Bien, ahora vamos con la segunda parte de este fic, espero que les guste, aquí también habrá otro tema relacionado al principal y otro viaje a otra dimensión, con otro espíritu.

Si es posible que me dejen un review, es gratis y me gustaría mucho leerlo.

Sin más, ahí vamos.


Meet your waifu 2

Satou tuvo otros sueños esa noche que tuvo contacto con Nia, fueron más de cinco, por lo que, al despertar, no recordaba sino el último, y había sido una pesadilla.

La aparición de una diosa no afectó en lo más mínimo al muchacho, seguía muy presente de sus objetivos y de que debería entrenar duro para derrotar a ese espíritu, para así poder matarlo.

Entrenó días y noches, entrenó su mente y su cuerpo, aprendió a usar sus poderes y a obtener habilidades superiores a cualquier espíritu existente. Se volvió fuerte, frío y muy poderoso, justo como todos los dioses esperaban, pero muy dentro de sí, estaba latente la idea de que no era amado y no lo sería más, las personas que más lo amaron, ya no estaban, y eso era imperdonable.

Por eso luchó y luchó contra Tohka, Shidou, Kotori, Yoshino, Origami, Mana y parte de la AST, batalla tras batalla, espíritu tras espíritu, Satou peleó con casi todo su poder, dando todo de sí.

Pero el fin no justificó los medios, matando a Mana, quien era inocente, terminó regresándola la vida al costo de, posiblemente, la suya propia.

Los encuentros no terminaron ahí, después Mikael dejó descansar a Satou y se enfrentó a Kurumi Tokisaki, quien quería sus energías, resultando en un fracaso, Satou era superior, incluso si estaba tan cansado.


—Ah… Ugh… —dijo Satou de frente a la luz de su cuarto, acostado en cama, con sangre en la boca y heridas internas—. M-Mikael… Yo… Yo la maté… No quería hacerlo, no quería… Se puso en medio… Yo…

Recuerda el equilibrio, Satou. Tienes que calmarte, ella no está muerta.

—Pero yo la maté… —susurró al ver como le temblaba la mano, así como todo su cuerpo estaba entumecido, pero luchó para moverse a un lado, cayendo al suelo—. ¡Ah!

Tampoco puedes moverte tanto, tu cuerpo fue muy lastimado y ha sido llevado al límite, sabes que esos efectos no los puedo sentir claramente cuando tomo el control, pero ahora sientes todos los efectos de la pelea. No deberías moverte.

—Sí, pero tengo hambre… sed… y necesito un baño… —dijo al arrastrarse por el suelo hacia el baño, aunque todo su cuerpo le dolía. «No hay nada peor que el día siguiente, después de una pelea como esta».

Satou logró abrir la puerta del baño, solo para que se regresara a él, después de entrar un poco. De todas formas, el jovencito llegó hasta la regadera y abrió la llave al estirarse lo más posible desde su posición. Se mojó toda la ropa, pero abrió la boca para tragarse el agua de la regadera.

—Ah… Ah…

Estás mojando tu ropa, creí que deberías cuidarla de esto.

—De todas formas, está llena de sangre… —dijo con cansancio y volvió a beber del agua de la llave—. Gracias por salvarme, Mikael… Eres el único que queda… Perdón, no logré nada hoy… Ella vive… Tohka…

¿El único que queda?

Satou siguió siendo mojado, con el cuerpo recostado en la esquina, todas sus ropas empapadas, su mirada era pesada y cansada, pero logró sonreír.

—Sí, el único que queda… de las personas cercanas a mí.

Satou logro recuperarse un poco y se quitó toda la ropa para bañarse apropiadamente, pero no lo logró tan bien. Necesitaba descansar, así que ni tuvo la fuerza para secar su cuerpo y se acostó así en su cama. No pasó mucho para que se quedara completamente dormido, mientras estaba desnudo, ni siquiera se tapó.


—Todo un exhibicionista, niño —dijo una voz divertida a su espalda, Satou abrió los ojos y de un salto se puso en guardia—. Oh, tienes algo en pleno crecimiento allá abajo.

