Aclaración: Los personajes ni la saga de Harry Potter me pertenecen, todo esto es propiedad de la diosa más bella del mundo: J.K Rowling.
¡Historia Oficial!
En vista que a ustedes les ha gustado la idea de esta historia, continuaré escribiéndola \(*-*)/.
¿Esta es mi verdadera Casa?
Capítulo II: El otro Mundo.
Luego de muchísimas vueltas y múltiples colores por todos lados, aterrizaron con un golpe en seco en un lugar húmedo y oscuro, que parecía estar en la intemperie. Los tres amigos se miraron entre ellos, buscando alguna respuesta que explicara lo que acababa de pasar. La chica fue la primera en tomar cartas en el asunto.
- ¡Ron, eres un estúpido! – le gritó furiosa, abalanzándose encima del pobre pelirrojo.
- Lo siento, lo siento – decía entre cortado, tratando de zafarse de los brazos de la chica, sin tener que hacerle daño.
- Chicos, basta… no es momento – les dijo Harry, mirando con detenimiento a su alrededor.
Potter se levantó con dificultad del piso, limpiando sus manos en el pantalón de pijama que traía puesto. Se dirigió hasta un lugar donde más o menos había luz, admirando el lugar y cada una de sus partes, descubriendo que estaban en el Bosque Prohibido.
- Todavía estamos en el colegio – les informó para calmarlos.
Al escucharlo, Hermione respiró aliviada y soltó el maltratado cuello de Ronald, quien por cierto, estaba ya pálido por la falta de aire. Sin perder más tiempo, se fueron directo al Castillo, fingiendo que no había pasado nada de nada, hasta que la castaña paró de caminar, deteniendo a ambos chicos.
- ¿Sucede algo? – preguntó primero Harry.
- Es de día – anunció sin dejar de mirar a los otros estudiantes, que los miraban perplejos y murmuraban cosas a sus espaldas.
- Si, ¿y? – cuestionó, sin entender la repentina preocupación de su amiga.
- Cuando tocamos la copa, era de noche – recordó sin quitar su cara de pocos amigos, intimidando un poco a los muchachos.
- Tienes razón – razonó el chico de lentes, plantando su vista en el azulado cielo. Parecía que era medio día.
- Mejor seguimos avanzando, que esto se está tornando muy raro – sugirió Ron, no parecía tan preocupado como sus amigos.
El Trió de Oro entró por las grandes puertas del Colegio, esperando encontrar las respuestas de todas las dudas que tenían, pero no fue así, ya que solo obtuvieron más de ellas. Al entrar, todos se les quedaron viendo. Los tres chicos voltearon la cabeza lentamente, pensando que lo que miraban estaba tras de ellos, sin embargo, solo se toparon con otros estudiantes con la misma expresión de sorpresa.
- ¿Qué tanto están mirando? - se atrevió a preguntar Weasley, cansándose de tanta intriga. Sus palabras sacaron del trance a varios, que se fueron lo más rápido que pudieron, ya sea por miedo o por vergüenza.
- Ron, hermano… - dijo un chico pelirrojo y alto, asomándose de entre la multitud. Al instante lo reconocieron: era uno de los hermanos del pelirrojo, Fred Weasley.
- ¿Fred? – no pudieron evitar decir lo obvio, era sorprendente lo que veían.
El Gemelo estaba vestido con una túnica de Hogwarts, pero en vez de tener decorados rojos como era habitual, los tenia amarillos. Sus ojos reflejaban temor y enojo, pero lo peor de todo, era que ese enojo era contra Harry. El otro Gemelo también apareció, estaba vestido igual que Fred, pero sus ojos mostraban alivio, tal vez por haber encontrado a su hermano.
- ¿Ronnie? ¿Dónde estabas? Te buscamos por todos lados – dijo George, mirando a Harry con el rabillo del ojo.
