Estaba tiritando de frio, podía sentirlo en el toque entre ambos mientras el conducía su motocicleta ella se apoyaba firmemente en su espalda, no sabía dónde ella vivía ni donde podía llevarla, así que tomo una decisión, la llevaría hasta su propio apartamento. Ya no podía volver atrás, ella sabia su identidad, así que no había nada que ocultar.

Era un pequeño lugar en el que podía ir cuando las cosas no estaban bien en casa, un apartamento en un viejo edificio en el centro de la cuidad. Bajaron a prisa de la motocicleta, la lluvia solo había empeorado e incluso parecía que se aproximaba la nieve con lo gélido del aire. Cuando lograron llegar hasta el apartamento en lo más alto del edificio encendió la luz y luego encendió la chimenea eléctrica, que dejaba ver como si fuera una chimenea en la mansión, entonces busco por su habitación algunas toallas y ropa dejando a la mujer que ponía delante de la chimenea sus manos para que se calentaran

-espero que no… no te moleste usar ropa un poco más grande

-n-no tenías…-se sonroja- n-no tenías que ayudarme

-eres una meta humana ¿no?

-n-no lo sé… solo-desvía la mirada- se que no puedo morir

- ¿quieres darte una ducha?... eso seguro va a quitarte el frio

-g-gracias-sonrió levemente- eres muy bueno, Robin

-es… es Damian, Charlotte

-en realidad no es Charlotte… ahora es Lena

- ¿ahora?

-tenia todo preparado por si sucedía de nuevo…

Ella sonrió torpemente, estaba nerviosa y él podía notarlo claramente, le indico el baño y le dijo que tomara lo que quisiera, dándole el tiempo para que se relajara mientras este pedía algo de comida china, para pasar el frio. Entonces recordó un viejo dicho del mayordomo de la familia Wayne, nada podía solucionar cualquier cosa mejor que una taza de té

Estaba un poco confundido, pero ahora sentía que el frio mortal y la presión en su pecho había desaparecido de sí mismo, al menos ya no tenia que preocuparse de eso, aunque en cierta parte se sentía algo perturbado por ver a la mujer salir de una tumba, no era algo de lo que se sentía preparado. Ahora ella estaba aún sola y con una identidad diferente, seguro podría ayudarla en algo, porque no era fácil volver a decir que estaba vivo, eso lo sabía bien.

Cuando ella salió, ya con la ropa del pelinegro seguía algo nerviosa, le invito a que se sentara en el sofá frente al fuego, dejo una taza frente a ella y se encamino a la ducha, era mejor esperar para hablar. Necesitaba tomar una ducha, aunque fuera una rápida, había podido calmar un poco el frio que se calaba en sus huesos, entonces cuando salió se volvió hasta ella, tenía la comida en la mesita de café frente al solfa, había buscado platos y otra taza de té que había servido para él.

Una buena comida, como era la de aquel pequeño restaurant chino cerca de su casa, era lo que necesitaba para recuperar fuerzas, además de una buena siesta, que quizás podría conseguir luego, pero antes vendría lo complicado, tenia que hablar con ella. La curiosidad que sentía por aquella mujer, diminuta y pálida, le producía ansiedad no saber ¿era primera vez que ella moría? ¿Cómo es que nadie había notado algo así?

- ¿tengo algo raro en la cara?

-no, solo tengo curiosidad

- ¿Qué quieres saber?

- ¿cuántas personas han sido?

-unas diez diría, aunque no estoy muy segura… he tenido muchos nombres

- ¿recuerdas la primera?

-era algo… complicado-suspira- ¿Por qué me ayudaste?

-me sentía culpable de tu muerte, yo era… yo tenia que salvarte y yo mismo te mate

-no me mataste, trataste de que no te mataran y yo estaba en el lugar equivocado ¿no? Créeme, he visto gente dispararme de frente, no es la gran cosa

- ¿alguna vez fue tu culpa?

-una vez... pero no fue como que quería morir, sabía que no podía morir, estaba en una mala situación, mi identidad estaba comprometida

- ¿comprometida?

-veras… es complicado

-puedes decirme, no creo que pueda contarle a nadie de esto

-bueno es largo de explicar

Ella sonrió levemente por que el no dejaría de preguntarle cual era su historia hasta que se la contara, dio un gran bocado y un largo trago de té antes de volverse hasta el, encontrándose con los ojos verdoso del pelinegro. El noto por primera vez su rostro, pálido con las mejillas sonrosadas y los labios rosa, vio una sonrisa a pesar de todo lo que había pasado y sintió un relajo en su pecho, con esa disimulada sonrisa.

