Capítulo II
El Regreso
La Torre Tokio estaba repleta de curiosos y fanáticos que deseaban ver actuar en vivo a la Diva Japonesa. Era un gran revuelo. El sector destinado a las grabaciones estaba todo vallado y repleto de cámaras y luces y los policías japoneses hacían un esfuerzo sobrehumano para mantener a los fanáticos en sus lugares, mientras que el director de la película hacía malabares para evitar filmar a la gente que observaba, Umi estaba inusualmente nerviosa, como nunca lo había estado, ni siquiera la primera vez que había actuado en vivo en el teatro más importante de Inglaterra. Ese lugar la ponía nervosa, la gente la ponía nerviosa. Pensar que entre la multitud podrían estar ellas. Equivocó su letra un par de veces, a la vez que jugaba nervosamente con sus dedos.
Después de varios intentos de grabar una escena completa, el director perdió la paciencia.
-¡Corten! ¡Corten!... Umi, es la décima vez que olvidas tus líneas.
-Yo… lo siento…
-¡Tómense un descanso! Continuaremos luego.- dijo al resto del elenco. Luego se acercó a Umi y se dirigió a ella con cierto tono paternal. Ya la había dirigido en varias películas y la quería casi como a una hija.- ¿Qué ocurre contigo? No eres de las que se ponen nerviosas ante la multitud.
-Lo siento… Es este lugar…
-Sé que estar en Tokio no es fácil para ti… ¿Temes encontrarte con tus padres?
-No es eso… No te preocupes, lo haré mejor la próxima vez.
-No me caben dudas.- dijo con una sonrisa.- Ve a comer algo y relájate.- Umi sonrió y luego se dirigió hacia una mesa en la que había algunos aperitivos para los actores.
No tenía hambre, así que tomó un vaso con agua. Miró a la multitud. No podía creer que su presencia provoque tanto revuelo. Hacía años que no visitaba Japón y aun así era tan conocida allí como en Inglaterra. Tomó su celular y miró la hora. Suspiró. La grabación apenas comenzaba. Entonces levanto la cabeza y observó como una mujer de cabellos color fuego se hacía paso entre la multitud. Estaba lejos, y el sol que entraba por los ventanales de la torre le daba de frente, así que sólo pudo ver su silueta. Pelorroja, cabello atado en una cola baja, cintura marcada y algo baja de estatura.
-Hikaru.- dijo, para luego darse cuenta de la estupidez que había dicho. ¿Qué iba a hacer Hikaru allí? Ella no era de las personas que siguen a una estrella, ni siquiera disfrutaba de ver televisión o películas. Tampoco iría para verla a ella, pues ya no eran amigas, hacía años que ni se hablaban ni tenían ningún tipo de contacto.
Vio como la mujer volvía a alejarse de la multitud, iba hacia donde no había nadie. Sintió el impulso de seguirla, sin saber por que. Pasó por un restaurante que permanecía cerrado. Allí no había gente ni policías, así que pudo pasar desapercibida. La siguió de lejos, pero sin perderle el rastro. Más bien parecía que ella hacía todo para que la siguiera. La mujer se detuvo cerca del mirador de la Torre. El mirador en que habían sido transportado a Céfiro en ambas oportunidades. Allí no había gente, toda la torre estaba cerrada al público en general y sólo permanecían en ella aquellos que habían ido a presenciar la grabación. Se detuvo cuando la alcanzo. Estaba de espaldas. Llevaba un suéter de lana blanco, unos jeans azules, gastados y unas zapatillas deportivas. Cargaba un morral color suela.
-¿Hikaru?- preguntó sorprendida. La joven volteó para que ella pudiera confirmar sus sospechas. Se quedó sin palabras al verla. Hikaru sonrió dulcemente. Aún conservaba un toque de inocencia, aunque sus ojos lucían tristes. Ella la observó con sus ojos llenos de lágrimas. Umi llevaba una minifalda negra, hasta la cintura, camisa blanca con Chabot y unas botas negras de punta y tacón fino que le llegaban por debajo de las rodillas. Estaba muy bien maquillaba y llevaba un fino reloj de pulsera.
