Esto sucedió el 30 de Octubre, un año después de Osculum.

Victoria

Basium

Era una tarde silenciosa y sombría en ese oscuro y viejo hoyo del Inframundo cerca de Cocytos, el que solía llamar su refugio. En ese día especial, él quería algo de paz, si ésta fuese posible en el Infierno. Él cerró sus ojos dorados y respiró profundamente.

No obstante, una tormenta se acercaba, no podía negarlo. ¡Él no necesitó usar su cosmos para saberlo! Sus pisadas se acercaban rítmicamente, sus tacos repiqueteando como una salvaje canción de heavy metal…. más vigorosos y animados que su deteriorado corazón, ¡ciertamente tan vivos!

Él se trató de levantar y dejar todos los viejos pergaminos cuidadosamente cerrados sobres su mesa. Siendo un Juez del Inframundo, él era controlado, balanceado, ordenado y cuidadoso con sus papeles… y ¡lo que él iba a enfrentar en unos momentos… era su opuesto! Bueno, era peor que una tormenta tropical… ¡él podía percibirlo!

¿Por qué le ponen nombres femeninos a la mayoría de tormentas tropicales? Una sonrisa torcida se formó en sus delgados labios. Muchas tienen nombres de mujeres. Ahora, él conocía cuál hubiese sido su elección de nombre para la más fuerte de estas tormentas: Kanon.

Si él miraba hacia atrás, lo que había pasado en los últimos meses desde que ellos estaban juntos, hubo momentos de peleas violentas, algunos desastres en la cocina, críticas ácidas, gritos y pucheros, pero también hubo maravillosos momentos calientes de un inacabable éxtasis y una auténtica fusión de cuerpos y almas, si es que él hubiese pensado que lograr algo tan profundo fuese posible con ese… ese… ¡ese caliente y sexy Dragón Marino!

Lleno de deseo, aunque un poco preocupado por sus papeles, se levantó para enfrentar a su amado Géminis, el que ahora hacía su vida más preciada. Aquél que lo conocía y que era capaz de leer su mente (bueno, algo así…), especialmente cuando estaban en algunos juegos preliminares…

Él cerró sus ojos, tratando de disfrutar la anticipación a su llegada, con imágenes fluyendo en su mente que lo excitaban; pero cuando miró a su amado, sintió como si enfrentara una cachetada de viento helado… ¿Camus? No, no podría ser él. Sin embargo, él pudo sentir cierta frialdad que se le metía en los huesos, una tormenta de nieve se aproximaba… ¡no, era una tropical!

- ¡Te estaba buscando! – El guapo y alto Géminis de los ojos azul zafiro le gritó, molesto y casi haciendo pucheros. Su indómita melena azul era suave y llena de volumen, tan seductora que tuvo que hacer grandes esfuerzos para no acariciarla, desde la parte superior hasta… ¡Bien, tú sabes hasta dónde! – ¡Parece que estás siempre muy ocupado y escondido en este lugar mientras yo tengo que lidiar con la escoria como Val, ese Sylphid de mente estrecha y tu tropa desorganizada!

- ¡Vamos, Kanon! ¿Qué pasó ahora? – Él estaba genuinamente sorprendido por las altas y bajas de su amado, sus demandas, su ferocidad, su astucia…– ¿Por qué estás tan molesto?

- ¡Tú sabes que no puedo tolerar a tus mal educados subordinados! ¡Esa miserable Harpía está locamente enamorado de ti y actúa contra mí como una mujer celosa!– ¡Oh, de nuevo esos labios haciendo puchero, que lo volvían loco! Pero el Géminis estaba realmente molesto. – ¡Sí, él sacó mi ropa fuera de tu cuarto y la puso en una cochina bolsa de ropa sucia!

- Bien, le diré que no lo vuelva a hacer, Kanon. Tal vez pensó que era ropa sucia o solo harapos… – Él trató de hacerle una broma, mientras le acariciaba la melena azul marina y tomaba un largo y sedoso rizo entre sus grandes y fuertes dedos.

- ¿HARAPOS? ¿Los harapos de quién? ¡Hey, Wyvern, yo podré vestir ropa casual de vez en cuando pero el Dragón Marino de Géminis es considerado uno de los más sexy y elegantes guerreros de todos! – Él dijo con una mirada triunfal.