- ¡Espera! ¿Qué le pasó a tu túnica? – preguntó Ron, sin poder evitar ser jalado en dirección al Gran Comedor - ¡un momento! ¿Y Harry y Hermione? ¿Qué no vienen? – sus gritos y reproches fueron haciéndose más débiles mediante se alejaba. Los nombrados no podían quitar la cara de confusión.
- ¡Hermione! ¿y tu ropa? ¿qué haces en pijama? – chilló Padma Patil, la gemela de Parvati - ¡Merlín, vamos rápido a la habitación y te cambias, que dentro de poco empieza nuestra clase de encantamientos!
- ¿Qué? ¿acaso tenemos clases juntas? – preguntó ahora la castaña, mirando a Harry, buscando una explicación. El chico se encogió de hombros, para luego acercársele y susurrarle al oído.
- Ve con ella, después nos juntamos a hablar.
Se miraron, terminando de aclarar las cosas por medio de la mirada. Hermione asintió segura, encaminándose hasta donde estaba Padma. Cuando llegó a su lado, Patil encerró el brazo de Mione con el de ella, caminando como lo hacían a veces Luna y Ginny.
- ¡Aquí no hay ningún acto ni nada, así que lárguense, si es que no quieren problemas conmigo! – exigió, para sorpresa de Harry, Malfoy, su gran enemigo. Luego de un minuto, cuando ya no quedaba nadie vigilándolos, se acercó al chico de lentes - ¿y tu donde andabas? ¿y tu ropa? Tenemos clases, zopenco, todavía no nos vamos a dormir – dijo burlón, sonriendo con malicia.
- Lo sé, estúpido – siseó con odio, sin dejar de mirar los ojos ajenos.
- Tenemos transformaciones, así que mejor baja a cambiarte, que si llegamos tarde la vieja loca de McGonagall nos bajará puntos. Y tú sabes mejor que nadie que esa anciana ama a Gryffindor - empezó a caminar hacia las Mazmorras. Harry se le quedó viendo nada más - ¡camina! ¿Qué esperas? ¿una invitación acaso? – rió por la estupidez de su casi primo.
- V… voy – dijo al final, sin dejar de mirar a Draco como si fuera un fantasma.
Los tres chicos cayeron de cabeza contra la húmeda tierra, ensuciándose el cabello y la cara. El primero en reaccionar fue un pelirrojo, mirando a su alrededor con temor; la segunda fue una castaña, que automáticamente intento adivinar donde estaba.
- ¿Dónde se supone que estoy? – el Slytherin fue el primero en mediar palabras, aunque hubiese sido solo para sí – y peor aún, ¿Qué hago con ustedes?
- Ni idea – respondió un noqueado Hufflepuff.
- ¡Niña, dime qué demonios hago aquí! – exclamó frunciendo el ceño, se estaba alterando por el hecho de no recibir una respuesta concreta.
- En primera – enumeró con sus dedos - tengo nombre, y es Hermione. Segundo, no tengo idea en donde estamos ni porque… - se cruzó de brazos para mantener el poco calor que le quedaba, aunque su túnica ya estaba bastante sucia y mojada, cosa que no ayudaba mucho.
- En el Bosque Prohibido – susurró Weasley, al fijarse en los altos arboles que impedían que se viera la luz de la luna y las estrellas – he estado algunas veces aquí, es muy peligroso.
- ¿Y qué hacemos aquí? – se preguntó para sí Hermione, tomando una pose pensativa.
- Esto es una porquería – se quejó Potter, poniéndose de pie y limpiándose la túnica – yo me largo a mi Sala Común, que después cierto rubio me va a echar la bronca – rodeó los ojos fastidiado, sin embargo, una pequeña risita se le escapó por los labios antes de retomar su actitud cortante y seria.