-la primera vez tenía cerca de 17 años… bueno tenia lo que pensaba una vida normal, un novio, una familia ruidosa e insoportable, creo que mas de lo que pensé… mi abuela me había dejado una herencia al morir, bueno solo a mi-desvía la mirada- todos sabían que existía, pero nadie sabía dónde… entonces me mataron

- ¿Quién?

-mis padres… ellos me cubrieron con una almohada y me dispararon-suspira- no encontraron el dinero, desperté en una bahía en un rio

- ¿recuerdas quien eran?

-no… no mucho

- ¿y qué hiciste?

-bueno, lo que haría cualquier chica sola… llorar como si no tuviera fin, luego realmente me di cuenta de que estaba sola … entonces me di cuenta, que tenía que correr

- ¿fuiste a buscar tu herencia?

-si… dinero y joyas, propiedades y cosas, era una aventurera ¿sabes? Y me lo dejo todo a mí, al parecer sabia como eran mis padres y me protegió, fui hasta una de las propiedades, con un poco del dinero… me cambie el cabello y me lo corte

- ¿ellos no encontraron el dinero?

-no… nada y yo cambie de persona

- ¿no buscaste a tu novio?

-sí, al siguiente día, pero él no me amaba tanto como decía, al día siguiente ya me había olvidado

- ¿tienes dónde ir ahora?

-si, no te preocupes… aunque… estoy muerta

-técnicamente no

Ella soltó una risita, legalmente estaba muerta y no podía volver a su apartamento a la luz del día, eso sería extraño para cualquiera que la conociera, el sonrió tranquilamente, la dejo comer con tranquilidad luego de saber de su primera muerte, lo que había cambiado todo en la vida de la mujer.

Luego de comer se quedo en silencio mirando la televisión y ella parecía relajada y tranquila, tenía que hablar o decir algo, pero no estaba seguro como o que debía decirle, pero ahora no podía dejarle sola, no estaba seguro de que era, quizás lo extraño que todo se había desarrollado o solo un presentimiento, solo sabía que no podía dejarle sola.

- ¿quieres quedarte aquí?

- ¿como? -dijo sorprendida- oye ya no tienes que preocuparte de mí, esperare que se seque el vestido que tenia puesto y luego me iré

-cálmate, preocúpate de poner tus asuntos en orden ¿de acuerdo?

-Damian-suspira-no fue tu culpa, créeme recibiría una bala por cualquier persona ¿sabes? No es nada especial, no es nada de lo que debas sentirte culpable

-es más que culpa-sujeta su hombro- haz estado sola demasiado tiempo, solo esta noche descansa y mañana piensa en que debes hacer ¿de acuerdo?

- ¿puedo ir por mis cosas primero?

- ¿no sería peligroso?

-tengo una maleta con todo lo que necesito, solo tengo que entrar por la ventana

-te acompañare

Lancaster estaba a un par de horas desde Gotham y a pesar del tramo considerable entre ambas ciudades el insistió en acompañarle. La lluvia se había detenido ya entrada la noche y ambos anduvieron en silencio, pero el frio había inundado el ambiente, cuando se acercaron hasta Lancaster ella le indico el camino hasta un edificio. Ambos se metieron por el callejón y subieron por la escalera de emergencia de un demacrado edificio hasta el cuarto piso. Ella deslizo lentamente una ventana y luego entro delicadamente, entonces encendió la luz y luego busco una mochila escondida detrás de un mueble en un hueco falso. El pelinegro le quedo mirando sorprendido, no había muchos muebles, ni nada por el estilo, solo una cama y un ropero en el cuarto, una televisión y la cocina, ni siquiera tenía un sofá, solo una manta en el suelo de lo que debería ser la sala.

- ¿vivías aquí?

-si… no es mucho

- ¿Por qué no?

-la vida se acaba rápido, no necesito mucho nada en realidad

- ¿Qué haces con tu vida? ¿solo esperas a cambiar?

-oh, ya sabes, trabajos temporales, literalmente… he vivido en muchos países, Lancaster se veía tranquilo… olvidemos esta conversación profunda y salir antes que alguien piense que acabo de robar mi apartamento