Cómo ven, sigo viva, espero les guste este capítulo y de paso digo que estoy editando "La enfermedad que mi teclado me traicionó cuando lo estaba escribiendo"

Ropa nueva, cara nueva.

Después de eso Stan insistió poner algo más presentable a McGucket, la idea que tenía era la de afeitarlo pero este pensó que le quedaría mejor si solo le recortaba la barba. Llevaba muchos años con ella y se sentiría raro perderla.

A Stan le sorprendió lo bien que estaba, claro que la ropa que tenía no le ayudaba en lo más mínimo pero ese día no iba a poder encargarse de eso, iba a tener que ir el día siguiente porque ya era bastante tarde y no tenía ganas de salir de noche con el viejo.

Otra cosa que faltaba era un lugar donde él pudiera dormir, no iba a hacer que durmiera en un sillón toda la vida, era algo que no se podía permitir y estaba seguro que cuando lo recordara lo iba a odiar, fue por eso que iba a dejarle su cama y dormir él en el sillón.

Todo estaba bien planeado menos el que Fiddleford se negara.

— No podría dormir en su cama señor Pines, ya es demasiado con que viva en su casa como para atreverme a esto — parecía que alguien había golpeado a su cachorrito por la cara de desgraciado que tenía.

— No me importa lo que tu creas no voy a tenerte durmiendo en un sillón, después te tengo que llevar a un hospital donde me cobraran una fortuna — odiaba gastar dinero y sabía que lo iban a tratar mal, la mayoría del pueblo lo veía como un chiste y no sabía si los doctores actuarían de la misma forma.

De esa forma fue que logró que Fiddleford se fuera a dormir a la su cama, teniendo él que dormir en el sillón del cuarto que se había convertido en el de descanso de Soos, había algo que no le gustaba de ese lugar y le era difícil dormir había sido donde estaba el escritorio de su hermano y no le gustaba la idea de dormir ahí, sentía como si estuviera usurpando algo que no era suyo y eso que su hermano le había dado la casa cuando se mudara de Nueva Jersey.

Fue por eso que no se pudo relajar y por ende no durmió casi nada.

Por su lado Fiddleford estuvo teniendo sueños que más que sueños era recuerdos, recuerdos de la vida antes de empezar a freírse el cerebro con su arma diseñada para borrarse la memoria. Esa arma que le terminaría arruinando la vida, que lo había alejado de su familia y por lo cual estaba en ese momento durmiendo en la cama del señor Pines y que por alguna razón extraña el perfume que tenía la cama lo relajaba de alguna forma, no podía entender por qué pero tenía ese efecto en él.

Sus sueños eran todos de ellos tres haciendo cosas juntas, muchas veces eran cacerías de monstruos pero también hubo uno donde le hacían comprar ropa y le ayudaban a hacer una comida romántica para su esposa.

Cuando vio quién era su esposa por poco le dio un infarto, era lazy Susan, la misma que tantas veces le había servido café en Grasoso y no podía entender cómo era posible que yendo varias veces y tomara su bebida delante de ella, sin que esta reaccionara de forma alguna.

Tantos recuerdos hicieron que se despertara desorientado de donde estaba y tardo varios segundos en darse cuenta donde estaba y una de las primeras cosas que escucho fue las quejas del señor Pines, que se estaba quejando de cuanto le dolía la espalda.

Minutos después escucho los gritos del señor Pines diciendo que el desayuno estaba listo y haciendo caso fue a la cocina.

El desayuno fue mucho más tranquilo que la cena, en parte porque él ya no era más una noticia, los niños ya se había acostumbrado más a su presencia en la casa, cosa que le parecía raro lo rápido que había pasado pero así son los niños aceptan los cambios más rápido que los adultos.

— Cuando terminemos de desayunar iremos al centro comercial a comprar ropa, por lo menos algo que no parezca sacado de un basurero — Stan sabía que eso podía lastimar el autoestima de antiguo viejo loco pero no estaba seguro que así lo ayudaría.

— No debería gastar dinero en mi, realmente no vale la pena — Trato de convencerlo pero Stan e dio una mirada fulminante y se quedó callado.

— Yo puedo ayudar, soy una experta en modas — dijo una entusiasta Mabel ya parada en su silla, no había nada que le gustara más que mostrar cuanto sabía de moda, que según ella era mucho.

— ¿No te gustaría mejor pasar el día con tus amigas? — Stan tratando de desalentarla por miedo a que Fiddleford dijera alguna cosa que no debía a pesar de haber prometido no hacerlo.

— Esto es más divertido ¿A usted no le importa, no señor McGucket? — este había estado tomando un café y se sorprendió de que le hablaran.

— Por mi no hay problema pero es tu tío el que debería permitirte ir — tratando de no sacarle autoridad a Stan, no supo porque pero estaba seguro que de estar en el lugar de este lo odiaría.

Mabel lo miro con su cara de cachorrito, esa a la que se le era imposible decir que no, por su parte Dipper tenía algo planeado ese día y aunque le gustaba hacer las cosas con ella, estaba seguro de que podría hacerlo solo y además ella podría tratar de averiguar algo sobre el autor, por si McGucket recordaba algo mientras estaban comprando.

