N/A: Muchas gracias por el apoyo a esta historia. Voy a seguirla... Tendrá tres partes y esta es la segunda... Así que falta poco para el final...
Olga, muchas gracias. Espero que te guste lo que viene... Besos
Un nuevo curso comenzaba y Sam sabía que sería más difícil que el anterior. Blaine estaba enfadado con él y no sería fácil verlo cada día después de todo lo ocurrido entre ellos. Sabía que lo había dañado y eso era lo peor. Lo amaba y no le gustaba verlo sufrir.
Entró a la sala de profesores y se sentó junto a Emma y Sheldon. Estaban hablando de las novedades de los alumnos y él escuchaba a medias mientras ellos contaban las noticias de lo ocurrido en verano cuando un nombre resaltó.
– Parece que Blaine está cambiando. Sus padres se han reunido con Will porque este verano ha estado distante y algo rebelde. Creen que le ha pasado algo pero nadie sabe el qué. – Pillsbury informó.
– Puede ser que esté afectado por lo que pasó en los nacionales. – El menor comentó algo despistado. No le había contado a nadie que Blaine había fallado.
– ¿Qué pasó? – Beiste cuestionó.
– Se equivocó en la letra y en la coreografía. – El rubio intentó evitar que se enteraran del beso, eso sería desastroso.
– Fue ese el motivo por el que perdisteis. – La pelirroja afirmó más que preguntó.
– Sí. Fue algo desastroso. Arrastró a sus compañeros con él. Nadie lo señaló pero él es consciente de lo que pasó.
– Bueno, no creo que sea de ayuda para aliviar su situación el que ahora también sea capitán de las Cheerios. Es más presión para él. – La orientadora reflexionó.
– ¿Qué puedo hacer? ¿Busco otro líder para New Directions? – Sam preguntó realmente preocupado.
– No. Eso sería aun peor... confía en él y apóyalo todo lo que puedas...
Sam entró en la sala del coro y no pudo evitar sonreír aliviado al ver a Blaine feliz junto a sus amigos. Era algo que le gustaba. Sabía que tendría que tener paciencia y vigilarlo de cerca pero creía que lo conseguiría. Con 17 años ayudó a Quinn para superar su lado rebelde al principio del último curso. Ahora tenía más experiencia con adolescentes y estaba formado para eso.
Sabía que su corazón estaba perdido cuando el menor le dedicó una mirada de odio pero no le importó. Él tenía la obligación de ser el maduro y así era como tenía pensado comportarse.
– Buenas tardes. Veo que todos estamos aquí de nuevo. Este año no tenemos la presión de encontrar nuevos miembros por lo que empezaremos a trabajar. Si alguien hace una buena audición, será bienvenido. Este año tenemos como objetivo llegar a los nacionales, al igual que el año pasado.
– Todo para que vuelva a equivocarme y nos lleve al fracaso por segunda vez. – Blaine comentó de manera ácida, como si se odiara a sí mismo por lo ocurrido.
– No fue tu culpa. – El profesor intentó suavizar la situación y todos lo miraron sorprendidos. – Tú me comentaste que estabas nervioso y yo no le di importancia. Debí hacer algo.
– Mejor no hablar de culpables porque habría mucho que decir. – Las palabras de Kitty asustaron al mayor. ¿Sabía lo que había pasado entre ellos?
– Eso ya no es importante. – El rubio decidió interrumpir a la joven. – No podemos estar buscando culpables o intentar dividir el grupo. Lo importante es seguir unidos y luchar todos para conseguir llegar todo lo lejos que podamos en la competición. Sé que algunos podéis tener la sensación de que nuestro esfuerzo se fue por la borda con lo ocurrido, pero no es así. Todos aprendimos de esa experiencia y sé que no se va a repetir. Así que vamos a empezar con la clase para estar preparados para cualquier contratiempo que pueda surgir.
Dos semanas de curso habían pasado y Sam estaba contento porque Blaine seguía esforzándose como siempre. Estaba paseando por los pasillos del McKinley cuando vio a lo lejos a Anderson, tan atractivo como siempre en su uniforme de animador. Junto a él caminaba Sebastian Smythe, líder de Duly Noted y capitán del equipo de fútbol americano.
