-No puede ser…-Murmuró Hazama con cierta molestia al notar por el rabillo del ojo a las personas que salían de la residencia.
-Uh oh. Más problemas.-Comentó con preocupación el peli-negro de las alas.
-Ah, esto es perfecto. Ahora tendré que llamar a inútiles para acabar con todos estos.-Habló el peli-rojo de manera despectiva. Volteó y miró de arriba abajo al chico celestino, como examinándolo. Sonrió y volvió la vista a los otros.-Supongo que valdrá la pena por ti.
-… ¿Por qué?-Logró hablar el chico, sorprendiendo a los demás.
-¿Hm?-Inquirió el otro.
-¿Por qué…? ¿Por qué tanto interés en mí? Si yo… No soy nada.
-Bueno…-Puso una mano debajo de su barbilla como si estuviera meditando.-Tienes algo… Algo interesante dentro de ti.
-… ¿Qué?
-¡Basta de tonterías! ¡Déjale ya y enfréntate a nosotros, escoria!-Exigió el de las alas. El peli-rojo volvió a mirarle sin importancia.
-Mira, tú. Realmente eres molesto. De hecho, me están haciendo enojar bastante. Terminemos con esto de una vez para poder seguir con nuestros asuntos.-Le sonrió una vez más al celestino de ojos azules, quien no podía dejar de mirarlo enmudecido.
-¡Por supuesto! ¡Ahora verás, rufián! ¡Tendrás tu merecido!
-Lo mismo digo.-Apoyó la peli-negra, abriendo el libro en una de sus manos para extender la otra mientras el objeto emitía un brillo.
-Jeje.-Por un momento pareció que el rojizo había cortado el aire con sus manos. Fue una total sorpresa para el pequeño azulino ver como una abertura obscura apareció de la nada, de donde salieron seres grotescos, horribles e intimidantes.
-¿Q-qué son…?-Cuestionó con miedo.
-¿Qué? Oh, ¿ellos? Solo son demonios inferiores con la única función de devorar… Casi lo mismo que Gula, ¿uh?-Murmuró lo último.
-¿D-d-demonios? ¿Q-qué?
-¿Eres lento para entender?
-¡Agh! ¡Para con eso! ¡¿Cómo te atreves a liberarlos?! ¡¿Sabes el daño que causarán?!-Reclamó la peli-negra, intentando detener a las infernales criaturas. Lamentablemente, no podía parar a todos y algunos ya estaban asesinando algunos de los humanos asustados y desconcertados.
-No me importa. ¿Lo olvidas? Soy un ser malvado y ruin. Soy terrible.-Dijo como si fuera un niño. Se defendió de un ataque del "ángel", apareciendo algo parecido a un revolver en su mano.
-¡En eso tienes razón!
-Qué obvio, angelito.
-¿A-angelito? ¡No te burles de mí!-Comenzó a blandir su espada enojado, el otro solo reía y esquivaba sus ataques sin problema alguno.
El "ángel" y el peli-rojo continuaron peleando, aunque solo el peli-negro era quien atacaba con su arma y el otro se limitaba a esquivar y reír. Mientras, la mujer comenzaba a frustrarse al ver como sus esfuerzos para defender a los humanos eran inútiles. Tan inútiles como se consideraba el chico mismo.
No podía hacer nada. No sabía qué. Ni siquiera entendía lo que sucedía. Saber que su amiga estaba sufriendo internamente y tanta gente inocente en peligro… ¿Qué debía hacer? Era un incompetente.
-¡Agh! Mal… Maldición…-Alcanzó a notar como la peli-negra había sido herida por uno de esos "demonios".
- ¡Ha-Haza…!
-¡No te muevas de ahí!-Le interrumpió. El celestino se sorprendió y observó que estaba junto a una gran multitud asustada. Todos refugiados bajo esa misma luz azul de antes. Era otro escudo, pero de mayor tamaño. Era obvio que la mujer era quien estaba protegiéndolos con ello como último recurso. Y su energía parecía agotarse.- ¡Gh!-Volvió a exclamar al ser atacada nuevamente. Su libro salió volando por los aires hasta atravesar el campo de luz y caer a los pies del conmocionado oji-azul.
-¡Ah! ¡Cuidado!-El peli-negro se enteró de los problemas que tenía la fémina, por lo que dejó de chocar su espada con el arma del otro para ir en su auxilio. Derribó al que casi le daba una mordida y luego cortó por la mitad a otros dos que venían.- ¿Estás bien?
