Vemos una película?
-Ya te oí, ya te oí. Deja de chillar.- Espetaba malhumorada al tiempo que se acercaba a tropezones al reloj despertador.- Ya estoy despierta, deja de molestar.
El primer día de escuela.
Odiaba despertar temprano, era algo que siempre le resulto agobiante. Podía aguantar hasta altas horas de la madrugada despierta, o incluso no dormir, pero el levantarse temprano le suponía una tarea sobrehumana.
"Maldigo a aquel que inventó el despertador" repetía para si misma mientras con una media de cada color y las pantuflas puestas, bajaba a desayunar.
El delicioso aroma a panqueques se impregnaba en las paredes y perfumaba todo a su alrededor, provocando un alegre cambio de humor en la rubia.
Su padre trabajaba temprano, ambos salían juntos, ella para ir a la escuela, y el al trabajo. El hombre se despertaba aún más temprano que ella y preparaba el desayuno. Lo hizo siempre, desde que Quinn iba al preescolar.
-Buenos días dormilona... Aún existe el despertador o hay que conseguir uno nuevo?- espetó gracioso mientras daba vuelta un panqueque en el aire.
-Muy chistoso papá. Aún funciona, aunque creo que es un milagro de comienzo de clases, o algo así... Alfa y Omega, que rico olor. Falta mucho?
-No Omnipotente, aquí tienes tu banquete digno de una reina.
Quinn sonrió y comenzó a comer aquellos delicioso panqueques recién hechos.
Ella y su padre tenían un pequeño juego. Su madre era católica, su padre no tanto, y ella tenía la mente abierta ya que había visto ambos lados de la moneda, por decirlo de alguna manera. Judy su madre, se alteraba cada vez que alguno utilizaba el nombre de Dios en vano, como por ejemplo: Uy Dios, que fastidio, Dios que frío!. Etc, etc. Un día Quinn tomó un diccionario y buscó sinónimos de Dios y se los enseñó a su padre, quien se partió de risa y decidió utilizar aquellas palabras algo extrañas con su hija, y no enfadar a su esposa.
-Vaya que tenías hambre niña.
-Es que estaban deliciosos... Podría ir rodando a la escuela ahora mismo que no habría problema. Comí tanto que me convertí en un panqueque.
Russel sonrió.
-Vamos niña, ve a vestirte que tenemos que irnos.
Secundaria Mckinley.
-Es aquí no?
-Si...- respondió escueta.
-Tranquila mi reina, ya verás que todo saldrá bien...- espetó mirándola con ternura.- Hablaste ya con Santana?
-Si, me dijo que me iba a estar esperando en la fuente en seguida de la entrada... Supongo que no voy a perderme.
-Ok... Buena suerte pequeña.
La rubia sonrió a modo de saludo y salió del coche dispuesta a enfrentarse a su primer día de escuela en aquel sitio.
Era bastante reservada, y algo tímida, por lo tanto lo de conocer nuevas personas le costaba un poco más que al resto.
Aunque tenía ventaja... Sí, si que la tenía. Santana era su amiga, y Santana era sin dudas, la chica a la que toda la escuela conocía.
-Pero vean quien llegó... La rubia más impuntual del planeta tierra.
-No seas intensa Santana, que tardé diez minutos y esta escuela es inmensa. No veía tu puta fuente.
-No es mi puta fuente, es la puta fuente de la escuela... Más respeto.
-Ya si... No tengo idea de a dónde tengo que ir.
-Pues tampoco yo.
-Y a qué vine a aquí entonces?- preguntó algo alterada.
-Pues a saludar a tu mejor amiga de todos los tiempos... A qué más sino?
-Me voy Santana...
-Espera rubia loca... Que si se a donde tienes que ir...
Llegaron a la oficina del director y Santana dejó allí a la rubia para irse con Brittany a sus clases.
-Permiso...
El director la invitó a tomar asiento frente a el en un cómodo sofá de cuero negro. Le explicó que en aquella escuela, un grupo de chicos, como tarea extra curricular, se dedicaba a integrar a los chicos nuevos, o a los de siempre que no encontraban un lugar en aquel sitio. De integrar a las porristas con los genios del decatlón académico, a los atletas con los del club de teatro, etc etc. Eran estos chicos los encargados de acompañar a los nuevos a sus respectivas clases y acompañarlos en su primer día de clases, en el recreo y mostrarles la escuela y presentarlos a sus nuevos compañeros.