Me da gusto verte, Umi.- dijo, pero no recibió respuesta. Ambas permanecieron en silencio, como observándose. Después de seis años sin verse no sabían que decirse. ¿Esa amistad tan especial que tenían ya no existía? Después de tanto tiempo, ellas eran como dos extrañas. Umi observó que Hikaru desvió la mirada de la suya, entonces volteó a ver qué era lo que llamaba su atención.
Fue cuando la vio. La rubia caminaba como buscando a alguien, parecía desorientada por encontrarse con el mirador vacío. La seguía una pequeña de cabellos dorados.
-¡Fuu! ¡Por aquí!- grito Hikaru levantando el brazo derecho, con cierto tono infantil. Ella alcanzó a verlas y se sorprendió tanto como Umi al ver a Hikaru. Se quedó inmóvil, como paralizada. Llevaba una pollera hasta las rodillas, a rayas beige y chocolate, una polera crema con un chaleco chocolate, unas botas sin taco en color negro y una cartera del mismo color. La niña llevaba un vestido rosa con un saco blanco encima y unas botas marrones con piel.
En ese mismo instante, una luz dorada invadió el mirador y las envolvió con su calidez. Por unos segundos no pudieron ver nada más. Cuando la enceguecedora luz desapareció, la Torre Tokio ya no estaba y tampoco el piso en el que estaban paradas. Se encontraron cayendo sin remedio. Y esta vez Fyula no vino a rescatarlas. Las ramas de algunos árboles amortiguaron su caída, eso permitió que no se hicieran daño al caer. Bueno, al menos, no demasiado.
-¿Qué demonios está pasando?- preguntó Umi mientras bajaba su pollera que se había subido hasta sus caderas.
-Hemos regresado. - contestó Hikaru, poniéndose de pie.
-¡De eso ya me he dado cuenta, genio! ¡Sólo quisiera saber por qué estamos aquí de nuevo!- gritó Umi, aun en el suelo. De repente Fuu se levantó como si tuviera un resorte. Y corrió hacia dónde estaba la niña de cabellos dorados.
- ¡Himeko! ¿Te encuentras bien?- La niña se tomó la cabeza, mientras Fuu la ayudaba a levantarse.
-¿Dónde estamos, mamá? ¿Qué fue lo que pasó?
-¡¿Mamá?! ¡No puede ser! ¡Tienes una hija! - dijo Umi, poniéndose de pie.
-¿Qué tiene de extraño eso, Umi?- contestó molesta Fuu
-Siempre creí que vivirías atada al recuerdo de –
¡Las cosas no siempre son como las piensas! - Hikaru observó a su alrededor. Céfiro estaba extraño, podía sentirlo. Nunca había conocido a Céfiro en tiempos de paz, pero estaba segura de que las cosas no andaban bien.
-Uy… discúlpame por opinar
-Tú nunca cambias… Alguna vez en tu vida deberías aprender a cerrar la boca… - Himeko observó a Umi con detenimiento entonces lo notó.
-¡No puede ser! ¡Tú eres Umi Ryuuzaki!- dijo emocionada.
-Así es pequeña. - dijo agachándose, para quedar a su altura… - Veo que has oído de mí…
-¿Cómo no oír de tu si invades todos los medios "Diva Japonesa"?- dijo Fuu con ironía.
-Mi mamá y yo hemos visto todas tus películas…
-¿Ah si?- dijo con tono vanidoso, mientras Fuu hacía como que no le importaba.- Pero creo que tú eres un poco pequeña para ver mis películas.
-Bueno, muchos dicen que soy muy inteligente para mi edad.- Una gota de sudor resbaló por la frente de Umi, indudablemente era hija de Fuu.
-¿Así que eres mi admiradora Fuu? ¿Quieres que te firme un autógrafo?
-Ya deja de hacerte la superada… Si vi todas tus películas no fue por ti si no porque admiro mucho a la persona que te dirige.
-¡Ya basta! ¡Ya dejen de pelear!... Escuchen… ¿Es que no pueden sentirlo?- interrumpió Hikaru. Umi y Fuu guardaron silencio y dedicaron unos segundos a escuchar el viento, a sentir a Céfiro.
-Algo… Algo no está bien aquí…- dijo Umi.
