Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, a escuchar con atención, a responder serenamente y a callar cuando no tengas nada que decir.
Johann Kaspar Lavater (1741-1801) Filósofo, poeta y teólogo suizo.
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Después de haber concluido la reunión, Dumbledore salió del castillo rumbo a encontrarse con Tom.
Tom seguía en la misma posición sin atreverse a mover de ahí, hace una hora tenía que había llegado de la nada, recordaba que hacía tan solo unos segundos que se encontraba en la biblioteca en la sección prohibida con el viejo desafiándolo y en lo estúpido que se sentía en tratar de hechizarlo, eso era un error que recordaría y que no se permitiría cometerlo de nuevo.
Pero estaba cansado, furioso, y sobretodo confundido. Sabía que se había equivocado al pronunciar el hechizo sin haber traducido bien la frase, había entendido que atacaría a su enemigo no que a el mismo. Y para el colmo, cuando apareció se cayó en la tierra y quedo empapado, odiaba estar sucio.
Y luego está que justamente el viejo de Dumbledore estaba paseando por ahí. Lo primero en su mente fue que viejo y demacrado estaba. Ya se hacía a la idea de que no estaba en su tiempo, por obvias razones con el hechizo. Ahora solo quedaba confirmarlo y ver si le beneficiaba o no esta época, ya lo vería después. Dumbledore se le había quedado mirando como sorprendido pero luego cambió su expresión a una calmada, viniendo del viejo ya se lo esperaba. El profesor Dumbledore se acercaba a él. Todavía recordaba la breve plática.
-Tom, que curioso verte por aquí.-había dicho Dumbledore. El niño se la había quedado mirando hasta que habló.
-Lo sé profesor de vez en cuando me dan ganas de ¿saltar en el tiempo? ¿Viajar a otra dimensión?-respondió Tom. Dumbledore no reacciono al comentario sarcástico del chico.
-Veo que ya sabes algo.-en ese momento Tom confirmo sus sospechas-Tom necesito que te quedes aquí, en un rato pasaré a responder tus dudas-había dicho Dumbledore y segundos después se marchó. Tom lo miro irse.
Y así seguía Tom, aunque tenía muchas ganas de recorrer el castillo se había limitado porque tenía muchas dudas, y al parecer el único que podía resolverlas era el Dumbledore.
Ya se había aburrido de esperar y estaba dispuesto a marcharse cuando una figura vieja y con una gran barba apareció caminando hacia él.
-Joven Riddle, me alegra que haya esperado tal y como dije.
-Corta el rollo profesor, dime ¿qué paso? ¿En dónde estoy?- hablo con tono fastidiado.
-Joven Riddle tenga más respeto con sus mayores, y ya no soy profesor. Ahora soy director.-hablo calmadamente Dumbledore.
-Vale, mis disculpas Director Dumbledore.
-Tom debes de recordar que lanzaste un hechizo que al parecer no sabías cual era, ¿estoy en lo cierto?
-Sí, dígame director ¿hace cuantos… años fue eso?
-55 años, como puede ver tiene mucho tiempo que pasó eso.- Tom quedó pasmado de tanto asombro ¿55años? No joda, cuanto mucho pensó que fue tan solo unos 5 años quizás.
-Director… ¿cómo es que sigue vivo? Vaya el tiempo no puede con usted.
-¿Debo tomarlo como un cumplido Tom?- pregunto Dumbledore con una media sonrisa que se le escapaba. Pues le hizo un poco de gracia que ese sea su comentario cuando pudo haber otros mejores y a él niño se le ocurrió hablar de su perdurabilidad de Dumbledore.- Parece como si hubiera sido ayer el día que fui a buscarte al orfanato Tom, como han pasado los años ¿no lo cree?
-Sí, supongo solo que yo no los he vivido que digamos.
