Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de kishimoto, y la historia tampoco es mia. Esto es una adaptacion. La historia original es de Margotte Channing.
Hola amigos les traigo una adaptacion de una historia que lei hace poco y me gusto. Los personajes tendran algo de occ ya que la historia no se tratara de ninjas si no de vikingos y una trama completamnete diferente al mundo de Naruto. Esta historia sera un Itahina.
Este capitulo contiene lemmon asi que lean bajo su propio riesgo.
CAUTIVA
Itachi salió del camarote impresionado. Era la mujer más bella que había conocido nunca. Aunque no era de su estilo. A él le gustaban muy altas y pechugonas. Cuando se acostaba con alguna mujer, no quería tener que andar con cuidado por si les hacía daño. Pero ésta, aunque era joven y poco más que una niña, le atraía de manera especial.
Tenía que supervisar la llegada de todos sus hombres y ver el botín. Este viaje era muy importante para ellos;Necesitaban mujeres en su nuevo asentamiento, en Groenlandia. Había escasez de ellas, y ya habían empezado las peleas, incluso algún asesinato; debido a la falta de mujeres.
Él, como Jefe, decidió solucionar el problema raptando mujeres de otros asentamientos. Había oído hablar del de Borgarnes. Había muchas mujeres y los hombres no eran guerreros; sino granjeros. A diferencia de ellos que eran, antes que nada; feroces guerreros, luego granjeros y comerciantes. Se quedó en la cubierta de su barco observando los grupos de mujeres que iban trayendo para inspeccionarlos, si las veía demasiado niñas negaba con la cabeza, y las devolvían a tierra. Cuando terminaron, su Segundo al mando Kakashi; se acerco hacia su barco.
-Una buena cosecha ¿eh? -era casi tan grande como Itachi, pero de un inusual color blanco. Se acercó a él discretamente para que el resto de los hombres no les escucharan.
-Itachi, tu hermano va diciendo que le has robado una mujer que era su botín. Está poniendo nerviosos a los hombres, ya sabes lo que opinan de que les roben.
-Me desobedeció, le dije que se quedara en el barco, ya sabes cómo es con las mujeres, y no pienso en sepultar a otra por su locura.
-Lo entiendo, pero quizás deberías hablar con él.
-De acuerdo- su hermano de padre, ya que la madre de Madara era la mujer legítima del jarl, mientras que la de Itachi solo era una esclava. Estaba, como siempre, holgazaneando sin hacer nada; ya se encontraba bebiendo de una botella de hidromiel. Itachi apretó la mandíbula harto.
-¡Madara! -consiguió que se sobresaltara, pero, al segundo dirijiendole una mirada llena de odio; como siempre. El obtuso de su hermano nunca aceptaría que él fuera el jefe.
El padre de ambos les animaba a resolver sus disputas de manera violenta. La madre de Itachi en numerosas ocasiones le había curado las heridas llorando y pidiéndole que no volviera a enfrentarse a su hermano, pero en aquel entonces Madara era mucho más grande que él. Desde la muerte de su madre, nadie le había demostrado preocupación por su bienestar en ningún momento. Era extraño que justo en ese momento recordara su pasado; mientras miraba a su hermano que seguía bebiendo de la botella provocándole.
Con un rápido movimiento le quitó la botella de los labios, y le cogió del cuello con la mano izquierda, su hermano le miró asustado. Conocía bien lo que Itachi era capaz de hacer.
-¿Por qué no ayudas a los hombres? – estaba deseando que le diera un motivo para darle un buen golpe, pero Madara asintió y salió casi corriendo para ayudar al resto de los remeros; que ya se estaban colocando en sus posiciones. No había viento y, de momento tendrían que remar.
Kakashi se acercó:
-Me voy al otro barco, te sigo. Sal primero-
Itachi asintió, y le hizo una indicación con la cabeza al timonel, luego, bebió un trago de aguamiel. Sus ojos fulguraban mirando el asentamiento que dejaban atrás, con varias casas ardiendo, y cadáveres por las calles. Él, realmente, no estaba viendo nada de eso. Pensaba en la mujer que había dejado en su camarote. Siguió bebiendo animándose cada vez más. Ya no se veía tierra cuando decidió bajar. Dejó al timonel a cargo de todo diciéndole que bajaba a dormir un rato. Entró en la habitación silenciosamente, y cerró tras él apoyándose en la puerta; ya notaba el efecto del aguamiel.
