LO SÉ, LO SÉ...

Sé que tardé xD hasta mi pc supo que tardé en actualizar, no quiero poner excusas xd solo diré que aquí estoy, no los he abandonado y he traído lo prometido.

Un millón de disculpas por la tardanza, siempre los inicios se me hacen tediosos xD pero espero que lo puedan leer casi con tanto cariño como yo lo hice al escribirla.

Un saludo bonito para:

Inne, Alinha Taisho Potter, zabitamt1975 y aby2125.

Gracias por su apoyo, espero que disfruten :3

Sin mas que agregar, disfruten del show :3...

Advertencia: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, fueron prestados para la realización de esta humilde historia, caray.


2.

I'VE PUT MY TRUST IN YOU.

.&&&&&.

- ¿Qué pasó? – La lúgubre voz del otro lado de la línea lo hizo tragar duro.

- La perdí, Señor. – Musitó, esperando no ser escuchado. Escuchó un suspiró pesado.

- Eres un inútil. – Notó como la voz se oía molesta y temió lo peor. - Te dije que no le quitaras los ojos de encima. -

- Estaba lloviendo. – Excusó, casi tartamudeando. - No volverá a pasar, Señor. –

- Eso espero. – Sentenció. - Yo no doy segundas oportunidades. – Y dicho eso la llamada se dio por finalizada.

El joven de tez pálida solo pudo suspirar… mientras sentía sus testículos en sus ojos.

.&&&&&.

Kagome solo supo que su única reacción fue quedar paralizada, mientras sus ojos se acostumbraban a la penumbra del sitio.

Aquellos brazos, que antes la habían aprisionado, ahora la ayudaban a no caer… mientras su cerebro aún intentaba recibir una señal de vida de sus estupefactas piernas.

Vio de nuevo aquellos ojos, ese dorado fundido… que se había sorprendido de verla, minutos atrás.

- Tranquila. – Escuchó, casi a lo lejos, como si no lo tuviera de frente.

Tragó duro, y justo ahí se dio cuenta de lo rápido que latía su corazón. Quiso erguirse, pero inmediatamente sintió una opresión en su pecho que la hizo caer.

Tosió con dificultad, e hipó entre respiraciones. Maldijo por lo bajo, ese no era el momento para tener una crisis.

La tos no cedió y comenzó a desesperarse.

Observó la figura acompañante inclinarse a su lado y su instinto fue alejarse, sintiendo el ahogo más fuerte.

Busco en sus bolsillos, nerviosa, y con dificultad sacó un inhalador. Torpemente lo colocó en su boca y al presionarlo tosió de nuevo, haciendo que el objeto saliera disparado lejos.

Vio como el individuo se acercó con rapidez, y se alejó nuevamente, casi sollozando por la presión y el ahogo mucho más notable.

No sintió cuando el inhalador fue colocado en su boca, haciendo que recuperara el aliento. Abrió sus ojos sorprendida, encontrándose envuelta en los brazos del desconocido.

- Respira, Kagome. – Escuchó a su lado. Acto seguido dirigió sus manos al inhalador. - Tienes que calmarte, ten. – Sintió como respiraba un poco más. - Así es, tranquila. – Intentó tranquilizar su agitado pecho y la tos disminuyó casi por completo. - No voy a hacerte daño. – Notó, de repente, su lejanía y entendió que le estaba dando espacio para terminar de estabilizarse.

Tomó unos segundos más para normalizar su respiración y cuando todo estuvo más tranquilo, hizo un puño alrededor del inhalador, y con la cabeza baja, lo guardó en su bolsillo.

Miró con curiosidad a aquel extraño sujeto… sin dejar de guardar distancia.

- ¿Cómo sabía cómo darme esto? – Preguntó finalmente, después de una intensa comunicación visual que habían creado, donde ella tenía muchas preguntas… y es que ahora ella era la sorprendida.

- He visto una crisis asmática. – Vio como le evadía la mirada y acto seguido pasaba a incorporarse. - Hace mucho tiempo… - Miró con extrañeza cuando le tendió su mano, pero hizo caso omiso, levantándose por si misma. - ¿Quién te seguía? – La tomó por sorpresa esa pregunta, no tanto por el tono de voz empleado, sino por lo rápido que su mente había obviado ese suceso.

- No lo sé. No lo reconocí. – Musitó quedadamente. Inuyasha miró hacia los lados con una expresión fría.

- No estás segura aquí. Déjame llevarte a tu casa. – Y Kagome ya empezaba a sentir sus aguadas piernas.