Lo que realmente le dolía era que el moreno parecía relajado y contento, riendo de algo que el otro había dicho. Se veían tan bien juntos... Además de clichés. El capitán de las Cheerios y el del equipo de fútbol.
De repente, vio como el castaño pasaba su brazo por los hombros del más bajo y eso lo llenó de celos. Sabía que era irracional pero quería ser el único que tocara al líder de New Directions y el no poder ni siquiera darle una suave caricia lo mataba.
Sin embargo, todo quedó en nada cuando vio que sus labios se juntaban en un beso largo y dulce. El profesor podría jurar que veía corazones alrededor de ellos. Eran la viva imagen de un primer amor adolescente, sonrisa tímida (al menos por parte del ojimiel, miradas ilusionadas, manos entrelazadas... Cliché, cursi y repelente).
Estuvo a punto de interrumpirlos, pero decidió no hacerlo. Nunca había llamado la atención a ningún estudiante y si lo hacía en ese momento, parecería homófobo. Eso era algo que no podía ocurrir porque el McKinley se había convertido en un lugar seguro para los gays y nunca aceptaría un profesor que odie a los gays.
Por eso decidió marcharse de allí sin decir nada. Simplemente dejó que los celos y el dolor lo dominaran. Ya lloraría en casa, regocijándose en su propia miseria.
Sam estaba en Scandals. Había decidido que necesitaba olvidarse de esos ojos color miel y esa sonrisa hermosa. Estuvo un rato mirando a su alrededor en busca de un candidato para ser su consuelo. No buscaba enamorarse, solo quería pasar un buen rato. Había decidido no beber alcohol ya que no quería que su primera vez con un hombre fuera un recuerdo borroso en su mente. Era triste que a sus veintiseis años estuviera nervioso porque estaba a punto de perder su virginidad... Bueno, al menos en lo que a hombres se refería.
Sin embargo, cualquier plan se truncó cuando los vio. Sebastian y Blaine estaban bailando en el centro de la pista. Las manos del castaño estaban sobre el trasero del otro y los dos se comían la boca de manera intensa. Parecía que no estaban muertos de sed y el otro era la más limpia y refrescante agua del mundo.
La escena dolía en su corazón. Parecía que lo estaban torturando por algo y era incapaz de entender el motivo. No podía dejar que sus sentimientos por el menor se prolongaran en el tiempo, era algo que no debía ocurrir.
Se dio cuenta de algo. Los dos chicos eran menores de edad y no tenían permitido estar ahí. No era profesor de Smythe y no se sentía responsable de lo que pasara con él pero con Anderson... Eso era otra cosa.
Caminó con seguridad hasta la pareja, que permanecía ajena a cualquier cosa. Sujetó con firmeza el brazo del ojimiel, que lo miró sorprendido.
– No deberíais estar aquí. Eres menor. – El rubio exclamó arrastrando al menor hacia la salida.
– ¿Qué más te da? – El más bajo preguntó.
El ojiverde no respondió, simplemente se limitó a arrastrar al menor. El encargado de seguridad del local se acercó a ellos pero el profesor sólo tuvo que decir que sabía que había dejado entrar a dos menores para que saliera de su camino.
No le importaba lo que pasara con Sebastian, Sam sólo quería llevar a casa a Blaine para que estuviera seguro. El moreno no colaboraba, pero tampoco ponía resistencia por lo que no le costó mucho meterlo en su coche y ponerle el cinturón. Luego él entró en el vehículo.
- ¿Cuál es tu dirección? – El rubio preguntó mirándolo pero el otro no dijo nada. – Voy a conseguirla por las buenas o por las malas.
Al no obtener respuesta, metió la mano en el bolsillo del pantalón del menor, que se quedó mirándolo sorprendido malinterpretando sus intenciones. Sin embargo, el ojiverde sacó el teléfono móvil del otro y buscó un número.
– ¿Señora Anderson? Soy Sam Evans, profesor de Blaine. Acabo de encontrármelo en un bar y lo llevo a casa pero no quiere decirme la dirección. Creo que usted puede ayudarme con eso.