-Bueno Tom, no puedo dejar que te vayas de Hogwarts así sin más, habrás notado el rato que pasaste aquí que no es como tus tiempos. Hay caras desconocidas para ti, uno que otro profesor será desconocido para ti, otros todavía los recuerdes como el profesor Binns. Continuarás tus estudios aquí hasta que encontremos algún modo de devolverte a tu tiempo.- dijo Dumbledore.
Tom estaba pensativo.
-Está bien, apenas estoy en segundo año me queda mucho por delante. Aprenderé aquí hasta que veamos que hacer conmigo.
-Muy bien dicho Tom, ahora es temprano ve al comedor a desayunar. Más al rato te daremos los libros, y todo lo demás. En la noche te pondremos el sombrero seleccionador y te asignaremos un dormitorio.
-Director ¿es necesario estar en frente del comedor? Quiero seguir en Slytherin.-dijo Tom.
-Bueno, como digas joven Tom, hablare con Snape y saltaremos lo del comedor. Así que sin más en un rato hablará contigo el jefe de la casa. Ahora si me disculpas tengo cosas que ocuparme… pero recuerda Tom que te vigilo.- dicho esto sonrió el director y se fue.
Ya pensaba Tom averiguar por su cuenta todo lo que pasaba. Se preguntaba qué había pasado con su otra mitad. Sabía que él era una clase de segunda alma y que su verdadero yo se quedó en 1938, pero no sabía nada de su otro yo. Tenía hambre y se plateo de verdad ir al comedor. Y así lo hizo.
Tom entro al comedor y comprobó que sigue igual que en 1938 salvo que el decorado lo reina Gryffindor. En su época siempre lo ganaba Slytherin. Pero no le hizo mucho caso y se fue a sentar en su mesa a desayunar.
Después de terminar su desayuno decidió ir al campo de Quidditch. No es que le encantará ese deporte, es solo que se sentía un poco fuera de sitio o de "época" porque le miraran algo raro.
Al llegar ahí subió a las gradas a observar un rato al equipo que estaba saliendo al campo. Vio sus colores y comprobó que es el equipo de Gryffindor.
-¿Aún no han terminado?- preguntó un chico de cabello naranja con cara pecosa, bastante feo. Al parecer se lo pregunto a un jugador.
-Aún no hemos empezado.- respondió un chico de cabello negro.- Wood nos ha estado enseñando nuevas estrategias.
Harry montó en la escoba y, dando una patada en el suelo, se elevó en el aire. El frío aire de la mañana le azotaba el rostro, consiguiendo despertarle bastante más que la larga exposición de Wood. Era maravilloso regresar al campo de Quidditch. Dio una vuelta por el estadio a toda velocidad, haciendo una carrera con Fred y George.
— ¿Qué es ese ruido? —preguntó Fred, cuando doblaban la esquina a toda velocidad.
Harry miró a las gradas. Colin estaba sentado en uno de los asientos superiores, con la cámara levantada, sacando una foto tras otra, y el sonido de la cámara se ampliaba extraordinariamente en el estadio vacío.
Tom miraba feo a ese niño chillón, el niño sostenía una clase artefacto desconocido para él. Hacía algo raro con esa cosa que se escuchaba a cada rato un fastidioso clic.
— ¡Mira hacia aquí, Harry! ¡Aquí! —chilló el niño chillón, que ironía.
Tom siguió la mirada del niño para ver a quien se dirigía. Supuso que era el chico que en estos momentos se alejaba más de él avergonzado. Rio para sus adentros.
-Creo que quiere que le tome fotos volando. ¡Exacto! ¡Vamos Harry!- Continuo gritando el niño, al parecer no le entraba a su cabeza que ese tal Harry no quería estar con él. Decidió ignorarlo y seguí viendo como vuelan los patéticos de Gryffindor. Hasta que noto que se acercaban unos verdes. Era Slytherin, y al parecer el equipo de Gryffindor igual lo noto porque todos sus jugadores miraron hacia allí.
Wood se dirigió velozmente hacia el suelo. Debido al enojo aterrizó más bruscamente de lo que habría querido y al desmontar se tambaleó un poco. Harry, Fred y George lo siguieron.
