Buenas noches. Aquí el segundo capítulo.

Como siempre, las aclaraciones y comentarios en las notas finales...

Enjoy!


Haruya bostezó sonoramente mientras arrastraba sus pies, en dirección al baño. Se miró al espejo notando las horribles ojeras bajo sus ojos. Sinceramente, la anterior había sido la peor noche de su vida, peor incluso que cuando se formaban peleas o balaceras entre bandas de delincuentes a fuera de su casa, a eso de las tres de las mañana. Y todo por culpa de Gazelle.

Se mojó la cara tratando de despertarse y borrar esas imágenes de su cabeza, pero le era imposible, por alguna razón no podía dejar de pensar en esa piel nívea, que se veía tan suave y perfecta; en la delicada y algo femenina figura de Fuusuke; Y...¡Ay, por Dios! Si no dejaba de imaginarse ese tipo de tonterías terminaría con un problema entre sus piernas... Sí, todo era culpa del idiota de Gazelle.

-Al fin despertaste- dijo de improviso el albino, tomando por sorpresa a Burn.

-¡No hagas eso!

-Apresúrate y vístete- habló, ignorándole completamente.- Vamos a ir a ver a mis padres.

-¿Tus padres?- repitió perplejo Nagumo. Por un segundo creyó ver como el chico apretaba fuertemente lo puños y se mordía el labio inferior, pero decidió no preguntar.

-Sólo vístete ¿Quieres?- dijo sin emociones, dándole la espalda.- Puse tu ropa a lavar, saca lo que quieras de la mía- y se marcho sin más.

Haruya dirigió su mirada hacia el espejo. Suzuno siempre- desde que lo conocía- trataba de mostrar total desinterés al mencionar a sus progenitores, pero, sin importar lo frívolas e insensibles que sonaran sus palabras, Burn sabía que el albino los odiaba. Lo entendía, el también detestaba a los suyos. Sus padres habían sido malos, pero los de Gazelle no merecían perdón. Si bien no sabía más del tema que lo que Fuusuke le había confiado el la heladería, eso había bastado para que Haruya comprendiera el horror presente en la vida del chico. Era evidente que Gazelle jamás había tenido una buena imagen paternal, a diferencia de él, quien tuvo un padre más o menos responsable hasta los tres años – cuando lo arrestaron por un asesinato, desde ese día Haruya juró que no lo perdonaría-.

Se acomodó rápido el cabello y salió del baño. Lo mejor sería que se apresurara y fueran donde los progenitores del albino lo antes posible, así zanjarían el tema de una vez.

Revolvió los cajones en busca de algo normal que ponerse, pero nada, sólo encontraba pantalones de cuero ajustados, poleras elasticadas muy cortas, shorts extremadamente pequeños y ropa interior que no dejaba nada a la imaginación. Guardó las cosas como estaban y se abanicó la cara con las manos, sólo pensar en Gazelle usando esa ropa era suficiente para alborotarle las hormonas- y algo más-. ¿Acaso Fuusuke no tenía ropa normal? Bueno, si tenía, cuando había ido a visitarlo al baño estaba vestido con una polera azul holgada sin mangas y un short blanco hasta arriba de la rodilla.

Se asomó por la puerta de la habitación y vio a su compañero sentado en el sofá de la sala, viendo la televisión.

-Gazelle...- llamó.

-¿Qué quieres?- le preguntó sin siquiera mirarlo.

-¿Tienes algo de ropa normal que me prestes?

Suzuno se levantó con desgano y entró a la habitación. Se acercó a un ropero- en la esquina opuesta de la habitación donde Burn buscaba- , revolvió un poco la ropa y le lanzó una polera roja y un pantalón de tela negra. Después abrió un cajón dentro del mismo armario y le pasó un bóxer azul.

-Gracias...- murmuró apenas Nagumo, viendo como su "amigo" se devolvía a la sala.

Se vistió velozmente y salió de la habitación. La ropa le quedaba de maravilla, aunque un poco larga- Fuusuke era unos centímetros más alto que él, era injusto, se suponía que él era el mayor.-. Fuese como fuere, se paró tras el sofá y puso su mano sobre el hombro de su compañero. Suzuno se levantó y salieron del apartamento.

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Tomaron el autobús en la parada más cercana. Haruya estaba algo emocionado- aunque no quisiese admitirlo.-, deseaba conocer el lugar donde Gazelle había nacido y crecido. El viaje se le hizo bastante largo, pero, por lo menos, se había divertido observando el paisaje. Le parecía increíble como de pasar a estar en un buen barrio terminaron en medio de una población marginal, las diferencias si que eran abrumadoras. Miró a Fuusuke de reojo y volvió su vista hacia las calles. Le resultaba difícil creer que ese chico había nacido en un lugar así, o sea, él también venía de un barrio pobre, pero jamás como aquel lugar. Su pequeña y humilde casa de madera parecía un palacio al lado de las casa de cartón y lata que venía viendo desde hacia algún tiempo.

