DISCLAIMER: Los personajes de Avatar: la leyenda de Aang son propiedad de Nickelodeon y sus respectivos creadores. La historia es propiedad de Setlib quien me dio su autorización para traducirla al español.
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Marriage of convenience.
Capítulo 2. Sorpresas.
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Zuko estuvo inmediatamente despierto y alerta, una técnica de supervivencia que había perfeccionado durante esos meses de fugitivo, cuando no podía darse el lujo de despertar lentamente. El ángulo de la luz solar a través de las cortinas en la pared del fondo, le indicó que aún era temprano por la mañana, y él lamentó encontrarse solo en su cama. Se había despertado varias veces durante la noche, Azula lo atormentaba en sueños oscuros que terminaban con un rayo o cenizas. En cada vez, se había levantado bruscamente, encontrando a Katara acurrucada contra su hombro, con un brazo o una pierna –o ambos- extendidos de forma protectora sobre él. Su presencia lo tranquilizaba como nada que hubiera conocido nunca. Para su sorpresa, había conseguido dormir bastante a pesar de las pesadillas.
Se estiró con cuidado, sintiendo el tirón de la piel recién curada a través de su pecho. Mientras se bañaba y vestía, revisó mentalmente la lista de las cosas que necesitaría llevar a cabo inmediatamente, si no es que antes. Era una larga lista. Reuniones con los generales para comenzar a retirar al ejército. Comunicarse con su pueblo para calmar sus temores y evitar posibles disturbios. Nombrar embajadores para iniciar los tratados de paz con las demás naciones. Tendría que revisar casi todas las partes del gobierno tan pronto como fuera posible, desde las prisiones hasta las escuelas y los mercados. Y para colmo, Azula había asustado a todo el personal del palacio, así que tenía que arreglar eso también.
— Muchas gracias, hermana. —gruñó.
— ¿A quién llamas hermana? —las puertas de su habitación se abrieron repentinamente y Katara apareció como soplada por un tifón en verano—. Es hora de que te levantes, perezoso. —bromeó ella—. Es el primer día de trabajo, ¡no hay tiempo para dormir hasta tarde!
Él sonrió mientras ella cruzaba la habitación y se detenía frente a él. Su mirada viajó de sus ojos hasta su cintura dónde tenía atada su bata.
— Déjame echar un vistazo —exigió, alcanzando su bata para tirar de ella y acariciar gentilmente su herida con los dedos.
Él no pudo pensar en otra persona en el mundo que hubiera sido tan casual al tocarlo. Cualquier otro hubiera encontrado sus dedos rotos antes de siquiera llegar a su túnica, pero se sentía bien tener a Katara prestándole tanta atención.
— ¿Siempre eres tan mandona por las mañanas?
— No, Zuko —ella sonrió—. Soy así de mandona todo el tiempo.
Sacó un poco de agua de su cantimplora y él sintió los últimos vestigios de dolor irse fácilmente conforme el resplandor azul se propagaba a través de su piel. Katara había cerrado los ojos, sus labios ligeramente abiertos, mientras se concentraba. El resplandor se desvaneció, pero sus manos permanecieron apoyadas en su pecho y él no tenía ninguna prisa para terminar la sesión. Demasiado pronto ella abrió los ojos para reenfocarse, y un hermoso rubor tiñó sus mejillas.
— Bien, ahí lo tienes, ah… todo está bien ahora. —dijo ella, acariciándole el estómago antes de retroceder.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar a lado de la cama, hablando rápidamente, casi con nerviosismo.
— He reunido a más o menos la mitad del personal y les he devuelto sus empleos. El desayuno estará listo pronto. También he localizado al líder de la Guardia Real y él estará aquí dentro de poco para recibir órdenes. Parece que algunos de los Ministros evitaron el destierro de Azula así que han comenzado a llamar a los demás. Esperamos que tengas un acto de gobierno para ejecutar a la hora del almuerzo.
Tenía que admitir que estaba impresionado.
— ¿Nadie se opuso a recibir órdenes de una…?
— ¿Campesina? —le desafió.
— Extraña. —corrigió él—. La idea de que alguien pudiera pasearse por el palacio y comenzara a darle órdenes a la Guardia Real me preocupa.
Katara se encogió de hombros.
— Están acostumbrados a seguir órdenes, y estaban perdidos sin nadie que los guíe. Además, les dije que todo era por orden del Señor del Fuego Zuko. —su sonrisa juguetona fue seguida por una exagerada reverencia.
Él asintió solemne con la cabeza provocando, como esperaba, una risa en Katara.
— Si usted está tan dispuesta a ayudar, tengo una larga lista de cosas por hacer. ¿Le importaría tomar algunas por mí?
— Por supuesto, Zuko. Puedes contar conmigo. —dijo Katara, con una extraña sonrisa que Zuko no pudo descifrar.
