrante".
Milo se sintió un poco ofendido, pero casi de inmediato reaccionó a las palabras que en realidad él había querido hacerle saber. "¿Usted conoció a mi abuelo?"
El hombre sonrió cuando al fin entendió. "Lo conocí, sí, estuvimos en la misma generación en la escuela, amigos hasta el final. Mi nombre es Preston Whitmore muchacho, bienvenido al ejército". Por fin estiró la mano para que Milo la tomara y en cuanto él lo hizo la sacudió con gran entusiasmo. "Por favor muchacho entremos a mi oficina, luego podrás ir a la tuya" le indicó mientras soltaba su mano y enseguida le señalaba en dirección a su oficina.
"Señor si me disculpa, debo estar en otro lugar en este momento" dijo el comandante desde detrás del señor Whitmore. "Aquí están tus papeles Thatch. Espero su llamado Señor; me retiro ahora" les dijo a ambos y le entregó el sobre a Milo, quien lo aceptó con un suave 'gracias'. Rourke saludó respetuosamente y se marchó.
El desconcierto solo duró un momento, puesto que el señor Whitmore lo tomó del brazo y lo llevó hacia su oficina. "Muchacho, no entiendo cómo es que pensabas seguir tu asombrosa carrera en un lugar como en el que estabas" dijo ya cuando estaban dentro de la oficina. Milo cerró la puerta detrás de sí mientras el señor Whitmore se sentaba en la silla de su escritorio, viéndolo a él y esperando su respuesta.
"Bueno, pues estaba seguro de que en algún momento lograría convencerlos de lo equivocados que estaban y de lo mucho que se necesita hacer una investigación acerca de lenguas muertas" respondió Milo mientras se sentaba en la silla enfrente del escritorio. "¿Tan convincente como en el día que visité el museo, no?" preguntó e hizo que Milo bajara su mirada rendido.
"Pero verás muchacho, al menos algo bueno salió de que te quedaras tantos años en ese museo-" Milo volteó para verlo con curiosidad "-tienes una gran habilidad para las lenguas, muertas o no, y además una gran paciencia" al fin dijo mientras le sonreía. Milo le regresó la sonrisa, cuando se dio cuenta de un retrato en el escritorio de madera que tomó para observar. "Tu abuelo era una gran persona, él siempre me apoyó y yo al fin haré lo mismo por él" lo último captó de nuevo su atención; oyó el abrir de un cajón y también como revolvía sus contenidos buscando algo.
"¡Aquí esta!" dijo al fin, triunfante se levantó de su silla y le dio vuelta a su escritorio para estar enfrente de Milo. "Tu abuelo hubiera querido que te diera esto-" el Sr. Whitmore sostenía un libro y se lo acerco a las manos, se le notaba un aire de orgullo "-me dijo que si algo le llegaba a pasar, te debía entregar este libro cuando estuvieras listo". A Milo le bastó con ver la expresión del Sr. Whitmore para saber de qué se trataba, con anticipación, tomo el libro de las manos del Sr. Whitmore y luego le quito la envoltura, su cara se ilumino de alegría al darse cuenta de lo que era.
Era el diario de su abuelo. Milo siempre lo había visto con ese libro en su mano, él mismo le había dicho que en él tenía escrita una guía de lenguas de las tribus por las cuales pasó en sus expediciones y además de todo, mapas de sus aventuras por nuevos lugares. Milo siempre pensó que ese libro había desaparecido. Volteó de nuevo hacia al Sr. Whitmore, quien según su expresión estaba viendo a un niño con un juguete nuevo. "Señor, no sé cómo podré agradecerle, esto es tan valioso para mí" el hombre solo se encogió de hombros y le dijo "solo le eche una mano a mi amigo, pero puedes devolverme el favor trabajando duro en tu nuevo puesto".
"¡Por supuesto señor!" le contestó Milo alzando su brazo y colocando sus dedos en su frente para hacerle un saludo militar. El señor Whitmore regresó el gesto. "Milo Thatch, ¿estás listo para conocer las instalaciones y tu oficina?" Milo asintió con la cabeza. "Sígueme afuera muchacho, enseguida llegará tu guía".
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Tiana se levantó de su siesta como todos los días para alcanzar el trole que la llevaría a su trabajo, se duchó rápidamente y se vistió igual de rápido. "No es suficiente ya…-" pensó mientras se preparaba un desayuno rápido "-creo que tomaré un turno extra hoy". "Cariño, ¿podrías llevarle este vestido a Charlotte cuando acabes tu turno? Hoy debo cruzar la ciudad para tomarle las medidas a varias damas y no creo llegar a tiempo" le dijo su madre mientras le enseñaba otro de sus trabajos más bonitos; un vestido rosa tan exagerado que solo una persona podría usarlo y además verse bien en él.
"Claro mamá, déjalo por allá y yo se lo entregaré" dijo mientras se comía un pan tostado con huevo "ahora tengo que correr pero nos vemos después" dijo después de acabarse el bocado. "Adiós hija, suerte". Tiana corrió por su jardín frontal y llegó justo antes de que el trole pasara por su casa. Se sentó en uno de los asientos más próximos a la salida y esperó llegar al puesto de revistas para comprar el recetario de esa semana. Se bajó para comprarlo y en cuanto lo hizo, saltó dentro del siguiente trole que la llevaría a su trabajo. Mientras esperaba se puso a leer una receta que quería intentar cocinar, beignes con azúcar. Su parada al fin llegó y saltó del trole con decisión, su turno de la mañana estaba por comenzar.