De esa forma los tres se encontraron en el Stanley móvil y de camino a comprar ropa al pobre harapiento.

Todo fue bien hasta que entraran al local de ropa y los señores lo miraran dudando, eso a Fiddleford no le gustó para nada y se estaba por ir pero fue parado por Stan quien llamo a uno de esos señores que estaba con un traje, uno que seguramente se vendía en ese lugar y con toda la seguridad que siempre mostraba dijo:

— Quiero que mi amigo se vista como una persona normal, así que háganlo hermoso — dicho eso mandó al exingeniero al vestuario y le empezó a dar ropa para que se probara.

Se probó muchos tipos de ropa, el estilo era nerd, con muchos pantalones de vestir, sacos y en su mayoría zapatos pero claro que incluyó algunas zapatillas, si tenía ganas de hacer algo de ejercicio.

No se lo iba a decir pero la verdad es que le estaba encantando verlo salir con la ropa que se iba probando, claro que una parte de él estaba asustándose por la cantidad de plata que estaba gastando pero lo estaba haciendo por una persona que le era importante y por eso no le importaba tanto. Claro que podría decirle que le haga una atracción y de esa forma poder recuperar algo de la plata que estaba invirtiendo en esa ropa.

Por su parte Fiddleford se quedaba mucho tiempo admirando como la ropa le quedaba, hacía que se sintiera como otra persona, más como el científico que había visto en sus recuerdos, era algo que le impresionaba y estaba seguro de que eso le iba a ayudar a poder mejorar y hasta con suerte pudiera llegar a reconciliarse con su hijo pero a eso no le tenía mucha fe.

Mabel se estaba divirtiendo a más no poder, hasta le prometió que le iba a hacer algunos sweaters, de esos sin mangas que era lo que ella se imaginaba que le quedarían mejor.

A Stan le parecía gracioso como se sonrojaba cada vez que uno de los dos les decía un halago, cosa que era buena porque eso era algo que le pasaba antes y verlo actuar así le daba esperanzas, esperanzas que no vivían mucho debido a lo que le iba a pedir y lo seguro que estaba de que se iba a ir corriendo a la casa de su hijo y que este al verlo más cuerdo lo dejaría que se quedara a vivir con él y le convencería para que no se acercara a Stan por lo que le quedaba de vida.

Antes de volver Mabel pidió que fueran a la mercería donde fue a comprar lana para poder tejerle los sweaters que tenía planeado, estaba feliz de poder probar otro tipo de costura, otro tipo de ropa y para eso tuvo que tomarle medidas. Fiddleford se iba negar pero Stan le pidió que le siguiera el juego y a él no le podía negar nada por todo lo que estaba haciendo por él, que era mucho más de lo que él pensaba que se lo merecía.

Esa noche ya estaba en la mesa vestido con la ropa que le habían comprado y estrenando su primer sweater que era de unos tonos de amarillo claro con un puercoespín que tenía unos anteojos y una probeta en su mano derecha. Era algo bastante infantil pero a caballo regalado no se le deben de ver los dientes.

Él día siguiente fueron a una cancha de mini golfito donde Mabel hizo gala de lo bien que jugaba y Fiddleford de la poca idea que tenía del deporte.

— Ahora veo porque no veníamos a jugar, me encanta saber que alguien en mi familia tiene talento — esa frase le parecía rara pero no dijo nada porque estaba bastante seguro de que eso tenía que ver con Stanley y por ende estaba en la lista de cosas de las que no debía hablar.

Eso puso muy feliz a Mabel pero lamentablemente no duro mucho porque apareció su rival, la niña mimada, Pacifica Northwest y termino retándola a un duelo de mini golf esa misma noche.

Eso a Fiddleford no le gustó para nada pero nadie le hizo caso y por eso terminó en el auto esperando a que los niños terminaran de jugar, estaba sentado en el asiento de atrás y se quedó dormido. Por eso le tuvieron que contar que habían llevado a Pacifica a su casa, cosa que no le pareció mal, realmente esperaba que eso le sirviera para aprender un poco de humildad que a esa niña le faltaba bastante.

Se fue a dormir esperando que sus sueños le den una idea mejor de cómo era su vida y cuál era su relación con Stanford.

Sé que este capítulo no es tan largo como acostumbro, lo que pasa es que en mi cerebro estoy pensando en capítulos más adelante y no se me ocurre bien como llegar a eso, espero sepan perdonar eso.

Slash Torrance : Ya me cure, una pastilla me curo, lástima que la vomité pero igual hizo su trabajo y con lo que respecta a la memoria de Fidds, bueno va a tardar un poco más en volver.

Pulpomolcagetero: Me encanta tu forma de pensar y no es por ser creída, cosa que soy como buena leonina pero la verdad es que creo que yo rompo con la media, haciendo fics que no sean melosos o con un personaje que se la pasa tratando de enamorar a otros. Algunos podrás decir que mis ideas son copias de algún fic en inglés pero la verdad es que solo saco ideas, las planteo de una forma diferente agregando mi forma de ser.