Declaimer:

1. Los personajes no son míos, sin embargo la historia es sacada de mi cabeza retrasada :3

2. Historia hecha sin animo de lucro, solo para pasar el rato \(°w°)/


Abrió las cortinas y la luz entró a la habitación iluminándolo todo. Se desperezó y recorrió el lugar con la mirada, sonriendo ante la agradable brisa de la mañana, y la maravilla de un hermoso día soleado. Pero se vio interrumpido cuando sintió movimiento.

Se petrificó cuando encontró la causa.

Allí estaba ella. Con su traje corto que dejaba al descubierto las piernas y de mangas acampanadas, el cabello desparramado por el suelo, sus pestañas largas y espesas, con sus labios pequeños. Con su montón de cualidades que la hacían perfecta, tanto que al solo mirarla se sentía conmovido. Era como una muñeca, que en esos momentos dormía hecha una bolita en el suelo.

—Ra…Ram…—¿hablaba dormida? — …¡Ramen! ¡Kagome no seas idiota y dame mi ramen!

Entonces despertó bruscamente y se incorporó mirando a todos lados.

—Buenos días, Inusakuya—rió Kagome de forma radiante—. Hace tiempo que no dormías nada.

Ella se sonrojó y le frunció el ceño. Se suponía que se pasaba las noches velando por todos, maldiciendo la debilidad humana, cuando en realidad últimamente lo único que se quedaba haciendo era observarlo dormir.

—Tengo hambre—avisó de mala gana—. Quiero ramen.

—Pues no tenemos—contestó cambiando abruptamente de humor. Tal vez si sería bueno que tuviera un poco más de modales.

—¡Pero yo quiero ramen!

—Inusakuya…

Eso solo se significaba una cosa. Iba a ser regañada o castigada. A Kagome nunca le había gustado mucho usar el conjuro, pues aparte de que iba contra sus principios maltratar a una chica por más resistente que fuera, consideraba que "castigarla" sonaba más bien como algo erótico, y el hecho de que sea precisamente una muchacha mitad perro, con esas orejitas tan adorables no ayudaba en lo absoluto.

Se dio un golpe mental por sus pensamientos, sintiendo las mejillas enrojecer.

—Me voy a cambiar, o se me hace tarde—desistió de usar el hechizo.

— ¿Y?

—Pues sal.

—Pero si te he visto muchas veces sin nada de…

— ¡Sal! ¡Sal! ¡Sal! —gritó con vergüenza y caminó hasta el lugar en donde ella aún se encontraba acostada, levantándola de los hombros y sacándola de la habitación sin dejarle decir nada.

— ¡Qué demonios! —gruñó mirando la puerta cerrada en sus narices.

¿De qué tanto se avergonzaba? Si ya sabía perfectamente como era su cuerpo.

—Vaya, haciendo escandalo desde tan temprano.

Era la mocosa. Volteó el rostro y la vio allí con su uniforme escolar y los chocolates en una caja con un lazo fuera. Estaba especialmente arreglada ese día. Se preguntó si esos bombones eran para el niño con el que le había ayudado la otra vez junto a Kagome para que estuvieran juntos. Era lo más probable, no lo había pensado antes.

—¿Ya le diste tus chocolates a Kagome? —preguntó sonriendo.

— ¿Eh? —enrojeció al recordar todo lo que se había esforzado la noche anterior y el desastre que había dejado en la cocina—¿T-T-Tan…pron…pronto?

Se dio una paliza mental por lo ridícula que había sonado. Estaba segura que su voz había sido muy baja como para que sea escuchada.

—Ya es San Valentín, deberías hacerlo cuanto antes—sabía leer los labios, era la única explicación— ¡Vamos! ¡Yo sé que tú puedes! ¡Dale con todo! ¡Esfuérzate!

De un rápido movimiento cubrió la boca de la niña con su mano.

—Tonta, Kagome está al otro lado de la puerta—se removió asustada.

La soltó porque se dio cuenta que quizás estaba ejerciendo demasiada presión. La niña se rió en su cara.