El pasado de Gazelle era más terrible de lo que había imaginado.

Se bajaron en una parada completamente destruida y comenzaron a caminar calle abajo. Haruya tomó a Suzuno de la mano, a pesar de la expresión fría en el rostro del albino, Burn sabía que en el fondo estaba enojado.

-Tranquilo, todo va a salir bien, yo estoy contigo- le dijo, dibujando una sonrisa en su rostro. Quizá no era la persona indicada para dar esas palabras, pero no deseaba quedarse de brazos cruzados.

Gazelle se volvió a mirarlo y le devolvió la sonrisa con los ojos. Le resultaba muy tierno que su "amigo" buscara reconfortarlo, pero él sabía que era inútil, toda esa rabia que sentía jamás desaparecería. No le gustaba recordar todo lo que había pasado, todos los golpes, los abusos, la violencia psicológica, las peleas, los gritos...Simplemente anhelaba que todo se fuera, que lo dejara en paz de una vez, y justo ahora que lo estaba logrando- gracias a Nagumo.- terminaba cayendo a lo mismo de nuevo. No importaba cuanto corriera, las sombras del pasado siempre parecían estar un paso delante de él.

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Llegaron a una "casa" de lata luego de unos cinco minutos. Se quedaron contemplando la delgada y frágil puerta por segundos que parecían eternos. El albino cerró sus ojos con fuerza, mientras apretaba la mano de Burn en un vano intento de calmarse. Toda esa ira dentro de él parecía crecer a cada instante, cubriéndolo, consumiéndolo...Aunque no era sólo eso, sino también el miedo, ese de que las cosas volviesen a ser como antes... Pero debía tratar de ser fuerte, no únicamente por él, sino que también por Burn.

Empujó la puerta- que estaba abierta- y entró sin más. Haruya lo siguió sin soltarle la mano, ese lugar no le gustaba para nada.

La vivienda era pequeña, oscura y fea, y tenía un olor asqueroso, como a marihuana mezclada con sudor, cigarrillo, alcohol y otros tantos que Nagumo no podía reconocer. Gazelle apretó aún más la mano de su compañero. Quería volver a su casa, cuanto antes mejor. Todo dentro de esa casa: Los muebles, los muros, el olor, todo le recordaba el martirio que tuvo que soportar por tantos años.

Siguieron caminando hasta llegar a una habitación donde encontraron a unas seis personas mayores aspirando un polvo blanco por la nariz. Los adultos se volvieron a ver que estaba pasando y comenzaron a reír.

-¡Fuusuke-kun!- gritó con euforia la única mujer del grupo, recibiendo una mirada de hielo por parte del aludido.

Burn la observó atónito. Era realmente hermosa. Tenía el cabello largo y desordenado, de un impecable tono blanco, igual que el de Suzuno; los ojos- con las pupilas notoriamente dilatadas y un tanto rojos por la droga- grandes y de un hipnotizante color verde, enmarcados por unas largas pestañas albas; sus facciones eran finas y su cuerpo delicado y bien formado. De seguro era la madre de Gazelle, ahora entendía de donde el chico había sacado su belleza.

Se quedó embelesado observando a la mujer, pero volvió en sí cuando sintió la mano de Fuusuke apretando la suya con más fuerza de la debida. Se volvió a mirarlo y, como esperaba, el albino mantenía la misma expresión gélida de siempre, aún así, Haruya sabía que por dentro era un desastre de emociones luchando por salir. Le sonrió tratando de traspasarle algo de calma, pero no era suficiente...

Gazelle metió su única mano libre a su bolsillo, sacó un fajo de billetes de tamaño considerable- lo suficiente como sustentarles el vicio por todo el mes- y lo lanzó con violencia sobre el regazo de su madre. Entonces se volteó y comenzó a jalar a Burn hacia la salida. De pronto, un hombre rubio de ojos azules lo tomó por la muñeca, deteniéndolo.

-¡No se vayan!- rió.- Apenas acaban de llegar...¿No quieren un poco de cocaína?

Suzuno le lanzó una mira de hielo y se zafó del agarre con brusquedad. Haruya se quedó mirando la escena, cuando sintió como otro hombre -de cabello blanco y ojos azules, al que pudo identificar como el padre de Gazelle.- lo sujetó por los hombros.

-Eres realmente lindo- le susurró al oído. Burn sintió un escalofrío que lo recorría de arriba abajo. Los ojos de aquel sujeto le inspiraban un sentimiento de inseguridad y locura. Era como estar delante de un lobo disfrazado de cordero, listo para atacar sin compasión a su presa.- ¿Te gustaría acostarte conmigo?

Suzuno jaló a Nagumo hacia sí y se colocó delante de él, tratando de protegerlo. No iba a permitir que su padre tocara a la única persona que amaba. Nagumo tomó a su defensor por los hombros, sin poder dejar de temblar. Quería ayudarlo desesperadamente, pero no podía.

