Disclaimer: El mundo de Shingeki no Kyojin pertenece a Isayama Hajime. La parodia sensual es mía. También la trama de fondo (Blancanieves y los siete enanos) es de los hermanos Grimm.

Pareja: Rivaille x Eren

Advertencia: Semi-AU. Parodia. Muerte de personajes. Quizás, SOLO QUIZÁS, lemon. Prolongación del aparente "Two-Shot" (sí, quise alargarlo y ahora va a ser un fic de tres a cuatro capítulos, tal vez cinco).

Eren Nieves y los siete enanos gruñones

by

Crosseyra


Parte II


A veces incluso los cazadores sienten remordimiento cuando toman a su presa.

Para Reiner el ser un cazador implicaba más que solo perseguir al pobre y desafortunado infeliz y ensartar el cuchillo en su yugular. Era un oficio, su trabajo, eso por lo que se ganaba la vida, y como toda labor esa ocupación tenía también sus propias reglas a seguir. Desgraciadamente Braun había fracasado en una de ellas y ahora, probablemente, iba a pagar el precio por su falta.

Aunque realmente no quería hacerlo.

Intentar darle muerte al príncipe del país de Sina fue una tarea que, en un principio, Reiner no estaba dispuesto a cometer. Hace poco menos de un par de horas Braun tenía un honor, un orgullo y una dignidad de la que alardear y proteger, le debía su vida y mucho más al rey Grisha, aquel que le dio un trabajo y un lugar donde quedarse por las noches, aquel que le dio la oportunidad de desaparecer de las gélidas calles de Stohess y conocer al muchacho con quien al final terminó deseando pasar el resto de sus días.

Por donde se le mirase estaba en completa e infinita deuda con su rey.

Grande fue su sorpresa cuando lady Mikasa había acudido a él con la petición más hilarante y garrafal que haya surcado su cabeza. Mil sinas de oro era un precio descomunal, una cantidad de dinero con la que el cazador podía perfectamente desaparecer del mapa y comenzar una vida renovada en alguna otra nación que aceptara forasteros sin un nombre o apellido. Pero tenía consciencia, una memoria, un corazón que podía sentir culpabilidad, un cerebro que podía descarriarse en la más cómica demencia y perder la cordura como quien pierde el corcho de una botella.

Por un momento creyó a su razón esfumada de la faz de la tierra al empuñar la daga sobre su cabeza, sin embargo los ojos verde azulados de Eren destellando en el más puro pánico le hizo caer en la cuenta de que nada en el mundo podía comprar el alma pura e inocente de un chiquillo, independientemente de su alcurnia.

Por extraño que parezca en ese instante su mente se había empeñado en divagar en Bertholdt. Era como su anestesia personal, su droga ilícita con la que lograba desconectarse del mundo.

Pero incluso eso fue insuficiente.

Y tampoco fue capaz de negarse; sabía que si renegaba cometer el crimen de asesinar al próximo rey de Sina, Mikasa iba a terminar descuartizándolo a él. O peor, se tomaría la osadía de hacerle daño a Bertholdt.

Se detuvo vacilante frente a la recámara de la chiquilla, alzando la mano y dudando si tocar a no. Un escalofrío recorrió enteramente su espina dorsal cuando la puerta se abrió, dejando en evidencia a la muchacha de labios carmines y cabello negro. No dijo nada. Mikasa se apartó de la entrada y Reiner se limitó a entrar a los aposentos de la chiquilla, presionando el cofrecillo que llevaba contra su costado con una necesidad propia de un delator.

Ackermann se sentó sobre su lecho cruzándose de brazos y lanzándole al cazador una mirada inquisitiva.

—¿Y bien? —comenzó la morena. —¿Mi querido hermanastro ha pasado ya al otro lado? Me gustaría suponer que eso que llevas allí es la prueba de ello ¿No? —. Preguntó, señalando con el índice la cajita de madera en manos del muchacho.

Reiner asintió sin decir una sola palabra, extendiéndole el objeto a la muchacha. Mikasa lo tomó entre sus largos dedos y abrió el cofrecillo con una lentitud abrumadora y enloquecedora, disfrutando a momentos la sensación de victoria y superioridad que le embargaba en ese instante glorioso; para ella ya no había nada que se interpusiera en su camino, aquello que había considerado una amenaza para finiquitar su meta había desaparecido. Y allí estaba la evidencia que necesitaba: Un corazón frío y carente de sangre, lejos de volver a palpitar.