—¿Nia? —preguntó confundido y bajó los brazos, ella soltó una risa algo pervertida—. Estoy cansado…

—Hmm, sí, eso parece. Pero solo han pasado unos minutos desde la última vez, ¿sabes? Me gusta tu actitud salvaje, pero deberías cubrirte un poco, por educación, jeje.

—Lo siento —dijo sin vergüenza y buscó algo que ponerse, ahora tenía puesto un short gris y una playera negra encima—. ¿Por qué regresó? Ha pasado mucho tiempo.

—El tiempo para un dios no importa, lo que para ti son meses, tal vez para mí es solo un respiro, Satou.

Nia hizo tronar sus dedos y una hamburguesa apareció, la empujó hacia él y Satou empezó a comerla.

—Gracias, Teku.

—Esta vez fui yo —dijo un poco molesta.

—Ah, no sabía, gracias, Nia. —Sonrió y siguió comiendo.

—Teku está arreglando un desorden que hice, nada importante, es solo mi trabajo de medio tiempo. —Ella se sentó a su lado—. ¿Sabes por qué recuerdas todo ahora?

—¿Lo olvidé? —preguntó sorprendido, con la boca manchada, ella sonrió y asintió con la cabeza.

—Cosas de dioses, pero dime, después de "tanto tiempo" como dices, te lo preguntaré de nuevo: ¿Ni te amas ni te aman?

Satou parpadeó un poco ante esa pregunta, pero luego agachó la cabeza, recordando el rostro de Tohka, la persona que mató a sus padres, y lo feroz que era para pelear, con esa misma ferocidad los había matado, los había alejado de él para siempre. Apretó los puños.

—Eso no me importa —contestó fríamente—. Solo sé que lo único que tengo son estos poderes y a Mikael, y a él también lo perderé, pero cuando llegue ese momento, seremos libres, Nia.

—Pero querías ver que eras amado, estabas feliz, ¿qué pasó? Incluso te enamoraste de la loca —dijo un poco divertida, Satou terminó con la hamburguesa.

—¿Kurumi? Sí, eso fue bonito, ella era linda y me amaba, pero no la conozco, así que no existe… aquí. —Agachó la cabeza, Nia sonrió maliciosamente.

—Entonces, si es alguien que conoces, ¿te sentirías más a gusto? —Satou le miró con un poco de curiosidad—. Eres muy amado, de muchas formas, y tengo que mostrarte eso, porque sé tan bien como tú, que lo que más buscas es ser amado otra vez.

Él se sorprendió y su corazón dio un vuelco, pero agachó la cabeza. Nia le tocó en la cabeza y soltó una risita macabra.

—No engañas a nadie, Satou. No se te enseñó a mentir. —El chico derramó lágrimas sin saber por qué, esa frase le había hecho recordar algo de su madre—. En verdad eres un tipo duro, golpeándote y siendo feroz, pero al final… Eres solo un niño en un mundo de adolescentes y adultos.

—Nia…

—Ah, la vida es dura, ¿no? Pero un día tú vivirás en ese mundo de adolescentes y adultos, y serás amado, Satou. —Tocó su frente con su dedo y él cayó en la cama, perdiendo la consciencia.


Después de unos segundos de oscuridad, Satou sintió mucho mejor su cuerpo, pero alguien le picó en la mejilla suavemente, era un dedo pequeño, pero lo estaba molestando.

—Oye, levántate, el desayuno está listo. Oye, oye —dijo una voz femenina mientras le picaba la mejilla repetidas veces, hasta el punto de ser más molesta que una mosca en su oído.

—Detente, por favor —contestó con pesadez, quería seguir descansando después de la pelea, aunque ciertamente ya no estaba tan cansado, pero ella siguió picándole repetidas veces, hasta que él le tomó la manita y abrió los ojos—. ¡Dije que te detengas! ¡Ah!

Ahí se encontró con una niña un poco sorprendida, sus cejas eran muy finas, su boca era pequeñita y estaba levemente abierta por la sorpresa, su piel era tan blanca como la suya, también tenía cabello negro largo, atado en una coleta algo alta, pero su cabello estaba levantado de los lados, sus ojos eran de color añil, algo brillantes. Y vestía ropas escolares de tipo marinera.

—Ah, el desayuno está listo —dijo con una voz algo seria para ser una niña pequeña, Satou le miró atónito.

