Capítulo 2. Efectos colaterales.
Al día siguiente, a las seis en punto de la mañana, mientras los demás presos duermen, Richardson es despertado y obligado a levantarse por dos guardias de la cárcel. Lo llevan hasta una habitación... y Richardson no sale de su asombro: le devuelven todas sus cosas. Su ropa, dinero, pertenencias, documentos, pero sobre todo... su pasaporte británico. Le hacen firman unos papeles... y cómo si nunca hubiera pasado nada, le dejan salir de la cárcel. Nada más atravesar la última puerta, Richardson se da definitivamente cuenta... que vuelve a ser un hombre libre. Se queda mirando la puerta de la cárcel... hasta que una voz, le obliga a girarse. Una voz que le es familiar. Su abogado, John Spencer, acompañado de dos hombres vestidos de negro con gafas de sol, junto a un coche negro nuevo, modelo Jaguar XJ.
(Spencer) -con mirada y sonrisa seguras y confiadas- Muy buenos días, señor Richardson. Bienvenido de nuevo... a la libertad.
(Richardson) -se gira, aun incrédulo, sin entender lo que acaba de pasar- Que... que... qué coño ha pasado?
(Spencer) Está que no entiende nada. Es normal. Yo hubiese reaccionado de la misma manera.
(Richardson) -sin salir de su incredulidad- Yo... qué... cómo lo ha hecho?
(Spencer) ¿Ya ha olvidado la breve conversación que tuvimos hace dos días? -dice intrigante-
(Richardson) -se pone serio y se centra- … Me cuesta un poco de creer... que un simple abogado, por muy bueno que sea, haya conseguido liberarme con tanta rapidez. … ¿Seguro que "sólo" eres un abogado?
(Spencer) -se ríe entre dientes- … El jefe ya pensaba que se daría cuenta. Lástima. He perdido la apuesta. Por su culpa ahora voy a ser cien libras más pobre. -se ríe con cierta frialdad-
(Richardson) -no entendiendo de que va la cosa- ¿Qué?
(Spencer) Los guardias de la entrada de la cárcel se están empezando a poner nerviosos, señor Richardson. Así que no les moleste más. Suba conmigo al coche.
(Richardson) -suspira profundamente, apretándose los labios con los dientes, con expresión de rabia e impotencia- … Y una mierda. Yo no me muevo de aquí. No sé cómo coño lo ha hecho para sacarme de ahí dentro. Pero si no hace lo mismo con mi mujer, no pienso irme a ninguna parte. ¡No pienso irme! -exclama indignado-
(Spencer) Comprendo, señor Richardson. Pero me temo que... perderá el tiempo, o conseguirá que le encierren de nuevo por alteración del orden público y desacato a la autoridad. Aparte que... le haría un feo a su querido padre y a su patria.
(Richardson) ¿Qué? ¿De que coño está hablando? -dice sin entender nada-
(Spencer) Por favor, suba al coche.
(Richardson) ¡Ya le he dicho que...
(Spencer) Suba al coche.
Richardson acaba haciendo caso a su "abogado" y sube al Jaguar negro, junto a Spencer, en los asientos traseros, mientras los dos hombres de negro suben delante y uno de ellos conduce el vehículo. Richardson se tumba para mirar hacia atrás, viendo alejarse la cárcel en la que ha estado encerrado varios días... y en la que su mujer, Sonoko, todavía está encerrada en el pabellón de mujeres.
(Spencer) Ahora ya puede usted hablar con total tranquilidad, señor Richardson. Está usted a salvo.
(Richardson) ¿A salvo, dice? Me siento cómo una mierda. Cómo una cucaracha. Cómo un traidor. Acabo de... acabo de abandonar a mi mujer. -dice con expresión derrotista en su rostro-
(Spencer) Sobre eso deberá usted quejarse al gobierno japonés. No es... asunto nuestro.
(Richardson) -con risa amenazante- Lo sabía. Tú... tu no eres un jodido abogado de banqueros. Eres...
(Spencer) No le he mentido nunca sobre mi verdadera identidad y trabajo. Me llamo John Spencer y soy abogado. Pero no trabajo para un prestigioso bufete de abogados de Londres. Claro que si que es verdad... que estamos aquí porque su padre ha llamado a varias puertas en Londres para que usted vuelva a ser un hombre libre.
(Richardson) … Quien te envía entonces. ¿El gobierno?
(Spencer) Naturalmente. Soy un enviado especial del ministerio de asuntos exteriores británico.
(Richardson) -con mirada intrigante- … ¿Esa es la verdad... o me estás ocultando algo?
(Spencer) -con mirada imperturbable- … ¿Por qué tendría que mentirle?
(Richardson) Porque después de lo que me ha pasado, he aprendido a no fiarme de nadie. De absolutamente... nadie. Ni tan siquiera de alguien cómo tú.
(Spencer) ¿Se ha fijado usted en este coche antes de subirse, señor Richardson?
(Richardson) ¿Y eso a que coño viene ahora? -dice muy extrañado-
(Spencer) No se ha fijado. No importa. Debe de estar demasiado cansado.
(Richardson) -replica enfadado- Déjate de gilipolleces y dime que coño está pasando. Dónde me lleváis. Y quien demonios eres en realidad.
(Spencer) -se queda mirando seriamente a Richardson, con cara de póquer, hasta que confiesa- … Este coche pertenece a la embajada británica y cómo tal, lleva matrícula del parque móvil de la embajada. En consecuencia, el interior de este vehículo es suelo británico y es inviolable. En otras palabras, que ahora disfruta usted de inmunidad diplomática sea cual sea el delito que haya cometido en Tailandia.
(Richardson) -exclama con rabia- ¡Yo no he hecho nada! ¡Y Sonoko tampoco! ¡Dad media vuelta y obligad a esos cabrones a soltar a mi mujer! ¡Ahora!
(Spencer) … Soy agente del MI6.
(Richardson) -se queda sorprendido y sin palabras- …
(Spencer) El ministro de asuntos exteriores en persona nos ha solicitado esta operación de rescate. En otras palabras, soy un infiltrado en el cuerpo diplomático de Gran Bretaña. Su padre, señor Richardson, fue a hablar cara a cara con el ministro de asuntos exteriores en persona, porque es amigo personal y le conoce de muchos años. Él ha corrido con todos los gastos de la operación para su liberación, y el ministro, solicitando ayuda al MI6, ha puesto a su disposición el cuerpo diplomático del Estado para conseguirlo.
(Richardson) Mi... mi padre ha hecho todo eso por mi? -pregunta muy sorprendido-
(Spencer) También se ha encargado de repatriar a tu hijo a Escocia.
(Richardson) Y Sonoko. Por qué ella no.
(Spencer) Porque es únicamente japonesa. No es asunto mio ni del gobierno de su majestad.
(Richardson) -desconcertado- Nunca... nunca había tenido esta sensación. La sensación de sentirme traicionado... por mi propio país.
(Spencer) Señor Richardson... Hablando en privado... comprendo por lo que está pasando.
(Richardson) -se indigna profundamente- ¡No, tú no comprendes nada! ¡Sólo eres un jodido mercenario!
(Spencer) Igual que usted, señor Richardson. ¿Acaso no fue usted militar británico?
(Richardson) Déjame en paz, joder. -dice despectivamente, desviando la mirada-
(Spencer) ¿Puedo hablarte de tú?
(Richardson) …
(Spencer) Se nota que eres escocés. Menuda lengua tienes.
(Richardson) ¿Y tú?
(Spencer) Soy galés.
(Richardson) -le devuelve la mirada, señalando con el dedo índice sobre el pecho de Spencer- De acuerdo, "galés". Te lo volveré e repetir para que te quede bien claro. Sin Sonoko... yo no me voy a ninguna parte. Ni a Reino Unido, ni a Japón, a ninguna parte. No pienso abandonar a mi mujer a su suerte en esa puta cárcel. ¡Jamás!
(Spencer) ¿Quieres saber entonces el verdadero motivo de porque estás libre y tu esposa no?
(Richardson) -se queda mirándole intrigado, pero sin hablar- …
(Spencer) Mejor así. Hasta que no hayamos abandonado el país, no habrá nada seguro.
(Richardson) A dónde me lleváis.
(Spencer) Ya deberías saberlo, escocés.
(Richardson) Ya que me lleváis en contra de mi voluntad... al menos tengo derecho a saberlo.
(Spencer) A su casa. Mejor dicho... a casa de sus padres.
(Richardson) ¿Qué? -se queda pasmado-
Richardson, a pesar de que se siente fatal por dentro por tener que dejar a su mujer a la estacada, se siente también desconcertado ante la presencia de aquel hombre, ante el cual, no puede evitar tener una extraña sensación por dentro. Cómo si no se fiara de él, a pesar de ser quien dice ser. ¿Es realmente un hombre de fiar?
En ese mismo instante, en Japón, Fuwa se despierta después de haber estado inconsciente durante más de 16 horas. Se da cuenta que está metida en la cama de un hospital... y que hay varias personas a su alrededor: Shinobu, Kurosaki, Shinshi y dos médicos del hospital de bata blanca.
(Fuwa) -hablando con voz cansada y débil- … Qué... qué me ha pasado.
(Shinobu) Menos mal que has vuelto a la normalidad. ¿Me reconoces? -pregunta visiblemente preocupada-
(Fuwa) … ¿Por qué estoy en una cama de hospital? Qué es lo que me ha pasado.
(Doctor 1) ¿No se acuerda de nada, intendente Fuwa?
(Fuwa) … De qué. De cuando.
(Doctor 2) -a su colega médico- ¿Un tumor cerebral? Eso explicaría el desmayo y la perdida momentánea de la propia conciencia.
(Doctor 1) Imposible. Eso no explica que se pusiera a hablar de aquella manera. Personalmente, considero que debe tratarse de algo psicológico. Eso explicaría el cambio tan brusco de tono de voz, es decir, de alteración de las cuerdas vocales y de un cambio tan repentino de personalidad.
(Shinobu) Doctores...
(Doctor 2) Sea lo que sea, seguro que está en el cerebro. O es fisiológico, o es psicotomático, o es directamente psicológico. Pero tiene que venir de la cabeza.
(Shinobu) Entonces... creen que ha sido algo que se ha inventado ella? ¡Fuwa no está loca! -exclama enfadada-
(Doctor 1) Aun no podemos confirmarlo con cierta seguridad. -suspira, pensativo- … Realizadle un TAC de amplio espectro del cerebro y hacedle un análisis clínico en profundidad. Puede que sea consecuencia de alguna substancia psicotrópica o por efectos secundarios de algún fármaco.
(Doctor 2) Eso último ya lo hemos hecho. La intendente no está tomando ninguna medicación, al menos desde las últimas tres semanas. Ni tampoco en el primer análisis de estupefacientes se le ha detectado ningún resto de drogas.
(Doctor 1) Pero los resultados definitivos de los análisis aun no están completos. ¿No?
(Doctor 2) No. Aun tardarán unas cuantas horas.
(Shinobu) -les replica entre molesta y preocupada- Doctores... les repito, que Fuwa ni está loca, ni se droga, ni... ni haría nunca cosas raras. Hace más de veinte años que la conozco y es una persona absolutamente responsable. Les juro que cuando la vi... sin duda no era ella. Pero Fuwa no tiene nada malo en su cabeza. Deben creerme.
(Doctor 2) No se preocupe, Superintendente Goto. Sólo son análisis clínicos rutinarios de muestras de sangre y tejidos. A su amiga no le pasará nada malo. Si identificamos el mal, podremos encontrarle remedio.
(Doctor 1) La dejaremos descansar, intendente. Además, veo que estos dos señores hace rato que se esperan para hacerles algunas preguntas.
(Shinshi) -dice todo educado- Oh, tranquilo, Doctor. Sólo esperábamos a que terminasen.