El sentimiento que embargó a Mikasa fue el de una dulzona y exquisita victoria. En cambio Reiner no sintió absolutamente nada más que un revoltijo brusco en el estómago, como si sus órganos sufrieran una distensión severa. Se estaban retorciendo en su interior, lo sabía, tanto como para ser consciente de lo cochambroso que resultaban los razonamientos vesánicos de la morena. Se tensó de manera sobrenatural al reparar en su mirada, cínica y despojada de toda clase de cordura.

La bruja esgrimió una sonrisa sutil.

—¿Le comunicaste al cocinero que deseaba cenar un poco de carne blanda y altamente nutritiva, Reiner? —cuestionó, cerrando el cofre y posándolo sobre su regazo —. No soy precisamente del tipo de persona que guarda órganos en frascos como recuerdo. —río, espeluznante y desquiciada.

A Braun le temblaron las manos.

—S-Sí, ya se lo he hecho saber al señor Hannes. —dijo, tomándose el atrevimiento de atajar el cofrecillo de las piernas de la muchacha —. Ahora si me disculpa, debo llevarle el ingrediente al cocinero. Con su permiso.

Y dicho esto el cazador desapareció por la puerta, dejando atrás a una satisfecha Mikasa.

Suponía que la mentira del corazón de jabalí no duraría por mucho.

(...)

Eren se esmeró en que su silueta detrás del gigantesco árbol de follaje estremecedoramente abundante no fuera percibida por los moradores de aquella pequeña y bonita casa de madera. La noche caía sobre su cabeza como una amenaza alarmante y significativa; confiaba en que aún fuera demasiado temprano para que los predadores furtivos nocturnos abandonaran sus guaridas en busca de una presa digna de sus apetitos voraces. Una luna redonda y bañada en plata se alzaba en medio del cielo, iluminando el claro que se abría a su frente.

Eren agudizó la vista, buscando alguna señal de movimiento dentro de la casucha, al menos un indicio que le indicara si estaba habitada o solo era una edificación abandonada como tantas otras; las dos opciones le eran igual de válidas, pero no quería ser para nada impertinente en caso de encontrarse con gente en el interior. No fue capaz de captar nada, solo el silencio inusualmente avasallador que rodeaba la estructura de madera en una oscuridad atrapante.

Se decidió por prescindir del resguardo, hasta ese entonces útil, del árbol a los confines del claro, adentrándose por completo en la planicie escarchada y repleta de florecillas nacientes que serpenteaban por toda la extensión de tierra, césped y maleza cerca de la casona. Caminó con pasos torpes e inseguros hacia la entrada de la morada, no sin antes voltearse pavorido al advertirse observado, encontrándose con una puerta algo desgastada por el paso del tiempo y los años, pero netamente pulcra e impecable, como si hubiera sido fregada esa misma mañana.

No le costó mucho darse cuenta de que, en realidad, la casa estaba poblada.

No había rastro de polvo en la madera ni manchas en las ventanas, un peculiar olor a lavanda y canela se acentuaba en las cercanías de la edificación, y el césped asentado en las delimitaciones de la entrada se hallaba perfectamente podado y cuidado.

El castaño pensó en la posibilidad de simplemente dar marcha atrás y adentrarse nuevamente en los dominios anchurosos y eternos del bosque, pero cayó en la cuenta de que moriría en menos de una hora dado sus escasos conocimientos de supervivencia y su falta de habilidad para la caza. Al final se animó por apegarse al plan inicial.

Alzó la mano empuñada y tocó suavemente la puerta con los nudillos. No hubo respuesta.

Procuró hacerlo otra vez. Silencio absoluto.

Exasperado y aferrándose a la idea de obtener un techo donde pasar la noche, tomó la manecilla presionándola hacia abajo y empujó la puerta, sobrecogido al enterarse que la entrada había cedido sin ningún problema. Una penumbra déspota se presentó ante sus ojos y un repentino miedo le subió por el cuerpo.

Pero la curiosidad le picaba la cabeza.

Se adentró con cuidado, notando los aromas intensificarse en la proximidad. Tanteando se encontró con una vela y, para suerte suya, un par de cerillos. Los encendió y rápidamente la luz de una llama danzante alumbró el interior de la casa. Se halló cerca de una pequeña cocina y un comedor quizá igual de diminuto, con objetos claramente "compactos" para el tamaño común. Allí todo era demasiado... menudo.

