Pese a lo que todo el mundo pensaba, Naruto no se subió encima de la mesa y empezó a lanzar cosas como el juego del mono de la Nintendo. No, el rubio mantuvo la calma, se quedó varios minutos allí, parado, sin decir nada, mientras alrededor todos sus amigos flipaban en colores como si le hubiesen echado alguna sustancia rara a la bebida y Sakura…

Bueno, Sakura siempre sería Sakura

-¿Por qué nos lo has ocultado? –chilló tirándole la mesa como se esperaba de su compañero de equipo.

Sin embargo, aunque parecía que Jack el Destripador, el asesino del tarot y Sweeney Todd se habían reencarnado por un momento en la del pelo rosa, lo cual le daba un aspecto bastante raro y siniestro, Naruto no se movió, ni un centímetro, ni un milímetro. Es más, parecía que el tiempo se había detenido solo y exclusivamente para él.

-¿Pero te das cuenta de lo que nos has hecho pasar? –continuaba lanzándole cosas la chica.

Cuando, tras unos momentos de contemplación por parte de todos los amigos, ya que habían comenzado a hacer apuestas de si el Jounin sería capaz de escapar a todos los lanzamientos, los cuales esquivaba incluso con pasos de ballet, se dispusieron a pacificar la situación, ya que el cumpleañero no respondía.

Y la primera en intervenir fue Ino.

Con esa personalidad que define a la rubia. Y esos dotes que te dan haber sido madre, que además de darte el poder de mejorar la puntería en el lanzamiento de zapatilla de andar por casa por los aires, te dan la hermosa cualidad de…

-A ver, tranquilicémonos –se colocó entre ambos -. Respiremos todos juntos. Uuuuuno, Dooooos –decía mientras respiraba ella hondo.

Tener el don de la palabra y ser capaz de calmar a la gente…

-¡Pero serás desgraciado! –y la rubia también se abalanzó sobre el del pelo plateado

Y chillar más que nadie.

El drama estaba servido.

Vasos volando por los aires, mesas rotas, unos defendiendo a los otros, los otros atacando a los unos, argumentos a favor y en contra de lo que se acaba de decir, competición de lanzamiento de los altavoces ganando diez puntos quien acertase a alguien, los vecinos haciendo apuestas para ver qué bando ganaba los "Kakashi-serás-hijo-de-tu-respectiva-madre-que-par a-eso-te-parió" y los "Respiremos-todos-un-poco-y-escuchemos-a-qué-pacto -se-refería", en cuyo grupo no estaba la rubia. Por supuesto.

Y todo esto en un par de minutos.

Y entonces Naruto, como si pareciera el Mesías, caminó entre la muchedumbre con los brazos en alto y la pelea se detuvo, que no quiere decir que dejaran de pegarse, sino que se detuvieron un momento.

-¿A qué hora has dicho que sale?

-¿Eso es lo único que vas a preguntar?

Todos los presentes mantuvieron la respiración durante un momento. Parecía como si Naruto hubiese madurado en todos años, y fuese capaz de mantener la cabeza fría y darse cuenta de lo realmente importante…

-Como poder podría preguntar muchas cosas, como ¿de dónde vienen las nubes? ¿por qué Tsunade no envejece? O… ¿tu pelo es rosa natural o te lo tiñes…?

La única respuesta que recibió es un puñetazo de su compañera de equipo.

Bueno, quizás no había crecido tanto como pensaban.

-Eso dolió –fue lo único que exclamó al levantarse -. Vamos, Sakurita, no te enfades –le dijo su amigo con el moflete hinchado y una de sus preciosas sonrisas derrite-corazones como las llamaban sus amigos.

-Eso no funcionará conmigo –le fulminó con la mirada.

Bufó molesta, le susurró algo a Kakashi que implicaba destrucción, muerte, heridas y una venganza que ni la del compañero Uchiha, aunque tras decir eso se quedó pensativa. Si llevaba siete años en la cárcel no la había cumplido, así que esa expresión perdería su vigencia. Agitó la cabeza ya que le daba igual ese hecho insignificante y se marchó.