Hinata se había quedado dormida en el suelo exhausta después de haber sollozado durante horas. Dijo algo entre sueños, pero él no pudo comprender lo que habia dicho. De repente, le molestó que ella no fuera consciente de su presencia y estuviera tan tranquila durmiendo. Dejó la botella, con un golpe en la mesa, lo que hizo que ella se despertara sobresaltada. Cuando vio donde estaba, se irguió poniéndose de rodillas, levantándose después. Él volvió a mirarla, era bellísima. Se acercó y ella retrocedió hasta dar con su espalda en la pared de madera.
-Tranquila mujer, no te voy a hacer daño- ella negó con la cabeza.
-No, por favor, déjame, por favor- sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas. A Itachi le molestó la sensación de malestar que sintió al ver su expresión.
-Estate quieta- la sujetó por los brazos al percatarse de que queria escapar. Se quedó quieta, respirando agitada; entonces la besó. Hinata trato de empujarlo por el pecho inútilmente; el era demaciado fuerte. El la sujetó la cabeza para que no se moviera. Al ver que no dejaba de resistirse; le mordió el labio inferior como advertencia, eso la tranquilizó unos minutos. Llena de miedo, se quedó quieta con las lágrimas cayendo por sus mejillas.
Él levantó la cabeza para mirarla. Turbado, se fijó que le había hecho sangre en el labio, rozó la herida con el pulgar, luego, se inclinó y la lamió. Ella temblaba. Eso le molesto un poco. Con el ceño fruncido tiró de ella para acercarla a la cama que estaba en un rincón. Hinata se resistía dejando caer su peso al suelo; hasta que la levantó en brazos y la dejó caer sobre el lecho, después, se le tiró encima de ella. Sujetó sus muñecas con una mano por encima de la cabeza, luego, volvió a intentar besarla, pero ella apartó la cara.
-No importa preciosa, hay otros sitios donde quiero besarte- bajó besando la barbilla hacia su cuello donde siguió dando ligeros mordiscos. Lamió la unión entre el cuello y el hombre; Hinata se estremeció contra su voluntad, y él la miró, parecía aterrada.
-tranquila, te gustará.
Siguió besando, lamiendo y mordisqueando. Era una mujer pequeña, casi frágil, a la fuerza consiguió quitarle el vestido, lo tiró lejos de la cama. Acarició sus largos brazos y sus piernas. Su mano se dirigió a su entrepierna y entró a través de su ropa interior.
-¡No!, ¡no!, por favor, ¡quítate de encima! -se retorcía como loca debajo de él. Volvió a sujetarle las manos, pero le daba miedo hacerle daño. La miró con el ceño fruncido.
No sabia que era lo que le estaba sucediendo. Nunca habia tenido la necesidad de forzar a nadie; pero con esta mujer le era casi imposible detenerse. Ella le causaba la necesidad de poseerla; no podia evitarlo la deseaba como los mil demonios. Estaba perdiendo la cordura.
-¡Estate quieta! –rugió, y le quitó la camisola, dejándola solo en su ropa interior. Cuando lo hizo vio los moretones en sus costillas y en la cintura -¿Y esto? ¿quién ha sido? – ella no contestó, le miraba sin hablar, temblando; entonces sin previo aviso; la penetró con su dedo índice.
