Nota Autora: Pensaba escribir una segunda parte de unas tres mil palabras y terminar esta pequeña idea, pero escribía, escribía, seguía escribiendo y de repente tuvo el doble de palabras y aún no terminaba (y aún no termino), no pude escribir este fin de semana y pues no quería que pasara más de una semana sin actualizar y como ya tenía material para un capítulo más… aquí les dejo.
PIJAMAS DE EMERGENCIA
Segunda Parte
El viento golpeaba las mejillas de Marinette así esta tuviese su rostro presionado contra el pecho de Chat Noir. Casi romántico, si ella hubiese seguido siendo ella y Chat Noir hubiese sido Adrien, porque la situación en la que se encontraba podría haber salido de un cuento de hadas si ella hubiese estado enamorada de Chat.
Él la estaba cargando como a una princesa, mientras saltaba por los techos de París con el sol ocultándose en el horizonte.
Abrió los ojos una vez para ver el rosto de Chat Noir y este estaba sonriendo.
‒ ¿Me vas a decir quién eres antes de llegar a tu casa?
‒ ¡No te escucho! ¡El viento!
Pero Marinette sabía que estaba mintiendo porque ella podía escucharlo claramente, y esa sonrisa suya la estaba exasperando. ¿Quién era Chat Noir? Sabía que él estaba enamorado de Ladybug, ¿pero así de feliz estaba que Ladybug fuera ella? Habían compartido en un par de ocasiones juntos, y él le había mostrado la noche romántica que le había preparado a Ladybug…
Oh dios. ¿Había él caído en la cuenta de que había llevado a la misma chica dos veces al mismo lugar y que ella tuvo que pretender no saber nada? Que vergüenza.
También estaba segura de que se conocían fuera del las transformaciones, como él había dejado ver tan fácil, ¿pero quién era? No parecía ser Kim, ni mucho menos Max, Nathaniel quizás, Iván y Nino definitivamente no, tan enamorados como parecían de sus novias.
‒ Ya estamos llegando.
Estaban cerca de la Place du Châtelet, varias casas de color mostaza y techos grises alineadas una tras otra hacían de entrada a mansiones más sofisticadas, no se había imaginado a Chat viviendo en una de las mejores zonas de París, pero habían muchas cosas de Chat que eran un misterio para ella. La Mansión de Agreste saltó a la vista con sus largos muros color crema y tejado gris claro, probablemente Adrien estaba ahí en ese momento, y el estómago de Marinette se contrajo como las pocas veces que había estado en esa casa.
Chat Noir dio un salto más largo que los demás y aterrizaron justo en la cúpula del medio.
‒ ¿Por qué estamos parando aquí?
Dio un salto más pequeño y se detuvieron frente a una ventana de la planta superior. Marinette finalmente parándose sobre el alfeizar.
‒ ¿Esta no es la ventana del cuarto de…‒tragó saliva, no podía ser‒ Adrien?
Chat sólo sonrió y dio un brinquito como si no pudiera contener la emoción. Alargó una mano, abrió la ventana y se asomó para verificar que el cuarto estuviese vacío, después hizo una reverencia para invitarla a pasar.
‒ Pasa, Marinette, my lady.
Los brazos los tenía paralizados a los costados, una pierna siguió a la otra por costumbre y pronto estuvo en el centro del cuarto del chico que era su amor platónico. Esto no estaba pasando.
‒ Creo que va a ser un poco vergonzoso decirte my lady una vez me haya quitado el traje.
No. Nononono.
‒ Claws in.
Una ráfaga de brillo verde inundó la habitación y en el lugar donde estaba Chat Noir, su compañero súper héroe y mejor amigo, con su manera descarada de hablar y su coqueteo infinito, pero también con un corazón noble y complejo de salvador, quedó Adrien Agreste, su compañero de clase, amable, servicial y caballero, últimamente amigo y destino de sus afectos, crush y amor platónico. Blanco de sus fantasías, futuro padre de Emma, Hugo y Louis.