—Tu piel huele bien—suspiró, hablando exageradamente bajo esta vez a modo de burla—bueno, yo me voy al instituto. Suerte.

No alcanzó a despedirse, ella se perdió escaleras abajo de inmediato. Había pensado en agradecerle por ayudarle tanto, estaba segura que sin su supervisión toda la cocina hubiese acabado aun peor.

Miró dentro de unos de los bolsillos internos que habían en las mangas de su vestimenta y vio allí la caja. ¿Sería capaz de entregarle los chocolates? Valían tanto que estaba insegura, tal vez se había esforzado demasiado en algo que quizás él ni siquiera quisiese.

Miraiko una vez le había dicho que avanzar sin saber qué haces es lo que las persona llaman torpeza, y aunque tal vez se estaba yendo por un lugar desconocido, cargando algo que valía más de lo que debería para si misma no quería parecer torpe frente a él.

Sin embargo, ¿Podrá eso ser verdad? ¿No conocía sus sentimientos hacia Kagome? Nunca se había detenido a pensarlo, sin embargo estaba segura que él era la persona que más la conocía, y con la que se sentía segura de poder expresarse. Kagome jamás la juzgaría por nada ni mucho menos se burlaría de sus pensamientos. Aun así, a pesar de todo le costaba tanto… porque en algunas ocasiones se sentía tan nerviosa estando con él….

"No importa si no puedes corresponderme, lo entiendo, pero por favor, déjame quedarme a tu lado…"

Kagome la amaba.

Pero debía irse al infierno, por Kyô.

No importaba cuanto quisiera quedarse siempre junto a Kagome, no se podía ¿Verdad? No era justo ser egoísta, por primera vez que realmente deseaba serlo con sinceridad sentía que no debía. No estaba bien.

—Ya estoy listo—dijo Kagome, abriendo la puerta y dejando ver su uniforme del instituto que tan bien conocía; la chaqueta negra abotonada y los pantalones de tela del mismo color—…Eh… ¿Tenias hambre, cierto? Creo que con unas tostadas estaríamos bien…

—Sí—asintió, sacudiendo la cabeza para alejar sus pensamientos y mirándolo directamente a sus expresivos ojos color almendra—. AH, no espera ¡Quiero ramen!

—¿Aun estas con eso? —suspiró, caminando hacía el baño y empapando su rostro con el agua del grifo frente a la atenta mirada de la chica— Estas como una mula.

—¡Oye! ¡¿A quién demonios le estas diciendo mula, niñito?! —gritó, conteniéndose de sacarle la lengua por puro orgullo.

— ¿Niñito? Soy casi diez veces más alto que tú—Se posicionó a su lado. Obviamente la expresión era exagerada, pero visto desde un punto objetivo lucía muy pequeña a su lado. Se frustró al no poder alcanzar más allá del hombro de Kagome aunque se pusiera de puntitas— ¿Lo ves? —se enorgulleció.

— ¡Al menos yo no soy tan débil!

Sí. Así debían ser las cosas. Kagome tenía que encontrar a alguien más que lo hiciera realmente feliz. Una persona de su época que lo entienda y lo acompañe siempre. Eso era lo correcto. Ella debía irse con Kyô y todo acabaría.

—¡Al menos sé usar un arco! —intentó defenderse.

—¡Tienes una puntería del diablo!

—¡Pues yo no soy un infantil!

— ¡Pues Kyô era mucho mejor en todo lo que hacía que tú! ¡Solo aléjate de mí!

Eso fue suficiente para que las próximas palabras que tenía pensadas gritar se atoraran angustiosamente en la garganta de Kagome. Nunca se hubiera esperado que ella dijera algo como eso.

Dolió.

Siempre había entendido que no era ni la mitad de atractivo que Kyô, que tampoco tenía una habilidad con el arco como él y que incluso después de estar muerto le había ganado lo único que en verdad le importaba. ¿Es que siempre tendría que ser comparado con él? Era su reencarnación. Claro, lo aceptaba, pero detestaba que la gente esperara de él cosas que no le pertenecían, que no podía hacer aparecer como arte de magia.