Ambos compartieron un desayuno de trabajo, redistribuyendo a la Guardia Real y enviando citaciones a todos los generales entre bocado y bocado del arroz al vapor y el nattō. Zuko estaba comenzando a sentir la sensación de logro cuando los Sabios del Fuego entraron en el comedor. Vio al Gran Sabio aproximarse con paso seguro, su cara presumida, y sabía que las cosas se iban a poner feas. Así que decidió tomar la ofensiva inmediatamente.
— Gran Sabio, espero que no esté interrumpiendo mi desayuno sin una buena causa. Informe sobre los resultados de su búsqueda en las historias secretas. —ordenó Zuko, observando con satisfacción como la expresión de superioridad del Sabio vaciló un poco.
— Es cierto que hemos encontrado una solución. Ha habido varios casos en los que una tercera persona fue atacada durante un Agni kai y devolvió el golpe. La tradición concede a esa persona los mismos derechos que a los participantes originales en el duelo.
Sin duda no podía ser tan fácil.
— Entonces, ¿el asunto queda resuelto?
El Gran Sabio asintió con la cabeza, pero su sonrisa arrogante dejó en claro que tenía un as bajo la manga.
— El precedente está claro. Si un Señor del Fuego en funciones es asesinado durante un Agni Kai, el ganador es declarado el nuevo Señor del Fuego.
Tranquilamente, Zuko dejó escapar el aliento que no sabía que había estado reteniendo.
— Realiza todos los preparativos, quiero que la coronación sea esta noche. Necesito ser declarado Señor del Fuego oficialmente tan pronto como sea posible…
— Usted no, príncipe Zuko. Usted no derrotó a Azula. Según la tradición, el nuevo Señor del Fuego es ella.
El Gran Sabio apuntó despreciativo con la cabeza hacia Katara.
— ¿Señor del Fuego? ¿Yo? —Katara jadeó—. ¡Es imposible!
El Gran Sabio finalmente la encaró.
— Fuiste tú quien derrotó a Azula. Perteneces a la realeza, ¿cierto?
— ¡No!
— Su padre, el Jefe Hakoda, es el regente de su tribu. —señaló Zuko—. Como su hija, ella podría ser considerada una princesa.
No estaba seguro de adónde quería ir el Gran Sabio con todo esto, pero decidió dejar al anciano jugar su juego un poco más antes de elegir una contra-estrategia.
Katara alzó las manos.
— ¡La Tribu Agua del Sur no tiene realeza! Y además, eso no importa. ¡Ni siquiera soy parte de la Nación del Fuego!
— Descubrimos varios precedentes en las historias secretas. Hace cientos de años, era muy común que la realeza de otras naciones concertaran matrimonios políticos con la Nación del Fuego.
— ¡Pero nadie aceptará a una maestra agua como Señor del Fuego!
El Gran Sabio sonrió con confianza ahora.
— Tienes razón, eso probablemente llevaría a una guerra civil. Lo mejor que podrías hacer sería abdicar al trono.
— Y entonces Zuko se convertiría en Señor del Fuego, ¿cierto? Él aún es el heredero al trono.
— Él ha sido desterrado, tachado como traidor. De cuerdo con la ley, él no puede heredar. Ni siquiera debería poner sus pies en territorio de la Nación del Fuego. —dijo el Gran Sabio mirando a Zuko con dureza—. Sin embargo, el siguiente en la línea es un descendiente del Señor del Fuego Sozin y…
Zuko casi se echó a reír.
— ¿Se refiere al primo Mori? Él pasa sus días pintando paisajes y haciendo teteras. No puede dirigir la Nación del Fuego. Pero tal vez ha sido su plan desde el principio, ¿poner un títere en el trono?
Katara se levantó de su asiento y rodeó la mesa, deteniéndose frente al Gran Sabio y apuntándole con el dedo en la cara.
— ¡Sus leyes no significan nada para mí! Zuko tiene que ser Señor del Fuego. Él es la única persona que puede terminar con la lucha en la Nación del Fuego. —se giró para mirar a Zuko a través de la mesa, y suavizó la voz—. Sin él, el mundo no tendrá la oportunidad de la paz.
El Gran Sabio no se inmutó.
— Yo no hago las leyes, pero no puedo permitir que sean ignoradas.
Shyu dio un paso adelante desde el grupo de Sabios y se aclaró la garganta con nerviosismo.
— Tal vez haya una manera. He encontrado un pergamino más esclarecedor anoche. —sacó un rollo de su manga.
— ¿Qué es eso? —exigió el Gran Sabio.
— Esta es la lista de todos los príncipes consortes en los primeros mil años en la historia de la Nación. —Shyu miró a Katara—. Perdone mi insolencia, mi Señora, pero ¿es cierto que usted solamente tiene quince años?
— Sí, ¿pero qué tiene que ver con todo esto?
— Las leyes de la Nación del Fuego permiten a un consorte hacerse cargo temporalmente cuando el trono es heredado por un niño. El Consorte Real puede gobernar como Señor del Fuego hasta que el verdadero heredero cumpla los dieciséis.
