Por todas las santas diosas de la Trifuerza, ¿cómo puedo tener tantas ganas de escribir?
Ni yo me lo creo xD Pero bueno, sé lo que dije en el capítulo anterior, y me retracto, subiré también algo de este fic, todavía ando planeando el final de Las notas de nuestra canción, así que espérenlo para largo. Y sobre mi fic de Pokémon, esperad un poco más, lectores míos, esperad un poco más, que ahora mi cerebro sólo quiere Zelda, perdonadle XD
Por cierto, me he dado cuenta de que en el cap anterior no avisé del gore de este fic xD Lo siento, hoy ya he dejado una advertencia, pero no creo que fuera para tanto :/
Creo, mis queridos lectores, que vosotros me conocisteis con un tierno fic romántico y creíais que Magua sólo haría cursiladas… Pues no, queridos, ahora llega la auténtica Magua, esa que disfruta poniendo al Link más salvaje y el mayor número de aventuras posibles sin quitar el ZeLink, espero que os guste esta Magua también :P
Dicho esto, os dejo con el primer capítulo de mi querido segundo fic de Zelda.
Advertencia: Contiene algo de sangre, pero no más que en el prólogo.
Destinos cruzados.
Capítulo 1: El Gato Negro.
Era una noche tranquila, la luna se ocultaba tras unas juguetonas nubes que se entretenían escondiéndola, proporcionando momentos de completa oscuridad combinados con otros más claros. Las sombras proyectadas por la luz lunar se veían alargadas y tenebrosas y podrían ser capaces de asustar a cualquiera, pero, por suerte, estaba bien entrada la noche y apenas si había personas en la calle.
De vez en cuando se escuchaba el eco de unos pasos provenientes de algún ciudadano, trabajador o borracho, que regresaba a su casa.
Algunos callejones estrechos donde se escondían los indeseables se encontraban en perpetua y protectora negrura, evitando las miradas indeseadas o curiosas.
Las casas estaban construidas a base de ladrillos combinados con cemento y alguna capa de pintura por encima. El conjunto de edificaciones daban lugar a barrios monótonos de colores idénticos, ya que todos los edificios se veían recubiertos de blanco para absorber más luz solar.
Una sombra se deslizó sobre el pavimento, era silenciosa, liviana y ágil, más parecida a un gato que a una persona. Se trataba de un humano debido a su altura y a la forma que adoptaba su cuerpo, pero apenas si se podían percibir un par de rasgos de él, ya que una capa larga, que le llegaba hasta los tobillos, ocultaba cualquier facción delatadora. Su rostro, embozado en la capucha, estaba perfectamente tapado por las sombras que se proyectaban sobre él. Lo único perceptible eran sus botas marrones de piel, que se adaptaban perfectamente a su cuerpo, incluso la suela parecía fundirse con el suelo para evitar causar cualquier sonido.
El desconocido continúo por las calles, intentando simular ser un transeúnte normal que simplemente paseaba por el lugar, pero en el fondo tenía una ubicación fija, y se dirigía a ella directamente.
Se manejaba por la ciudadela del castillo con gran conocimiento, posiblemente su cerebro conocía hasta el último recoveco de la gran ciudad, su espalda permanecía continuamente contra la pared, y su cuerpo estaba relajado, sabía perfectamente lo que hacía, estaba entrenado.
Finalmente pareció alcanzar su destino, ya que se apegó aún más contra la casa de piedra que tenía tras de sí, situada estratégicamente junto a una esquina, y centró toda su atención en un edificio, también pintado de blanco, que poseía un peculiar cartel de madera en forma de barril colgado desde el techo, en el cual ponía: Tasca de Telma. Del local provenían ruidos de gritos, choques de vasos y risotadas, como si estuvieran celebrando algo.
Pero la sombra no hizo el menor intento de aproximarse al mesón, sabía lo que debía hacer, y ahora le tocaba esperar. No importaba cuánto, permanecería ahí, inamovible, de un momento a otro su objetivo se pondría a tiro y sería su turno de actuar.
Tras un buen rato, la puerta del bar se abrió, dejando salir a un hombre joven, ni siquiera tendría los treinta años, moreno y de ojos marrones que brillaban con valentía. Llevaba puesta ropa ordinaria: unos pantalones oscuros y una camisa blanca que presentaba algunas manchas de comida. Por encima de esto sí que portaba algo más peculiar: un poncho de de piel que le cubría toda la zona del cuello y el torso, además de que presentaba el emblema real, la Trifuerza, en la parte central. Era un caballero de su majestad el rey, no cabía duda. En la mano izquierda llevaba un vaso de cristal prácticamente lleno con un líquido ambarino, cerveza.