—Flint —gritó Wood al capitán del equipo de Slytherin—, es nuestro turno de entrenamiento. Nos hemos levantado a propósito. ¡Así que ya pueden largarse!
Marcus Flint aún era más corpulento que Wood. Con una expresión de astucia digna de un trol, replicó:
—Hay bastante sitio para todos, Wood.
A Tom no le interesaba nada de lo que pasaba así que se paró y se dirigió a la entrada. En esos instantes pasaron corriendo el chico de hace rato con cabello naranja y pecoso junto con una chica de cabello esponjado marrón, esos dos cruzaron el césped. Al parecer se estaba armando una pelea en el campo.
Pero a él no le importo en nada. Siguió su rumbo.
Tom caminaba cómodamente rodeando el castillo. Todavía no quería creerse que de verdad no estaba en su época. No sabía bien sobre su madre, ahora le parecía aún más difícil averiguar quien fue.
Estaba pasando cerca de una cabaña cuando escucho que alguien hablaba.
-Ya casi llegamos, Ron -dijo una chica-. Dentro de un minuto estarás bien. Ya falta poco.
Tom se paró en seco un momento al ver que eran los que estaban en el campo hace un rato solo que ahora sostenían a ese niño pelirrojo que sacaba babosas. Lo siguiente que vio fue que de la cabaña salía una especie de payaso con una túnica de color malva muy claro. Pensó en lo horrible que se veía aquel sujeto y a su lado se encontraba una cosa más grande que el payaso, un semi gigante quizás con una gran barba negra.
Vio que los 3 niños de antes rápido se escondían por lo que pensó que esos dos adultos deben ser profesores. El semi gigante un guardabosques por su aspecto. Pero del hombre de color malva ni idea.
— ¡Es muy sencillo si sabes hacerlo! —Decía Lockhart a Hagrid en voz alta—. ¡Si necesitas ayuda, ya sabes dónde estoy! Te dejaré un ejemplar de mi libro. Pero me sorprende que no tengas ya uno. Te firmaré un ejemplar esta noche y te lo enviaré. ¡Bueno, adiós! —Y se fue hacia el castillo a grandes zancadas. Hagrid entro de nuevo a la cabaña.
Harry esperó a que Lockhart se perdiera de vista y luego sacó a Ron del arbusto y lo llevó hasta la puerta principal de la casa de Hagrid. Llamaron a toda prisa.
El de barba negra salió y los recibió. Y él siguió explorando el castillo.
Ya casi era de noche así que Tom entro al castillo. Se dirigía al gran comedor cuando un tipo de murciélago negro lo detuvo. Tom lo miro inquisitivamente.
-Tom Riddle.
- ¿Sí?
-Soy Severus Snape, tu jefe de casa.- hablo Snape mirándolo con seriedad.-tus cosas te esperan en tu dormitorio, estarás con Malfoy y unos cuantos más. Si tienes alguna duda más te vale decirlo ahora.
-No, gracias profesor.- Lanzó una mirada sin expresión. Si quería saber más, debería agradarles a sus profesores, como su anterior plan. Su objetivo del pasado y ahora su futuro presente.
-Bien, eso es todo, puedes marcharte.- dijo Snape y acto seguido él fue el que se marchó.
Retomo su caminata cuando paso una bruja arrugada, con una expresión seria. Se veía que era severa. Al pasar a su lado McGonagall reparó que ese niño era Tom Riddle. Ella solo lo miro y paso a su lado ignorándolo.
Minerva vio entrar a Harry y Ron. Los había estado buscando todo ese rato para que cumplieran su castigo por infringir las normas.
-Con que aquí están Potter y Weasley.-continuo caminando mirándolos.-cumplirán su castigo esta noche.
Los dos chicos se sobresaltaron al oír a la voz, pero no podían librarse de eso. Ambos miraron a la profesora a la espera que le digan lo que van a hacer.
