DISCLAIMER: Star Wars pertenece a Lucasfilm y a Disney, a excepcion de los originales.


—Son doscientos mil por su cabeza y creo que sé dónde está—dijo un trandoshano llamado Kron a su pequeño grupo de mercenarios.
— ¿Es solitario o tiene un acompañante?
—Ese contrabandista trabaja solo y el famoso traficante de brillestin, Bib'Fenna exige su cabeza—contestó Kron, los cinco trandoshanos agitaron sus rifles.

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Un hombre, ya en la treintena, de cabello rubio miraba de forma cautelosa ambos lados y descendió de su carguero. Aquel hombre era nada más y nada menos que Crix Thorne, el hombre más buscado de la galaxia, al menos por la gente de bajo mundo. Los imperiales, simplemente lo ignoraban.
Aquel objeto que había robado de manera ágil y desafiante al famoso traficante Bib'Fenna, estaba guardado en un rincón de su nave y estaba seguro que su droide de combate B3 dispararía a quien intentase ingresar a la fuerza.

Sonrió de forma arrogante, ese droide pertenecía a la extinta Federación de Comercio. Inútil al inicio pero al modificarle su memoria y controles; pudo despertar al droide.
La Federación ya no lo controlaba, lo controlaba él mismo.
Avanzaba por las calles de los bajos niveles Coruscant, capital del Imperio, esos niveles que nadie en su sano juicio se atrevían a bajar.
Se puso en alerta, le pareció oír un pequeño susurro; avanzó con cautela y se cubrió con un poste al mismo tiempo que escuchaba disparos.
Rodó hasta llegar a un barril de metal, sacó su blaster y buscaba a su agresor. Un rodiano de ropas sucias lanzaba palabras que no entendía.
—¡Pierdes tu tiempo, rodiano!—vociferó Crix— ¡Dile a ese "doble colas" que se pudra!
El rodiano empezó a lanzar insultos muy graves sin dejar de disparar.
Crix se asomó un poco y disparó un poco más, el rodiano se cubrió tras el poste. El contrabandista sabía que tomaría mucho tiempo y no podía permitirse gastar la energía de su arma.
Se agachó aún más al sentir los disparos de la alienígena, se llevó una mano al cinto y sacó una bomba termal, redonda y plateada.
Rodó al suelo y el rodiano se asomó, sus ojos negros se ensancharon.
No le dio tiempo de correr, la explosión lo lanzó de espaldas hacia la pared, todo el lugar retumbó y algunas llamas se prendieron en algunos objetos, Crix se puso de pie y avanzó hacia su rival.
Desfigurado y agonizante estaba el rodiano, movía su única mano sana hacia su arma, Crix apuntó su blaster y disparó.

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El local que iba estaba abarrotado de gente, mesas afuera del local, gente sentada en los marcos de las ventanas y la ausencia de una puerta, algunos de los clientes miraron a Crix avanzar ingresar al local. Parpadeó varias veces, tenía la sensación de ver a través de un cristal rojo; todo el local estaba iluminado de rojo, todas las especies de la basta galaxia estaban sentados, tres mesas a la derecha había un grupo jugando al sabacc, un humano acompañado de una exuberante twi'lek paso a su costado, sin dejar de reírse.

Crix torció el gesto y avanzó hacia la barra donde un neimodiano servía unas copas, el contrabandista se sentó y apoyó sus brazos en la barra.
—¿Qué desea beber, señor?—preguntó el cantinero neimodiano, Crix solamente señaló una botella con un líquido azul— A la orden, señor.

El neomodiano le dio la espalda, Crix se fijó a su costado, un iktokchi lo miraba con cautela y al otro lado, estaban un grupo de barabeles.
—Zi, ese es—susurró un barabel, Crix se giró hacia el barabel mientras el neimodiano le servía su bebida en un vaso largo.
—Estoy cansado, por favor no me hagan perder el tiempo.
El barabel rió y se enfocó en sus asuntos, Crix dio un sorbo a su bebida sintiendo un intenso ardor en su garganta. No pasó más de tres minutos cuando sintió el cañón de un blaster en su espalda.
—Te tengo—dijo una voz grave

Crix se dio la vuelta y se encontró con un mandaloriano que lo apuntaba, se humedeció los labios y podía escuchar a los barabeles murmurar maldiciones.
—No lo creo—dijo Crix al mandaloriano de armadura azul y antes de poder hacer algo, el iktokchi se abalanzó sobre el mandaloriano y el contrabandista no perdió tiempo.
Sacó su blaster y se lanzó detrás de la barra, el neimodiano se tiró al suelo mientras los disparos se escuchaban por todo el local, armándose un tremendo lio.
Unos se disparaban a otros, el mandaloriano se levantó a duras penas pero el iktokchi le asestó un duro golpe, arrebatándole el casco ocasión en la cual aprovechó un barabel para colocar una vibrocuchilla en su cuello.

Crix luego disparó a quemarropa al barabel, y podía escuchar los vasos y las botellas estallar, se volvió a asomar y observó a dos barabeles subiendo en la barra, el iktokchi disparó a los reptiles.
—Vámonos a la puerta trasera—exclamó el iktokchi mientras disparaba a un bith, Crix se puso de pie y disparó a los focos, quedándose en penumbras.

