La luz empezó a parpadear indicando el final de la clase. Todos los alumnos salieron de sus clases hacia los pasillos y el comedor en aquella escuela donde casi nunca se escuchaba más sonido que el de los pasos de los estudiantes y los casilleros abriéndose y cerrándose. Eso al principio ponía nervioso a cierto chico italiano de ojos verdes, pero con el tiempo se fue acostumbrando al ambiente de su nueva escuela. Volteo su cabeza a la banca a su lado, Arthur seguía allí, guardando sus cosas de la materia en su maleta cuidadosamente como siempre. Lo espero hasta que el chico le dio una seña de "vamos" y ambos salieron rumbo al comedor, al fin era recreo y por lo que sabia era casi la única vez en la que comia en el dia. Al llegar cada uno tomo una bandeja para pedir su comida y Feliciano se les sumo cuando salieron de la fila para buscar un lugar en la que comer, notando a su amigo noruego sentado solo en una de las mesas.

- "Así que en realidad si tienes una familia…"- empezó Lukas mirando directamente a Arthur al notar a sus amigos sentarse junto a él. Lovino le había contado lo que paso la tarde del viernes anterior y decir que se sorprendió era poco.

- "¿En serio? ¡Genial!" -interrumpió el italiano menor, moviendo sus manos abiertas de arriba abajo con emoción, una gran sonrisa adornaba su rostro.

- "Tenía padres al principio… claro, mi madre murió cuando tenía 6 años"- soltó un suspiro el británico, empezando a comer la colación del día con desgano, después de esa noticia días atrás, su apetito se había ido completamente a la basura, hasta ahora.

-Pero ellos son tus padres biológicos*, tu familia- hablo Lovino con el ceño ligeramente fruncido al mismo tiempo que movía sus manos para que sus dos amigos y su hermano lo entendieran.

- "Todos estos años de mi vida ellos estuvieron ausentes, si eran mis padres debieron haber venido antes, ¿tal vez hace unos 10 años más o menos?" –el sarcasmo era evidente, aunque no estuviese pintado en su voz, sino en sus expresiones faciales y el movimiento de sus manos indicaban todo.

- "Tal vez ellos no lo supieron hasta ahora"-los defendió Feliciano, razonando toda la situación que su fratello le había contado después de que Arthur se lo hubiese contado a él.

- "Eso es ridículo"-rodo los ojos, golpeando la mesa con la palma de su mano, claro, nadie ahí pudo escucharlo a excepción de Lovino y algunos profesores e intérpretes que no le dieron importancia.

-Solo inténtalo, tal sea la oportunidad perfecta para tener una familia y dejar de quemar mi cocina- dijo medio en burla y medio serio el italiano. La primera vez que le había dado trabajo en el restaurante de su madre al inglés casi quema la cocina, incluida toda la comida allí. Por eso había decidido para la seguridad de todos asignarlo a la organización de la bodega y la atención de clientes.

- "No quiero una familia, sabes que soy independiente… además dijeron que querían "adoptarme" o tomar mi tutela. No soy ningún tipo de mascota como para que vengan de un día para el otro y me digan eso"-negó al final con claro enojo en sus facciones, dando un chasquido con su lengua.

- "Arthur…"- lo miro en una queja el de ojos amatista, sabiendo que lo que Lovino decía era verdad, su amigo podría tener muchas más oportunidades en su vida. El italiano por su parte lo miro con reproche ante lo de mascota, Feliciano también le dio una mirada herida por sus palabras.

- "Lo siento, pero…"- intento reprochar, pero fue detenido por la mirada seria del italiano mayor.

- "Solo hazlo"- cerro la discusión, sin darle más lugar a reproche, sacando un sobre con una carta de su abrigo, poniéndolo frente a Arthur, quien lo miro sin entender. –"Ayer vino esa mujer del otro día, te estaba buscando, al final me dijo que te entregara esto"- señalo la carta. Arthur la abrió y leyó el contenido con algo de sorpresa para después dejarlo en la mesa nuevamente en la mesa frente a sus amigos para que la leyeran también.

Dear Arthur.