- No es necesario, puedo llegar desde aquí. – Casi se atraganta con su saliva cuando Inuyasha la miró con los ojos muy abiertos, como si estuviera diciendo el más grande de los disparates… vaya que no la conocía.

- ¿Estas bromeando? Estás empapada, el frío podría empeorar tu condición y ese tipo podría seguir por ahí. – Se encogió un poco cuando él se inclinó hacia ella y no pudo evitar sentirse más confundida aún. - Puedes confiar en mí. Por favor, déjame llevarte. – No le temía, pero…

- … Está bien. – Dicho esto él le dio la espalda y volvió a mirar alrededor. Lo vio sacar su celular y marcar un número. - Gracias, supongo. – Si, definitivamente gracias por no ser un violador… aún.

- Listo, mi chofer ya viene por nosotros. – No tuvo tiempo de reaccionar cuando un peso se posicionó en sus hombros, sintiendo calor al instante. Observó la chaqueta que llevaba consigo, ahora sobre ella. Su instinto fue devolverla, pero ante la mirada de su acompañante solo se limitó hundirse en ella mientras resoplaba por lo bajo.

- Disculpe la molestia. – Murmuró, mirándolo de reojo. ¿Acaso ese era un universo alterno donde ella volvía a tener diez años e Inuyasha Taisho era mágicamente su hada madrina?

- No lo es. – Respondió, sin verla. Observó que desarrollaba un tic nervioso en su pierna izquierda, mientras miraba distraídamente el pavimento del otro lado de la calle. - Puedes tutearme, no soy tan viejo. – Kagome se sonrojó ante eso.

- Lo siento, pero no lo conozco. –

- Lo sé. – Inuyasha carraspeó, nervioso. - Digo, pero has oído de mí. –

- No realmente. –

- ¿Y cómo sabes que soy amigo de Miroku? – Kagome entrecerró los ojos sin quitar su mirada de él, como si quisiera recordar algún suceso mas relevante.

- Me pareció haberlo visto hace tiempo, en un hospital. – Lo vio pasar una mano por su sien, y su semblante pasó a ser más sombrío. - ¿Está bien? – Preguntó temerosa, apretando un poco la chaqueta.

- ...Si. Disculpa. – Habló finalmente, pasando a verla taciturnamente. - Es cierto. –

La pelinegra desvió su mirada casi de inmediato, y se refugió más en aquella (extrañamente cómoda) chaqueta. Aspiró el olor que desprendía y lo encontró dulce, se sumergió en él por un momento y se sintió en calma… extrañamente familiar.

Mordió sus labios ante el incómodo silencio, que al parecer ninguno tenía intención de romper. ¿Cuánto es que esperaban los violadores para hacer de las suyas?

Notó una zona importante de su mano cubierta de un alarmante tono rojo y nada más pudo llamar su atención.

- Está herido… – Musitó, viendo cómo se volteaba a verla con confusión en sus dorados ojos.

- ¿De que hablas? –

- Su mano… - El pelinegro dirigió su vista a su maltratado puño y sonrió por lo bajo.

- Una pared me golpeó. – Kagome no pudo recordar cuando fue la última vez que rio con ganas.

- Tiene que curarse eso… y hacer las paces con la pared. – Inuyasha mostró un brillo distinto en sus ojos y la pelinegra se sonrojó.

- No te preocupes. – Desvió su mirada de nuevo, sin dejar de verla de reojo y rascó su mandíbula un poco apenado. - Por cierto, disculpa mi actitud de antes, estaba un poco… desubicado. – Kagome se mostró sorprendida.

- No se preocupe. –

- ¿Qué necesitabas? –

- ¿De qué habla? –

- Me ibas a pedir un favor. –

- Oh, es algo sin importancia. –

- Puedes decirme. – La dejó sin palabras la forma en que su tono de voz había pasado a ser dulce. Se sentía tonta. - No muerdo, en serio. – Sonrió por lo bajo.

- Pues… - Casi de inmediato fue interrumpida ante la bocina de un auto, al otro lado de la calle. Inuyasha la miró agitado y se limitó a conducirla hacia él. Kagome tan solo se dejó llevar.

- Lo siento, vamos. – Fue lo que escuchó, mientras rezaba a todos los dioses porque llegara vivita y entera a su casa.

.&&&&&.

- ¿Diga? –

- Hola, Kaede. Soy Sesshomaru. –

- …Señor, Taisho. Que osado de su parte al llamar. –

- Necesitamos hablar… -

.&&&&&.

