¡Que no aparece!
Capítulo 2
Por GirlBenderL
Pidió autorización para faltar un día al trabajo y, bajo alguna que otra protesta, se la dieron. Así son en los trabajos, nunca quieren dar descanso a un empleado, por más eficiente que sea (como lo era el caso de Sakura). Una vez teniendo eso listo, nada más le quedó esperar a que fuera la siguiente mañana, cosa que casi la saca de quicio. Sakura dio vueltas por todos lados: rodó en su cama viendo su teléfono por hora y media, volteó su colchón pensando que a lo mejor eso le incomodaba. O bueno, al menos eso deseaba creer. Tras seguir intentando en vano, procedió a darse una larga ducha con agua tibia, cosa que tampoco la relajó. Clasificó su armario por colores, dobló las blusas que tenía pendientes, limpió sus brochas de maquillaje, lavó las frutas que come a lo largo de la semana. Limpió su estufa, metió a la lavadora una tanda de ropa más y para cuando por fin se sintió cansada, vio el reloj y descubrió que ya eran las tres y media de la madrugada. Posteriormente se metió a la cama, sin saber que las tres horas que dormiría serían atormentadas por los sueños que traían de acompañantes. ¡Eran más bien pesadillas!, nunca dejó de pensar qué sucedería en el viaje. ¡Sudaba frío!
Las probabilidades eran varias. Podía ser que llegasen y el abuelo las corriera abusivamente, pensando que eran oportunistas, sabandijas que absorben dinero. También, por otro lado, podría ser que ya no viviera allí ningún pariente de Sasuke. ¿Y si su mamá le abría la puerta? ¡Con esa señora nunca marchaba nada bien! El odio mutuo era tanto que Sakura ni siquiera conocía su nombre. Pero… ¿qué tal si era el papá de Sasuke quien se asomaba? ¿La reconocería? Eso quizá podría ser lo mejor que pudiera pasar; ese señor siempre fue muy amable con ella, incluso notando de la obsesión descarada de Sakura por su hijo. También existía la probabilidad de que el abuelo le dijera que él se fue del país, o que murió, o que está en coma, algo así. Tres años sin verse daban lugar a muchas oportunidades, sobre todo para alguien tan adinerado como él. Y a Sakura se le ocurrían mil probabilidades menos la de que él fuese quien abriere la puerta bendita. No quería ni pensar en qué haría él.
En fin: la alarma sonó y Sakura, demacrada por el desvelo y los nervios, se levantó dividida en dos. Una parte de ella pensaba en cuán agradecida estaba de no seguir soñando patrañas, mientras la otra susurraba constantemente a su cerebro lo cansada que estaba. Con pocos ánimos arrastró sus pies hasta la habitación de su hija. La despertó, desayunaron, cepillaron sus dientes y se metieron a bañar. A eso de las ocho y cuarto, mientras Sakura lavaba de forma frenética la cabeza de su niña, esta se quejó.
-Mami, ya te tardaste mucho.
- ¡Tienes razón, lo siento! Venga, ya hay que salir a vestirnos.
De no haber Sarada hablado, Sakura pudo haber seguido ahogándose en sus pensamientos bajo la ducha. ¡No había estado tan perturbada en años! La última vez que se sintió así de asustada fue cuando dio a luz; y ni la idea de tener un cuerpo entero saliendo de su vagina de quinceañera le aterraba tanto como la idea de hallar a Sasuke y que él no quisiera saber de ella. O de ellas. Es que no había motivo siquiera para que él quisiera volver a entablar amistad.
-¡Hola! ¿Ya están listas?- La voz de Ino entrando a su apartamento le sorprendió, por primera vez. Era común que eso pasara, Ino tenía llaves. - ¡Sarada, te ves hermosa! Esos son muchos colores… ¿Tu mami te vistió así?
-Nop.
-Eso explica todo. ¿No quieres que escoja algo para ti?
- ¡No, así!