- Creo que tiene razón – Ronald copió su acción y se levantó del suelo, limpiándose el trasero con ambas manos – si alguien se da cuenta de que no estamos aquí, nos va a ir muy mal – afirmó con temor, no podía permitirse el lujo de dejar que a su Casa le bajaran puntos, y menos sin razón.
- Muy bien – la muchacha se levantó de un brinco – andando – lideró, comenzando a caminar hasta la salida del Bosque.
Salieron sin hacer mucha bulla, por dos simples razones: no querían ser descubiertos, y la otra era que no tenían nada de qué hablar durante el trayecto. No tardaron en salir completamente, encontrándose con un cielo oscuro, adornado con unas brillantes estrellas.
- Pero si hace un minuto era la tarde – comentó confundido Ronald, abrazando su propio cuerpo.
- Cierto – coincidió Hermione, mientras Harry seguía caminando como si nada.
Sin embargo, el joven Potter estaba sumido en sus pensamientos, buscando cada una de las posibles causas de su aparición en ese lugar. No entendía nada de lo que estaba pasando y eso le agobiaba, puesto que en su grupo de amistad, él siempre fue el que sé sabía todas las respuestas; y para terminar de empeorar su estado de ánimo, nadie allí le podía explicar lo que sucedía.
Ya estaban en frente de las puertas del Colegio, pero para sorpresa de los presentes, estaban cerradas bajo llave. La única opción que se les ocurrió en ese momento, fue tocar la puerta (cortesía de Ronald) rezando para que alguien les oyera. Pasaron unos minutos, y el único que escuchó su llamado fue el señor Filch junto con su despreciable gata, la señora Norris.
- Así que aquí están los malditos mocosos – rió con una sonrisa amarga, pensando en los múltiples castigos que harían someter a los jóvenes. Por otra parte, la castaña y el pelirrojo se miraron confundidos y asustados, Harry continuaba con su seria cara, carente de expresiones.
Les abrió la puerta, permitiéndoles pasar aun sin parar de reír con maldad. Les guió hasta un lugar en el pasillo, donde estaban Minerva, Severus y Dumbledore.
- ¡Hasta que por fin aparecen! – dijo la profesora, apresurándose a pararse al frente de ellos, con su habitual mirada.
- Lo sentimos profesora – contestaron al unísono Hermiones y Ronald a la vez que bajaban la cabeza arrepentidos. Harry solo se dedicó a desviar la severa mirada de la señora.
- Se puede saber… donde estaban a estas horas – habló ahora Snape, arrastrando las palabras como siempre, juntando sus manos y levantando el mentón.
- En… - empezó Ron, dudando en decir la verdad.
- En el Bosque Prohibido – terminó Harry, confiado en que su padrino, también Jefe de la Casa de Slytherin, no le diría nada al respecto.
- ¿¡Se puede saber que hacían ustedes en ese lugar tan peligroso, sobre todo a estas horas!? - preguntó la mujer a gritos.
- Calma, Minerva – dijo en un tono suave el hombre de pelo blanco – en vista de su falla, siento decir que estoy por una parte decepcionado de ustedes, por hacer algo tan imprudente – los jóvenes volvieron a bajar la cabeza, menos Harry – sin embargo, tuvieron que tener alguna razón que desconozco para afrontar tal peligro, por lo que por otra a parte, los admiro mucho… les restaremos 10 puntos a cada uno.
- Yo digo que le pongamos un castigo – intervino Severus – por ejemplo, al señor Potter podemos prohibirle el participar en el partido del próximo domingo – sugirió, lanzándole una mirada asesina al susodicho, que lo miraba incrédulo por sus palabras.
- A mi me parece justo, para que aprenda a respetar las reglas – aportó rápidamente Minerva.
- Bien – dijo el anciano, volviendo a mirar a los alumnos – como ya han escuchado, el señor Potter tendrá prohibido jugar en el siguiente partido.