Queremos pedirte disculpas por lo que paso hace unos días, no sabíamos cómo darte la noticia apropiadamente y seguramente te asustamos, lo lamentamos.

De parte de toda la familia Kirkland queremos invitarte a nuestra cena de navidad el 24 de diciembre a las 5h00 pm. Estaremos muy felices de recibirte y pasar estas navidades contigo como un miembro más de la familia. No queremos adelantar mucho las cosas, sabemos que esta noticia es muy difícil de asimilar, por eso esperamos que puedas venir para conversar un poco y conocernos mejor.

Att. Familia Kirkland.

Dirección de la casa: Mill Basin (2458 National Drive Brooklyn, NY)

- "Parece que ya tienes planes para navidad" -sonrió ligeramente Lukas. Lo único que pudo hacer en ese momento fue rodar los ojos y suspirar. Tal vez tenía razón… debía intentar conocerlos por lo menos.

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Tras una larga conversación, o más bien, sermón de Lovino y Lukas, al final acepto ir a la cena de navidad con los Kirkland. Y ahí estaba ahora frente a una reja que rodeaba la propiedad elegantemente. Con algo de curiosidad toco el timbre y al momento vio que la puerta se abría, dejándolo pasar dentro de lo que ahora notaba, era una mansión. Camino algo cohibido por el camino de concreto blanco rodeado de césped y algunas plantas hasta que estuvo frente a la entrada de la casa, ahí, esperándolo, estaban los dos adultos que vio la última vez. La mujer al verlo se acercó con una sonrisa en su rostro a abrazarlo, sorprendiéndolo y dejándolo en un leve shock por esa acción. Cuando se alejó con suavidad, tenía una mirada que antiguamente solo había visto en su madre… eso era… ¿amor?

-Me alegra que haya aceptado nuestra invitación- hablo agarrando sus manos con felicidad, haciendo que sus mejillas se enrojezcan un poco por el contacto, no estaba acostumbrado a eso… para nada.

-Bienvenido- sonrió el hombre tras ella, acercándose a darle una pequeña palmadita en el hombro. -Pasa, los chicos están adentro- lo invito, abriendo la puerta de cristal de la casa.

- ¿Chicos? – pregunto sin comprender, con curiosidad. No sabía que había más miembros de la familia que los que conoció días atrás.

-Sí, te presentaremos a la familia- respondió la mujer con su sonrisa habitual en el rostro, volteándose para seguir a la casa, Arthur al no poder verla no entendió lo que dijo, pero no pregunto nuevamente. Los siguió a ambos dentro de la mansión, mirando curioso los pisos de mármol y las paredes apenas decoradas con algunos cuadros. Solo cuando sintió que los otros dos adultos se detenían fijo su mirada nuevamente al frente, notando a un chico pelirrojo de ojos verdes y gruesas cejas, parecido al hombre que suponía era el padre de la familia.

-Así que él es Arthur… se parece mucho a ti mama- hablo con una sonrisa ladina en su rostro, haciéndolo sonrojar un poco ante ese comentario, tal vez era verdad, se parecía un poco a esa mujer, o eso era lo que Lovino le había dicho. Alzo a ver al pelirrojo cuando se paró frente a él, extendiendo su mano -Scott- lo vio sonreír luego de decir su nombre.

-Un placer- dijo algo inseguro, aclarando un poco su garganta antes de agarrar la mano que le ofrecía el otro en un saludo.

-Él es nuestro hijo mayor, tiene 21 años y ya va a la universidad- explico Sara señalando al que recién lo acababa de saludar. Asintió comprendiendo lo que había dicho, de seguro él era su hermano mayor… Rayos, la sola idea de llamarlo alguna vez hermano se le hacía extraña. Siguieron caminando hacia la sala, por lo que avanzaba a ver ambos pelirrojos, su "padre" y su "hermano mayor" estaban conversando, pero no podía verlos bien, por lo tanto, no podía entenderlos, era frustrante. Cuando llegaron a la sala vio dos caras desconocidas y a otro chico que ya había conocido antes en la cafetería,

-Ellos dos son Liam y Dylan, tus hermanos- presento su "madre" señalando a los dos chicos que no conocía. El que había señalado como Liam tenía el cabello rubio obscuro ligeramente rizado, sus ojos eran de un color verde claro único y también tenía cejas gruesas como las suyas, mientras que el otro tenía un tono más claro de rubio casi cenizo y cabello liso, sus ojos eran verdes como los suyos y sus cejas iguales a las de sus hermanos, tal parecía que sus cejas eran de genética y no era el único con ellas, eso lo hacía sentir un poco menos raro de lo que ya se sentía.

