Hola a todos. Me disculpo por tardar tanto, pero, es que la escuela me tuvo ocupada y también sucedieron unas cositas feas, que no tengo deseos de recordar o darle importancia. Por esa razón, aprovechando el tiempito que tengo, vine con otra actualización...Ya era hora que publicara el siguiente capitulo.
Je je. Como ya saben, nada es mío, ni menos los personajes, yo solo los uso para divertirme y pasar el rato.
Muchas a gracias a todos los que leen, son muy amables.
Bueno. Eso es todo. Que disfruten la lectura.
...Hubo un tiempo en el que solo me importaba cantar...
...Era divertido y siempre lo disfrutaba...
...pero ahora...
...ya no siento nada...
...¿Podrían perdonarme por esta despedida anticipada?...
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
―¿Master, es necesario hacerlo?
―Me temo que sí Miku. Lo mejor será realizarte algunas pruebas y determinar cual es el problema en cuestión.
―...pero...
―Miku. Se que tienes miedo y lo entiendo, sin embargo, mientras mas tardemos en averiguar lo que sucede, tú serás la única perjudicada. Me preocupo por ti.
―Lo sé... y lo siento.
―No tienes que disculparte. Tranquila.
―¿Master?
―¿Sí...?
―No quiero que nadie sepa de esto. En especial Meiko-nee... no quiero preocuparla.
―No creo que sea lo mejor...
―...por favor...
―Muy bien. Si ese es tu deseo... esta bien.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
―Miku―. Dijo el nombre de la joven a su lado, con cierta angustia en su voz; Meiko aun no podía quitar de su mente las palabras de su Master.
«Mañana a primera hora del mediodia, iré por Miku a la mansión, debo hacerle unos examenes a su sistema. No deben preocuparse, es algo de rutina, en unos meses se los haré a ustedes, pero ahora, es turno de ella». Había dicho con su genuina sonrisa y ese simple gesto logró tranquilizar a los demás; excepto a la castaña. La mayor de las Vocaloids.
Meiko se sentía sumamente preocupada por esos "examenes de rutina" y no sabía muy bien el por qué. No desconfiaba de su Master, de eso estaba segura, pero aún así, presentia que algo andaba mal; tal vez se debía por el hecho de ser sobreprotectora con sus "hermanos", no oodía evitarlo. Aunque tuvieran años de haber sido creados, nunca dejaría de sentirse de esa manera; suspiró y se acomodó mejor en el sillón, cruzandose de brazos y piernas. Mantuvo su rostro sereno, casi inexpresivo, y espero pacientemente -o al menos eso creía ella- a que la menor dijera algo.
Los minutos pasaron y solo el silencio estaba presente entre ambas. La mayor notó que la joven Vocaloid contemplaba la pared mas cercana, mas parecía que no estaba observandola con interés. Hizo una mueca de disgusto al ver que sus espectativas no fueron cumplidas. Volvió a suspirar, aunque mas parecía un bufido.
―Miku―. Repitió aquel nombre, esperando, una vez mas, a que ella reaccionara.
La verdeaqua parpadeó y deshizo aquel pensamiento que la atormentaba, alejandola de la realidad; la conversación que tuvo con su maestro dejó de tener importancia al oír la voz de Meiko; desvió la mirada un tanto avergonzada y se encontró con dos orbes cafés, que la contemplaban fijamente. Sus manos comenzaron a juguetear con el dobladillo de su falda mientras un tinte rosado se situaba sobre sus mejillas.
―¿S-sí... Onee-san?―. Preguntó en un tono tan bajo, que creyó no haber sido escuchada.
Meiko suspiró por tercera vez, salvo que en esta ocasión se sentía feliz de que su hermanita hubiera vuelto en sí. ―Parecías estar distante... O al menos, esa fue la impresión que tuve.
―Je je je. S-sí...―. Rió con tímidez y tragó pesadamente. ―Solo... recordaba las pláticas con el Master―. Dijo lo primero que se le vino a la mente.