Oh no, nononono. Estaba pasando, había pasado lo que ni en sus más remotos sueños se habría atrevido a imaginar.
‒ ¿Estás bien?
¡No!
‒ ¡Sí!
Cada recuerdo fue cayéndole como un hielo en el estómago. Había estado combatiendo akumas con Adrien, encerrados juntos en bóvedas y corrido por los techos de Paris en la noche. Chat Noir le había pedido su autógrafo en el disco de Jagged Stone, había estado en su cuarto jugando vídeo juegos, se había disfrazado de Ladybug y Adrien de Chat Noir y habían hecho poses ridículas junto a un montón de desconocidos fingiendo ser sus alter egos, ¡la ironía! Chat Noir había entrado a su habitación y había visto todas las fotos de Adrien mientras luchaban contra Problemática, y lo peor… lo había besado. Y lo había rechazado. ¿Había Adrien pensado en todo eso?
¡Cuando Alya se enterara que había besado a Adrien! O no, ella no se podía enterar.
‒ ¿Estamos bien?‒ dijo con voz titubeante, quizás Marinette había pasado mucho tiempo contemplándolo como tonta mientras pensaba en todas las imposibilidades que ahora eran posibles.
‒ Oh ni, ¡so! Digo, ¡Sí! ¡Claro!
La sonrisa de Adrien flaqueó y sus ojos reflejaron su incomodidad.
Oh rayos. Ahora Marinette se sentía culpable, después de todos los avances que habían hecho como amigos, las oraciones completas y coherentes que había logrado decir en su presencia, sentía que regresaba al mismo puesto de admiradora que antes.
Pero es Chat Noir -se dijo-, y tú eres Ladybug, no estás aquí para jugar.
De repente, recordando el motivo por el que todo eso estaba ocurriendo, su identidad secreta descubierta y expuesta en las inmensidades de la web, cogió aire y estiró la columna. Adrien notó el cambio en su postura y la miró con interés.
‒ Esto es lo que haremos ahora.
Casi pudo sentir como los músculos tensos en la mandíbula de Adrien (¡Chat Noir!) se relajaban y cambiaba su actitud de nuevo a la de Chat Noir (¡Adrien!).
‒ Te escucho, my lady.
Estaba disfrutando el día al máximo, y no podía ni siquiera sentirse culpable por eso, porque su pecho estaba lleno de tantas emociones y expectativas que podría haberse puesto a cantar, cuando cantar era lo único en lo que Adrian Agreste no era bueno, modestia aparte.
Sabía que celebrar un accidente como ese no era apropiado, pero había caído casi como una bendición. Nada demasiado grave, nada que pareciera permanente y desastroso, nadie había salido herido, ni siquiera los conejos, y estaba noventa y nueve por ciento seguro que nadie podría descubrir la identidad de Ladybug con la terrible calidad de esa cámara y un vídeo nada explicito. Ni siquiera los civiles que le habían visto el rostro a Marinette lo tenían preocupado, habían sido unos pocos segundos antes de que él se lo cubriera. ¿Y de todo esto qué había ganado? Que ahora Ladybug y Chat Noir conocieran sus identidades secretas, y Ladybug ni siquiera había parecido tan molesta porque Chat supiera.
Al menos hasta que entró al cuarto de Adrien, pero este era un sentimiento amargo que quería postergar. Por ahora sólo quería tener pensamientos felices mientras realizaba las tareas de Marinette le había dado.
La primera tarea había sido entregar el celular al chico que había grabado todo. Encontrarlo había sido sumamente fácil cuando tenía el número de su casa guardado como "casa" y no había sonado nada sorprendido cuando Chat le habló por el teléfono pidiéndole la dirección de su casa. Una tarea sencilla que no le llevó más de 10 minutos, aunque él chico no había parado de bombardearlo de preguntas acerca de la chica que era Ladybug.