—Entiendo. Asi que eso piensas—se sintió cobarde cuando se ocultó tras su flequillo. Sonrió levemente y se rascó casualmente la nuca, revolviendo los cortos cabellos desordenados—…supongo que ya me voy, adiós.

Y huyó de allí, sin querer ver el rostro de Inusakuya.

—No…—se desplomó en el suelo, con los ojos bien abiertos—Eso… eso definitivamente no era lo que yo quería decir…

Apretó los puños, consiente del daño que se hacía con sus garras. ¿Qué hay con esa reacción? ¿Por qué fingía frente a ella? ¿O es que sus palabras yo no tenían importancia para él? ¿Por qué aquel pensamiento le dolía tanto?

Tal vez solo estaba exagerándolo todo, era eso. Kagome solo estaba dolido por sus palabras, que por impulsiva y a modo de escudo personal le había escupido. Merecía morir, era una tonta. Él siempre estando a su lado, acompañándola a todas partes, siempre sonriéndole de esa forma tan especial. Se lo debía todo. Gracias a él había entendido muchas cosas, consiguió hacer amigos, la hizo sentir querida y aceptada. No deseaba despedirse de esa forma.

Parece que al final, lo único importante es que solo él conseguía entenderla, y era suficiente.

Se levantó del suelo, ya recompuesta. Iría tras Kagome, no sabía aun que haría o que diría, pero estaba convencida que él comprendería sus sentimientos, siempre lo hacía.

.

.

Cuando llegó a su salón, con un rostro de los mil demonios y se acercó a su pupitre notó que encima de este había una cajita con un gran corazón pintado de rojo. Descubrió que adentro habían unos bombones y aquello le asustó. Lo que menos quería en ese momento era que le regalasen chocolates. No necesitaba muestras de cariño de personas que nunca veía. Tal vez le conmovería un chocolate de Hôjo o de alguno de sus amigos, y tal vez se sentiría un poco mejor con ellos.

Se obligó a poner buena cara y guardarlos en su bolso por si la persona que le dio aquellos chocolates se encontraba dentro del lugar y le estaba observando en estos momentos.

— ¡Feliz día de San Valentin!, ¡Ya no te quedes allí sentado y ve ponerte tu traje de anfitrión que nuestra clase definitivamente ganara!

Y Ahí venían los tres, Yuuta, Haru y Akise, vestidos de cupido. Cubrió su boca con la mano y retuvo la risa que explotó y siguió resonando contra su palma.

—¡Esa ropa les queda realmente mal! ¿Tienen permiso para solo andar con pañales por el instituto? —dijo y continuó riendo con algo de descontrol.

Se fijó que era el único que utilizaba el uniforme escolar, que todos se encontraban decorando el salón con corazones y flechas de punta en forma de corazón. También el ambiente a su alrededor se encontraba alegre en contraste de su actitud. Notó además que estaban retirando lo pupitres, y él se hallaba sentado ahí en medio como si nada.

Se levantó y dejó que se llevaran su asiento a Kami sabe qué lugar fuera del salón. Pronto todo quedo despejado y le pareció que todo lucia muy vacío.

—Si no te vas a vestir, entonces ayuda a decorar, no seas holgazán—le dijo Yuuta, dándole unas tijeras y cartulina roja.

—Ni lo piensen—habló Hôjo abriéndose paso entre los alumnos y apareciendo frente a ellos de la nada—. Con Kagome aquí atraeremos a muchas chicas, no desperdiciaremos su rostro en este tipo de trabajos—se giró hasta el muchacho y le dio un traje negro, una camisa y una corbata roja.

—Parecerá ejecutivo con esa cosa—dijo Akise.

— ¿Con su rostro? ¿Yo no soy lo suficientemente atractivo? —reclamó Haru, acomodándose el pañal.

—No—contestó Hôjo riéndose nerviosa.

—Que cruel—comentó Yuuta riéndose por la desgracia de su amigo.

