Antes que nada quiero hacer una pequeña aclaración, los personajes no me pertenecen (que más quisiera yo), pertenecen nada más y nada menos que a Stephenie Meyer.

La historia pertenece a Diana Palmer yo solo estoy haciendo una pequeña adaptación con los personajes de crepúsculo.

CAPITULO 2

Bella Swan se dijo que la intensa conversación que había mantenido el capataz del rancho McCarty con su jefe no era asunto suyo. El capataz lo había dejado claro con aquel levantamiento de cejas y una mirada glacial. Pero Bella estaba preocupada. No podía quedarse sin trabajo. Su madre y Ángela, la niña de seis años que había adoptado su madre, dependían de ella.

Se mordió una uña, aunque ya casi no le quedaban. Su madre, de sesenta y tres años, había tenido a Bella muy tarde. Tuvieron un rancho hasta que su padre se encapricho de la joven camarera de la cafetería del pueblo. Dejo a su familia y huyo con ella, llevándose consigo todos los ahorros. Sin dinero para pagar las facturas, la madre de Bella se vio obligada a vender el ganado y la mayor parte de la tierra y a despedir a los vaqueros. Uno de ellos, el padre de la pequeña Ángela, se emborracho presa de la desesperación y callo al rio mientras conducía el coche. Lo encontraron muerto al día siguiente. Había dejado a Ángela completamente sola en el mundo.

Bella pensó que su vida era como una telenovela. Incluso había un malo, pensó mirando de reojo al señor Newton, que la hacia trabajar como una esclava y que siempre se rozaba "ACCIDENTALMENTE" con ella. Estaba harta de su acoso. Ella ni siquiera había tenido nunca un novio. La escuela de aquel pueblecito solo tenía un aula en el que estaban los niños de todas las edades y un solo profesor. De su edad solo había tres chicas y dos chicos incluida ella y eran muy guapas, así que nadie le pidió salir nunca. Bella nunca había sentido esas cosas que se decían en las novelas románticas. Nunca la habían besado. Su única experiencia sexual, si es que podía llamarse así, era el acoso al que la sometía el repulsivo aprendiz de Romeo que había detrás del mostrador.

Bella termino de limpiar las estanterías y deseo el destino la pusiera delante de un jefe guapo y soltero que la encontrara fascinante. Se había conformada encantada con el nuevo capataz de McCarty, pero no parecía que el encontrara nada atractivo en ella. De hecho, la ignoraba.

-Te has dejado una esquina-.

Bella se giro y se sonrojo mientras miraba sus ojos verdes.

-Có – cómo?

Edward rió. Las mujeres de su mundo eran sofisticadas e incluso pedantes. Aquella florecilla esta tan poco afectada por el mundo moderno como el almacén donde trabajaba.

-He dicho que te has dejado una esquina por limpiar- se inclino hacia adelante- Era una broma.-

-Oh- Bella se rió con timidez y miró hacia la estantería. –Seguramente me habré dejado varias. No llego más alto y no hay escalera-.

La joven miró con angustia hacia su jefe, que los estaba observando.

-Sera mejor que vuelva al trabajo antes de que me despida.-

-No puede hacerlo-.

Ella parpadeo.

-¿No puede?-

-En dos semanas vendrá un nuevo encargado a sustituirlo- aseguro Edward con voz pausada.

A Bella se le detuvo el corazón.

-Oh, dios mío…

-No me digas que lo vas a echar de menos, por que no me lo creería- aseguro el con sequedad.

Bella se comió una uña que ya había prácticamente desaparecido.

-No es eso. Es que tal vez el nuevo encargado no querrá que yo siga trabajando aquí-.

-Sí querrá- Edward apretó los labios. –El nuevo encargado trabaja para mi jefe, y mi jefe ha dicho que no se eche a ningún empleado-.

El rostro de Bella se relajo un poco cuando volvió a mirar a Newton, que lanzo una mirada furibunda.

-Lo único que tienes que hacer es aguantar las dos próximas semanas- le dijo Edward. –Si tienes algún problema con el, del tipo que sea, puedes llamarme a la hora que sea-.¿Tienes papel y lápiz?

Bella saco de detrás del mostrador un trozo de papel de estraza y un bolígrafo. Edward escribió el número y se lo paso.

-No le tengas miedo- añadió. –No te puedo decir más, pero ya tiene bastantes problemas como para buscarse más contigo.