La segunda tarea era pasar por la casa de Marinette y ahí tendría que hacer tres cosas: Merodear por los alrededores para verificar que si alguien había descubierto la identidad de Ladybug no estuviese molestando a sus padres, buscar algo dulce para Tikki en la panadería (Adrien no pudo encontrar nada dulce en su casa) y conseguirle un pijamas de emergencia, porque Marinette, también conocida (sólo por él) como Ladybug, iba a pasar la noche durmiendo de incognito en su casa.
¿Desde cuándo el portador del miraculous de la destrucción y la mala suerte tenía tanta suerte?
‒ ¿Estás segura que está bien que pases la noche a que Rosita?‒ Escuchó que decía Madame Dupain-Cheng cuando se asomó por la ventana del cuarto principal, sus orejas de gato alertas.
‒ ¡Por supuesto! Ella misma me invitó, la señorita Mendeleiev nos mandó tantos deberes que parece que nunca fuéramos a terminar.‒ Sonó la voz de Marinette desde el altavoz del celular de su mamá. Quizás un poco más aguda de lo normal, pero nada que llamara la atención.
‒ Ok, te espero en la casa antes de que vayas al colegio mañana.
‒ ¡Claro mamá!
Claro y conciso, justo cómo lo habían practicado antes de que él se volviera a transformar en Chat Noir y la dejara sola en su habitación, el plan estaba saliendo de maravillas.
Después de verificar que no estuviese pasando nada anormal alrededor de la casa de Marinette (¡Ladybug! Wow), entró sigilosamente por la trampilla hacía el cuarto de ella y frunció el ceño, no habían tantas fotos de él como la última vez que había entrado, sólo una enmarcada al lado de su computadora y otra pegada con cinta sobre la cara del cartón a escala de Jagged Stone. Era divertido, pero ahora tenía la duda de si había dejado de gustarle a Marinette y sólo el pensamiento lo molestó, ¿dónde estaban las demás fotos?
Siguió su instinto y con todo el silencio que pudo levantó el colchón de la cama. Ahí estaban, todas las fotos que antes habían estado esparcidas por su cuarto acumuladas bajo el colchón. Sonrió complacido, sabía que no era normal sentirse tan bien por saber que tu compañera de clase tuviese más fotos tuyas que el Ladyblog, pero prefería disfrutar del sentimiento y no pensar en el aspecto negativo. Un plus era imaginarse a Ladybug armada de unas tijeras recortando su foto de las revistas.
Después de tomar la pijama ‒hay un morral fucsia con lo que usé la última vez que me quedé a que Alya, traémelo completo‒ y bajar a la panadería por algunos macarrones, volvió a saltar entre los tejados de París para regresar a su casa. En otras ocasiones se hubiese tardado recorriendo París de noche, disfrutando de la libertad que ser Chat Noir le daba, de poder salir del asfixie que la mansión solía producirle, pero ese día Adrien estaba apurado y que Marinette lo estuviese esperando le hizo acelerar la velocidad.
La luz de su habitación estaba prendida como siempre que él salía a patrullar y fingía que seguía ahí, lo bueno de Natalie era que después de su horario de trabajo y siempre y cuando bajara a cenar a la hora exacta, no lo molestaban durante la noche, por lo que sabía que Marinette iba a estar segura en su habitación. Entró por segunda vez en el día por la ventana y la buscó expectante, pero no había rastro de ella.
‒ ¿Marinette?‒ Llamó tentativamente, sin querer levantar mucho la voz.
Su habitación era demasiado grande para un chico normal de quince años en la que fácilmente una chica pequeña como ella podía esconderse sin pensarlo mucho, pero en realidad ella no debía estar ahí y habían muchas cosas que podrían salir mal, por lo que no verla a la primera lo hizo preocuparlo.
‒ ¿Marinette?‒ Repitió con más urgencia.