-Un placer, soy Arthur…- se presentó con una pequeña sonrisa tímida, aun parado en la entrada de la sala sin dar un paso más al frente.

-Sí que se parece a nosotros, tiene nuestras cejas- vio que decía el chico identificado como Liam antes de soltar una risa, Dylan solo sonrió un poco ante la broma de su hermano por el contrario de Alfred que lo único que hizo fue rodar los ojos y hundirse más en el sillón, mirando de reojo al chico parado allí, sin saber que sentir por él. ¿Pena? ¿Compasión? ¿Odio? ¿Rivalidad? ¿Amistad? No lo sabía… pero algo era seguro, no le agradaba.

-Prepare roast beef, espero que te guste- hablo rompiendo el tenso silencio que se había formado hace un poco en la habitación, volteando a verlo.

-Es uno de mis platos favoritos- admitió con una leve sonrisa dedicada a la mujer, quien casi salta de alegría al haber atinado. Aunque no lo admitiría, paso toda la semana buscando una receta que le pudiera gustar a su recientemente descubierto hijo, con temor a preparar algo que no sea de su gusto.

-Prefiero las hamburguesas…- murmuro Alfred con el ceño ligeramente fruncido, Arthur lo noto, ese chico de seguro iba a ser todo un dolor de cabeza, ya podía sentirlo.

-Pasemos al comedor, serviré la cena- rio algo nerviosa, para luego guiarlo al comedor principal junto a los demás. Arthur vio como todos tomaban asiento en una gran mesa donde tranquilamente entraban 12 personas. -Siéntate aquí querido- señalo un asiento a lado de Liam y frente a Alfred. Con algo de incomodidad ante tantas miradas que estaba recibiendo se sentó y al instante la mujer fue a la cocina por los platos de comida, regresando rápidamente con ellos y sirviéndolos frente a cada persona, empezando por su esposo para al último servirse el suyo, sentándose en la cabecera contraria de la mesa a la que estaba su marido. A parte de los platos de roast beef en la mesa había platos con ensaladas y complementos extra como papas y fideos, parecía todo un bufet. Cuando ya todos estuvieron en la mesa, listos para comer Sara encendió la radio del lugar con el pequeño control remoto, dejando sonar una suave melodía clásica en bajo volumen como era costumbre en todas las comidas.

-Cuéntanos un poco más de ti Arthur…. ¿conociste a tus padres? – pregunto con claro interés la mujer, fijando su mirada en el invitado de la casa, al igual que todos los demás, incluso Alfred. Tenía curiosidad de saber eso… ¿Cómo habían sido sus padres? Sus verdaderos padres…

-Si… Mi papa se fue cuando tenía 5 años, luego de descubrir que no era su hijo- empezó con voz calmada, sin mostrar expresión alguna acerca de su pasado, no le gustaba hablar mucho de eso, pero podía sentir las miradas sobre el -mi madre murió un año después, en un accidente…. fue ahí cuando perdí parte de mi audición… - admitió señalando inocentemente una de sus orejas, todos se quedaron en shock al escucharlo.

- ¿W-what? –pregunto en un tartamudeo la mujer, sin comprender lo que acababa de decir, más bien, no quería creer lo que eso significaba.

-Soy… sordo- se encogió de hombros al notar miradas sorprendidas y atónitas de todos los presentes.

-God, no lo sabía- susurro Sara con una opresión en su corazón, al igual que su esposo, ninguno se había esperado eso. Los hermanos intercambiaron igual miradas de sorpresa y desconcierto. Arthur dio un pequeño suspiro al verlo, sabía que iban a reaccionar así, bueno… se lo esperaba, la gente siempre hacia eso cuando se enteraba de su problema.

