Lunática
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Capítulo dos
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Salí a regar el jardín, minutos después, mi vecino salió a hacer lo mismo ¿Coincidencia? No lo creo, era sábado y como un buen hijo salía a hacerlo cada mañana de dicho día. Luego de muchos fines de semana de investigación, logré dar con una forma de hablar con él. Había salido mucho antes para liberarme de toda culpa, nadie más sabía que esto estaba planeado. Estaba regando los pequeños arbustos que se encontraban en el perímetro del jardín, justo en frente de él. Él pareció no percatarse de mi presencia, pues se sobresaltó cuando vio mi rostro camuflado entre la hierba.
—Hola, qué tal. —dije yo, cuando él todavía recobrara la respiración. Estaba sonriendo, más de lo que querría yo, podría pensar que soy una acosadora. Tímidamente volvió a su estado sereno, y me respondió en silencio. Muy bajo, creo que lo asusté ¡Por qué me obliga a ser tan obvia! —Bonita mañana ¿Qué dices? —seguí, para que no pensara algo horrible de mí. Conversar, era lo único que pedía yo.
—Si, muy bonita... —me respondió, no como yo quería, no estaba mirándome a los ojos y tenía su mano libre resguardada en su bolsillo mientras regaba su desolado jardín. Qué otra cosa podría hacer. —…Mimí — ¡Excelente!
— ¡Si! Lo recordaste. Tú eres Izzy. —dije yo, realmente quería saber por qué había gente que lo conocía de una forma y los demás de otra. No me cabe en la cabeza que era gay. Él rió por lo bajo, pero qué tierno.
—De hecho es Koushiro, pero me puedes decir así, la gente cercana me dice Izzy. —dijo y me morí por dentro ¡Soy cercana! Quería gritar por dentro, decirle que sé todo de él e irme en paz a la casa. Al fin estábamos hablando.
—Izzy. —lo llamé con mis labios babosos en brillo, tan lento y modulado que llegó a darme miedo. Jamás llegaba a esas instancias, no tenía que hacer mucho esfuerzo para que alguien se interesara por mí. Digo alguien por que he tenido pretendientes de mi mismo sexo, lo sé, soy muy egocéntrica. Era su poco interés el que más me atraía. Él, por su parte, me miró extrañado, de algo debió haberse dado cuenta.
¡Estaba llegando a lo que yo quería! Iba a abrir su boca cuando sentí que un auto frenaba estrepitosamente en frente. Era negro y de la ventana del copiloto salió una cabeza pelirroja muy conocida. Era extraño no verla borracha y totalmente cuerda.
—Golfa. —me llamó. Qué vergüenza. Ahora qué será lo que piensas de mí, Izzy. No podía evitar que mi ahora mejor amiga del país me llamara de esa forma. Me delató y miré de reojo a mi vecino, sólo para ver los daños causados por ella. Nada, estaba sonriendo, quizás lo había encontrado gracioso, o sólo sonreía por cortesía.
—Zorra. —le respondí, y Sora comenzó a reírse, ese sobrenombre era perfecto para ella, no sólo por el parecido con su nombre. ¿Recuerdas a Tai? Podría empezar a hablar de él en este mismo instante, sería mi venganza por lo que acababas de hacer. Pero callé, su actual novio se había bajado del auto y caminaba hacia nosotros. Estaba vestido completamente de negro, haciendo que su cabeza rubia resaltara por sobre todo el conjunto, supongo que representaba el tema de la banda en la que tocaba. Realmente no sé cómo él se fijó en ella, no es por ser malvada, pero imaginaría a un tipo como él con… mm, una tipa como yo.
—Hola Izzy. —dijo el recién llegado cuando estuvo parado detrás de Sora, quien me abrazaba como si fuera una persona muy importante para ella. Tierna, parece que alguien no tiene mucha compañía femenina. La abracé de la misma forma, su gesto me había llegado al fondo, me sentía muy sola desde que volví a mi país natal. Todos amigos, incluyendo mi ex casi novio, estaban allá.