Un chillido se escuchó por la puerta del baño.
‒ ¡Aquí estoy!
Y estaba ahí, sentada con las piernas recogidas en una esquina de la amplia ducha de Adrien, Tikki en su regazo.
‒ ¿Qué haces ahí? Quiero decir, la ducha es un lugar poco común para pasar el rato, ¿no?
‒ Pero es el lugar más cómodo para refrescar el ladyblog cada diez segundos, si quisieras probarlo alguna vez.
Adrien dejó escapar una risotada. El ingenio de Marinette cuando estaba con Chat Noir parecía acentuarse y era un placer casi culposo querer verla siempre siendo Chat sólo para que ella le hablara así.
‒ ¿Has leído algo importante?
‒ No, pero deberías ver las teorías que algunas personas han inventado.
‒ Eso es bueno, si siguen así no tendremos que dejar pistas falsas nosotros.
‒ Sí, incluso están armando un grupo para averiguar donde compre mis pantalones rosa, por lo menos ahí terminaran en un punto muerto.
‒ No me digas, ¿los hiciste tú?
Marinette asintió sonrojada.
‒ Nada menos de ti.
Era muy agradable poder hablar con ella así de fluido, algo que Adrien había querido hacer desde que decidió que él y Marinette eran amigos. Sólo tenía que seguir con un plan que se le había ocurrido de manera involuntaria: Hacerla sentir cómoda y hablarle cómo si él fuera Chat Noir siempre, aunque ambos puntos chocaran aplicándose a la realidad.
‒ Oh, toma.‒ Le pasó el morral y la caja con los macarrones.‒ Disculpa que no haya tenido nada dulce aquí, sólo como dulces cuando estoy fuera de casa.
Marinette abrió la caja y le dio un macarrón a Tikki, que se puso a comerlo de inmediato.‒ Si es así puedes pasar cuando quieras por mi casa a comer dulces.‒ Dijo distraída.
‒ ¿En serio?
Las mejillas de Marinette se enrojecieron con la realización de lo que había dicho, pero mantuvo lo que dijo.‒ Por supuesto.
Chat Noir se preguntó si ella podía ver su propio sonrojo bajo el antifaz.
‒ ¿No te vas destransformar?‒ Preguntó de repente, las palabras pegadas unas a otras como una sola palabra muy larga, tomando a Adrien por sorpresa.
‒ ¿Debería?
Sus cejas se juntaron con un pensamiento que trató de expresar con claridad.
‒ Sí, quiero decir, es tu habitación ‒los ojos se le abrieron con sorpresa, ‒ tu baño.
‒ ¡Ah!‒ rió fingiendo una tranquilidad que acababa de perder.
La imagen sí era algo absurda: Marinette sentada bajo la ducha apagada, su kwami comiendo macarrones desde sus piernas y Chat Noir viéndola desde la puerta corrediza. Era un escenario tan bueno como cualquier otro y era hora de afrontar una realidad incómoda, así que se decidió, cogió aire y empezó con más velocidad de la planeada.
‒ ¿Puedo ser sincero contigo? No es que no te diga siempre la verdad, tú me dijiste que los amigos no se mentían, eso está genial, pero hay cosas… nada malo, sólo algo que siempre me he preguntado. Ahora que sabes quién soy, nosotros en clase, quizás aclararlo ahora que tú y yo-
Dos golpes en la puerta hicieron que Chat Noir diera un salto del susto y a Marinette casi se le saliera el corazón por la boca.
‒ ¡Adrien! Estás atrasado para la cena.‒ Se escuchó la voz de Nathalie.
‒ Rayos, um, ¡Voy!‒ gritó.
Luz verde iluminó el baño y en el lugar de Chat Noir volvió a quedar Adrien.
‒ No creo que jamás me acostumbre a eso.
‒ Quizás sólo tengas que verme destransformarme unas cuantas veces más.