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"Audrey Rodríguez señor" dijo una muchacha que parecía ser de apenas 15 años. "Audrey, ¿podrías llevar al compañero Thatch a un recorrido por las instalaciones y luego mostrarle su oficina?" la muchacha asintió con la cabeza. En cuanto el señor Whitmore se hubo retirado de nuevo a su oficina, la muchacha comenzó a inflar una bomba de chicle que había estado masticando y le dio su mejor mirada de indiferencia antes de comenzar a caminar en el sentido opuesto al que se encontraba Milo.
A él le tomó un segundo entender la indirecta y seguirla por los jardines. "Hacia allá están los cuarteles, enfrente la biblioteca, a la derecha las oficinas de papeleo, y a la izquierda está tu oficina, si necesitas algo estaré en el taller mecánico detrás de las oficinas, nos vemos" dijo ella mientras caminaba en dirección al taller. "Uh…¡espera! ¿A la izquierda de qué?" pero ella ya se había ido. Le tomó un par de horas encontrar al fin su oficina, después de caminar aleatoriamente por el camino que Audrey le señaló… o al menos que Milo creyó que le señaló. Apenas alcanzó a tocar la perilla de su oficina cuando alguien lo tomó del hombro y lo jaló. "¡Oye! Olvidaste tu llave"
Un moreno bastante alto sostenía una llave frente a sus ojos, la cual Milo tomó con un poco de extrañeza; él estaba seguro de que no había abierto el sobre todavía. "Eh…gracias…creo" de repente sintió un dolor en su cuello que lo hizo poner su mano sobre él, el moreno levantó una ceja. "¿Te duele?" le dijo señalando su cuello con curiosidad. "Si- auch- debí torcerme cuando voltee mi cabeza tan rápido" le dijo sobándose el cuello. "Ah bueno, yo sé una manera de arreglar eso rápidamente, voltéate y estira tu cuello" Milo así lo hizo y el moreno tomó su cabeza con ambas manos y con dos movimientos rápidos, primero a la derecha y luego hacia abajo, hizo desaparecer el dolor de su cuello.
"Pero… ¿cómo hiciste eso?" le dijo anonadado, mientras sobaba su cuello, más como reflejo que aliviando algo que ya no estaba ahí. "¿Será porque soy médico? Solo bromeo contigo, no en realidad es enserio" Milo lo miró con confusión escrita en toda su cara y él rió. "Soy Sweet, Joshua Sweet el cirujano del escuadrón 2 de esta ciudad, aunque ese truco lo aprendí cuando-" de repente se detuvo y volteó a mirar a su izquierda, parecía que lo habían llamado por alguna cosa o la otra "disculpa eh-" convenientemente dejó esa parte para que Milo pronunciara su nombre. "-¡Milo! Sí, nos vemos después" y con eso se marchó. Milo se quedó ahí parado un poco confundido, pero al fin llegó el momento entrar a su oficina. Encima de su escritorio se encontraba una caja delgada, Milo la abrió. Contenía un uniforme y una nota que leía:
"Milo:
Me tomé la libertad de escoger tu uniforme, espero te guste, lo usarás todo el tiempo mientras trabajes aquí. Bienvenido de nuevo.
Preston Whitmore"
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Tiana llegó a su casa después de su turno, se cambió rápidamente y tomó el vestido que su madre le pidió que entregara. "Ya es tarde, tarde, tarde" corriendo salió justo a tiempo para saltar dentro del trole que la llevaría a casa de Charlotte. Por suerte para esa hora, ya la mayoría de la gente estaba en sus casas y no tuvo que ir apretada entre muchas personas.
Llego a la imponente mansión y tocó el timbre. Esperó a que el mayordomo la dejara pasar y como siempre entro de la casa esperando a que el mayordomo le avisara a Charlotte que había llegado. Tiana tapó sus oídos en anticipación y en efecto, minutos después se escuchó retumbar por toda la casa el grito de su mejor amiga. Tiana se destapó los oídos y esperó a que Lotte llegara corriendo hacia ella. Apenas la vio, soltó otro grito de emoción y bajó las escaleras corriendo "¡Tia, Tia, Tia, Tia! ¡Oh! ¿Eso es para mí?"
Tiana le sonrió y le entregó el vestido "¿y cuándo vas a usar ese vestido?" le preguntó con curiosidad. "¿No te enteraste Tia? ¡El Príncipe de Maldonia vendrá a Nueva Orleans!" dijo ella sin dejar de ver el vestido, Tiana la miro con ternura. Cabe poco mencionar que Charlotte quería casarse con un príncipe desde que era pequeña y oportunidades como ésta no se daban todos los días. "¡Oh Tia, que desconsiderada soy! Ven, ven, tomemos el té y luego me dices que tal me veo con el vestido puesto" le dijo y sin más rodeos la tomó del brazo y la jaló hacia su habitación.