- ¡No seas tan engreído, Kanon! ¡Tal vez él solo quiere darme gusto, de modo que te tenga completamente desnudo en casa… especialmente hoy! –Comentó con ronca voz. Pero el Géminis más joven estaba aún molesto y se alejó un paso de él.

- ¡Es en serio, Rhada! ¡Tú solo me consideras un aniñado quejica toda vez que digo algo contra ese grupo de bárbaros espectros!

- ¡Esta bien, Kanon! Déjalo ya, ¿quieres? ¿Por qué viniste hasta aquí? Estaba por ir a Caina en media hora para pasar juntos el resto del día…

- ¡Rhada, estoy harto de todo esto! ¡Si me quedo solo en Caina esperando por ti, es peor! A nadie le interesa lo que diga o lo que haga! A veces, pienso que Hades me ha dado su casco de invisibilidad para que me pasee por los alrededores! ¡Incluso esa maligna perra de Pandora intentó despreciarme cuando nos encontramos en Giudecca! ¡Pero me divertí mucho castigando a ese estúpido Chesire! – Dijo con una amplia y petulante sonrisa.

- ¡Oye, sin blasfemias!¡Muestra más respeto por mi señor Hades!

- ¡No te interesa lo que me pasa o cómo me siento, Wyvern! – Él estaba serio ahora.

Él cerró sus ojos ambarinos. ¡Qué catástrofe! ¡Qué lindo cumpleaños! Muy pronto, tendría un gran dolor de cabeza, estaba seguro de ello… ¡por lo menos! Ahora, la señora Pandora estaría muy molesta con él por culpa de Kanon y ¡pagaría caro las travesuras del Dragón Marino! ¡Oh, no, justamente hoy!

- Kanon, ¿podrías de dejar de actuar como un adolescente? Hacer que Pandora se enoje no te ayuda para que te ganes su respeto…

- ¡Pero me siento mejor después de eso, Rhada! ¡Deberías haber visto la cara arañada de Chesire…!¡Ella estará tan complacida! – Lo dijo mientras se lamía su labio inferior.

- ¡Ok, Kanon! –El ocupado Juez añadió, abrazando al Géminis y mirándolo a los ojos. – No viniste hasta aquí para tener que ver con ellos, ¡Hoy vamos a celebrar juntos!

- ¡Sí!–Le respondió con una sonrisa diabólica. –¡Vamos y divirtámonos juntos… para celebrar tu cumpleaños!

Mientras ellos se acercaban a Caina, su templo parecía tranquilo y oscuro. De pronto, Kanon corrió impacientemente hacia el ingreso, subiendo las escaleras a la velocidad de la luz.

¿Qué está tramando Kanon? Él sonrió internamente. Tal vez una bonita sorpresa para él, ¿como un regalo envuelto en tartan? De repente, se llenó de una profunda tristeza. Camus, ¿por qué tuve que dejarte, mi amor? ¿Por qué?

Él entró a su templo, llamando a su estaba muy silencioso. Con precaución (¡no, no se refería a su Greatest Caution ahora!) él caminó a través del vestíbulo hacia uno de los cuartos que más le gustaba: aquél con la chimenea. Los maderos de cedro se estaban quemando y dos pesadas armaduras brillaban juntas en la vida y en la muerte: una, de color miel dorada del Dragón Marino, y otra oscura, el Surplice del Wyvern.

Él miró alrededor y encontró una gran caja de courier, ¡de casi un metro de alto!

¡Qué raro! ¿Cómo la trajo Caronte hasta aquí desde el mundo exterior? ¿Cómo mis soldados la trajeron hasta aquí, dentro de Caina? ¡Alguien tendrá que responderme por esto mañana!

Él se aproximó cautelosamente y encontró una simple tarjeta con su antiguo nombre: Lord Radamanthys Wyot-Windsor (1). ¿Tal vez su viejo mayordomo le envió sus libros desde su residencia londinense? Él miró alrededor, fríamente dejó caer la tarjeta y se dirigió al dormitorio. Estaba vacío y una suave luz entraba por las cortinas de seda. Ciertamente, Kanon no estaba allí.