- ¿¡QUE!? – el grito de Harry resonó por los pasillos, sorprendiendo enormemente a los maestros y director - ¿y ellos? ¡también estaban conmigo! ¿Qué no les van a poner un castigo? – reclamó, mirando con odio a los tres profesores presentes.
- Eso… se puede arreglar – dijo McGonagall, impidiendo que Albus dijera algo – la señorita Granger tendrá que hacer un ensayo escrito para Adivinación, y asistir a todas las clases de esa materia que pueda – la chica la miró, haciendo una mueca de suplica disimulada – y el señor Weasley… tiene prohibido ir a Hogsmeade, durante un mes.
- ¿Un mes? – cuestionó por lo bajo, pero de igual manera la profesora escuchó.
- Si ya terminamos aquí – dijo Albus, cortando cualquier otro reclamo – deberían volver a sus habitaciones, es tarde.
- El profesor Dumbledore tiene razón. Vuelvan a sus habitaciones y recuerden su castigo – los despachó la señora, haciendo señas para que se fueran.
El viejo director le dedicó una divertida y cariñosa sonrisa a Harry cuando le miró. Sin embargo, el Sytherin le mandó una mirada de odio y duda, cosa que no pasó desapercibida por Albus.
- Un momento, señor Weasley – detuvo Snape cuando vio a Ronald a punto de irse.
- ¿Sucede algo, Severus? – preguntó Minerva, al ver la extraña reacción del otro profesor.
- Me temo que si… - contestó en un tono neutro, sin quitarle la vista de encima al trío.
- ¿Pasa algo, profesor Snape? – habló con temor Hermione.
- Lo que pasa, es que me he dado cuenta de su oscuro secreto – se acercó lentamente, tomando fuertemente la corbata del pelirrojo, para luego sacarla de un solo jalón, dejando los colores Amarillo y Negro al descubierto – así que tomando la ropa de otro alumnos ¿no, señor Weasley?
- Por Merlín – exclamó impresionada la profesora, tapándose la boca con las dos manos por la sorpresa, pues no se había dado cuenta de eso por culpa de la oscuridad que hacía allí. Dumbledore se quedó callado, mirando la escena con detenimiento.
- Espere un momento profesor – salió la chica a la defensiva - ¿esos colores no son los de Hufflepuff?
- Lo son – afirmó Albus.
- ¿Entonces cual es el problema? – preguntó ahora el chico de aquella Casa.
- No habría ninguno, señor Weasley, si no fuera porque usted no pertenece a esa Casa – comentó Severus, soltando con desprecio la corbata del muchacho. Harry sonrió por la crueldad de su profesor favorito.
- ¿Qué? – dijo Ron casi a gritos, gracias a la impresión. ¿No pertenecía a esa Casa? ¡Pero si el Sombrero Seleccionador dijo que si, al igual que a toda su familia!
- Vuelvan a sus habitaciones, y mañana entregaran esos uniformes – dijo McGonagall, mirando de arriba abajo a los tres estudiantes.
- Esta bien – dijeron entre dientes, estaban entre molestos y shockeados.
Luego de cambiarse de ropa y ponerse la túnica, que por cierto tenía unos resaltantes decorados azules, se fue directamente a Encantamientos; clase que al parecer compartían Ravenclaw y Gryffindor.
Todos los estudiantes prestaban atención y levantaban la mano cada vez que el profesor hacia una pregunta. Si fuera su tiempo, estaría celosa de que el profesor no le hiciera ni la mínima de caso, sin embargo, No estaban en su tiempo, además de que estaba más ocupada pensando en que estaría pasando.
Estaba tan sumergida en sus propios pensamientos, que no se fijó cuando una voz le habló.
- ¡Señorita Granger! – volvió a llamar el señor, un poco más alto que las veces pasadas - ¿está usted bien?
- Si profesor, lo siento mucho – se sonrojó de vergüenza, todos la estaban mirando.
