Netherfield Park
Hertfordshire
28 de septiembre de 1811
Querida Georgiana
Al fin esta mañana pude enviarte mi carta anterior. En el pueblo había barro por todos lados, producto de la lluvia de ayer, por lo que fue imposible no ensuciarse, por más que fuimos en el carruaje. Me desagrada mucho, como sabes. Excepto por enviarte las cartas, cosa que deseo hacer en persona, evitaré en lo posible Meryton. Aunque hay algo que no podré evitar. Olvidé mencionar, en mi carta anterior, que nuestro grupo fue invitado por Mr Lucas a una fiesta en Meryton. Un baile popular! No imagino algo más desagradable. Desearía no concurrir, pero no puedo hacer semejante desaire a los anfitriones. Según mencionaron es en dos semanas. Ya hemos acordado que iremos, pero nos mantendremos en grupo.
Por la tarde llovió nuevamente, por lo que nuestra pequeña y molesta excursión por el pueblo fue todo lo exterior que vi en el día. Bingley y yo jugamos hoy una partida de billar. Es placentero para pasar el rato, pero estoy ansioso por poder salir de nuevo a cabalgar por la estancia. Quedaron muchas secciones sin visitar.
Preciosa, ya está lista la cena, lo cual debo decir, Miss Bingley ha organizado todo muy bien. Al menos en ese aspecto la comida es buena y los sirvientes hacen su tarea aceptablemente bien. Por el momento debo dejarte, esperando fervientemente que te encuentres bien,
Fitzwilliam Darcy.
30 de septiembre de 1811
Querida Georgiana
Me ha sido extremadamente difícil no caer en la tentación de escribir ahora en fecha del día que, estoy seguro, notarás que falta. No lo hice porque sé muy bien que te lo prometí por la memoria de nuestros padres. Por lo tanto te ruego, no te enfades, piensa antes que preferí ser sincero a una blanca mentira.
El día de ayer fue excelente, y desde muy temprano salimos a cabalgar, Bingley y yo. Él se cansó a mitad de la mañana y continué solo, sabes cuánto me agrada sentir el viento cuando hace buen tiempo, como es el caso. Por la tarde nos dedicamos a la caza. En ésto se nos unieron Mr Hurst y algunos pocos hombres de las caballerizas, principalmente para ayudarnos con los perros. Esta vez fue Mr Hurst quien desistió temprano, me atrevo a decir que no le agradan los ejercicios, ya que hoy fuimos nuevamente con Bingley y él prefirió quedarse con las damas. Me imagino cómo sería tenerte a tí aquí, mi princesa. Siempre te gustó montar, y supongo que encontrarías más divertido acompañarnos que quedarte conversando con Miss Bingley y Mrs Hurst, pero también sé que tú misma ya no te sientes una niña y te agrada cumplir tu rol de dama.
Me desvié del tema que quería contarte. El día de ayer fue muy largo, y cuando volvimos de cazar apenas tuvimos tiempo de prepararnos para la cena. Después de ello, Bingley estaba muy cansado para jugar al billar y debo decir que yo también, pero recordando "mi deber" me dispuse a refrescarme un poco antes de bajar nuevamente al salón para escribirte. Pero cuando llegué a la habitación y mi valet tenía preparada la jofaina con agua tibia, no logré sobreponerme al cansancio. Por eso no te escribí ayer. El día de hoy fue igualmente agradable, lo único que me consterna es que aún no recibo respuesta tuya. Espero que estés bien, Georgiana querida. Tu afectuoso hermano,
Fitzwilliam Darcy.
1 de octubre de 1811
Querida Georgiana:
El día de hoy amaneció agradable y salimos a desayunar afuera, idea de Miss Bingley. Lamentablemente cerca del mediodía se nubló y comenzó a llover, y aún continúa. Así que nos vimos obligados a quedarnos adentro de casa. Pasamos la tarde jugando a las cartas.
Algo destacable de escribir varios días y luego enviarte todo junto es que si deseo recordar qué te conté, puedo hacerlo. Ayer, me olvidé de decirte, recibimos otras visitas, de las cuales se ocupó Bingley mientras yo leía. Es un buen anfitrión, muy atento y diría que mucho más paciente que lo que yo sería nunca. Mañana planea devolver algunas de sus visitas y me invitó a ir con él. Pero prefiero recorrer, aunque sea solo, la otra parte de la estancia, antes que rodearme de extraños con los que no sabría cómo comportarme ni de qué hablar. Sé que me entiendes. Tal vez lo acompañe, pero sólo hasta el pueblo para ver si llegó carta tuya y los carteros no salieron por la lluvia.
2 de octubre de 1811
Querida hermana:
Te ruego me disculpes por no despedirme adecuadamente ayer. No recuerdo qué fue que dijo Bingley lo que llamó mi atención y luego no pude volver a la carta.
Hoy a la mañana llegó tu respuesta. No es necesario decirte, querida, lo feliz que me pone leer que estás de mejor ánimo. Con respecto a tus progresos, estoy seguro que son más de los que admites. Eres un ángel, mi princesa. También me alegra mucho que Mrs Annesley sea bondadosa contigo. No quisiera engañarme de nuevo con tu dama de compañía, y si ella te parece conveniente y a mí también, se quedará con nosotros hasta que encuentres una amiga de tu edad, o bien tengas una nueva hermana. Pero me temo que esto último tendrá que esperar, querida. Es altamente improbable que en un lugar como éste encuentre compañía adecuada para siquiera pensar en tal posibilidad. Es hasta improbable que haya alguien aquí, caballero o dama, que ofrezca una conversación agradable, más allá de nuestro propio grupo. Y en cuanto a Londres, de todas las damas que tuve el honor de conocer, ninguna se compara contigo ni creo que merezca llamarse tu hermana.
Hoy amaneció con buen tiempo, pero después del mediodía nuevamente tuvimos tormenta. Parece que en este condado, cuando comienza a llover no se detiene hasta que las nubes se secan. Si amanece húmedo, así continuará hasta la tarde. Incluso si amanece soleado, bien puede a la tarde caer una tormenta, que seguramente continúa hasta la noche. Como te dije ayer, Bingley fue a visitar a los vecinos, y yo aproveché para ir al pueblo, donde me dijeron que el cartero había salido. Por lo que cuando regresamos, tu carta estaba esperándome. Es una delicia leer tus pensamientos, sobre todo cuando debemos quedarnos adentro, por lo que te ruego que continúes escribiéndome.
He notado que, esperando tu respuesta, se han juntado varios días desde que te envié la última. Mañana, como sea que esté el tiempo, iré a despachar la presente. Estoy haciendo un esfuerzo; aún así, debo decirte, me será muy difícil cumplir mi promesa al pie de la letra. Tú exiges todos los días! Todos! Lamento decepcionarte, pero estoy completamente seguro de que pronto no encontraré más que escribirte que un "Hoy amaneció lluvioso y nos quedamos adentro de casa jugando a las cartas".
No hagas caso a mis quejas. Sabes que no me gusta este tiempo y me pone de mal humor. Como verás continúo fiel a mi palabra de no cambiar ni re-escribir nada, sino enviarte todo tal y como lo escribí en su momento. Tu hermano que te extraña y te quiere,
Fitzwilliam Darcy.
