Continuidad: A partir de 'Wilson's Heart' (último capítulo de la Season 4.)

Nota de la autora: Este chapter surgió de una inspiración repentina, por re-ver la Season 4 Finale. No es lo que tenía planeado para continuar con este fic múltiple, pero dado que estaba completamente bloqueada y esto al menos entra en la categoría que me había propuesto para el fic, lo voy a incluir. Quizás haga también dos chapters más, desde los puntos de vista de Cuddy y Wilson, con la misma continuidad. Los fragmentos de canción al principio y al final corresponden a 'Hombre al agua', de Soda Stereo. Tiene una leve intencionalidad Huddy, pero no fue planeada.


Hombre al agua,
voces que se agitan.

Hombre al agua, barco a la deriva.

Mirás el reloj de pared: son las 5:23 AM. Falta poco para que amanezca. El cielo parece una pintura: es un degradé de colores que van del azul oscuro (en lo más alto) al rosa brillante, allá, una línea estrecha sobre el horizonte, pasando por toda una gama de colores violáceos.

Es una hermosa vista, pero no estás interesado.

Nunca fuiste el tipo de hombre que se le dedicaría tiempo a contemplar un amanecer. No lo eras antes, no lo sos ahora. Por no mencionar que estás demasiado perdido en tus propias reflexiones, en tu propia vida, como para preocuparte por eso.

Y es que últimamente tu vida se transformó en algo muy complicado; una serie de pequeños sucesos se encadenaron y todo se te vino encima como una bola de nieve, aplastándote bajo su peso. Lo peor es que también hubo consecuencias para los demás. Y eso es injusto y no debería haber pasado. Pero pasó.

Un suspiro se escapa de tus labios cuando te acordás de aquél sueño que tuviste hace poco, ese en el que te encontrabas en una especie de limbo y ella estaba con vos, ese sueño donde le decías que 'La vida no debería ser al azar; los drogadictos solitarios y misántropos deberían morir en accidentes de tránsito y las jóvenes que hacen el bien, enamoradas, a quienes arrastran fuera de su departamento en el medio de la noche deberían salir ilesas', a lo que ella te respondía que 'La autocompasión no es lo tuyo'.

Tu mente, esa parte de vos que usualmente te domina y te obliga a ser frío, racional, insensible y a actuar como que nada ni nadie te importa, que nada ni nadie merece tu completa atención, esa parte de vos que te obliga a ser solitario porque te odiás a vos mismo y eso no te permite conectarte con los demás; esa parte de vos, ahora te está diciendo que ya no pienses más en lo que pasó, que lo olvides y sigas adelante, como hacés siempre con todo.

Pero no podés. No podés, porque ésta vez las cosas fueron demasiado lejos y vos fuiste demasiado lejos. Porque ésta vez arriesgaste demasiado y aunque vos (técnicamente) no perdiste, perdieron los que te rodean, los únicos por los que te preocupás un poquito, y eso hace que vos también hayas perdido, quizás, a tu mejor amigo y el (poco) respeto que te tenían tus allegados. No podés porque ésta vez casi te perdés en ese mundo desconocido que empieza cuando alguien respira por última vez. No podés porque ésta vez, la pena es demasiado grande y todo es demasiado doloroso y la culpa es demasiado pesada, como si el mundo descansara en tus hombros, y no podés negar lo que pasó. Es imposible.

Cerrás los ojos y apretás los párpados para no dejar salir las lágrimas, al mismo tiempo que intentás tragar, pero se te dificulta por el nudo que tenés en la garganta. De repente, te acordás de ella, su nombre se escapa de la negación que tu cerebro intenta imponer y viene a tus labios.

"Amber." Lo único que sale de tu boca es un susurro, porque no tenés ni fuerzas para hablar, pero no importa. Sólo ese susurro es suficiente para que empieces a pensar en ella. Ahora, tus recuerdos, tus suposiciones, tus ideas, se reproducen automáticamente, al mismo tiempo, dentro de tu cabeza sin que puedas evitarlo.

Amber, la mujer que salió de su casa a media noche para ir a buscarte a un bar, porque estabas borracho y te habían quitado las llaves de tu moto.

Amber, la prometida de tu mejor amigo.

Amber, la mujer que cuando trabajó para vos hacía lo imposible para conseguir tu aprobación, algo que te hubiera molestado en cualquiera, pero en ella, extrañamente no. O quizás, porque se parecía tanto a vos, y utilizaba medios tan similares a vos para manejarse, que te terminó cayendo bien.

Amber, la mujer que por ayudarte perdió la vida.

Amber, la mujer que murió por tu culpa.

Amber, la mujer que a pesar de tus esfuerzos no pudiste salvar, sin importar cuánto arriesgaras tu propia vida en el intento.

Amber, la mujer que se fue y no va a volver.

Sacudís la cabeza, tratando de alejar los malos pensamientos, y los pensamientos se van, pero sabés que es temporal. Que van a volver, y que cada vez lo van a hacer con más fuerza y virulencia. No podés (ni pensás) hacer nada para evitarlo. Lo hecho, hecho está. El pasado no se puede cambiar. Eso te duele, y es nuevo. Antes, actuabas irresponsablemente (y/o ilegalmente) y no te importaban para nada las consecuencias. Si esas consecuencias recaían sobre vos, era tu problema. Si recaían sobre los demás, lo ignorabas, porque nunca eran (o nunca te parecieron) tan terribles.