- Últimamente ha estado muy distraída en la clase y usted no suele ser así, ¿te sientes bien? ¿Quiere ir a la enfermería? ¿Al baño, de casualidad? – varios de sus compañeros le preguntaban lo mismo y le daban unas palmaditas suaves en la espalda.
- No, gracias por su preocupación – le sonrió sincera, no quería levantar sospechas.
- Entonces continuemos…
Al terminar la clase, Hermione corrió hasta el Gran Comedor. Ingresó en el lugar, mirando a todos a sus alrededores, buscando desesperadamente a sus amigos, encontrándolos en dos distintas mesas, uno en la de los tejones y el otro en la de las serpientes.
Harry estaba aplastado en un sitio muy lejos del resto, apenas y comía lo que la mesa le ofrecía, estaba más interesado en saber el porqué de repente tenía que usar un uniforme diferente y sentarse en la mesa enemiga.
- ¿Seguro que estas bien? – cuestionó Pansy, que curiosamente siempre quería sentarse o estar al lado de él.
- Ya te dije que si – volvió a contestar, tratando de zafarse del agarre de la chica, pero fue en vano.
- Pareces que has visto a un fantasma. Estas pálido, no comes y no hablas con nadie – comentó Zabini, sentándose en frente de Harry pero al lado contrario, a la vez que tomaba una roja manzana de la pequeña canasta que estaba allí.
- Bueno, de por sí, ya no hablas con mucha gente – insistió ahora Draco, sin mirarlos.
- Me iré a caminar por ahí – avisó Potter, poniéndose de pie y soltándose finalmente del agarre de Parkinson.
Sin esperar que nadie dijera nada, salió de la mesa lo más rápido posible. Caminó muy lento, fijándose en los estudiantes que estaban sentados en otras mesas, buscando alguna cara conocida. Y lo hizo, tropezó con su amiga Hermione (se había ido a sentar luego de ver donde estaban los otros dos), quien también le devolvió el contacto visual, dándole a entender que sentía la misma preocupación que él.
Por otro lado, también encontró a Ronald sentado en la mesa de los tejones, junto a todos sus hermanos, que hablaban muy animadamente entre ellos. Ron platicaba animadamente con alguien de aquella Casa. Al lado de él, estaba Fred y George que se reían de su hermana a todo pulmón, mientras que Ginny se hallaba roja hasta las orejas.
- ¡A Ginny le gusta Zacharias! ¡a Ginny le gusta Zacharias! – cantareaban a coro los Gemelos, provocando la risa de algunos.
- ¡Ya cállense que no es cierto! – exigía la chica enojada, que mirada de reojo al susodicho, esperando que no escuchara nada de lo que sus hermanos estaban gritando.
- Espera Ginny – intervino Ron, callando a sus hermanos momentáneamente - ¿no te gustaba… Dean? – los que habían escuchado se le quedaron mirando, como si estuviera loco.
- ¡Ya basta Ron, supéralo! – gritó su hermana, levantándose y yéndose lo más rápido posible, tratando de impedir que alguien viera sus lagrimas.
- ¿Y ahora que dije? – preguntó confundido a los Gemelos.
- ¿Qué no te acuerdas Ronnie? – cuestionó divertido Fred – nuestra bella hermanita estuvo saliendo con Thomas el mes pasado.
- ¿Y por que cortaron? – preguntó otra vez Ronald, más interesado que nunca, sabía perfectamente que algo no estaba bien, por lo que quería averiguar lo más que podía de ese extraño mundo en donde estaba.
- En verdad, Ron, tienes serios problemas de amnesia – se burló George.
- Ya, hablen de una vez – ordenó, cansado de las bromas de sus "hermanos".
- Bien, bien… no te alteres - empezó a narrar uno de los dos – Ginny estaba saliendo con Thomas, hasta que ella lo vio en una situación un tanto comprometedora con la prefecta de Gryffindor.