-Y ahora… ¿Qué haces ahora? ¿Estudias? – Pregunto el mayor de todos. Hubiese respondido algo como "Mis oídos son los que están dañados, no mi cerebro" en ese momento con algo de enojo, pero no podía tratar a su familia apenas conocida así, además sabía que esa no era la intención de su padre, así que simplemente suspiro profundamente antes de continuar.

-Estudio en la mañana, por la tarde trabajo en el restaurante de la familia de un amigo y el gobierno envía suplementos básicos cada mes, aunque no alcanzan ni para una semana…- respondió con sencillez, notando que la atención de todos estaba sobre él, en especial la de esos ojos azules que lo miraban todo este tiempo con ¿enojo? ¿celos? Si… era más probable que sea la última.

-Así que esa debió haber sido mi vida, ser huérfano y mantenido del gobierno… y encima sordo- se escuchó la voz enojada del estadounidense murmurar, con el ceño fruncido. Arthur lo vio, entendiendo claramente lo que había dicho pese a fingir que no lo había visto.

-Alfred- regaño su padre, molesto por sus palabras, al igual que su madre y sus hermanos, todos lo miraban con un silencioso regaño en sus ojos. Arthur lo noto, no era idiota. Aclaro su garganta un poco para llamar la atención de los dos adultos.

- ¿Puedo usar el baño? -pidió formalmente, sintiendo que la tensión lo estaba matando, cada vez se arrepentía mas de haber aceptado asistir a la cena. Definitivamente culpaba a Lovino y a Lukas por todo eso.

-Por supuesto, esta del pasillo a la derecha… Si necesitas algo no te preocupes, siéntete como en casa- sonrió suavemente la mujer, dándole permiso para levantarse de la mesa e irse de una sola vez antes de que la tensión se hiciera peor, y eso lo supo cuando vio las palabras del mayor de los hermanos, según lo recordaba, Scott.

-Porque técnicamente es tu casa…

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Luego de salpicar un poco de agua en su rostro abrió sus ojos para verse al espejo. ¿Por qué todo tenía que ser así? Su vida había sido prácticamente "normal" hasta ese día en el que esas personas lo invitaron a una cafetería a la que juraba nunca volver, pero… ¿Qué debía hacer?

Dio un pequeño suspiro al ver sus ojos en el reflejo, sus cejas, todas sus facciones. Nunca se había fijado muy bien en su propia apariencia, pero ahora no podía negar que… se parecían. Tenía los mismos ojos que todos ellos, el cabello también, y un gran parecido con la que decía ser su madre biológica. Con otro pequeño suspiro tomo la toalla para secar sus manos y su rostro antes de salir del baño hacia los pasillos de la mansión. Nunca en su vida había estado en una casa tan grande y lujosa. Su mirada se dirigió a una de las ventanas de la casa que daba una gran vista a la gigantesca piscina del lugar… así que, todo ese tiempo, esa debía haber sido su vida. En una familia perfecta con 3 hermanos mayores siendo parte de la alta sociedad de Brooklyn y no huérfano, viviendo en uno de los peores barrios de New York y con independencia condicional del cuidado del estado y del orfanato. Tal vez nunca se hubiese quedado sordo, y por lo tanto nunca hubiese conocido a sus amigos, pero… nunca hubiese pasado el infierno que paso en el orfanato años atrás… nada de eso hubiese sucedido. Dio un pequeño bufido antes de notar el reflejo de alguien mas en la ventana, alguien lo estaba observando por detrás. Algo alarmado se volteo a ver quién era, relajándose enseguida al ver que era Sara.

-Hi- dijo tímidamente la mujer, en una disculpa silenciosa por haberlo asustado -me preguntabas si necesitabas algo- ofreció con amabilidad, mirándolo con una sonrisa dulce.

-No, todo está bien- negó con la cabeza, regresando la sonrisa de manera amable y algo cohibido, no sabía aún muy bien cómo comportarse delante de ella. Se suponía que era su madre, pero aun no podía aceptarlo, y ella había sido muy amable con él, además de que era un caballero, pero se sentía extraño cerca de ella. Miro en silencio como uno de los hermanos se acercaba a ella con una sonrisa, diciéndole algo que no avanzo a distinguir, para después ver como la mujer volteaba a verlo nuevamente con una sonrisa, aun hablando con su hijo.