—Vine para decirte que quiero que vengas a una reunión que haremos. —me dijo cuando dejó de estrangular mi cuerpo. La miré extrañada.
—Reunión de qué. —ella aún sostenía mis hombros y me miró como si la respuesta fuese obvia.
—Reunión del campamento. —Sonrió, y yo le devolví el gesto. No recuerdo a la gente en ese campamento, estuve con ellos sólo por que reasignaron una cabaña común en donde ellos se encontraban, pero en la mayor parte del tiempo estuve con las niñas de la cabaña de al lado. Si no fuera por que el médico siempre tuvo una fijación por mí, y me tocaba cada una de las pruebas del campamento con él, tampoco lo recordaría. Zorra sigue en mi memoria sólo por que dormía con ella y estuvo cuando me llegó por primera vez la menstruación allá en la cabaña. Fue como mi mamá en el campamento. Nada más, recuerdo una que otra cara sin nombre, si me tropiezo con uno en medio de la calle no lo reconocería ¿Eran unos… seis?
—Genial. —repliqué yo, ya que no sabía qué otra cosa responder. Izzy también estaría allí, el medico me dijo que él era parte del campamento y que por eso lo conocía. Otra excusa para hablar con él. Además de que podría conocer a hacer más conocidos en este lugar. Matt estaba más allá junto a Izzy, supongo que hablaban del mismo tema. No puedo esperar.
—Está todo listo, entonces.
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El lugar que había escogido Sora, era supuestamente muy parecido al campamento. Era un lugar remoto, perdido en un bosque cercano a la ciudad. Ya estaba oscureciendo y la mayoría de la gente se había esfumado a crear bebés en los arbustos, era impresionante la cantidad de parejas que se habían formado durante el campamento de nuestra niñez. Sólo éramos ocho personas invitadas y mi Izzy no había llegado, Joe se había excusado diciendo que hoy en la noche tenía clínica y que al próximo encuentro lograría llegar. Puras mentiras, a qué fui yo la que lo espantó. Por lo tanto, quedaban seis en la dichosa reunión. Dos parejas besuqueándose quién sabe donde y una sentada en silencio, frente a miles de botellas de cerveza.
A mi lado estaba Tai, si, el pobre tipo que su mejor amigo le robó la novia. No hablábamos y él bebía cerveza resignadamente. Creo que alguien está celoso, y yo creo estar muy aburrida. Vine a hacer vida social y así es como me lo dan, dejándome a merced de alguien ebrio y que no habla mucho. Miré hacia abajo, mi atuendo lo había escogido especialmente para Izzy, estaba envuelta en un bonito vestido blanco y corto, con botas y gorro del mismo color. Un bello conjunto vaquero que reservaba para una ocasión especial, y que había sido teñido cruelmente con el polvo del campo. Totalmente arruinado. Volví mi cabeza a mirar a mi compañero, quien pronto expulsó un gas con aroma etílico. Asqueroso.
—Deja de beber, te hará mal. —dije aguantando la respiración, no era de mi agrado estar en esos ambientes cuando estoy cuerda. Él me miró y pronto supe que algo traía entre mano.
—Bebe conmigo, será más divertido para los dos. —y me ofreció una botella media vacía, o media llena, como quieras verlo. Era muy posible que esa botella hubiera sido babeada por alguien desconocido, quien podría tener herpes o algo por el estilo, o simplemente no se haya cepillado los dientes debidamente. Me asqueé un tanto, y con la punta de mis dedos la deslicé de vuelta, bebo de vasos o copas, no de la misma botella. —Sabes que esto no mejorará hasta que amanezca, y nadie acá que tenga auto está dispuesto a ir a dejarte, princesa.
Me enfurecí, tenía toda la razón, me había venido de colada en el auto negro del rubio. Sola, en el asiento de atrás mientras los escuchaba hablar cosas en susurros, muy tiernas como para que yo las escuchara. Acepté solo por Koushiro, es mi castigo por ser tan psicópata. Lo vi fuera de sí unos segundos, quizás había comenzado a perder la concentración por lo que sus ojos se perdían, y luego me volvía a mirar. Estaba pensando en algo.