Su cuerpo fornido y musculoso presentaba algunas cicatrices menores que le añadían más categoría y renombre al título de caballero que ya poseía. Se trataba de un duro rival.
Al verle salir, la sombra esbozó una sonrisa bajo su capa, y salió de su escondite, caminando con calma hacia su rival e introduciendo la mano derecha en su capa. De ella sacó una daga muy afilada de doble filo acabada en punta, su hoja mediría unos veintitrés centímetros y era realmente amenazadora.
-¿Vas armado? –preguntó el desconocido, acercándose tranquilamente hacia el hombre, que le mirada extrañado. Su voz era varonil, lo que confirmaba que se trataba de un hombre, aunque tampoco era muy grave.
Por muy asesino que fuera considerado, tenía algunos puntos claros para lo que él consideraría un "asesinato justo", como, por ejemplo, no matar a un rival desarmado o no atacar nunca por la espalda sin haber avisado antes.
-¿Qué? –respondió el caballero, estaba demasiado sorprendido, ¿aquello era un ataque o una broma?
Cuando apenas si los separaban cuatro pasos de distancia, el atacante se detuvo, lanzó la daga al aire, haciéndola dar una vuelta y habló de nuevo con calma:
-No lo repetiré otra vez –advirtió. Justo en ese momento, el arma dejó de girar y él la atrapó con habilidad, cogiéndola de la hoja misma, pero sin correr el más mínimo riesgo de cortarse-. ¿Vas armado?
Ante aquella muestra de frialdad y ese comportamiento tan inexpresivo, el caballero se puso alerta. Su sexto sentido le decía que no era una broma precisamente lo que estaba sucediendo. Su experimentado y sabio cerebro comenzó a funcionar al momento, ideando una táctica que acabaría que ese osado muchacho.
Si quería luchar, bien por él, pero le enseñaría a no meterse con personas que perfectamente podrían ser su padre.
-No –negó.
Nada más decir aquello, el desconocido avanzó un par de pasos más hacia él y le tendió la daga, aún sujetándola por la hoja, para que pudiera coger la empuñadura de esta.
Cuando se hubo acercado lo suficiente, y una vez sujetado el mango del arma, el caballero real usó el vaso que sostenía con su mano izquierda de la mejor forma que se le ocurrió: lanzando su contenido sobre aquel encapuchado rival.
El joven retrocedió un poco, no por temor ni sorpresa, ya que su corazón mantenía exactamente las mismas pulsaciones que podría tener dando un paseo, sino porque no deseaba mojarse la capa.
Después de aquella oleada ambarina, el caballero no perdió ni un instante y arrojó la daga que antes había sujetado con la mano derecha hacia su enemigo.
Este, sin inmutarse siquiera, ladeó la cabeza unos milímetros, lo justo para que el proyectil le pasase casi rozando su capucha, pero lejos de todo peligro.
Con el rostro oculto bajo las sombras, el desconocido alzó ligeramente la cabeza, de forma que la tenue luz de la luna pudo alumbrar algunos de sus rasgos faciales, como una piel pálida, una nariz respingona y unos labios que esbozaban una sonrisa relajada.
-Eso no es muy honorable, Mathew –le reprochó con voz fría.
Las manos del encapuchado se perdieron entre los pliegues de la capa, y pocos segundos después volvieron a emerger, solo que ahora no iba desarmado, dos dagas iguales que la primera se encargaban de darle un toque siniestro y más que amenazador al desconocido.
-¿Qué sabrás tu del honor, asesino? –gruñó en respuesta, notablemente molesto porque su rival conocía su nombre a pesar de no haberlo dicho nunca, y también un poco intimidado.
Indispuesto a darle ventaja a su agresor, el caballero desenvainó una espada de hoja aserrada y aspecto peligroso. Aquella era un arma realmente temible y dolorosa si daba en el blanco.
Sin decir más, la sombra se quedó en el sitio, esperando. No iba atacar primero. Los años le habían enseñado que es mucho mejor conocer el movimiento del enemigo para así poder neutralizarlo. Además, Mathew, al igual que todos sus otros rivales, no trataría de escapar, porque, si lo intentaba, tendría una daga de veintitrés centímetros atravesándole el pecho antes de que pudiera dar dos pasos. Por eso le gustaban tanto las dagas. Eran sigilosas, con una forma atractiva a la vez que misteriosa y amenazante, no tenían piedad, y tenían muchos más usos que las vulgares espadas que usaban algunos de sus compañeros. Las dagas estaban diseñadas para asesinos como él.