-¡Tonto!
-… U-ups.-Expresó al caer en cuenta de su error. Volvió la vista al frente, sin la suerte de encontrar al ser.- ¿Dónde está?
-¿Se te perdió algo, angelito?
-¿Q-qué? ¡Wa!-Esquivó por poco una de las ondas de luz rojas de su contrincante. Este estaba en el aire, sonriendo e irradiando su inigualable ira.
Los gritos de las personas que no lograron ser protegidas aún se escuchaban. Eran desgarradores. Aun sabiendo que no debía, el pequeño miró.
Solo vio sangre, cadáveres desangrándose como si estuvieran a medio comer, y personas luchando por alejar a las criaturas que querían morderlos.
A sus ojos era una escena horripilante. Proveniente del mismo… Infierno. Bajó la vista con un profundo miedo y angustia. Asqueado por tal vista. Fue entonces que divisó aquel libro.
Quería hacer algo. No podía quedarse como si nada siendo un inservible ni un indefenso. Aunque sea intentaría algo.
Se dejó caer al suelo, terminando sobre sus rodillas. Abrió el libro con rapidez tras tomarlo entre sus manos y procedió a hojearlo. La mayoría de las páginas hablaban de hechizos o contenían escritos en un extraño lenguaje, junto a imágenes algo atemorizantes y confusas.
Por fin, abrió los ojos aún más al encontrar algo. Justo en lo que parecía un apartado que trataba sobre demonios, paró en la parte que hablaba sobre las siete almas corrompidas por el odio. "Los siete pecados".
Leyó con detalle y velocidad las palabras que venían escritas. Tragó saliva con dificultad, nervioso, y comenzó a sudar frío. Estuvo a punto de cerrar el libro y rendirse como el incompetente que creía ser, cuando de pronto, al cerrar el libro, notó un objeto oculto en las últimas hojas del libro.
Era un misterioso cuchillo. Nuevamente leyó aquellas páginas. Aun temblando, se levantó y miró en la dirección en la que se encontraban peleando los otros.
-Debo admitirlo. Son bastante buenos para resistir.-Rió el de mirada ámbar. La mujer y el ángel ya se encontraban jadeando y algo cansados, la fémina por todo el trabajo que estaba haciendo y el peli-negro porque aquél enemigo no era fácil de esquivar y atacar.-Pero no lo suficiente.
-U-ugh…
-Ahora sí. Acabemos con esto de una buena vez.-Levantó su brazo, formando un orbe de luz roja en su mano.-Espero que acaben en el infierno. Hm… ¿Los ángeles pueden ir ahí?-Cuestionó curioso más para sí mismo. Le restó importancia y comenzó a mover su brazo hacia adelante, dispuesto a lanzar aquel ataque. Una piedra fue lanzada de la nada, la cual esquivó sin inmutarse. Miró con seriedad a quien, una vez más, le había interrumpido. Se asombró ligeramente al descubrir que había sido aquel pequeño chico.
-¡O-oye!
-¡Nagisa! ¡Te dije que no te movieras fuera de la barrera!-Le gritó Hazama mirándole algo angustiada, igual que el ángel.
-Je. Eso es tener agallas. Cierto, cierto. Te prometí ser mi primera víctima, ¿no? No seas tan celosa.
-Atrévete.
-¿Em?
-¡A-atrévete a atacarme!
-Bastante valor tan de repente. Sí que eres interesante.-Dejó de levitar y, una vez en el suelo, terminó inmediatamente con toda la distancia que había entre ellos.-Sí así lo deseas.-Habló con voz cantarina.
-¡No!-Exclamaron con temor los otros dos. La peli-negra se dio cuenta del cuchillo en la mano de su amigo.
-"¿Acaso él…? No…"
Todo quedó en silencio, en un ambiente tenso, luego de que el celestino blandiera aquella arma y tratara de herir al contrario. Este detuvo el cuchillo sin inmutarse y le sonrió gatunamente.
-¿De verdad? ¿Intentaste atacarme así como así? Que tier… ¡¿Q-qué?!
Sin esperarlo en absoluto, sintió como el chico se abalanzaba sobre el con brazos abiertos, aprisionándolo en una clase de abrazo.
-… Sí lo hará.-La voz de la mujer había sonado con clara sorpresa. El otro la miró extrañado, mas guardó silencio y observó alarmado al humano.