-¡Por supuesto que algo no está bien! Sino no estaríamos aquí… Ellos sólo se acuerdan de nosotras cuando nos necesitan.- Umi y Hikaru se miraron sorprendidas, esa más bien parecía una respuesta propia de Umi.
-Céfiro está sufriendo…- dijo Hikaru.
-¡Detesto todo esto! ¡Detesto que aun sigas necesitándonos después de 10 años de olvido! Nosotras no deberíamos estar aquí, ellos ya deberían haber aprendido a valerse por si mismos… Y ese ingrato de Clef… ¡Cuándo menos hubiese mandado a Fyula para que nos lleve al palacio y no quedemos en el medio de la nada!
-¡Debemos ir al palacio! Debemos buscar a Gurú Clef para que nos regrese…- dijo Fuu
-No voy a caminar por el bosque con estos tacones y esta pollera
-¿Ir al palacio?- interrumpió Hikaru.- ¿Acaso alguna sabe dónde estamos?- Umi y Fuu se miraron pero ninguna de las dos contestó.- Está anocheciendo, aunque supiéramos adónde ir no llegaríamos y no es conveniente andar de noche… Yo diría que busquemos un lugar para pasar la noche.
-¿Y qué propones Guerrera del Fuego?
-Umi… mira eso.- dijo señalando unos senderos y algunos señalamientos.- Eso indica que hay una aldea cerca… Sigamos el sendero y seguro llegaremos…
-¿Por qué presiento que voy a arrepentirme de seguirte?
-¿Tienes una mejor idea?
Caminaron por el sendero algún tiempo. La aldea estaba más lejos de lo que Hikaru había imaginado. Y no era fácil caminar por el medio del bosque escuchando las quejas de Umi. Claro, entendía que ella misma estaría quejándose si llevara semejantes tacones. Llegaron a la aldea al atardecer. No había demasiada gente rondando. Al ingresar recordaron lo que habían sentido hacía 10 años. Los aldeanos las observaban sorprendidos, algunos temerosos. Es que con sus atuendos sobresalían demasiado. Las miraban como bichos raros, parecía que no cabían dudas de que eran extranjeras. La aldea estaba compuesta por varias casas bajas, pero muy bien construidas. Había varios árboles y flores. Era muy bonita. Un poco carente de civilización, a los ojos de Umi. Avanzaron algunos metros antes de ser interceptadas por un hombre con una espada. Llevaba una extraña apariencia de campesino. El hombre se paró delante de ella y las apuntó con su espada.
-No se les ocurra dar un paso más…- dijo ante la sorpresa de las jóvenes.
-¿Qué es lo que pretendes apuntándonos con esa espada?- dijo Umi
-Ustedes están invadiendo nuestra aldea…
-¡¿Es que acaso no sabes quiénes somos?!- protestó Umi, mientras la gente comenzaba a acumularse detrás del hombre.
-Guarda silencio, Umi.- dijo Fuu en voz baja.- Oiga, tranquilo nosotros no pretendemos hacerles daño…- Al hombre pareció no convencerlo la afirmación de Fuu, entonces acerco más su espada a las jóvenes.
-¡Ya baja ese arma Selkis!- dijo una voz que creyeron reconocer. El hombre miró hacia su derecha, sorprendido y bajó el arma.
-Señor Ascot, ellas. -
-Ellas son las Guerreras Mágicas. - dijo el joven de ojos verdes y un gran alboroto se armó entre los curiosos.
-¿En serio? Yo… no lo sabía…- dijo el hombre haciendo una reverencia y luego arrodillándose ante ellas.- Lo siento mucho.- Hikaru se acercó a él y le tocó el hombro.
-Levántate… No tienes que hacer eso…- dijo. El hombre se puso de pie, hizo una reverencia más y se retiró. Detrás de él, la gente comenzó a dispersarse. Ascot se acercó a las jóvenes. Estaba sorprendido de tenerlas allí, pero feliz de verlas.
-Me da gusto verlas. - dijo mientras se acercaba, sin quitarle los ojos de encima a la que había sido su amor imposible durante mucho tiempo. Umi dio un paso al frente. Si había alguien en Céfiro a quien tenía deseos de volver a ver, ese era Ascot. Sin pensarlo demasiado, y como si fuera una adolescente otra vez, se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza. Unas lágrimas se escaparon de sus ojos.