Después de que el rubio consiguiera la dirección bajo la atenta mirada de odio del joven, encendió el motor del coche. El camino a la residencia Anderson fue silencioso. El moreno no sabía qué pensar de la situación y el ojiverde intentaba que no se le notara mucho la atracción que sentía por el menor.
La puerta se abrió y la señora Anderson apareció tras ella, invitándolos a entrar. Sam agradeció educadamente mientras Blaine entraba corriendo para dirigirse a su habitación sin decir absolutamente nada.
– Lo siento mucho, está muy rebelde últimamente. – La mujer explicó.
– Es normal, está en una edad difícil. – El profesor se mostró comprensivo.
– ¿Algún sabio consejo? – Ella preguntó.
– Paciencia, ten por seguro que se le pasará. Es una etapa normal.
Sam entró en la sala del coro y notó las miradas de odio de los cuatro animadores. Se imaginó que era por lo ocurrido en Scandals, así que no le dio mayor importancia. Él tenía la conciencia muy tranquila porque había hecho lo que debía.
Siguió con la clase como si nada hubiera pasado. Sin embargo, vio una de las marcas que Blaine tenía en el cuello y eso consiguió que sus celos aumentaran, no le gustaba pensar en lo que podrían estar haciendo los dos adolescentes en la intimidad. Sólo esperaba que el joven no se entregara tan pronto a alguien.
– Nos toca competir con Duly Noted. Va a ser una competencia difícil pero creo que tenemos un arma... El lado femenino. – Varios chicos protestaron por esa exclamación. – Todos lo tenemos y quiero que esta semana lo explotemos al máximo. Chicas, ser más femeninas que nunca. Chicos, trabajar para encontrarlo.
– ¡Blaine le está contando a Sebastian cosas de New Directions! – Sugar acusó al moreno cuando todos estaban reunidos en la sala del coro. El ojimiel frunció el ceño ante esas palabras. No le había contado a su novio nada, apenas algunos datos. Sólo sabía qué canción iba a cantar para la tarea de esa semana.
– Suficiente. – Sam interrumpió el murmullo que había seguido a la acusación de la chica. – Todos los que estemos en el coro tenemos que ser fieles a nuestro equipo, por mucho que tengáis amigos en otros Glee Clubs, tenemos que protegernos. Si alguien no lo tiene claro, puede abandonar la sala.
El silencio se instauró entre los alumnos hasta que Anderson se levantó y caminó hacia la puerta. Cuando estaba a punto de salir, se volvió a mirar a sus compañeros.
– No voy a dejar a Sebastian por un estúpido coro de instituto. Ésto me está quitando todo y no lo voy a permitir. No voy a renunciar a nada más.
Blaine buscó a Sebastian por todo el instituto. Después de lo ocurrido con New Directions, lo único que quería era ser consolado por alguien que lo amara. El capitán de Duly Noted escuchó pacientemente el relato de su novio, intentando consolarlo. Sabía que lo que el moreno necesitaba apoyo.
– No merece la pena que arriesgues tu sueño por esta tontería. Tú y yo dejaremos de hablar de Glee y ya está. Vuelve a tu lugar, tú más que nadie lo mereces. – Sebastian sugirió.
– Seb...
– No merece la pena que sacrifiques tu futura carrera. Para ir a Broadway es importante que te prepares desde ya.
– ¿Puedo hablar con usted? – Sebastian preguntó al abrir la puerta del despacho de Mr Evans.
– Claro, pasa. – Sam le señaló la silla que estaba frente a su mesa para que tomara asiento. El castaño lo hizo gustoso.
– Estoy preocupado por Blaine. Entiendo que nuestra relación sea un inconveniente para todos pero Blaine no tiene que verse obligado a elegir. Creo que tanto usted como yo queremos lo mejor para él y eso es liderar a su Glee Club. – Smythe dijo con tranquilidad.
– ¿Me estás diciendo cómo hacer mi trabajo? – El rubio lo miró con desconfianza.
– Seamos realistas. Tú quieres lo mejor para Blaine, eso no lo puedes negar. Tienes que aflojar un poco la presión sobre él. Quiere ser actor de Broadway y necesita el Glee Club para poder prepararse mejor para la competencia que supondrá intentar hacerse un hueco en ese mundo.