Newton observaba la escena desde lejos con ojos asesinos. Así que a ella le gustaba aquel vaquero entrometido, ¿verdad? Eso le ponía furioso. Estaba seguro que aquel nuevo capataz del rancho McCarty había hablado con alguien de el y le había pasado información a Hale, el dueño del almacén. Iba a perder su trabajo por segunda vez es seis meses. Su esposa estaba harta de tanta mudanza y tal vez lo abandonara. El día que Edward Massen entro en su almacén fue un mal día. Deseo que se cayera en un pozo y se ahogara. Lo deseo de verdad.

Deslizo la mirada por la esbelta figura de Bella. Lo excitaba mucho. No era de las que pondrían mucha resistencia, y ese Massen no podía vigilarla día y noche. Newton sonrió para sus adentros con mucha frialdad. Si iba a quedarse de todas maneras sin trabajo, no tenia mucho que perder. Así que podía sacar algo en claro de la experiencia.

Algo dulce.

Bella regreso a casa muy cansada al final de la semana. Newton le había encargado mas trabajo que nunca, sobre todo tareas físicas. Estaba furioso por que lo habían despedido y la miraba todavía mas que antes, y de un modo que la hacia sentirse incomodísima.

Su madre estaba tumbada en el sofá viendo la televisión cuando Bella llego a casa. La pequeña Ángela estaba jugando con sus recortables. Sus ojos grises se iluminaron al ver a Bella y corrió a darle un beso.

-¿Cómo esta mi niña?- pregunto Bella abrazándola.

-He estado jugando con las muñecas que me dio Emily en el colegio- dijo la pequeña.

Emily era la hija de una de sus profesoras, una niña encantadora que siempre compartía sus juguetes con Ángela. No era ningún secreto que Bella no tenia dinero para esas cosas.

Bella se acercó a su madre para darle un beso en la frente.

-¿Has tenido un mal día?- la señora Swan le dio una palmadita en la mejilla.

Bella se limito a sonreír. No quería preocupar a su madre con sus problemas. Ya tenía bastante con los suyos.

-Los e tenido peores- aseguro. -¿preparamos panqueques con beicon para cenar?-.

-Ya cenamos panqueques anoche- protesto Ángela.

-Lo sé, cariño- dijo Bella inclinándose para besarla. –Pero no podemos permitirnos otra cosa. Si hubiera un empleo mejor pagado, te aseguro que intentaría conseguirlo-.

-A mi me habría gustado enviarte a la universidad, o al menos a la escuela de artes y oficios- dijo la señora Swan con tristeza. –Pero te hemos obligado a aterrizar en un trabajo sin futuro-.

-Estoy esperando a que en cualquier momento aparezca mi príncipe- aseguro Bella adoptando una pose. –Vendrá montado en un caballo blanco con un enorme ramo de orquídeas y un reluciente anillo de boda-.

-Si hay una mujer que lo merece, esa eres tú, cariño- dijo la señora Swan con voz suave.

-Cuando lo encuentre, te llevaremos a un hospital de lujo con camas llenas de controles para que puedas sentarte cómodamente cuando quieras. Y a Ángela le compraremos los vestidos más bonitos del mundo. Y compraremos una televisión nueva en la que la gente no se vea verde- añadió señalando el color parpadeante de la vieja pantalla.

Los sueños eran lo único que tenia. Miró a su familia y decidió que prefería mil veces tenerlas a ellas que ser millonaria. Pero un poco de dinero, pensó suspirando, no les vendría mal. Por desgracia, los príncipes azules solo existían en los cuentos de hadas.

El arquitecto tenía los planos de la cuadra principal preparados. Edward los aprobó y le dijo que se pusieran manos a la obra. Los camiones con el material comenzaron a llegar en los días siguientes: madera, acero, arena, bloques de hormigón y demás equipamiento de construcción.

Se requería su presencia en el rancho en las primeras fases de construcción. Se sentía un poco culpable por no haber ido a comprobar que Bella no tuviera problemas con Newton, al que solo le quedaban dos días en su puesto de trabajo. El nuevo encargado, Seth Clearwater, ya estaba en el pueblo. Le había alquilado una habitación a una viuda mientras se familiarizaba con el negocio. Yorkie le conto que Newton no le estaba facilitando las cosas. El hombre estaba resentido y obligaba a Bella a hacer trabajos muy duros e innecesarios.

-No entiendo como alguien puede tratar así a una niña tan encantadora- aseguro Yorkie.