Mathew sabía a la perfección lo que pasaba por la mente de su rival; sabía que tendría que atacar primero, y también sabía que había muy pocas posibilidades de que saliese de aquel encuentro con vida. Pero debía intentarlo. Debía sobrevivir por su futura esposa, que le esperaba en casa.
-¡Muere, demonio! –exclamó el hombre sin poder soportarlo más, él siempre había sido alguien paciente, pero los efectos de la bebida habían adormecido su lado prudente, dejando activo y reavivando aún más su yo salvaje.
La primera estocada del caballero fue muy potente, su fuerza se veía aumentada por la velocidad que había tomado Mathew conforme corría hacia su enemigo, por lo que la sombra tuvo algunos problemas para detenerla, aún usando ambas dagas como escudo.
A fin de cuentas, él era un asesino experimentado, pero su fuerza era ínfima en comparación con la de aquel fornido caballero, el asesino debía confiar en su agilidad e inteligencia para triunfar, por eso había elegido una noche en la que Mathew saliera bebido de la Tasca de Telma.
Una vez que el primer ataque contra la sombra dejó de representar un peligro, el joven desocupó una de sus dagas y la trató de clavar en la muñeca derecha de su rival, sin éxito, ya que el hombretón, muy experimentado en aquellas artimañas, retrocedió un paso y el ataque se limitó a rasgar el aire.
Lo siguiente fue un nuevo intento de ataque, que se vio rápidamente esquivado por el asesino, aunque sucedió algo que él no se esperaba: un rodillazo certero en el estómago que le propinó el caballero.
El joven notó como el aire se le escapaba de los pulmones y se dobló sobre sí mismo del dolor. No es que fuera un debilucho, sino que en una de sus misiones más recientes había recibido un corte profundo justo en aquel punto, por lo que sintió unas punzadas que le nublaron la vista. Cayó de rodillas y trató por todos los medios de no marearse. Si lo hacía, no volvería a despertar.
Acto seguido, Mathew, inspirado por aquel último ataque y consciente del punto débil de su rival, quiso darle un puntapié en el costado a su enemigo, mas este se movió al instante, colocándose en cuclillas y dejándose caer sobre el suelo para luego dar una voltereta en él y acabar un metro más atrás, aún acuclillado.
El caballero gruñó, rabioso, a la vez que su enemigo deslizaba una mano pálida de largos dedos dignos de un pianista sobre sus labios para recoger algo de la sangre que se deslizaba sobre estos.
-Luchas bien para no ser más que un crio –le halagó el hombre, recolocándose en posición de ataque, preparado para coger carrerilla y realizar sobre su enemigo la misma estocada de antes, ya que este se encontraba en desventaja al no levantarse aún del suelo.
Lo que Mathew no sabía era que su rival se estaba haciendo una idea de sus planes, sabía lo que su rival pretendía, pero, al parecer, este le creía tan imbécil como para volver a caer en el mismo error. No, señor mío, en este mundo hay que modernizar las técnicas de supervivencia a cada segundo si no quieres morir.
-Aún estás a tiempo de entregarte, prometo que me encargaré personalmente de que no te condenen a muerte, y si lo hacen, conseguiré que sea la sentencia más rápida e indolora posible –dijo el hombre, no tenía ninguna intención de dejar vivir a aquel que había atentado contra su vida, pero si este se rendía, las cosas serían muchos más fáciles y no tendría por qué preocuparse más por un asesino confiado-. Sabes que no podrás vivir en paz si me matas.
Bajo la capucha, el acuclillado sonrió, era una simple elevación de la comisura izquierda, pero aquel gesto no demostraba ninguna emoción, era como estuviera luchando contra un robot programado para matar.
-Deje de vivir en paz hace mucho tiempo –murmuró en respuesta, su voz demostraba un ligero toque de resentimiento.
De nuevo sobraron las palabras, porque el caballero salió corriendo hacia su rival con la espada colocada horizontalmente, preparado para atravesar al joven.
Mas lo que este no se esperaba fue que el asesino se agazapó, inclinándose tanto que su pecho rozó el suelo, y justo cuando la espada pasó por encima de su cabeza sin herirle, clavó una de sus dagas en la pantorrilla del caballero.