-Estás seca. ¿Eres virgen? – ella seguía sin hablar. Él apreto la mandíbula. Como venganza, comenzó a meter y sacar el dedo, ella se removio incómoda. Sacó el dedo y lo chupó para escandalizarla. Ella agrandó los ojos y más cuando volvió a meter el dedo dentro de ella. Siguió moviéndolo y se inclinó hacia su ceno derecho para chupar su pezón que le llamaba invitador. Sorbió fuertemente, eso hizo que ella gimiera, bajito, pero sin poder evitarlo. Él levantó la cabeza, impresionado, y sonrió al ver cómo, su mirada, comenzaba a parecer somnolienta. Volvió a dedicar toda su atención al pecho, mientras su dedo seguía acariciando su interior. Enseguida empezó a notar como destilaba humedad, apartando los rizos más íntimos, acarició su clítoris con delicadeza. Ella se arqueó con fuerza, era apasionada, estaba deseando montarla. Inclinó la cabeza y aplastó su boca contra la de ella, exigiéndole que la abriese para él. Los labios de Hinata se separaron recibiéndolo con dulzura, y su lengua se rindió a los agresivos ataques y roces que el le daba. Itachi exhaló un gemido y la apretó con más fuerza. El beso se tornó frenético a medida que él se afanaba por penetrar más a fondo en ella; la deseaba cada vez con más desesperación. Se separó con un gruñido y su mirada exploró su rostro enrojecido. Con la mano derecha abarcó todo su monte de rizos húmedos y lo frotó con deleite. Enseguida, se bajó los pantalones, nervioso nervioso y excitado; colocando su miembro en la entrada de ella. Empujó, y consiguió que entrara la mitad de su pene en ella. Al notar su estrechez, chupó sus pezones, hasta que ella volvió a excitarse. Sólo entonces empujó de nuevo y entró entero. Ella le empujó al sentir de nuevo dolor, para intentar quitárselo de encima.
–¡Me has hecho daño!, ¡quitate, por favor! - él intentó estar quieto unos segundos, para que no le doliera demasiado, pero ella siguió moviéndose y consiguió que se excitara todavía más. No pudo seguir quieto, movió de nuevo las caderas a un ritmo cada vez más vertiginoso. Hinata negaba con la cabeza con lágrimas, de nuevo, rodando por sus mejillas, pero dejó de pelear. A pesar de que él intentó en varias ocasiones volver a besarla, no lo consiguió. Con unas cuantas acometidas más, explotó dentro de ella y se separó tumbándose de costado, mirándola con algo de pena. Ella se apartó enseguida tumbándose en el filo de la cama, de espaldas a él. No la oía, pero por cómo se movía su cuerpo, le pareció que seguía llorando. Suspiró profundamente, antes de dormirse profundamente.
Hinata se levantó cuando escuchó los ronquidos del gigante. Se vistió como pudo y luego fue hacia la mesa. Había dejado allí sus armas; una espada, una daga, y sus pieles. Cogió la daga entre sus manos, y tocó con su dedo índice la punta; sin darse cuenta, apretó demasiado fuerte; de su dedo salieron varias gotas de sangre. Estaba muy afilada. Muy despacio, la colocó sobre la parte interior de su muñeca izquierda; sabía que así la muerte seria muy tranquila. Cuando estaba acercando el filo a la piel, casi rozándola; alguien cogió su vestido por detrás y con fuerza tiró de él. Sin querer, se cortó el antebrazo, haciéndose una larga y profunda herida. Cayó al suelo del impulso y observó a Itachi, que la miraba furioso.
-¿Qué haces? ¿estás loca? – el puñal había caído cerca de los pies de ella. De una patada, lanzó la daga al otro lado de la habitación. Luego, la cogió por el brazo sano y la levantó gruñendo.
-¿Has visto lo que has hecho? -cogió la otra mano para mirar su herida, pero ella tiraba del brazo para resistirse. Le herida sangraba abundantemente. La arrastró con él hasta un baúl de dónde sacó una tela blanca y suave. Enseguida envolvió su brazo en la tela para frenar la hemorragia, peleando contra ella; quien no debaja de moverse.
-¡Cálmate! – el grito retumbo por todo el camarote, eh hizo que ella se encogiera de miedo, y se quedara quieta. Itachi la cogió de la otra muñeca, y sin soltarla, abrió la puerta; tiró de ella hasta las escaleras y subió a cubierta. Echó un vistazo unos segundos, hasta que localizó al hombre que buscaba.
-¡Iruka! –un hombre de estatura media vino hacia ellos, Hinata empezó a sudar y se tambaleó. Itachi maldijo cogiéndola en brazos, dio unas órdenes en su idioma al otro hombre y volvió al camarote. Segundos después entraba Iruka, con una bolsa hecha con distintas pieles de animales que dejó sobre la mesa. Itachi se sento en una silla que se encontraba al lado de la mesa, con ella en su regazo. Hinata estaba desmejorada, el brazo le palpitaba y sentía que se iba a desmayar.