Y Naruto… Bueno, a él ya le daba igual todo, ¿qué le importaba a él que se lo hubiese ocultado? Él lo que quería era volver a ver al Uchiha a su lado, volver a entrenar con él, y poder tener que dejar de buscarle. Realmente aquello había sido una noticia genial para él. Solo sabía que no podía esperar a mañana.

Tal y como se había predicho el día siguiente hicieron el Agosto doble los periódicos, ya que en portada de todas las cabeceras aparecía el título "Sasuke Uchiha sale de la cárcel", o "Sasuke Uchiha ya no es un traidor", y otras más sensacionalistas y confusas rezaban "Agarren a sus mujeres el torbellino Uchiha regresa".

Para resumir, se creó el caos, nadie entendía por qué se había ocultado a la población, ni por qué no se lo habían cargado, y otros menos enterados de los cotilleos de la aldea no sabían por qué tenían que agarrar a sus mujeres, pero muchas chicas no salieron ese día por miedo a no sabían qué, y otras muchas salieron al encuentro del moreno para, o pedirle un hijo suyo, o matar al último hijo de los Uchiha.

-¡Hoy veré a Sasuke! –canturreaba.

Y Naruto simplemente había quedado con Sakura para ir los dos a la prisión a reencontrarse con su amigo.

-¡Hola, Naruto! –suspiró

-¿Por qué traes al obseso sexual? –chilló el rubio con molestia -. Como regalo de cumpleaños lo podríais haber encerrado en una caja o algo.

-Parece que alguien escuchó tu deseo hace siete años pero se equivocó de moreno –comentó el ANBU con su sonrisa.

-¡Pero será…!

El rubio amenazó con tirarse encima del otro muchacho, y Sakura, que ya parecía más calmada o que estaba dejando para más tarde cortar cabezas, intentó calmarlo.

-Estamos aquí por Sasuke, ¿recuerdas? Hoy volveremos a encontrarnos.

-¿Y qué tiene que ver él en todo esto? –se quejó con un mohín.

-También soy el equipo siete.

El de los ojos azules abrió la boca para decir algo, pero se quedó callado porque se dio cuenta de que en ese punto tenía razón, aunque todos los presentes supiesen el verdadero motivo por el que estaba allí: para molestar. ¡Ah! Y para decir que el pene de Naruto era pequeño.

Entre peleas y comentarios despectivos sobre partes del cuerpo de los tres amigos, todos avanzaron. Cada vez más cerca del gran edificio a las afueras de la ciudad.

Finalmente llegaron. De ladrillo visto, ventanas por las que apenas cabría el dedo de un gnomo con problemas de crecimiento, vallas rematadas por alambre de espino, guardias que parecen dos armarios empotrados abrazados, torres altísimas de vigilancia 24 horas con orden de matar a cualquiera que ose colocar un pie fuera del perímetro: La prisión de alta seguridad.

En aquel momento dos de los que caminaban tragaron y advirtieron algo que habían pasado desapercibido: La estancia en aquel lugar había sido de todo menos agradable, además, al haber sido acusado de traidor habría tenido el peor traro.

Sakura simplemente había quedado sin habla, ahora no se atrevía a acercase porque temía que haber estado siete años en aquel lugar hubiese acabo de destrozar al amigo de ambos, pero el chico que tenía a su lado le tomó la mano, suspiró, le dedicó una sonrisa y simplemente dijo.

-Esté como esté, seguirá siendo Sasuke, seguirá siendo nuestro amigo.

-o-

Un guardia con cara de pocos amigos me mira de arriba, dándose cuenta de que soy un amasijo de cadenas y huesos

-¿Seguro que nos han autorizado para hacer esto? –se asegura preguntando a su amigo.

-Completamente.

-No me fío de este tío.

-Pero eso no es asunto nuestro. Tsunade cree que ya ha sido suficiente.

Siento como van quitando la tela que me había cubierto los últimos siete años la vista. El día que había llegado a Konoha, decidido por primera vez, declararon que era demasiado peligroso si quiera tenerme en prisión, y el primer día que había entrado me taparon los ojos para que no pudiese usar el Sharingan.

Ciego, en la oscuridad por siete años.

Y ese no fue el único método de asegurarse de que no escapaba, también sellaron todo mi cuerpo para que no pudiese producir chakra, y por ello tengo en medio de la espalda, sobre la columna un tatuaje a modo de sello.