—Quieres volar un rato. —me preguntó, sonando más como una exigencia. Volar, me pareció que fue una proposición indecorosa en donde me invitaba al asiento trasero de algún auto abandonado detrás de la cabaña. Fruncí el ceño hasta que sacó de su bolsillo un papelillo simple y le ponía un poco de hierba seca en el medio, apretando y compactando todo para formar un pequeño cigarrillo. Me quedé maravillada. Jamás me habían dejado probar esa cosa en mi vida y ahora que ni Michael ni Joe estaban cerca, mi tentación creció. —No me gusta fumar solo.
— ¿Estás seguro? No quiero volverme una adicta. —comenté mientras miraba absorta el cigarrillo, olía demasiado bien.
—No soy adicto, tú tampoco lo serás, no hay mucha como para serlo. Además, es sólo para relajarse un poco, tú sabes, como los relajantes musculares. —rió un tanto y se dispuso a sacar un par de fósforos de su otro bolsillo. —Debes encenderlos siempre con un fósforo, siempre cuando haya pasado tiempo después de prenderlo, no querrás que tenga gusto a pólvora. —me dijo con aires de sabiduría, a Tai le gustaba tener la atención y poder enseñarle cosas a las chicas. Conozco a su tipo, son buenos especimenes. —Ahora, fuma.
—No sé hacerlo.
—Sólo succiona y reten todo lo que puedas. —y así lo hice, no pude retener por que la sequedad que sentí después hizo que comenzara a toser incontrolablemente. Él se echó a reír y fumó como un experto. La sensación que me dejó en la boca después me fascinó.
—Déjame intentar otra vez. —le exigí, temiendo que se lo terminara todo sin que yo lograra sentir algo. De las cosas que todos dicen sentir después de esta hierba, como colores extraños o risas de la nada. Necesitaba sentir algo, después de que mi Izzy me abandonara, no encontré nada mejor que hacer. Él me cedió el cigarrillo y sacó otro papelito con más hierba. Esto no parecía tener término.
Minutos más tarde, me sentía como flotando y con un zumbido que acompañaba a mi oreja izquierda. Mi acompañante tenía los ojos hinchados e inyectados en sangre, estaba poniéndose gotas de solución salina para que su estado fuera desapercibido para los demás. Él estaba sentado, en la misma posición desde que todo había sucedido, en cambio yo, estaba bailando más allá con la botella con herpes en la mano. Bebiendo y sintiéndome en el cielo. Juro que los bichos de la noche decían mi nombre. Mimí, Mimí. Hasta que uno se metió en mi oído y comencé a quejarme.
— ¡Quítamelo! Está en mi oído. —gemí, mi desesperación comenzó a acrecentarse. Tai se me acercó tambaleando para tranquilizarme.
—Calma, es una sensación. —me tomó los hombros para reconfortarme, casi como para apoyarse en mí y no caer a causa de su ebriedad y el barro traicionero que estaba en todo el campo, habíamos caído en un terreno peligroso— No debí darte tanto.
—Pero está ahí, yo lo siento moverse. —supliqué, casi como una pequeña niña. Mis acciones eran como las de una inocente gata, de pronto, Tai me había parecido la persona más atractiva del universo. Estaba solo y yo igual, qué más da.
—Tranquila, en un tiempo dejarás de sentirlo. —y luego empezamos a mirarnos, no sé cuánto duró, pero estoy segura de que un manto de felicidad nos había abrazado, el mundo parecía no tener límites. Podía saltar y salir flotando hasta tocar las nubes. Pronto, él sacó más de su bolsillo a mi pedido y yo traje más cerveza para aliviar nuestras sedientas gargantas. Quería llegar a mi punto límite, cada vez que comenzaba a sentir cosas nuevas no podía parar, Sora lo sabía muy bien, me había visto con la necesidad de ahogarme en alcohol. Esta vez quería volar, y, mm, quizás ahogarme en alcohol también.