-Dylan, dale a Arthur un recorrido por la casa- pudo distinguir que le decía, alarmándolo al instante.

-No es necesario- negó con las manos, pero Sara había notado su curiosidad al estar en un lugar completamente nuevo para el.

-Vamos, para que conozcas el lugar- lo animo Dylan, sonriendo ligeramente. Parecía ser una buena persona, por lo menos el más calmado de todos los hombres de la casa.

-Está bien- murmuro dándose por vencido, empezando a caminar a lado de su "hermano" poniendo atención de vez en cuando a lo que decía, señalándole cada lugar de la casa con emoción, como si fuera su guía turístico o algo por el estilo. Arthur a veces solo podía suspirar, aun no se sentía muy cómodo cerca de el ni de ninguno de sus hermanos, ni decirse Alfred, ese hombre parecía odiarlo por el solo hecho de existir. Pero toda esa gente pese a ser su familia, aun eran desconocidos para él.

Cuando salieron al patio de la mansión vio con algo de asombro la cancha de básquet y otra mini casa de tan solo un piso allí, a lado de un lugar espacioso donde cuatro autos estaban parqueados, aunque el lugar daba espacio para otros 3 mas.

-Este es el garaje, aquí por lo general practico con la guitarra- explico Dylan señalando el lugar, Arthur lo miro algo sorprendido por eso, notando que efectivamente en una parte del garaje había una guitarra eléctrica y otros instrumentos junto con parlantes y demás cosas.

- ¿Eres guitarrista? – pregunto con curiosidad, entrando seguido del mayor al lugar, mirando fascinado todas las cosas que estaban allí. En la pared varias repisas sostenían 6 guitarras eléctricas con diferentes formas extravagantes, parecían de colección y sus ojos brillaron al reconocer algunas de ellas.

-Es un hobby, ¿te gusta la música? –miro al más joven algo curioso después de notar su emoción al ver la colección que tenía.

-Soy guitarrista y cantante-contesto encogiéndose de hombros, pasando sus dedos ligeramente por las cuerdas de una de las guitarras para después mirar de reojo a su hermano. Se veía sorprendido

-Wow, ¿en serio? –lo vio decir, parecía más asombrado que el cuándo vio la colección de guitarras que tenía Dylan.

-Sí, somos parte del club de música de la escuela y también hace unos años formamos una banda, North Age- explico con una ligera sonrisa en su rostro al recordar ese día en el que los tres se habían reunido para buscar un nombre para la banda que querían formar en el futuro, era su sueño desde niños, bueno, el suyo y el de Lukas, pero Lovino se les unió mas después convencido por Arthur y como el juez de sonido.

-Suena es genial ¿Pero ¿cómo…? – su pregunta quedo incompleta, pero Arthur entendió a que se refería. No era el primero en hacer esa pregunta y sabía que tampoco sería el último.

-El que sea sordo no quiere decir que no pueda escuchar música, podemos sentir las vibraciones- explico lo más simple que podía, con una pequeña sonrisa nostálgica en su rostro. No toda su vida había sido sordo y extrañaba el poder escuchar sonidos, escuchar música a bajo volumen, escuchar a su mama cantar o a su papa tocar la guitarra. Pero todo eso ya no estaba, todo había cambiado.

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Ma lejos desde una de las ventanas de la casa dos adultos sonrieron, la mujer apoyando su cabeza en el hombro de su marido al ver a lo lejos a sus dos hijos en el garaje, conversando entre ellos, viendo de vez en cuando la sonrisa y la risa de ese pequeño chico que apenas habían conocido como un hijo que el destino les quito, pero ahora estaba con ellos. Ambos soltaron una pequeña risa contagiados cuando vieron a Dylan reír junto a Arthur, parecía que se llevaban bien.

-Oh, Al…- se volteo la mujer al ver el reflejo de su otro hijo en la ventana, tenía el ceño fruncido y una expresión disturbada en su rostro -tranquilo, solo se están divirtiendo un poco- intento calmarlo, poniendo una de sus manos sobre las del ojiazul que mantenía su mirada fija en la escena frente a sus ojos a unos cuantos metros más allá.