Los hombres hablaban entre ellos, Itachi estaba preocupado, la herida sangraba mucho.
-Ten cuidado al coser, haz las puntadas pequeñas.
-¿Qué dices? ¿y eso qué más da Itachi? – Iruka dejó de preguntar al ver la mirada asesina de su jefe.
La chica parecia que en cualquier momento se desmayaria, pero al notar lo que iban a hacer empezó a retorcerse de miedo.
-Así no puedo coserla; dale aguamiel, emborráchala y me llamas. Además, hay que echar el líquido madre para matar los demonios.- El líquido madre lo hacían tradicionalmente el marinero que curaba las heridas en el barco. Se hacía con hierbas que luego fermentaban y, cuando se aplicaba a alguna herida, ayudaba a cicatrizar más rápidamente. El dolor era insoportable; hasta los guerreros más Fuertes no podían evitar gritar al curarles con él. Sin decir nada más, salió del camarote.
Itachi colocó la cabeza de la chica en el recodo de su brazo para poder acceder mejor a ella, y acercó otra botella de aguamiel, poniendosela directamente en la boca. Ella casi se ahoga, y tragó para poder respirar. A pesar del dolor, intentó levantarse; pero no pudo, la tenía sujeta con fuerza. Itachi esperó a que terminara de tragar y que respirara un par de veces, y volvió a darle de beber. En el tercer trago, notaba que ya no peleaba. La observó unos instantes para valorar si estaba lo suficientemente borracha; pero decidió que se aseguraría con un par de tragos más. Ella estaba tranquila recostada sobre su brazo, mirandole con atencion.
-Vamos bebe un poco más; es la única manera de que no te duela- ella lo hizo e hipó, lo que le hizo sonreír. Dejó la botella en la mesa y llamó a gritos a Iruka quien apareció enseguida. Se sentó ante ellos y le hizo un gesto para que apoyara el brazo de ella en la mesa y que la sujetara. Ella giró la cabeza para observar lo que hacían, sin preocuparse aparentemente; al ver que su brazo estaba extendido encima de la mesa, y un vikingo barbudo y sucio estaba enhebrando una aguja para cosérselo.
Itachi la miraba admirado, aunque suponía que la valentía que demostraba procedía del aguamiel. La tenía sujeta por la cintura con un brazo, y con el otro sujetaba su brazo a la mesa. Iruka le miró para avisarle que iba a echarle el líquido madre. El dolor provocó que ella volviera a retorcerse sollozando. Dejaron que se desahogara mientras el líquido limpiaba la herida por dentro, sacando toda la porquería y sangre medio coagulada hacia fuera. Cuando empezó a coser; ella volvió la cabeza y cerró los ojos fuertemente, él notó su tensión y apoyó los labios sobre su coronilla.
-Tranquila, no tardará mucho- hizo un gesto a su hombre para que se diera prisa. El hombre asintió mordiéndose los labios intentando, por primera vez en su vida, que las puntadas fueran regulares y lo más pequeñas posible. Él siguió observando hasta que terminó de coserla, recogió todo y se fue. Ella seguía sin mirar.
-Venga miedosa, ya está, levantate- Ella no se movía, miró su cara por debajo, y escuchó un ronquido suave. Se rio, estaba borracha.