El hombre abrió la boca para soltar el mayor grito de dolor de toda su existencia, ya que sentía la afilada hoja del arma en su cuerpo, rasgando todo aquello que antaño fue piel y nervios, pero el asesino fue más rápido y saltó sobre él, derribándole en el suelo y tapándole la boca con la mano.
De la reciente herida comenzó a manar sangre, así que el muchacho se recogió ligeramente la capa y se sitúo junto a la cabeza del caballero, que incluso había soltado su espada debido al dolor.
Estaba acabado. Ambos lo sabían.
Los ojos del herido reflejaban un profundo dolor que se convirtió poco después en lágrimas, aunque estas no eran debido al ataque, sino al recuerdo de su amada esposa, a la cual no volvería a ver nunca.
-¿Unas últimas palabras? –preguntó el asesino, mientras que arrancaba de cuajo la daga.
Una sacudida brutal recorrió el cuerpo de su víctima, pero en esa ocasión no gritó, temeroso de morir sin poder hablar una vez más.
-¿Quién… eres? –inquirió el hombre, quería saber quién había sido aquel capaz de derrotar a un caballero real sin ser apenas dañado.
En respuesta, el asesino esbozó una sonrisa amarga. Su nombre le traía recuerdos, y ninguno era bueno. Cada vez que lo pronunciaba, la voz de una de las pocas personas que lo habían amado a lo largo de su vida resonaba en su cabeza.
Sin decir nada, y con una velocidad pasmosa, el joven clavó la daga que anteriormente había atravesado la pantorrilla del hombre en su pecho, justamente donde estaba el corazón, y se apresuró a incorporarse.
El muchacho vio como su víctima, cuyo último deseo no se vio satisfecho, abrió la boca, tratando de decir algo, pero apenas si balbuceó unas consonantes incomprensibles. Luego, aprovechando las pocas energías que le quedaban, la temblorosa mano del caballero se acercó a su cuello y lo tanteó bajo el poncho, posiblemente buscando algo, mas no lo consiguió, y tras unos segundos cayó inerte al suelo.
El asesino se había percatado de lo sucedido, por lo que, cuidando de no mancharse su capa con sangre para no resultar sospechoso ante ojos curiosos, se acuclilló de nuevo junto al guerrero y con la daga que apenas si había empleado en aquella batalla, rasgó una parte del poncho y vio lo que el hombre había tratado de alcanzar: un collar de oro formado por finos eslabones y un colgante redondo.
Sin cuidado alguno, el muchacho cogió la cuerda de oro y de un tirón la arrancó del cuello del hombre, para luego fijarse en el adorno redondo que colgada de esta. Lo abrió y se encontró con un grabado que decía lo siguiente: Marie, mi vida y mi corazón.
Aquello debería de haber sido un regalo que se hicieron durante el noviazgo.
Con una nueva misión en mente, el asesino guardó el collar, ahora roto sin ningún eslabón de menos, en uno de los bolsillos interiores de su capa y se volvió hacia el cadáver.
-Lástima que fueras uno de ellos –dijo en voz baja, no lo había pronunciado con cariño ni tristeza, era indiferente a todo y todos. La vida le dejó de importar desde hacía ya mucho tiempo.
Se inclinó con rapidez y arrancó la daga del pecho del hombre, para luego limpiar la sangre que cubría la hoja con la capa de su víctima. Acto seguido, se dio la vuelta, a su espalda continuaba el griterío feliz de la clientela de la Tasca de Telma, todos eran ajenos a lo que acababa de pasar, cuando de pronto escuchó una voz femenina:
-Vaya, este ha estado cerca de matarte, Link –ronroneó una mujer, saliendo de entre las sombras seguida por dos hombres más, ninguno cubría su rostro. El hecho de que aquella fémina pronunciase su nombre le provocó un escalofrío desagradable.
-Parece que estás perdiendo facultades, gatito –se burló uno de los muchachos, provocando carcajadas por parte de los demás.
Los recién presentados, que habían estado disfrutando de la batalla entre Mathew y Link mientras que se ocultaban entre las sombras, eran tres.
