Título: Campamento Baker
Resumen: Sherlock no es el joven más educado, tiene problemas de conducta y para hacer sociales, fue idea de su madre meterlo en ese campamento de rebeldes (y arrastrar a su hermano en el proceso. ¿Será tan malo como los hermanos Holmes creen o habrá quienes hagan de ese campamento una experiencia entretenida para ellos?
Este fanfic participa en el reto de julio "The Camp is On!" del foro I am sherlocked.
Notas: Espero que lo disfruten, gracias por leer.
Capítulo 2.
— ¡No puedo creer que te guste ese George con más músculos que cerebro!
—Es Greg.
— ¡Y ni siquiera lo niegas!
— ¿Porque negarlo, Sherlock? Si ya lo sabes y no me importa que lo sepas, solo espero que no lo andes divulgando y muchísimo menos a él.
—No quiero verte babear por míster músculos Gordon.
—Greg.
—Como sea, iré afuera.
Su hermano se fue tal como dijo y cerrando la puerta con un fuerte portazo. Mycroft pensó que sería mejor que él también salga a tomar aire, así podría olvidarse de los ridículos celos de hermano de menor de Sherlock y de paso podría ver al señor músculos, como le decía Sherlock.
Al salir, empezó a caminar, la verdad es que desde un principio no le gustaba ni un poco la idea de un campamento. Aire libre, mucho verde, muchos bichos, poca higiene, mucha actividad física y pocas cosas en las que podía mantener ocupada su cabeza, porque dudaba que algún otro joven de su edad quisiera hablar con el pelirrojo sobre cosas interesantes y tener charlas inteligentes y profundas con él acerca de política, ciencia, matemáticas, etc… pero, a pesar de no gustarle la idea, todo podía ser soportable gracias a su flechazo: El coordinador Lestrade, el cual, por cierto, estaba dando una especie de charla motivacional para los niños entre ocho y nueve años que se tomaban la molestia de oírlo, estaba junto a una linda señorita. Una vez que Greg termino se acercó a Mycroft, seguramente al verlo ahí parado como idiota. La chica lo siguió.
—Mycroft, ¿cómo estás? Mira, ella es Molly Hooper, una coordinadora voluntaria.
—Amiga y consejera también. Un gusto. —dijo la joven de aproximadamente veinte años, algo tímida.
—Sé que piensas que aquí hay todos chicos pequeños. —dijo Greg, rascándose la nuca— pero hay algunos de tu edad, James Sholto, Victor Trevor, Harriet Watson…
—Irene Adler. — hizo su aporte Molly.
—Así que si quieres que te presentemos, no dudes en pedirlo.
—Gracias, Lestra… Greg.
El joven moreno sonrió, después unas risas infantiles captaron la atención de los adultos (y Mycroft, que casi era mayor de edad, solo le faltaba un año y entonces podría considerarse de forma legal un adulto)
—Al parecer mi hermano tiene un amigo.
Dijo el pelirrojo, con la boca abierta y sonrió, muy suavemente, cuando miró a Greg, que estaba más serio.
— ¿Puedes informarme acerca de su amigo?
—No debería decirte nada…
Mycroft lo miró con una ceja arriba.
—Pero te lo diré de todas maneras. Ese niño es James Moriarty, se hace llamar Jim, tiene trece años y un largo historial. Es muy inteligente, brillante, pero es su tercera vez en el campamento, y no hay nada que puedan hacer sus padres para cambiar sus malas actitudes. No tiene mal humor, siempre está sonriendo, pero es porque hace travesuras que se convierten en maldades y llegan a ser un problema serio. Sinceramente, no creo que sea una buena influencia para tu hermano.
—Yo me ocuparé de eso. Gracias por la información.
Después tendría una discusión muy seria con su hermano sobre las amistades que se estaba haciendo.
—Ahora, déjame reunir a algunos chicos para hacer actividades deportivas en grupos.
— ¿Son…?
—No son obligatorias. —Dijo Molly captando enseguida la pregunta de Mycroft. —pero son muy entretenidas.
—Es cierto, muchos chicos que muestran conductas agresivas o violentas no hacen ningún deporte, y lo que les pasa es que tienen que, de alguna manera, desahogarse y descargar su energía haciendo algo.
—Pareces saber mucho del tema. —Mycroft parecía interesado.
—Sí, bueno… fui un niño problema también, ¿sabes? Pero todo el mundo cambia.
— ¿Estás seguro?
—Aunque ahora seas escéptico, te darás cuenta de que una persona puede cambiar, si le das una mano, si crees en ella, si ella decide cambiar por su bien y por el bien de los que quiere.
Entonces Greg se fue a jugar con los niños y le dio algo en lo que pensar a Mycroft.
Sin embargo un niño se cruzó en su camino, más bien un adolescente, de unos catorce años, no parecía el tipo de chico que iría a un campamento para cambiar su mala conducta.
—Disculpa, no fue mi intención… ¿Estas bien?
—Lo estoy.
—John Watson.—el joven sonrió y hasta le extendió la mano. Se veía que tenía una buena educación, entonces, ¿qué hacía ahí?
—Mycroft Holmes.
—Yo… tengo que ir con mi hermana ahora, pero ha sido un gusto chocar contigo. —aunque el pelirrojo no era fanático de las bromas, el rubio consiguió que sonriera.
Entonces Mycroft ya sabía a quién quería como amigo de Sherlock.