Inuyasha salió del ascensor que conducía hacia su departamento. Sacó las llaves de su bolsillo y mientras giraba la manilla quedo absorto en su mano, esta vez cubierta con una venda, y sonrió por lo bajo.

Una vez dentro se quedó parado, pensando si al salir había pasado el seguro de la puerta. Volteó algo extrañado y con vacilación se dispuso a hacer ese cometido, hasta que escuchó un carraspeo a su espalda.

Suspiró con algo de cansancio y acto seguido se volteó hacia el individuo causante de todo lo extraño en su casa.

- ¿Qué haces aquí? – Preguntó a un Miroku, cómodamente tirado en su sofá.

- Sesshomaru me llamó. –

- Te felicito. – Evadió, mientras pasaba a la cocina.

- Inuyasha… - Siguió y el aludido quiso evitar el reproche.

- Solo me aseguré de que llegara a su casa. –

- Sabes que no puedes verla. –

- No hice nada malo, Miroku. – El joven de la coleta baja se pasó una mano por su sien.

- ¡Hablo en serio! No puedo seguir limpiando tu asqueroso trasero. Si Sango se llega a enterar, me picará en trocitos y te atragantará con ellos mientras te corta la cabeza como a Ned Stark. – Inuyasha se apoyó en la pequeña mesa de la cocina.

- Estaba hermosa, Miroku. – Se frotó sus ojos con frustración. - ¡Maldición! Como la extraño. –

- ¿Qué diablos te pasó en la mano? – Señaló su acompañante e Inuyasha pasó a ver la llamativa venda.

SUCESO ANTERIOR.

- No es necesario que me acompañe. – Comentó la azabache hacia el pelinegro, justo en la entrada de su casa.

Quiso morderse la lengua, ¡por Dios! Nunca consigues a un caballero, y mucho menos tienes la suerte de que sea Inuyasha Taisho. Si él te quiere acompañar a tu casa, le dices que si… si él quiere dejar una bomba explosiva en tu casa, le dices que si…

- No es problema, solo quiero asegurarme de que estés bien. – Le dedicó una rápida sonrisa y miró de nuevo su mano.

- ¿Puedo? – Inuyasha se notó un poco incomodo cuando le tendió su puño maltratado. Kagome detalló la herida y pasó a abrir la puerta de su casa. - Es un esguince. Hay que limpiar la herida, podría infectarse. – Dijo, mientras se adentraba a su departamento, dando apertura para que la siguiera.

Inuyasha echó una rápida mirada al interior del recinto y de pronto tuvo la sensación de que no sería una buena idea.

- Estaré bien, se ve más feo de lo que se siente. – Exclamó, aun desde el marco de la puerta.

- Puede entrar, no muerdo. – Inuyasha quiso reír ante el deja vu que acababa de causar la joven. Le dirigió una rápida mirada a Myoga, quien se encontraba en el auto a unos cuantos metros, y sin dejar su vacilación, siguió a la azabache. – Estoy segura de que está por aquí. – La escuchó revolver gavetas y cajas.

No quiso dar más pasos, o tal vez simplemente no pudo.

Pensar que después de tanto tiempo estaría en una situación así, lo dejaba sin aire.

- Lindo hogar. – Soltó, casi con melancolía.

- Gracias, aunque no es muy grande. – Murmuró distraída, desde una de las habitaciones. - ¡Aquí está! – La escuchó, mientras apreciaba como corría hacia él con un botiquín de primeros auxilios.

En todo el rato que ella se dedicó a tratarle la herida, se permitió observarla sin disimulo. La forma en que sus ojos se fijaban cuando estaba concentrada, como arrugaba su pequeña nariz, como mordía su labio inferior o como pequeños mechones le acariciaban su rostro, y pensó… pensó que seguía siendo igual a aquella Kagome que había conocido alguna vez…

Como si nada hubiera cambiado.

- Listo. Trate de no hacer movimientos bruscos y estará como nuevo en unos días. – Inuyasha la miró taciturno.

- Gracias. ¿Dónde aprendiste esto? – Preguntó, mirando absorto el vendaje en su puño.

- Mi madre era enfermera. – Y el pelinegro quiso golpearse al haber hecho una pregunta tan estúpida.