-Hijo… quiero que sepas que con todo esto no tratamos de desplazarte ni nada de eso- hablo su padre con suavidad, poniendo su mano en el hombro de su hijo y mirándolo directamente a los ojos. Alfred simplemente desvió la mirada y se alejó un poco zafándose del agarre del pelirrojo.

-Si, por supuesto- murmuro en voy baja, rodando los ojos y regresando su vista a la ventana donde se podía ver a Dylan y a ese chico parecido a su madre hablar entre risas y compartir un buen tiempo juntos. el, por el contrario, nunca había convivido mucho con sus hermanos, a menos que sea por aluna broma que ellos le jugaban, o en ocasiones especiales y días en los que ninguno de ellos parecía estar con las hormonas alteradas, pero ahí estaba Arthur, haciendo lo que él nunca había podido hacer, llamar la atención de Dylan o de sus demás hermanos.

- ¿Estás bien, amor? Sabes que nada ha cambiado ¿sí? -preguntó su madre al ver la expresión disturbada de su hijo con algo de preocupación. Alfred retrocedió unos pasos alejándose de la ventana y de su madre antes de que ella pudiera tocarlo confortantemente.

-Bueno, aparte de descubrir que todo este tiempo debí haber sido huérfano, mi madre está muerta y mi padre desaparecido, y que ahora mismo debería ser mantenido por el gobierno y sordo, no, nada ha cambiado- hablo con evidente sarcasmo y amargura en su voz, sintiendo un pequeño nudo formarse en su garganta. Sabía que estaba siendo inmaduro y que estaba montando un berrinche, pero en ese momento no le importaba.

-Alfred…-intento acercarse su mama con una mirada preocupada en sus ojos, pero el retrocedió otro paso más, no queriendo que la mujer se le acerque.

-Voy a salir con Sakura- dijo en casi un murmullo, volteándose para irse de allí lo más rápido posible. Se sentía desplazado, y eso era lo que más odiaba.

-Ve con cuidado- escucho que le decía su padre antes de salir de la casa. Camino con paso decidido al patio intentando evitar en todo momento a su hermano y a ese chico que lo estaba remplazando en la familia, pero parecía fue imposible cuando al estar caminando con su mirada fija en el piso, coco con justo esa persona que no quería ver.

-Hey- reclamo el de ojos verdes casi cayendo al piso por el impacto, pero loro mantenerse de pie, solo trastabillando unos pasos atrás. Alfred alzo a verlo con el impulso de disculparse, pero al notar exactamente quién era no pudo hacer nada más que rodar los ojos e ignorar sus reclamos.

-Me voy- mascullo pasándolo por alto, casi empujándolo nuevamente al dirigirse a la entrada de la mansión a paso rápido para salir de allí de una vez por todas. Arthur lo miro con el ceño ligeramente fruncido ¿Quién se creía que era? Estúpido estadounidense…

Solo salió de sus pensamientos al sentir un toque en su hombro y ver a Dylan decirle un pequeño "vamos" en dirección al interior de la casa. En silencio lo siguió hasta estar frente a sus padres biológicos que lo bombardearon con preguntas como "¿Qué te pareció la casa? ¿te gusto la cena? ¿te la pasaste bien este día?" y otras más a las que respondió con pequeños asentimientos de la cabeza y una sonrisa algo forzada. De reojo miro al reloj de la sala, ya eran las 8h00pm. Sin darse cuenta el tiempo había pasado rápido.

-Ya se está haciendo tarde, creo que debería regresar- hablo con algo de nerviosismo, la familia le había caído bien, pero se sentía incomodo aun con ellos y más con todas las preguntas que le estaban haciendo y sabía que hubiesen continuado con más de no ser por su interrupción.

-Si quieres puedo ir a dejarte- ofreció su padre con una sonrisa, ganándose un asentimiento de su esposa ante la idea.

-No es necesario- negó nervioso con sus manos, no quería causar más molestias de las que ya había causado. Sabía que Alfred se había ido por su culpa, bueno, no era que el hubiese querido que se vaya, pero, aun así, era su culpa y sabía perfectamente que ese chico parecía odiarlo.