-A mí también me da gusto verte.- Ascot se sorprendió por la expresividad inédita en ella. La abrazó también. Fuu y Hikaru se miraron
-Menos mal que ella no quería estar aquí.
-¿Es que no vas a presentarnos?- dijo una mujer que se acercó a ellos. Estaba visiblemente embarazada. Tenía el cabello castaño oscuro, largo hasta cintura, lo llevaba atado en una trenza. Su tez era blanca y tenía ojos color miel. Ascot se separó de Umi, volteó a verla y sonrió.
-Chicas… Ella es mi esposa, Kahamla.
-Kahamla, ellas son las Guerreras Mágicas…- la joven sonrió e hizo una pequeña reverencia. Umi se sorprendió un poco al conocer a la mujer. A esas alturas de su vida, ya sabía que su gran amiga siempre había estado enamorado de ella, Hikaru y Fuu se lo habían hecho saber hacía tiempo.
-Ascot me ha hablado mucho de ustedes. Es un gusto conocerlas…
-También es un gusto conocer a la mujer que logró ganarse el corazón de mi amigo… Ascot, me da gusto que seas feliz…- Ascot sonrío.
-Esta anocheciendo… Será mejor que pasen la noche en mi casa. Mañana tengo una reunión con Gurú Clef en el palacio, puedo llevarlas…
Salía de su clase de administración general, bastante aburrida por cierto. No había parado de bostezar en toda la clase. Llevaba uno jeans ajustados y una remera coral de mangas cortas. Caminó por los pasillos de la facultad abrazando su libro de administración de empresas. Llegó hasta el patio y se sentó a la sombra de un árbol. Suspiró. La universidad se le estaba haciendo bastante pesada y eso que no levaba ni siquiera medio semestre. Comenzaba a preguntarse si la administración era para ella. Pero, ¿qué podía hacer? Irremediablemente heredaría las empresas de su padre y tendría que administrarlas. Ese era su verdadero destino, su futuro. Abrió su libro e intentó leer, pero parecía que el libro no estaba en inglés sino en griego antiguo. Tomó su cabeza con ambas manos y suspiró.
-¿Qué hago aquí?- se preguntó en baja.
-¿Necesitas ayuda? - preguntó amablemente un joven que se acercó a ella. Umi desvió la mirada de su libro y la dirigió hacia arriba. Creyó haberlo visto antes, quizás se lo había cruzado por los pasillos de la facultad. Su aspecto le llamó la atención, era muy apuesto. Tenía unos cabellos que casi llegaban a sus hombros de color liliáceos y unos ojos azules muy expresivos. Le recordaba a alguien, pero no sabía a quién. Umi trato de salir de su encantamiento.
-¿Por qué piensas que necesito ayuda?- dijo en su peculiar inglés.
-Bueno, luces confundida y has estado un poco perdida en la clase de hoy… Entiendo que no debe ser fácil tomar clases en un idioma diferente. - Umi se sorprendió. ¿Ese joven estaba en su clase? Probablemente, las clases eran tan numerosas que era prácticamente imposible reconocerlos a todos. Y sobre todo ella que era prácticamente un zombie en la facultad.
-Hablo ingles desde el jardín de niños… no tengo problemas con el idioma.
-Entonces tus problemas son los contenidos... ¿Puedo sentarme?
-Es un país libre, supongo…- el joven rió y luego se sentó a su lado.- ¡Oye! No tan cerca.
-Sólo quiero ayudarte a que pases esta materia, no seas orgullosa… Mi nombre es Brandon, ¿tú cómo te llamas?
-Umi
-¿Umi? Extraño nombre… pero muy bonito, ¿de dónde eres?
-¿Esto es un interrogatorio?
-Sólo fue una pregunta.
-Soy de Japón.
-¡Japón! Debí imaginármelo, por tu apellido…
-Parece que me tienes bastante presente.
-Si, y tú ni siquiera sabías que yo estaba en tu misma clase. Llegas tarde todos los días y salen disparada apenas el profesor da la orden de salir. Además, durante toda la clase estas como en otra dimensión.