- ¡Oh, éstas jugando a las escondidas, pequeño dragón…! – Dijo burlonamente y siguió adelante. Sin embargo, todo estaba en silencio y oscuro a la vez, incluso la cocina estaba cerrada. Esto significaba que su Masterchef se olvidó de cocinar algunas delicadezas culinarias que a él le gustaban mucho, pensó y se encogió de hombros.

- ¡No trates de esconderte de mí, Kanon! – Él seguía buscando. ¡Nada detrás de las cortinas, si un sonido en su bien aprovisionada bodega de vinos! Se empezó a sentir un poco cansado de este juego y regresó a su acogedor cuarto con chimenea y abrió el bar, tomó un vaso de cristal, le añadió unos cubos y vertió algo de su querido Glenlivet.

Mientras trataba silenciosamente de tomarlo, un repentino brillo surgió del interior de la gran caja y, antes que tuviese tiempo para ponerse su Surplice, la caja se partió y una gran explosión vino de adentro. El Wyvern cayó de espaldas maldiciendo mientras un dios dorado salió de ella, usando solamente una banda en la que decía: ¡"Balvenie (2), Campeón Mundial"! ¡El Juez permaneció en el suelo, en shock!

- ¡Vamos, Rhada'! ¡Feliz Cumpleaños! – Un risueño Kanon se le acercó, dándole la mano para que se pudiera levantar. – ¡Parece que resultó imprevisto, como lo había planeado! Eres absolutamente inútil para juegos! ¡Incluso para juegos preliminares!

¡Porque estaba aún conmocionado, todo le pareció ahora extremadamente irreal! ¡Viendo a Kanon vistiendo solo la banda y sonriéndole traviesamente era entonces tan tentador…!

- ¿En qué piensas, Rhada? – Lo miraba con lujuria, sus ojos llenos de deseo mientras su amante lo miraba con reconocimiento. ¡Los Géminis eran impredecibles!

– ¡Rhada', he trabajado mucho para averiguar cuál era uno de los mejores whiskeys del mundo!¿Sabes cuál ha ganado el premio al mejor este año? ¡Balvenie! – De nuevo, esa sonrisa traviesa que lo seducía, mientras que un dedo juguetón le acarició sus labios.

- ¡Kanon, aún estoy muy sorprendido! ¡No pude imaginarme que estabas escondido en esta caja de allí…! ¡Casi te he atacado con mi Greatest Caution! – Él se veía preocupado.

- ¿Qué quieres decir, Wyvern? ¡Tú no puedes rivalizar conmigo y tú lo sabes! ¡Mi Galaxian Explosion podría ciertamente terminar con tu vida presente, incluso sin que lleve puesta mi armadura del oro! – Respondió juguetonamente y se volteó, caminando hacia la caja. El Juez se dio cuenta que su Géminis solo tenía un taparrabos puesto y se relamió los labios. Él era un depredador después de todo. Se quedó parado, con sus sentidos agudamente fijos en su amante.

- ¡Aquí está tu regalo, Radamanthys de Wyvern, Juez del Infierno! –Kanon le dió una caja preciosamente envuelta. – ¡Vamos! ¡No seas tan aburrido!¡Ábrela ahora!

Aunque no estaba acostumbrado a obedecer órdenes de otros que no sean la señora Pandora o el señor Hades, él se vio obligado a inclinarse ante las órdenes de su Géminis. Arrancó el papel y abrió mucho los ojos.

- ¡Caramba!¡Un Balvenie! – Él miró la caja, todavía muy sorprendido.

- Bueno, no solo es un whiskey, es un Balvenie 1970, de 30 años – Kanon leyó lo que decía la caja y añadió con un susurro sexy. – Uno muy especial…

- ¡Vaya! ¡Kanon, éste es un regalo muy caro! ¡Cuesta aproximadamente 1,500 libras esterlinas! – Él estaba sorprendido que un malcriado y despreocupado Dragón Marino se haya tomado el tiempo y sus ahorros para hacer este regalo de cumpleaños.

- ¡Para nada, Rhada'! ¡Me encanta darte algo que te va a gustar!

- ¡No digas tonterías, Kanon! Habría sido suficiente para mí pasar esta velada juntos…!