-Vamos, no tengo problema- insistió el pelirrojo con una sonrisa en su rostro. Arthur miro por la ventana, estaba nevando más que en la tarde y sabía que en el camino el frio empeoraría, así que no perdía nada accediendo ¿verdad?

-Está bien- se rindió, soltando un pequeño suspiro por lo bajo. En silencio siguió al hombre a uno de los autos del garaje y se subió en el asiento del copiloto. Todo el camino ambos permanecieron en un silencio algo tenso, ninguno de los dos era bueno ablando y tampoco sabían de qué hablar así que la radio era lo único que cortaba la tensión en el ambiente. Por su parte Arthur mantenía su mirada fija en la ventana, apreciando todo el camino. Nueva York en la noche era una ciudad preciosa, aun mas con la nieve cubriendo sus calles.

- ¿Vives solo por aquí? – salió de sus pensamientos al escuchar la pregunta del que era su padre, ya estaban cerca de Bushwick y ya se podían ver alunas edificaciones con grafitis en ellas o dañadas, casas que apenas se mantenían en pie y edificios de ladrillo que no mostraban gracia aluna. Ya estaban en la parte pobre de nueva york.

-Sí, no es tan malo como parece- se encogió de hombros algo tímido. Pese a ser el barrio más pobre de todo New York y uno de los más peligrosos también, ya se había acostumbrado a la vida allí y no le preocupaba en absoluto. Los vecinos eran personas amables y le ente del barrio era unida. Continuaron unas cuadras más hasta que el auto se parqueo enfrente de un edificio de 6 pisos, de ladrillos desgastados por el tiempo y grafitis en sus paredes, como los demás. Ese era su hogar.

-Este día fue maravilloso, puedes visitarnos cuando quieras- ofreció con una sonrisa su padre, mirándolo con una sonrisa paternal en su rostro, una sonrisa que Arthur no había visto en años.

-Gracias, pero no creo que pueda hacerlo, tengo que trabajar- tuvo que negar con algo de tristeza, si bien toda la situación seguía siendo incomoda, esa gente le había agradado mucho.

-Cuando tengas tiempo libre- insistió mirándolo a los ojos con una evidente suplica en ellos. Arthur sintió algo de culpa en su interior, lo sabía, no se podía negar.

-Está bien, gracias por todo- sonrió ligeramente antes de salir del auto y entrar al edificio donde estaba su pequeño departamento donde vivía completamente solo. Al fin, regresaría a su vida normal de antes, por lo menos por una noche olvidaría todo lo que había pasado durante esos días.

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Por otro lado, el pelirrojo al llegar a casa tiro las llaves del auto sobre el sillón de su habitación y camino a su escritorio para sentarse allí y hundir su rostro en sus brazos. Se sentía frustrado, los recuerdos de minutos atrás pasaban por su cabeza atormentándolo, porque se sentía inútil, como si no pudiese hacer nada, y eso era verdad. No podía.

Escucho un ligero golpe en su puerta y sin darle el tiempo para responder su mujer entro al cuarto con una sonrisa que cambio a una expresión de preocupación al verlo así. Sara se acercó a él y puso su mano sobre uno de sus hombros en señal de apoyo, en parte, ambos estaban pasando por lo mismo. Alzo a ver los ojos de su esposa, entendiendo la clara pregunta en ellos.

-Debemos sacarlo de ahí- murmuro con un nudo en su garanta, preocupación por su recién descubierto hijo invadiéndolo -Bushwick… ahí vive, grupos de personas tomando en las calles, las sirenas de los policías se escuchan a cada rato… es horrible- recordó todo lo que había visto en ese barrio luego de asegurarse de que Arthur entrara sano y salvo al apartamento donde vivía. Todo a su alrededor lo había horrorizado, especialmente cuando escucho los ritos de alunas personas y enseguida la sirena de una patrulla cerca.

-No puedo creer que un chico de su edad viva solo en ese tipo de barrio, es muy peligroso, y además trabaja, a su edad- hablo con preocupación y angustia en su voz, sintiendo su corazón dar un vuelco al tan solo imaginarse como había sido la vida de ese chico que parecía tan maduro y serio para su edad.