-¡¿Qué diablos estás intentando?!-Finalmente su sonrisa había desaparecido al verse en tal desventaja. Entonces, el oji-azul procedió a ser quien sonriera. De una forma amenazadora.
-Detenerte... Ira.-Contestó, para luego sellar sus labios con los del contrario.
Todos los presentes quedaron sorprendidos y sin palabras ante tal suceso. Incluso los humanos y los demonios. El propio peli-rojo no sabía cómo reaccionar. Luego de unos segundos notó el extraño sabor que los labios del azulino le habían proporcionado.
Era sangre.
Ambos terminaron cayendo al suelo. El chico extrañamente con un profundo cansancio. El otro aún desconcertado.
-Tú… ¿Te atreviste a…? ¡Tsk! ¡Idiota!-Estuvo a punto de atacarlo, provocando aflicción en los otros dos que habían comenzado a correr en su dirección.
Sin embargo, una dolorosa descarga le rodeó, provocando que temblara y gruñera. Al final terminó sujetándose a sí mismo mientras se desplomaba a un lado del celestino.
-¿Funcio… nó?-Susurró débilmente, abriendo pesadamente sus ojos para mirar a quien había caído a su lado.
-Gh… No actúes como inocente. Sabías que funcionaría.-Habló con seria molestia, mirándolo con resentimiento.
-Así que… Finalmente hice algo bien… ¿No?-Su voz denotaba el agotamiento que había obtenido.
-¡¿Eh?!-Reclamó. Admiró lo débil que se encontraba el otro y suspiró.-Qué tonto. No mediste las consecuencias de esto, ¿cierto?
-Mm…-Mostró un ligero mohín de enojo. No tenía por qué recordarle que había sido despistado en cuanto a eso.-Solo quería que pararas… Deja a esta gente inocente.
-… Eres extraña.
-… Una cosa más…
-¿Qué?-Inquirió de mala gana.
-… Soy chico…-Así, terminó desmayándose. El otro lo miró incrédulo.
-… ¿Eh?... ¡¿QUÉ?!-No podía creerlo. Después de todo, llevaba puesto un vestido, su cabello era largo y su complexión era la de una chica.
-¡Ey! ¡Exigimos saber qué pasó!-Los otros dos ya habían llegado con ellos, y el ángel fue quien le habló al peli-rojo, quien se incorporó y volteó inmediatamente con una expresión de total escepticismo al mismo tiempo que señalaba al desmayado.
-¡¿ESTE ES HOMBRE?!
-… Sí.-Contestó la mujer. Llevó una mano a la sonrisa que comenzaba a formársele.-Alto, ¿pensaste que era mujer?-El otro no pudo evitar ruborizarse ante aquello. Se sentía un estúpido.
-¡Yo no tengo la culpa! ¡Este idiota parece niña!
-Pues "este idiota que parece niña" acaba de formar un pacto contigo.
-¿Q-qué? ¡¿Formó un pacto con este engendro horrible del mal?!-El ángel se notaba bastante sorprendido.
-Tú no eres una cosa muy bonita, ¿sabes, imbécil?-Gruñó el oji-ámbar.
-Sí. Debió haber leído mi libro en cuanto cayó cerca suyo.-Les mostró dicho objeto justo en las páginas que había abierto el chico anteriormente.-Encontró como encadenar a un demonio de los siete. Y lo hizo a la perfección.
-Tsk, ¡solo fue suerte!
-Claro.-Sonrió la mujer.
-¡No te burles de mí!
-No… Esto no puede ser…-Se lamentó el ángel.- ¡Wa! ¡No cumplí mi deber!
-¿A ti qué te pasa?-Cuestionó desconcertada.
-¡Él no debía aliarse con este!
-¿"Este"?
-Dejando eso de lado.-Habló la fémina.- ¿No deberías mandar a esas cosas al lugar de donde vinieron?
-¿Por qué debería? No quiero.-La descarga de antes volvió a presentarse en el "demonio", recordándole que el que había pactado con él prácticamente le había ordenado que dejara a los humanos.- ¡Agh! ¡Bien, bien! ¡De acuerdo!-Bufó. Abrió de nuevo el portal, el cuál succionó a todas aquellas criaturas. Cuando ya no hubo ninguna restante, lo cerró. Exhaló sin ánimos y se sentó a un lado del chico aún inconsciente.- ¿Qué pasa con los humanos?-Preguntó al ver a dichos seres estáticos en sus lugares.
