Los personajes pertenecen a Suzanne Collins, la Historia es 100% original; cualquier parecido con alguna otra es mera coincidencia.
Capítulo 2
Escucho a la perfección como la lluvia insistente no ha parado, no tengo idea de la hora que es pero sospecho que es tarde. Por más que quiero abrir los ojos no puedo, los parpados me pesan demasiado, estoy acostada en una cama muy cómoda, no estoy sola, el calor corporal de mi acompañante me invita a quedarme el resto del día en la cama; mi mano se posa sobre un pectoral bien definido, seguro desperté anoche con una de mis pesadillas y Gale acudió a mi rescate. Deslizo mi mano hacia abajo del pectoral sintiendo el cosquilleo en mi palma gracias al vello del pecho de Gale, siento a la perfección cada uno de sus abdominales hasta que llego a su camino feliz. Mi cabeza descansa sobre la almohada más cómoda del mundo y…un momento, ¿la almohada más cómoda del mundo?, esa almohada solía ser el pecho de…
Poco a poco abro mis parpados y levanto la cabeza hasta encontrarme con los labios cincelados entreabiertos, las pestañas largas que descansa sobre sus mejillas y el cabello rubio revuelto en el que me encanta enredar mis dedos cuando me toca. Peeta duerme profundamente debajo de mí asegurando en un gran abrazo mi cuerpo con el suyo. La sangre abandona mi cuerpo y empiezo a respirar entrecortadamente.
Apoyo las manos a cada lado de la cabeza de mi antiguo acompañante de cama y levanto despacio mi cuerpo hasta despegarme del suyo, cuando estoy solo unos milímetros suspendida sobre Peeta, este asegura más su agarre a mi enredando más sus piernas con las mías y abrazándome más fuerte contra su cuerpo, abre poco a poco sus hermosos ojos azules y me mira con el ceño fruncido.
— ¿Tan pronto quieres escapar de tu raptor? — Su voz es fría, no me sonríe como cuando despertamos juntos después de que me "raptara" de la Cuba hace unas semanas y le entregara mi virginidad. Me enoja, él no tiene por qué tratarme así, después de todo él fue el que me rapto anoche.
— ¿Qué hago aquí? — Imito su tono de voz y frunce más el ceño, lanza un sonoro suspiro y acomoda su abrazo en mi espalda baja, me acomoda sobre su cuerpo y mis manos tocan sus desnudos y fuertes pectorales.
— Buenos días, disculpa que mi rostro no sea el que quieres ver a primera hora de la mañana, pero no nos dejaste alternativa.
— ¿Nos dejaste?, ¿a quienes no les deje alternativa? — Frunce los labios, relaja su ceño y medita lo que me dice a continuación.
— Obtendrás todas las respuestas que quieras, pero después de que me respondas a mí una pregunta. — Su rostro se transforma de enojo a preocupado en un nanosegundo. — ¿Hace cuánto que no comes?
Su pregunta me desconcierta.
— No te voy a responder. — Frunzo el ceño y tarto de levantarme de la cama. Su voz ronca a primera hora de la mañana provoca en mi cuerpo reacciones que no debo tener.
— Me preocupas. Respóndeme ¿hace cuánto que no comes?
— No creo que te deba una respuesta. Además tú no me cuidas eternamente.
— Ya sé que no te cuido, pero al menos podrías responderme por educación. — Su rostro se va transformando poco a poco en enojo.
— Ayer comí con Gale y Ceaser. — Ladea la mandíbula y me mira como diciendo ¡No me tomes el pelo!
— Ayer los acompañaste a comer, tú apenas tocaste tu comida, Te lo pregunto por última vez y espero una respuesta sensata. ¿Hace cuánto que…
— ¿Y si no te respondo, que?, ¿me vas a azotar? — Levanto la ceja desafiándolo y el imita mi gesto.
— Si no me dejas otra alternativa…
— ¿Me golpearías Peeta? — Espero que no, me gusta el Peeta adorable. Espera… tengo que salir de su abrazo cuanto antes.
— No me tienes muy contento señorita Everdeen, si ayer te emborrachaste con cuatro margaritas, es porque no habías comido absolutamente nada, las bebidas en la Cuba no suelen ser muy fuertes. Así que no tienes a la suerte, y respóndeme de una puta vez. — Poco a poco Peeta se va enojando, me avergüenzo por mi comportamiento infantil y bajo la mirada.
— La ultima comida decente que comí fue el domingo antes de irme de tu Pent-house.
Respira pesadamente y levanto la mirada para ver su rostro preocupado y lleno de culpabilidad.