(Doctor 2) Luego le realizaremos un escáner a fondo de su cerebro, señora Fuwa. Mientras tanto, descanse. Avísennos si necesitan alguna cosa. -los dos médicos se marchan-
(Fuwa) No entiendo absolutamente nada. ¿Se puede saberse de que estaban hablando ese par de médicos? ¿Que dicen de un tumor, o de cambio de personalidad o de no se qué más? -dice toda molesta-
(Shinobu) No les hagas caso, Fuwa. Tú no estás loca y jamás lo has estado. Te conozco demasiado bien. Sólo pasa que no saben cómo explicar lo que el país entero vio ayer en directo por la televisión.
(Fuwa) Si los subordinados de la sección 5 de tu marido están aquí para interrogarme... es que debía ser algo muy serio.
(Shinshi) ¿Kurosaki?
(Kurosaki) Adelante. Pregúntaselo tú. A mi no me gusta interrogar a personas enfermas.
(Fuwa) No estoy enferma de nada. -responde algo enfadada-
(Kurosaki) Eso ya lo sabemos. Su historial médico así lo confirma. Pero lo que pasó ayer... no tiene explicación.
(Shinshi) ¿De verdad... que no recuerda absolutamente nada de nada, Intendente Fuwa?
(Fuwa) No sé ni de que me estáis hablando. ¿Se puede saber que queréis decir? ¿Cuando pensáis decirme cómo he venido a parar a este hospital? -pregunta con cierto enfado-
(Shinobu) Fuwa, por favor, no te alteres. Tranquilízate. Sólo quieren hacerte unas pocas preguntas.
Entonces... Fuwa empieza a tener unos flashes en su mente. Empieza a recordar lo que pasó en esa rueda de prensa donde "El Niño que llora" se apoderó del cuerpo y la mente de Fuwa para transmitir su mensaje a todo Japón.
(Shinobu) ¿? -se da cuenta que a Fuwa le pasa algo malo- Fuwa. Fuwa, que te pasa? ¿Te duele algo? ¿Quieres que avise a la enfermera?
(Fuwa) -con la mano sobre la cara, cómo si tuviera una fuerte migraña- …
(Shinobu) -preocupada por su vieja amiga- Si te sientes mal, será mejor que te dejemos descansar.
(Fuwa) No, espera.
(Shinobu) ¿Eh?
(Kurosaki) Mira que bien. Parece que por fin empieza a recordar.
(Shinshi) ¿Recuerda algo, intendente?
(Fuwa) … Acabo de recordar que... que ayer mismo... estaba en la sala de conferencias de la Jefatura Nacional de Policía de Japón. Yo y Shinobu. ¿Tú también estabas allí?
(Shinobu) Si. Estábamos las dos. No sabes el susto que me diste, Fuwa. Me preocupé en serio.
(Fuwa) Lo siento.
(Shinshi) Por favor, que más recuerda.
(Fuwa) Recuerdo que estaba escuchando el discurso del Superintendente General Iruichi Terai. Yo y Shinobu lo disimulábamos lo mejor que podíamos, pero... nos sentíamos indignadas por lo que ese cerdo decía. Pero por nuestra posición de inferioridad respecto a él, no podíamos hacer otra cosa que seguir escuchando, imperturbables.
(Kurosaki) Eso quiere decir que vosotras ya lleváis mucho tiempo desconfiando de él. ¿Verdad?
(Shinobu) Claro que desconfiamos de él. El Superintendente General Terai es el ejemplo perfecto de persona oportunista. Al menos, quien le conoce en privado así lo considera.
(Shinshi) Nos estamos desviando del tema. Siga, intendente Fuwa.
(Fuwa) No sé... no recuerdo nada más. No sé en que momento... debí perder el conocimiento y me desmayé.
(Shinshi) Entonces... no recuerdas nada de nada de lo que hiciste y dijiste durante la comparecencia del Superintendente General Terai?
(Fuwa) ¿Es que nadie piensa decirme que hice y dije?
(Shinshi) Kurosaki. Tú tienes el video de lo que ocurrió en tu móvil, no? ¿Por qué no se lo enseñas?
(Shinobu) No creo que sea buena idea. No tenemos permiso de los médicos. Puede afectarle en algo.
(Fuwa) -dice molesta- Deja de tratarme cómo si fueses mi madre, Shinobu. Sólo me siento un poco débil de fuerzas, pero estoy perfectamente.
(Shinobu) De acuerdo. Enseñádselo.
Kurosaki saca su móvil y le muestra a Fuwa el momento en que su cuerpo y voz fueron manejas en nombre de "el niño que llora". Fuwa se queda muy impresionada.
(Fuwa) O _ o Dios mio. Esa... esa soy yo?
(Shinobu) Te guste o no, esa eras tú. Bueno... mejor dicho, alguien tomo prestado tu cuerpo para transmitir ese mensaje.
(Shinshi) A no ser que sea cosa de su mente, Intendente. Cosa que personalmente...
(Kurosaki) La Superintendente tiene razón, Shinshi. A Fuwa no le pasa nada de nada. Sin duda, alguien la ha utilizado para decir eso. La pregunta es... quien.
(Fuwa) -suspira enfadada- Maldita sea. Ahora no podré salir de casa sin que me reconozcan. Seguro que esto salió en todas las televisiones.
(Shinshi) Si. Y es Trending Topic en las redes sociales durante todo el día. Se ha hecho usted famosa, Intendente Fuwa.
(Fuwa) - _ -
(Kurosaki) Te equivocas, Shinshi. "El Niño que Llora" se ha hecho famoso. Y si las sospechas del jefe Goto son ciertas, cosa que suele suceder, no será la última vez que aparezca. De hecho, lo que ahora está investigando es si... esta es la primera vez que aparece.
(Shinshi) ¿Te ha dicho algo sobre "el niño que llora"?
(Shinobu) Así que Kiichi ya lo está investigando personalmente.
(Kurosaki) Desde luego. Tiene la firme sospecha... de que esto puede ser el comienzo de algo muy serio.
(Fuwa) Shinobu.
(Shinobu) ¿Sí?
(Fuwa) ¿Llamarás a mi marido y mi hija y les dirás que estoy bien? Diles que no se preocupen por mi.
(Shinobu) No te preocupes por eso. Ya les llamé anoche y vinieron enseguida. Estabas inconsciente y no pudieron hablar contigo. Pero me prometieron que vendrían esta misma tarde.
(Fuwa) Gracias, Shinobu.
(Shinobu) -sonrie afablemente cerrando los ojos- Me tranquiliza oír eso. Eso demuestra sin ninguna duda que vuelves a ser la de siempre.
(Fuwa) Siempre lo he sido, Shinobu.
(Shinobu) Lo sé.
(Fuwa) Entonces... lo que debéis averiguar es cómo lo ha hecho "el niño que llora" para utilizarme.
(Shinshi) Creemos que es lo más plausible. Pero aun no tenemos las pruebas definitivas que nos lo confirmen.
(Fuwa) En pocas palabras. Que aun no tenéis respuesta a quien y cómo lo ha hecho para manejarme cómo si fuese una simple muñeca de trapo y decir todo eso...
(Kurosaki) En nombre de alguien... o algo, que se hace llamar "El Niño que Llora". Esa es por ahora... la clave del misterio.
(Shinobu) ¿Tenéis que preguntar algo más?
(Shinshi) ¿Kurosaki?
(Kurosaki) No. Tal vez mañana. Con esto nos basta. ¿Nos vamos, Shinshi?
(Shinshi) Sí. Por favor, intendente Fuwa. Haga reposo y descanse.
(Fuwa) Gracias, se lo agradezco.
(Shinobu) Una cosa, Kurosaki.
(Kurosaki) ¿Mh?
(Shinobu) Sobre Kiichi...
(Kurosaki) En este mismo momento su marido está en el Kantei, Superintendente Goto. Debe informar al Primer Ministro Shinohara y al pleno del gobierno sobre el niño que llora y el avance de nuestras investigaciones.
(Shinobu) -se sorprende- Vaya.
(Kurosaki) ¿Sorprendida?
(Shinobu) No. En absoluto. Si esta noche no viene por casa... dile que en nombre de la Policía Metropolitana de Tokio, estaremos dispuestos a colaborar en todo lo que sea necesario de sus investigaciones.
(Kurosaki) Se lo diré, Superintendente. Adiós. -él y Shinshi se marchan-
(Shinobu) Yo también debo irme. El gobernador de Tokio quiere verme dentro de una hora.
(Fuwa) Entiendo. Que... que le dirás de mi. -dice un pelín asustada-
(Shinobu) -le responde sonriente- No te preocupes. Sabes que siempre estaré contigo. Bien somos amigas, no?
(Fuwa) -sonríe aliviada- Claro. Pero es que...
(Shinobu) Qué pasa.
(Fuwa) Nada. No es nada. Una tontería. -dice preocupada-
(Shinobu) Si encontramos al culpable de quien te utilizó, nadie dudará de ti, Fuwa. Ni tu carrera a mi lado se verá afectada. Estamos juntas para ser indestructibles. No lo olvides.
(Fuwa) Es verdad. Por algo nos conocen ya cómo...
(Shinobu) "Las damas de acero de la Jefatura Superior". Suena un poco cursi este apodo. -dice irónica-
(Fuwa) -dice en broma- Pues a mi me gusta.
(Shinobu) ¿En serio?
(Fuwa) ¿A ti no?
(Shinobu) Bueno... no está mal. Debo irme. Volveré esta noche, de acuerdo?
(Fuwa) Sí. De acuerdo.
(Shinobu) Fuwa.
(Fuwa) ¿Eh?
(Shinobu) -sonriéndole segura- … Le encontraremos. Te prometo que le encontraremos. Sea quien sea.
(Fuwa) -le dice cerrando los ojos y con sonrisa cariñosa- Vamos, vete.
En ese mismo momento, el marido de Shinobu, Kiichi Goto, está reunido de urgencia en el despacho presidencial del Kantei. El primer ministro, Asuma Shinohara, acompañado de algunos ministros del gobierno (Ishimoto, Matsuda y Takeo), además del secretario para asuntos de Seguridad, Suzuki, y los dos consejeros personales de Asuma: Kanuka e Isuzu. Quieren preguntar personalmente, pero especialmente Asuma, quien demonios es... "El Niño que llora".
(Asuma) -sentado en su butaca de piel tras su mesa, con las manos cruzadas- Bien. Veo que habéis venido todos. Incluido a quien más esperaba.
(Goto) ¿Se refiere a mi, Primer Ministro?
(Asuma) En parte, si, señor Goto. Pero sobre todo... aun espero explicaciones de ti, Ishimoto. -mirando a Ishimoto un tanto enfadado-
(Ishimoto) -suspira, con preocupación, sin decir nada-
(Goto) Sobre eso...
(Asuma) -le dice medio en broma a Goto- Ya sabía yo que lo investigarías sin ni siquiera haberte dicho nada.
(Kanuka) En realidad se lo dije yo, Asuma.
(Asuma) Ah. Estupendo.
(Kanuka) No hay de que.
(Goto) ¡Ejem! Señor Primer Ministro. Si no le importa... quisiera exponer algo que ya sabemos.
(Asuma) Perfecto. Dígalo.
(Goto) Hasta hace prácticamente una hora no sabíamos absolutamente nada sobre este... lo que se sea.
(Takeo) ¿Con eso quiere decir... que ni siquiera saben si es una persona? -pregunta toda intrigada-
(Isuzu) Pero... nada de esto tiene ningún sentido. Suponiendo que alguien esté detrás de lo que pasó ayer... cómo alguien podría controlar el cuerpo de otra persona para transmitir su mensaje?
(Matsuda) Eso es cierto.
(Goto) Señores... quisiera continuar con mi exposición.
(Asuma) Siga. I no lo interrumpáis más, por favor.
(Goto) Gracias, Primer Ministro. Lo que hemos averiguado... es que este tal "El niño que llora", no es algo... salido de la nada o nuevo.
(Asuma) ¿?
(Goto) -dice en tono irónico- No te hagas el despistado, Asuma. Estoy seguro que sabes de que hablo. Oh, pero no eres tú a quien tengo que preguntárselo. Sino a usted, señor Ministro del Interior... Kankichi Ishimoto.