Se sacudió los hombros, como desentendiéndose del tema, y siguió avanzando. Se topó con unas escaleras que probablemente daban al segundo piso, no se lo pensó mucho al momento de subirlas, peldaño por peldaño. Un corredor se extendía en línea recta un par de metros más allá de las escalinatas, terminando en una puertecilla al fondo, probablemente de un dormitorio.

Entró en la habitación con cautela; la vela iluminó ferviente siete camastros pequeños enfilados y aglutinados a la pared, siete camas infantiles vacías y aparentemente sin usar.

Ya, estaba claro que allí vivía gente, pero...

¿Dónde estaban los moradores?

Caminó de un lado a otro con la duda plasmada en su rostro, a ratos echaba un vistazo hacia la puerta entreabierta que daba al corredor esperando ver a alguien, inspeccionando el dormitorio con ojo crítico. Había una ventanita en el tabique sur que daba hacia el frontis de la casa. Se asomó por ella, hallando el mismo claro iluminado y ni rastro de personas.

Un lobo aulló en medio de la noche.

¿Por qué, siendo altas horas de la noche, no había nadie en la casona?

Iba a seguir registrando la morada, pero un cansancio súbito le cayó sobre los hombros. De pronto los pequeños lechos frente a su persona se volvieron verdaderos camastros con colchón de plumas y almohadones gigantescos, llamándole desesperadamente en busca de apaciguar aquel agotamiento que venía pisándole los talones desde que se había echado a correr hacia el bosque.

Su cuerpo reaccionó por sí solo, en menos de un parpadeo Eren se encontró a sí mismo encaramándose en los catres, quitándose los zapatos y metiéndose bajo las sábanas, cogiendo un par de cojines y estirando su cuerpo sobre dos o tres camas juntas.

No pasó mucho tiempo antes de que cayera rendido al sueño.

(...)

—... ¿Crees que esté muerta?

—No lo sé. Respira, pero no reacciona.

—¿Crees que esté drogada?

—Auruo, cierra la boca.

Las voces parecían lejanas, un poco distorsionadas y burbujeantes, y se perdían en el más profundo rincón de su mente, desvaneciéndose cual gota de tinta en agua. Se removió sobre la colcha en busca de una posición más cómoda, atajando una de las almohadas y hundiendo la cara en ella. Un último suspiro tangible y volvió a la quietud inicial.

Se sentía tan relajado. Tan bien.

—Oh por Dios, Mike, ¿Viste eso?

—Solo se movió un poco.

—¿Eso quiere decir que no está muerta?

—Auruo, por favor, ya deja eso.

Eren se estremeció cuando las voces se percibieron más fuertes y concretas, llegando a sus oídos con la soltura propia de la brisilla helada del viento. De pronto la oscuridad en su mente fue reemplazada por la luz cegadora de la consciencia, y por sus párpados se reflectaban manchas borrosas y turbantes que danzaban frente a sus ojos en colores brillantes.

—¡Hey, hey! Se está despertando… —un susurro proveniente de una voz claramente grave y masculina.

Y cayó en la cuenta de que, en realidad, no estaba solo.

Abrió los ojos de golpe, con un miedo súbito subiéndole por las entrañas. La luz incandescente de un par de velas le iluminó la retina con dolorosa blancura, cegándole por escasos segundos que parecieron los más largos de su vida. Instintivamente se cubrió los ojos con el antebrazo, quejándose y resintiendo el cambio lumínico en cada viscosa fibra de sus orbes. Parpadeó tantas veces como su naturaleza le permitía, y entrecerró los párpados en el vago intento de acostumbrarse a tanta claridad.

Había imaginado encontrarse con muchas cosas en su maldita vida, incluso llegando a pensar que dentro del jodido bosque de los siete titanes realmente se hallaban titanes. Pero eso… eso era tan irónicamente contradictorio e ilógico que le daban ganas de tirarse desde el torreón de la guardia forestal real y nunca volver.

Siete personas a los pies de un par de camas, siete pequeñitos individuos arrimados al esqueleto de madera de los camastros, observándole con una atención y peculiaridad muy diferente a la que estaba acostumbrado a recibir. Sus singulares ojitos le atisbaban con curiosidad genuina y sorpresa de sobra, pero también había cierto temor en ellos. Además Eren tenía la ligera sensación que, pese a todo, le miraban como si fuera alguna especie de fenómeno de circo.

Intentó decir algo, pero las palabras se le estancaron en la entrada de la garganta.

El estómago se le revolvió.

Todos, absolutamente TODOS ellos parecían ser niños con rostro de adultos.