-Les borro la memoria.-Respondió como si nada la mujer.
-Ah.
-Lamentablemente… Tengo que hacer que su madre le olvide.
-¿Hm?
-Será lo mejor… Lo lamento, Nagisa.-Susurró. El peli-rojo miró al pequeño chico. Suspiró y lo tomó entre sus brazos.
-¿Qué hacemos con él?
-Llevarlo a un lugar más seguro. Si tú estás aquí, tus hermanos también, ¿no?
-Correcto.-Canturreó.
-Sé a dónde llevarlo. Solo tienes que seguirme.
-… Solo porque ahora tengo que protegerlo.-Gruñó al recordar las pasadas dos descargas. Que sí, dolían como el jodido infierno mismo.-Por cierto, ¿a dónde fue aquel tarado?
-…-La mujer observó el alrededor, notando la falta de presencia del ángel.-Ni idea. Quizás fue a los Cielos.
-Maldito. Se libró de esto.
-Tú eres responsable de estar encadenado a él. Ahora atente a las consecuencias. Como sea, vamos.-Dijo en cuanto los humanos despertaron de su estado hipnótico y se cuestionaban el qué estaban haciendo. El peli-rojo recordó que la mujer se había disculpado con el chico por borrarle la memoria a alguien. No supo por qué, pero lo miró fijamente mientras este descansaba en sus brazos.
*.+A+.*
-¿Y este lugar?
-Es una casa. Específicamente una mansión.
-No soy estúpido.-Resopló con molestia.-Me refiero a que, ¿por qué este lugar?
-Es de mi propiedad. Al estar apartada, nadie sabe de ella. Es el lugar más seguro para él por ahora.
-¿Por ahora? ¿Lo dices por mis "hermanos"? Son astutos, igual que yo. Nos encontraran.
-¿Astuto? ¿Tan astuto que has sido domado siendo uno de los siete?
-¡No me esperaba que hiciera algo así, ¿entiendes?! Parecía bastante miedoso e indefenso.
-Indefenso, ¿eh?-La mujer le dio la espalda y procedió a entrar a la residencia, dejando al otro extrañado.
-¿Por qué el enojo tan de repente?
-Escucha bien. Tal vez lo parezca, pero él es lo suficientemente poderoso para ponerte a ti mismo en peligro.
-¿Qué?
-Eso misterioso en él… Es algo mortal. Razón por la cual hice que olvidara todo.
-¿Este chico? ¿Mortal?
-Sé que no puedes creerlo, pero así es.
-Ya, claro…
-… ¿Y ese silencio?-El peli-rojo suspiró fastidiado.
-Si realmente resulta tan mortal como dices, ellos también se interesarán en él. Y eso solo me dará más trabajo.
-Solo te interesa tu bien estar.
-Obviamente.
-Deberías empezar a preocuparte más por él. Ahora es tu prioridad.
-Qué tontería. Aparte, ¿no que es poderoso? Que se defienda solo.
-En primera, es un pacto, no lo puedes deshacer así como así. En segunda, ¿no escuchaste que lo hice olvidar todo por seguridad? Su poder está sellado.
-… Oh, ya veo… Tú misma le tienes miedo.
-…
-Acerté.
-… Juro… Juro por todo lo que existe en esta vida… Que si le llegas a decir eso yo misma busco forma de exterminarte incluso si debo ir al infierno por ello.
-Hm.-Sonrió gatunamente, hasta escuchar las palabras que continuaron saliendo de la boca de la peli-negra.
-Es demasiado para él el solo pensar que es un fenómeno. No necesito… No quiero saber qué sería de él si pensara que es un monstruo… O una amenaza.
El de la mirada ámbar observó fijamente a la mujer. Se notaba que el azulino era importante para ella.
-Qué ridículo.-Recibió una fría mirada por parte de la fémina.-De acuerdo. No le diré nada.
-… Hay algo que siempre me ha intrigado.-Cambió de tema.
-… ¿El qué?-El demonio no pudo evitar su curiosidad.
-Existen historias acerca de una guerra entre reinos, reinos no comunes en la tierra. Una guerra causada por la traición de alguien. ¿Es verdad? ¿Quién era ese traidor?
-… No tengo razón por la cual contarte.
-Puedo decirle que fuiste horriblemente malo y que te condene con otra descarga.