— ¿Tanto te afecto? — Se de lo que habla. Vuelvo a bajar la mirada y unas pequeñas lágrimas empiezan a picar en mis ojos. — Tomare eso como un sí. Preciosa mírame. — Levanto la mirada y nuestros ojos se encuentran. — Prométeme que no lo volverás a hacer, prométeme que pase lo que pase vas a comer como debe de ser. No eres una niña a la que se le tenga que rogar para que coma. — Bajo la mirada nuevamente y Peeta me levanta la cabeza por la barbilla para mirarnos a los ojos de nuevo. — Tenemos mucho de qué hablar, pero lo haremos después de comer. Arriba.
Se levanta y me deja acostada en la cama apoyándome con los codos, se mete en el vestidor y habla demasiado fuerte para el dolor de cabeza que tengo.
— ¿Quieres pantaloncillos cortos o largos?
— ¡Dios Peeta, no grites! — Me tapo los oídos con mis manos y me hago un ovillo en la cama. Él se ríe y me entrega unos pantaloncillos cortos.
— Te daré una pastilla para el dolor de cabeza, ponte los pantaloncillos y acompáñame a desayunar.
Salgo de la cama y mis pies tocan el suelo frio, visto una camiseta blanca de Peeta y unas bragas de encaje, seguramente Peeta conserva parte de la ropa que me compro. Me pongo los pantaloncillos y me reúno con él en el marco de la puerta, me sede el paso y caminamos hombro con hombro hacia la cocina.
Una vez allí saca del refrigerador zumo de naranja, un tazón, bacón, huevos, fruta, entre otras cosas. Me posiciono a su lado y tomo los huevos y el tazón, me los quita y me señala el banquillo de la isla de la cocina.
— Siéntate Katniss, yo me encargo.
— Quiero ayudar.
Me toma de los hombros y besa mi frente, me da la vuelta y me acompaña al banquillo.
— Compláceme.
Esa maldita palabra hace que me derrita por él. Obedezco mientras observo sus elegantes movimientos en la cocina. No soy consciente que frente a mí coloca una pastilla y un vaso con zumo de naranja.
— Tómatelos, el zumo también, todo. — Su mirada es severa, pero cuando nuestros ojos se encuentran la mirada se dulcifica, rápidamente aleja sus ojos azules de mí y continúa preparando el desayuno.
Comemos en un cómodo silencio, huevos revueltos con bacón y un tazón de frutas se ha vuelto mi primer desayuno decente que he comido en días. Pero la mirada insistente y de preocupación de Peeta me impide terminar con mi desayuno.
— Tienes que comer Katniss. — Una vez más observa mis movimientos.
— No cuando siento que estudias cada movimiento que hago.
— Lo siento, prometo no hacerlo si tu prometes terminar todo lo que hay en tu plato.
— Lo intentare.
Y de verdad lo hago, trato de terminar mi desayuno, pero no son solo las miradas de Peeta, es toda la situación que me rodea en este momento. Tiene que responderme muchas preguntas. Cuando ya no puedo más retito mi plato y lo alejo lo más que puedo de mí.
— ¿Es todo lo que vas a comer? — Pregunta Peeta con los codos sobre la isla de la cocina y mirándome con las cejas levantadas.
— ¿Cómo llegue aquí?
Suelta un sonoro suspiro, apila los platos, los vasos y tazones y pone en marcha la lavavajillas.
— Ven a la sala, creo que es tiempo de hablar.
Lo acompaño y nos sentamos en el mullido sillón, ese que en semanas atrás Peeta me hizo suya para hacerme gritar de placer. Nos acomodamos de manera que quedamos frente a frente pero guardando algo de distancia. Peeta suelta un suspiro, tuerce la boca, para después mirarme a los ojos.
— Primero que nada te quiero pedir perdón Katniss. — Mi ceño fruncido lo hace bajar un momento la mirada pero después nuestros ojos se vuelven a encontrar. — Si perdón.
— ¿Perdón por traerme aquí? — No entiendo nada.
— Perdón por todo. — Se pasa las manos por el revuelto cabello rubio y las baja a su hermoso rostro. — Cuando te vi en mi oficina el día de la junta de requerimientos y dejaste a mis empleados con la boca abierta, supe que ibas a ser mía.
— ¿Cómo estabas tan seguro?