―Ya veo―. Permanecieron unos momentos en silencio, hasta que la castaña dicidió interrumpirlo. ―Miku. Sobre los examenes de hoy...
Miku comprendió al instante hacia donde se dirigía la conversación que tenían. ―Onee-san no debe preocuparse―. Le sonrió como siempre hacia, tratando que ningún otro sentimiento, además de la felicidad, se viera reflejado en su rostro. ―Miku estará bien... y más ahora...―. Sin previo aviso, abrazó a la castaña con ternura y cariño. ―Porque mi Onee-san se preocupa por mi... no puedo pedir mas...―. Murmuró con cierto tono de melancolía. ―...Muchas gracias...―. Ella sabía que esas últimas palabras tenían un mensaje oculto y no pudo evitar que así fuera.
―Miku―. Sus ojos comenzaron a brillar; sabía que las lágrimas estarían por aparecer y todo a causa de esas bellas palabras... que llegaron hasta su "corazón"; y solo atinó a corresponder el abrazo, mientras sus labios se curvaron hacia arriba. ―...Gracias...―. Balbuceó como una tonta.
«...Quiero que sea así... de esta manera...». Una sonrisa no tardó en aparecer, junto con el tinte rosado en sus mejillas. Rió por lo bajo cuando Meiko le revolvió el cabello y parte de sus coletas; ese trato la hizo muy feliz; y la abrazó con fuerza. «...Onee-san... quiero que sonrías...». Vio el rostro de la castaña y sintió una calidez en su pecho al ver la expresión alegre en el rostro de la mayor. «...Qué estes feliz... tú y los demás... Mi amada familia...».
―Bueno... bueno... es demasiada emoción por un día―. Se limpió las lágrimas e hizo lo mismo con las de Miku. ―Debemos prepararte para el Master... ¿O no?―. La verdeaqua asintió de inmediato. ―Bien. Vamos... te ayudaré a prepararte.
Miku asintió sonriente, sin embargo, al levantarse del sillón sintió un estremecimiento recorrerle el cuerpo y miró preocupada a su hermana mayor. Meiko tenía una mueca de furia en el rostro.
―¡Meiiiiii-chan!―. Una sombra azul apareció de repente y se dispuso a lanzarse sobre las dos jovenes, sin embargo, la mayor de ellas tomó en brazos a su hermana menor y se alejó del "peligroso pervertido".
Al ver como la sombra terminaba estrellandose contra el paredon próximo, suspiró. ―Bakaito pervertido―. Murmuró con una vena en la frente y luego dejó en el suelo ,con mucho cuidado, a la verdeaqua. ―¿Estas bien?―. Le preguntó con una sonrisa amorosa y la menor solo asintió. ―...Ok.
En un solo segundo, la expresión dulce y tierna en el rostro de Meiko desapareció, transformandose en una mueca terrorifica y endemoniada. Kaito se recuperó del golpe y lloriqueó por lo bajo, sin embargo, su indicador de peligro le aviso que estaba a punto de morir. Temeroso, buscó con la mirada, muy lentamente, a la mayor de las Vocaloids y sintió un profundo miedo al verla directamente.
―...M-Mei-chan...―. Murmuró el nombre de su peor pesadilla. Sabiendo perfectamente lo que vendría, retrocedió atemorizado hacia el lugar mas alejado de la habitación; aunque internamente, supo que nada serviría.
Meiko sonrió cinicamente. ―Tú... pervertido...―. Tronó los dedos de sus manos. ―Me las pagaras... Bakaito.
―Eh...yo...etto...eh...je je...yo s-solo...―. Levantó sus manos en señal de paz y rió nerviosamente. ―Mei-chan...solo que-quería...u-un he-he-helado...y yo...so-solo vine...a...pre-preguntar si...―. Al ver que sus palabras no traían ninguna solución, se dejó llevar por la desesperación. ―¡Por favor... perdoname!―. Suplicó por su vida y se abrazó a las piernas de la castaña.