—¿Quién eres? —preguntó muy serio y con los ojos bien abiertos, aunque su cabello negro le cubría un poco la mirada.

Pero ella no respondió, solo le frunció el ceño, mientras unas lágrimas querían salir de sus ojos, pero él frunció el ceño también.

—¿Quién eres? —preguntó de nuevo, sin soltar su mano, pero ella se acercó a su mano para mordérsela y Satou le soltó—. ¡Ahhh!

—¡Tonto! ¿¡Por qué me preguntas esas cosas?! —gritó al salir de la habitación, dejándolo más confundido—. ¡Oka-san (Mamá), Oka-san! ¡Oto-san (Papá) se olvidó de mí, Oka-san!

«Oka-san». Parpadeó un par de veces, pero Nia solamente se reía sin que nadie la escuchara, entonces Satou fue al tocador para verse al espejo, estaba mucho más alto, más maduro y su cabello estaba más largo, fácilmente podría taparse un ojo sin problemas. «¿¡Oto-san?!»

El ahora hombre empezó a sudar, incluso si traía ropas casuales y cómodas, nunca se le había pasado por la cabeza el ser padre, pero eso quería decir que esa pequeña era su hija, se tocó el corazón y se quedó atónito.

Esa pequeña era su hija y le había preguntado quién era. De seguro ella se sentía mal, incluso le mordió la mano y le había dolido la mordida, pero se lo merecía.

«Tengo que disculparme con ella». El hombre ni se peinó, bajó las escaleras con cautela, era un extraño en su propia casa, pero se juntó a la pared por inercia al escuchar voces femeninas abajo, aunque una era de su pequeña.

—¡Oka-san, Oto-san me preguntó quién era! ¡Se olvidó de mí, ya no me quiere! —dijo con la carita preocupada y muy triste, pero su madre solo soltó una pequeña risa y se arrodilló a su altura.

—Moo, estás exagerando, Oto-san te ama, incluso más que a mí —dijo con una sonrisa mientras acariciaba su cabeza—. De seguro que se confundió o hizo una terrible broma.

—¡Oto-san no bromea! ¡Estaba serio, muy serio, Oka-san!

Satou se terminó saltando seis escalones de un salto, sorprendiendo a todas, pero él se enfocó en ver a la pequeña niña de cabello negro.

—¡Lo siento! —dijo rápidamente y se acercó a ella.

—Oto-san…

—Estaba muy confundido cuando me despertaste, perdón, no quería lastimarte —dijo bastante triste, aunque su voz ya no sonaba con ese tono de chico como él recordaba—. Perdóname… H-Hija…

Satou la rodeó con sus brazos y ella se sonrojó un poco, además de que volvió a sonreír. Al tenerla en sus brazos, se dio cuenta de lo pequeña y frágil que podía ser, también era muy cálida, tenía su mismo cabello, no pudo evitar sonreír al tenerla abrazada; quería estar así todo el día de ser posible.

—Oto-san, ¿sí me quieres? —preguntó un poco más feliz.

—¿Cómo no podría amar a mi propia hija? —preguntó con una voz algo quebrada, mientras la madre los veía de forma cálida, enternecida por sus acciones.

—Yo también te amo, Oto-san.

—Ah, uh… Y-Yo también… —contestó con leve dificultad, en su pecho estaba algo apretándolo y acarició el cabello de su hija, pensando en sí mismo y en cómo lo había perdido todo. «Tú no vas a perder a nadie, a ninguno de los dos, tú no sufrirás eso, jamás».

Luego sintió algo suave en su mejilla que le hizo despertar y su pequeña fue la que se alejó de él, aunque no quería soltarla.

—Que lindo eres, mi amor, creo que estoy un poco celosa —dijo con una risita al final, Satou entonces prestó atención a esa mujer y se quedó sin palabras—. ¿Ves? Te dije que había sido un error, Oto-san te ama mucho, Kobeni.

—¡Sí! —Hasta asintió con la cabeza, luego tomó de la mano a Satou—. Vamos a desayunar, se nos hará tarde para que me lleves a la escuela, aunque puedo ir la mitad del camino sola. ¿Oto-san?