Nadie movía un solo músculo, y cada uno contenía el aliento a su manera. Asimismo Eren percibió un par de ojos escrutadores, serios e indiferentes mirándole con una desconfianza cargada y extrañamente calcada en la atmósfera, pero a ninguna de aquellas otras personitas parecía molestarles.

Jaeger se atrevía a inferir que era, en sí, costumbre.

Uno de ellos hizo el amago de acercársele, una pequeñita de cabellos castaño claro y ojos marrones anaranjados, de facciones aniñadas, femeninas, de pestañas largas y labios finos, y una mirada saturada en amabilidad. Eren no fue capaz de rehuir el sobresalto que le provocó la aproximación lenta de aquella personita, arrinconándose entre balbuceos y manotazos contra el respaldo de la cama.

De pronto uno de los enanitos gruñó inconforme, cruzándose de brazos, pronunciando los pliegues diminutos de su frente al fruncir el entrecejo y las líneas notorias de la comisura de sus labios en una morisqueta.

—Tch, mira qué niñata más idiota y malagradecida. —recriminó. —Petra intenta ayudarla y la cría se espanta como si hubiera visto un fantasma. Quién entiende a los mocosos de hoy.

Eren se sintió claramente ofendido.

La chiquilla se volteó, fulminando al enanillo con la mirada.

—Auruo, repito, cierra la boca.

—Opino que hay que sacar a Auruo de la habitación; con lo fea que es su cara no me extraña que la muchacha se haya asustado. —dijo una de las personitas de cabello rubio con mechones atados a una pequeña coleta.

—¡¿QUÉ?!

—Apoyo a Erd. —espetó esta vez un enanito moreno de nariz ancha y pronunciada.

—¡GUNTER!

—Si es por el bienestar de la dama, no hay problema. —un pequeñito de rubias cejas acentuadas y ojos azules sonrió complaciente. —Petra, Erd, Gunter, Mike y yo estamos de acuerdo. ¿Tú qué dices, Levi?

De pronto todas las miradas, incluida la de Eren, se posaron sobre el susodicho, un enanito de cabellos negros y ojos afilados, quien se había mantenido en silencio durante toda la discusión, con los brazos cruzados sobre el pecho y la vista hincada con un interés camuflado de molestia sobre el príncipe de Sina. Jaeger se estremeció de manera inusual al percatarse de ello.

El llamado Levi desvió la mirada hacia el rubiecillo de cejas gruesas.

—Si es la cara de Auruo lo que incomoda a la mocosa, entonces tiene que esperar afuera hasta que toda esta mierda quede solucionada. —sentenció el moreno con la misma seriedad e indiferencia.

—¡HE-HEICHOU!

Acto seguido el dichoso Auruo quedó vetado de lo que aparentemente era su propio dormitorio hasta que "la mocosa", como le había apodado el enano con cara de estreñido, se explicara. Pero a pesar de todo, y lo amables y relajados que se habían mostrado todos los individuos ante la presencia de Eren, Jaeger no pudo hacer más que observarlos en silencio, aún arrinconándose él mismo contra el respaldo de la cama, con el temor cosquilleándole las entrañas.

Después de todo estaba en medio del jodido bosque encantado del que tanto le hablaba la vieja Riko.

Al final decidieron presentarse ante la supuesta "muchachita".

Sí, el orgullo masculino de Eren se fue al reverendo garete.

—Mi nombre es Erwin Smith. —comenzó el rubiecillo de ojos azulados, esgrimiendo una amplia sonrisa. —La chica que intento acercarse es Petra Ral, la única dama entre nosotros. El muchacho con el cabello atado le llamamos Erd Gin. El chico con nariz graciosa es Gunter Shulz. El sujeto aquí a mi lado es Mike Zakarius; qué no te asuste si te olfatea, es su manera de hacer amigos. —explicó, y a medida que los nombre eran mencionados, los susodichos sonreían o gesticulaban a modo de saludo. —Y este pequeñín de aquí es Rivaille Corporal, aunque de cariño le decimos Levi. Es el más enanito de nosotros y tiene un complejo por eso, así que evita hacer comentarios de estatura con él cerca.

—Erwin, cállate. —puntualizó el aludido, con el ceño fruncido a límites inhumanos.

Smith sonrió.

—¿Lo ves?