Salón 306.
La rubia golpeó la puerta hasta que un amable muchacho se acercó para abrirla.
-Si?- dijo el chico de oscuros cabellos regalándole una amplia sonrisa.
-Me dijeron que viniera a este salón... Hoy es mi primer día y...
-No digas más! pasa, ven, te presento al resto.
La rubia se adentró en aquel salón y unos cinco chicos estaban reunidos en una mesa, mientras otra morena de espaldas, escribía enérgica en la pizarra.
-Ellos son Sam, Megan, Kiley, Spenser, y Penny, mi nombre es Ben, y aquella enérgica chica es Rachel.
La morena se giró sobre si misma al oír su nombre.
-Quinn?
-Rachel?
-Se conocen? creí que eras nueva...
-Si lo soy, pero la conocí en una fiesta.
-Hey, pero ven a saludar... Cómo has estado?- preguntó sonriente mientras le regalaba un cariñoso abrazo.-
-He estado bien...
-Oh, pues, si quieres me muestras el papel del director y vemos que clases tienes para saber quien te acompaña en cada cual, te parece?
Antes de que la rubia pudiera responder Rachel estaba leyendo aquel papel serciorándose de que clases tenía la rubia.
-ajá.. Historia, Historia del arte, natura... natu qué?
-Naturalezas muertas.
-Qué clase de chica eres?- preguntaba asombrada.
-Música, Literatura, Linguística, Filosofía... Wow.
-Impresionante currículum ese tuyo eh Quinn.- decía sam desde lejos al haber oído las asignaturas a las que Rachel hacía referencia.
Quinn se sonrojaba.
-Bueno, creo que... Creo que solo compartes historia y música conmigo... Si quieres puedo acompañarte, Historia es a la tercera y cuarta hora, y Música es a la quinta y sexta... Si te parece bien.
-Es cierto Quinn, da la casualidad que ninguno de nosotros coincidimos en esas clases. Lo siento mucho.- se lemantaba Penny.
-Oh, no es problema...
Rachel tomó sus cosas emocionada y luego de asegurar a sus compañeros reiteradas veces que ella se haría cargo de Quinn salió de aquel salón con la rubia detrás.
-Oye... de veras, no es tu obligación pasar todo el día conmigo...- espetaba la rubia tímida.
-Sabía que dirías eso... Creí que si no te gustaban mucho las fiestas, tampoco recibirías muy bien tanta atención... Tranquila, les dije que me quedaría contigo para que no insistieran pero puedo dejarte si así lo deseas.
La rubia suspiró.
-Alguna vez respiras cuando hablas?
Rachel sonrió.
-Alguna vez dices más de cuatro palabras consecutivas.
-mmm...
-Lo sabía.
Caminaron juntas hacia el pasillo y se detuvieron junto al auditorio.
-Aquí me quedo yo- espetó la morena- Interpretación...- dijo, haciendo referencia a la asignatura que le tocaba en dos minutos.
-Oh, pues yo creo que tengo historia del arte así que iré a buscar mi salón... No quiero llegar tarde el primer día de clases.
-Te irá bien... ya lo verás.
La rubia sonrió ampliamente.
-Gracias.
Se dió media vuelta y comenzó a caminar a paso ligero en busca de su nuevo destino mientras Rachel la observaba como una madre observa a su retoño caminar de la casa a la esquina. La puerta del auditorio se abría pero algo detenía a Rachel.
-Hey Rachel! en el almuerzo puede que me haga falta algo de compañía!- Gritó desde lejos.
Rachel sonrió y se adentró en la que sería su clase por las siguientes dos horas.
Los aspavientos de Santana en la mesa céntrica de aquel comedor la hacían pasar más verguenza de la que podría imaginar. Pues la latina no lo notaba, y la bailarina menos, que se unía a dar manotazos y de un momento a otro vociferó.
-Quinn! aquí estamos!
Media cafetería volteó a mirar.
"Perfecto"-pensó Quinn.
-No podían ser más sutiles por que no las veía ni Houdini... Creo que después de esa actuación me conoce toda la escuela.
-Te conoce toda la escuela por ese vestido de abuela que traes puesto, a mi no me eches la culpa... Olvidaste traer la ropa y agarraste el mantel de tu madre?