- Cierto… -

- ¿Perdón? –

- Digo, seguro que así era. – Carraspeó, desviando la mirada. - Creo que, lo mejor será irme. – Musitó, mientras se erguía para dirigirse a la puerta. Se pasó su mano sana por su cabello, sacudiéndolo, y la miró de nuevo. - Pasa mañana por la compañía, te ayudaré con tu trabajo. –

- Inuyasha… - Llamó Kagome, desde su posición. Inuyasha la miró con vacilación.

- ¿Sí? –

- Gracias… -

- Fue bueno verte, Kagome. – Culminó, mientras salía del apartamento con la sonrisa de la azabache en su mente.

FIN DEL SUCESO ANTERIOR.

- ¿Acaso se te zafó un tornillo? – Exclamó, su mejor amigo. - Tienen más de cien mil malditos empleados, ¿por qué debes ayudarla tú? –

- Va a trabajar con información confidencial de la compañía. Debo ser yo. –

- Tu odias tu empresa, hermano. – Vio cómo su amigo se pasaba una mano por su frente, mientras suspiraba cansado. - Este es mi fin, ya veo venir el cuchillo en mí garganta. – Inuyasha bufó.

- No seas dramático. – Mencionó, mientras se dirigía a un pequeño vinero y servía dos Bourbon. - Solo la ayudaré, Miroku. Luego me alejaré y no volverá a verme. –

- Promételo. – Sentenció el joven de la coleta, mientras tomaba un sorbo de la bebida.

- Lo prometo. – Imitó. - Pero ayúdame, por favor. -

- ¿Me queda otra alternativa? – Suspiró. - ¿Qué harás con Sesshomaru? -

- Ya pensaré en algo… - Pausó y miró a Miroku con suplica. - ¿Puedo pedirte otro favor? -

.&&&&&.

- ¿Estás lista? – Cuando Kagome abrió la puerta y vio a Sango tan bien arreglada como siempre, quiso golpearse.

- ¡Rayos! – Musitó, mientras se devolvía a su habitación. Sango la miró con desgano.

- Ya veo que no… -

- Lo siento, no he podido dormir bien. – Habló, esta vez desde la cocina, batallando con las medias en sus pies. - ¿Dónde está mi otro zapato? – Sango miró una bota mal colocada en una de las sillas del comedor.

- Es en serio, amiga. – Murmuró, mientras le tendía el calzado. – Necesitas un descanso. –

- Solo necesito más organización. –

- Miroku pasará por nosotras más tarde, ¿quieres ir por un helado? – Kagome la miró con pena.

- En serio quisiera, pero debo ir a la empresa S.H.I.K.O.N, tengo un trabajo pendiente. – Y Sango creyó no haber oído bien.

- ¿Q-que vas a hacer allá? – Inquirió, con los ojos bien abiertos y la mirada sorprendida.

- Tengo que hacer un informe, debo entrevistarme con uno de los dueños. – Habló tranquilamente, ajena a la expresión de su amiga. Dio dos mordiscos a su improvisación de sándwich y tomó sus libros. - Posiblemente sea Inuyasha Taisho. – Y Sango casi se ahoga con su saliva.

- Espera, retrocede, para y explica… - Kagome se asustó al reparar en la actitud de su amiga. - ¿Desde cuándo conoces a Inuyasha? –

- Realmente no lo conozco. Ayer me encontré con él y aproveché la oportunidad. – Y el crudo silencio le estaba dando grandes señales de alerta. - ¿Qué pasa? ¿por que estás molesta? –

- No lo estoy. – Respondió, casi de manera impulsiva. Si no la conociera mejor juraría que tenía ataques de epilepsia. - ¿No puedes ir a otra empresa? –

- Estoy perdiendo esa materia, Sango. – La miró con reproche. - Necesito hacer un milagro. –

- Estoy segura de que harás un gran trabajo si vas a otro sitio. –

- Es una gran compañía, su posición en el mercado es bastante importante. Esta puede ser mi gran oportunidad. –

- Kagome, mejor ve a otro sitio. – Y la extraña insistencia comenzaba a llamar su atención.

- De acuerdo, ya me estás asustando… – La miró con el ceño fruncido y la castaña simplemente calló. - ¿Qué sucede? -

- Nada, es solo que… - Sango mordió su labio, con frustración. - Es solo que esa empresa es muy pretenciosa. –

- Estaré bien. – Sonrió. - Además… - Siguió, mientras se encaminaban a la salida. - Inuyasha es amigo de Miroku ¿no? – Y algo hizo click en la cabeza de la castaña.

Oh, sí que lo era…

.&&&&&.

Sesshomaru supo que no sería un buen día, cuando su hermano llegó a la empresa… con cuatro horas de retraso.