El adulto se rió un poco y se acercó peligrosamente, tomó al menor del mentón y acortó la distancia entre sus rostros.

-No te sientas celoso, hijito- le dijo. Gazelle quiso apartarlo, pero no podía, su cuerpo estaba petrificado por el miedo.- Podemos hacer un trío ¿Te parece?- se calló por un momento y amplió su sonrisa al ver el terror en los ojos del menor, ese mismo que disfrutó causándole en su infancia.- ¿Te acuerdas cuando tenía cinco años? Eras tan obediente... Siempre hacías todo lo que te pedía.

El hombre coló una de sus manos por debajo de la polera de su hijo y comenzó a tocarle el pecho, mientras que, con la otra, le sujetaba el trasero. Fuusuke no sabía que hacer, no podía defenderse, no podía hacer nada, estaba totalmente indefenso y paralizado ante aquella situación. Era lo mismo que en su niñez, la misma sensación de asco, miedo y desesperación. Apretó los ojos con fuerza y esperó lo peor, pero, de pronto, sintió como Haruya lo jalaba con fuerza y lo liberaba del mayor. Ambos corrieron tan rápido como sus piernas se lo permitieron, y no se detuvieron hasta que llegaron a la parada, donde – para su buena suerte.- había un bus esperando. Se subieron y se sentaron en el último asiento.

-Gazelle ¿Estás bien?...Gazelle... Gazelle...¡Fuusuke, responde!- le gritó Burn, mientras lo sacudía por los hombros. El aludido no reaccionaba, sólo tenía los ojos perdidos en la nada, llenos de pánico.

Nagumo se sentía culpable por el estado de su compañero, si sólo fuese un poco más fuerte... Quizá así habría sido capaz de defenderlo.

Se quedaron en silencio mientras sentían como el autobús se ponía en marcha. El ambiente se percibía tenso a más no poder, era tan malditamente molesto y desquiciante...

-¿Por qué?- balbuceó Gazelle después de un rato, sin cambiar la expresión de su rostro. Haruya se volvió a mirarlo con impotencia, sintiéndole aún peor al ver los ojos llorosos del chico.

-¿Por qué, qué?- le devolvió, con la voz algo temblorosa.

-¿Por qué me tratas tan bien?¿Por qué...Por qué me tratas como a una persona y no como a un objeto? No lo entiendo- Suzuno pareció volver en sí y miró a Burn a los ojos mientras le hablaba. Era increíble la forma en que el chico podía mantener su voz monocromática en situaciones como esas, pero, aún así, no pudo evitar que una solitaria y pequeña lágrima rodara por su mejilla, dejando un camino brillante en su rostro.

Nagumo sonrió y atrajo al albino hacia él. Puso la cabeza del menor sobre su pecho y lo abrazó de forma sobre protectora, mientras le acariciaba el cabello, lentamente ,con una de sus manos. Se sentía terrible consigo mismo por su inutilidad, pero, aún así, quería poder ser de ayuda, aunque fuese sólo de aquella manera...

-Porque no eres un objeto, Gazelle...Eres una persona, la más maravillosa que conozco- le susurró despacio.

En momentos como ese le importó un comino que toda la gente del autobús los mira mal, que secretearan entre ellas quizá que cosas, incluso los insultos que profirieron en su contra. Todos podían irse a la mierda si quería, a él no le importaba.

-Te amo...- susurró, atrayendo a Gazelle más hacia si.

El albino se acurrucó en el pecho de su "amigo", con un pequeña sonrisa dibujada en su rostro. Pronto se olvidó de sus padres, de la gente, de sus miedos, de la ira y el dolor, de dónde estaba, hasta de quien era. Lo único que deseba era que ese mágico momento durase para siempre.


Bien, debo decir que este capítulo me costó bastante. Al principio iba a escribir un lemmon con un argumento totalemnte distinto, pero luego me arrepentí y comencé el capítulo denuevo. La segunda opción tampoco me gustó y terminé reescribiéndolo todo otra vez, hasta que quedé en esto. Sinceramente, no me ha gustado mucho, pero finalmente son ustedes los que deciden si está bien o mal...

Ahora, quizá algunos se preguntarán que hago aquí si se supone que estaba de vacaciones lejos de mi casa, pero, bueno, la salida se canceló. Nada realmente importante.

Emmmmmmmmmm... También quiero, y espero no les moleste, contestar un review que me llegó, el cual me hizo bastante gracia y me pareció un tanto tierno:

Touko-chan: Bueno, no sé como reaccionar ante esto. ¿Tú única gran ídola?...Enserio, muchísimas gracias, pero debo decirte (escribirte) que aquí en Fanfiction hay escritoras(es) que me hacer ver como una simple aficionada sin talento real... Aún así, gracias, es un placer saber que mis historias te gustan...

Vale, cambiando de tema... muchisimas gracias por darse el tiempo de leer. Espero este capítulo haya sido de su agrado...