(Ishimoto) -suspira preocupado otra vez... hasta que lo confiesa- … Todo pasó... hace exactamente cuarenta años. Poco antes que tu nacieras, Asuma. Lo recuerdo cómo si fuese ayer.
(Asuma) -mirándole seriamente- … Es eso que dijiste ayer durante el incidente. ¿Verdad? Eso que dices que pasó... hace cuarenta años... del "accidente" en Industrias Pesadas Shinohara.
(Ishimoto) Si, el accidente de hace cuarenta años. En realidad... no fue tal accidente, si no más bien...
(Asuma) Cuando fue exactamente.
(Goto) Se lo puedo decir yo, Primer Ministro.
(Asuma) -mirando muy seriamente a Ishimoto- … De acuerdo, señor Goto. Hable.
(Goto) A lo que el señor Ishimoto se refiere... es al extraño y estrambótico accidente que se produjo el mismísmo día de la presentación oficial del primer Labor. El 6 de mayo de 1975.
(Asuma) -se sorprende- ¿Qué? ¿El Shinohara SAV-75 Labor?
(Goto) Exacto, Primer Ministro. Y también sabrás que eso fue exactamente...
(Asuma) Un mes antes de mi nacimiento. Es decir, de cuando mi madre estaba... embarazada de ocho meses de mi. Que curioso. Entonces... ¿que es lo que pasó en ese accidente?
(Kanuka) La pregunta correcta sería... que tiene esto que ver con "el niño que llora".
(Goto) Porque en pocas palabras... la primera y hasta ayer única aparición estelar del Niño que llora... se produjo entonces. -todos se quedan pasmados-
(Ishimoto) -dice preocupado- Lo recuerdo cómo si fuese ayer mismo. Ese tarado mental amenazó a Jitsuyama y le quiso obligar a decir todo aquello delante de aquella cámara de la televisión.
(Asuma) -se queda descolocado- ¿Qué? Ey ey un momento. ¿Jitsuyama también lo sabe?
(Ishimoto) No es sólo que lo sepa, Asuma. Jitsuyama fue el protagonista del incidente. Junto al "niño que llora", claro está.
(Goto) Señor Primer Ministro... Ya que veo que la curiosidad se lo está comiendo vivo... le interesaría verlo?
(Asuma) ¿?
(Ishimoto) -se levanta de golpe de su sillón, muy sorprendido- No... no puede ser. ¿Usted... tiene el video original del accidente de hace cuarenta años?
(Goto) Así es. Concretamente... lo tengo en un bolsillo de mi chaqueta. En un pendrive.
(Kanuka) Sé que será una pregunta demasiado obvia, Goto. Pero cómo lo has conseguido?
(Goto) Muy sencillo. Hiendo directamente al archivo-hemeroteca central de la Televisión Fuji, que es la única cadena de televisión de las allí presentes que estaba emitiendo en directo mediante una cámara de televisión a color y una unidad móvil. Los demás medios acreditados aquel día, que no eran pocos, llevaban cámaras de filmar, cuyas películas serían rebeladas y formateadas a posteriori, para pasar las imágenes en los noticiarios de las diferentes cadenas. Lo malo es que todas esas películas, tarde o temprano, acabaron destruidas. Pero en el caso de TV Fuji, al mismo tiempo que lo emitían en directo, lo estaban grabando en una cinta de video Beta, por el simple hecho de que era la grabación correspondiente al noticiario de las siete de la tarde de aquel día, el cual, al terminar, sería catalogado y archivado en los almacenes de la cadena.
(Ishimoto) -exclama con desconcierto- ¡Pero eso no puede ser! ¡Ya fui hace al menos quince años a pedirles esa cinta y me dijeron que se había perdido! ¿Cómo ha aparecido?
(Goto) Por el simple hecho que esa cinta Beta fue escondida deliberadamente en una caja fuerte de la cadena, por petición expresa del principal afectado en aquel accidente.
(Asuma) -dice seriamente- … Mi padre?
(Goto) Exacto. Fue él quien pagó a los responsables de la cadena de televisión para que esa cinta de video, fuese ocultada durante... cuarenta años. Es decir, hasta ahora.
(Asuma) -muy intrigado- ¿Quieres decir... que ahora, en 2015, el contenido de esa cinta se puede hacer público? ¿Por qué mi padre ordenó que se hiciera eso?
(Goto) No lo sabemos. Si no hubiese sido por al accidente de ayer, seguramente el contenido de esa cinta, a día de hoy, no tendría el más mínimo interés. Pero el caso, es que ahora esa cinta está en nuestro poder. Desgraciadamente... esa grabación no tardará mucho en llegar a la opinión pública.
(Takeo) Creo que ya sé por donde van los tiros. Los de la cadena de televisión te han hecho una copia de la cinta en formato digital para entregársela a ti. Pero al mismo tiempo, pueden haber hecho otra para ellos mismos.
(Kanuka) ¿Y si esa copia la tienen de antes?
(Takeo) ¿Eh?
(Goto) Seguro que ya tienen esa copia. Y aunque la tuviesen, el video en si no es lo que nos interesa. Si no quien lo protagoniza. Lo dicho. ¿Quieren verlo?
Entonces Goto mete el susodicho pendrive en un puerto USB del gran televisor de plasma colgado en una de las paredes del despacho presidencial. Le da al play... y particularmente Ishimoto se queda boquiabierto al ver algo que recuerda perfectamente de cuarenta años atrás. El video en cuestión, empieza con la carátula de un noticiario del programa de noticias de TV Fuji, el FNN, con música funky de mediados de los setenta. Aparece el presentador del noticiario, vestido con traje y corbata marrones sobre camisa amarilla, acorde a la moda del momento, quien después, contacta con un reportero en directo en la ceremonia de presentación oficial del Primer Labor de la historia.
(Presentador) Buenas noches. Estos son algunos de los titulares de hoy, martes 6 de mayo de 1975. La mortal encrucijada que se ha montado en el sudeste asiático, sigue acaparando la actualidad internacional. Mientras en Washington, el secretario de Estado Henry Kissinger, culpa al reciente escándalo Watergate, que obligó al presidente Nixon a dimitir, y a los recortes de presupuesto impuestos por el Congreso y las restricciones a las que la actual crisis energética obliga, de la caída de Saigón y Vietnam del sur, hace escasamente una semana. Mientras tanto, en el país vecino de Vietnam, Camboya, nos llegan informes extremadamente alarmantes, de terribles matanzas perpetradas por parte de los guerrilleros maoístas que han tomado el poder en el país, los Kemeres Rojos, contra prácticamente toda la población, especialmente en las ciudades. El desconcierto es absoluto y se hace muy difícil por parte de la prensa de todo el mundo, cubrir lo que allí está sucediendo. Regresando a Japón, el primer titular del día se va a producir dentro de escasos minutos y tiene una gran relevancia económica, pero sobre todo, supone un hito para la historia de la tecnología y un, para algunos, orgullo nacional para Japón. Hoy, la corporación industrial Industrias Pesadas Shinohara, que en el último lustro y a pesar de la desaceleración económica fruto de la crisis del petróleo, ha vivido un crecimiento espectacular, presenta su primer robot humanoide para obras públicas. Se llama "Shinohara SAV-75" y se apoda con el nombre de "Labor". Término en inglés que significa obrero. Para saber muchos más detalles sobre esta efeméride en la que nuestra moderna y competitiva industria es la protagonista, contactamos en directo con nuestra reportera, Ayuko Tanabe. Adelante, Tanabe.
(Reportera) -emitiendo en directo desde una calle, con gente detrás vestida a la moda de mediados los '70- Buenas noches. Me encuentro justo enfrente del pabellón de congresos de Asakussa, donde dentro de pocos minutos, se realizará la presentación a nivel nacional, del nuevo producto estrella de Industrias Pesadas Shinohara. Una presentación que será el preámbulo al anuncio para el mercado mundial, la cual está prevista durante la cercana exposición universal de Okinawa, que abrirá sus puertas el próximo 20 de julio. Entre los asistentes a esta presentación, hay representantes tanto del mundo económico, cómo político. Industrias Pesadas Shinohara, se juega mucho en este faraónico y altamente sofisticado proyecto, que esperemos que...
Entonces, es cuando tiene lugar el "incidente". Tras la reportera, iluminada por el foco de la cámara de televisión, se oyen las voces altisonantes de dos hombres. Son... Jitsuyama, cuarenta años más joven, con una edad entonces entorno los treinta y pico años, bien vestido con traje y corbata oscuros años '70... y un tipo vestido normal, con bambas, pantalones tejanos de campana, camisa a cuadrados rojos y negros ajustada y de cuello alto... y el rostro cubierto por una máscara. Una de esas máscaras infantiles que venden en las ferias y que tiene la forma de un "smile", pero del revés, es decir, que no está sonriendo, sino llorando. Una máscara que parece sin duda que se la haya hecho él mismo, ja que no es más que un cartón blanco redondo pintado con un rotulador. La reportera, es apartada rápidamente cuando la gente de detrás, se dan cuenta que el hombre enmascarado, está llevando por la fuerza a Jitsuyama... y apuntándole en la sien con una pistola Beretta M1934.
(Niño que llora) ¡No es justo! -la gente y la joven reportera salen despavoridos y el joven Mitsuyama y el "niño que llora" original, quedan solos ante la cámara-
(Reportera) -exclama muy nerviosa- ¡Oh, Dios mío! ¡Graba esto, grábalo!
(Cámara) ¡Lo estoy haciendo! -enfoca su cámara, haciendo temblar la imagen-
(Niño que llora) -empujando a Jitsuyama y apuntándole con su pistola por la espalda- ¡Vamos, camina! ¡Vas a confesar aquí y ahora, que tu maldito robot viene con las manos manchadas de sangre!
(Jitsuyama) -algo asustado, pero desafiante- No... no te atreverás a hacerlo! ¡Si me disparas eres hombre muerto!
(Niño que llora) ¿Estás seguro!? -le pega una fuerte patada tras las rodillas y hace caer a Jitsuyama de rodillas al suelo- ¡Mira a la cámara y confiésalo, cabrón! ¡Dile a toda la gente la verdad! ¡Dilo!
(Jitsuyama) ¡No sé de que me estás hablando! ¡No vas a conseguir nada!
(Niño que llora) ¡Te he dicho que lo digas! ¡Dilo!
(Jitsuyama) -cada vez más asustado- No... no puedo hacerlo!
(Niño que llora) Si todavía te queda algo de dignidad, cuéntaselo todo!
(Jitsuyama) Ahora mismo no puedo hacerlo. ¡Si tú ya lo sabes por qué no se lo cuentas tú!? -dice rabioso-
(Niño que llora) No serviría de nada, señor Jitsuyama. Si no les cuenta la verdad le juro que le volaré la tapa de los sesos en vivo y en directo por la televisión, así que no me joda!
(Jitsuyama) -mirando de reojo muy asustado la pistola temblorosa que tiene justo al lado de su cabeza- No... no puedo hacerlo.
(Niño que llora) ¿Por qué no!?
(Jitsuyama) ¿Y aun lo preguntas? ¡Pero si tú lo sabes tan bien cómo yo! ¡Acaba con esto de una vez! -exclama manteniéndose firme pero aterrorizado-
(Niño que llora) ¡Cállate!
Jitsuyama se queda apretando los dientes y cerrando los ojos, temiendo lo peor. El "niño que llora", le apunta su Beretta M1934 sobre la cabeza con las dos manos. Unas manos que mientras sujetan la pistola, le tiemblan casi de forma compulsiva. Al final, se oyen los silbatos de varios policías... y "el niño que llora", un hombre alto, enmascarado con ese "smile lloroso", tira a Jitsuyama al suelo de una patada a la espalda... y huye corriendo, hasta que se le pierde la pista.
(Reportera) -nerviosa, se intenta anteponer- Em... esto... me reciben, estudios centrales? A... acaban ustedes de presenciar una situación absolutamente anómala. Un hombre enmascarado, con una máscara que parecía... esto... cómo un niño que llora, ha amenazado a un responsable de Industrias Pesadas Shinohara con una pistola. Estamos viendo que el hombre está siendo perseguido por la policía, pero parece que le han perdido. Esto... em... es todo desde el pabellón de congresos de Assakussa. Devolvemos la conexión, estudio central.