Sam había pasado una mala noche, había estado pensando como solucionar el problema. Sebastian le había parecido sincero en su preocupación por Blaine y el rubio jamás pensaría en dañar al joven. Lo había enamorado completamente. Vio a la pareja sonriéndose pero esa vez los celos no le consumieron. No podía negar que desearía poder ser él quién le robara esas sonrisas al menor, pero era algo prohibido y había decidido controlarse.
– Blaine, ¿puedo hablar contigo? – El profesor preguntó. Los dos se apartaron del capitán del equipo de fútbol para tener privacidad. – No tienes que dejar New Directions. Nos vale con que prometas que no le dirás a Sebastian nada de lo que pase en el Glee Club.
– Está bien, pero no romperé con Sebastian.
– Y el ganador de los Sectionals es... – New Directions y Duly Noted estaban sobre el escenario esperando el veredicto. – Desde el Mckinley High School... ¡New Directions!
Todos los vencedores comenzaron a saltar y celebrar. Todos menos Blaine, que le dedicó una sonrisa algo triste a su novio. Éste sólo sonrió y le guiñó un ojo. No había competencia entre ellos, no estaban ahí. Smythe sólo quería apoyar a su novio.
El día de las graduaciones llegó sin muchos cambios. Sam seguía enamorado de Blaine... Bueno, casi podría decirse que cada día lo amaba más. Ese curso había sido realmente duro para el profesor, ver al menor con Sebastian había sido demasiado doloroso.
Lo bueno era que eso ya acababa, que el castaño se graduaba y se marcharía de Lima. Le intrigaba mucho la situación en la que quedarían, pero los dos habían sido muy discretos al respecto.
El acto terminó y Smythe bajó rápidamente, Evans pensaba que lo vería abrazarse al moreno pero no fue así. En su lugar, Sebastian se abrazó con fuerza a un rubio alto que había allí.
Anderson caminó hacia su profesor del coro con una sonrisa. Se puso a su lado mientras los dos miraban la escena. Ni siquiera dirigían su mirada al otro.
– Es James su novio. Estuvieron un año juntos pero hace dos años él se fue a la universidad. Llegaron a un acuerdo, durante estos dos años serían sólo amigos y cada uno podría hacer lo que quisiera con su vida. Quedaron en que hoy aclararían lo que pasaría con ellos y han decidido volver. Seb irá a Washington a estudiar para estar con él. – Blaine informó con una sonrisa mientras miraba como los dos se besaban con suavidad.
– ¿Lo sabías? – Sam lo miró sorprendido.
– Claro que lo sabía, de la misma manera que él sabe lo que siento por ti. Seb y yo sólo nos hacíamos compañía mientras no podíamos estar con las personas que realmente amamos. – El moreno parecía divertido.
– Yo...
– Sé lo que pensabas. – El ojimiel lo interrumpió, era consciente de la incomodidad del adulto. – He visto tus celos todos y cada uno de los días de este curso.
– Blaine... Tú y yo no podemos estar juntos...
– Lo sé, me ha costado entenderlo pero lo sé. Pero hay una cosa que parece que tú no sabes. – El alumno explicó.
– ¿El qué? – El rubio lo miró por primera vez durante la conversación. Anderson se volvió para quedar frente a él. Sus movimientos eran lentos y seductores. Se acercó todo lo que pudo para no levantar sospechas delante de todos los padres, alumnos y profesores que allí se encontraban.
– No voy a ser alumno del McKinley eternamente y ten por seguro que no me voy a conformar con un no. Tú serás mío, tarde o temprano.
Blaine se alejó de allí caminando seductoramente mientras el otro lo miraba sorprendido. Sam nunca había visto al menor tan seguro de sí mismo y eso le gustaba. El moreno todavía estaba formando su personalidad, aun era demasiado joven y esperaba que aprendiera en el camino. La fortaleza era algo necesario, sobretodo para hacerle frente a la homofobia.
El rubio sabía que las cosas no serían tan fáciles como pensaba el ojimiel, pero no quería romper la burbuja en la que se encontraba Anderson. No cuando parecía tan feliz y seguro de sí mismo. No cuando imaginaba para ellos un futuro tan perfecto.
