Ella sólo esperaba aquello.

Un vals donde la gente la pudiera admirar, donde todos pudieran observarla, crear una historia de amor con sus pasos...

Anastasia Steele esperaba con ansias su reunión para sus cumpleaños, ella cumplía quince años y con aquella alma soñadora que poseía, sabía que ese día encontraría al amor de su vida.

Su madre no aprobaba la reunión que se iba a celebrar, realmente ella no aprobaba nada que tuviera que ver con ella, mas bien la odiaba pero debía tenerla cerca para no tener problemas.

En cambio, su padre que era el marqués de aquella hermosa ciudad londinense, la amaba con locura, era su única hija y ella se merecía lo mejor así su esposa no lo quisiera. Él había cultivado aquella alma soñadora y no tendría reparo en hacerla florecer.

Desde que su hija le había platicado de aquella reunión que quería para sus cumpleaños, el había hecho todo lo posible para que estuviera hermoso y muy pronto llegaría el día...

Tendría que soltar a su niña...

Septiembre 10 1930

Aquella mañana la pequeña mujercita llamada Anastasia fue levantada con el canto de los ruiseñores en su ventana, escuchó los acordes de alguna bella canción y comenzó a girar en sus aposentos mientras esperaba el vestido.

Al bajar vió a su familia de parte de padre y madre reunida en el comedor esperándola, todos aplaudieron mientras ella bajaba la escalinata de la casa y ella sólo les sonreía.

Su familia a excepción de su madre la acogió entre sus brazos y pasaron la mañana entre risas y felicitaciones que no la hacían sentir mucho más que la felicidad que ansiaba tener.

Al medio día fueron a la iglesia, según la tradición debía ir a darle las gracias a Dios por su vida y por aquel día tan especial que estaba pasando y así se hizo.

Unas horas más tarde la señorita se encontraba en su habitación en compañía de sus abuelas hablando mientras esperaba que fuera el momento para ponerse su vestido de gala y bajar a la reunión que le había hecho su padre, de la cual no conocía nada.

Le ayudaron a poner el vestido y el peinado que le hicieron fue hermoso, al verse en el espejo veía a una hermosa princesa esperando el día de su coronación y eso hacía que su sonrisa aumentara.

Salió de la habitación y bajó las escalinatas con elegancia tratando de no mirar hacia la gente que la esperaba a excepción de su padre.

Al bajar las escalinatas, su padre la tomó de la mano derecha y la llevó hacia una silla isabelina para la ocasión, le cambió las zapatillas que llevaba por otras más elegantes y la llevó al centro de la habitación donde estaban quince chicos mirándola fijamente, a excepción de uno que la miraba con una expresión soñadora y enamorada esperando su turno de bailar el vals.

La chica se movía con gracia de la mano de su padre, se sentía bien pero a la vez nerviosa, un presentimiento le llenaba el pecho y no iba a ignorarlo.

Llegó el turno con aquel muchacho y al momento de tocarse, una chispa nació en los ojos de los dos, una chispa que no podían esconder ante los demás.

Y así como empezaron a bailar un beso nació y empezó en aquel viejo salón una historia de amor..

Fin...