Se detuvo un momento para decir algo, mientras reposábamos sobre el barro, sus pupilas estaban totalmente perdidas en algunas hojas que caían maravillosamente de un árbol cercano, quién era quien las botaba todas, se preguntaba. Trataba de tocar las diminutas hojas desde su posición, metros más allá. Luego se detuvo y se concentró en el suelo, murmurando algo de una pálida. Estaba sudando copiosamente y se echó para atrás para tranquilizar su acelerado corazón.
Me asusté. Comencé a gritar algo de que Tai se me estaba yendo al más allá y corrí hasta separarme de él algunos centímetros para pedir ayuda. No pude seguir por que todo me daba vueltas y me sentía mal con todo el alcohol que llevaba inyectado en la sangre, por lo que comencé a llorar abrazada de un árbol, esperando a que alguien viniera a auxiliarnos. En seguida, perdí el conocimiento.
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Desperté viendo mis piernas totalmente abiertas y descubiertas, tenía la cabeza con un martillo imaginario golpeándome desde arriba. Estaba tendida en el asiento de atrás del auto negro, con la puerta abierta para que mis piernas salieran cómodas en mi penoso descanso. El sol estaba en la cima, pulverizando mis ojos e intensificando el dolor de cabeza. Vi cómo Matt le arrojaba a Tai unas botellas de cerveza vacías, incriminándolo de borracho ya que no había quedado gota alguna. El aludido se quejaba de la misma forma que yo.
—No volveré a beber. —me dije a mi misma, estaba segura que esa gran resaca me enseñaría a beber jugo natural en vez de toda esa porquería junta. Solté un par de quejidos al momento en que me incorporé al mundo real, no quería hacerlo, pero la necesidad de ir al baño era más grande. Me pregunté cómo llegué hasta el auto, recordaba que no podía ni levantarme a dar dos pasos, menos podría haber abierto la puerta del auto. La respuesta voló rápidamente.
—Hola. —me saludó con su voz preciosa. Era Izzy, estaba sentado cerca del auto, y probablemente advirtió mi movimiento por lo que se acercó. Me quiero morir. —Al parecer Tai y tú se llevaron muy bien. No te quisimos llevar a la cabaña, Tai había ido un par de horas atrás y no la dejó en buenas condiciones. —tanta información hizo que me doliera más el cerebro. Tampoco estaba muy contenta de que me viera en estas circunstancias, no recuerdo haber tenido la cara tan roja.
—Cuándo llegaste. —no podía decir otra cosa, quizás qué me habrá visto hacer. Cuando duermo borracha hablo sola, babeo en grandes cantidades y ronco de forma estrepitosa. Trágame tierra.
—Hace un par de horas, todavía no estabas del todo despierta. —me quedé mirándolo fijamente, realmente me asustaba que me hubiese visto inconciente y más ahora que estaba totalmente deshecha con lo de la noche anterior. Miré, quizás con la boca abierta, y él pronto bajo la mirada, al parecer no estaba acostumbrado a que una chica tan preciosa le prestara tanta atención. Sentí culpabilidad, todo había vuelto al silencio, exceptuando los gritos de cierto rubio.
—Necesito ir al baño. Ayúdame. —dije estirando la mano para que me diera impulso para salir, él respondió instantáneamente, parándose y sujetando de mi muñeca para salir de ahí. Qué consideración, cada vez lo adoro más. Sus movimientos torpes me enternecieron, ahora era demasiado obvio que no trataba con muchas chicas seguido. Es más, me atrevería a decir que es un inexperto.
Me condujo hasta el baño que se encontraba dentro de la cabaña, él estaba muy tieso y caminaba casi mecánicamente, yo, en cambio, estaba muy cómoda recargándome en él esporádicamente, envolviendo su brazo izquierdo con mis manos, y de vez en cuando fingía mareo para detenernos y estrecharlo más de cerca.
Al llegar, Sora estaba trapeando el suelo de la recámara, algo asqueada de lo que anteriormente decorada el piso. Las ventanas estaban abiertas de par en par, conduciendo una corriente de aire por toda la casa. Hacía más frío adentro que afuera, lo noté muy bien por que mis extremidades estaban casi completamente descubiertas y se me erizó la piel al instante. A un lado de la cama se encontraba la puerta del baño, y me dejó ahí. Tuve la necesidad de decirle que me acompañara al baño, una simple broma, pero al estar Sora allí, me cohibí completamente. Era como si supiera lo que estaba pensando, y me castigó con una severa mirada.
