Disclaimer: Hetalia le pertenece a Himaruya. Este fanfic al grupo de Las Inadaptadas.
xoXOXox
Capítulo 02:
Para cuando la campana suena de nuevo, ya es la hora de salida.
Alfred se la pasó parte de la tarde fuera de su aula porque ya no supo cómo entrar sin que le hicieran preguntas por sus moretones y raspones. Pero, aunque podía hacer novillos, decidió ir a la enfermería a pesar de todo. Unas banditas estarían bien.
La enfermera le sonrió al verle y conociéndole, le preguntó que cual batalla lo había dejado así. El menor le contó toda una historia fantástica, omitiendo la parte del baño, pero no al chico que había conocido. Ella le ayudó con la herida de la rodilla y le dejó estar ahí hasta la próxima clase.
No esperaba encontrarse a la chica que había salvado con su súper awesone poder.
—Veee~, discúlpame por huir así, estaba muy asustada —se acerca a él, tímida.
—Eh... —se le queda viendo como buen héroe que no recuerda la cara de su pueblo, rascándose la mejilla. Emocionado eso sí, porque nunca le dan las gracias a pesar de que no debe esperarlas. Siente bonito —, nooo, está bien. ¿Estás bien?
—Sí, veee~
—Ok! —le sonríe —, ¡recuerda que puedes llamarme cuando tengas problemas!
—Veee~, gracie... —no sabe si en verdad estaba o no en problemas.
Ludwig, en algún lugar de la secundaria, se da de topes en la cabeza por ser tan torpe.
Alfred le sonríe y se va, diciéndole que la ve otro día, que en el próximo periodo tiene clases y va tarde. La chica le sonríe de vuelta pero le sigue porque aparentemente van a la misma clase.
Alfred va corriendo como enajenado, imaginándose toda una persecución con el Guasón tras de él y todo, dando saltitos. Por algún motivo relacionado con el síndrome de persecución, voltea a ver y nota a Felicia a unos cuantos tras suyo.
—Jajaja, corres mucho.
—¡Tú también corres! —se ríe con ella.
—Creo que es mi especialidad, veee~ —se ríe.
—Cool! —y piensa que es una buena habilidad. Y ahí llegan al aula, donde se dan cuenta de que sus pupitres uno detrás del otro.
—Oh, ¿por qué nunca nos habíamos hablado antes? Mira que somos compañeros de sillas, veee~ —le dice tan animada.
—No lo sé —y en realidad no lo sabe, porque hasta esa mañana le habló —, ¡Pero ahora que sé que somos compañeros y estamos cerca puedes ser mi Robin!
—Che cosa?
—¿¡No sabes quién es Robin!? —se escandaliza y es que de seguro Felicia es una chica de la moda.
—No, en verdad no sé quien es Robin, pero sabes ayer salió una nueva moda de Dolce e Gabanna —dice emocionada y moviendo las manos a todos los lados.
—Dolce... e Gabanna? —la mira como si le hubiera echado un conjuro —, ¿es algo de comer?
—¡Claroooo que no! ¿No conoces Dolce e Gabanna? ¡Es la mejor marca de ropa para hombres, siempre me ha gustado hacer ropa para hombres por eso sigo a todos los diseñadores!
—Y... ¿hacen trajes de súper héroes?
—No lo hacen, es algo anticuada, algún día espero mejorar esos trajes tan espantosos.
Al la ve impresionadísimo. Sólo falta que la quijada se le desmonte de la cara y completaría el cuadro.
—No dijiste eso...
—Es la pura verdad, ¿no crees que con unos trajes más modernos pueden mantener mejor su doble vida? Además, la dureza de las telas es importante para pelear y como ellos tratan con personas deben estar siempre lindos, ¿no?
—Mmmm —se mesa la barbilla, bajándosele la impresión —, tiene sentido.
Y lo que resta de la clase se la pasan hablando de trajes, de los cuatro Robin y moda. Hasta la hora de la salida. Al carajo las clases.
oxOXOxo
Suena la campana y un maremoto de niños amenazan con llevarse por delante a quien se les cruce.