Goto para la reproducción del video... y se da cuenta enseguida que todos los allí presentes, pero especialmente Ishimoto y Asuma, están boquiabiertos.
(Goto) Lo que acaban de ver... es el accidente original del "niño que llora" que se produjo el 6 de mayo de 1975, a las siete y cinco de la tarde. ¿Le ha traído muchos "recuerdos", señor Ishimoto? -dice intrigante-
(Ishimoto) -dice enfadado- Cómo no me va a traer recuerdos volver a ver eso. El pobre Jitsuyama se pilló un susto de muerte. Pero por suerte no dijo ni pío a ese loco.
(Asuma) Qué es lo que no tenía que decir.
(Ishimoto) -traga saliva, sin decir nada- …
(Asuma) -suspira, mirando muy seriamente a Ishimoto- … Tengo la desagradable sensación que me estás ocultando algo, Ishimoto. Ya hablaremos tú y yo a solas en otro momento.
(Ishimoto) ¿Me estás amenazando?
(Asuma) ¿Qué te hace creer que te estoy amenazando?
(Ishimoto) Porqué crees que te estoy mintiendo.
(Asuma) Sólo tienes que confesar lo que me estás ocultando y...
(Ishimoto) ¡Sí, lo reconozco! … Pero si quieres saber la verdad, tendrás que preguntárselo directamente a Jitsuyama. Es él quien habló cara a cara con ese tipo.
(Goto) Está usted diciendo, señor ministro... que ese mismo día, Jitsuyama habló con este tipo?
(Kanuka) Es decir, que le conoció.
(Ishimoto) ¡Y que más da eso! Además, ese tipo ni siquiera se hizo llamar una sola vez "El Niño que llora". Verdad?
(Takeo) Es cierto. Ya habéis visto que fue la reportera que lo cubría en directo la que le puso ese sobrenombre sin quererlo. Por lo tanto, estamos ante...
(Kanuka) Un mito. Es decir, que quien sea que lo hiciese, lo de ayer no es más que un imitador.
(Isuzu) Kanuka tiene razón. ¿Quien se molestaría a reaparecer cuarenta años después?
(Goto) Me temo que en mi opinión... no es tan sencillo. Si el entonces presidente de Industrias Pesadas Shinohara y su vicepresidente, que eran... el abuelo y el padre de Asuma respectivamente, presionaron y sobornaron a la dirección de TV Fuji en aquel momento para que la cinta donde se grabó el accidente fuese ocultada durante cuarenta años, es evidente, y tengo una sospecha bastante fuerte, de que ese "accidente" y su protagonista, "El niño que llora", debían ser olvidados lo antes posible.
(Kanuka) Y ese objetivo, lo consiguieron. Se debía hablar del accidente en la prensa durante unos pocos días. Y después, ya nunca más nadie se acordaría... hasta ayer.
(Asuma) Bueeeeno. Ahora sabemos que lo de ayer no es más que... una simple imitación de un original. Pero señor Goto, usted y toda la NNSA, deben responderme aun a la pregunta clave. Que saben por ahora sobre este misterioso... lo que sea, que se hace llamar a si mismo "El niño que llora", cuando el niño que llora original jamás se puso ese nombre a si mismo.
(Takeo) Pues que va a ser, Asuma. Lo mismo que en 1975. Un perturbado o alguien que quería llamar la atención ante los medios de comunicación.
(Kanuka) ¿Estás segura que es sólo eso? ¿No te has dado cuenta de algo?
(Takeo) -se pone aun más seria- … Claro que me he dado cuenta. Pero de todas maneras, sin pruebas materiales ni tangibles, quien le hubiese creído. Eh?
(Kanuka) Entonces reconoces que ese tipo, fuese quien fuese, sabía del verdadero origen de los Labors. Y quería obligar a Jitsuyama, que por aquel entonces...
(Asuma) Ya entonces era el jefe del departamento de desarrollo técnico y de producción. Lo que actualmente... es el departamento de Investigación y desarrollo. Es decir, que era el responsable directo del desarrollo del Primer Labor que Industrias Pesadas Shinohara sacó al mercado aquel 1975. -da un sobresalto al darse cuenta de algo- … Dios mio. Eso quiere decir que... que Jitsuyama ya lo sabía.
(Goto) Eso es algo que es muy fácil de averiguar, señor Primer Ministro. Pero es decisión únicamente suya. Si nos lo encarga a nosotros... o va usted mismo a esclarecer la verdad.
(Takeo) No es que quiera meter más leña al fuego, pero... no nos estamos desviando del auténtico objetivo de esta reunión de máxima urgencia?
(Kanuka) Estoy de acuerdo. Asuma, debes ir al grano.
(Asuma) Lo sé. Lo sé. Señor Goto... que sabéis por ahora, en la NNSA, sobre el niño que llora.
(Goto) Lamento mucho... decepcionarle, señor. Pero me temo que esto es lo único que sabemos de él. Sobre el niño que llora que ha reaparecido en 2015... por ahora no sabemos absolutamente nada.
(Matsuda) Por lo tanto, si no sabemos quien es, ni cómo es, ni donde puede estar... es imposible ni siquiera hacer una hipótesis de por donde empezar. Lo único que podemos hacer es dar palos de ciego a la nada, esperando tener suerte a ver si cae algo.
(Kanuka) Es decir, que no tenemos nada. Nada de nada.
(Takeo) Una conclusión muy pesimista, Kanuka. Pero estoy de acuerdo.
(Goto) Es cierto que es para ser pesimista. Pero no obstante... nuestra obligación es atraparle. No debemos permitirle que actúe por encima de la ley, contra alguien a quien sólo la ley debe ajusticiar. Los superhéroes están muy bien para los cómics y las películas. Pero a la realidad... pueden, pura y llanamente... tomarse la justicia por su mano.
(Asuma) Entonces, señor Goto, asume que el "Niño que llora" cumplirá su amenaza.
(Goto) Estoy bastante seguro que lo hará, señor. Él cumplirá su amenaza de hacer algo contra el Superintendente General Iruichi Terai en 48 horas... y faltan ya menos de 24 para que termine el plazo. La verdad es que no tengo ni la más remota idea de en que puede consistir esa advertencia.
(Asuma) ¿Ha detectado que ocurra algo raro?
(Goto) No. Ishimoto, cómo Ministro del Interior, debería responder lo mismo que yo.
(Ishimoto) Todo está tranquilo, Primer Ministro. No hay movimientos sospechosos ni en Tokio ni en todo Japón... por ahora.
(Goto) -responde muy seguro de si mismo- Pero usted, ministro, sabrá que esa información en realidad, no resulta del todo fiable. Más viniendo de alguien que... se ha aprovechado de su privilegiada posición para enriquecerse ilegalmente y contaminar con corrupción la cúpula policial de Japón. "El niño que llora" se ha despertado para acabar con él... pero yo no se lo permitiré. Porque quien llevará a Terai ante la justicia, seré yo.
(Asuma) -sonríe confiado- … Una frase que vale más que todo un discurso, Goto. Por eso Kogame apuesta por ti cómo su sucesor al frente de la NNSA.
(Goto) -se ríe- No me haga tanto la pelota, señor.
(Asuma) -dice sonriente- Lo sé, Goto. Pero no puedo evitarlo. Que sería de nuestro país sin su trabajo.
(Goto) Bueno... hago lo que puedo. -dice en broma y todos se ríen-
(Asuma) Mientras tanto, quiero que mantengáis los ojos bien abiertos. Goto, transmite a tus colegas de la NNSA que mantengan la vigilancia al máximo. Usted, ministro Ishimoto, aumente las medidas de vigilancia policiales especialmente aquí, en Tokio. Y tú, Matsuda, mantén a los militares tranquilitos y en su sitio. Ya que esto a ellos no les afecta para nada, que se mantengan al margen. ¿Lo habéis entendido?
(Kanuka) Podrías haberme consultado, Asuma. -dice en broma-
(Asuma) ¿No estás de acuerdo conmigo?
(Kanuka) -sonriendo confiada- Totalmente.
(Asuma) Pues entonces todo queda claro. ¡Venga, en marcha!
(Todos) ¡Sí!
En ese mismo instante, dos "viejos conocidos" para nuestros amigos, pero particularmente para Goto, que más de quince años atrás hicieron de las suyas... reaparecen. Estos dos viejos amigos son... Ichoku Inubashiri y Sankichi Sarusuberi. El dúo que junto a "Gato", cometieron atracos, robos de Labors militares extranjeros y otras cosas. El primero ha recibido un correo de su antiguo amigo y colega. Inubashiri, quince años mayor, pero que no se conserva muy distinto de aspecto, espera en la mesa de una cafetería en la ciudad portuaria de Kawasaki. Está algo nervioso, mirando sin parar a su reloj, hasta que... aparece Sankichi Sarusuberi, obviamente también quince años más viejo, aunque con una espesa barba, camisa blanca de cuello abierto con traje oscuro y sus gafas, ahora de pasta con montura negra. Inubashiri va vestido con ropa mucho más modesta, con una camiseta de manga corta y unos pantalones tejanos. Inubashiri no puede evitar alegrarse de volver a ver a su antiguo colega después de más de diez años. Pero enseguida se dará cuenta... que no viene para hablar de los viejos tiempos.
(Inubashiri) -se levanta de su silla, sorprendido y riendo alegre- Eres tú, Sankichi. Cuantos años sin verte, amigo. -sonriente, le da la mano a Sankichi... pero éste se muestra muy serio-
(Sankichi) Podría decir lo mismo, Ichoku. Ojalá fuera todo tan bonito y fácil cómo esto.
(Inubashiri) -aun sonriente- No te quedes aquí, venga. Siéntate conmigo. ¿Quieres tomar algo?
(Sankichi) …
(Inubashiri) Me lo tomaré cómo un sí. ¡Señorita!
(Camarera) ¿Sí, señor?
(Inubashiri) Un té helado para el caballero, por favor.
(Camarera) Enseguida, señor.
(Inubashiri) Tengo una sensación extraña por volverte a ver. A pesar de lo que fuimos y lo que hicimos... ahora nos reencontramos cómo dos viejos amigos.
(Sankichi) La amistad de dos personas es de fundamental importancia, ya que sin el otro, uno no puede ser amigo de nadie más. Eleanor Roosevelt.
(Inubashiri) Me alegro oírte hablar cómo en los viejos tiempos. Sigues siendo un tipo muy leído. ¿Que tal te va la vida?
(Sankichi) ¿Y a ti?
(Inubashiri) -suspira, removiendo su café con la cucharilla- … Llevo siete años trabajando en la misma empresa de manutención de residuos peligrosos. Sigo trabajando cómo piloto de Labor.
(Sankichi) Así que te has vuelto uno más del sistema.
(Inubashiri) ¿Y que otro remedio me quedaba? Los de la penitenciaría me obligaron a elegir. O me sometía a ese curso de reeducación o me vería obligado a estar en la cárcel otros cuatro años más. Así que en cuando salí, me juré a mi mismo que nunca jamás me volvería a meter en todo aquello. Además, ahora tengo dos motivos demasiado importantes para no volver a ser jamás lo que fui entonces.
(Sankichi) ¿Hay alguien a quien le importes?
(Inubashiri) Más bien alguien muy importante para mi. -echa un sorbo de su café, mirando con tristeza la taza- … Si cambié radicalmente de rumbo en mi vida, fue... fue por mi hija.
(Sankichi) ¿Te casaste?
(Inubashiri) -levanta la mirada, con mirada serena- Si. Nos conocimos en la cárcel. Ella estaba allí por un delito fiscal. Era una chica normal que lo estaba pasando muy mal... y yo la ayudé. Nos enamoramos y antes incluso de casarnos, durante un fin de semana de libertad condicional...
(Sankichi) Concebisteis a vuestro hijo.
