Capitulo 2: Ancianos, ladrones y chicos sexys.
BPOV
Florida la recibió con el calor típico de mayo. Se había hecho muy amiga de unos ancianos, y de los empleados del crucero, durante esa semana. Incluso había visto una ballena. Había aprendido a jugar póker, a hablar un poquito de español, a tejer, a abrir cerraduras con un pequeño trozo de metal, y a paralizar un hombre con un solo movimiento, lo último, fruto de una clase de acupuntura extensiva con un limpia piscinas.
Todos en la embarcación estaban muy emocionados. Ella, solo quería llegar a casa. Se vistió con unos shorts de jean, una musculosa negra de tirantes, y una camisa celeste que un anciano le había obsequiado, la cual aun tenia bordado su nombre. Ceasar. Se calzo con unas botas texanas color suela, y sujeto su cabello en una coleta. Guardo todo en sus maletas, que ahora eran tres. Había comprado una en el free-shop, y la había llenado de ropa y artefactos electrónicos.
Vio la costa floridense, a unos 300 metros. Los claros y altos edificios, en la playa. Era bellísima. Recordó aquella ocasión en que su padre la llevo a Disney. Con nostalgia, sus recuerdos le trajeron imágenes de cuando apenas era una niña. Sacudió su cabeza. Ir 7 años atrás, podía ser peligroso para su corazón. Subió a cubierta, ya lista. Al menos 50 pasajeros bajarían allí. Preparo su identificación de Patricia Bloch. Era mayor de edad, a diferencia de ella. La comparo con su pasaporte real. Isabella Swan era mejor. Era ciudadana americana. Se decidió por ser ella misma.
Lo más difícil de todo, era que tena que despedirse de sus nuevos amigos. Header, su compañera de habitación, una viuda de 84 años; Lucy, una irlandesa de 74, que viajaba con Ceasar; y Trudy, una joven de 88, que poseía un espíritu y humor de alguien de 22 años. Le hacía recordar mucho, a su amiga Rose. La sexy Rose. Se reunió con ellos, con lágrimas en los ojos.
-los voy a extrañar- aseguro emocionada. Header la abrazo.
-oh nena, ya sabes. Cuando vayas a Wisconsin, puedes hacer una parada en mi casa y comer un poco de mi pie de manzana.
-nosotros viajamos cada año en este crucero, en este mes. Si quieres, ya sabes dónde encontrarnos…
-Además podemos telefonearnos. Y puedes presentarme a alguno de esos amigos tuyos… bromeo Trudy, ganándose una reprobatoria mirada por parte de Lucy.
Bella sonrió y noto que estaban bajando la escalera. Era hora de partir. Se unió al primer grupo, los que descendían primero, ya que se iban. Ya abajo, volvió a mirar a sus amigos, y se despidió agitando la mano, saludándolos.
-¡te buscare en Facebook!-g rito Ceasar.
Ella soltó una carcajada. Ceasar era el único anciano que conocía que tenia cuentas en Facebook, Twitter, Skype, Blog, MySpace, Google +, y Whats App. Además de ser un genio en Counter y Angry Birds. Al menos, tenía fotos de ellos. Puso una como fondo de pantalla en su nuevo i-phone. Guardo su teléfono en el bolsillo de arriba de la camisa, con 100 dólares en billetes pequeños. En el bolsillo trasero del short, puso su billetera.
Como había supuesto, controlaban la documentación. A ella le toco una chica, asique no podía hacerse la seductora con ella. Mala suerte. Le extendió su pasaporte.
-¿Isabella Swan?- inquirió leyendo el documento. Ella asintió.- ¿eres menor?
-si- contesto. ¿Por qué hacían preguntas tan estúpidas?
-¿tienes la emancipación?
Maldición. Era ilegal viajar sola siendo menor de edad. Le ordeno a su mentirosa cabeza pensar rápido. Encontró algo que podía funcionar.
-no, no me hace falta. Mis padres están viajando conmigo. Son ellos- señalo a una pareja que acababa de pasar el control, pero en el sector del hombre-policía. La mujer, la miro con desconfianza, pero, por milagro divino, el hombre del matrimonio volteo. Bella, lo saludo, y el sonrió, devolviéndole el saludo. La mujer policía, asintió convencida, y le devolvió su pasaporte. Ella se apresuro a correr detrás de la pareja, hasta salir de la vista del puesto policiaco.
