Hola a todos! Primero de todo mil gracias a los que han decidido darme una oportunidad con este fic!
Es lo primero que escribo y no muy bien como va a salir.
A todos aquellos que me pedían que continuara, aquí les dejo el segundo capitulo. No seáis muy malos conmigo que es la primera vez que voy a escribir una escena con algo de sexo y no se me da muy bien...
Acepto criticas constructivas, opiniones y demás.
Muchos besitos y nos leemos pronto! ^^
Severus Snape estaba en su estudio esperando que llegara el amanecer.
2 días pensó, en 2 días volvería a impartir clases de pociones y Hogwarts se volveria a llenar de cabezahuecas hormonados. Adiós a su tranquilo verano rodeado de libros y silencio.
Hermione... El nombre de la chica vino a su mente y no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado en las últimas semanas. La joven bruja no tenia ni los 18 y ya estaba sola. En cierto modo le recordaba un poco a él mismo.
Abrió un cajon de su mesa y sacó el gran fajo de cartas que ahí guardaba. Durante todo el verano se había estado carteando con esa chica y aunque no se lo reconocería a nadie fue un gran alivio el saber que no estaba solo.
Le debía mucho a esa niña. Ella era la responsable de que él siguiera con vida.
Era extraño y no sabía como sentirse al respecto. Por una parte deseaba que esa chica no hubiera aparecido nunca y así poder poner fin a su vida y al sufrimiento que acarreaba de una vez por todas, pero por otro lado, quería vivir y por fin dejar de ser el malo de la película y dedicarse a lo que mas le gustaba que eran las pociones.
Ella decidió por él cuando se presentó cual potro desbocado en la casa de los gritos y gracias a su sangre fría, un bezoar y ciertos conocimientos de magia negra para sanar que sorprendieron al mago, salvó su vida.
Él siempre quiso agradecerle pero nunca supo como. Muchas veces pensó en invitarla a cenar y de paso preguntar sobre sus conocimientos de magia negra sanadora pero nunca tuvo el valor suficiente.
Ella no creía que él le debiera nada y él sabía que le debía mucho. El tema se zanjó un día en el hospital. Ella fué a visitralo con otros miembros de la orden y al irse él la llamó. Se giró y le vió mirarla con esos penetrantes ojos negros sin saber muy bien que decir así que ella se limitó a sonreír asintió con la cabeza. Gesto que él le devolvió. Después de ese día no la volvió a ver hasta el día del funeral de sus padres.
Snape no sabía si debía ir a algo tan personal como eso pero el hecho de que le salvara la vida le ayudó a decidir.
Se apareció en el cementerio y se acercó despacio a donde se entraba la chica. Decidió guardar una distancia prudencial y dejarle algo de intimidad.
Le sorprendió bastante no ver a su familia muggle pero mas tarde supo por sus cartas que la única familia que le quedaba era su abuela de 90 años que estaba muy delicada en una residencia.
Hemione, estaba flanqueada por sus inseparables Ron y Harry. Estaban allí todos los Weasley, Remus, Tonks, algunos compañeros de Hogwarts, los prefesores e incluso Albus. Que como en su momento se supo, no murió en sus manos en torre de astronomía.
El reverendo dio unas últimas palabras y todo terminó. Los presentes se turnaron para abrazar a la chica e intentar transmitir animos. Ella levantó su llorosa mirada y le vió allí de pie, solo y alejado. Apartandose de los demás y con paso decidido se fue directamente a él.
Snape la tenía delante, llorando en silencio. La miró y lo unico que dijo fue Caminemos...
Pasearon en silencio. Nadie decia nada pero tampoco era necesario.
Harry la esperaba cerca de allí. Ella miró al profesor y dijo un timido Gracias que sonó casi como un suspiro. Después se fue con el chico.
Se alegó de que ella se mudara con Potter. Lo que mas necesitaba eran amigos cerca. Aunque esos amigos fueran ese insufrible niño.
A partir de ahí empezaron las cartas que ahora él sostenia en sus manos. Las volvió a guardar en su cajón y se lavantó para ir a preparar su desayuno. Se sirvió unas tostadas y un café mientras se sentaba en la cocina a leer El Profeta.