‒ ¿Dije eso en voz alta?‒ gimió Marinette llevándose las manos a la cara.
Adrien le sonrió‒ Te traeré algo de cenar en un rato. Espérame aquí.‒ Trotó hacia la habitación y justo antes de salir giró la cabeza, una media sonrisa en sus labios.‒ En la habitación, a menos que quieras seguir en el baño.
Le dio la espalda de nuevo y cerró la puerta tras él, dejando a una Marinette con serios problemas cardiacos tras él.
‒ Creo que será una noche muy interesante.‒ Dijo Tikki mordisquenado su tercer macarrón.
Marinette ahogó un grito. Su vida no podía dar giros tan bruscos sin causarle un daño permanente, y encerrarse en la ducha durante un ataque de pánico mientras Adrien iba por su pijama no había sido buena idea, menos al recordar que ahí era donde Adrien se duchaba.
‒ Tikki, ¿Qué voy a hacer? No creo que mi corazón pueda soportar que Chat y Adrien sean la misma persona.
‒ Tú tranquila Marinette‒ la calmó la pequeña kwami con dulzura‒, has peleado akumas más aterradores, podrás con esto sin ningún problema.
‒ Creo que prefiero a los akumas.
Ignorando la turbulencia de emociones, Marinette se sentía orgullosa de poder haber hablado con normalidad con Adrien aunque hubiese tenido puesto el traje de Chat Noir. Era más fácil, sencillo, algo a lo que estaba acostumbrada así ella no estuviese en su traje de Ladybug. Era la visión de Adrien lo que la hacía tartamudear, y su manera de actuar de Chat Noir lo que la hacía desarmarse como si su cuerpo estuviese hecho de bloques de jenga. El destino no era nada justo, pero ¿no haría eso más fácil su relación con Adrien? Era algo que estaba dispuesta a explorar.
Con ese pensamiento optimista aún en mente decidió cambiarse de una vez a la pijama, no soportaría tener que cambiarse después estando aún más cerca de Adrien, y después seguir refrescando el ladyblog por nuevas noticias de su desafortunada destransformación, que había quedado relegado a un segundo plano después de conocer la identidad de Chat Noir.
‒ Enfócate, Marinette‒ Se dijo dándose una palmadita en las mejillas, ya con su pijama puesta.‒ Tu puedes con esto.
‒ Por supuesto que puedes, eres Ladybug.‒ Dijo la voz de Adrien a través de la puerta, sin tener idea de a lo que Marinette se refería‒ Aquí tengo la cena.
Su corazón se detuvo un milisegundo con el típico sobresalto que Adrien parecía tan a gusto de darle siempre, su mente proceso un "¡ya voy!" para responderle, pero de su boca salió un ruido ahogado que no podía ser llamado palabra.
Por supuesto que soy Ladybug, se recordó por segunda vez en el día, y trató de enfocarse en las contadas ocasiones en que le había hablado de manera natural a Adrien siendo Ladybug. Con la diferencia de que se sentía mucho más vulnerable en pijamas que con su traje de superheroína. Ugh.
Marinette salió arrastrando los pies del baño sin poder mirar a Adrien de la vergüenza. Era diferente huir con él de fans histéricas e ir al cine en pijama a esa situación.
‒ Dije que tenía tarea pendiente para poder subir más rápido.
Él la esperaba sonriendo con tanta emoción contenida, que Marinette no pudo evitar sentirse conmovida. Si ya se sentía ansiosa, quizás sentirse un poquito emocionada no estaría nada mal.
‒ Bueno‒ sonrió‒ continuemos con el plan.