Meiko suspiró y se dirigió a su hermana menor. ―Miku... ¿Podrías ir a tu habitación y esperar por mi allí?―. La peliverde asintió sin replicar y escapó de la habitación lo mas rápido posible. Dejandolos solos a los Vocaloids mayores. ―Bien. Ahora que Miku-chan se fue...―. El tono de su voz se hizo más grave, y Kaito supo que esa era una mala señal.
La menor de los Hatsune suspiró aliviada, al menos ella no sería testigo de la furia de su Onee-san. Sonrió divertida ¿Por qué Kaito-onii-san exageraba la situación? Si Meiko no era malvada y tampoco era como él la describía. El peliazul si que era exagerado; sin embargo, al oír un grito agudo -muy femenino cabe aclarar-, de terror se quedó pensativa. ¿Sería lo correcto dejar que Kaito se divirtiera con Meiko?; Miku se encogió de hombros y se dirigió a su habitación.
―Debo prepararme para el Master―. Se dijo a sí misma, convenciendose de que eso debía hacer. Dirigió una última mirada hacia atras y partió rumbo a su cuarto.
«Debes cuidarte mucho Miku...estos resultados son muy extraños. Nunca vi algo parecido en tus anteriores pruebas...». Pudo oír en su mente la voz de aquel hombre, incluso podía recordar la expresión de intriga en su rostro; suspiró con cansanció y continuó caminando; sin embargo, sabía que su maestro se preocupaba mucho por ella. «Creo que...no fue lo correcto hacer esa operación...Tal vez, tenga que ver con tus dolores y mareos. ¿Ha aparecido algo mas en el ultimo tiempo?».
«Si supiera...Master... tampoco quiero preocuparlo a usted...». Sonrió con melancolía. Mantuvo la vista sobre el suelo, ahora comprendía esos sentimientos que reflejaban sus canciones. «Lo mejor...es disfrutar...».
Al llegar hasta su habitación se detuvo al sentir una dolor en su cabeza. Se llevó la mano hasta la frente y cerró los ojos con fuerza, el dolor se situó en su pecho y casi podía compararlor con unos latidos. Sujetó la perilla de la puerta mientras su cuerpo se tensaba, su respiración se volvió erratica y tragó pesadamente.
0001001011011101101001
01010010110110111101011011010
01011010101010101010101010101010101
Aquel mensaje apareció en su mente y se vió reflejado en sus enormes ojos verdesaqua.
Sus rodillas querían ceder, sin embargo, Miku se contuvo y se recargó sobre la puerta al sentir que aquella sensación había desaparecido. Suspiró aliviada y pretendió calmar su respirar. Rió amargamente, esta vez fue mas intenso que las anteriores, inclusive, mas doloroso y ese mensaje, no parecía erradicarse de su ser; sabía que lo correcto sería informarselo a su Master, pero no quería hacerlo. Eso sería preocupar a sus seres queridos y no podía permitirlo.
«...Sé qu-que puedo... puedo con esto...». Se dijo a sí misma, en un vago intento por mantenerse optimista.
―¿Miku-nee?―. La verdeaqua abrió los ojos sorprendida al oír una voz juvenil detras suyo. ―¿Ocurre algo?
―L-Len-kun...―. Dijo el nombre del rubio en un murmullo. Mordió su labio inferior y contó mentalmente hasta diez, debía calmarse, y al sentir que estaba lista, dio media vuelta para enfrentarlo. ―...Ho-hola...―. Su voz se quebró al final, sin embargo, mantuvo una alegre sonrisa en su rostro.
―¿Te encuentras bien?―. Preguntó dando un paso mas cerca, notando la extremada palidez de su hermana mayor. ―¿Quieres que llame a Onee-chan?
Miku negó con la cabeza. ―Me encuentro bien... gracias por preocuparte―. Utilizó un tono de voz calmado, dulce y amoroso, causando que el rubio se terminara por sonrojar.
Desvió la mirada avergonzado. ―De-De nada...