Jaeger no fue capaz de reprimir una risilla que se le escapó inconscientemente, y, como era de esperarse, fue inmediatamente fulminado por unos ojos color olivo pequeños y tajantes. Eren reconocía que había algo en ese rostro perfilado y pálido que le atraía de sobremanera, un vestigio, una pizca de lo más cercano a la magia pululando en los contornos afilados de su pupila. La fisonomía de su cara, estaba seguro, fue diseñada, esculpida y trastocada para avasallar con una neutralidad y mesura cortante, pero el punto fuerte estaba en sus ojos. Eran expresivos, lo notaba cuando un brillo inesperado centellaba en el iris, pero él se empeñaba en solo mostrar, a través de ellos, apatía en su estado más puro.

Punto a favor para el tal Rivaille. Lo que podría ser su única debilidad lo convierte en un arma capaz de helar la sangre en las venas.

Quizás era su mejor arma.

Arma que estaba funcionando con Eren.

A pesar de todo, y lo carismático que había resultado eso de las presentaciones, el castaño no soltaba una sola palabra.

El llamado Erwin suspiró, y Levi desvió la mirada hacia la ventanita en la pared sur de la habitación, con la aparente intención de demostrar desinterés.

—Ah… —balbuceó Petra, frotándose las manos entre sí. —Ahora que sabes nuestros nombres, nos gustaría saber el tuyo. —propuso la muchacha, esbozando una hermosa sonrisa. —¿Cómo te llamas, dulzura?

Oh, sí. Esa mujer era la amabilidad encarnada.

El príncipe dudó unos segundos, meditando en qué contestar. Llegó a la conclusión de que, aunque parecieran individuos sin malas intenciones de trasfondo, nada le aseguraba que eran devotos a la corona y no unos rebeldes que se oponían a su rey. Siendo el primogénito de Grisha, decidió reservarse el apellido y guardar apariencias.

—Eren. —contestó. —Eren… Nieves.

Y un silencio incómodo se formó, prolongándose por eternos segundos.

—¿E-Eren? —tartamudeó Erd, sorprendido. —¿Qué no es así como se llama el príncipe?

—Creí que solo el hijo de su alteza portaba ese nombre. Además Eren es un nombre para niño—comentó Gunter, contrariado.

Jaeger cayó en la cuenta de su error cuando ya era demasiado tarde. Se había olvidado por completo de que su nombre era único en todo el maldito reino, que había sido creado y seleccionado por su madre Carla meses antes de su nacimiento, y que era sinónimo de un par de cosas que realmente pensaba que no iban en nada con su personalidad, incluso si todos sus súbditos y el propio rey dijeran lo contrario.

—Y-Yo… —titubeó Eren. —C-Cuando se supo la noticia del nacimiento del príncipe, a mis padres les encantó el nombre y decidieron llamarme así. —forzó una sonrisa, acompañando su intento pobre y claramente lamentable de mentir.

Se percató que Rivaille le miraba inquisitivamente, con los ojos entrecerrados y una mirada que detonaba desconfiada. Se acercó con pasos lentos y decididos hacia el castaño, sus pasos resonaron con el rechinido vibrante de las tablas del suelo, y se detuvo frente al camastro.

—Deja de mentir, mocoso, y explícate. —exigió el enanito, frunciendo el entrecejo. —¿Qué haces aquí, en nuestra casa, fingiendo ser una mujer? ¿Es que acaso tu padre te desheredó o algo parecido? —gruño con voz trepidante.

Eren soltó un suspiro de derrota y concluyó que ya no tenía sentido seguir aparentando.

—Alguien ha intentado matarme en el castillo y he escapado echándome a correr al bosque. Era de noche, y no tardé en perderme. Llegué a un claro y me encontré con esta casita. —explicó el muchacho, jugando nerviosamente con los pliegues dorados del vestido. —No ha sido mi intención darles un mal trago. —se disculpó apenado, bajando la mirada.

Levi arqueó una ceja.

—¿Y allá en tu cochino castillo nadie te enseñó a no allanar la casa de otros sin permiso? —rugió el moreno, perdiendo la paciencia. —Ya es el colmo que un mocoso inútil como tú haya osado babear MI cama mientras no estaba. Tienes agallas.

Eren se sonrojó fuertemente al caer en eso.

Erwin intervino.

—Levi, ya deja al muchacho. Lo estás asustando.

—Que se mee en los calzones si quiere, pero lejos de mi cama.

A Eren le hirvió la sangre en las venas.

—¡BASTA! —refutó Jaeger, manando impotencia. Tanto Smith como Rivaille le miraron, expectantes. —¡He tocado la puerta antes de entrar! El problema es que no había nadie. Me planteé la posibilidad de dar la vuelta y marcharme, ¡Pero no pude! ¡Iba a morir allí afuera! —se defendió el castaño, estrujando las sábanas del camastro con desmedida fuerza.