«No… No puede ser… Tú no». Pensó al ver ese rostro, esos ojos color añil brillantes y llenos de vida, ese cabello largo de color púrpura, tenía el cuerpo de una mujer ahora y era claramente hermosa, y una madre cariñosa. Se giró para ver los ojos de su hija, eran los mismos que los de esa mujer.

Tohka Yatogami, la misma mujer que asesinó a sus padres. El peso de la sorpresa le hizo flaquear las piernas y cayó sentado.

—¡Oto-san!

—¡Satou! —Tohka fue la primera en acercarse para tomarlo de la mano, pero él se las alejó rápido—. ¿Ah? ¿Qué tienes?

—Oto-san, ¿estás bien? —preguntó preocupada al verlo algo asustado, pero él no podía ni hablar.

—¿T-Tohka? —preguntó con dificultad, ella se mostró preocupada y se acercó a su rostro, se lo tomó suavemente con sus manos, él sintió suave su tacto.

—¿Sí, mi amor?

—N-No me siento muy bien… —respondió con algo de dificultad. «Nia, ¿por qué? ¿Por qué ella? Ella no puede amarme, ella no puede amarme… Ella no puede ser la madre de mi hija… Ella los mató a todos… ¡Me dejó sin nada! ¡Nia!»

—Está bien, solo tienes que descansar. —Volteó a ver a su hija—. Yo te llevaré a la escuela y Satou, no deberías ir a trabajar si te sientes tan mal, pero primero, ven a desayunar, te hará bien comer.

Tohka ofreció ayudarlo mientras Kobeni miraba preocupada a su padre, quien se levantó sin ayuda de nadie. Se sentaron a desayunar, pero Tohka veía preocupada a su esposo, estaba demasiado extraño con ella, todo el cambio fue al verle, con su hija fue más cariñoso de lo usual.

Satou trató de no mirar a Tohka, por suerte, comía de frente a su hija, quien se manchaba la cara, pero se limpiaba rápidamente, antes de que Tohka pudiera limpiarla, él se sintió conmovido hasta el alma.

—Kobeni.

—¿Hmm? —preguntó mientras masticaba su comida, Satou sonreía cálidamente y con un sonrojo en las mejillas.

—Nada, es solo que… —Trató de recordar un momento así con su familia, pero sus recuerdos no llegaban a su mente, así que cerró los ojos al suspirar decepcionado y triste—. Perdón si no puedo llevarte hoy a la escuela… Por eso estoy disfrutando este momento juntos, ¿tú también lo disfrutas, K-Kobeni?

—Sí, Oto-san. —Sonrió y él también lo hizo ampliamente.

—Lo que más disfruto es que estemos todos juntos, Satou, Kobeni. —Tohka sonrió ampliamente, pero Satou le quedó viendo de forma extraña, no soportó ver su rostro, así que volvió a ver a su pequeña.

—Sí, todos juntos… —dijo un poco menos emocionado.

Después de desayunar, Kobeni se fue con su madre al baño para lavarse los dientes, Satou se quedó en la sala, y para cuando su hija volvió un poco más seria, besó la mejilla de su padre.

—Espero que te mejores pronto, Oto-san. Ya me voy. —Satou sonrió y se sonrojó bastante.

—Gracias, K-Kobeni…

—Volveré pronto, Satou —dijo Tohka con una pequeña sonrisa, pero él ni la vio—. Oh…

—Sí, está bien.

—¿No te vas a despedir de mí? —preguntó haciendo un puchero, pero él solo agachó la cabeza, sintiendo impotencia.

—Oto-san, Oka-san me dijo que me amas más a mí que a ella, pero eso no es cierto, ¿verdad? No quiero que estén peleando… —dijo un poco seria y triste, eso sorprendió a ambos.

—¡No, no! ¿Qué dices, Kobeni? No estamos discutiendo ni nada. —Se apresuró a decir Tohka, Satou se giró a la pequeña—. Vamos, no digas cosas que no son, Oto-san y yo no estamos peleando, vámonos, se te hará tarde.

—Pero…

—Vamos, vamos. —Tohka casi la jaló de la mano y Satou vio eso muy lentamente.