-No es una niña- respondió Edward.

-Tiene diecinueve años – contesto el otro hombre con una sonrisa. –La edad de mi nieta-.

-Parece mayor- Edward se sentía incomodo.

-Tiene muchas responsabilidades encima. Necesita ayuda. La niña que su madre adopto va al colegio con ropa muy vieja. Se que la mayor parte del dinero va a parar al material del colegio- Yorkie sacudió la cabeza. –Que horror. El poco dinero que recibe su madre lo necesita para las medicinas que debe tomar.

Edward se sintió culpable por no haberse parado a mirara esa situación. No tenía planeado verse tan involucrado en los problemas de sus empleados, y Bella ni siquiera lo era técnicamente. Pero al parecer no había nadie más en posición de ayudar.

Decidió acercarse aquel mismo día al almacén. Nada más al entrar se dio cuenta al instante de lo tranquilo que estaba. No había nadie atendiendo. Edward torció el gesto, preguntándose por que no estaba Bella en el mostrador. Escucho unos ruidos extraños procedentes del cuarto de arreos. Se dirigió hacia allí hasta que escucho un grito ahogado.

Entonces corrió.

La puerta estaba cerrada por dentro. Edward dio una patada fuerte con la bota directamente en el picaporte y la puerta casi se fue abajo al abrirse.

Newton había acorralado a Bella en un pasillo de sacos de pienso para ganado. La tenia bien sujeta y estaba tratando de besarla. Ella luchaba con todas sus fuerzas por apartar el cuerpo rechoncho del hombre.

-Te vas a arrepentir, hijo de…- murmuro Edward mientras agarraba al hombre de las solapas y lo apartaba de Bella, que trato de recuperar el aliento. Tenía la blusa destrozada y le dolían los hombros. Se paso la mano por la boca para intentar borrar el repugnante sabor del encargado.

-¿Estas bien?- le pregunto Edward.

-Sí, gracias a ti- respondió ella con dificultad mirando al hombre que estaba detrás de el.

Edward se giró hacia Newton, que estaba sonrojado por que lo habían pillado in fraganti. Reculo para alejarse del homicida que avanzaba hacia el con una expresión asesina.

Edward lo agarro de la camisa, hecho asía atrás su gigantesco puño y lo mando hacia el fondo del almacén de un puñetazo. Luego fue detrás de el con sus ojos verdes brillando de ira.

-¿Pero que diablos…?- exclamo una voz asombrada desde la parte delantera de la tienda.

Un hombre de traje contemplaba la escena con las cejas arqueadas.

-¡Se… señor Hale!- exclamo Newton sentado en el suelo sujetándose la barbilla. -¡Me ha atacado! ¡Llame a la policía!

Edward miro a Hale con los ojos echando chispas.

-Hay una joven de diecinueve años en el cuarto de arreos con la camisa rota-.

Los ojos de Hale se llenaron de pronto de furia. Saco el móvil y marco un número.

-Venga inmediatamente- dijo. –Newton acaba de atacar a Bella. Sí, eso es. No, no saldrá de aquí- colgó el teléfono. –Deberías haber regresado a Chicago. Ahora vas ir a la cárcel-.

-¡Ella me estaba provocando!- protesto Newton. -¡Es culpa suya!-.

Edward miro a Hale.

-Y yo soy un elfo verde- murmuro dándose la vuelta para volver al cuarto de arreos.

Bella estaba llorando apoyada contra una silla de montar y tratando de abrocharse la destrozada camisa, por la que se le asomaba el gastado sujetador. Le daba vergüenza que Edward lo viera.

El se quito la camisa de algodón que llevaba puesta encima de la camiseta negra. Aparto las manos de Bella de la blusa destrozada y se la puso en la camisa, que todavía conservaba el calor de su cuerpo. Se la abrocho hasta arriba. Luego le sujeto el rostro húmedo con sus grandes manos y se lo alzo. Edward dio un respingo; tenia una herida en su hermosa boquita, el cabello revuelto y los ojos hinchados y rojos.

-Yo y mi maldita cuadra- murmuro. –Lo siento-.

-¿Por qué?- sollozo ella. –No es culpa tuya-.

-Lo es. Debí suponer que sucedería lago así-.

Sonó el timbre de la puerta y se escucharon unos pasos pesados sobre la madera. Hubo una conversación puntualizada por las protestas de Newton.