La acostó y aprovechó para desnudarla de nuevo. Esta vez del todo, ya que ella no podía quejarse. Se sentó junto a ella, en la cama, y observó sus formas perfectas, y su piel tremendamente blanca. Puso una mano sobre su muslo derecho, observando la diferencia de color. Acarició con suavidad la pierna hasta llegar a la cadera y a la pequeña cintura. Luego, cogió su mano, y la dio la vuelta para observar su palma, estaba llena de callos. Parecía fuera de lugar en el cuerpo de aquella mujer. Tenía que ser tratada como una reina, y no hacer los peores trabajos, como una esclava. Aunque ahora lo era; y desde luego; suya. Por fin tenia que agradecer algo a su hermano. Le había traído aquella diosa. Besó su mano y se desnudó. Tenía que poseerla otra vez; marcarla, hasta que todos supieran que era suya. Nunca había sentido nada parecido, era casi como si fuera un animal. De repente, recordó su vida, años atrás, y su entrenamiento, peleando siempre con su Berserker. Quizás esta era la única mujer. La que podría conseguir que su fiera interior se calmara. De la que hablaba la profecía. Acarició su cabello, admirado por las ondas negras azuladas y brillantes; separó sus piernas para poder tumbarse sobre ella, sujetando su propio peso sobre los antebrazos. Besó de nuevo sus labios, lamiéndolos golosamente. Olía ligeramente a fruta, no sabía cuál. Apoyó suavemente los labios sobre los de ella de nuevo, y los movió con delicadeza, quería que despertara con su beso. Después, los separó con la lengua y exploró su boca.
Hinata despertó debido a un beso que le estaba provocando una sacudida en lo más hondo. Abrió los ojos y vio a Itachi mirándola apasionado. Volvió a besarla; suavemente. Ella; esta vez, quería más. Tenía una nebulosa en la cabeza que le impedía pensar con claridad, pero sus sentidos se habían agudizado. La sangre corría caliente por sus venas, y provocó que el aguamiel se le terminara de subir a la cabeza.
Ahora le parecía muy atractivo, y deseaba estar más cerca de él. Le echó los brazos al cuello y se apretó contra su cuerpo duro y sólido. Sintió que él se estremecía por la sorpresa y; entonces, pareció querer aplastarla contra él. Su beso se volvió más exigente, como si quisiera devorarla entera. De repente recordó el dolor de su anterior unión, consiguió encontrar la fuerza suficiente para intentar separarse, pero sólo consiguió que riera y le susurrara en el oído.
-No te preocupes, esclava, a las mujeres solo les duele la primera vez, yo estaba demasiado excitado para facilitártelo, pero ahora disfrutaremos los dos.
-¡No!, por favor, déjame- intentó empujarle con las manos, hasta que notó un dolor fuerte en el brazo y vio la venda.;¡No había sido un sueño, le habían cosido el brazo!
-Tendrás que tener cuidado con ese brazo durante unos días, no me gustaría que no cerrara bien- su voz sonó con autoridad, pero esa sensación se anuló, cuando ella notó que la penetraba con un dedo.
-¿Sabes que tienes el coño más delicioso donde jamás he entrado?, me aprieta como si no quisiera soltarme. Tengo que volver a montarte, pero estás seca todavía; -Espera- se irguió sentándose sobre sus talones, era una visión atemorizante, recogió sus piernas echándoselas hacia atrás, exponiéndola totalmente a su vista. Ella se negó ruidosamente, pero se sentía sin fuerzas. No sabía qué había bebido, pero nada de lo que ocurría le parecía muy grave; aunque sabía que en otras circunstancias se pelearía a muerte.
-Esto te gustará, verás- se inclinó y recogió su trasero con sus manos enormes, luego, mirándola a los ojos fue acercando su boca a su sexo, hasta que cubrío toda su raja. Y empezó a sorber de ella; ella notó inmediatamente una presión en su vientre como si se acumulara allí algún tipo de energía. No dejaron de mirarse mientras la chupaba. Entonces comenzó a sorber su clitoris; lo que hizo que ella se volviera loca. Alargó sus manos para intentar sujetarle por la cabeza, pero no la alcanzaba por la diferencia de tamaños.
-Tranquila, no te muevas; déjame a mí, tendrás lo que quieres pequeña - volvió a dejarla sobre la cama, y se inclinó de nuevo, para seguir prestando atención a su clítoris, mientras, a la vez, la penetraba con dos dedos. Ella gemía moviendo la cabeza a los lados. Cuando sintió el orgasmo, pensaba que moriría, que se le pararía el corazón. Mientras ella recuperaba la respiración, Itachi volvió a tumbarse sobre ella, y la miró hasta que Hinata volvio sus ojos perlas hacia él.
-Eres la mujer más hermosa que he visto nunca- ella enrojeció de placer. Se sentía satisfecha y relajada.