—Ni en un millón de años pienses que puedes estar con él. —dijo después de que el pelirrojo desapareciera detrás del umbral de la puerta, luego, tiró el trapo a un lado y se desprendió de los guantes de hule amarrillos que traía. Se puso de pie y entró al baño. Por supuesto la seguí y me encerré con ella. No entendía lo que decía.
— ¿Disculpa? —me puse a un lado de ella, mientras que se lavaba la cara, quizás por el asco que traía a cuestas. Puso una mueca cuando le hablé.
—Él no es tu tipo, déjalo. No lo recordarás, pero realmente lo considero mi amigo y no quiero que lo uses por que, simplemente, te dio un capricho. —me ofendí, qué se creía. Iba a responderle pero se me adelantó. —Sé el tipo de chica que eres. Me caes bien, pero no lo hagas.
—No sabes de lo que estás hablando. —dije histérica, siempre terminaban teniendo una imagen así de mí. No sé porqué. Ella dijo algo de que no importaba y salió del cuarto de baño. Realmente estaba molesta, y comencé a lavarme completa en el lavabo. Odiaba el olor a alcohol en el cuerpo.
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Para cuando salí, todos estaban reunidos fuera de la cabaña, quizás para almorzar. Me impresionaba la cantidad de tiempo que podían seguir en esa maldita junta, lo único que quería era irme a mi casa a cambiarme de ropa. Busqué a alguien que pudiese llevarme a mi casa y quién mejor que mi vecino. Izzy estaba hablando con la hermana de Tai. Ella reía al mismo tiempo de que él terminaba de decir algo. No iba a permitir que ella se lo robara.
Caminé hacia ellos, cuidando de no soltar la baranda de la escalera, ya estaba lo suficientemente mareada por el dolor de cabeza como para no depender completamente de alguien. Al tocar suelo, uno de mis tobillos se torció y caí sentada sobre el barro, eso sólo mejoraba el estado que ya traía mi hermoso vestido blanco. ¡Me quería morir!
Solté un grito de pura frustración y luego me di cuenta de que todos estaban mirándome. Sonreí y traté de pararme para ser digna y devolverme a la cabaña para pasar el tiempo y que todos olvidaran todo después de un par de horas. Izzy se me acercó junto con Kari.
— ¿Estás bien? —se hincó en frente de mí, era tan dulce que no me cabía en la cabeza que fuese real, obviándola a ella, todo sería perfecto. Alguien normal se echaría a reír por lo bajo como lo hacía Tai en ese momento. Me cohibí, seguían mirando.
—No. —respondí de golpe y me incorporé con su ayuda, estaba harta de no poder congeniar con esta gente. —No hay nada que ver. —bromeé y me eché a reír histérica.
—Ven, lo mejor es que te sientes. —comentó ella, quien caminaba a la par con mi vecino. Yo, por mi parte, estaba abrazada a él, otra vez. Le gané a Kari ¡Le gané, le gané, le gané! Por otro lado, podía sentir su respiración, era pausada y serena, era delgado y definitivamente no se parecía a ninguno de mis novios. Estaba totalmente comprobado.
Llegamos a unos asientos lejos de los demás, todo sería perfecto sin ella, insisto. Me sentó en la punta y luego me sonrió. Kari comenzó a hablar de su anterior tema de conversación y él le siguió. Algo de la escuela primaria, creo que ella estaba estudiando eso. Izzy la miraba entretenido mientras ella hablaba apasionadamente de su vocación. Maldición, odio no tener afición. No podía integrarme si nada estudiaba.
Opté por dormitar, no estaba muy interesada en lo que hablaban, no me podía el peso de mis párpados y como empezó a helar de la nada, me aproveché de la situación y me acurruqué en mi vecino, pronto caí en un sueño profundo, nada importaba por que estaba con él. Quise decirle mil cosas y le susurré sólo una cosa en mi parcial inconciencia: —Abrázame.
