2.- El canto de los ángeles entre las sombras.

La joven Hermione Granger había seguido el camino indicado por las velas encendidas.

Spinner's End era un lugar demasiado lúgubre en su interior, al parecer nadie se preocupaba mucho de quitar el polvo a los viejos candelabros que servían de ornamento.

Qué extraño…- musitó para sí Hermione.

En la casa, al menos por el corredor que caminaba no había ni un solo retrato, ni de los dueños ni de los antepasados, ella sabía muy bien que en las casas de los magos los retratos tenían movimiento, nada que ver con las simples pinturas de colores ocres que tenían los muggles en casa.

Muggle… Una palabra extraña para una persona extraña, el mundo –como todo niño sabía desde que era muy pequeño- era controlado por los magos, los muggles –persona no mágica- al carecer de habilidades mágicas no podían tener participación importante ni en la economía ni en la política, siempre había sido así y siempre sería así, estaba mal, todos lo sabían pero mientras el Magisterio de Magia y el Primer Ministro no establecieran lo contrario deberían respetar la ley, una ley injusta que no permitía que los hijos de muggles que sí habían desarrollado alguna habilidad privilegiada pudieran estudiar.

Si esa tonta ley no existiera Hermione ahora no tendría que estar lejos de sus padres, sin poder evitarlo apretó con fuerza contra sí su bolso, para su mala fortuna desde el interior del bolso se escuchó un sonido sordo, como si muchas cosas se hubieran caído, la chica una vez más volvió a gruñir, había puesto un hechizo sencillo para que entraran todas sus cosas y seguramente lo que había escuchado eran todos sus libros.

Finalmente el oscuro corredor terminó y ella llegó a la que desde ese día sería su nueva habitación, con un suspiro cansado abrió la puerta.

La señorita Granger no se molestó mucho en desempacar, ya tendría tiempo para hacerlo después, mejor prefirió tirarse en la cama ocultando el rostro entre los almohadones.

Al menos la habitación era agradable y olía a lavanda ¿la habrían arreglado para ella? Se veía demasiado limpia en diferencia a las demás habitaciones, tenía una pequeña chimenea para el invierno y una amplia ventana que daba a los jardines.

Le gustaba el lugar, después de descansar un poco sus pies aun en la cama se levantó.

Aun es temprano para buscar algo que comer- se dijo mientras comenzaba a sacar los libros de su bolso.

La joven tenía que meter mucho su brazo para alcanzarlos, de dos en dos los fue sacando y colocando con un amor maternal encima de la cama, al tenerlos ordenados los fue colocando sobre la repisa de la chimenea.

Así podré leer en las noches- se sonrió- y para una lectura ligera…

Un libro muy pesado estaba solo en la cama, era el último que quedaba.

Bueno…- se sonrojó sola- supongo que mi lectura ligera se quedará junto a mi cama.

Ahora el libro pesado estaba debajo de su almohada.

Muchas botellitas de perfumes fueron colocadas en una cómoda con espejo. Trato de arreglar un poco su cabello pero su melena castaña era tan rebelde que no se lo permitió en ningún momento.

Lo dejaré para después- se dijo enfurruñada de no lograr peinarse.

¿Y ahora qué haría? Estaba sola y podía hacer lo que quisiera. ¡cierto, estaba sola!

Regresó a su bolso y sacó su varita mágica, sus padres se la habían comprado en una importante tienda de varitas mágicas en Londres, los magos no habían sospechado que ella fuera hija de muggles por el completo conocimiento de la historia y datos importantes sobre la creación de varitas, así fue como su varita la eligió en la tienda del señor Olivanders.

Ya que estaba sola iba a practicar un poco de magia, solo hechizos sencillos…

Alohomora- susurró a una puerta.

Está se abrió al momento, en su interior no había otra cosa más que muebles empolvados, parecía que tenían capas de polvo tan gruesas como el mismo tiempo.

Ya era la octava puerta que abría con un hechizo sencillo como "Alohomora" y no había encontrado nada interesante.

Sin darse cuenta de cuánto tiempo había pasado continuó su recorrido, nada, al parecer el lugar estaba más que abandonado ¿qué clase de persona sería el profesor Snape? Seguramente sería un hombre muy viejo que se preocupaba más por sus cátedras en Hogwarts que por el estado de su propio hogar.

Al menos podría convencerlo de darme clases particulares- musitó Hermione- ¡Alohomora!

Y por primera vez su hechizo fallo, la puerta se mantuvo cerrada, ella volvió a tocar la percha con su varita, nada, esa puerta estaba cerrada.

¿Qué se podría esconder con un hechizo para que nadie la pudiera abrir? Sin poder evitarlo la curiosidad se había despertado en ella.

Después de que varios hechizos para entrar fallaron intento abrirla con un pasador para el cabello sin tener resultado.

Tendría que intentarlo después… ¿Qué podría haber ahí adentro?

Su estomago gruñía de hambre, había llegado la hora de comer. Su investigación del lugar debería esperar hasta después, ahora lo más importante era encontrar la cocina.

¿Cocina? ¿Dónde estás cocina? Necesitaré un mapa- pensó mientras trataba de encontrar la cocina.

¿Le habrían dejado alimento o tendría que prepararlo? Ojalá no hubiera perdido tanto tiempo jugando con las puertas, ahora tenía hambre y todavía tenía que encontrar la cocina.

No, no podía ser ¡Se había perdido en los corredores!

Vamos, Hermione- se dijo a sí misma- vamos, debes ubicarte, debes ubicarte…

Todo fue inútil, simplemente no podía recordar si había sido a la derecha pasando las armaduras de cobre o si era a la izquierda después de los candelabros de plata.

Hermione se dejó caer en la alfombra mientras hacía aparecer una tenue y delicada llama azul, si estuviera en casa la hubiera encerrado en uno de los tarros de cristal que su madre usaba para guardar las mermeladas pero a falta de tener algo a la mano tuvo que conformarse con protegerlo con sus propias manos.

Su estomago no dejaba de gruñir, hubiera empacado algunas galletas o emparedados también en su bolso, no solo libros y ropa…

La lluvia una vez más había comenzado, los caminos se volvieron lodosos y el avance de los carruajes se hizo mucho más lento, incluso los jalados por Threslas…

Por fin después de lo que a él le parecieron horas llegó a la mansión, una lechuza le había informado que la joven muggle había llegado hacia horas, la había recibido cuando estaba dando clase a los jóvenes Slytherin en Hogwarts.

Imaginaba que la pobre chica estaría encerrada en la habitación que se había preparado para ella ¿estaría asustada? ¿estaría triste? Seguramente estaría llorando a raudales por ser separada de sus padres, sí, generalmente eso pasaba con las jóvenes.

Se limpió el barro de las botas en la entrada de Spinner's End, no le gustaba ensuciar la alfombra, una antigua costumbre.

Abrió la puerta, como siempre la soledad era la única que le recibía en casa… Un momento ¿qué era ese sonido? ¿Música? ¿Una canción? Sí, no se había equivocado, alguien estaba cantando, tarareando una canción de cuna para ser más exacto.

Severus Snape siguió el agradable sonido, ¿qué estaría haciendo esa jovencita tan lejos de la habitación que le habían preparado?

Para callar a su estomago Hermione comenzó a cantar para no sentirse sola, era una canción de cuna que su madre siempre le cantaba para dormirla cuando era bebé, no sabía cuantas veces la había repetido hasta que alzando de golpe la vista se topo con que alguien la estaba observando.

El señor de Spinner's End había llegado a casa…

Continuara…