-N-no sabe cómo hacerlo.-Trató de mirarle con desafío.
-Yo le enseñaré.
-… Maldita bruja de mierda.-Refunfuñó entre dientes.
-¿Y bien?-El otro suspiró.
-Sí, es verdad. En cuanto a quién… Fue un bastardo odioso… Nada más que eso.
-Creí que había sido un heredero al trono del Infierno.
-Infratierra. Y sí, lo era. Terminó siendo un traidor repugnante.
-Así que ustedes también lo odian.
-…-El demonio se quedó mirando a la nada con el ceño fruncido y la ira en sus ojos.
-… Será mejor que lo lleves a descansar. En la parte de arriba hay una variedad de habitaciones. Puede dormir en cualquiera.
-… Me siento un estúpido mayordomo.
-Acostúmbrate.
El peli-rojo gruñó una vez más en esa noche, aunque de igual manera llevó al pequeño chico entre sus brazos a alguna de las recámaras.
Hazama observó el libro que había dejado en una mesa y lo tomó en sus manos. Luego se dispuso a asegurar la entrada, no solo usando llave, también creando una especie de campo de luz temporal para protegerlos.
*.+A+.*
Nagisa despertó abruptamente, con la respiración agitada y algo de sudor recorriendo su frente. No recordaba muy bien lo que había soñado, solo que fue algo sumamente aterrador.
-Vaya forma de despertarse.-Escuchó una voz frente suyo. Levantó un poco la vista y admiró al demonio de cabello rojizo mirándole mientras lo tenía rodeado de la cintura. Ambos estaban recostados en la cama de una habitación desconocida para él.
-Y-yo… ¿Qué…? Un momento… ¡ALÉJATE!-Le gritó, empujándolo para alejarlo, mas terminó creando el efecto contrario, con él siendo quien casi cayera. Claro, si no hubiera sido por la rapidez del demonio, quien lo tomó del brazo y lo jaló hasta acercarlo a su pecho, quedando ambos hincados sobre la cama.
-Agradecería que no hicieras más esas tonterías. En otra situación hubiera resultado en algo peor. Y, por si lo olvidas, ahora tengo que estar pendiente de ti. Por más que lo deteste.-Le susurró con una sonrisa pero una voz bastante seria. Después, soltó su brazo.
-L-lo siento.-Dijo tímidamente mientras se alejaba, de forma lenta y segura, quedando ahora frente a él y no cerca de su cuerpo. Sintió el calor recorrer sus mejillas ante lo último. Entonces, recordó lo que había pasado.
-Oh. Te acordaste.
-Cierto. Yo… Hice un pacto contigo. Bueno, ya puedes dejarlo.
-…
-…
-¿De verdad crees que es así de fácil?
-¿No hay manera de romperlo?-Sonó notablemente temeroso.
-Oh, sí. Claro que la hay.-Sonrió mientras su ceja hacia una especie de tic.
-¿Podrías decirme?
-Sí. Solamente tienes que esperar a que uno de nosotros MUERA.
-… A-ah.
-No leíste eso.-Sentenció chocando la palma de su mano con su propia frente.
-¡L-lo siento! ¡Estaba presionado! ¡No tenía idea de qué hacer! Solo quería detenerte.-Quedaron un rato en silencio, con el peli-celeste hecho un manojo de nervios y decepcionándose de sí mismo.-… Al final solo hice otra cosa mal…
-… Olvídalo. No es tan malo, en realidad. Para ti.
-E-entiendo… Si vas a tener que estar conmigo ahora, quisiera saber tu nombre.
-¿Hm? Ya lo sabes. Después de todo, hiciste el pacto.
-¡No voy a llamarte Ira! No sabiendo que antes no tenías esa alma endemoniada.
-… Cómo… ¿Cómo es que sabes eso?
-Yo… Lo leí.
-¡¿Leíste eso y no los problemas que conllevaba el hacer el pacto?!
-¡Perdona, ¿sí?!
-Realmente… Eres idiota. Y extraño.-Suspiró.
-U-um…
-Aunque eso te hace interesante… Parcialmente malo.
-¿Parcialmente malo?
-¿Realmente quieres saber mi nombre?
-Sí, pero… ¿Qué…?
-Karma. Ese es mi nombre.-Respondió finalmente, desviando la mirada.
-¿Eh? ¿De verdad?