- Si tú lo dices…- Ino alzó los hombros y se dio la vuelta para hallar a Sakura aún en ropa interior, sentada sobre la orilla de su cama. Sabía, por experiencia de los cuatro años que su amistad había durado ya, que cuando la veía así era porque tardaría una eternidad en vestirse y, ¡por todos los cielos, que no había tiempo por desperdiciar si querían alcanzar la carretera antes de que fuese hora de tráfico pesado! Por lo tanto, escogió los jeans de lona clara más ajustados que Sakura tenía, y una camiseta blanca que poco importaba, ya que pasarían comprando ropa.
Dicho y hecho. Pronto pusieron el auto en marcha y fueron a parar en el centro comercial más cercano. De allí, Ino salió con un nuevo vestido lila, Sarada con un suéter y Sakura con una blusa de las que dejan al descubierto los hombros, color guinda. Ya vestidas con sus estrenos, el plan continuó con su curso y corrieron para llegar a tiempo a su cita en el salón de belleza, donde Sakura abandonó su larga cabellera y se vio por primera vez con el cabello hasta los hombros.
-¡Qué linda, mami!- repitió Sarada mil veces mientras tocaba su cabello suavemente. Sakura sonreía abochornada y se reacomodaba el flequillo. La verdad es que Ino siempre sabía cómo lograr que Sakura se viese guapa. A todo esto caminaban ya al estacionamiento: Sakura en silencio e Ino intentando entender todo el parloteo de la niña de a penas tres años.
Todo continuó según lo planeado: Sarada en la parte de atrás del auto, viendo videos en el celular de su mamá; Sakura en el asiento del copiloto, dormitando; e Ino como conductora. Parada en el centro comercial, directito a las tiendas de ropa. Dos pausas más en la gasolinera, en el supermercado (por unos snacks para el camino, porque manejar despertaba hambre) y en marcha a la casa del abuelo. Pronto estarían a dos ciudades de donde actualmente vivían. ¡La casa de ese hombre estaba lejos, e Ino estaba loca por ofrecerse a ir hasta allá sin seguridad de lo que hallarán! Pero bueno. No quedaba de otra. Ahora que ya estaba durmiendo Sarada, Ino le proporcionó un coscorrón a su amiga.
- ¡Ay!
- ¡Tienes que reaccionar ya, no es para tanto!
- Pero si no estoy haciendo nada…
-Exacto: no estás hablando nada, no estás buscando canciones en la radio como loca, no te estás robando mis papalinas; solamente estás sentada revisando tu Instagram. Ni siquiera tomaste una foto para subirla hoy y eso que estamos bien arregladas.
-Es que… Tengo miedo. ¿Qué pasará si llegamos y no hay nadie?- Ino permaneció en silencio, cosa que a Sakura poco importó. No necesitaba una respuesta, necesitaba salir de una vez por todas del embrollo en que se habían metido. Ya iban a medio camino, Ino había pagado todo y no había modo de decirle que quería regresar a casa, no lo iba a permitir.
-Pues entonces nos rendimos. Si no hay nadie, solamente nos damos la vuelta y nos vamos a casa. Dormimos mucho y sigues con tu vida como la has vivido los últimos tres años. Esto es lo más que podemos hacer.
Sakura calló unos segundos. Tocaba su cabello y veía sus puntas, por fin pensando algo bueno: que le encantaba su nueva cabellera corta. En caso de que Sasuke sí estuviera presente y aceptara verla, quizá le parecería lindo. Después de todo, nunca le hizo un solo cumplido sobre su cabello y, cuando él no decía nada con respecto a algo, era porque no le parecía del todo.
-¿Y si no se acuerda de mí? Me sentiría morir. Se supone que había un lazo de afecto entre nosotros, aunque sea leve. ¿No crees que si no me ha buscado para nada, ni siquiera en las redes sociales, es porque no le interesa saber de mí?
-Bueno... nunca lo había pensado así.
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N/A: ¡hola! ¿Saben? Yo tenía pensado apresurarme a terminar esta mini historia, pero he estado muy triste y malhumorada estas últimas dos semanas, no he hecho mis tareas de la universidad siquiera y escribí un capítulo muy mediocre como para subirlo, así que me esperé a estar medio de buenas para escribir otro, un poco mejor.
Les estaré avisando en mi página de Facebook cuando publique el tercero.
/GirlBender L