Levi lo notó, aquella actitud terca e impulsiva. El chiquillo iba a traerles serios problemas.

—¿Y esa es razón para entrar en una casa ajena y andar como Pedro por su casa ocupando las cosas de los demás?

—¡No he tocado nada! —volvió a gritar Jaeger, empuñando las manos.

—Pero te echaste una siesta en mi cama, por supuesto. —rebatió Levi.

—Pensé… —Eren bajó la mirada en clara señal de arrepentimiento, y respondió lo primero que se le vino a la cabeza. —Pensé que la casa estaba abandonada… —mintió. Una de las primeras cosas de las que se había percatado al llegar fue que la casucha estaba habitada.

El enanito acentuó aún más su mirada escrutadora y molesta, curvando sus labios en una mueca de fastidio.

—¿Te parece que está abandonada, mocoso? —Levi extendió los brazos, haciendo el ademán de señalar a todos los presentes en la habitación. —¿En serio tiene la pinta de estarlo? —espetó con sarcasmo, sin apartar la vista de los ojos aguamarina del chiquillo.

Eren no respondió, sencillamente se limitó a bajar la mirada y controlar su actitud temperamental. Ellos eran su única salvación hasta el momento, tenía que convencerlos para que le dejaran quedarse unos días, el tiempo suficiente para prepararse antes de volver al castillo y enfrentar a Mikasa, y quizás a Reiner… Quién sabe, tal vez el cazador había cambiado de idea y ahora le estaba buscando como un condenado para terminar el trabajo pendiente. De todas formas tenían que saldar cuentas.

Debía pensar con la cabeza fría y dominar sus impulsos hoscos y vehementes, sino el costo iba a salirle a un precio demasiado alto. No estaba en posición para negarse a nada.

Levi bufó y se cruzó de brazos, molesto.

—¿Qué hacemos con él? —se aventuró a preguntar Auruo, quien se había mantenido en completo silencio en el trascurso de todo el alboroto y miraba por la rendija entre la puerta y el marco.

—¿Qué no es obvio? Tiene que irse…

—¡HEICHOU!

Rivaille arrugó el entrecejo.

—Si lo que dice es cierto, ahora a este mocoso lo están buscando por cielo, mar y tierra tanto sus amigos como sus enemigos. Probablemente estén pensando en un secuestro obra de rebeldes o algo parecido. Si nos encuentran con él, no van a dudar en colgarnos. —dijo el moreno, y como punto crítico, agregó:—A TODOS.

Eren tragó grueso, las manos le temblaron, y una gota acuosa de sudor le cayó por la frente. Instintivamente comenzó a jalarse suavemente la punta de sus cabellos castaños, una manía que había adoptado quien sabe cómo, y que hacía surgir a luz los primeros indicios de histeria y angustia. Los dedos rígidos le dolían, el bombeo de su corazón se apretujaba punzante. Quiso gritar, pero sabía que no le ayudaría en nada.

Miró de manera suplicante al enano Rivaille, pidiendo con los ojos un poco de compasión, aunque eso fuera en contra de todos sus principios. Corporal le ignoró olímpicamente.

Erwin dejó escapar un suspiro cansino, y tocó el hombro de Levi con suavidad. Este volteó a verle, sabiendo de antemano que intentaría hacerle cambiar de parecer.

—Levi, estás siendo demasiado duro con él… —dijo paternal.

—Solo estoy pensando por todos. Si el crío se queda, pone en riesgo a Petra, Auruo, Erd, Gunter, Mike, a ti… e incluso a mí. —soltó el moreno hastiado, pasando una mano por su cabello negro. —Sinceramente tengo un mal presentimiento de esto.

El rubio juntó las cejas, sonriendo.

—Siempre te has preocupado por todos, y se agradece mucho. —dijo, palmeando sus hombros. —Pero creo que nos traería más problemas muerto que vivo. Ya ves cuando se entere el rey que su hijo estuvo aquí y no lo ayudamos. Eso también se considera como traición.

Levi hizo un mohín, disgustado.

—No lo quiero aquí solo porque sea el estúpido hijo del rey.

—Él nunca ha apelado a su alcurnia ni al nombre de su familia, de hecho tuvo intenciones de evitar el tema. —aclaró Erwin, mirándole serio. —No es el tipo de príncipe caprichoso y altanero. Creo, más bien, que en realidad el chico tiene aptitudes valorables y un corazón noble.