Se pusieron cómodos bastante rápido. Colocaron una colchoneta en el segundo nivel de la habitación de Adrien donde estaba la librería, para que así nadie viera a Marinette si llegaran a entrar de repente, armados con sándwiches de queso y macarrones (Plagg y Tikki estaban muy complacidos), Marinette con su celular y Adrien con una laptop, sentados en puffs a la orilla del colchón. Adrien no paraba de preguntarle si estaba cómoda, trayéndole un cojín así esta respondiera que sí lo estaba, pronto Marinette estuvo envuelta en una sábana mullida y ahogada entre cojines. Tanta atención la intimidaba, pero era lo mínimo a lo que Adrien se sentía inclinado a hacer comparado con todas las atenciones a la que Chat Noir hubiese sometido a Ladybug.
‒ Tú solo dime si necesitas algo, my-Marinette.
Ella asintió fingiendo que estaba concentrada en su celular, Adrien la veía con el rabillo de su ojo. Casi tenía que morderse los labios para no coquetear con ella, ya se había fijado en que lucía mucho más relajada cuando Adrien pretendía que no estaba locamente enamorado de ella como Chat.
Los minutos pasaban y ninguno decía nada. Adrien buscando foros en los que comentaran de la identidad de Ladybug para leer cada comentario y desviarlos de su propósito. Si alguien comentaba algo respecto al atuendo de Marinette, el comentaba que había visto una tienda en Avenue Montaigne con la misma blusa, cuando era Marinette la que la había hecho, y así guiar a los pobres fans en una expedición sin fin entre los productos de aquellas tiendas, que habían demostrado ser ridículamente insistentes en detalles absurdos.
Era un trabajo importante, si se descubría que era Marinette, adiós vida ordinaria para ella, pero después de durar casi media hora haciendo lo mismo en silencio ya Adrien se estaba impacientando, y el golpeteo constante y arrítmico del pie de Marinette sobre el suelo no lo estaba ayudando, hasta que de la nada se detuvo.
‒ Hey, mira esto.‒ Adrien se inclinó con avidez hacia Marinette, que sostenía el celular en su dirección, la pantalla tenía un dibujo a mano muy mal hecho de una chica con dos coletas.
‒ ¿Se supone que eres tú la de ese dibujo?
‒ ¡Sí! ¿Me parezco?‒ sostuvo el celular junto a su rostro y trató de imitar la expresión entre susto y risa del dibujo. Adrien soltó una carcajada.
‒ Por lo que veo, esa podría ser Chloé también.
Marinette se llevó una mano al pecho‒ Eso es bajo, gatito.
Adrien volvió a reír a gusto con el sobrenombre, sintiéndose complacido al escuchar a Marinette diciéndole así.
‒ No se parecen en nada, ni tú al dibujo ni Clhoé a ti.
‒ Mucho mejor.
‒ ¿Me he ganado un premio, Bugaboo?
‒ Quizás te rasque las orejas cuando terminemos con esto.‒ Dijo Marinette por costumbre, su rostro se enrojeciéndose al instante al asimilar lo que acababa de decir, pero procesando más rápido aún una manera de desviar el tema de eso tan vergonzoso que acababa de decir.‒ Eh, um, ¡mira! ¡que horror!
‒ ¿¡Lo descubrieron!?
‒ Oh no. No es eso.
‒ ¡No me asustes así!‒ se quejó Adrien.
Marinette lo ignoró‒ Están buscando a alguien que haga retratos con descripciones como los de la policía para que todos tengan una idea de cómo es mi rostro.
‒ No creo que la policía se preste a eso.
‒ Yo tampoco, pero cualquiera con talento puede ofrecerse.
‒ Con talento… o no.‒ La voz de Adrien implicaba algo más, Marinette despegó los ojos fijos en su celular para observarlo con atención y le devolvió una sonrisa cómplice.
‒ ¿Qué tienes en mente?
Nota Autora: GRACIAS por los reviews, de verdad que son amor, ¡nos leemos en la próxima (y definitivamente última parte)!
PD: Corregí algunos errores de tipografía en la primera parte y como esta serie la veo en inglés, español latino o castellano según como salga el episodio, traté de hacer cohesivas sus frases particulares.