-¿Qué vamos a hacer, profesora? -preguntó Ron, asustado, reprimiendo un eructo.
-Tú limpiarás la plata de la sala de trofeos con el señor Filch -dijo la profesora McGonagall-. Y nada de magia, Weasley... ¡frotando!
-Y tú, Potter, ayudarás al profesor Lockhart a responder a las cartas de sus admiradoras -dijo la profesora McGonagall.
-Oh, no... ¿No puedo ayudar con la plata? -preguntó Harry desesperado.
-Desde luego que no -dijo la profesora McGonagall, arqueando las cejas-. El profesor Lockhart ha solicitado que seas precisamente tú. A las ocho en punto, tanto uno como otro. Dicho esto Minerva se fue dejando solo a esos dos.
Tom se había quedado mirando la reprimenda de esa profesora a esos dos alumnos. Al parecer ellos se metían en toda clase de conflicto, ¡quién sabe!
Harry y Ron se quedaron mirando hasta que Ron le indico que vayan al comedor. Harry alzo su mirada y se encontró con la mirada de Tom, ambos se quedaron mirando. Harry entre confundido pues no conocía a ese chico pero le pareció verle en el campo. Tom mostraba una expresión engreída.
Al final Tom fue el que se volteó y fue rumbo a su sala común.
A Harry le molesto ese acto, pero a juzgar por su túnica verde era un Slytherin. Y al parecer no había sido un buen día para ese chico, estaba sucio ¿se habrá caído?
Harry y Ron ingresaron al comedor. Hermione se acercó a ellos a trompicones, se encontraba detrás de ellos mostrando una cara llena de orgullo. Era la única que no infringió las normas para llegar al colegio. Entro a Hogwarts de manera normal, en tren. Nada de autos voladores. Los dos le lanzaron una mirada de envidia. Claro como a ella le dejo pasar el muro en King Cross.
-Filch me tendrá allí toda la noche -dijo Ron apesadumbrado-. ¡Sin magia! Debe de haber más de cien trofeos en esa sala. Y la limpieza muggle no se me da bien.
-Te lo cambiaría de buena gana -dijo Harry con voz apagada-. He hecho muchas prácticas con los Dursley. Pero responder a las admiradoras de Lockhart... será una pesadilla.
-Si tan solo no se les hubiera ocurrido venir volando no estarían lamentándose- dijo Hermione sentada en frente de ellos comiendo un pudín.
-Hermione tu que sabes, deja tus reprimendas.-dijo quejándose Ron.
-Vale, cálmense los dos.-hablo Harry un poco fastidiado por lo que pasaba-. Más importante, después de que se marchó la profesora McGonagall un niño se nos quedó observando. Yo no lo había visto y nos quedamos mirando, y no lo conozco.
-¿De qué casa era?-pregunto Hermione.
-De Slytherin, estaba sucio de arriba abajo.
-Me dan igual los de Slytherin, son todos unos petulantes. Y me trae sin cuidado si está sucio o no, es más mejor que este sucio de seguro se lo merecía.-dijo Ron y se metió a la boca una gran pudin de carne y patatas.
-Te vas a atragantar así Ron, come lento.-dijo Hermione con un tono de regaño.- Pues quien sabe Harry, yo no he visto a ningún Slytherin sucio. Solo he visto al sucio de Malfoy.
Tom camino hacia las mazmorras pero casi al llegar recordó que su jefe no le dijo la contraseña. Maldecía al jefe, él quería entrar a darse una ducha y quitarse todo lo sucio. Como arte de magia Snape apareció al fondo. Se acercó a Riddle.
-Riddle, entra a la sala común. Te presentare con los otros.
-No me se la contraseña profesor.
-Puros en esta casa.-dijo la contraseña. Y se abrió las mazmorras.
Snape y Riddle entraron a la sala común. Como siempre lucía tenebroso el sitio. Malfoy y compañía estaban sentados en la sala, platicando.