Corporal y Smith intercambiaron miradas furtivas y claramente demandantes, uno con una sonrisa en los labios y cejas alzadas, y el otro literalmente chispeando con los ojos y la boca fruncida. El rubio recurrió a posar una mano consentidora y amable sobre el hombro menudo del enano, ensanchando la comisura de los labios con una lentitud extenuante; estaba claro que portaba todas las malditas intenciones del mundo para suavizar un poco a Levi y que reconsiderara la idea de echar a patadas a Eren. Desde ese momento Jaeger le estaría eternamente agradecido al pequeño hombrecito.

El castaño observaba la escena como un espectador más, ansioso. Los dientes le castañeaban, angustiado.

Rivaille, por su parte, se dedicó a clavar sus ojos sobre los azulinos orbes del contrario, plegando las cejas y curvando el borde de sus belfos casi imperceptiblemente en una mueca jodidamente tediosa. Arrugó la nariz, como si un olor putrefacto se hubiera escabullido por sus fosas nasales, y dejó que un suspiro de resignación se escaqueara desde sus cuerdas vocales. De un manotazo suave apartó la mano de Erwin y se cruzó de brazos,.

—¿Qué propones entonces?

Smith sonrió, satisfecho.

—Si estoy en lo correcto, el príncipe acabó aquí porque alguien intentó asesinarle, ¿No? —dirigió su mirada serena hacia Eren. Él asintió. —Dime, muchacho. ¿Fue solo una persona o hubieron más involucrados?

El de sangre azul titubeó, contrariado, con los labios temblándole como castañuelas. Los orbes le escocieron a horrores, y de un momento a otro un par de lágrimas se aglomeraron en la comisura de sus ojos, con el evidente amago de desbordarse y deslizarse por sus mejillas curtidas. Como era de esperarse, todos a su alrededor se alarmaron ante la repentina reacción del chiquillo, y Petra fue la primera en acercarse y socorrerle, acariciándole la coronilla con ternura.

Al rubio no le costó inferir un porqué.

Smith caminó con pasos lentos hacia la cama, se subió a la colcha y se arrodilló frente a Eren.

—Alguien a quien quieres mucho intentó apuñalarte por las espalda, ¿Cierto? —afirmó, posando un dedo sobre la frente tibia y suave del chiquillo. Eren le observó brumoso a causa de las lágrimas, y, enjugándoselas con el dorso de la mano, asintió. —Debió haber sido difícil.

Jaeger entrecerró los ojos, mirando la nada misma.

—Crecí con ella, ¿Sabe? —se rascó la nuca, soltado un sollozo. —Me lo hubiera esperado de su madre, pero no de ella. Siempre fue una señorita, una dama, una hermana. Y pensar que Mikasa me haya vendido de esa forma… —calló, apretando los dientes y mordiéndose la lengua, intentando no ponerse a gritar y putear a los mil y un demonios.

—¿Mika-quién? —preguntó Auruo, quien ya se había inmiscuido por completo en el dormitorio.

—Mi media hermana, la hija de la reina Circe. —aclaró, compungido.

—Oh.

Tanto Petra como Erd y Gunter fulminaron a Bossard con la mirada, y le susurraron un muy disimulado y con amor: "Auruo, ya cierra la maldita boca".

Eren se mantuvo en silencio por un rato, luego posó la mirada sobre Erwin, alentándole a que siguiera hablando. El rubio entendió el mensaje y prosiguió.

—Bien, propongo lo siguiente. El príncipe se quedará unas semanas con nosotros; si lo que dice es cierto, probablemente quien intentó darle muerte ahora esté buscándole para terminar con el trabajo. Dejaremos que las cosas se calmen un poco antes de que su alteza vuelva al castillo a enfrentar las cosas. —Smith observó a Jaeger con sus amables ojos azules, esta vez serios y calculadores. —Eren, entiendes que es peligroso regresar ahora ¿Cierto? Debes prepararte antes ¿Lo sabes? —cuestionó el hombrecillo. Eren afirmó con la cabeza.

Erwin sonrió paternalmente, y se giró sobre sí mismo para dirigirse a los demás.

—¿Están de acuerdo, muchachos? —preguntó, recibiendo un "Sí" coreado por la mayoría, exceptuando a cierta personita. El rubio le miró de reojo. —¿Tú qué dices, Levi?