— Cuando Delly me engaño con ese imbécil, me dedique a divertirme con mujeres, quería hacerles pagar lo que esa perra me hizo. Pero cuando te conocí me gustaste. Te perseguí hasta el cansancio, hasta que estuviste a mi merced en La Cuba, te propuse ir a algún lugar en el cual hacerte mía, tu aceptaste y me apunte un punto a mi favor, mismo que borre cuando supe que eras virgen. — Bajo la mirada, todavía me de vergüenza pronunciar ciertas palabras frente a Peeta. — Bien pude dejarte en tu casa y llegar a arrumacos, pero te necesitaba, necesitaba hacerte mía a como diera lugar. Cuando estuve dentro de ti, me hiciste reaccionar, me hiciste darme cuenta que tú no tenías por qué pagar como lo hicieron otras.
— ¿Entonces el trato no fue porque te enamoraste de mí? — Baja la mirada y mi corazón se hace trizas.
— Después de hacerte mía de inmediato supe que no me conformaría con una noche, después vino la llamada de Prim, y me dio una idea.
— ¿El trato? — No sé a dónde quiere llegar.
— No, pregunte tu itinerario del día y me dijiste que ibas a buscar donde vivir para pagar la carrera de tu hermana. Me diste una idea cuando dijiste lo de buscar un lugar nuevo. De allí nació el trato que teníamos, me asegure que nadie más te tocara, solo yo.
— ¿Querías tener sexo conmigo y por eso me propusiste el trato? ¿Qué hubiera pasado si no hubiera aceptado?
— Es de lo que más me arrepiento. — Mi ceño se frunce y lo miro extrañada. — El trato tenía un plan B, si no aceptabas mi propuesta de vivir conmigo te iba a atrapar pagando la carrera de estudios de Prim.
Suelto un grito ahogado y me llevo las manos a la boca, ¿este hombre está enfermo?
— Te iba a atrapar a como diera lugar Katniss, no quería dejarte ir. — Lagrimas empiezan a salir de mis ojos y empiezo a temblar. — Me arrepiento Katniss, me arrepiento de mi comportamiento; pero no te preocupes, pague muy caro mi perversión. A los pocos días de tenerte conmigo, de compartir mi cama, mi tiempo, mis pláticas, mi familia contigo, me enamore; me enamore perdidamente de ti. Te investigue, quería saber que escondía la mujer que se había robado mi pensamiento y mi corazón.
— Por eso sabes lo de Snow. — No se lo pregunto, Peeta ya sabe quién es ese malnacido.
— Si, por eso se quién es él. Pague muy caro mi perversión. Tú eres inocente, pura, prácticamente una niña en cuestiones de sexo.
Mi cerebro trata de procesar todo lo que me ha dicho Peeta. Prácticamente me acorralo para que me acostara con él. Y lo quería hacer para que aceptara el trato que teníamos. Mi respiración se vuelve entrecortada y trato de acomodar los hechos que me ha relatado.
— Di algo. — Peeta me observa y levanto mi rostro para encontrarme con una mirada llena de preocupación.
— Es difícil de procesar.
— Lo sé. Pero tú me amas. — Sonrió irónicamente
— ¿Por qué estás tan seguro?
— Porque si lo hicieras, no estuvieras así, no has comido ni dormido en días. Te encerrabas en el departamento de Gale y no salías para nada hasta este viernes.
— ¿Cómo lo sabes?
— Gale. — Baja la mirada, arrepentido. — Hablaba todos los días con él, preguntaba por ti y él me lo contaba todo. Se escuchaba preocupado por ti, y yo me sentía impotente, enojado y sentía que debía mantenerme alejado de ti, pensaba que lo superarías pero no pude resistirme, logre que Ceaser y Gale te llevaran a La Cuba, quería arreglar las cosas contigo, pero después te emborrachaste y ya no pudimos habar.
— Así que todo estaba planeado. — ¿Por qué no estoy enojada?, debería de estarlo, pero saber que Peeta se preocupaba por mí y que planeara este encuentro me gusta, pero también me asusta.
— Algo así. Katniss… — Toma mi barbilla con sus dedos y nuestra mirada se encuentra. — Te amo, te amor y demasiado, quiero meterte en una burbuja de cristal y que nadie te toque. Quiero protegerte de todo y de todos. Pero también sé que no confías en mí. Cuéntame quien es él, yo puedo ayudarte.
Lo pienso, lo pienso y veo los pros y los contras de decirle a Peeta acerca de Snow. Al final me rindo.