- ¡Pero tengo algo más para ti… Haggis y Yorkshire pudding (3)! ¡Los hice para ti! – Él empujó alegremente al Wyvern hacia el comedor y encendió las luces.

- ¡Vamos, tú hiciste todo esto para mí! ¡Gracias, Kanon! – Él estaba casi sin palabras ahora.

- ¡No te hagas ilusiones, Rhada'! ¡No siempre voy a cocinar para ti! ¡Soy un guerrero no un sirviente! ¡En el futuro, vas a necesitar contratar a alguien realmente bueno en la cocina para preparar nuestras comidas! – Él puso la botella de whiskey sobre la mesa y cruzó sus brazos. La visión de este cuerpo espléndido, cubierto solamente con una banda y un taparrabos lo estaba volviendo loco.

– Bueno, ¿qué viene después? ¿Qué es lo que quiere probar primero, Milord? – Kanon lo dijo con una reverencia burlona. A él le gustaba provocar al inglés jugando con el protocolo, pretendiendo que estaban en la corte.

Él se acercó lentamente y lo tomó por los hombros. Kanon lo miró calmadamente con sus profundos ojos azul marino. Él no podía aguantar más. Con un rápido movimiento, le sacó la banda y le clavó la mirada con sus hipnóticos ojos dorados. Mirándolo fijamente con un deseo que lo quemaba y acariciando su piel caliente, él le dijo seriamente:

- En realidad, pienso que tomaré primero mi Balvenie….

Tres horas más tarde, un cansado pero feliz Wyvern se despertó, sintiendo que una melena de pelo azul, sedoso y voluminoso le cubría su musculoso pecho. ¡Esto había sido muy bueno! Hacer el amor era más que sexo, implicaba un cierto grado de conexión y fusión de almas. ¡Kanon había sido sorprendentemente genial en la cama esta noche! ¡Sus caricias, su lenguaje procaz, todos esos jadeos y gemidos...! ¡Al menos, Caina estaba lejos y ellos habían tenido la privacidad suficiente para poder manifestar todas las expresiones del placer!

Kanon estaba durmiendo profundamente, como un niño pequeño bajo el ala de Mamá Gallina, bueno, uno más parecido a un pequeño dragón. ¿Quién podría sospechar que, cuando se despertara, sería una peste? Un guerrero cruel y poderoso capaz de engañar a los dioses. Sin embargo, él estaba simplemente durmiendo en sus brazos, tan sexy fuerte a la vez. Él cerró sus ojos.

Mmmmm…. ¿Cómo es que ellos se juntaron?

Él recordó una de esas malditas fiestas, aquellas que sus dioses organizaban con el fin de crear cierta camaradería entre sus tropas. ¡Qué pérdida de tiempo! ¡A él le disgustaban mucho!

Cuando se enamoró de Camus, fue fácil soportar esas reuniones pero después de su ruptura, ¡las cosas se volvieron intolerables! ¡Especialmente, porque él continuamente encontraba a un entrometido y egocéntrico Dragón Marino!

En cada reunión, Kanon le hacía bromas y se burlaba de él.

Primero, fue sobre sus cejas. ¿Por qué le decían "uniceja"? Era culpa del Géminis. ¡Incluso sus compañeros, Minos and Aiacos, se divertían con esto de uniceja! O cuando él le había preguntado seriamente al Wyvern si tenía piojos o qué, ya que muchos espectros tenían cabello largo, como los otros jueces, pero su pelo parecía troceado… ¿o acaso no le pagaba al peluquero del Inframundo? Él estuvo a punto de responderle… ¡pero se sintió absolutamente avergonzado cuando vio una ligera sonrisa en la cara de su Señor Hades, después de esas estúpidas bromas!

Finalmente, llegó el momento de su venganza. La fiesta era asquerosa y, mientras Aiacos pretendía bailar un sensual tango con la torpe Violate, un grupo de guerreros acordó un reto: ¿quién sería capaz de tomarse botellas de licor sin dejar este mundo?

Primero, algunos estuvieron fanfarroneando pero, al final, solo quedaron Kanon y Radamanthys, frente a frente.

- ¡Hagamos algo realmente de hombres, Wyvern! – Gritó entusiasmado el menor de los Géminis.