Con dificultad avanzó a la salida, acompañado de un nuevo amigo, corrieron por todo el patio y escucharon las sirenas.
—Imperiales—susurró el iktokchi – Por aquí—apremió el alienígena, Crix lo siguió pero no estaba muy confiado de él hasta detenerse en un local abandonado, ingresando.
—¿Por qué has hecho eso?—preguntó Crix, el iktokchi miró por una rendija y volvió su mirada hacia el hombre.
— En realidad esperaba a ese mandaloriano, tenía algo personal con él. Lo bueno es que se distrajo contigo.
—Bien por ti.
—Me llamo Traere Madar

Crix asintió y se puso de pie, se asomó a la ventana, la calle estaba desierta.
—¿Te vienes conmigo? La situación se volvió más peliaguda de lo que pensaba.
— Vamos.

El iktokchi se puso de pie y los dos salieron del local abandonado, rumbo al hangar.
No se tropezaron con nadie algo que sabían que no iba bien, el iktokchi se puso en alerta mientras llegaban al hangar y la doblar la esquina, se encontraron con un grupo de cinco trandoshanos.
—Linda fiesta has armado ¿eh?—dijo Kron, sus compañeros apuntaron a los dos aliados, Crix y Traere sacaron sus pistolas.
— Mejor tírenlas al suelo, no queremos otro lio aquí. Podíamos llamar la atención de los imperiales.
Una mandaloriana se agazapó detrás de una caja, observando la espalda de los trandoshanos, pudo ver a su presa: Crix Thorne. Eran muchos y decidió solamente observar.

Crix presionó un botó en su muñequera y la rampa de su nave descendió, los trandoshanos a excepción de Kron se giraron y observaron con sorpresa a un ultra droide de combate B3 descendiendo con el brazo extendido. Empezó a disparar.
Crix y Traere se tiraron al suelo mientras los trandoshanos disparaban al viejo droide de combate, una figura oxidada y con una enorme joroba; dos cayeron debido al fuego intenso. Kron se alejó lo más rápido posible mientras Crix y Traere disparaban mientras corrían a la nave.

Un trandoshano cayó muerto mientras Kron iba a guarecerse detrás de una caja, jadeando.
El ultra droide subió a la nave y el transporte se elevó hacia el techo, Kron apuntó su blaster pero no pudo hacerle ningún daño. Crix había logrado escapar.
Sus compañeros estaban muertos, podía ver sus cuerpos en el suelo; Kron apretó los dientes de la rabia y miró con sus reptiles ojos el punto donde estaba la nave de su presa, con una furia intensa.
—Me vengaré— se dio la vuelta y se encontró cara a cara con una mandaloriana de armadura amarilla.
— ¿Qué haces aquí?—dijo de malas maneras pero la mandaloriana no abrió la boca, el trandoshano siguió su camino, saliendo del hangar.

Azlyn observó al trandoshano retirarse del lugar y se acercó a los fallecidos trandoshanos.
—Vaya, esto será algo complicado—susurró mientras avanzaba en dirección a su nave patrulla clase firespray.

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La nave del contrabandista volaba a toda velocidad, alejándose del planeta Coruscant.
—Qué suerte hemos tenido. Pensaba que esos trandoshanos ya nos tenían atrapados.
— Siempre tengo trucos bajo la mano—dijo Crix mientras movía suavemente el timón del carguero corelliano— Ellos nos esperaban.
Traere se giró de su asiento donde vio al ultra droide de combate de pie, inerte y con el brazo doblado, torció el gesto y su vista se fue al piloto.
—¿Ese no es un droide separatista?
—Perteneció al ejército separatista. Lo encontré en una fábrica abandonada, los droides estaban inactivos, cogí a este y lo modifiqué.
—Solamente tú lo controlas.
—Así es. Es el vigilante de esta nave.
—Sé que tienes una recompensa por tu cabeza—dijo Traere— ¿Qué has hecho para hacer enfadar a alguien?
Crix solo sonrió, dejó la nave en piloto automático y se puso de pie, caminó hacia la pared donde sacó una lámina de acero, en un pequeño hueco sacó un artefacto cuadrangular. El iktokchi quedó asombrado.
—¿Qué kriffados es eso?
—No tengo idea, cada vez que lo agarro siento la mano fría. Es extraño, no lo puedo explicar; me encanta su forma y la luz que emite.
—Eso es fantástico—dijo el iktokchi observando la figura— ¿Y a donde nos dirigimos?
—A Ord Mantell, tengo que dejar un paquete. Y esto lo guardaré.

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Ord Mantell

Una nave desembarco Telgorn tocó el suelo del hangar del planeta. Había algunos pilotos en aquel hangar y al ver la Habilidad de la Mano aterrizar, se apresuraron en su camino.
En aquella nave, descendió un duro con un gran sombrero marrón que ocultaba su rostro, tosió un poco pero no dejaba de avanzar hacia la salida.

Estaba en Ord Mantell por negocio y eso era bueno, ya el tiempo hacia mella en él y la palabra "retiro" empezaba a ponerse tentadora.
—Una última oferta y cuelgo estas kriffadas pistolas.
Caminaba por la ciudad, observando las grandes cadenas montañosas e ingresó a una pequeña cantina donde estaba un sullustano. Se acercó con un andar lento, el sullustano se secó el sudor.
—Bienvenido…
—¿Qué me tienes? Espero que sea una buena oferta
—Un espía me informó que Crix Thorne se acerca a este planeta— dijo el sullustano y el duro, un famoso mercenario en las guerras clon sonrió. Se dio la vuelta mientras murmuraba "Lo cazaré"