Hola!
Aqui les traigo el primer capitulo :D
Lo escribi mientras estaba en reposo desde el lunes que he estado mal pero a pesar de la fiebre decidí escribir por las que me dejaron review. Bueno les dejo leer el capitulo, espero les guste y si no culpen a la fiebre xD.
Disclaimer: los personajes de durarara no me pertenecen.
Capítulo 1
Los Orihara era una de las familias más influyentes e importantes de la ciudad, según la encuesta sobre familias imponentes estos se encontraban en el puesto 3. Los Orihara eran dueños de una reconocida empresa que había sido traspasada de generación en generación. Shirou Orihara era el actual presidente de la empresa, él estaba casado con una mujer que respondía al nombre de Kyouko. Del producto de este amor nacieron tres hermosas criaturas: Izaya Orihara, el hijo mayor y el siguiente heredero de la empresa, y las gemelas Mairu y Kururi.
Debido a la buena situación económica en la que nacieron los hermanos nunca pasaron necesidades y se les cumplía con todos sus deseos pero eso no quería decir que fueran personas engreídas o creídas, quizás un poco pero su madre siempre les hacia recordar que el dinero no lo era todo en la vida. Kyouko provenía de una familia de clase media, de hecho su padre era el secretario del presidente en ese entonces…el padre de Shirou. Este ya había puesto los ojos en Kyouko para que sea su nuera por eso no se negó cuando su hijo le había dicho que se casaría con ella. A pesar de todos los lujos ella no perdió su humildad y quería inculcarles eso a sus hijos.
Pero en la vida lamentablemente no todo es color de rosa…hay veces que se torna negro. La empresa de los Orihara tenía 2 socios pero uno de ellos solo era un lobo disfrazado de oveja. Este tipo abuso de la confianza de Shirou y le robó una fuerte cantidad de dinero para luego largarse de la ciudad, del país hasta del planeta. El padre de Izaya estaba en un grave problema apenas y había pasado dos semana y las deudas lo embargaban…necesitaba una fuerte inyección de dinero si quería salvar la empresa de su padre, de su abuelo, de su bisabuelo…de Izaya.
Se sentía como si estuviera en el mar en medio de una tormenta cuando las olas te revolcaban una tras otra sin dejarte escapar…las deudas venían una tras otra y lo dejaban sin escapatoria. Hasta que sucedió lo que más temía: embargaron su casa y le congelaron sus cuentas bancarias, le dieron de plazo 2 meses para que pueda recuperar su propiedad o si no pasaría a remate y tendría que transcurrir por lo menos un año para que pueda volver a tener crédito. ¿Cómo se podría solucionar semejante problema? ¿Quién los podría ayudar?
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"Reconocida empresa en bancarrota" fue la portada de uno de los diarios que ni bien se enteraron no dudaron en divulgar la noticia por toda la ciudad y el país. Un joven rubio leía dicha portada mientras bebía su café, una pequeña sonrisa se formo en sus labios, se levanto y fue directo a donde se encontraba su padre.
— ¿Qué sucede?—preguntó el hombre detrás del escritorio al ver a su hijo con una cara de estar tramando algo.
—Padre tengo algo que pedirte—respondió el rubio sentándose en la silla frente al escritorio—se trata de negocios que nos beneficiara a ambos—definitivamente ese chico se traía algo entre manos.
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Después de que le embargaran la casa no tuvieron más opción que mudarse a un departamento pequeño con solo 2 habitaciones, era lo único que sus ahorros podía pagar. En una de ellas dormirían los varones y en la otra las mujeres, tenían que acostumbrarse a una vida sin comodidades ni lujos, por lo menos estaban todos juntos y de esa manera saldrían adelante. Ya que sus cuentas bancarias fueron bloqueadas y sus ahorros no durarían para siempre, Shirou empezó a contactarse con sus amigos para ver si alguno de ellos le podía dar algún trabajo pero ninguno le dio una respuesta favorable. Mientras tenía dinero todos estaban ahí pero ahora cuando más los necesitaba ninguno respondía a su llamada de ayuda…que hipócritas son los humanos.
Miro a su alrededor y se puso a pensar cómo es que habían llegado a esto, se sentía impotente al no poder defender a sus seres queridos… ¿Qué tipo de vida les estaba dando?
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Un día mientras todos se encontraban terminando de desayunar alguien llamó a la puerta, la menor de las gemelas abrió y grande fue su sorpresa al ver de quien se trataba. Ahí en la puerta se encontraba el primogénito de los Heiwajima, Shizuo. Nadie entendía que hacia alguien tan importante como el visitándoles. Izaya presentía que la visita de Shizuo no traería buenas noticas, sin embargo, prefirió escucharlo.
— ¿A qué se debe su visita?—preguntó Shirou invitándolo a sentarse en una silla que las niñas le alcanzaron.
—He venido a hacerles un trato—dijo mientras se cruzaba de piernas y brazos.
— ¿Qué clase de trato?—preguntó el padre de Izaya, esa propuesta le estaba dando mala espina.
—He oído que su socio está vendiendo sus acciones y he decidido comprarlas además…—hizo una pausa—puedo pagar las deudas de su empresa.
— ¿Qué es lo que quiere a cambio?—Shirou no era un hombre al que le gustaba andar con rodeos, a él tenías que hablarle claro y directo.
—Quiero a su hijo—si el señor era directo entonces él también lo sería.
— ¿Perdón?—intervino Kyouko al no entender las palabras del rubio.
—Los ayudaré a cambio de que su hijo se case conmigo.
Toda la familia se quedó petrificada, no habían asimilado lo que acababan de oír. Pero el más desconcertado de todos era Izaya y quien no lo estaría si un día tu peor enemigo va y te ofrece matrimonio aprovechándose de tu lamentable situación.
Ambos jóvenes fueron a la misma preparatoria pero ni bien se conocieron se odiaron, se peleaban todos los días. Shizuo era más reconocido que Izaya, el primero era temido por su fuerza extrema y porque era el hijo de alguien importante, nadie le contradecía claro no todos hacían su voluntad y ese alguien era Izaya. Él era respetado y admirado por los demás estudiantes pues era el único que podía hacerle frente a Shizuo en batalla. Los padres de ambos eran conscientes de las riñas de sus hijos por eso es que ahora el papá del pelinegro estaba igual de sorprendido que su hijo, algo debió picar al rubio o simplemente el mundo estaba llegando a su fin.
— ¡No me jodas!—el pelinegro gritó enojado— ¿qué es lo que tramas? Si lo que querías era venir a burlarte de mí y humillarme lo conseguiste…ahora solo vete y déjame en paz—sin decir nada más se fue a su habitación hecho una furia.
— Mi intención no fue burlarme de ustedes, mi trato es 100% verdad—dijo levantándose de su asiento dispuesto a irse—tienen 2 días para darme su respuesta—agrego antes de cerrar la puerta tras él.
Los 4 que estaban en la sala soltaron un largo suspiro al parecer hasta se habían olvidado de respirar debido a toda la tensión de unos minutos atrás. Ninguno se atrevió a ir donde el pelinegro, sabían perfectamente que cuando estaba enojado era mejor dejarlo solo.
Mientras tanto en la habitación Izaya lloraba amargamente y sus manos sangraban debido a los puñetazos que había dado a la pared en una manera de descargar su enojo, frustración, amargura e impotencia.
—Te odio Shizuo—dijo volviendo a propinar otro golpe más a la pared.
