Rolling in the deep

Parte 1: Don't underestimate the things that I will do.

El cansancio es evidente en su organismo, su acelerada respiración y descontrolado pulso son prueba de ello, además de pequeñas gotas de sudor que han comenzado a deslizarse cuesta abajo por la superficie de su rostro. No está acostumbrado a realizar este tipo de actividades muy a menudo, y menos con peso extra en su espalda, por lo que, su cuerpo está pagando la factura de su sedentaria vida adoptada por años.

No obstante, la velocidad de sus apresurados pasos no baja ni un ápice, por el contrario, aumenta, provocando que la vieja madera de las escaleras rechine sin cesar. Con una mirada decidida a todo, ve su meta tan cerca que no le importa sobrepasar sus límites físicos un poco más con tal de lograr su objetivo.

Sólo un poco más, se dice internamente.

Sus manos se sostienen de los barrotes de la baranda de seguridad en un intento por no desfallecer ahí mismo. Está dando más de lo que puede, lo sabe y lo ignora, porque entiende que si se permite dudar por un momento de su propia decisión, todo lo que hizo hasta ahora se irá al caño.

A pesar de todo, sus esfuerzos dan fruto cuando queda frente a la desgastada puerta que da a paso a su tan ansiada libertad. Girando el oxidado pomo, mueve con cuidado la gran pieza rectangular de madera vieja, a la vez que un molesto chirrido se hace presente.

Un despejado cielo le da la bienvenida y una sonrisa casi inexistente se aloja en su rostro junto a una extraña sensación que se anida en su ser, recorriendo su sistema como si se tratara de una corriente eléctrica. Su cuerpo entero se estremece. Hace tanto que no se siente tan bien.

Del edificio del apartamento donde vive con su padrino y el hijastro de éste, la azotea siempre fue su lugar preferido para pasar un tiempo a solas sin ninguna interrupción. Se ha encargado de mantenerlo en secreto, ni siquiera Phichit, su escurridizo amigo, sabe de ello. Casi nadie va ahí, puesto que, es considerado una especie de vertedero para objetos y muebles en desuso.

La brisa ahí arriba es suave, acaricia sus cabellos y los mece a su son. Siente escalofríos al acercarse al pequeño muro que surca el perímetro de la azotea, aún con todas las veces que estuvo ahí, la sensación de vértigo no desaparece del todo. A pesar de ello, se atreve a mirar más allá de lo que su panorámica vista le permite, mostrándose ante él un maravilloso paisaje de la ciudad.

Una mueca de melancolía se instala en su faz.

A él le hubiera gustado compartir esta vista en su compañía. A él le fascinaban los bellos paisajes.

El desgano está presente en sus acciones cuando retira la mochila de su espalda, dejándola a un lado. Mira al cielo en busca de respuestas a las miles de interrogantes que rondan su mente, sabiendo de antemano que es inútil el siquiera intentarlo. Sus manos retiran los cabellos que caen sobre su frente, llevándolo hacia atrás en un tonto intento por despejar su mente.

De forma casi inconsciente, suspira.

¿Qué más puede hacer? No hay otra opción más que esa.

Da la vuelta y apoyándose en el pequeño muro, comienza a descender casi de inmediato una vez que siente el concreto tras de él. Lentamente su espalda se desliza sobre el imperfecto acabado hasta que siente al suelo bajo su cuerpo. Flexiona sus piernas de tal manera que sus rodillas quedan tan sólo a unos centímetros de su rostro.

Extiende uno de sus brazos en busca de su mochila, al encontrarla, recorre el cierre, extrayendo un clásico sobre blanco de carta. Por un momento la mira, examinándola con cuidado, encontrando así su nombre inscrito en la parte del destinatario. Sus latidos retumban en su pecho, reconoce perfectamente la caligrafía escrita en el papel. Y como si se tratara de una frágil muñeca del más delicado cristal, abre el sobre con una paciencia fingida.

Está ansioso aunque no lo parezca, ansioso por saber el contenido de la carta a pesar de tener una clara idea de lo que trata, porque esta no es la primera vez que la lee. Sólo busca una forma de convencerse a sí mismo que lo que hará estará bien y que no será juzgado por nadie, porque si se trata de él, entonces todo estará bien.

Desdobla la hoja de papel y en ella se ven impresas las palabras que leyó una y otra vez para aceptar la realidad de los hechos sucedidos. Sin embargo, no importa cuántas veces la leyó, esos fonemas siguen teniendo el mismo efecto en su ser. La nostalgia lo invade sin poder evitarlo y un silencioso sollozo da comienzo.

Porque a su subconsciente llegan de golpe memorias que una vez intentó borrar pero que fue imposible, los momentos más felices de su vida pasan por su mente como si fueran parte de una cinta de película de los viejos tiempos. Uno a uno, los recuerdos desfilan a través de su mente, todos de manera anti horario, desde lo más reciente hasta lo más antiguo, hasta aquel día en que todo cambió sin siquiera saberlo.

El día que lo conoció a él.


N. A: Bien, esta historia la publiqué antes pero debido a ciertas cosas, la oculté y la modifiqué. Perdón por eso.

Por otro lado, esta historia va dedicada enteramente para una personita muy especial, espero que le guste y esto va con mucho, mucho amor :D