Jaeger asentó toda su atención en Rivaille, quien se había mantenido de brazos cruzados y recargado sobre la pared, observándole con aquel aire desconfiado e indiferente que tanto le erizaba la piel y le ponía los nervios de punta, pero que, a su vez, le hipnotizaba de una manera poco frecuente. Vió sus ojos pequeños y afilados recorrerle el rostro con lentitud, analizando sus movimientos, creyendo y deseando encontrar alguna señal delatora.

Eventualmente, no fue capaz de hallar nada.

Eren se mordía el labio, ansioso.

Finalmente, Levi suspiró.

—Bien, ustedes ganan; que el mocoso se quede. Pero con una condición. —Corporal entrecerró los ojos, fulminando al castaño con la mirada. Eren se tensó como piedra, pero no dijo nada. Rivaille curvó la comisura de sus labios en una sonrisa intangible y dijo:—Tiene que ser la sirvienta.


Hoooolii(?

Lamento mucho la tardanza c': Tengo responsabilidades estudiantiles y el tiempo se me va, además de que me puse a ver de nuevo Lovely Complex para reírme un rato :33.

En fin, creo que ya se habrán dado cuenta de que cambié un poco el resumen de la historia y que, como ven, ya no es un Two-Shot. Se me alargó, porque no sirvo mucho para hacer historias cortas de esta temática. Cosas muy simplonas no me gustan, a saber.

¡AWWW! Levi, enano maldito, amo escribirte-inserte corazón gay-. Eres TAAAAAAAAAAAAAN tú -3-.

Ahora... Supongo que se habrán dado cuenta que esta cosillas monstruosa mía que ven aquí no está beteada. Tenía a mi editora personal, alias Loretillo, pero por inconvenientes creo que renunció/la despedí (Dejé de mandarle los "manuscritos" porque estábamos tapadas en trabajos/pruebas y, para no molestarla, publicaba con los capítulos sin revisar. Creo que no me creyó, porque se enojó un poquito y se auto-proclamó despedida). Así que... mientras no arregle este percance, necesito a alguien de buena voluntad que quiera ser mi betareader para este fic, alguien que me hinche las pelotas para que termine en el plazo estipulado, revise la ortografía y me golpee constructivamente por la trama y el capítulo en sí.

Ah, para quienes quieran saber, el plazo de CADA actualización es de dos semanas a lo máximo. Ejemplo: Publico el capítulo de Wonderwall el domingo, entonces el domingo subsiguiente tengo que actualizar o Eren Nieves o Wonderwall o, si se me da la gana(?), un proyecto nuevo.

¡Uh! Hablando de proyectos nuevos, tengo dos ideas nuevas para fics.

The young king.

Inspirado en "The Young Victoria". Eren, un joven príncipe que, luego de la muerte de su tío el Rey Vladimir III de Sina, se ve obligado a ascender al trono a la corta edad de 18 años y a gobernar el legendario imperio de las tres murallas. En un periodo de tres años conoce y se enamora de su secretario personal, el Conde y ex-sargento de la Legión de Reconocimiento: Rivaille Corporal.

Los tres actos de una obra maestra.

Levi, un treintañero soltero y huraño que, contrariamente a lo que todos piensan, tiene un éxito rotundo tanto con mujeres como con hombres, se ve amenazado ante la llegada de un joven universitario aspirante a actor. Rivaille se ve obligado a aceptar a Eren en su departamento al tener favores pendientes con la madre del muchacho, por lo menos hasta que Jaeger logre conseguir un empleo estable que le de ingresos suficientes. Un oferta a una película surge, la productora quiere a Eren como protagonista de su próximo film. Los días de Jaeger en casa de Levi están contados en tres actos de una obra maestra. "Mi papel se centra en un muchacho gay", "¿Te resulta difícil?", "No, ya que de hecho soy uno. ¿Le molesta?", "No puedo quejarme. Aunque no me considero uno, he estado con hombres".

Ya saben, si ven fics tan locos como estos revoloteando por fanfiction, acuérdense de mí(?)

Anyway, para quienes me preguntaron, el fic de Eren que se hace pasar por Mikasa al tener un compromiso con Levi se llamará "Just like her".

En fin, espero que les haya gustado esta segunda parte, yo me entretuve escribiéndola-inserte corazón gay-.

Muchas gracias por los comentarios, quienes lo agregaron a favoritos y lo siguen, o quienes simplemente lo leen, se les agradece un montón.

Uno de estos días me digno a responder comentarios.

¿Un review? ¿Na? Igualmente se agradece c':

Nos leemos en la próxima actualización ^^.

Atte. Crosseyra.