Zuko sacudió la cabeza antes de que Shyu terminara de hablar.
— No, tiene que haber otra manera.
— ¿Cuál es el problema? —preguntó Katara—. Ellos pueden designarte consorte y tú podrías mandar de inmediato. Eso nos da seis meses antes de que cumpla los dieciséis para pensar en algo más.
— Sólo hay una manera para convertirse en consorte. —le advirtió Zuko.
— Mi Señora, los consortes no son designados. —explicó Shyu—. Si usted elige al príncipe Zuko como su Consorte Real, entonces no tendrá otra opción. Usted deberá casarse con él.
Zuko vio los ojos de Katara abrirse por el shock cuando la verdad se estableció. Cuando lo miró, él asintió con la cabeza para confirmar la valoración del Sabio. Ella retrocedió y luego se giró de repente para salir de la habitación.
— ¿Es lo mejor que puedes hacer por mí, Shyu? —gruñó Zuko—. ¿Destierro o matrimonio?
Shyu se inclinó, disculpándose.
— Esas son circunstancias inusuales, mi Señor. Pero si quieres una reclamación legal al trono, éste es el mejor camino.
— ¡Déjame ver ese rollo! —gritó el Gran Sabio, arrebatándoselo a Shyu de las manos.
Zuko martilleó inconscientemente con los dedos sobre la mesa del comedor, sopesando sus opciones, mientras los Sabios discutían. Se había reunido con los generales esa tarde para ordenar la retirada de las tropas, lo cual no había salido muy bien. Si los Sabios se negaban a coronarlo como Señor del Fuego, y apoyaban a su idiota primo, habría una revuelta en toda regla contra él por la noche. La idea de un matrimonio político no le molestaba en lo absoluto. Era de esperarse cuando nacías dentro de una familia real. Pero se resistía a pensar en Katara de manera tan insensible, como si fuera un peón manejado para su beneficio. Alguien como ella, tan llena de pasión y corazón, nunca podría ser feliz en un matrimonio por conveniencia. Ella merecía algo mejor.
No es como si ella fuera a aceptar su propuesta de todos modos. Aang debería de llegar pronto, y mientras él no estaba del todo seguro de cómo estaban las cosas entre ellos, estaba claro que tenían una larga historia juntos antes de que él se uniera a su grupo. Y luego estaba Jet, y el maestro tierra Haru, y el maestro agua Bato… Katara tenía una larga lista de admiradores, y muchas otras opciones.
Sin embargo, ahora que pensaba en ello, no podía dejar de imaginar lo que sentiría si Katara lo eligiera. Si se casara con él. ¡Qué esposa sería! Lo suficientemente fuerte como para ganar un Agni kai, lo suficientemente valiente para enfrentarse al Gran sabio, pero con un espíritu amable y compasivo que podría ganar a su pueblo si se le daba la oportunidad. Había mucho por hacer, y con una compañera como ella a su lado, podría tener una oportunidad de éxito. Por supuesto, ya que la mera sugerencia de casarse con él la había hecho salir corriendo de la habitación, probablemente no debería aferrarse mucho a la idea.
— Iré a hablar con ella. —anunció, haciendo caso omiso al debate entre los sabios, y con grandes zancadas salió de la habitación.
¿A dónde se había ido? ¿habría regresado a su cuarto? Si había una cosa en la que era bueno, era en perseguir a su presa. Trató de pensar como ella. ¿A dónde podría ir una maestra agua molesta intentando huir en el palacio? Iría a algún lugar tranquilo, pero con abundante agua.
Él sonrió y se dirigió hacia los jardines del palacio.
« Continuará… »
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- - - - - - - - - Adelanto del Capítulo Tres: "Respuestas"
Zuko sonrió brevemente, pero cuando volvió a hablar su voz era seria.
— Mereces casarte con alguien que ames. No puedo pedirte que aceptes un acuerdo político sólo por conveniencia.
Katara se volvió hacia el agua, sus pensamientos turbulentos de nuevo. Las decisiones políticas eran fáciles, pero darle sentido a sus emociones era casi imposible. Sus sentimientos por Zuko eran fuertes, pero también eran nuevos. ¿Era amor? Ella no lo sabía, pero ¿por qué él inmediatamente asumía que ella no podría amarlo? Después de años en los que le decían que él no era digno del amor de su padre y su hermana, era como si él no pudiera imaginar que alguien en realidad lo amara.
La idea la hizo enojar, y reapareció el instinto protector de la noche anterior.
— Zuko, sé que no confié en ti la primera vez que trataste de unirte a Aang y al resto de nosotros. Te dije muchas cosas y lo lamento… Te has ganado mi confianza.
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Nota de la Traductora:
Espero que les haya gustado!
Si hay algún error, por favor háganmelo saber para corregirlo –sin importar lo pequeño que sea-.
Muchas gracias por sus comentarios a:
Itzel, Charlotte y Jane Vulturi, BlindMaster y Jeziik
Nos leemos pronto!
Anna