-¿Eres un agente secreto?
-Sólo cuando una persona me interesa… ¿Sabes? Ofrecerte mi ayuda fue sólo una excusa tonta… La verdad es que quería conocerte más… Te he observado en las clases y puedo decir que me gustas mucho…
Una lágrima cayó de los ojos de Umi. Lo extrañaba mucho. Estaba sentada en la puerta de entrada a la casa de Ascot. Era una noche cálida y clara. Era realmente sorprendente la cantidad de estrellas y galaxias que podían verse desde allí. Las luces de la Tierra no dejaban divisar tal maravilla del cosmos. Había intentado dormir, pero no había podido, a pesar de que estaba agotada. Respirar el aire puro de la noche siempre la hacía sentir mejor cuando estaba de insomnio. Llevaba su celular con ella, lo observó unos segundos y, luego, marcó su número, como si pudiera comunicarse con él a pesar de estar en otra dimensión. Como si hubiera comunicación directa entre la Tierra y Céfiro. El teléfono quedaba como muerto. Lo alejó de su oreja y observó la foto que tenía de fondo de pantalla.
-¿Te ocurre algo Umi?
-¡Ascot! No te oí llegar.- dijo Umi secándose las lágrimas. El joven se sentó a su lado
-¿Quieres contarme?
-Sólo recordaba…- dijo volviendo a ver el celular.
-¿Quién es él?- preguntó al ver la fotografía del joven junto a ella.
-Él es Brandon, mi novio
-¿Novio?
-Así es… Esta fotografía nos la tomamos en nuestra última cita…
-¿Fotografía?
-Ah… bueno… una fotografía es como una pintura que inmortaliza un momento especial para que puedas recordarlo por siempre.
-No lo entiendo… ¿Si es un momento especial no lo recordaras, aunque no tengas una fotografía?
-Es cierto, Ascot… Hay momentos en la vida que nunca se olvidan, aunque no tengas fotografías de ellos. - Paradójicamente, de sus días en Céfiro no tenía ninguna fotografía, pero aun así no había podido olvidar nada de ese maravilloso viaje, aunque lo había intentado de mil maneras.
-¿Lo extrañas?
-Mucho… Brandon es una gran persona… Él siempre sabe lo que pienso o siento, siempre sabe que hacer o que decir para hacerme sentir mejor Él me cuida, me conoce como nadie en el mundo.- Umi miró al cielo y pensó un segundo.-¿Sabes? Ahora que lo pienso, él me recuerda mucho a ti…
-No, Umi… no creo que haya persona en el universo que te cuide y que te entienda más que yo…- Umi sonrió.
-Eres un gran amigo, Ascot.
-¿Lo amas?- la pregunta repentina de Ascot sorprendió a Umi.
-Claro que lo amo.
-¿Y qué hay de Gurú Clef?
-Eso ya es algo del pasado, Ascot… Nunca ha sido más que un amor de la infancia… un amor sin sentido, un amor que más que amor era admiración…
-No era eso lo que pensabas.
-Las personas cambian, Ascot, crecen… Brandon es mi vida… es todo lo que tengo en el mundo…
-¿Y qué hay de Hikaru y de Fuu?
-Hace tiempo que ellas no forman más parte de mi vida.
-¿Ya no son amigas?
-Hemos perdido el contacto hace tiempo.
-¿Es que tan grande es la Tierra como para impedir que se vean? Latis siempre dice que las tecnologías como la de la Tierra o la de Autozam acortan distancias, ¿acaso no es así?
-Bueno… es cierto… pero las cosas se dieron de otro modo.
-Sé que ustedes volverán a ser las de antes…
-No siempre las cosas se dan como lo deseas…
-A mí no me engañas, Umi… Sigues queriéndolas como antes, sigues considerándolas tus amigas.
-Tú no sabes que lo siento.
-Puedo verlo en tus ojos… Jamás tuviste secretos para mí y eso no ha cambiado… Sigues siendo muy transparente…- Umi se sintió incómoda. De verdad que su amigo la conocía a la perfección. De verdad que siempre adivinaba lo que sentía.