«Kobeni». El hombre recordó su pelea con Tohka, como ella le pidió disculpas; cosas que jamás aceptaría, recordó los puñetazos que le dio hasta que se manchó los puños de sangre, recordó ese maldito día en el que lo perdió todo. «Tú eres mi hija… Y ella es tu… es tu… Mamá».

Se puso de pie cuando ellas ya habían salido por la puerta, ¿este era el mundo de adultos? Amaba a su hija, incluso si no recordaba nada más que los pequeños momentos de ahora, pero Tohka era su esposa, era la misma cara, lo mismo todo, excepto una cosa: era la madre de su hija.

¿Este era el mundo de adultos? ¿Tenía que tragarse todo y fingir que todo estaba bien? ¿Qué amaba a esa mujer? No podía hacerlo, pero su hija era infeliz, ¿era esto ser un adulto? ¿Hacer felices a los demás a costa del propio bienestar? Porque por esa pequeña sentía esa responsabilidad, no iba a dejar que sufriera lo que él sufrió.

«Tohka es… amable». Pensó con sudor en la cabeza y mirando que en sus manos no corría la electricidad, Nia sonrió al verlo y asintió con la cabeza ante sus pensamientos. «Tohka se preocupa por mí, no como Kurumi lo hizo, sino… diferente. Tohka es buena. Tohka es la madre de Kobeni, mi hija… Tohka me quiere y yo… No puedo olvidar, pero…»

El hombre alzó la cabeza y salió corriendo de su casa para alcanzar a su familia, quien estaban dos calles delante de él.

—¡Esperen! ¡Kobeni! ¡T-Tohka! —gritó al estar solo a una cuadra de distancia, ellas se giraron a él y le vieron con sorpresa, pero él no se detuvo, logró abrazar a Tohka fuertemente al frenar.

—Satou…

—Oto-san. —Sonrió la niña al verlos así.

«No puedo olvidar, pero…» Se alejó de ella con la cara triste, ella estaba sorprendida, luego unió sus labios con los de ella, haciendo sonrojar a Tohka, puesto que estaban en un lugar público, su hija sonrió. «Aquí tú no… No podría vivir con la persona que mató a mi familia, aquí no hiciste eso, ¿verdad? Aquí tú no has hecho nada. Y aquí yo puedo… Amarte, Tohka».

—S-Satou, estamos en medio de la calle —dijo algo sonrojada, pero feliz—. Claro que me gustó, pero…

—Tohka, te quiero. —Sonrió un poco—. Ya me siento bien, estar todos juntos como una… familia, eso es lo que te hace feliz, también a mí.

Satou tomó de la mano a su pequeña y Tohka sonrió con felicidad, tomándola de la otra mano. Ambos padres la llevaron a la escuela, pensando en todo el trayecto lo felices que eran.


Pero a Satou le duró poco, porque una vez se despidió de su hija, vio como se desintegró en poco tiempo, todo su mundo se desquebrajó, ni le dio tiempo de gritar, volvió a estar de regreso en su departamento, y se arrodilló.

—¿P-Por qué lo hiciste? —preguntó con tristeza, lágrimas salieron de sus ojos sin advertencia—. Yo no me quería ir… ¿¡Por qué lo hiciste?!

—Porque no perteneces ahí, Satou —respondió duramente Nia.

—Yo… ¿Por qué me muestras esas cosas entonces? —preguntó con voz rota—. Aquí no hay nada… Ahí estaba bien… ¡Estaba bien!

Le vio con rabia y su electricidad se manifestó, pero Nia estaba seria.

—Y algún día tendrás todo eso.

—¡No es cierto! —gritó con furia—. ¡No es cierto, no es cierto! —Recordó su pelea con Shidou y lloró más fuerte—. ¡No es cierto, no es cierto! ¡NO ES CIERTO!

—Lo es —respondió fríamente al ver partes del futuro que tendría con la Kurumi clon, en su primera cita—. Pero no lo puedes ver, entonces no lo crees.

Nia le tocó en su frente y Satou se quedó tirado en el suelo.

El joven tuvo otros sueños más, haciendo lo de Nia completamente difuso y después lo olvidó. Cuando despertó, sentía otro tipo de dolor en el pecho, se lo atribuyó al haber matado a Mana, pero no sabía que era por la familia que había dejado atrás.