Kagome rió incomodo, llevaba encima unas cartulinas, tijeras, y un traje que parecía bastante caro. Al menos no tenía que vestirse de cupido, eso si sería mortal.

—Supongo que me voy a cambiar.

—Ve, no tardes—alentó la chica.

No pasaron ni cinco minutos después de que se fue y Inusakuya se apareció bajo el marco de la puerta preguntando por Kagome. Encontrar su rastro había sido tarea titánica, pues en todos lados olía a chocolate o caramelo. Ya los aromas la tenían mareada.

Hôjo, como buena presidenta de la clase que era, fue la primera en presentarse frente a ella.

—¿Necesitas algo? —sonrió amablemente, mirándola de arriba abajo con disimulo. Por suerte el padre de Kagome alcanzó a atraparla para ponerle una pañoleta y cubrir sus orejitas de la vista humana.

—Quítate, estas en mi camino—contestó groseramente, intentando mirar tras la cabeza de la joven. El lugar quedo en silencio y todos voltearon a ver la escena con sorpresa.

—Lo siento, creo que te has equivocado de salón, aquí no hacemos cosplay, creo en la clase 2-C…

La hizo a un lado de un empujón leve y entró, buscando su objetivo con la mirada. Estaba decidida esta vez. Le daría los chocolates, sin importar nada, pasando por encima al que le interrumpiera, y luego de eso se marcharía.

—Vaya, creo que Kagome no estaba aquí…—se rascó con el dedo índice su mejilla derecha mirando cada rostro. Equivocarse era lo único que le faltaba, tampoco la ponía muy cómoda que todo ese grupo de personas la miraran en silencio como si se tratase de un bicho raro. Gruñó levemente y se iba a dar la vuelta para salir de allí, pero una mano en su hombro la detuvo.

—No me digas que tú…

Una mano más en el otro hombro. Esta vez dos chicos examinaban minuciosamente su rostro, tan de cerca que por instinto echó la cabeza para atrás.

—Eres la novia de Kagome.

Lo último fue pronunciado al unísono por tres personas. Una mano más se agregó, posada en uno de sus brazos y otro rostro más la observaba de cerca.

—Eres impresionantemente linda—dijo Yuuta.

—Ese Kagome es muy afortunado—masculló Haru haciendo berrinche.

—No parece ser tan agresiva—agregó Akise.

Demostró la equivocación del último comentario cuando retrocedió abruptamente y los miró frunciendo el ceño, dispuesta a lanzarles alguna patada. ¿Ellos eran los amigos de Kagome? Había tenido la oportunidad muchas veces de verlos de lejos, pero nunca los había tenido frente a frente. Sus ojos los recorrieron de arriba hacia abajo y se quedaron plantados en los pañales, que eran lo único que cubría sus cuerpos.

Pegó un grito y se sonrojó.

Todos seguían mirando como si no tuviesen nada mejor que hacer. Hôjo mantenía los ojos muy abiertos, intentando procesar la información. ¿Ella era la novia de la que tanto hablaban?

Inusakuya por su parte estaba traumada de por vida. Esa imagen jamás saldría de su mente.

—¿Qué le pasa? ¿Se me corrió el pañal? —preguntó Yuuta al ver el rostro de la chica.

—Tal vez es que nunca ha visto a un hombre en paños menores—dijo Haru con orgullo—. Soy demasiada belleza para ella.

La medio demonio se contuvo estoicamente de golpearlos a los tres, solo porque pensó que Kagome se molestaría aún más, y ese no era su plan. Es divertido porque ni siquiera tenía un plan en mente.

—¿Por qué ella no participa con nosotros? Es bastante linda, podría servir para atraer al sexo masculino—suspiró resignada Hôjo. Parecía ser una chica muy especial, en ningún lugar se encuentra a alguien de cabello plateado y ojos dorados, además, competir contra su belleza sería inútil—. Yo me encargo, necesito algo se maquillaje.