(Inubashiri) Si. Nació cuando terminaron nuestras condenas. Su familia la presionaba para que me dejase. Pero ella estaba decidida a seguir conmigo. Nos casamos por lo civil. Tenemos que trabajar duro los dos para ganar el suficiente dinero para llegar a final de mes, pero somos felices. Puedes ver... que a mi no me ha ido tan mal después de todo.
(Sankichi) Mi risa es mi espada, y mi alegría, mi escudo. Martín Lutero. Eres afortunado. Pero puede que vivas engañado.
(Inubashiri) ¿Pero que dices? No tienes ni idea del cambio que ha supuesto para mi. Si estamos aquí, es sólo para volver a charlar después de tantos años. No pienso meterme en problemas otra vez, y lo sabes.
(Sankichi) Mi intención ya no es delinquir. Sino... hacer algo importante. Algo para cambiar esta mentida en la que vivimos.
(Inubashiri) ¿? -se extraña de verdad- … Cuando nos conocimos hace veinte años... ya eras un tipo extraño. A veces me desconcertabas. Y aun más a Gato. Oh. A propósito. ¿Sabes algo de él?
(Sankichi) Por qué te interesa saberlo. Tú le odiabas. Jamás te gustó que trabajara con nosotros.
(Inubashiri) Era un lerdo, es verdad. Pero igualmente... siento curiosidad por saber que ha sido de él. ¿Sabes algo?
(Sankichi) … Está muerto.
(Inubashiri) O _ o ¿Qué? ¿Cuando?
(Sankichi) Hace nueve años. -la camarera le trae el té helado y echa un sorbo- … Se suicidó arrojándose ante un tren en una estación de metro un lunes en hora punta. Parece que se había vuelto drogadicto.
(Inubashiri) -absolutamente estupefacto- Dios mio. ¿Cómo pudo acabar tan mal?
(Sankichi) ¿Te lo has creído?
(Inubashiri) O _ o ¡Oye! ¡No te burles de mi! ¡Me has acojonado, joder!
(Sankichi) No. No sé nada de él.
(Inubashiri) No es que me importe. Pero si nos hubiésemos reencontrado los tres... habría sido aun mejor, no crees?
(Sankichi) La amistad es el único cemento que mantendrá siempre unido al mundo. Woodrow Wilson.
(Inubashiri) Oye... de que querías hablarme antes? ¿Es importante?
(Sankichi) Ichoku.
(Inubashiri) ¿Mh?
(Sankichi) Cómo viejo amigo y compañero de penalidades cuando eramos jóvenes... he decidido decírtelo a ti... y a nadie más que a ti.
(Inubashiri) Vaya, eso suena muy importante. ¿Qué es? -pregunta con curiosidad-
(Sankichi) Una mentida repetida mil veces se convierte en verdad. Joseph Goebbles. Por fin alguien ha aparecido para terminar con esta mentida. Y yo voy a ayudarle.
(Inubashiri) -se preocupa por su viejo amigo- ¿Qué? Pero Sankichi, no lo hagas. Ahora eres un hombre libre. No hagas nada que provoque que vuelvas a la cárcel. Esos fueron buenos tiempos, pero nos trincaron y pasamos años encerrados. ¿Acaso quieres volver a la trena?
(Sankichi) Jamás volveré a delinquir, Ichoku. No temas. No se trata de eso. Esto va mucho más allá de ser un simple y vulgar ladrón. De lo que aquí se trata... es de ayudar al nuevo héroe que hará abrir los ojos a la gente. Alguien que está incluso por encima del bien y el mal, por qué él es quien impondrá la justicia de los hombres a los propios hombres que la desprecian incluso sin quererlo.
(Inubashiri) P... p... pero de que demonios estás hablando? -pregunta con desconcierto sin entender a que viene con eso-
(Sankichi) Voy a ayudar al niño que llora.
(Inubashiri) -se queda pasmado- ¿Queeeee? Estás bromeando, verdad que sí? Estás de coña.
(Sankichi) Me conoces, Ichoku. Yo jamás bromeo. He llegado a un acuerdo con él... y pienso llevarlo a la práctica.
(Inubashiri) ¿Quieres decir... que conoces al tipo que hizo eso ayer cuando la comparecencia del Superintendente General Iruichi Terai?
(Sankichi) No exactamente. Yo fui... el intermediario. Nadie sabe quien es en realidad y probablemente nadie, ni tan siquiera quienes cómo yo hemos decidido ayudarle, lo sabremos jamás.
(Inubashiri) ¿? ¿Qué quieres decir con eso que fuiste el intermediario?
(Sankichi) Averigualo tú mismo... si puedes.
(Inubashiri) -se queda mirando muy seriamente a Sankichi, cayéndole gotas de sudor frío por su rostro- … Ahora lo entiendo. Eres tú. Tú eres el verdadero niño que llora. Dime la verdad, Sankichi.
(Sankichi) Puedes considerarlo así si quieres. El Niño que Llora nadie sabe si tan siquiera si es una persona. Pero sea real o no... ha llegado para cambiar las cosas. La voz interior me dice que siga combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios. Mahatma Ghandi.
(Inubashiri) -sin saber que hacer ni decir- Pero... pero...
(Sankichi) Puedes intentar detenerme si quieres. Estás en tu derecho. Pero yo no pienso detenerme. Lo haré, puedes estar seguro.
(Inubashiri) -se calma y se pone serio- Entonces dímelo. Qué es lo que vas a hacer.
(Sankichi) -con sonrisa malévola en su rostro- … Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida. Charles de Gaulle.
(Inubashiri) -con los ojos cómo naranjas y teniendo un mal presentimiento- … No. … No lo hagas. No... puedes hacerlo. ¡No lo hagas, Sankichi!
(Sankichi) ¿Acaso no haré un favor a la sociedad? Él quiere que se haga justicia. Aunque no me lo haya dicho... yo sé que quiere que se haga justicia.
(Inubashiri) ¿Qué? -se queda de piedra-
(Sankichi) El niño que llora cumplirá su amenaza. No. Debe cumplir su amenaza. Y yo la haré realidad.
(Inubashiri) … No... no entiendo por qué lo quieres hacer. Para qué te metes en esto? ¡No tiene nada que ver contigo!
(Sankichi) Recuerda siempre que otros pueden odiarte, pero los que te odian no ganan a menos que tú los odies a ellos. Entonces te destruyes a ti mismo. Richard Nixon. Lo único que haré será destruir un enemigo común. Luchar para todos aquellos que cómo yo, no encuentran el objeto de por qué viven, hasta que son conscientes que o lo cambian, o acabará contigo y todos los demás.
(Inubashiri) Déjate de frases hechas, Sankichi. Tú... tú... tú lo que quieres hacer es...
(Sankichi) -se levanta de su silla, mirando serio su reloj de pulsera- Lo siento, pero debo irme ya. Probablemente... nunca más volvamos a vernos.
(Inubashiri) -mirándole sobrecogido- Sankichi...
(Sankichi) Y estate tranquilo. Nadie te hará responsable de lo que pase a partir de ahora. Por no... haber intentado detenerme.
(Inubashiri) Si... si ni siquiera sé que vas a hacer. -responde entre miedoso y alucinado-
(Sankichi) -ya a punto de irse, de espaldas a Inubashiri- Te equivocas, Ichoku. Lo sabes, pero te da miedo aceptarlo. No te preocupes. Pronto lo aceptarás. Tú... y todo el mundo. Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, si no que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti. Friedrich Wilhelm Nietzsche. Prepárate para la fiesta, Terai, porque va a ser la mayor de la historia. -se ríe maliciosamente-
Sankichi se marcha de aquel local dejando a Inubashiri totalmente alucinado... pero muy preocupado al mismo tiempo. Piensa que el Niño que Llora, que ya se ha hecho famoso en todo Japón en cuestión de horas, es él: Sankichi Sarusuberi. ¿Pero es esto realmente así? ¿Será solamente un "ayudante"? Por ahora, es un total misterio. Inubashiri pero, siente la necesidad imperiosa de contárselo a alguien. A alguien que pueda hacer algo. No por el niño que llora, que también. Sino más bien, para evitar que su amigo y compañero de años atrás, se meta en un lío monumental que le cueste la cárcel o incluso... la vida.
En ese mismo instante, en el aeropuerto de Glasgow, Escocia, aterriza un avión de transporte de la RAF British Aerospace BAe-146 C3. Cuando el avión frena y finalmente se detiene, a pie de pista, un grupo de personas ya están esperando a ese avión. Estás personas son Edwin, el hijo de Richardson y Sonoko... y los padres de Richardson: Merçe y Samuel Richardson. El padre de Richardson, es un hombre de setenta años, pero que aun se conserva muy bien. Bien vestido, de cabello largo y totalmente canoso.
Cuando el avión se detiene definitivamente y personal del aeropuerto baja la trampilla, Richardson baja del avión... e inmediatamente se emociona al ver que su hijo, Edwin, está allí para recibirle.
(Edwin) -corre hacia su padre muy alegre- ¡Papá! Daddy!
(Richardson) ¡Edwin! -coge a su hijo en brazos, muy emocionado y entre sollozos- Oh Gracias, Dios. Gracias gracias gracias. Menos mal que estás bien.
(Samuel) Hijo. -mirando seriamente, pero con amor a su hijo-
(Richardson) -se separa de su hijo, mirando a su padre seriamente... pero enseguida le sonríe- … Hola, papá.
(Samuel) Bienvenido a casa, hijo. Bienvenido a casa. -padre e hijo se abrazan muy sentidamente-
(Richardson) Muchas gracias por todo, papá. Nunca te lo podré agradecer lo suficiente.
(Samuel) -sonriéndole con cariño- Hijo... no me mientas. Sabes perfectamente que no he podido hacer todo lo que yo hubiera querido. Tu esposa, Sonoko, sigue encarcelada.
(Merçe) No seas así, cariño. Nunca hay que perder la esperanza. Seguro que al final encontramos una solución.
(Richardson) -muy preocupado- No, mamá. Ya me lo han explicado todo. Si lo pienso bien... todo es culpa mía. Si no se me hubiese ocurrido salir de viaje al extranjero cómo regalo para su cumpleaños...
(Samuel) No te culpes por eso. Tú no tienes la culpa de nada. Ha sido una maldita y penosa casualidad. Ya lo decía tu abuelo que Dios lo tenga en la gloria. "Este mundo está lleno de hijos de puta y siempre lo estará."
(Merçe) -se enfada- ¡Samuel! ¡Haz el favor de no hablar así!
(Edwin) -todo alegre e ilusionado- Sabes, papá? Los... los abuelos viven en un castillo muuuy grande. Y... y tienen muchos aviones. Y y y tienen...
(Richardson) -le acaricia el cabello pelirrojo a Edwin, mirándolo con ternura- Edwin... gracias a Dios que estás bien. Cuando aquellos policías tailandeses se te llevaron... me temí lo peor.
(Samuel) En cuando me lo dijeron, mi prioridad absoluta en mis trámites fue la repatriación de Edwin hacia Gran Bretaña. No me costó mucho, ya que Edwin tiene doble nacionalidad. Japonesa y británica. Pero en el caso de Sonoko...
(Richardson) ¿Y por qué no usas tus influencias? El tipo que se encargó de mi liberación en Tailandia, ese tal Spencer, dijo que era agente del IM6. ¿Cómo coño lo has hecho para conseguirlo?
(Samuel) Soy amigo personal del ministro de asuntos exteriores. Le hice unos cuantos favores cuando eramos jóvenes. Así que él, simplemente... me los ha devuelto.
(Richardson) ¿Así de sencillo? -dice sin acabar de creérselo-
(Samuel) Oh, ya sabes, hijo. Los políticos y sus ansias por colgarse medallas y quedar bien en los periódicos. Tu liberación y la de mi encantador nieto, para la opinión pública británica y el gobierno, se había vuelto... una cuestión de estado.
(Richardson) Papá... no lo digas en pasado, por favor. Esto aun no ha terminado ni mucho menos. No pienso rendirme ni descansar hasta que Sonoko vuelva a mi lado. -dice con firmeza-
(Samuel) Ya me he encargado de ello. He contratado los servicios del mejor bufete de abogados de Londres. Me ha costado muy caro, pero ante el juicio de Sonoko, nos dará muchas más garantías para ganar la causa y conseguir su libertad.