Entre ese mar de chicos había uno en especial que caminaba despacio como pensando cada paso, sin prisa en llegar a casa. Piensa que hoy fue un gran día, sonriendo con esa sonrisa tan suya que asusta a todos los que le pasan cerca.
Se abre la marea de niños como el mar de Moisés al verle esa sonrisa. Así cierto héroe rubio que iba con la chica de la moda pudo divisarlo a lo lejos.
—Y así si le prendes fuego no se quema tanto y al rato puedes comértelo y aunque se ve feo sabe bien y... —le habla sin parar a la chica y cuando aparta la mirada ve al ruso. Sonríe al reconocerle —. ¡Oh! ¡Mira! —se lo señala a la italiana.
La chica se pone palidaaaa al verlo y prepara piernas para correr pero Alfred la agarra del brazo antes de que se pueda ir, sin enterarse de que lo que la chica iba a hacer. Empieza a correr con ella hacia el mayor.
—¡IIIIIVAAAAAN!
El mencionado se extraña que alguien le llame, así que gira la cabeza intentando localizar la voz y reconoce al chico del baño.
—Privet —no grita, sólo mueve un poco las manos.
Al levanta la otra mano y la agita, él sí gritando. La chica no sabe qué hacer con todo este intercambio pero sigue pegada al de anteojos así que nada puede hacer. El ruso se queda parado esperando que lleguen, sin saber cómo actuar.
—¡Oye! ¡Te fuiste sin decir nada! —le dice al llegar donde él, con la chica aun agarrada.
—Lo siento, aun había alguien ahí, no sé si te vio —recuerda haberse despedido pero no está seguro si lo hizo en voz alta o no.
—Oh... —baja la mirada —, ¡Ah! ¡Mira! —le presenta a Felicia —. ¡Es Felicia!
—... —ella intenta hablar pero no le sale la voz con un gigante frente a ella. El ruso espera que hable ya que abrió la boca pero como no dice nada…
—Privet —saluda él primero.
Alfred les mira, encantado.
—Ciaooo~ —le dice la chica al ver que no hace nada malo y que parece tímido a pesar que es tan grande. Le hace una venía luego y el ruso sólo sigue agitando sus manos.
El americano se siente orgulloso de unir vidas.
—¡Y él es Iván! Nos conocimos hoy en... Eh... —mira al ruso, pasándole la palabra.
—En un pasillo —termina, está bien que no tenga amigos pero si sentido común
—¡Ahí! —da un aplauso y un saltito, soltando a la chica de paso —. ¡Ella es a quien salvé antes! —agrega.
—¿Salvarme? ¡Ah! Cuando el chico de segundo y sus amigos de tercero intentaron hablarme. Sí, estaba aterrada y no sabía qué decir.
—¿Y se conocieron hoy también? —pregunta el ruso con curiosidad.
—¿Te estaban... hablando? —pone cara de dafaq y voltea a ver al ruso, con la bocota abierta. Él sólo levanta los hombros porque no lo sabe.
—Sí, pero el chico de segundo da algo de miedo porque habla demasiado fuerte.
—Entonces... Argh —se da cuenta que él malinterpretó las cosas y se gira a Iván, haciendo un puchero porque se acaba de dar un golpe en el ego.
Al verle la cara, Iván se ríe suavemente con una sonrisa verdadera que no asusta. Felicia comienza a reír más fuerte, no sabe porque pero le dio gracia ver las caras de ambos.
Alfred infla los mofletes y los arrastra a ambos fuera de la escuela, tan digno. Cabe decir que más de uno está petrificado, temiendo por la vida de ese par de niños que van con el gigante de tercero. Y es que es un trío raro: la chica de la moda, el friki y el tenebroso.
—Oh, ¿y quieres un sándwich mañana? El de hoy se echó a perder —lo que le ha preocupado todo el día. El menor lo voltea a ver y asiente con la cabeza, sonriendo.