Un hombre alto y delgado vestido de policía llamo a la puerta rota y entro. Edward se giro para que viera como estaba Bella.

El policía apretó los labios y sus ojos oscuros echaron fuego.

-¿Te encuentras bien Bella?- le pregunto con voz grave.

-Sí, jefe Graves- respondió ella con la voz rota. -¡Me ha atacado!- exclamo mirando a Newton. Vino por detrás cuando yo estaba acomodando la mercancía y me agarro. Me beso y me rompió la blusa- se le rompió la voz. – Trato de… de… -.

No fue capaz de verbalizarlo.

-No volverá a tocarte jamás, te lo prometo- aseguro Graves. –Necesito que vengas a mi oficina cuando te sientas un poco mejor para que pongas una denuncia. ¿Lo harás?-.

-Sí, señor-.

El policía miro a Edward.

-¿Le has pegado?- pregunto girando la cabeza hacia Newton, que seguía sentado en el suelo de la otra habitación.

-Por supuesto que si- respondió Edward desafiante.

El jefe Graves miro a Bella y se estremeció. Luego se dio la vuelta y se acerco a Newton. Lo agarro del brazo, obligándolo a ponerse de pie, y lo esposo mientras le leía sus derechos.

-¡Suélteme!- grito Newton. –Regreso a Chicago dentro de dos días. ¡Ella miente! No quería hacerle daño, solo la he besado. ¡Me ha seducido! Y quiero que arresten a ese maldito vaquero. ¡Me ha pegado!-.

Nadie le estaba prestando la más mínima atención. De hecho, parecía como si el jefe de policía quisiera golpear a Newton con sus propias manos. El aspirante a Romeo termino callándose.

-Después de esto, no volveré a contratar a nadie mientas viva- le dijo Hale al policía.

-A veces las serpientes no parecen serpientes- le dijo Graves. –Todos cometemos errores. Vamos, señor Newton. Tenemos una celda nueva muy bonita en la que va a vivir hasta que se celebre el juicio.

-¡Ella miente!- bramo Newton con el rostro enrojecido.

Bella salió del cuarto con Edward detrás. La traumática experiencia por la que había pasado resultaba tan evidente que los hombres de la sala torcieron el gesto nada mas verla.

-¿Le importa si le digo algo al encargado, jefe Graves?- pregunto Bella con tono áspero.

-En absoluto- respondió el policía.

Bella se acercó a Newton. Los ojos le brillaron de furia. Echo hacia atrás la mano y le dio un bofetón en la boca lo más fuerte que pudo. Luego se giro sobre los talones, se acercó al mostrador, agarro el saco de semillas de maíz que había dejado cuando comenzó el forcejeo y se dispuso a trabajar.

Los tres hombres miraron hacia Newton con idéntica expresión reflejada en sus rostros.

-Conseguiré un buen abogado- aseguro el encargado desafiante.

-Lo necesitaras- replico Edward con tal carga amenazante que el hombre dio un paso atrás.

Graves se llevo a Newton. Edward se giro hacia Hale, que tenia las manos en los bolsillos del traje y una expresión desolada.

-Nunca conseguiré compensarla por esto- dijo con pesadumbre.

-Tal vez podría decirle que va a recomendar que le suban el sueldo- replico Edward.

-Es lo menos que puedo hacer- reconoció al otro hombre.

Edward asintió y miro adonde Bella estaba trabajando.

-Tiene que verla un medico-.

-El doctor Bates tiene una clínica al lado de la oficina de correos- aseguro Hale. –El la examinara. Ha sido el medico de su familia desde que Bella era niña-.

-La voy a llevar ahora mismo-.

Bella alzo la vista cuando Edward se acerco. Tenía un aspecto terrible, pero no lloraba.

-¿Va a despedirme el señor Hale?- le pregunto a Edward.

-¿Por que? ¿Por haber estado apunto de ser violada?- exclamo el. –Por supuesto que no. De hecho, ha mencionado que te va a subir el sueldo. Pero ahora mismo lo que quiere es que vallas a ver al medico para que te haga un reconocimiento.

-Estoy bien- protesto ella. –Y tengo mucho trabajo. No quiero ver al doctor Bates-.

-Esta decidido. Y no creo que te guste como manejo yo los motines-.

Bella se puso en jarras.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo los manejas?-.

Edward sonrió. Antes de que ella pudiera decir una palabra más, la agarro en brazos con delicadeza y salió por la puerta de entrada con ella.