(Richardson) -enfadado e indignado- No, papá. Si el gobierno de su majestad no puede hacer nada porque Sonoko es "solamente" japonesa... tienes que ir a Japón y obligarlos a que hagan algo.
(Samuel) Yo deseo la liberación de mi nuera tanto cómo tú, Andrew. Pero esta es la triste realidad. Mis influencias y contactos llegan hasta donde llegan y ya no pueden ir más allá. Por otro lado... eso dependería de ti, no crees?
(Richardson) ¿Eh? -se sorprende, pero enseguida se pone pensativo- … Joder, es verdad. … Asuma. Él es quien de verdad puede hacer algo por liberar a Sonoko.
(Samuel) Tu conoces en persona al actual Primer Ministro de Japón. Fuisteis compañeros y amigos en la División de Vehículos Especiales de la Policía de Tokio. No es así?
(Richardson) Claro que sí. Lo único que le pido... es que la liberen. Y es lo justo, porque ni ella ni yo hemos hecho nada. Absolutamente nada. Lo que de verdad deberían hacer las autoridades tailandesas, es buscar al verdadero culpable. Al cabrón hijo de la gran puta que nos metió ese maldito fardo de cocaína en una de nuestras maletas. Sólo pido... justicia.
(Samuel) Y yo te creo, hijo. Porque un ex granadero escocés, jamás de los jamases se metería en esos líos.
(Richardson) -un tanto sorprendido- Vaya. Siempre creí que te cabreaba que me hubiese enrolado durante tantos años en la Royal Army.
(Samuel) Te equivocas, hijo. Siempre me sentí profundamente orgulloso de ti.
(Richardson) -sorprendido- Papá...
(Samuel) Me imagino que deberás volver a Japón cuanto antes para reincorporarte a tu puesto. Para un policía, sea donde sea, el deber es lo primero.
(Merçe) Claro, cariño. Pero hijo, antes de marcharte... no te apetece comer algo en condiciones?
(Richardson) Pues ahora que lo dices... después de días comiendo esa bazofia del rancho de la prisión... me está entrando un hambre...
(Merçe) Hoy cocinaré yo. ¿Que prefieres? ¿Unos canalones o una buena paella?
(Richardson) -le sonríe aliviado- Mamá... eres lo mejor.
(Edwin) ¡Yo quiero paella, abuela!
(Merçe) -le sonríe a su nieto- Claro que sí, Edwin. La abuela te cocinará una paella para chuparte los dedos.
(Edwin) ¡Que bien! -exclama muy contento-
(Merçe) De todas maneras, me entristece el pensar que Sonoko no pueda estar aquí con nosotros.
(Richardson) No os preocupéis.
(Samuel) ¿Lo dices convencido? ¿No crees que puede estar pasándolo muy mal?
(Richardson) Claro que lo estará pasando mal. Pero estoy seguro que sobrevivirá. Ella es muy fuerte. Y le sobra lo que a mi me falta: esperanza. Por eso sé que... sobrevivirá. -dice con mirada segura hacia el cielo-
Sonoko, siempre en ese mismo instante, en la cárcel de Tailandia donde la tienen encerrada y cómo muy bien ha dicho su marido, sobrevive sin muchas dificultades. No es sólo por sus propios méritos, sino más bien por el grupo de matonas que le hacen de guardaespaldas, las allí conocidas cómo "Las Geishas". Sonoko y la cabecilla del grupo, llamada Chisa, una tipa con el brazo derecho tatuado con una serpiente y de cara de mala leche, pasean por el patio de la cárcel durante la hora que tienen para salir.
(Sonoko) Oye... puede que alguien cómo tú no lo quiera, pero... gracias por ayudarme el otro día.
(Chisa) -hablando prepotente y chulesca- Tienes razón, con que no me gusta que me agradezcan nada. Así que métete tus elogios por el coño. Sólo te salvé de esas malas putas con cabeza de melón porque eres una compatriota. Una japonesa.
(Sonoko) º _ º Siempre... siempre hablas así?
(Chisa) ¿Cómo coño quieres que hable?
(Sonoko) -se ríe entre dientes- Ja. Bien pensado... es normal. Eres una yakuza, no?
(Chisa) Y tú eres Policía. ¿Qué diferencia hay?
(Sonoko) ¿Qué? ¡Oye, no me metas en el mismo saco! -le grita con enfado-
(Chisa) Tranquila. Sólo cumples tu función de mantener la ley y el orden en las calles. Cosa que la yakuza también hace... a su manera y desde mucho antes que se inventase la Policía.
(Sonoko) ¬ ¬ ¿Ahora vas a darme clases de historia? No me fastidies.
(Chisa) Por qué motivo estás aquí.
(Sonoko) ¿Y tú?
(Chisa) -sonríe melancólicamente- … Por un jodido hombre.
(Sonoko) ¿Por un hombre?
(Chisa) Mi amante. Le amaba con locura y estaba dispuesta a irme con él hasta el mismísimo infierno si hiciese falta. Para nosotros el placer y el trabajo eran una misma cosa.
(Sonoko) ¿A que te refieres con eso? -pregunta con cierta curiosidad-
(Chisa) Necesitábamos dinero negro para salir de los números rojos. Él se metió en el negocio del proxenetismo y yo en el del tráfico de drogas. Todo en un mismo local en una pequeña ciudad portuaria del sur de Tailandia. Intentó sobornar a las autoridades locales. Pero parece que no les pagaba lo suficiente... y nos trincaron a los dos. Llevo tres años sin saber nada de él.
(Sonoko) Estás aquí porque cometiste un delito muy grave. Lo sabes, no?
(Chisa) Soy una Yakuza, Sonoko. Nuestra vida es así.
(Sonoko) Ya. Y cuando salgas...
(Chisa) Regresaré a Japón y se lo haré pagar. -dice con muy mala cara-
(Sonoko) -se queda descolocada- ¿Cómo? ¿Pero no decías que era tu amante?
(Chisa) He dicho que "le amaba". Ahora me doy cuenta que sólo era un traidor que le importa más las ganancias y las perdidas que el amor. Por eso yo misma le cortaré la polla a ese desgraciado para que no pueda joder con ninguna otra. -dice con desprecio-
(Sonoko) -totalmente alucinada- Madre... mía. Estás... estás... estás cómo un cencerro, lo sabías?
(Chisa) Ya lo sé. Yo soy así. Y por eso aquí, mando yo.
(Sonoko) º _ º
(Chisa) A propósito. Y tú que.
(Sonoko) ¿Yo?
(Chisa) No te voy a preguntar por qué estás aquí dentro. Todas lo saben. Por tráfico de coca.
(Sonoko) -se cabrea profundamente- ¡Eh! ¡Yo soy ninguna camella! ¡Soy oficial piloto de la Primera Sección de Vehículos Especiales de la Policía Metropolitana de Tokio!
(Chisa) Joder. Todas las polis habláis igual. Igual que esa cerda coreana que se cree mejor que nadie.
(Sonoko) ¡Hablo cómo me da la gana! ¡Cómo alguien me vuelva a decir que soy una camella, le rompo el pescuezo!
(Chisa) Tranquila. No voy a decir nada. Pero siento curiosidad por saber... si hay alguien esperándote ahí fuera.
(Sonoko) ¿Eh? -se entristece de golpe- Bueno, pues... Sí, hay alguien.
(Chisa) ¿Quien es? ¿Tú novio?
(Sonoko) No. Yo... yo ya estoy casada. Y tengo un hijo.
(Chisa) Te va a sonar raro que alguien cómo yo te diga esto, pero... muchas felicidades. ¿Cuantos años tiene?
(Sonoko) Pronto cumplirá los cinco años.
(Chisa) Ya. ¿Y cómo se llama?
(Sonoko) Edwin. Edwin Richardson.
(Chisa) -se sorprende... y de golpe, su cara se pone furiosa- ¿Cómo... has dicho?
(Sonoko) ¿? ¿Qué te pasa? ¿Por qué pones esa cara?
(Chisa) Cómo se llama tu marido.
(Sonoko) Andrew. Andrew Richardson.
(Chisa) -echa un silbido... y vienen sus compinches, poniéndose muy y muy amenazante- … Vaya, vaya, vaya. Esto si que es una sorpresa. Una sorpresa de verdad. -dice en tono amenazante-
(Sonoko) -se asusta... pero al final se ríe entre dientes- … Ja. Ya lo entiendo. A ti lo que te pasa es que eres una de esas ultranacionalistas que odian a los extranjeros.
(Chisa) -con sarcasmo- Noooo, que va. Aquí quien se odia eres tú misma. Por haberte convertido en una puta para extranjeros. -dice con total desprecio-
(Sonoko) -se cabrea profundamente- ¿Cómo has dicho!?
(Chisa) De dónde es. ¿Un jodido yanqui?
(Sonoko) -exclama profundamente indignada- ¡No, es escocés, para que te enteres! ¡Y es 100.000 veces mejor persona de lo que tú y tus amiguitas lo seréis jamás! -las compinches se ponen a crujir los huesos de sus puños-
(Chisa) Es una verdadera lástima. Pensaba que podríamos ser buenas amigas. Pero ya veo que no podrá ser. Es verdad. No soporto a los extranjeros. Pero aun odio más... a las que se dejan follar por los extranjeros cómo tú. Y las tipas cómo tú sólo se merecen una cosa.
(Sonoko) -dice sarcástica- El qué. ¿Morir?
(Chisa) Más o menos. Ya no eres mi amiga, Sonoko. Sólo eres una maldita traidora a tu patria.
(Sonoko) Uyyyyy. ¿Estás segura que quieres enfrentarte a una policía? -le dice desafiante-
(Chisa) En la cárcel no hay policías que te protejan... ni nadie. Y las que estáis solas cómo tú... estáis condenadas a desaparecer. ¡Prepárate!
Cuando parece que Sonoko está condenada a recibir una buena paliza... la que Chisa llama "Cerda coreana", aparece de improviso. Una chica de unos 26-27 años, muy guapa pero fuerte, con una larga y preciosa cabellera muy oscura recogida con una coleta y unos ojos azules muy claros. Esta chica se llama Yeong Sam Shin, aunque en el pabellón de mujeres se la conoce con el sobrenombre de "La barbie de acero".
(Yeong) Eh. Déjala en paz, maldita amargada. -le dice a Chisa con muy mala cara-
(Chisa) -dice con sarcasmo- Oh, vaya. Pero si es la barbie de acero. Que, "muñeca". ¿Ya has encontrado a tu "Ken"?
(Yeong) -con mirada fría y voz desafiante- He dicho que la dejes en paz. Si no quieres que aquí y ahora te rompa unas cuantas costillas y no puedas moverte de la enfermería durante dos meses, alejate de ella.
(Chisa) Psss. Muy bien, cómo quieras. Tampoco tenemos prisa, verdad, chicas?
(Yeong) Fuera de mi vista.
(Chisa) Vale, vale. -ella y sus compinches se van con el rabo entre las piernas-
(Yeong) -ya mucho más amable- ¿Estás bien?
(Sonoko) Eh... sí, estoy bien. Pero no hacía falta, ya...
(Yeong) No digas memeces, mujer. Esa engreída y sus amiguitas lameculos te habrían dejado la cara hecha un mapa.
(Sonoko) Esto... gracias por ayudarme. Te debo una.
(Yeong) No hay de que. Te llamas Sonoko, verdad?
(Sonoko) Si. Sonoko Richardson.
(Yeong) Yo me llamo Yeong Sam Shin. Aunque en este tuburio todas me conocen cómo "La barbie de acero". -le dice con una tímida sonrisa-
(Sonoko) -aun nerviosa- En... encantada de conocerte. Esto... hablas muy bien el japonés.
(Yeong) Mi tío vive en Japón. Me lo enseñó de pequeña. Encantada de conocerte. -se dan la mano- Además, por lo que me han dicho... tú también eres policía de capital.
(Sonoko) -se sorprende- ¿Eh? ¡En serio!? ¡Que casualidad!