Al final, todos estuvieron de acuerdo, menos Inusakuya que se la paso pataleando y ordenando ser soltada, pero fue inútil, Hôjo acabó por arrastrarla hasta el baño de mujeres. Alejarse de ella hubiese sido tan fácil como romper un pedazo de papel, pero no quería causar escándalo, por primera vez quería tomar la palabra de Kagome y comportarse un poco. Tan solo por él…

—Quítate la ropa.

— ¡¿Eh?!

—No creo que tengas nada de qué avergonzarte, anda, ponte esto. Seguramente hará a Kagome feliz—su tono era desganado, pero Inusakuya estaba muy ensimismada pensando la última frase como para percatarse de eso.

Le tendía el típico traje de sirvienta, blanco con negro y algunos detalles que a cualquiera le parecería tierno. Entonces, si ese pedazo de tela hacía tan feliz a Kagome estaba dispuesta a ponérselo. Pero su amado traje…

—¿Puedo ponerme esa cosa encima de mi traje? —pregunto apuntando sus vestimentas rojas. La muchacha la miró como si se tratase de un extraño espécimen subnormal.

—No creo que puedas, luciría mal.

Torció los labios un poco indignada por la negativa, dudando si usar esa cosa. ¿Y su espada? ¿Quién cuidaría de Colmillo? Ni loca la dejaba al cuidado de esa chica, ni siquiera se consideraba capaz de soltarla como para dársela a una humana.

—No te preocupes por tus cosas, estarán a salvo en mi bolso.

Definitivamente no confiaba en ella.

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Muchas chicas lo habían volteado a ver y se sentía un poco avergonzado. El traje le había quedado perfectamente y le gustaba en cierto modo, era bastante cómodo y le parecía elegante. Solo esperaba cumplir con las expectativas de los demás.

Entró al salón alisándose la corbata roja y el silencio fue perturbador, como si alguien se hubiera muerto en su ausencia. Aquel ambiente le preocupo, aun mas cuando entre todas las personas no localizo a Hôjo, que siempre solía destacar entre los demás por el aura positiva que la rodeaba en todo momento.

—¿Paso algo? —tan pronto como terminó la frase curiosa tres muchachos que conocía muy bien se apegaron a él, chillando cosas que no consiguió entender.

— ¡Te la tenías bien escondida!

—¿Qué? ¿Qué cosa? —retrocedió temiendo un poco. Ellos eran demasiado energéticos en algunas ocasiones.

—Sigo estando del bando de Mei-chan—dijo Haru sonriendo. Siempre había sido el más insistente con la idea de emparejar a Kagome y Hôjo, a diferencia de Yuuta que era un poco más sentimental y prefería apoyar los sentimientos de su amigo.

—No recuerdo haberte permitido llamarme por mi primer nombre—dijo una voz a sus espaldas. Al susodicho le recorrió un escalofrió cuando reconoció la voz.

Era Hôjo, y no venía sola.

Los ojos de Kagome no pudieron fijarse en otra cosa que no fuera la figura pequeña de la chica, que con el rostro sonrojado apresaba con fuerza entre sus brazos su anterior vestimenta.

Lucía simplemente hermosa.


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Hola.

Estoy asquerosamente enamorada de InuYasha, mis nietos estarán orgullosos ._.

okno :3

Gracias por los review, esta cosa si tendrá continuacion, creo que un capitulo más será suficiente xd

No sé cuando pueda volver a públicar, la verdad me mandan mucha tarea los desgraciadoh, no tengo tiempo ni para ver La rosa de Guadalupe, que es mi teleserie (?

AH, y lo de los apellidos y todo eso. En Japón llamarse por el primer nombre es señal de mucha confianza, y la verdad ni siquiera estoy segura si Hôjo en el animé se llama así o siempre ha sido su apellido ._.

uhd83287jew89sarjhiuidjsdk Una haciendo un fanfic sobre San Valentín un mes y medio después de San Valentín u_u la estúpidez me supera, me lleva al lado oscuro.

Ya me voy, me dejan algún review a esta chica friki? lo hacen? :c