Fue directo a un puesto de comidas y se compro una fresca malteada sabor chocolate. Debía ir a un lugar en donde hubiese autobuses, o algo así. Debía llegar a L.A., en menos de 24 horas. Camino por unas cuadras, buscando una agencia, hasta que un idiota la empujo- y en ello le toco el trasero- derramando su malteada. Iba a golpearlo, pero el joven se disculpo, alejándose rápidamente. Se miro. Tenía a musculosa manchada con chocolate. Encontró la estación de autobuses, y aprovecho para ir a los baños públicos, para limpiarse. Aprovecho para ponerse un tampón limpio y protección, ya que tenía su periodo. Giro frente al espejo, para controlar que todo estuviese correcto, cuando noto que su trasero estaba demasiado…curvilíneo. Nada raro. Faltaba algo cuadrado en el bolsillo del short. Su billetera. Se fijo si se le había caído en el cubículo del baño, pero no. Recordó entonces, que el tipo de la malteada le había tocado el trasero. Idiota. Le había robado. Por suerte, sus identificaciones estaban en el bolsillo de la camisa, junto con su i-phone. Debía llamar a alguien…mala idea. No tenía ningún número en su móvil, ya que había arrojado su lista de contactos al fondo del mar, en algún punto del atlántico. Aun le quedaba una esperanza. Que un autobús a L.A. le costara 96 dólares. Resignada, camino con sus valijas hasta boletería. Pregunto en varias agencias de transporte, pero ningún boleto salía menos de 140 dólares. Estaba en líos. Su plan perfecto, acababa de terminar en ese punto.
Pero… ¡había escapado del Instituto de Enseñanza Femenina Poolitz! ¡Había seducido a un empleado del lugar para que le consiguiera identificaciones falsas! ¡Había cruzado un maldito océano! Tres estados no la detendrían. Podía trabajar en un bar un día, y ganar lo que le faltaba… pero llegaría tarde al cumpleaños en Los Ángeles. Resignada, se sentó a pensar en el estacionamiento, sobre el cordón de la vereda. El sol brillaba en lo alto.
-¡idiota!- oyó. Levanto la cabeza sintiéndose identificada. No se lo habían dicho a ella. Vio a un hombre, un joven, hablando por teléfono.
-¡no puedes hacer eso Emmet! ¡Necesitamos llegar para la boda!- continuo hablando. Mas bien, gritando.- si, se que tu llegaras, pero, ¿y yo?... ¡no puedo conducir hasta california sin dormir!- puntualizo furioso.
Oh… eso sonaba malditamente genial para ella. El joven necesitaba a alguien que lo ayude a conducir hasta L.A. Pero… no podía. ¿Qué tal y si era un viejo pervertido? Cuando se incorporo, comprobó que estaba en un error. No pasaba de los 25. Y era apuesto. Bueno, estaba a cinco metros de distancia, pero se veía bien. Muy bien. Cabello castaño claro, revuelto, remera negra gastada de los Rolling Stones. Jeans ajustados, piel blanca, alto, atlético. Podía sentir su delicioso perfume desde allí.
-¡Emmet!- prosiguió- ¡estás en problemas! ¡Si no llego a la boda a tiempo, estás muerto y enterrado!... lo sé… Te entiendo. Ok, diviértete hermano.
El joven corto la llamada y paso su mano por su cabello, claramente frustrado. Sexy…camino hasta su auto. Un Moustang negro. Se subió, y encendió el motor. Bella reacciono y corrió hasta el coche, parándose frente a este. El chico la miro sorprendido. ¿Podía ser más sexy? Pensó. Sus ojos eran de un color verde intenso. Sus facciones masculinas. Una prominente nuez de Adán se veía en su pálida garganta. La devolvió a la realidad, tocándole bocina, enfadado.
-¡espera!- le grito para que apague el motor- ¿podrías ayudarme?
-no tengo dinero- contesto sin humor.
¿Acaso no se sentía atraído hacia ella? Definitivamente no era uno de sus días. ¿Cómo podía convencerlo de que no se fuese sin ella? ¿Cómo le pediría que viaje con ella? De pronto, una brillante idea se cruzo por su mente.
Mis dulces niñ s. Es la primera vez que publico en (por fin soy virgen en algo XD) y no entiendoooo nadaaaaaa. Imagínense que soy de las escritoras que aman escribir en papel-lo sé, soy una cavernícola- asique si alguna escritora lee esto, please, déjenme un mensaje para charlar con ustedes. Desde ya ¡muchisisisisisimas graciaaaas! Con amor, Sam Williams.