-Creo que iré a dormir… Me ha agarrado un poco de sueño, no debo desaprovecharlo.- dijo levantándose. Y luego retirándose del lugar. Ascot sonrió. Tal parecía que la seguía conociendo a la perfección. Si sus palabras tan sólo lograban que ella lo piense un poco, ya podía darse por satisfecho.
"La Diva Japonesa visitará Japón", decía el titular de uno de los diarios virtuales más importantes de Tokio. Hizo click en el link para leer el contenido. "Umi Ryuuzaki estará grabando en Tokio algunas escenas de su primer protagónico para Hollywood, durante los próximos días. Al parecer las escenas de nuestra ciudad se verán en los primeros minutos de la película. La primera de las grabaciones se llevará a cabo este viernes en la Torre Tokio a las 15 hs. La misma será cerrada al público, aunque fuentes oficiales nos informan que se dará el permiso para que sus fans observen la grabación…" Hikaru cerró rápidamente la página web, al pasar su maestra por su lado. Ella no solía navegar por la web en medio de las clases de computación que tomaba por puro gusto. Pero ese era el único momento que tenía para tocar una computadora. Ahora tenía la información que necesitaba. Sabía cuando Umi estaría en Tokio. Era la oportunidad de verla, la única que había tenido desde que ella había partido rumbo a Inglaterra y quizá la única que tendría en la vida. Si tan sólo Fuu también viajara a Tokio… Verlas a ambas, estar las tres juntas de nuevo, era lo que más deseaba en la vida. Pero eso era prácticamente imposible, ¿o no? Si había una persona que podía hacer que ella volviera a Tokio, aunque sea por un tiempo, esa era Kuu. Quizá ella quisiera ayudarla. Pero, ¿aceptaría Kuu hacerle ese favor después de 6 años de no verla?
-Salió de su clase decidida. Tenía que intentarlo. Ni siquiera podía esperar a llegar a su cuarto, tomó su celular y la llamó…
-Umi ingresó en la pieza que ambas compartían y se desplomó sobre su cama. Observó a Hikaru. Ella estaba acostada en su cama, dándole la espalda y tapada hasta la cabeza, como si hiciera un frío polar. Creyó que estaba dormida. Suspiró. Tenía una mezcla extraña de sentimientos.
-Las ancianas dicen que en cada suspiro dejas escapar a tu alma por un rato.- comentó Hikaru, sin voltear.
-¿Estabas despierta?- Hikaru dio media vuelta y se sentó en la cama.
-No podía dormir… Al igual que tú…
-Es difícil estar aquí de nuevo, después de tanto tiempo… Aun no entiendo que fue lo que pasó, ¿cómo es que estábamos las tres justo en el momento indicado a la hora indicada? ¿Fue Clef quien lo planeó?- Hikaru volteó y se sentó en la cama
-No sé cómo fue que llegamos aquí… Pero no fue Clef quien planeó nuestro encuentro, fui yo…
-¡¿Tú que?!
-Sabía que estarías en Tokio, como todo Japón lo sabía, supongo… Así que arregle mi vida para poder ir a Tokio y me encargue de que Fuu también esté allí.
-¡No lo puedo creer! ¿Por qué hiciste eso?
-No lo sé… Supongo que porque tenía ganas de verlas…
-¿Ganas de vernos? ¡Hace 6 años que no tenemos el mínimo contacto!
-Precisamente por eso… Siempre hice todo lo posible porque no nos separemos, porque ustedes son lo más importante que tengo en la vida.
-¡¿Te das cuenta de que si no hubieras propiciado nuestro "encuentro casual" no estaríamos aquí?!
-Jamás tuve la intención de que volviéramos…
-¡Pero estamos aquí!
-Umi…
-¡Ya no me hables!- Umi se acostó en la cama dándole la espalda. Hikaru la observó algunos segundos, luego se acostó también. ¿Qué estaba pasándoles? Sus amigas ya no eran sus amigas. Y ahora Umi estaba molesta con ella. ¿Había hecho mal en querer reunirlas? ¿Había aprovechado Céfiro ese momento para convocarlas? ¿Qué hubiera pasado si ella no hubiera planeado ese encuentro?