—Yeah! ¡Y yo te doy el mío! ¿Y tú, Felicia? ¿Intercambias almuerzos con nosotros?
—Claro pero deben saber que yo soy demasiado estricta con la comida. Si no es nada gourmet, no como.
Al se muere de risa porque esta niña siempre habla de cosas que no entiende. Pobrecita, una hamburguesa se va a comer. O peor considerando el papá que este muchacho tiene.
—No me fío de ustedes y más si te ríes así —entrecierra los ojos la italiana —, mejor hago pasta para todos, de todas formas me gusta cocinar.
—Nah! —y lo que no sabe es que su hermano mayor le quita la comida del papá a escondidas y le da la que él prepara. Felicia se pone seria.
—Si no me traes algo bueno te daré un castigo —le cambia la cara a una feliz —. Veee~
—Of course, girl! —aunque igual la suelta de golpe.
—Eh… ¿y dónde nos veremos mañana? —pregunta el ruso que dudaba seguir hablando.
—Pues obvio que no en el ba... —se obliga a sí mismo a callarse —. ¡En la cafetería!
—¡¿Dónde?! —grita la italiana y el ruso al tiempo. Una por la parte del baño que medio entendió y el otro porque no suele estar en la cafetería frente a todos.
—¡A la cafetería! —repite sin entender el problema.
—Bien —dice la chica, pensando en si escuchó mal o no.
—Hmm… ¿puede ser en la parte más tranquila de la cafetería? —pregunta Iván, imaginando una mesa vacía en una esquina del recinto.
—¿Tranquila? —levanta una ceja el americano.
—¡FELICIAAAA! —grita una voz femenina a lo lejos.
—Da, donde no estén los demás —mira alrededor que todos los observan. La chica se gira y ve que es su hermana
—Ciaoooo —le agita la mano.
—¡Ven para acá YAAAAA! —chilla, asustada con la mole que tiene secuestrada a su hermana menor.
—Claroooo —le dice sin notar el enojo porque su hermana siempre está enojada —. Nos vemos mañana chicos.
—Paka —se despide suavemente el ruso.
Chiara se desespera porque Felicia no va todo lo rápido que sabe que puede, así que corre hacia ella y se la lleva arrastrando, con el alma en la boca. La regaña de paso.
—Byeeeeeeeee! —grita Al.
—Espera Chiara, sorella, no me arrastres, veee~
—¡No me digas lo que hacer! ¡Mira que si te asesinan...! —y ya no se les escucha porque van lejos. Al mira al ruso y le sonríe, soltándole también.
—Es por esto que digo...
—¿Mmm?
—Que es mejor donde no haya tanta gente.
—¡Nah, qué va a ser! ¡Es más divertido cuando somos varios! —Le da un golpecito en la espalda —. Además, la comida sabe mejor cuando estás entre amigos —sonríe.
—Supongo… Ya debo irme, ¿nos vemos mañana? —quiere preguntarle qué camino toma para ir juntos pero no es capaz.
—¡No lo supongas! ¡Ah! —se detiene y lo agarra de nuevo del brazo. Sale corriendo otra vez.
—¿A dónde vamos?
—¡Mira! ¡Allí está mi papá! —le señala un auto verde estacionado frente al lugar. El hombre que está dentro agita una mano.
—Oh —se deja arrastrar sin problemas.
—¡Alfred, no corras! —le regaña el hombre del auto, que tiene un par de cejas gruesas. El menor desacelera pero no deja de correr, llegando hasta él.
—Dad! ¡Mira! ¡Hoy salvé a una chica y ahora es mi amiga y él es Iván y tiene quince y también es mi amigo y mañana vamos a comer juntos con Felicia!
—Privet —saluda al hombre al que le lleva un poco más de una cabeza.
El padre del chico inclina la cabeza en saludo y se vuelve al americano.
—¿Nos vamos?
Alfred dice que sí y le pregunta a Iván hacia donde queda su casa para ver si lo llevan también, tomando la decisión él solito. Arthur, el mayor, se resigna a decir nada porque acostumbrado está. Iván les dice su dirección y coincide que es cerca a su casa.