— Coriolanus Snow es un mafioso que hizo negocios con mi padre, claro que mi padre en cuanto se enteró del tipo de negocios que tenía rompió todo nexo con él, pero al parecer a Snow no le pareció buena idea. La muerte de mi padre fue muy sospechosa, y cuando pensábamos que nos había asegurado un buen futuro al morir, resulta que sus cuentas estaban vacías, afortunadamente la casa donde viví hasta hace algunos años está completamente pagada, pero no teníamos que comer. Por muchos años me dedique a cuidar a mi hermana y madre, no solía involucrar mis sentimientos con nadie que no fueran ellas; todo estaba bien hasta que llego Tyler. Él fue mi primer novio, el primero que permití que mi corazón quisiera a parte de mi familia. Un día un coche nos intercepto, iba con Prim y Tyler al volante, el coche hizo que nos volcáramos y saliéramos de la carretera. Intentamos huir, pero llego Snow hasta nosotros, tomaron a mi hermana y a Tyler, me amenazó en hacerme pagar lo que mi padre no pago, y que lo iba a pagar con lo que más amaba; le pego un tiro en la cabeza a Tyler y este murió al instante.
— ¿Por eso huiste?
— No, después de llegar a casa con Prim el miedo se apodero de mí, sabía que Snow me vigilaba, y que en cualquier momento Prim tendría el mismo fin que Tyler. Hable con mi hermana y juntas ideamos un plan, yo iba a fingir una pelea con mi madre, quería que los vecinos se enteraran que abandonaba a mi hermana y a mi madre a su suerte y yo me iba lejos para jamás volver. Y así lo hice. Estoy en contacto con Prim los sábados, porque ella cuida a una anciana en su casa, así que desde allí hablamos
— ¿Y hace cuanto que no las ves?
— Unos años a mi madre y hace dos años a Prim.
— ¿Por qué decidiste venir a Chicago?
— Una vez escuche a mi padre decir que en Chicago estaríamos a salvo si Snow decidía hacernos daño.
— ¿Sabías que Snow tiene un enemigo en Chicago? — ¿Enemigo?
— ¿Cómo la sabes? — Peeta me limpia una lágrima que rueda sobre mi mejilla y sonríe de una manera encantadora.
— Yo tambien tengo mis contactos Preciosa. — Peeta me acerca hacia él sin ningún esfuerzo, prácticamente puedo esconder mi lloroso rostro en el cuello del hombre que amo y llorar todo lo que quiera. — Pero ¿porque no aceptas tu amor por mí?, ¿Por la amenaza?
Asiento y es cuando Peeta me sube a su regazo, me abraza y mis intenciones de esconderme se cumplen, me aferro a su camiseta y lloro inconsolablemente, este a su vez me consuela pasándome las manos por la espalda.
— Entonces me amas. — Vuelvo a asentir. Ríe y hace que nuestra mirada se encuentre. — Quiero oírtelo decir.
Logro sonreír un poco y enredo mis brazos alrededor de su cuello.
— Te amor Peeta Mellark. Pero tambien tengo un miedo que jamás sentí.
— ¿Miedo por amarme?
— Miedo a perderte, que Snow cumpla su amenaza y termines igual que…
— Jamás va a pasar, ¿Tú crees que un lunático me va a separar de ti?, yo tambien tengo contactos, no en el bajo mundo, pero si legales. Te aseguro que voy a estar bien, nada malo va a pasarme. Ten un poco de fe en mí.
— De acuerdo.
— Bien. — Sonríe y su mirada juguetona vuelve a sus labios. — Dímelo de nuevo. — imito su sonrisa y acerco mi boca a la de él.
— Te amo Peeta.
— Y yo a ti Katniss. Ahora que ya no puedes arrepentirte de amarme tengo un nuevo trato para ti. — Y Abro los ojos y Peeta se echa a reír. — No te preocupes este trato es decente.
— Habla.
— Vive conmigo, se mi novia, esta vez no tendrás que darme ningún orgasmo a cambio, solo seremos tu y yo, quiero compartir contigo todo lo que tengo, mi cama, mi cocina, me pent-house, todo. Te amo y hagamos real lo que mi familia piensa que es real. ¿Qué dices?
— Si, acepto ser tu novia, y todo lo que dijiste.
Me abraza y nuestras bocas se unen en un tierno beso. Mi boca lo necesitaba tanto; su lengua juega con la mía, bailan una danza que solo ellas entienden, me pierdo en su boca recibiendo sus tiernas caricias en mi cintura y piernas. Rompemos nuestro beso y cierro los ojos disfrutando de las manos de mi ex arrendador favorito. De mi novio.
Hola de nuevo, perdon por la tardanza, pero mi maquina sigue descompuesta.
Les dejo este nuevo capitulo, que a pesar de que se ve un final feliz no todo es felicidad para estos dos. habra muchas sorpresas en esta historia. Espero sus reviews
Saludos, gracias por leer y recomiendesn la historia!