- ¡Está bien, gemelo-sombra! – Le contestó burlonamente, mientras miraba fijamente a su enemigo. – ¿Qué tal si tomamos whiskey escocés?

- ¡De ninguna manera! Eres un inglés y estás acostumbrado a éste. ¡Tomemos Ouzo, la bebida de los dioses griegos! – Él gritó muy fuerte al tiempo que algunos guerreros aplaudieron locamente.

- ¡Vamos, Kanon! ¡Ya fue suficiente! – Dijo un preocupado Aioria.

– ¡Métete en tus asuntos, gatito! ¡Vete al nido del águila! – Le respondió bruscamente el Dragón Marino y el León de Oro salió del salón.

Habían pocas personas alrededor de la mesa: algunos eran Espectros de Hades (un solícito aunque preocupado Valentine y Gordon), Caballeros de Atenea (Afrodita y Máscara de Muerte) y Generales de Poseidón (Lymnades y Sorrento). Al principio, hubo algunas apuestas pero todos se callaron cuando una botella de fino Ouzo se abrió y se llenaron los vasos. Entonces, el Wyvern alzó su copa y dijo:

- Deberíamos hacer este reto más interesante, gemelo-sombra. Si gano, serás mi sirviente por un día y lo mismo pasará en el caso que pierda. – Sus ojos dorados brillaron malignamente.

Kanon estaba seguro de su victoria porque había sido un gran bebedor desde muy joven. – Ok, Wyvern. Y añadamos algo: ¡si te derroto, personalmente te depilaré esa graciosa uniceja!

Radamanthys lo consideró. Él estaba seguro de su triunfo. Esto se estaba poniendo más y más interesante. – ¡Está bien! ¡Comencemos ahora!

- ¡Por el mejor! – El Géminis gritó con entusiasmo y el Wyvern asintió.

Ellos bebieron de un trago el contenido de sus vasos al mismo tiempo, mirándose fijamente a los ojos. Kanon sonrió ampliamente y se sirvió un segundo vaso. -¡Este brindis es por el Patriarca Shion! – Dijo burlonamente.

- ¡Por el señor Hades! – El Wyvern bebió seriamente. De nuevo, sus copas estuvieron vacías y Afrodita graciosamente las llenó.

- ¡Un brindis por la Belleza! – El Géminis chilló eufóricamente, dando un guiño al más bello Caballero, quien se sonrojó. Máscara de Muerte se rió a carcajadas.

- ¡Por mi señora Pandora! – Él le respondió. Hubo algunas risas de los espectros pero estos fueron silenciados por la mirada severa del Wyvern.

Después de una hora, la cabeza del Géminis le daba vueltas y se inclinaba pesadamente mientras que los ojos ambarinos del juez estaban brillantes y rojizos.

- ¡Por el Pilar del Atlántico Norte….! – Gritó Kanon. Su voz era pastosa y sus movimientos muy torpes. Su cabeza se inclinó nuevamente. Entonces, una voz ronca señaló triunfalmente:

- ¡Por Caina y mi victoria! – Él alzó su copa mientras los ojos del Géminis se cerraron y éste colapsó sobre la mesa. Los espectadores aclamaron al ganador y le dieron palmadas en la espalda al Wyvern. Por ser un pesado bromista, Kanon tenía muchos enemigos, ¡incluso entre los suyos!

Radamanthys se levantó solemnemente y ordenó: - ¡Gordon, Valentine, llévenlo a Caina!

Caballeros y Generales miraron silenciosamente mientras los subordinados del Wyvern llevaron a Kanon a un profundo agujero y lo dejaron caer hacia el Infierno.

- ¿Quién se lo dirá a Saga? – Afrodita preguntó suavemente, con una mueca.

- ¡Por supuesto, no seré yo! – Respondió Máscara de Muerte con un guiño maligno. – ¡Vámonos a dar una vuelta, deben haber muchos que se están divirtiendo en esta fiesta!- Los Caballeros de Oro rápidamente dejaron que Kanon enfrentara su derrota.

Los subordinados del Wyvern pusieron a Kanon en una pequeña y húmeda celda bajo Caina. Cuando se despertó, su cabeza le dolía.