Y como se lo pedí, rápidamente me rodeó la cintura con su brazo. Acaricié su piel y luego se la pellizqué sólo por gusto. Soltó un grito, y empezó a reprenderme, no era su voz, no era él. ¡Dónde estaba!
Me incorporé, estaba en la cama, a un lado del baño. En el umbral de la puerta se encontraba Sora, con una ceja levantada me dio a entender que estaba molesta. Me volteé y me encontré a Tai acurrucado a mi lado.
— ¡Qué haces aquí!
—No hay otra cama y tengo resaca, no pensé que te importara tanto. —dijo algo molesto y se giró hacia el otro borde de la cama. No me gusta que se aprovechen de la situación y luego salgan sin castigo.
— ¡Atrevido! Cómo te atreves, no vuelvas a tocarme sin mi permiso.
—Tú me lo pediste. —claro que lo pedí, pero era para Izzy. Desvergonzado.
—Chicos —dijo Sora al fin, antes de que gritara algo más. Al parecer no creía en mis palabras —Vamos a irnos, empiecen a levantarse. —y algo molesta se marchó, quizás por el descaro de su amigo o quizás por el mío, según ella, por que yo sólo quiero al pelirrojo.
En fin, este había sido la junta con menos conciencia que he tenido. Recuerdo pocas cosas, y siempre terminaba en una parte distinta de la que me acordaba. Subí al asiento de atrás del auto negro, con la idea de que iría sola en todo el camino, Tai se subió segundos después. Hice una mueca: —Deja de seguirme.
—No te sigo, princesa. —dijo ridículamente y se empezó a reír tontamente. Me apoyé en la puerta con la esperanza de alejarme lo más posible de él. Con mi suerte, al momento en que lo hice, esta se abrió. No por que la había cerrado mal, sino por que Izzy la abrió de golpe. Me fui hacia atrás y él me sujetó. Siempre está ahí para rescatarme, aunque sea él quien provoque mi desastre.
—Disculpa. —dijo mientras ayudaba a levantarme, estaba con la mitad de mi cuerpo en el suelo y la otra dentro del auto. —Vine a preguntarte si querías venir conmigo. Así Matt sólo va a dejar a Kari y a Tai.
—Si. —dije al instante en que dejó de hablar, o unos segundos antes. Mi suerte estaba apunto de cambiar.
Me senté en el copiloto, con la esperanza de que viniera pronto para estar, al fin, solos. Me abroché el cinturón y lo espié por la ventana. Estaba despidiéndose por última vez de Sora, ella me miraba esporádicamente para reprenderme, para advertirme de que no intentara algo. Le sonreí, despidiéndome con una mano de ella, nada impediría que nuestro amor se hiciera realidad. Volvió y comenzamos nuestra travesía hacia nuestros hogares.
Durante los primeros veinte minutos, se mantuvo callado, totalmente concentrado en lo que pasaba en frente del auto. Comencé a verlo por el espejo retrovisor, me encantaba cuando fruncía su entrecejo cuando algo necesitaba más concentración.
Cuando se dio cuenta de que lo estaba observando, se sobresaltó y yo reí extasiada. Después de eso, nuestras miradas siempre encontraban en el espejo. Tanta coquetería hizo que mi día se hiciera uno de los mejores, no era sólo mía, él también buscaba mi reflejo.
—En qué piensas. —dije yo, y él sólo sonrió ante mi pregunta sin despegar la vista de la carretera de polvo. Estábamos por entrar a la de concreto y cuidaba su viraje al momento de yo hacer el comentario. No pasó mucho tiempo para que me dijera algo.
—En nada. —y volvió a callar, al parecer conducir era mucho más importante que prestarle atención a la chica bonita, él era, definitivamente, único. No me gustaba ser ignorada, pero no tuve más opción que comenzar otra vez.
— ¿Este auto es tuyo? —le pregunté, sólo para no perderlo otra vez.