-Esto es pecado, nos lo enseñó Azuma.
-¿Quién es Azuma? -El monje que había en nuestro asentamiento, yo vivía con él, le ha matado el hombre que me secuestró- volvió a sentir las lágrimas en sus ojos.
-Escucha, no sé tu nombre- la miró con intensidad- ¿cómo te llamas?
-Hinata- contestó con un suspiro, todavía sentía algún temblor de placer.
-Hinata, escucha, siento mucho que muriera tu amigo, no eran esas mis instrucciones. Descubrimos una tierra nueva, hemos construido una buena vida allí, pero faltan mujeres; Sé que les puede parecer salvaje, pero veníamos a conseguirlas; así se ha hecho en mi pueblo desde que tengo memoria. Y vuestro asentamiento seguro que se formó por vikingos en su momento, pero ya hablaremos de todo eso. Ahora quiero que terminemos lo que hemos empezado.
-¿Hay más?
-Sí, para los dos, si lo hago bien, claro- sonrió traviesamente mientras se introdujo dentro de ella sin avisar. Ella agrandó los ojos esperando dolor, pero no lo hubo. Pasado un minuto se relajó, y comenzó a disfrutar; se agarró a sus hombros como si pudiera caerse de la cama. Cuando terminaron, exhausto, Itachi se dejó caer encima de ella y se dio cuenta de que ya estaba dormida. Él sabía que la mayor parte de su buena disposición era por el hecho de haber bebido aguamiel. Pero, si era necesario, siempre tendría un vaso de la bebida en su casa; para que nunca dijera que no. Se separó de ella con dificultad, y se tumbó de costado arrastrándola hacia él, para que no pudiera volver a levantarse sin que se diera cuenta. Necesitaba dormir unas horas. Agarró con fuerza su cintura y cerró los ojos. Se durmió enseguida.
Hinata abrió los ojos acalorada, sentía algo pesado en su cintura que le impedía moverse, y todo su cuerpo ardía, sobre todo por detrás. Tocó con su mano derecha el obstáculo que tenía en la cintura, se sobresaltó al palpar un brazo enorme que le cubría la cintura y parte de la cadera. La mano de Itachi se extendía por su estómago, completamente extendida. Levantó el brazo con esfuerzo, era muy pesado, despacio; para que no se despertara. Se movió despacio, poniéndose de pie, cuando movió el brazo izquierdo le dio un pinchazo de dolor que hizo que tuviera que respirar hondo para no hacer ruido. Miró su brazo cuando estuvo de pie, sentía que le latía; deseguro se le habia hinchado por la venda que estaba demasiada apretaba. Bueno lo primero era lo primero, tenía que buscar un baño, no podía aguantar más. Itachi se despertó sobresaltado, había notado que el sitio a su lado estaba vacío. Levantó la cabeza mirando hacia su izquierda para observar la habitación. La chica estaba sentada con las manos en el regazo, y la cabeza inclinada; como si estuviera rezando. Lo sabía porque había visto a su madre en esa misma postura muchas veces. Le intentó enseñar a rezar a él, pero cuando su padre se enteró le dio una paliza. Se levantó sigilosamente y fue hacia ella; se había vestido y hasta se había vuelto a poner la odiosa cosa ésa que llevaba en la cabeza. Entró en el baño, que era un cuartucho con un orinal, y salió para encontrarse con ella que le miraba nerviosa al lado de la puerta.
-¿No pensarías que iba a dejarla abierta? -sonrió con maldad, vio que ella se sujetaba el brazo con la mano, se lo cogió para verlo, aparentemente no estaba hinchado. Se puso sus pantalones y se giró hacia ella.
-Ven vamos arriba, tengo que ver cómo va todo-le cogió de la muñeca que estaba bien y tiró de ella hacia fuera después de abrir el candado. Ella tenía la sensación de que siempre tiraba de ella, como si fuera un animalito al que estuviera paseando.
En cubierta los hombres les miraron interesados, llevaban varias horas encerrados, todos se imaginaban lo que habían estado haciendo. Ella se ruborizó al darse cuenta.