- ¡Buenos días, Bello Durmiente! – El Wyvern lo saludó. – ¡Es hora de trabajar!

- ¡Necesito descansar un poco más, así que llévame a los aposentos de los huéspedes! – El Géminis le ordenó, sentándose en el sucio piso.

- ¿Estás loco? ¡Perdiste ayer así que tú eres mi sirviente ahora! ¡Esto no es un centro turístico! ¡Esto es Caina!

- ¡No recuerdo de qué me estás hablando, bestia uniceja! ¡Así que déjame salir o Atenea o Poseidón me echarán de menos y harán de esto un infierno!

- ¡Ya estamos en el Infierno! Muchos han sido testigos de nuestra apuesta ayer. ¡Así que no tienes argumentos para protestar! ¡Siendo un juez, conozco todos los procedimientos legales así que mueve tu trasero porque hay trabajo que hacer!

- ¡Saga vendrá en cualquier momento para liberarme, juez…! – Él se burlaba de él, con una mirada traviesa. – Así que prepárate… ¡además, tú ya sabes quién gana si es que nos enfrentamos en una batalla! – Él se rió, recordando cómo derrotó al poderoso Wyvern en la última Guerra Santa.

- ¡Ya tuve suficiente! – Radamanthys se acercó a él y lo agarró del cuello… hasta que un olor muy especial le llegó desde esa sedosa melena azul, intoxicándolo.

- ¡Eres una bestia uniceja! – Kanon lo pateó y el Wyvern reaccionó, tirándolo al suelo. Ellos siguieron luchando por algunos minutos hasta que sus manos tocaron sus cuerpos, sus pieles se cubrieron de perlas de sudor, sus uñas arañaron la carne… hasta que un dragón besó ferozmente al otro y cambió los toques por unos más apasionados e íntimos, que terminaron en estocadas, mordidas y gemidos que se escucharon en los alrededores.

Todavía teniendo al otro sobre sí, un jadeante Kanon admitió: - ¡Eres bueno en esto…! – Y besándolo profundamente, se anticipó a otra ronda de sexo salvaje.

Sí, comenzó así. Él había sido una tormenta de cruda sensualidad que apareció de repente en su vida y lo llevó a los Campos Elíseos del sexo. Nuevamente, él cerró sus ojos pero cuando los abrió, encontró un par de ojos azul zafiro que lo miraban intensamente.

- ¡Happy Birthday, Juez del Infierno..! – Él alegremente canto, pretendiendo imitar la canción entonada por Marilyn (sí, Happy Birthday, Mr. President!) y lo besó profundamente.

-¡Sí, ha sido un largo y maravilloso día! ¡Tal vez el mejor cumpleaños que he tenido hasta ahora! – Radamanthys le respondió y acarició la cara de su amante.

- ¡Vamos a comer algo…! ¡Estoy hambriento y quiero más….! – Kanon rápidamente salió de la cama y caminó desnudo hacia la cocina. – Te traeré un poco de Haggis y Yorkshire pudding, ¡hecho por tu Masterchef!

Radamanthys se levantó y fue hacia su baño de mármol negro. Cuando encendió las luces, encontró que allí habían cosas que no eran suyas: un peine dorado, mousse, perfume y una bolsa de artículos de aseo azul marina. – ¿Qué cosa….!?

Él regresó a su dormitorio y se dio cuenta que habían maletas cerca de su closet. Lo abrió y se sorprendió de ver algunos pantalones vaqueros, un terno y otras prendas ¡que no le pertenecían…! – ¡Kanon, qué está pasando…!

- ¡Mira, Rhada'! ¡Haggis y Yorkshire pudding! ¡Yummie, yummie! – Él gritó alegremente.

- Espera, Kanon. ¿Qué está pasando aquí? – Sus ojos dorados relampaguearon mientras miraba fijamente al Géminis que entraba en su cuarto.

- ¡Oh, éste es mi tercer regalo! – Él añadió con una amplia sonrisa. – ¡He decidido mudarme a vivir contigo!