Por primera vez en siete años vuelvo a ver la luz, por lo que me siento cegado por la claridad. Es una sensación bastante curiosa, como cuando ves por primera vez el varias veces sintiendo que esto es lo que debe sentir una persona cuando vuelve a ver, o cuando algún ciego, por situaciones del destino, recupera la vista.

Lo siguiente que hacen es quitarme las cadenas que han mantenido inmovilizadas mis manos, y que solo desataban para que pudiese comer o ducharme, al igual que las piernas.

Estiro todo mi cuerpo sintiendo que tengo los músculos cargados.

Salgo por primera vez de mi celda sin ninguna clase de atadura y me dirigen los guardias hacia el lugar en el que neutralizarán el sello. Su mirada es de preocupación y desconfianza, y a mi salida al pasillo general donde están los presos se arma un gran escándalo. Nadie pensaba que saldría de allí, cuando entré todos pensaron que pretendía liar un revuelo, o liberar a todos los presos, por lo que tendrían que matarme.

-Buenos días, ojos de Sasuke –me chilla un hombre dentro de su celda-. Nos veremos fuera –me tiende la mano.

La cojo y continuo andando. Cada paso más cerca de la libertad, cada paso me hace intentar olvidar todos los días pasados a la sombra.

Entro en la sala dónde me van a quitar el sello.

-Espero, jovencito –me apunta con el dedo un ANBU – que no tengamos que volver a sellarte ni a verte por aquí.

Sonrío de medio lado.

¿Por qué regresé? Quizás es la pregunta que vaya a salir ahora en todos los periódicos y la persona que sea capaz de responderla tendrá la primicia del año.

Realmente yo tampoco lo sé, simplemente me planté un día en medio del camino, y sentí que había perdido el Norte, que no sabía adónde estaba yendo. Estaba perdido, y en lugar de tratar de honrar a los Uchiha los estaba humillando comportándome como un crío, dando tumbos.

Me cansé, me cansé de no saber qué estaba haciendo, y el odio que sentía hacia aquellos que me habían dañado se tornó hacia mí mismo, y decidí que lo mejor que podía hacer era perdonarme a mí mismo y empezar una nueva vida, comenzando de cero.

Si soy sincero no es que pensase en entregarme a Konoha, simplemente sucedió, y pensé que sería una buena idea, no estar encerrado, sino tener todo el tiempo del mundo para pensar hacia dónde quería ir. Sabía, muy bien, que si quería ni las cadenas ni el sello podrían conmigo, pero siete años más tarde lo que he querido ha sido…

Un número de ANBUS me acompañan a la salida. La cancela de la prisión se abre, y el Sol en todo su pleno esplendor me ciega. Miro a mi alrededor. Los ANBUS son siete.

Sonrío para mí mismo.

Se detienen.

-Uchiha Sasuke –pronuncia uno de ellos.

-El mismo –hablo, y me extraño de mi propia voz.

-Hoy vuelves a ser un hijo de Konoha. Hoy eres un hombre libre.

-o-

-¡Cómo que Sasuke ya ha salido! –se abalanzó el de los ojos azules sobre los guardias.

-¡Naruto! Tranquilízate –intentaba calmarla su amiga.

-No sabe controlarse porque está sexualmente frustrado.

-A ver, ¿quién ha dado la orden? –pregunta la del pelo rosa

Ahora se hallaba el equipo siete, menos el, de nuevo, perdido Uchiha, en el despacho de la Hokage, acompañados de Kakashi. La escena era peculiar, Naruto chillaba y chillaba, a veces cosas sin sentido, solamente por gritar, porque no entendía nada.

-¡Mi poni no tiene agua!

Llevaban un rato ya en la oficina de Tsunade, y ésta pacientemente estaba callada esperando a que el cabeza de chorlito se tranquilízate, pasaría tarde o temprano, ¿no?

Pero no parecía pasar

-¡Y va a morir de sed!

El tic en el ojo de la mujer rubia comenzaba a amenazar con cobrar vida propia y comenzar a cortar cabezas, lo cual podría convertirse en una acción en cadena, ya que el pequeño ser que quería cortar cabezas dentro de Sakura acabaría saliendo. Digna pupila de su maestra.