Mientas, en el numero 12 de Grimmauld Place, Harry Potter preparaba el desayuno mientras Hermione se desperezaba en la cama.
La chica seguia alterada a causa del sueño húmedo con su profesor y pensaba seriamente que algo no esta bien en ella. Se metió en la ducha y no pudo evitar pensar en esas últimas semanas.
Snape había estado ahí cuando mas le ncesitaba. Nunca fue el colmo del cariño pero le dio el silencio y la tranquilidad que tanto necesitaba el día del funeral de sus padres. No le preguntó, ni juzgó, ni intentó animar. Simplemente estuvo a su lado en silencio y en ese momento es lo que ella mas necesitaba.
Luego, llegaron las cartas. Cartas que cada vez tenian un tono mas informal y amigable. Ella sabía que todo eso se acabaría el 1 de setiembre. A partir de ese día no habría mas Severus y Hermione. Pasarían a ser el Profesor Snape y la Señorita Granger. Eso lo tenia muy claro y mas que asumido pero no significaba que no le molestara.
Volver a verle en el colegio iba a ser muy raro. Otra vez profesor y alumna. Ella, gracias a esas cartas, había empezado a descubrir un Severus Snape que nunca pensó conocer.
No era mas que un niño asustado al que se obligó a crecer rápido y se equivocó en sus decisiones cuyas consecuencias pesarían siempre sobre sus hombros.
Descubrió a un hombre inteligente, muy leido, de mente muy ágil y con el que se podía hablar de temeas mucho mas interesantes de los que podía hablar ella con sus amigos. Volver a verle como la figura de autoridad iba a ser como minimo chocante.
Le imaginó con esas tunicas negras restando puntos a alumnos ineptos con esa sedosa voz que tanto le gustaba.
Casi sin darse cuenta, empezó a acariciar su cuello pensando que era el profesor quien lo hacía. Poco a poco sus manos bajaron a sus pechos y los amasó con mimo.
Lentamente pellizcó sus pezones con suavidad mientras cerraba los ojos y se lamía los labios.
Su respiración se aceleró y pequeños jadeos y suspiros escaban de su boca mientras su mano derecha dejaba su pecho y rozaba con suavidad su abdomen mientras se dirigía mas al sur.
Un gemido se escapó de ella cuando su mano rozó su hinchada y húmeda entrepierna.
Empezó a acarizar la zona con su dedo corazón sin prisa mientras com la otra mano pellizcaba uno de sus endurecidos pezones.
En su imaginación era Snape el que le proporcionaba semejante placer.
Movimientos circulares y deliciosos cambios de presión sobre su erguido y dispuesto clítoris sumados a las suaves caricias del agua caliente corriendo por su cuerpo, estaban empujando lentamente a Hermione a un precipicio de puro placer.
-Aaaaaah... Mmmmmm... Profesor...- Suspiros y jadeos escapaban sin control de su boca.
Con un último toque todo terminó. El orgasmo abrazó a Hermione enviando dulces descargas de placer a todo su cuerpo. Un ultimo gemido parecido al maullido de una gata en celo escapo de su boca y ella abrió los ojos asustada.
Mientras se lavaba el pelo pensaba horrorizada en lo que acababa de hacer. Se suponía que tenía que estar triste por la muerte de sus padres y no haciendo eso pensando en Snape.
-Has tardado mucho Herms. - Dijo Harry mientras ella entraba en la cocina y le servia un poco de café.
-Si, lo siento. Se me ha ido el santo al cielo. - Contestó ella en apenas un susurro bajando la cabeza y claramente sonrojada.
Harry achacó el sonrrojo a que se había pasado mucho bajo el agua calientea sí que se limitó a sonreir y a acercar un plato con tostadas.
-Herms, hoy voy con Ron y Gini al callejón Diagon, te apuntas?
-Claro, me vendrá bien salir de casa y despejarme.- Contestó ella.
-Genial! En cuanto termines nos vamos.
Mientras Hermione cogía una chaqueta pensaba que salir de casa la ayudaría a poner en orden su mente y olvidar el incidente de la ducha.
Lo que no sabía es que el mago de la calle de La Hilandera también se dirigía al callejón para unas compras de última hora...
TBC...