- ¿Qué?! – Él estaba conmocionado. En su muy larga vida, él nunca había vivido con alguien. Incluso en su vida humana, él no había compartido su cama y su casa con alguien permanentemente. Sus relaciones eran discretas y basadas en poco compromiso. Incluso, cuando él servía a Pandora, había un entendimiento mutuo: sin vínculos, sin ataduras, solo sexo ocasional. Camus nunca le pidió compartir su templo con él. ¡Ahora tenía un dolor de cabeza!

- Hey, Rhada', ¿qué es toda esta pataleta? Es lo mejor para nosotros que compartamos más tiempo juntos y Caina me parece una mejor opción que el Templo de Géminis (¡sí, suele estar lleno de gente, con Saga merodeando!) o mi Pilar en Atlantis. ¡Este lugar es grande aunque un poco sombrío pero podré encargarme de esto…!

- ¡Kanon, estás totalmente loco….! ¡Estamos iniciando una relación! Además, soy un hombre solitario. ¡No estoy acostumbrado a compartir mi espacio con alguien…!

- ¡Vamos, Rhada'! ¡Tal vez mi propuesta ha sido inesperada pero vale la pena! ¡Tú podrás tenerme a tu lado y podremos pasar más tiempo juntos! ¿No es maravilloso?

- Pero, Kanon, yo… - Él aún estaba en shock.

- Aunque hay algunos ajustes que se deben hacer. Primero, no quiero que esa maldita Harpía esté a cargo de este lugar. Prefiero a Sylphid porque me parece más servicial y amistoso. Bueno, al menos me ayudó a cargar mis maletas y la caja… - Él sonrió con satisfacción. – Segundo, no más servicios extra para Pandora. Odio que ella entierre sus uñas en tu espalda. Tercero, no se admiten animales aquí: esto significa que está prohibido que entren Cerberus, Zelos o Chesire. Solo los dragones son bienvenidos. Cuarto, voy a necesitar un closet para mí, de modo que tu tengas tus cosas sin mezclarlas con las mías…

- ¡Cállate! – Le gritó mientras agarraba las muñecas de Kanon. – ¿Estás loco? ¿Crees que me puedes engañar como a Poseidón? ¿Qué es lo que tú quieres realmente?

- ¡Estar contigo, vivir contigo, amarte…! – Kanon respondió, mirando atentamente a Radamanthys atentamente. Él estaba sorprendido por la reacción del Wyvern.

Él cerró los ojos. ¡Esto era una pesadilla! Él empezó su relación con Kanon porque éste era un tipo independiente, despreocupado y seguro de sí mismo, que no se hacía problemas por tener relaciones casuales o sexo fácil. ¿Qué estaba diciendo ahora? ¿Qué quería vivir con él?

- ¡Kanon, tú estás mal interpretando todo! Somos amantes pero solo algo más que amigos con beneficios, estamos comenzando a conocernos… y ¡yo no sé si soy capaz de amar…!

- Oh, ésta es la misma mierda que le dijiste a Camus, ¿verdad? Wyvern, ¡eres muy bueno tomando lo que quieres y luego abandonándolo! – Él lo enfrentaba muy molesto, con sus ojos lanzando destellos de cólera. El Wyvern sentía que había herido a su amante muy profundamente.

- Kanon, tú no sabes acerca de Camus y yo…

– ¡Lo sé todo! ¡Tú tienes miedo de amar a alguien, además de a ti! ¡Así que tú eres un solitario porque no quieres ningún compromiso! ¡Tu manera de actuar es siempre ser el ganador, sin importarte cómo puedas herir a alguien!

- Kanon, yo….

- ¡Dime, maldito cobarde, bestia uniceja! ¡Tienes miedo de enamorarte porque el amor te hace débil! ¡Eres un maldito cobarde!

- No puedo amarte, Kanon, ésta es la verdad. Estaba feliz de poder tener sexo contigo pero esto es demasiado para mí. ¡Tú quieres más de lo que puedo darte, así que es mejor que terminemos esto ahora! De este modo, podremos seguir adelante tan pronto sea posible.

- ¿Seguir adelante? ¿Me estás dando una lección, Wyvern? Bien, déjame que te diga que soy yo quien te está abandonando ahora y no necesito encontrar a alguien para continuar. Hay tantos esperando tan solo un chasquido de mis dedos para venir a postrarse delante de mí y pedirme que yo trate de amarlos…! ¡Incluso Poseidón está encaprichado conmigo!