-Santana, vete al demonio.
-Sabes que me amas.
-En este momento lo dudo.
Comenzaron a comer de una vez por todas cuando un carraspeo las interrumpió.
-Les molesta si las acompaño?
-Hey! para nada! tengo unas ideas increíbles que quiero contarte! este año estoy segura de que arrasamos en las nacionales!- Brittany estaba eufórica y Quinn no entendía una palabra. Santana se percató de esto último y decidió explicarle un poco mientras Rachel tomaba asiento.
-Estámos en el glee club, en realidad yo me uní por britt, y luego me di cuenta de que tengo una voz digna de admiración y de un monumento pero ese es un caso aparte... Rachel es la líder del club por que es la única que no tiene vida social como para encargarse de él... Britt ama bailar y es increíble, nucna hemos logrado ganar las nacionales y britt-britt está convencida de que este año, gracias a las geniales ideas que tiene podremos hacerlo... Tu solo sigue la corriente.
Rachel escuchaba muy atenta a la bailarina que entre ademanes y ojos desorbitados explicaba todo con sumo detalle.
Quinn no se explicaba como Rachel podría no tener una vida social, cuando la semana anterior, la mayor fiesta del año había sido en su casa... Bastante curioso todo. Bastante.
-Britt, eso no es tan sencillo de lograr, creo que la única que podría hacer eso serías tu, y mike quizá... Tenemos que preguntarle al resto no crees?
La rubia asintió feliz y continuó devorando su almuerzo.
-Así que Glee club eh?
-Quinn, por poco olvido que estabas ahí...- sonrió.
-Y si, si no habla. Parece un muerto. Si hubiera un apocalípsis zombie le dispararían por que al preguntarle algo no respondería, se quedaría ahí muda... Ya te lo he dicho Fabray, deberías aprender a decir alguna que otra palabra, que ya estas grandesita.
-Vete al carajo Santana.
-Y qué te digo Berry.. Fueron cuatro palabras... Ya comienzo a creer que en serio tiene problemas de habla.
-Por que no te unes al glee club?- Preguntó Rachel a la rubia sacándola por completo de aquella interminable disputa con santana.
-Yo en el glee club? yo no se cantar, pero gracias por la propuesta.
-No tienes por que cantar... Digo, podrías estar en los coros, o ayudar en cualquier otra cosa... Pero somos un gran equipo y los viajes para competir son increíbles... Deberías pensarlo.
-Lo tomaré en cuenta.- Espetó sonriente. Había logrado eliminar todo el mal humor que se había apoderado de ella gracias a Santana, cosa que normalmente hubiera tardado hasta el día siguiente.
Santana era su gran amiga, pero adoraba sacarla de quicio, y lo hacía cada vez que una oportunidad se presentaba ante ella.
En eso pasó el resto del día. Pensando, pensando en como en un minuto pudo cambiar de tema antes de que aquella situación se tensara hasta el punto de la explosión.
El último timbre del día y era hora de volver a casa.
El estacionamiento estaba atestado de gente, iban y venían... Algunos corrían despavoridos de la escuela, se notaba que no les agradaba en lo más mínimo, en cambio otros se tomaban su tiempo, charlaban con amigos, se relajaban.
-Eso te hace falta Quinn...- pensaba para si- Relajarte un poco.
En eso vió a lo lejos como una alterada Rachel discutía agobiada, al parecer con su motocicleta.
Luego de dudar un poco se acercó con mucha cautela. Realmente parecía alterada.
-Problemas?
-Dios Quinn... Me asustaste!- se sujetaba el pecho dramáticamente
-No fue mi intención... No funciona?
-Pues no- respondió bastante estresada.- no se que le pasa, y Noah ya se fue, tenía una salida con sus compañeros del futbol.
-Oh... Lo lamento...- La cara desganada de la morena que pensaba incansablemente como solucionar aquello le dió algo de pena.-hey, y si caminas conmigo hasta mi casa? Seguramente mi padre ya esté allí, puedo pedirle el coche, venir a recojer tu moto y llevarte a tu casa si quieres.
-Wow...
-Qué?
-Realmente es la primera vez que te escucho hablar tanto.
-No seas cabezota- reía y la empujaba suavemente.- Quieres?