- Tu y yo tenemos que hablar. – Sentenció, viendo como el condenado pasaba de largo de sus palabras y se sentaba a su lado en la amplia sala de conferencias… la cual había presenciado una muy importante…

Hace cuatro horas.

- Eso puede esperar. – Respondió, mientras le tendía unos documentos. - Mira esto. –

- No estoy jugando, Inuyasha. – No cesó su dura mirada. - ¿Qué es eso? – Preguntó, de manera tosca, hojeando los papeles.

- Una propuesta. – Sesshomaru lo vio como si fuera un marciano.

- ¿Desde cuándo entregas propuestas? –

- ¿Acaso importa? Solo léela. – Y el pelinegro menor, espero paciente a que su hermano detallara el documento.

- Mm… debo admitir que está bastante bien. – Concluyó, dejando los papeles a un lado.

- ¿Aceptamos la reunión? – Preguntó, con un deje de emoción.

Sesshomaru bufó.

- Es en Francia, Inuyasha. –

- ¿Y? – Abrió su saco y del bolsillo interno sacó dos tickets. - Ya tengo los boletos, debemos salir hoy para llegar mañana. -

- No tengo tiempo para viajes. Hay mucho que hacer aquí. ¿Recuerdas que también tengo una familia? -

- Es una buena relación comercial, Sesshomaru. Eso le daría un nuevo giro a la compañía. –

- Aun así... – Contrarió, indeciso.

- Me dijiste que me centrara en este asunto, eso hago. Te digo que esto es una gran oportunidad y ¿ahora dudas? – Sesshomaru lo miró con cansancio y acto seguido arrancó los boletos de su mano.

- De acuerdo… - E Inuyasha sonrió estúpidamente triunfal. - Pero para la próxima, busca negocios en este continente. –

- Como tú digas, hermano. – Notó como Sesshomaru detallaba los boletos con el ceño fruncido y tragó duro.

- ¿Por qué tu vuelo sale más tarde? – Oh, oh…

.&&&&&.

Miroku ya había terminado de anudar su corbata cuando el timbre sonó.

Con extrañeza se acercó a la puerta, completamente seguro de que no había hecho desastre al botar la basura y sus vecinos no tenían por qué reclamarle.

De repente sintió el nudo muy apretado, cuando al abrir, una castaña se abalanzó en sus brazos.

- Sanguito, ¿qué haces aquí? Ya iba a buscarlas. – Murmuró apenas, entre los besos que su novia le propinaba. Vio como cerró la puerta a sus espaldas y comenzaba a desatarle su bien elaboradacorbata.

- No podía esperar. – Respondió, muy concentrada en su cometido, dirigiendo al joven de la coleta hacia el sofá.

- Mm, Sango, espera. – Quiso detener, pero no contó ser abalanzado en el mueble, seguido de la castaña aun en posición dominante. - Aunque me encanta todo esto, no creo que… -

- Shh, calla… - Sango selló los labios de Miroku con fogosos besos, cargados de ansia y deseo. Pasó a quitarse su camisa con rapidez, haciendo que Miroku la imitara. - ¿Te gusta? – Preguntó sensualmente, mientras pegaba sus cuerpos semi desnudos.

Miroku se sintió en la gloria.

- Soy todo tuyo. – Sonrió entre besos, buscando el broche del sostén.

- ¿Sabes que quiero en este momento? – Preguntó la castaña, arqueando sus caderas contra la pronunciación en los pantalones del pelinegro.

Miroku sentía su cuerpo arder, y la miró con perversión.

- Solo dilo, preciosa, y haré realidad todos tus deseos. – Sin cesar su pícara sonrisa, Sango tomó la corbata a unos metros y la enredó fuertemente en el cuello de su compañero.

- Quiero que me cuentes que demonios pasa con Inuyasha y Kagome. – Y Miroku sintió la tela como una filosa navaja sobre su cuello.

.&&&&&.

Salió de la universidad con bastante prisa, no se había percatado que el tiempo había pasado volando y ahora tenía media hora de retraso.

Iba a cruzar la calle para parar un taxi, cuando un auto negro se paró frente a ella y salió un joven con mirada verdosa, vestido de negro.

- ¿Señorita Higurashi? – Kagome dio un paso atrás, sosteniendo sus libros con fuerza, de manera defensiva. Se limitó a ver el individuo con reserva.

¿Los hombres de negro si existían?

.&&&&&.


¿Qué talco? :3