- Por lo tanto, puedes salir de aquí tan pronto como quieras. – Él dio la espalda al Dragón Marino.

- Por supuesto, te dejo ahora. – Él siseó, caminando hacia el baño. – Voy a dejar mi equipaje, así que dile a tus subordinados que me lo lleven al Pilar del Atlántico Norte mañana. – Él le ordenó, mientras el Wyvern se paró frente a la ventana y tomó un vaso de whiskey con hielo.

Unos minutos más tarde, Kanon regresó al dormitorio y enfrentó a su dueño.

- Bueno, esto se terminó, Wyvern.

- Quiero pedirte un favor, el último. – Él le solicitó humildemente, sus ojos brillantes y velados por algunas lágrimas.

- ¿Qué es lo que quieres?

- Un beso de despedida.

El Géminis más joven asintió. Él se acercó despacio a Kanon, tratando de recordar todo sobre él, ¡cada milímetro de su piel, su voluminosa melena azul marino, aquellos deliciosos y jugosos labios…! Qué lástima que no podría tener otra oportunidad de disfrutar de aquellos labios, de acariciar ese cuerpo musculoso mojado y ese cabellos sedoso…

Sólo un ligero toque sobre sus labios… - Él se lo recordaba, como si fuese un mantra. Solo un pequeño toque y todo habría terminado. No puedo arriesgarme de enamorarme otra vez.

Cuando estaba acariciando esos exquisitos labios con los suyos, en ese mágico momento que era tanto una bendición como una pérdida a la vez, la bestia Wyvern en su interior se impuso sobre su cordura y, sin la menor vergüenza, mordió los labios de Kanon, dejándole una marca espantosa.

El Dragón Marino lo empujó, con una mezcla de rechazo y deseo. Horrorizado, él corrió desesperadamente afuera, llorando, tocándose los labios y limpiándose las gotas de sangre. Todo había terminado. Por siempre jamás.

Kanon lo odiaría… no había posibilidad de dar marcha atrás.

Mientras su amante desaparecía en la oscura noche del Inframundo, volando como una deslumbrante estrella fugaz hacia la soleada superficial, el Wyvern lo miró silenciosamente, todavía parado en la entrada de Caina.

Él suspiró pero ya estaba hecho. El poderoso Wyvern estaba solo pero había señalado a su presa. Ahora Kanon lo había abandonado, pero también él le había dejado algo: su marca.

¿Qué iba a pasarle de ahora en adelante? Él era un cruel y severo Juez del Inframundo. Él había marcado el corazón de Camus cuando dejó al bellísimo Caballero de Hielo. Ahora, él había marcado al Dragón Marino de una manera más física. De alguna manera, ésta era una paradoja. Ellos estaban marcados pero vivían lejos del él, quien se había quedado solo.

Su último beso en los labios. Un basium. Él se relamió las gotas de sangre, saboreándolas con placer. ¡El último pero tan bueno!

Despacio, muy despacio, el caminó al interior de Caina. Todo parecía vacío y oscuro ahora. Él cerró las grandes puertas. Quería estar solo.

La próxima vez, sería más cuidadoso cuando escogiera un compañero. Camus le había enseñado a no poner su corazón en una relación o él podría perderlo. Kanon le enseñó que él necesitaba a alguien a quien pudiera controlar y tener bajo sus órdenes. Sí, tal vez alguien podría calzar en su mundo… en su infierno personal.

Llenó su vaso con el whiskey caro, aquél especial que le habían dado hoy. Bueno, era su regalo, uno de despedida.

Entonces, sintió un ligero sonido y un mensaje de Camus apareció en la pantalla de su móvil: Happy Birthday, Wyvern!

Él sonrió, enseñando sus blancos dientes de depredador, aún cubiertos de sangre. El amor es un misterio, al menos desconocido para el Juez del Inframundo.

Sí, murmuró para sí: Radamanthys de Wyvern, Happy Birthday!

Ciertamente, ¡qué inolvidable basium!

(1) Wyot es un antiguo nombre medieval inglés, que significa valiente en la batalla.

(2) Balvenie es una destilería que produce un fino whiskey escocés.

(3) Haggis and Yorkshire pudding son platos típicos ingleses.