-¡A trabajar!, ¿no tenéis nada que hacer? – Itachi rugía furioso al escuchar alguna murmuración según avanzaban, nadie se volvió a atrever a levantar la cabeza de lo que estaba haciendo ni a susurrar nada más. El capitán, cuando estaba con ese humor era temible. Se dirigió al timón arrastrando a la chica tras él. El timonel llevaba demasiadas horas sin reemplazo, normalmente le hubiera sustituido varias horas antes, pero había estado distraído. Era raro en él; todos sus marineros sabían que, antes que cualquier mujer estaba su barco.
Detrás del timón había un recodo tallado en la madera, que utilizaba como asiento, e hizo que se sentara allí. No pensaba dejar que ella saliera de su vista después de lo ocurrido. Cogió el mando para que el timonel bajara a descansar.
-¿Puedo beber agua? –él sonrió negando con la cabeza.
-No tenemos agua, el viaje es corto, si tienes sed, lo único que llevamos es aguamiel- sujetó el timón con una mano mientras giraba la cabeza para verla. Ella se mordió los labios; estaba bastante roja. Era extraño porque no hacía calor.
-Está bien, ¿dónde está?, tengo mucha sed, necesito beber- Itachi hizo un gesto a Iruka, para que le acercara un vaso del barril de aguamiel que tenían en cubierta. Lo trajo y se lo entregó.
-Gracias Iruka- el hombre se quedó mirándola mirándola esperando el vaso, pero ella tenía que beberlo a sorbos, porque le parecía muy fuerte. Él esperó tranquilamente.
-¿Te duele el brazo, muchacha? -la sorprendió escuchar a alguien más hablando en su idioma. No sabía que la mayoría de ellos lo hablaban, debido a sus numerosos viajes como invasores o como comerciantes.
-Sí, un poco, es como si quemara.
-Mañana hay que cambiar el vendaje. Te volveré a echar líquido madre, pero puedes beber antes, veo que te gusta.
-Tengo sed. Itachi me ha dicho que no hay agua- terminó de beber porque le daba vergüenza que el hombre estuviera esperando ante ella, y le devolvió el vaso. Aunque él no parecía tener prisa por marcharse, solo la observándola, no sabía por qué.
-¿Dónde están el resto de las mujeres? –parecía que le iba a contestar, pero no le dio tiempo.
-¿No tienes nada que hacer Iruka? -Itachi grito enfadado mirándoles.
-Si, ya me voy, como te pones- se dio la vuelta para hablar con él antes de que le arrancara la cabeza. Susurró junto a Itachi-esa chica debería taparse con algo, está temblando- Itachi se volvió con el ceño fruncido observándola. Era cierto.
-Está bien, tráele algo para taparse. Y no hables más con ella.
-De acuerdo, de acuerdo, voy a por algo de abrigo-echó un último vistazo a la chica y se fue.
-¿Dónde están el resto de las mujeres? -Itachi hizo como si no hubiera escuchado nada, no tenía ganas de hablar con ella. Siguió mirando al horizonte, manteniendo firme el timón.
-¿Puedo verlas?, necesito hablar con ellas- se sorprendió al verla a su lado, se tambaleaba, la mar estaba empezando alterarse. Alargó su brazo izquierdo para sujetarla-¿Qué haces de pie?
-Itachi, por favor, déjame ver a las otras mujeres.
-No. Siéntate, y cállate, no dejas de dar guerra - volvió a mirar al frente esperando que se cumplieran sus órdenes sin rechistar. Ella agachó la cabeza y dio dos pasos hacia atrás volviendo a sentarse. En ese momento Iruka le trajo la piel para que se tapara. Era extraño, a veces tenía calor, y en otras ocasiones frío. Se tocó las mejillas, estaban ardiendo; pero no dijo nada. Se quedó quieta en cuanto se tapó, al dormirse la piel se escurrió de sus manos cayéndose a sus pies. Comenzó a tiritar por la fiebre minutos después. El barco seguía surcando el mar oscuro y frío a toda velocidad, mientras Hinata cada vez caía en sueño más profundo, a solo dos metros de Itachi que, inconsciente de todo aquello, seguía mirando al frente enfadado.