- De Gryffindor… - repitió muy bajo, logrando que nadie le escuchara. No dijo nada al respecto, no quería interrumpir la historia.
- Desde aquel día, le formó la guerra completamente, e incluso nos pidió ayuda a nosotros tres ¿recuerdas?, bueno, el punto es que al final Dean le dijo que realmente ya no la quería y le gustaba más la chica de Gryffindor. Ginny le abofeteó y le gritó que se pudriera – terminó de narrar, volviendo a comer un poco de patatas.
- Guau… - no pudo evitar decirlo, su hermana no era de enojarse tan feo.
- Si – dijeron inconscientemente Fred y George a la vez, recordando ese día.
- ¡Hermione! – llamó la rubia, corriendo en dirección a su mesa, tomando el puesto que estaba al lado de la castaña – te estaba buscando por todos lados.
- ¡Oh, Luna! – dijo Mione, detallando a la chica. Todo parecía completamente igual, exceptuando la parte en que la separaron de sus amigos y la obligaron a pertenecer a las Águilas, y para colmo, tenía que hacer que conocía a todo el mundo de esa Casa.
- ¿Me ayudaras? – preguntó amablemente Lovegood, sin dejar de mirarla – ya sabes, con mi tarea de transformaciones… me prometiste que si lo harías.
- ¡Oh, sí, verdad! – se hizo la olvidadiza, no podía salir diciéndole que nunca le había prometido tal cosa – bien, vamos a la Sala Común y allí te explico mejor ¿vale?
- Muy bien, vamos – accedió con gusto, yéndose a su Sala Común en compañía de Hermione, dándole tiempo para organizar sus ideas y pensamientos.
-¿Qué demonios está pasando aquí? – gritó molesto el chico de Slytherin, o como se tenía que hacer llamar allí, Gryffindor.
- Ni la menor idea, Potter – aseguró un aterrado y confundido Weasley.
Desde la noche anterior, tuvieron que irse a dormir a las habitaciones de los leones. Al momento de despertar, encontraron la habitación vacía y dos uniformes con el logo de Gryffindor, los cuales se tuvieron que poner, aunque fuera a quejas y refunfuñeos.
- ¡Ron, Harry, que bien que los veo! – dijo, para sorpresa de ambos, Neville Longttom, el estudiante que había sido seleccionado para Gryffindor, que era muy tope y olvidadizo.
- ¿Neville? – preguntó el pelirrojo en un hilo de voz, cuestionando la estancia del joven.
- Pues claro, ¿quién más? – bufó divertido, dándole un suave golpe en el hombro a cada uno. Acto seguido, les sonrió a ambos y salió por la puerta, dando uno que otro salto de felicidad.
- Primero… - susurró con molestia Harry, cerrando los ojos para evitar estallar por culpa de la rabia que sentía recorrer su cuerpo con intensidad – soy regañado por Severus, después me mandan para no sé dónde, y ahora me tratan como un cualquiera.
- Tranquilo, tampoco está siendo mi mejor día – añadió rápidamente Ronald, tratando de calmar a su malhumorado compañero, cortesía de su bendito espíritu Hufflepuff.
- ¡No me trates como si fueras tu amigo, traidor! – le apuntó con el dedo mientras gritaba, conteniendo la furia que exigía ser liberada – además… - sonrió malicioso, eso no era buena señal - ¿Cuándo has tenido tú un buen día, desde que te escogieron para esa mugrosa Casa?.
- ¿Harry?
Buenas, buenas Queridos lectores.
Espero que les esté gustando la historia hasta ahora, perdonen cualquier falta ortográfica o falla en algún nombre.
Pienso meter comedia, suspenso y uno que otro toque romántico, pero no se preocupen, no será nada intenso… o bueno, eso espero :v
Manifiesten su agrado con la historia con un Review. Todos los comentarios constructivos son aceptados, ya sean negativos o positivos.
Nos observamos luego, lectores felices ;).
¡Un beso!