Quince calles tuvieron que caminar hasta la casa de Quinn. Rachel estaba exhausta y su agitada respiración lo hacía notar. No estaba tan acostumbrada a caminar, siempre andaba en su motocicleta o en coche.
Debía hacer más ejercicio, se lo había propuesto hacía ya mucho tiempo, pero al final nunca lo había hecho.
Llegaron finalmente a la casa de Quinn y esta entró rápidamente a pedir las llaves del coche a su padre y sacarlo del garage.
Subió a la morena y volvieron directo a la escuela. Ahí estaba la motocicleta.
-Y ahora cómo la subimos?- preguntó Rachel percatándose de que era imposible que levantaran aquella moto para subirla al coche.
Quinn pensó.
-Si llamamos a una grúa? yo puedo llevarte a tu casa.
-No quiero molestar.
-Rachel... Tu me llevaste a casa el otro día... Así estaríamos a mano.
Luego de esperar en aquel estacionamiento por cuarenta minutos la grúa llegó al fin. Rachel pegaba algún que otro manotazo mientras los "monos primitivos" como ella les había llamado, subían su preciada motocicleta al camión para luego llevarsela al taller.
-Estará bien?- preguntó la morena a medio camino de casa luego de haber estado todo el viaje en silencio.
Quinn rió.
-Relájate Rachel, estará bien.
Suspiró.
-Entonces...
-Entonces qué?
-Pensaste en unirte al glee club?
-Vaya... en realidad no, no lo se... es que no se si habrás notado que soy algo tímida y estar en un escenario o cosas de ese estilo me alteran bastante los nervios.
La mirada apenada de Rachel le dió pena.
-Lo voy a pensar, si?
Rachel sonrió ampliamente y volvió a mirar por la ventana.
-Hemos llegado.
Rachel bajaba del coche y caminaba hasta la puerta.
-Dios, que rico olor... Se nota que mamá está haciendo la merienda.- Decía la morena entusiasmada mientras Quinn reía. Sentía que estaba con una niña.-Vaya, está algo frío.
-Oh dios!
-Qué? qué dije?
-Olvidé tu abrigo y tu bufanda en mi casa. Lo lamento.
-Hey, no te lamentes... Al menos se que mientras los tengas, tengo alguna excusa para verte de nuevo.
Quinn se sorprendía.
-Necesitas excusas para verme?
-Es que eres algo extraña... no te ofendas... pero lo eres. Sabes que si, no me pongas esa cara. Y a veces te gusta socializar y a veces eres algo así como un ogro lejos del mundo y sin amigos... y siento que tu eres Shrek y yo soy burro.
La carcajada de Quinn se pudo oír del otro lado del atlántico norte. En Asia, mientras freían saltamontes en una concurrida calle, se oyó la risa de Quinn. O al menos así es como me gusta imaginarlo. Pero definitivamente, aquella risa se dejó oír.
- Pues, al final de la historia- respondió recuperando la compostura luego de algunas lágrimas se escaparan debido a la risotada incontrolable de hacía unos momentos.- Shrek y burro se vuelven inseparables, amigos como nunca, los dos mosqueteros, las abejas y la miel, Ash y Pikachu, Tommy y Carlitos, Catdog..
-Quinn...
- Rocko y Heffer, El rayo mcqueen y mate, la vaca y el pollito.
-QUINN!
-Qué?- sonreía.
-Ya vete a tu casa.- Las risas no tardaron en volver.- Y te piensas lo del glee club.
-Si claro Rachel... Lo pensaré.
-Adiós Quinn.
-Adiós Rachel...
-Ah! y por cierto!- alzó la voz antes de que la rubia se subiera en el coche.- La vaca y el pollito eran gays.
-Que dices?
-Te lo aseguro...- respondía segura de si misma.
-Vete a merendar Rachel, te falta alimento en esa cabezota.
- Gracias Shrek, te veo mañana... pero y dónde... dónde dormiré yo?
-Afuera!- gritó desde dentro del coche con la ventana abierta, y luego de una enorme risotada se perdió en la esquina de aquella casa.
Rachel se quedó un momento allí fuera observando en dirección al camino tomado por la rubia.
-De repente me han dado ganas de ver Shrek...- Susurró para si.- Má!- alzó la voz abriendo la puerta.- Vemos una película?
Nos veremos cuando nos veamos :)