-¡Cállate de una vez, Naruto! Ni siquiera tienes poni- saltó al fin-. ¡Y tú, Kakashi! Ni soy tonta ni me chupo el dedo.

-Yo mejor me voy…

-¡Ni en broma! Sé que anoche le dijiste a Naruto lo de Sasuke, y por ello el trato que hicimos quedó anulado.

-¿Entonces qué pasa? –intervino Sakura golpeando a Naruto que seguía gritando sin decir nada en particular.

-Le soltamos antes de la hora –suspiró con calma.

-¿Por qué? –preguntaron todos a la vez.

-No sé cuáles fueron los motivos de vuestro amigo para querer ocultarlo, pero fue lo único que pidió. Nadie podía saber que estaba entre rejas hasta que saliese –relató e hizo una pausa-. Le dejamos salir antes de su hora como forma de compensarlo por no poder cumplir la promesa.

-o-

Es increíble como el Sol puede convertirse en un diluvio universal en un momento.

Golpeo mi propia frente. Octubre, Sasuke, es Octubre, es normal que llueva.

Pero eso no quita que me esté empapando y parezca un perrillo mojado. Supongo que tendré ese aspecto. Tampoco sé cómo de alto soy.

Tuerzo el gesto y sigo corriendo. Tengo que refugiarme de la lluvia y creo que sé exactamente dónde puedo ir. Espero que siga como lo recuerdo, espero que no haya ardido ni la hayan derrumbado.

-o-

Parecía un rayo, o una luz amarilla y naranja por los tejados, pero era Naruto, Naruto buscando por toda Konoha a su amigo. La del pelo rosa no fue capaz de detenerlo, y ella también se echó a la calle a buscarlo. Ambos tenían miedo de que hubiese huido de la ciudad, ahora que lo tenían tan cerca no permitirían que desapareciese como hacía siete años.

-Bastardo –no cesaba de repetir

Finalmente llegó al lugar.

La casa Uchiha, con ese carácter imponente que solo los años de abandono puede darte. Nadie había entrado en ese lugar desde que Sasuke se había marchado con doce años. Ahora ambos tenían veintidós y el rubio confiaba que diez años fuesen muchos años de ausencia.

Abrió el portalón de madera que chirrió y cruzó el jardín que había crecido como había querido todos estos años, dándole un aspecto de pequeña selva. Los niños decían que estaba encantado, y por ello nadie se había atrevido a cruzar sus puertas. Además, la historia de la matanza Uchiha sucedida dentro de sus límites no hacía más que aumentar la leyenda a su alrededor.

Entró sin vacilación y desanimó por un momento al ver que estaba vacía. Se sentó en el salón y se golpeó la cabeza, comenzando a despeinarse la cabeza.

-Piensa, Naruto. Piensa. No eres tan estúpido como pareces –se dijo a sí mismo.

Se quedó ahí no sabía cuánto tiempo, solo supo que comenzó a escuchar la lluvia caer, y eso le hizo sentirse más abatido.

De repente se escuchó un ruido, como de una puerta y se quedó paralizó, dejando de respirar incluso. Una figura avanzaba entre la oscuridad. Era una silueta muy alargada, debía de ser una persona muy alta, y también tenía aspecto de ser delgado.

Naruto no hizo nada. No podía pensar, pero vio como la persona se quitaba la capucha de su ropa mostrando a alguien de piel muy blanca, casi cadavérica, que estaba empapada y que tenía el pelo muy largo.

La silueta se giró a un espejo que había a su izquierda, se retiró el pelo de la cara y le quitó el polvo a la superficie para poder ver su reflejo, dejando apoyada la mano en él.

-o-

Todo lo que he querido estos últimos siete años…

-Sasuke –escucho una voz masculina a mi espalda -. Sabía que volverías, bastardo. Siempre lo supe.

Era regresar a casa.

-o-

¡Vaya! Parece que tuvo buena acogida el fic. Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo, y no os olvidéis de dejarme un review, que siempre me inspiran, aunque sea un simple "ánimo".

El próximo capítulo comenzará la acción, lo tengo casi casi acabado, así que pronto verá la luz.

¿Sugerencias? ¿Quejas? ¿Peticiones? ¿Tostadoras voladoras?