NA 1: Esta historia es una adaptación del cuento de Mary Shelley que lleva el mismo nombre, por lo cual si alguien ha leído la historia y siente que es un pésima trabajó le pido disculpas de antemano.

NA 2: Los personajes de Full metal no me pertenecen, eso todo el mundo lo sabe pero es necesario decirlo.

NA 3: Todo lo anterior debería haber sido escrito en el primer capitulo pero por un error no lo fue.

El Sueño.

Capitulo 4:

El General llegó temprano a ciudad del Este, y se dirigió sin dilación a la estación militar. Siguió un suntuoso almuerzo, y era ya por la tarde cuando el General atravesó la ciudad en dirección al lugar en donde estaba situada la casa donde vivía su nieta. La joven lo recibió en la puerta. Grumman buscó en vano sus mejillas pálidas por el sufrimiento, o el aspecto de desesperación y abatimiento que esperaba encontrar. En su lugar, sus mejillas estaban encendidas, sus modales eran animados, y su voz casi trémula. «No lo ama - pensó Grumman -o su corazón ya ha dado su consentimiento.»

Se preparó una colación para el recién llegado; y, después de algunas pequeñas vacilaciones a causa de la alegría de su semblante, le mencionó el nombre de Roy Mustang. Riza se sonrojó en lugar de palidecer, y replicó velozmente:

-Mañana, abuelo. Te pido un respiro sólo hasta mañana; entonces todo estará decidido. Mañana me consagraré a Dios o...

Parecía confusa, y el General, a la vez sorprendido y complacido, dijo:

-Entonces no odias al joven de Mustang; le perdonaste la sangre enemiga que corre por sus venas.

-Nos han enseñado que debemos perdonar, que debemos amar a nuestros enemigos -replicó Riza, ligeramente temblorosa.

-Por todos los cielos, que es una respuesta de la novicia favorablemente acogida -dijo el General, riendo-. ¿Qué? ¡Mi fiel servidor, coronel Mustang, disfrazado! Adelántate y agradece a la señorita por su amor.

Disfrazado de manera que nadie le reconociera, el militar había estado observando a sus espaldas, y contempló con infinita sorpresa el comportamiento y el semblante tranquilo de la joven. No pudo oír sus palabras, pero ¿era la misma que había visto temblando y sollozando la tarde anterior?, ¿la misma cuyo corazón estaba destrozado por la conflictiva pasión?, ¿la misma que vio los pálidos fantasmas de su padre y de su pariente interponerse entre ella y el amante a quien más adoraba en este mundo? Era un enigma difícil de resolver. La visita del General llegó al unísono con su impaciencia, y se precipitó. Estaba a sus pies, mientras ella, todavía abrumada por la pasión pese a la tranquilidad que asumía, profirió un grito al reconocerlo, y se desplomó al suelo sin sentido.

Todo era inimaginable. Incluso cuando entre su amiga Winry y su abuelo la devolvieron a la vida, siguió otro ataque y luego apasionados torrentes de lágrimas por lo que prefirieron que subiera a su habitación. El General, mientras, esperaba en el vestíbulo, mirando de reojo la medio consumida colación, y tarareando alguna canción en celebración de la tozudez de la mujer; no sabía cómo responder a la mirada de amarga desilusión y ansiedad de Mustang. Finalmente, Winry vino con una justificación.

-Riza no se siente bien como para bajar ahora. Mañana hablara con usted General, a la vez para solicitar su perdón y revelar su propósito.

-¡Mañana, otra vez mañana! ¿Hay previsto algún encanto para mañana, Winry? -dijo el General-. ¿Puedes explicarnos el enigma, preciosa? ¿Qué extraño enredo ocurrirá mañana, que todo depende de su advenimiento?

Winry se sonrojó, miró hacia abajo, y vaciló. Pero Grumman no era un novicio en el arte de atraerse con halagos a las damas para descubrir sus propósitos. Winry estaba además asustada por el plan de la Riza, quien todavía se obstinaba en llevarlo adelante; así que era muy fácil inducirla a traicionarlo. Dormir en el lecho junto al rió, descansar en un estrecho saliente por encima de los profundos rápidos del torrente, y, si como era lo más probable, el soñador sin suerte escapaba a todo eso, soportar las inquietantes visiones que ese turbador sueño pudiera producir al dictado del futuro, era una locura de la que, incluso Grumman, apenas podía creer capaz a ninguna mujer. Pero, ¿podía Riza, cuya belleza era tan sumamente espiritual, y a la cual él había oído constantemente elogiar su fortaleza de ánimo y sus talentos, podía ser tan extrañamente apasionada? ¿Puede tener la pasión semejantes caprichos? Como la muerte, nivelando incluso la aristocracia de las almas, y trayendo al noble y al campesino, al listo y al tonto, bajo la misma servidumbre. Era extraño. Sí, debía salirse con la suya. Que vacilase en su decisión era excesivo; y era de esperar que su nieta no tuviese una mala actuación. Podría ser, de otra manera, que su intención, disuadida mediante un sueño, estuviera influenciada por pensamientos despiertos. Alguna defensa habrá que oponer al más material de los peligros.

No hay sentimiento más atroz que el que invade a un débil corazón humano, inclinado a satisfacer sus ingobernables impulsos en contradicción con los dictados de la conciencia. Está dicho que los placeres prohibidos son los más agradables; así debe ser para las naturalezas rudas, para aquellos que aman la lucha, el combate y la contienda, que encuentran la felicidad en una riña y gozan con los conflictos pasionales. Pero el gentil temple de Riza era más suave y más dulce; y el amor y el deber contendían, abrumando y torturando su pobre corazón. Confiar su conducta a las inspiraciones de la religión, o de la superstición, si así se la puede llamar, es un bendito alivio. Los mismos peligros que amenazan su empresa le dan más sabor. Atreverse por su propio bien fue una bendición; la misma dificultad del camino que conducía al cumplimiento de sus deseos, complació su amor y, a la vez, distrajo sus pensamientos de la desesperación. Si se decretara que ella debería sacrificarlo todo, el riesgo de peligro, y aun de muerte, sería de insignificante importancia en comparación con la congoja, de la que siempre tendría su ración.