(Yeong) Soy teniente de la Policía de Seul. Brigada de estupefacientes.
(Sonoko) Vaya. ¿Y por qué estás aquí? No lo entiendo.
(Yeong) Por lo mismo que tú. Me pararon una trampa. Seguro que debieron ser los de alguna mafia que se vengaron de mi. Mi única suerte es que en el juicio el juez tuvo piedad de mi y sólo me cayeron cuatro años. De todas formas, mi carrera cómo policía está acabada.
(Sonoko) Ya. Lo siento mucho. -dice mirándole con cierta lástima-
(Yeong) Al igual que tú... lo que me da fuerzas para seguir adelante, es saber que mi familia, mi marido y mi hija, me esperan en Corea.
(Sonoko) Siempre podemos apoyarnos la una a la otra. ¿Qué me dices?
(Yeong) -le sonríe... y se dan la mano- Claro.
(Sonoko) -en broma- Por cierto. Menudo apodo. ¿Es porque eres muy guapa o porque...
(Yeong) Más bien lo segundo. O _ o Oh, pero que cabeza tengo. No he venido sólo para salvarte el pellejo.
(Sonoko) ¿Pasa algo?
(Yeong) Ven conmigo.
(Sonoko) ¿Eh? ¿Pero por qué? -dice descolocada-
(Yeong) ¿Los funcionarios de la cárcel aun no te lo han dicho? Eres mi nueva compañera de trabajo. Vamos, ven conmigo. Empezamos en cinco minutos.
Yeong se lleva a Sonoko a su nuevo trabajo dentro de la cárcel: en la Lavandería de mujeres. Monos de reclusa, sábanas, sostenes de todas las tallas, braguitas, bragas y fajas de todas las tallas y otras cosas.
(Sonoko) º _ º Este... este es mi nuevo trabajo?
(Yeong) Sí. No es nada del otro mundo. Meter la ropa en la lavadora gigante, separando la de color de la blanca. Después en la secadora. Después planchar. Y finalmente, plegarla y ordenarla. ¿Lo has entendido?
(Sonoko) Sí. No es muy diferente de casa.
(Yeong) Por eso te habrán escogido a ti. Eres una mujer casada y eso suma puntos.
(Sonoko) ¿Lo dices en serio?
(Yeong) -se ponen a trabajar plegando sábanas- Considérate afortunada por haberte tocado aquí. Antes de trabajar en la lavandería, estuve en la cocina. Seis meses limpiando con un raspajo cacerolas gigantes. Menuda mierda de trabajo. Además, ahora tengo una nueva compañera con la que puedo hablar y mirar a la cara sin que me cojan ganas de vomitar. -dice en broma-
(Sonoko) -se queda flipada- ¿Queeee? ¿De que hablas?
(Yeong) Lo digo porque además de guapa y simpática, eres de mi misma profesión. Y sobre todo, puedo hablar contigo. - _ - Mi antigua compañera era una vietnamita que era un poco... rara.
(Sonoko) ¿Rara?
(Yeong) Sí, rara. No sabía hablar mi idioma, no sabía distinguir las diferentes tallas de braguitas y sostenes y lo peor... oigh, lo peor.
(Sonoko) Que... que hacía? -dice pasmada-
(Yeong) ¿Que qué hacía? Ja. Siempre estaba hurgándose la nariz y jugueteando con las pelotillas. Y lo peor de todo... es que le gustaba oler las braguitas sucias.
(Sonoko) - _ - Que asco.
(Yeong) Sí, verdad? … Por cierto.
(Sonoko) ¿Mh?
(Yeong) Ya me han contado lo tuyo. Lo siento mucho, en serio. Creo que no te mereces que te esté pasando esto.
(Sonoko) Por mucho que me lo preguntéis... siempre responderé lo mismo: soy inocente!
(Yeong) -le sonríe con cariño- Me alegra que te mantengas tan firme. Te hará falta. En este sitio, si te hundes lo más mínimo, estás acabada.
(Sonoko) Lo sé.
Unas horas más tarde, cuando en Japón ya es de noche, el comandante de la División de Vehículos Especiales: Hiromi Yamazaki, se encuentra en el edificio de la central de la Policía Metropolitana de Tokio, el "Keishicho". Va vestido con su uniforme y galones azul oscuro de comandante de la División de vehículos especiales. Baja por el ascensor hasta la segunda planta de aparcamientos subterráneos. Ha terminado una reunión y se dispone a irse a casa. Cuando llega cerca de su coche, un Nissan Teana nuevo de color blanco perla y le da al mando para abrirlo...
(Inubashiri) ¿Tiene un momento, comandante?
(Hiromi) ¿Eh? -se gira a mirar a todos lados... hasta que Inubashiri sale de detrás de uno de los coches aparcados- … Vaya, es usted. Me ha dado un buen susto. ¿Es un periodista?
(Inubashiri) No. No soy ningún periodista, tranquilo. Más bien... soy una fuente de información.
(Hiromi) ¿? Lo lamento. Pero si no se explica más claramente...
(Inubashiri) ¿Ya no se acuerda de mí?
(Hiromi) Pues... no. La verdad es que no.
(Inubashiri) Me llamo Ichoku Inubashiri. ¿Le sueno más familiar ahora?
(Hiromi) -se queda pensativo... hasta que lo recuerda- Mmmmm... oh! ¡Ya me acuerdo! ¡Tu eras aquel terrorista de la Casa del Mar con el que nos enfrentamos más de una vez hace quince años! Es increíble, cómo pasa el tiempo.
(Inubashiri) Lo lamento, pero no tengo tiempo para charlar. Si estoy aquí es para daros un aviso. Un aviso muy importante.
(Hiromi) No creo que sea importante. Tú ya no perteneces a ninguna organización ni estás metido en nada, verdad?
(Inubashiri) Sí, es cierto. Sólo soy un simple empleado, casado y con un hijo. No me interesa meterme en líos ni historias raras.
(Hiromi) Pues si no es nada importante... es que tengo prisa por llegar a casa. Ya es muy tarde y aunque sea una hora, quiero llegar a casa para estar con mi familia. Lo lamento. -abre la puerta de su coche y se dispone a subirse-
(Inubashiri) -dice muy serio- … El Niño que llora.
(Hiromi) -Da un fuerte sobresalto y se queda mirando a Inubashiri, muy sorprendido- O _ o Tú... tú sabes algo del niño que llora?
(Inubashiri) Más que eso, comandante. Creo que sé quien es.
(Hiromi) -sin salir de su asombro- Pero... ja, pero eso es imposible. Nadie conoce su verdadera identidad. Ni en la policía, ni en Seguridad Pública, ni siquiera en la NNSA, nadie sabe quien es él.
(Inubashiri) En eso tiene razón. Nadie sabe quien es en realidad. Pero yo sé de alguien que le quiere ayudar.
(Hiromi) ¿Quien es este "alguien"?
(Inubashiri) Un viejo amigo. No me gustaría que esta vez... acabase encerrado de por vida o... muerto. -dice preocupado-
(Hiromi) ¿Muerto?
(Inubashiri) Condenado a la pena capital. Por sus palabras he llegado a deducir que... que va a matar a alguien. Y puede que sea...
(Hiromi) -mirando muy seriamente a Inubashiri- … Es uno de tus antiguos colegas de hace quince años. ¿Verdad?
(Inubashiri) … Sankichi Sarusuberi. He hablado con él esta tarde después de muchos años sin vernos. Por lo visto, él planea actuar por su cuenta, pero para ayudar al Niño que llora.
(Hiromi) A no ser... que "El niño que llora" sea él mismo.
(Inubashiri) Si, yo también he llegado a esa conclusión. Sólo he venido aquí, para deciros a vosotros, la Policía, que estad alerta, porque puede ser algo muy gordo. Estoy seguro.
(Hiromi) Por qué.
(Inubashiri) Porque conociéndole... estoy seguro que lo hará a lo grande. Sea lo que sea lo que vaya a hacer... no dejará indiferente a nadie. -Hiromi se pone aun más serio después de oír esto-
(Hiromi) Sé cómo es tu viejo amigo. Estuvo encerrado entre el 2000 y el 2007 tras varios atracos en distintos países en solitario. Finalmente fue detenido en Australia y extraditado a Japón donde cumplió su condena. Desde entonces se ha dedicado al negocio bursátil y la especulación financiera.
(Inubashiri) Ya entiendo. Puede que por eso... haya decidido ayudar al "Niño que llora".
(Hiromi) -muy serio e intrigado- … ¿Quiere matar al Superintendente General Iruichi Terai?
(Inubashiri) No lo sé. O quiere matarle... o va a ayudar al niño que llora a matarle. Quien sabe.
(Hiromi) ¿Cómo puedo saber que me dices la verdad y no estás con él?
(Inubashiri) Porque es mi amigo.
(Hiromi) -se sorprende ante esta respuesta- ¿Eh?
(Inubashiri) Cuando estuvimos juntos yo, él y Gato, hubo una compenetración total entre nosotros. Eramos un trío que visto desde fuera llegaba a rozar el ridículo, pero en cuando se ponía en funcionamiento, era una máquina perfecta. Hubo auténtica amistad entre nosotros. Por eso... por eso... me sabría muy mal que él hiciese tal cosa. -dice muy preocupado-
(Hiromi) ¿Me estás diciendo todo esto sólo para protegerle? -dice extrañado-
(Inubashiri) No. Para que le salvéis. No permitáis que se convierta en un asesino. ¡Por favor, créeme! -se postra ante Hiromi-
(Hiromi) -suspira profundamente, pensativo... hasta que toma una decisión- … Está bien. Te haré caso.
(Inubashiri) -se alegra- Aaahhh... muchísimas gracias, comandante. No tengo palabras para expresarle mi agradecimiento.
(Hiromi) Lo que tienes que hacer ahora es llamar a tu mujer y decirle que coja a vuestro hijo y se marche bien lejos de aquí. Cómo más lejos, mejor. Esto puede ser peligroso para ellos.
(Inubashiri) Oh. Sí, por supuesto. Y... y yo?
(Hiromi) Quedarte aquí, conmigo. Vamos para arriba. Debo avisar al superintendente y sobre todo, a Goto.
En ese instante, el gran afectado y señalado por el dedo de "El niño que llora", el Superintendente General Iruichi Terai del Ministerio Nacional de Policía, se encuentra en su despacho. Por dentro está muy nervioso, casi neurótico, aunque por fuera parezca mantener la calma y la serenidad. Llama por teléfono a su esposa, Akane Terai, pero en un momento dado...
(Akane) -contesta al otro lado del teléfono- ¿Si, Iruichi? ¿Qué pasa? ¿Vas a llegar tarde a casa?
(Terai) -con nerviosismo disimulado- No... digo, si. Si, voy a llegar tarde a casa. Escucha, Akane. Es muy importante.
(Akane) Querido... te noto nervioso. ¿Pasa algo?
(Terai) No... bueno. Si. Si que pasa. Mañana a primera hora tienes que ir a ver al gestor.
(Akane) ¿Qué? ¿Pero por qué? ¿Qué es lo que pasa, Iruichi? -dice sin entender nada-
(Terai) -le replica furioso- ¡No pasa nada! ¡Pero ve y hazlo!
(Akane) ¡Oye, no grites! ¿Que es lo que tengo que hacer mañana tan urgente, eh?
(Terai) Ve y dile que... mierda, no. Si se lo digo al gestor esos cabrones seguro que me pillan con las manos en la masa.
(Akane) ¡Pero de que va todo esto!? ¡Me estás asustando!
(Terai) ¡Te he dicho que no es nada! ¡Pero mañana por la mañana, quiero que vayas y lo gestiones!
(Akane) ¡Que gestione que!? ¡Habla claro, maldita sea, no te entiendo!
(Terai) -suspira, masajeándose el entrecejo- … Está bien, está bien. Te lo diré. Oye... olvídate de decírselo al gestor. Quiero que lo hagas tú misma.
(Akane) Pero... el qué. … ¿Es algo de nuestro dinero? ¿Es eso?
(Terai) He estado pensando que... que será más seguro tenerlo en un sitio distinto.