—No, es de mis padres. —y el silencio se hizo sentir por otro intervalo, tenía que pensar en otra estrategia para que me tomara en cuenta y así caer rendido a mis pies. Si no lo hacía perdería esta gran y preciosa oportunidad.
—Me dio hambre, vamos a comer. Conozco un buen lugar en el camino.
—Podrías esperar a llegar a tu casa, no es muy lejos. —resoplé contrariada, tenía razón, y con la gran mancha de barro seco que tenía en el trasero no quería que alguien me viese y pensara algo extraño. Eres tan especial, siento que ya te perdí.
—Entonces quiero ir al baño ¡No me aguanto! —por primera vez su atención estaba completamente centrada en mí. Sólo por que mi comentario coincidió con una luz roja en un cruce del camino. El destino había comenzado a amarme y lo siento rodearme con racha de buena suerte.
— ¿No puedes esperar veinte minutos más? —parecía preocupado ¡Hermoso!
—Creo que si — y mis pestañas empezaron a flirtear, logré sacarle una risa, antes de que mi mirada no lo dejaba tranquilo, se cohibió y bajó la vista tímidamente, la luz verde lo salvó, y el camino volvió a ser mi peor enemigo. Maldición.
El tiempo pareció acelerarse, y me di a la desesperación. Mi vida volvería a lo mismo al momento en que llegáramos. Lo analicé desde mi posición y me tenté a rozar su pierna con mi mano, eso nunca fallaba, siempre y cuando haya habido confianza previamente, por lo que lo descarté. Además, me vería como una cualquiera o fácil, y no quería que me viera así, quería ser digna de él. Merecerlo.
—Llegamos. —dijo él, y me quise morir. De tanto mirar su pierna y pensar en lo que podría hacer con él, el tiempo se me escapó de las manos. Maldije al mundo.
— ¿Enserio? —me hice la desentendida, clavando las uñas al asiento, aferrándome a la idea de que nada ni nadie haría que me fuera a mi casa derrotada. Esa no era Mimí, la Mimí que conozco sale siempre victoriosa de todas sus batallas, y es cierto que en el amor y la guerra todo vale. —No tengo ganas de irme.
Él pareció asustarse, claro, quién en su sano juicio querría quedarse encerrada en el auto del vecino. Pues la respuesta es simple, quería hacer uso de su asiento trasero, si entiendes a lo que me refiero.
—Entonces qué quieres hacer. —me preguntó al rato después, creo que en su mente no encontró respuesta a mi incoherencia y se confundió, por lo que me tuvo que preguntar directamente. Era obvio que no sabía a qué venía todo eso y ni se lo imaginaba.
—Por que quiero ir a tu casa. —dije yo, lo había pensado mejor y creo que es mejor la habitación de alguien a estar en un auto muy estrecho. Pero él no lo vio así, creo que lo confundí más, o sólo tal vez, no quería entender ¡Te deseo, por favor, dedúcelo!
—No veo porqué, además estoy completamente solo en mi casa. —todo se volvía mejor. Si estaba solo, habría más privacidad. Me reí y quise ir a besarlo pero todavía había cordura en mi cabeza, lento, Mimí, que no ves que el niño todavía no comprende y es un inexperto. Me lo quedé observando provocadoramente, con la esperanza que mi mirada le dijera algo, pero no tardó en complicarse la vida. — ¿Estás bien?
—Completamente. —le respondí, estaba frustrándome, no era fácil tratar con él. Soy una imbécil, me había comportado con una zorra de todas las formas posibles, pero aunque quisiese, no podía parar. Mi objetivo estaba fijado. —Sólo quiero estar contigo, tú sabes.
—No, no sé. —Oh no, la desesperación me llenó de un arrebato que estaba subiendo por la garganta y que pronto me haría cometer una estupidez ¡Alguien me detenga!
— ¡Quiero que seas mi novio!
Nota: Agradecimientos especiales a Lara R, Tsubakiland, Park Ji Sang, y a los anónimos que leyeron mi histora (:. Ahora sé que los personajes están fuera de su real personalidad, pero esto irá mejorando a medida que siga la trama. Y si llegaste hasta aquí, eres un amor. Kisses.