A Alfred le brillan los ojitos porque su nuevo amigo vive a un par de cuadras nada más. Y se suben al auto y todo el camino se la pasa parloteando. Iván sólo escucha sin responder mucho como cuando hablaron en el baño. Al sigue hable y que hable y casi que da saltos dentro del auto, sin el cinturón puesto. Arthur lo regaña cada cinco segundos y se pregunta si el "amiguito" de su hijo no será autista.
Al llegar a la casa este se baja, le da las gracias al padre del americano y se despide de este.
—Bueno, entonces nos vemos mañana en el almuerzo.
—Byeee! —agita una mano, sacando la cabeza por una de las ventanas.
Arthur le grita que se meta o deja la cabeza en un poste esos de la electricidad. Iván se mete a la casa y sonríe recargado en la puerta. Al fin tenía un amigo.
oxOXOxo
Ludwing, que va dándose topes en la cabeza desde el almuerzo, sale de su aula y se encuentra a su hermano mayor que está espiando a saber qué.
—Hey West! ¿Puedes ayudarme? ¡Estoy en una misión súper awesome!
—¿A quién estás espiando? —porque él no tiene paciencia y menos ahora.
—Al gigante de mi clase. Es que bueno, hoy me pareció verlo con alguien en el baño y mis amigos no me creen. Míralo, allá va solo, como en las nubes.
El menor hace los ojos en blanco y bufa un poco, asomándose tras de él.
—Pues no me parece nada...
Cuando en ese momento escuchan el escándalo que hace Alfred mientras corre hacia el ruso, tomado de la mano de la chica.
—Hey, parece que sí conoce a alguien —levanta las cejas es albino.
Lud se queda con la palabra en la boca, viendo a la niña de primer año con la que había intentado hablar en la mañana, de la mano del niño que llegó a joderle los planes. Se apoya en Gilbert para ver mejor.
Y es que ella le gusta desde principios de año, cuando la chica entró a esa secundaria. Siente no sé que con esa imagen.
—Ehh, ¿esa chica no es tu amiguitaaa? —le dice medio burloncillo —. Pero me estoy desenfocando del problema, ¡¿Cómo es que de la nada ese tonto habla con alguien!?
—Argh... —le da un zape a su hermano y levanta las cejas al notar que ambos niños, muy amigables, hablan con el ruso.
—¿Ves? Quizás sí estaba con alguien en el baño —dice el pruso, mirándolos fijamente e ignorando el zape. A este le duele más que no le crean que lo golpeen.
—¿Pero no era él quien... ? —y se queda callado, viendo como Felicia le sonríe a Iván. En su cabeza se empieza a maquinar un montón de tonterías.
—¿Cómo es posible que alguien quiera hablarle a ese? No puedo perdonárselos, mañana seguro iré a averiguar más de cerca, es más, hablaré con esos niños.
Ludwing no dice nada, imaginándose que la chica está saliendo con el americano y que su hermano vio a alguien en el baño con Iván... Agita la cabeza, borrando todo eso.
—Vamos.
—¡Hey Lud, espera! ¡West, no me dejes aquí, eso no es awesome! Ya estás metido en esto, tú ayúdame con los niños, yo intentaré hablar con ese tío.
—Vámonos ya —pasa de lejos, viendo de reojo a Felicia.
Gilbert sigue a su hermano de mal humor porque este no quiere ayudarle hasta que escuchan a la otra italiana gritar. Ambos voltean a mirar (como media escuela) como la mayor se lleva a la pequeña de arrastras. Ludwing la mira y luego a su hermano.
—Esto es cada vez más raro —mira a su hermano fijamente —. Mañana me ayudarás lo quieras o no. Tony y Francis se darán cuenta que no me lo imaginé.
Ahí Lud sí acepta, encogiéndose de hombros.
oxOXOxo
¡Hola a todos! ¿Les está gustando? ¿Nos regalan un review? XD