Cuando advirtieron la presencia del jefe de la casa, lo miraron. Malfoy miro a Tom arrogante.
-Vengan aquí, Malfoy, Crabbe, Goyle, Parkinson y todos los demás pingajos.
Ellos se acercaron. Malfoy de mala gana obedeció.
-¿Qué pasa Snape?
-Cuida tus palabras Malfoy. Les presento a su nuevo compañero de casa, se llama Tom Riddle. Me da igual si le dan buen acogida o no. Solo se los presento.- finalizo Snape mirándolos a todos.
Tom no mostro expresión ninguna, le daba igual llevarse con los otros o no. Solo había advertido al chico Malfoy, recordaba que su antecesor era un engreído en su época. Malditos Malfoy sangre pura.
-Es todo, solo recuerden que ustedes deben ganar este año la copa de la casa. Basta de Gryffindor, perdimos el año anterior pero esta vez no. Demuestren que ustedes son los mejores.-hablo Snape fastidiado.- Riddle tu dormitorio esta al fondo a la derecha.-dicho esto Snape se retiró de la sala común.
Tom ignoro a los demás y siguió su camino a buscar en su dormitorio ropa para irse a duchar. Tenía planeado que después de bañarse saldría de la sala común a explorar por sus propios medios evadiendo a los profesores en la noche. Si podía quería entrar a la sala común. Con este pensamiento se fue al dormitorio.
Malfoy y los demás lo vieron irse.
-¿Quién se cree ese niño para pasar así de mí?- pregunto Malfoy molesto.
-No lo sé, pero me cae mal.-hablo Pansy.-olvidémoslo y sigamos en donde nos quedamos.
-Vale.- fueron a sentarse de nuevo en la sala, planeando la broma que les harían a Potter y a sus amigos.-incluye a Riddle en la broma, el las pagara por ignorarnos.
-Me encanta esa idea Draco- rio Pansy. Crabbe y Goyle asintieron entusiasmados.
Harry se dirigió al despacho de Lockhart por el pasillo del segundo piso. Odiaba tener que cumplir ese castigo con ese profesor. Tan petulante. Toco la puerta y Lockhart rápido le recibió con una gran sonrisa.
-Por fin llegó, vamos Harry entra, ¡hay mucho que hacer!
Al entrar Harry solo pudo reafirmar lo narcisista que era Lockhart. Fotos por todas partes corroborando su propio ser.
-Pon las direcciones en los sobres. ¿A qué es divertido?-hablo Lockhart con una gran sonrisa en el rostro- El primero es de mi hermosa admiradora Gladys.
Los minutos pasaron tan despacio como si fueran horas. Harry dejó que Lockhart hablara sin hacerle ningún caso, diciendo de cuando en cuando «mmm» o «ya» o «vaya». Algunas veces captaba frases del tipo «La fama es una amiga veleidosa, Harry» o «Serás célebre si te comportas como alguien célebre, que no se te olvide».
Harry ya estaba cansando de escuchar los relatos de Lockhart. Quería que se acabara pronto, ya se había cansado su mano de tanto escribir direcciones. Así pasaron unas horas hasta que algo ocurrió. Escucho algo.
Era una voz, del tipo que te puede helar la sangre al escucharla, una voz fría y quizás hambrienta de algo.
-Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte...
Harry dio un tremendo salto como cuando los gatos se espantan y quedan esponjados. Lockhart seguía con su relato, no había advertido el salto de Harry.
-Pues eso —dijo Lockhart-: ¡seis meses enteros encabezando la lista de los más vendidos! ¡Batí todos los récords!
-¡No! —dijo Harry asustado-. ¡La voz!
-¿Cómo dices? —preguntó Lockhart, extrañado-. ¿Qué voz?
-La... la voz que ha dicho... ¿No la ha oído?
Lockhart miró a Harry desconcertado.