Pero esto es diferente. Esto es muy serio, muy grave. Alguien murió (indirectamente o no) por tu culpa.Y eso no se puede borrar. Eso está en tu conciencia para toda la vida, otro de los muchos demonios con los que vas a tener que lidiar. Al menos, mientras estés acá, postrado en esta cama en Terapia Intensiva, porque vas a necesitar semanas para recuperarte de las convulsiones que sufriste días atrás, convulsiones que ordenaste te indujeran para poder recordar y así descubrir que estaba matando a Amber. Eso te va a mantener acá. Y mientras estés acá, no te queda más que hacer que pensar. No van a dormirte, porque tienen miedo de que no despiertes. Así que no podés escapar. Cuando salgas, quizás puedas ahogar tus penas en alcohol o sobredosis de Vicodin. Pero mientras estés acá, no podés.

Tu mirada flota por la habitación con desinterés, hasta que notás por primera vez que su mano está aferrada a la tuya. Estabas tan desconectado del mundo, pensando, que ni te habías dado cuenta. Como si tu pensamiento fuera un ente completamente separado de tu cuerpo. Evidentemente, ella acercó la silla a la cama para poder sostener tu mano en la suya. Ahora está dormida, hecha un ovillo en la pequeña butaca. Te quedás observándola con una cierta curiosidad, porque el hecho de que alguien quiera tener algún tipo de contacto con vos después de lo que hiciste te sorprende mucho.

Y la verdad, no te cierra por ningún lado que ella esté ahí.

No lo entendés. Porque ella no es tu amiga. Quizás alguna vez ocupó ese lugar, pero lleva mucho tiempo sin serlo. Los miembros de tu equipo están más cerca de ser tus amigos (al menos, en ese concepto retorcido que tenés vos de la palabra amigo), y ellos sólo pasan a verte de vez en cuando, cuando tienen unos minutos. Cameron, especialmente, pero sabías que ella vendría. Cameron es Cameron y nunca dejaría de preocuparse por vos, sin importar lo que hicieras. Ese es otra cosa que no podés entender. Como ella pudo quererte alguna vez, como es que sigue habiendo para vos un lugar en su corazón. No podés explicarlo, pero tampoco podés negarlo, así que no te sorprendió que, de todos tus 'visitantes', ella fuera la más frecuente, acompañada a veces por Chase, que pasa el brazo por los hombros y le dice que no se preocupe, que te vas a recuperar. Sabés todo esto porque aunque te hagas el dormido cuando llegan visitas, en realidad, estás siempre alerta, y escuchando, ya que te cuesta dormir.

Pero incluso ellos están lejos del seguimiento que ella está haciendo de vos. Sabés que pidió licencia por una semana o dos para poder seguirte de cerca (imaginás que habrá alegado ante la Junta Directiva que tenía 'asuntos personales' que resolver.) Los primeros días, ella se quedaba a dormir en el hospital y sólo volvía a su casa por la mañana bien temprano para bañarse y cambiarse de ropa (esto lo dedujiste del hecho de que cada vez que la veías irse, volvía al rato con un atuendo diferente, el pelo ligeramente húmedo y oliendo a perfume.)Ahora que los datos de tus estudios arrojan resultados promisorios, ahora que sabe que te vas a recuperar, se permite un poco más de tiempo para sí misma, pero aún así, pasa cada segundo libre en tu cuarto. Incluso toma la pausa para el almuerzo en tu cuarto. Y por las noches, se queda hasta tarde.

Sabés lo que hace. Por qué lo hace, es, en cambio, un misterio.

Es decir: la última vez que te fijaste, ella era sólo tu jefa, nada más.

Claro que hay algo entre ustedes.

Claro que tienen una historia.

Claro que esas peleas que tienen cotidianamente son, también, una especie de coqueteo.

Pero el hecho de que haya algo entre ustedes, que hayan tenido una historia hace mucho o que coqueteen no significa nada. O por lo menos, no es suficiente para explicar semejante cuidado por su parte, semejante preocupación por vos.

Si alguien se preocupa por otro, eso se debe a: a) culpa/remordimiento, b) atracción, c) miedo. Ella no tuvo nada que ver con eso, así que culpa no es. Sólo la atracción no sería suficiente para justificar esto. Por lo tanto, la causa es miedo. ¿Miedo a qué? No puede ser miedo generado por egoísmo porque ella no necesita nada de vos, ni puede ser miedo 'contagiado' de alguien más porque su reacción a él es demasiado fuerte. De hecho, se parece al miedo que Wilson sentía por la vida de Amber. Eso significaría que hay amor involucrado. Pero no puede ser verdad, no en tu caso… Debe haber otra razón.

Ni siquiera te atreviste a plantearte buscar una explicación; sin embargo tu mente, incontrolablemente racional como siempre, realizó ese proceso sin tu permiso. Y los resultados no te gustan para nada. La última vez que alguien se preocupó por vos y se tomó la molestia de ayudarte, terminó muerta. Te aterroriza que pueda ocurrir de nuevo.

Amaneció. Abre los ojos.
Me iré con estas olas.
No estés preocupada.
Todos gritarán: hombre al agua.

Tu mirada por casualidad se desvía de nuevo hacia la ventana. Ya amaneció, hace rato, y el sol está comenzando a subir por el horizonte. Presentís que en cualquier momento ella va a despertarse y chequear que todo esté bien, como hace todos los días, antes de saludarte con una sonrisa algo triste y tratar de arrancarte algunas palabras. La observás de nuevo y suspirás. Su mano sigue aferrada a la tuya. Y por mucho que te asusten las consecuencias e implicaciones de ese hecho, no te atrevés a soltarte. Porque se siente como si fuera el salvavidas que te mantiene a flote. Y si hay algo que no querés, es ahogarte.