Ella sonrió conmovida por la timidez del más joven Vocaloid. Estiró una de sus manos y con cuidado, le revolvió el cabello; no entendía muy bien por qué, pero, disfrutar la compañía de su querido hermano la hacia feliz. De una manera inexplicable; rió por lo bajo por la situación. Len levantó la vista y se encontró con la expresión dulce de la verdeaqua, sus mejillas se sonrojaron aún mas, sin embargo, solo disfrutó lo que estaba sucediendo.
―Miku-nee.
―¿S-sí?
―¿Puedo hacerte una pregunta?―. Esta vez, su voz reflejaba seriedad.
Miku apartó su mano y las juntó cerca de su pecho. ―...S-sí...―. Dijo temerosa; tenía la impresión que terminaría preocupandolo a él también.
―Master vendrá por ti hoy―. Aquella frase era mas bien una afirmación. ―...Y él dijo te harán unas pruebas...Pero... ¿Por qué?
―B-Bueno...él dijo que...se-sería solo u-un control...―. Respondió con la intención de sonar segura, sin embargo, el temor a que descubriera lo que estaba ocurriendo la alteró, haciendo que se viese austada.
―Sí, lo sé, pero, Master ya te ha hecho pruebas hace dos meses ¿No es extraño que vuelva a realizarte examenes en un corto periodo de tiempo?
Miku se sorprendió ante esas palabras. ―Len-kun ¿Cómo es que lo recuerdas?―. Recordaba ese estudio; le había avisado a Meiko y a los demás que se ausentaria por unos días, dando la escusa de "unos estudios de rutina". Y al parecer, todos habían creído en su palabra; pero, nunca llegó a imaginar que él pudiera acordarse de aquello.
Len se sonrojó de peor manera al verse descubierto. ―...E-Etto...yo...eh...―. Sentía la intensa mirada de la verdeaqua sobre sí. ―¡E-Eres mi enemiga y-y también pue-puedo preocuparme por-por ti!―. Dijo lo primero que se le vino a la mente, mas cuando cayó en cuenta de lo que había dicho, se sintió avergonzado. ―...Y-yo...yo...qu-quiero decir...―. La risa de ella lo interrumpió.
―Esta bien Len-kun. Me cuidaré mucho―. Cerró los ojos sin deshacerse de su sonrisa. ―Así la enemiga número uno de los Kagamine no se rendirá ante ustedes.
―Miku...―. Murmuró su nombre y terminó sonriendo. ―Ok.
―¡Miku, el Master ya llegó!―. El gritó de Luka interrumpió la conversación de ambos; Miku parpadeó para luego suspirar, sin darse cuenta que Len había hecho lo mismo.
―Bien...nos vemos luego Len-kun―. Se despidió con la mano y partió rumbo al encuentro con su maestro, dejando solo al joven Kagamine.
Len se mantuvo inexpresivo hasta que ella desapareció del lugar y luego, terminó sonriendo timidamente mientras un sonrojo se situaba sobre sus mejillas. Se llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón y camino con la cabeza agachada hacia su cuarto; aunque no haya descubierto lo que sucedia entre Miku y el Master, había valido la pena conversar con ella. Sin embargo, ahora su preocupación había aumentado y sí o sí, iba a descubrir que le sucedía a ella.
«...Sé que hay algo extraño, lo sé... Miku-nee... ¿Por qué nos ocultas algo?...». Ingresó a su cuarto y vio a su gemela practicando una canción nueva. «...Quizá algún día...lo podré decir...». Sonrió sintiendose esperanzado. Aún era pronto para darse por vencido.
Eso es todo por ahora. Por las dudas, no voy a prometer nada acerca de la próxima actualización, porque ni yo misma sé...(con eso de que terminó la secundaria esta semana, voy a estar muy ocupada y también porque tengo que hacer el discurso de fin de año...je je...¿En que embrollo me metí? XD). Como ya saben, espero sus opiniones y comentarios...Así que, les mando muchos besos y que tengan una linda semana.
Nos veremos, cuando tengamos que vernos. Que ojala sea pronto.
Atte: Canciones de Cuna.