-¿De qué hablas, Harry? ¿No te estarías quedando dormido? ¡Por Dios, mira la hora que es! ¡Llevamos con esto casi cuatro horas! Ni lo imaginaba... El tiempo vuela, ¿verdad?
Harry no respondió. Aguzaba el oído tratando de captar de nuevo la voz, pero no oyó otra cosa que a Lockhart diciéndole que otra vez que lo castigaran, no tendría tanta suerte como aquélla.
-Ya puedes irte Harry, ya es tarde.-hablo Lockhart medio sonriendo mirando algo nervioso, él no había escuchado nada pero Harry decía que escucho una voz.
Al final Harry salió del despacho asustado y aturdido.
Tom estaba paseando por el tercer pasillo yendo a la sala de trofeos. Se había dado una gran ducha, se sentía como nuevo. Al entrar a la sala de trofeos vio que había muchos tirados por aquí y por allá, estaba claramente que necesitaba una limpieza este lugar.
Se dispuso a buscar algún indicio de él, algo que le ayudara a él. Reviso los trofeos uno por uno.
Al fondo oculto entre trofeos y placas, una especialmente resalto. Él agarro la placa y leyó:
Premio en honor a: TOM RIDDLE Por Servicios Especiales al Colegio.
Tom lo leyó al menos 3 veces para confirmarlo. Sí que le sorprendía, al parecer fue el mejor alumno en el pasado. De pronto se empezó a hacer más preguntas como ¿Qué pasó con su yo mayor? ¿Seguirá vivo? ¿Habrá triunfado el plan que tenía desde hace años?
Decidido agarró la placa y se la guardó. Como ya no tenía nada más que hacer ahí, había encontrado un valioso objeto sobre su pasado.
Al salir se topó en el pasillo con el chico escupe babosas y una enana naranja. Deben de ser hermanos. Tom recordó que la profesora le había dicho a este niño que limpiará esta sala. Menos mal que saco a tiempo su placa, no quería que supiesen que era él, si el que vino aquí en el tiempo.
Ignorando a los dos pasó de largo. No quería llevarse con un Gryffindor y menos con un escupe babosas.
Al bajar las escaleras, pasando por la segunda planta escucho una voz que lo hizo detenerse en seco.
—Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre...
Tom se acercó a la pared para escuchar con mejor atención.
-Deja que te despedace... Déjame matarte...
Le asusto escuchar de nuevo la voz ¿de dónde provenía? Se escucha como si estuviera al otro lado de la pared. Este hecho le alertó de que algo estaba sucediendo en Hogwarts, no de la nada escuchas una voz diciéndote que te mataran, eso era de estúpidos.
Trato de tranquilizarse y fue rápido a su cuarto, con la firme decisión que averiguaría que pasaba y a quien o "qué" era esa voz.
Ya era muy entrada la noche, en la sala común de Gryffindor había uno que otro alumno fantasma estudiando. En el dormitorio de las chicas, específicamente en una de las camas estaba una pequeña niña naranja. Sostenía una pluma y escribía en una clase de libro.
Querida persona desconocida.
El chico que me gusta sigue sin fijarse en mi… estoy muy triste. Tú eres mi única consolación, eres mi amigo. ¿Confías en mi verdad?
Escribió la pequeña Ginny. Unos segundos después su escritura se desvaneció y acto siguiente aparecieron unas letras hasta formarse unas palabras completas.
Por supuesto que confió en ti, tú eres mis ojos del exterior.
Al leerlo Ginny contesto:
¿Cómo te llamas? Sigue siendo un misterio, ¿algún día me lo dirás?
El diario respondió:
Sí, algún día sabrás Ginny pero ahora no es el momento. Ahora necesito que hagas algo por mí.
Hola :) Volví rápido! \o/
Espero que les guste este capítulo, todavía no se han visto Herms y Tom :3
Espero reviews! En serio me animaría a continuar la historia, quiero saber sus opiniones, toodo!
De verdad, me darían muchos ánimos, si les gusta la historia o no.
Besos.