-Lo sé, debemos hacer algo por el… Es nuestro hijo- la realidad los golpeó. Y era verdad, él no era cualquier chico en una situación de pobreza o algo parecido, él era su hijo, un hijo del que se habían perdido toda su vida. Debían hacer algo por él.

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-Gracias por venirme a ver…- suspiro Alfred subiendo al carro de su hermano, Scott. había sido su única opción en el momento para poder regresar a casa. había olvidado irse en su moto por salir lo más rápido posible de la casa, también olvido llevar un abrió. Solo se dio cuenta de ella a mitad del camino cuando sintió los copos de nieve traspasar su camisa y sus piernas doliéndole por la Lara caminata. La casa de Sakura no quedaba exactamente cerca, pero con suerte avía llegado donde su novia y se avía desahogado con ella, jugando videojuegos juntos e intentando distraer su mente de los eventos momentos atrás y de todo lo que había pasado en esa semana desde que descubrió que no era hijo de los Kirkland. Con un suspiro se cruzó de brazos en el asiento y miro al camino nevado intentando distraerse.

-Pudiste haberle llamado a papa o a mama- hablo el escoces cuando llegaron a un semáforo, sacando un cigarrillo de su bolsillo y encendiéndolo para luego llevárselo a la boca y darle una larga calada, votando el humo en dirección a la ventana, sabía que su hermanito odiaba que fumara y el olor al cigarrillo, por eso le gustaba molestarlo.

-No… de seguro están ocupados con ese…- ruño intentando encontrar en su mente una forma de llamar a la persona que estaba robando la atención de sus padres, pero en esos momentos no se le ocurría nada -Arthur- soltó al final con claro desprecio en su voz y el ceño ligeramente fruncido al igual que su nariz al sentir el olor del cigarrillo de su hermano. Scott apago el cigarro y lo dejo a un lado para voltear a ver a Alfred de reojo, con una pregunta evidente en sus ojos.

- ¿Por qué lo odias tanto? Ni siquiera has convivido mucho con el como para odiarlo- suspiro pasando una mano por sus cabellos rojizos antes de continuar con su mirada fija en la calle y de vez en cuando mirando de reojo a su hermanito que ahora si podía llamar adoptivo.

- ¿Tú también vas a defenderlo? – se quejó alzando la voz, pero bajándola al instante, sabía que Scott era capaz de castrarlo si le retaba -No es fácil ¿ok? Enterarte de un día para el otro que las personas que toda tu vida viste como tus padres y tu familia en realidad no lo son y son de otra persona que si quisiera podría sacarme para siempre de MI familia- explico todo lo que le estaba atormentando de manera rápida, sin respirar entre las palabras, terminando un poco agitado y respirando irregularmente. Scott solo pudo suspirar al escucharlo.

-Tú fuiste el que empezó con esto Alfred- le recordó con una sonrisa burlona en su rostro.

- ¡Quería saber la verdad! Porque no soy como ustedes, porque soy tan diferente… pero nunca me espere nada como esto- se quejó jalando sus cabellos con desesperación, volteando a ver a su hermano en busca de una reacción, pero lo único que noto fue su rostro pensativo mientras sus ojos se mantenían en el camino -Agh, olvídalo, nadie me comprende- rodo los ojos cruzándose de brazos y hundiéndose más en el asiento del copiloto de ser posible.

-Yo creo que si hay alguien que te comprende… -escucho con curiosidad lo que su hermano acababa de decir, volteando a verlo ansioso porque continuara, Scott lo noto soltando una pequeña risa- sabes… solo ay una persona en el mundo que está pasando exactamente por lo mismo que tú en estos momentos- concluyo con una sonrisa socarrona, sabía que Alfred caería en la trampa.

- ¿Quién? - presunto con algo de emoción hasta que cayó en cuenta de a quien se refería su hermano -Ah…- murmuro en realización para después palidecer ligeramente -No way- no, definitivamente no recurriría a hablar con él, todos menos el. pero sabía que lo que Scott dijo era verdad, la única persona que en esos momentos podía comprenderlo era, sin duda aluna, Arthur.