(Akane) ¿Qué? ¿Me estás diciendo que té han descubierto!? ¡Si tú mismo me aseguraste que te asegurarías que nadie lo descubriese! ¡Y hablándolo por teléfono! ¡Nos pueden oír!
(Terai) ¡Querida, cálmate! ¡No pasará nada! ¿De acuerdo? He llamado expresamente por una de mis líneas de alta seguridad. Nadie oirá nada. Sólo haz lo que te pido.
(Akane) … Está bien. Que es lo que tengo que hacer, Iruichi.
(Terai) Mañana vete a Europa y saca todo el dinero que tengamos de las cuentas de Luxemburgo y mételo en nuevas cuentas opacas y bloqueadas en Gibraltar. Por lo menos allí, podremos salvar lo máximo que podamos. Cuando sea el momento oportuno...
(Akane) Ya lo sabía. ¡Te han descubierto! ¡Estás diciendo que tenemos que huir del país! ¡Es eso!? ¡Es eso!?
(Terai) Mejor... mejor sal tú del país. Cuando sea el momento me reuniré contigo.
(Akane) …
(Terai) ¿? ¿Akane? ¿Me escuchas? ¡Akane! ¡Estás ahí!?
Entonces... y para sorpresa total... la misma voz ronca que sonó de la boca de la Intendente Fuwa el día antes en la comparecencia de Terai: el niño que llora, por el manos libres del teléfono, entra en escena.
(Niño que llora) Muy buenas noches, Superintendente Iruichi Terai. Hay que ver lo travieso y pillín que llega a ser usted. -se ríe maliciosamente-
(Terai) O _ o ¡Aaahhhhh! -se levanta aterrorizado de su mesa- Dios... Dios mio! ¡Tú otra vez!
(Niño que llora) Que escena tan patética, Superintendente. Es usted tan espantadizo. Tengo sentimientos cuando me lo propongo. Pero ante usted... oh, usted es tan bajo, que es imposible no despertar los más bajos instintos cuando se le ve en su esencia. En su verdadera cara. La que el pueblo desconoce y que yo estoy aquí para que conozca. -se vuelve a reír maliciosamente-
(Terai) -aterrorizado, intenta plantar cara- Ca... ca... cállate! ¡Quien cojones te crees que eres!? ¡Es que no sabes quien soy yo!? ¡Contéstame!
(Niño que llora) No pienso desperdiciar ni un segundo de mi apreciado y fugaz tiempo con alguien cómo usted, señor Terai. Sabe? De pequeños nos enseñan que está mal escuchar detrás de la puerta a los demás. Que hay que preservar la intimidad de los otros. Pero a veces... personas, por decirle algo educado, se aprovechan de esta intimidad para desarrollar sus absolutamente repugnantes planes y llevarlos a la práctica. Hasta ahora usted, debido a su rango, lo había hecho impunemente. Pero se acabó, Superintendente General Iruichi Terai.
(Terai) -rabioso e impotente- Mierda. Lo... lo has oído todo? ¡Has pinchado mi teléfono, hijo de puta! Estoy seguro... estoy seguro que detrás tuyo está la NNSA! ¡Seguro que trabajas para Goto! ¡Verdad que sí!? ¡Eh!?
(Niño que llora) -se ríe altisonante- Pero que salidas tiene, Superintendente. -riendo- ¿La NNSA? Por favor. Yo puedo jugar con esos aficionados... cómo me de la gana. Por supuesto que les reconozco su labor en bien de la "Seguridad Nacional" de la nación. -riendo maliciosamente- Pero ya les llegará... su San Benito en su debido momento. Ahora le toca a usted, Superintendente.
(Terai) -se atemoriza aun más- Que... qué quieres de mi. ¡Respóndeme!
(Niño que llora) Hay que ver. Que poca memoria tiene usted, superintendente Terai. Pero si se lo dije ayer mismo. -se vuelve a reír- Verá... es muy sencillo. O dice usted toda la verdad antes de dos horas a partir de ahora mismo... o responderé contra usted sin que le de tiempo ni siquiera a reaccionar. Será un espectáculo digno de las mejores obras de Sheakspire. -se ríe maliciosamente- Ya verá que divertido. -dice sarcástico-
(Terai) La... la verdad? … -reacciona con furia- ¡Una mierda! ¡Tú lo que quieres es destruir mi imagen pública! ¡Destruir mi carrera!
(Niño que llora) ¿Su... imagen? Bien, pues si no lo entiende así, se lo diré de otra manera. O dice toda la verdad antes de dos horas o... morirá. Aunque... no seré yo quien lo haga. Sino... el pueblo. O tal vez... sus propios colegas. Suena divertido, verdad?
(Terai) -se vuelve a aterrorizar- Es... es... estás loco! ¡No te atreverás! ¡Soy la máxima autoridad policial de todo Japón! ¡A mi no puedes joderme!
(Niño que llora) -dice irónico- Oh, que malhablado! Eso no puede ser. Bueno... pues si quiere quedarse sentado en su lujosa butaca y esperar su muerte, puede hacerlo. Pero recuerde. Todo es por su responsabilidad. Por haber abusado de su poder. Y las personas que abusan de su poder... oooh... me ponen muy enfermo. Buenas noches... Superintendente General Terai. Nos veremos en el infierno.
La voz desaparece de golpe... y vuelve la de su mujer, Akane, gritando casi histérica.
(Akane) ¡Iruichi! ¡Iruichi! ¡Estás ahí!? ¡Contéstame! ¡Iruichi!
(Terai) -de piedra, dominado por el pánico- Maldita... sea. ¡Maldita sea! -pega un sonoro puñetazo sobre la meza-
(Akane) ¿Qué ha pasado, Iruichi? ¿Por qué se ha cortado la línea? ¡Eh! ¿Estás ahí? ¡Iruichi!
(Terai) ¡Akane! ¡Haz lo que te dicho! ¡Coge el primer avión para Europa y quédate allí!
(Akane) Pero...
(Terai) ¡Tú hazlo! Ya te volveré a llamar.
Terai cuelga de golpe... y vuelve a descolgar para llamar a quien es su superior directo: el ministro del Interior Kankichi Ishimoto, quien está sentado en la butaca del lujoso despacho de su ministerio... y acompañado de Kogame, el jefe de la NNSA y la consejera del Primer Ministro, Kanuka.
(Ishimoto) Si, diga.
(Terai) ¡Soy yo! -le grita nervioso e histérico-
(Ishimoto) ¿? Le noto un "poco" nervioso, Superintendente General.
(Terai) ¡Déjese estar de gilipolleces! ¡Ese maldito... lo que sea, me ha llamado ahora mismo! ¡Me ha amenazado de muerte!
(Ishimoto) -le responde sarcástico- ¿En serio? Vaya, hay que ver lo de gente que se aburre hoy en día, verdad?
(Terai) ¡Cómo se atreve a hablarme en ese tono!? ¡Acaso esto es cosa vuestra!? ¡Conteste!
(Ishimoto) Veo que se ha quitado la máscara, Superintendente.
(Terai) ¡Cómo!?
(Ishimoto) No, no hemos sido nosotros, Superintendente General. Aquí, el que ha cometido un delito, has sido tú.
(Terai) ¡Pero es que no me escucha o que!? ¡Ese... niño que llora acaba de interferir en la conversación que tenía con mi mujer y me ha amenazado! ¿Es que no lo ven!? -grita dominado por el pánico-
(Ishimoto) Si sigues tan nervioso te va a coger un infarto, Terai. No es bueno para la salud.
(Terai) ¡Joder, que os estoy diciendo que hagáis algo!
(Ishimoto) ¿Y por qué tendríamos que hacerlo? Tú mismo eres el jefe supremo del Ministerio Nacional de Policía. Tienes medios para hacerlo.
(Terai) -se queda quieto, pero muerto de miedo- … Que... qué queréis que haga.
(Ishimoto) … Dimitir. Irrevocablemente. El jefe de la NNSA, Kogame, me lo ha explicado todo. Te has convertido en una vergüenza y en una deshonra para la Policía. Y serás juzgado y condenado cómo... un simple ladrón, que es lo que eres.
(Terai) -se queda mudo- Pero... pero...
(Ishimoto) No obstante, da gracias a tu suerte. El señor Kogame ha escuchado las advertencias de su alumno más aventajado, el señor Kiichi Goto de la sección 5 de la NNSA, y mandará protegerte durante toda la noche. Puede que sea una falsa alarma. Pero parece que a ese tal "El niño que llora" le has cabreado mucho y puede que no se ande con chiquitas.
(Terai) -suspira profundamente, muy nervioso- … Gr... gracias, Kankichi. Te lo agradezco.
(Ishimoto) No obstante, recuerda, Terai. Esta protección es sólo a cambio de una cosa.
(Terai) -se queda de piedra- … Me estás... me estás destituyendo?
(Ishimoto) -le advierte muy seriamente- No. Tú mismo te has destituido con tu comportamiento indigno y abuso de tu autoridad. Mañana a las nueve en punto, quieras o no quieras, serás fulminantemente despedido de tu cargo y pasado a disposición judicial. Y recuerda bien estas palabras, porque esta será la última vez que vas a escuchar mi voz. ¿Entendido?
(Terai) -muy nervioso- S... s... si. En... entendido.
(Ishimoto) Bien. En pocos minutos tus "guardaespaldas" llegaran para protegerte. Mientras tanto... ni se te ocurra salir de tu despacho por nada del mundo. Buenas noches... superintendente general. -dice amenazante-
Ishimoto cuelga... y Terai se queda temblando cómo un flan de miedo sin saber que le va a pasar. ¿El niño que llora va a aparecer?
(Ishimoto) -se retumba sobre su butaca, suspirando de cansancio y masajeándose el entrecejo- … Menudo día. Esto son demasiadas emociones fuertes en sólo 24 horas. Mi corazón no da para tanto.
(Kogame) No se queje, ministro. Era su responsabilidad cesar inmediatamente a ese cerdo corrupto. Si no lo hacíamos, la prensa pronto echaría toda la responsabilidad sobre las espaldas del gobierno y no pueden permitírselo.
(Ishimoto) -se ríe afablemente- Creía que la NNSA era independiente del gobierno.
(Kogame) Y lo somos. Puede estar seguro.
(Kanuka) ¿Están seguros de enviar esos "refuerzos" para garantizar la seguridad de ese ladrón?
(Kogame) -dice en broma- Por mi, no enviaría a nadie. El "Niño que llora", al fin y al cabo, seguro que nos haría un favor, no os parece? -se ríe-
(Kanuka) -dice algo molesta- Esto no es para cachondearse, Kogame. Y lo sabes.
(Kogame) Ya lo sé, consejera. Mis hombres llegarán en un momento. Y tú, Ishimoto...
(Ishimoto) Ya he dado instrucciones directas a... -le suena el teléfono de su mesa y se pone: es Shinobu- Si. … Ah, Superintendente Goto. ¿Tiene algo que... … O _ o ¿Cómo? … ¿El comandante Hiromi Yamazaki se lo ha comunicado? … Sí. … Sí. … Dios mío. … Sí, hágalo. Mande los refuerzos que sean necesarios. … De acuerdo. Se lo diré. Hasta luego. -cuelga con profunda preocupación-
(Kanuka) ¿Era Shinobu?
(Ishimoto) Si. Dice que es posible que hayan descubierto quien está detrás de el Niño que llora.
(Kogame) ¿Qué? ¡Imposible! -exclama alucinado-
(Ishimoto) De todas formas, me ha insistido en que esto, por ahora, es secundario. Ahora la prioridad es sólo una: proteger la vida del superintendente General Iruichi Terai.
Gracias a esa conversación de Hiromi con Ichoku Inubashiri, Shinobu ha puesto en marcha los mecanismos de seguridad para que "el niño que llora" no pueda hacer lo que se supone, quiere hacer: asesinar al Superintendente General Iruichi Terai. Pero no se imaginan, hasta que punto, que clase de espectáculo les espera. Un espectáculo en el que nuestros amigos de la División de vehículos especiales, se verán afectados de lleno... y no para bien.