La primera de ellas, y tal vez la más traicionera y peligrosa, era Jasmine, una muchacha joven de las que sobrevivió a la masacre de Ordon. Era pelirroja, su cabello le llegaría hasta la cintura, de ojos brillantes y embaucadores ojos color avellana. Solía vestir ropas provocativas, y bajo la capa que ahora ocultaba su cuerpo llevaba un top que cubría lo mínimo de sus exuberantes pechos y unos pantalones muy cortos, tanto que sería prácticamente igual que no llevar nada. Lo más peligroso de Jasmine era que la muchachita conocía el arte de la mentira y el engaño mejor que nadie, atraía a los hombres con su indiscutible encanto y luego, ya en una habitación separada, atravesaba con sus ligeros puñales. Se hacía llamar la Princesa Mara, ya que ese era uno de sus apellidos.
El segundo era el peligroso y letal Mike, un joven de cabello negro y ojos marrones de mirada escrutadora. Aquel chaval era realmente un peligro, no destacaba en inteligencia, pero su fuerza bruta era suficiente para derribar al más fuerte de sus rivales. En lo que respecta a armas, blandía una espada en la mano derecha y un hacha en la izquierda, ya que el joven, como diestro que era, empleaba su habilidad para manejar la espada, y luego zarandeaba su hacha de doble filo para causar daño sin impórtale dónde. Estaba ciegamente enamorado de Jasmine, pero ella se interesa más en las noches de diversión, sin tener en cuenta con quién las pasaba. Su apodo, Lorelei, hacía referencia a unas leyendas que se contaban en Hyrule.
Y por último, se encontraba Toni, el miembro más joven de todo el grupo, era menudo, de corto cabello rubio y ojos ambarinos. Inquieto como ninguno, el resto de asesinos sabían que Toni tenía los días contados, ya que no se mostraba especialmente hábil con ningún arma, por lo que portaba un arco y siempre asesinaba desde lejos, si lograba atravesar a su víctima. Su mote, Blue Storm, se lo puso él mismo, aunque nunca le encontraron sentido.
Link pasó de largo, sin mirar siquiera a los otros asesinos. Nunca prestaba atención a sus burlas, le resultaba estúpido seguirles el juego.
-Oh, vamos, ¿el gatito se ha enfadado? –se jactó de nuevo Mike, siguiéndole el paso al asesino que los ignoraba.
-Link, él nos busca –advirtió Jasmine, sin moverse del sitio, Link sabía lo mucho que la Princesa Mara deseaba pasar una noche con él, pero su respuesta siempre era negativa, lo que había generado un ambiente tenso constante entre ambos.
-Iré más tarde, tengo que hacer otra cosa –contestó con voz fría, acelerando un poco el paso y notando que Lorelei dejaba de seguirle.
Cuando Link se había perdido una vez más entre las sombras de la calle, los otros tres asesinos se miraron entre sí.
-Gato estúpido, si sigue así un día él lo acabará matando –gruñó Kevin, volviéndose hacia Jasmine, visiblemente molesto por la marcha de su otro compañero, ahora su amo les echaría una buena reprimenda.
-Déjalo, que haga lo que quiera, no nos incumbe –contestó la pelirroja, indiferente, echando un último vistazo hacia donde Link, también apodado como el Gato Negro, se había dirigido.
En un silencio tan absoluto que incluso resultaba escalofriante, los tres asesinos retrocedieron un paso y se sumieron en las sombras de la callejuela, dirigiéndose hacia donde él los esperaba. El día había llegado. Tantos años de espera por fin se verían recompensados.
Continuará…
¿Qué tal? Yo, personalmente, amé escribir este capítulo, es como la llegada "triunfal" de Link, aquí descubrís lo que los años con Ganondorf le han hecho convertirse :P
Por cierto, no sé ustedes, pero yo acabo de darme cuenta de que mi Link con las dagas es parecido al asesino de Assassin's Creed cuando saca las cuchillas de las mangas de su traje XD
Espero de verdad que os haya gustado este capítulo, y ahora los agradecimientos a los reviews, de verdad, sin vosotros escribir no tiene tanto sentido: P.Y.Z.K., Shimmy Tsu, Cafekko-Maya-chan, HDT (con extraño review xD), nakuru-nagisa, Angie ZF, Kid Evans, Zilia K, Zelinktotal99.
Por cierto, ya aprovecho esta actualización para avisar de que no me voy a conectar durante esta semana que viene por razones de deberes y exámenes, pero no os preocupéis, el viernes estoy de vuelta ;) (aunque tal vez sí consiga conectarme xD)
Pues aquí os deja una fiel servidora :D Comed sano y cuidaos mucho.
Dejen review, que no muerdo xP