-¿Qué? ¿Tiene algo de malo? Porque sinceramente, a mí me gusta.
-N-no, no es eso…-Suspiró y mostró una sonrisa amable y alegre.-Es un gusto, Karma. Yo…
-Eres Nagisa, lo sé.
-… ¿Qué?
-No debiste quedarte dormido. Me enteré de muchas cosas… Hasta de lo que traes debajo de la ropa.-Se burló al mismo tiempo que sacaba la lengua de manera traviesa. El contrario enrojeció al creer que era verdad.
-¡¿Qué, qué?!-Comenzó a agitar los brazos, desesperado.
-Mentira, mentira.-Rió,
-¡Ow!-Un quejido salió del oji-azul, quien sujetó su mano con una mueca de dolor.
-Aun no solucionas eso.-Miró la herida en la palma de su mano.
-N-no.
-Déjame ver.-Lo tomó de la muñeca y acercó la mano del pequeño chico a su rostro.
-¿Qué haces?-Inquirió nervioso. Nuevamente se sonrojó al ver como el otro lamía y besaba su mano.- ¡E-ey! ¡Para! … ¿Eh?-Sus ojos mostraron sorpresa al notar como la herida se desvanecía.
-Otro beneficio del pacto. Este, para ambos lados. Así que si llego a encontrarme mal herido, sabes que hacer.-Sonrió seductoramente causándole otro bochorno al azulino.
-C-creí que los demonios solo tenían poder destructivo.
-Uno más de los rumores esparcidos por los ángeles.
-… No quería sonar grosero. Perdón.
-Realmente no importa ya.
-Um… Esa historia sobre una guerra entre demonios y ángeles, entonces, ¿es real?
-¿Es que todos saben de eso?
-Bueno, Hazama-san fue quien me contó de eso. De hecho, hace poco.-Murmuró lo último.
-¿"Hazama-san"? Oh, ¿te refieres a la bruja?
-¡No le llames así!-Reclamó enojado. Otra vez apareció una descarga rodeando al peli-rojo, quien se desplomó en la cama.- ¡Ah! ¡Lo lamento!
-Deberías aprender a controlar eso. Al menos mientras estés consciente. No es juego, es horrible.-Bufó.-Y sí, esa historia es real. Hablando de la bru- Digo, "Hazama-san"-Hizo comillas con los dedos mientras intentaba imitar la voz del oji-azul.-Tal vez deberíamos ir a verla. Hace unas horas que se quedó abajo.
-Cierto. Esta debe ser la casa de Hazama-san. Ahora tiene sentido por qué no me parecía familiar.
-¿Qué tan despistado puedes llegar a ser?
-¡Ey!-El chico hizo un puchero con cierta molestia. No era su culpa ser así, lo era desde que nació. Al menos, eso creía él.
*.+A+.*
Un joven de cabellos rubios y tonos anaranjados se encontraba admirando la masacre que acababa de causar. Soltó al cadáver que tenía sujeto del cráneo y suspiró con algo de desánimo.
-Demasiado fácil. Aburrido. No es lo suficiente para mí.-Hizo un rápido movimiento para sostener entre sus manos la flecha que había sido lanzada. Miró con seriedad una figura entre los árboles.
-Si su majestad Superbia desea un reto… Unos "ojitos" me informaron que cierto hermanito con problemas de ira falló en su misión.
-Luxuria… Posiblemente solo lo abandonó como otras veces.
-Oh, no. Parece que tuvo un "pequeño" problema en forma de humano.
-¿Un humano? ¿Causándole problemas a uno de los siete?
-Bueno. No creo que sea cualquier humano. Es decir, hablamos del alma Ira, el demonio más incontrolable entre nosotros.
-Hm. ¿Quién te ha informado de esto?
-Gula, obviamente.
-… Retírate. Continúa con lo tuyo.
-En seguida.-Dijo melodiosamente aquella voz. El otro meditó por un rato hasta que una risa apareció en él.
-Interesante. Realmente interesante.-Apareció un orbe en sus manos, tratando de encontrar la ubicación que deseaba.-Me pregunto, ¿cómo será dicho humano para haberle causado tal percance a un demonio tan poderoso como él? … Sin duda alguna, debe ser alguien que valga la pena… Quizás finalmente pueda hacer uso de mis inigualables espadas.-Sonrió con malicia para luego levitar y marcharse a su nuevo destino.
*.+A+.*
