Twilight y sus personajes pertenecen a stephenie meyer, la historia es mía

Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.


Bella miró el montón de papeles frente a ella, y pensó que haber estudiado el doctorado no había cumplido el sueño de sentirse completamente realizada como ella se había imaginado.

No era aún dueña de su propia empresa.

—¡Isabella! —Y al escuchar la voz de su jefe James, pensó que al parecer tampoco era dueña de su propia vida—. ¡Isabella, con un demonio!

La chica se levantó de su asiento, antes de alisar su preciosa falda y caminar hacia la oficina de su jefe. Él, como siempre, la desvistió con los ojos antes de relamerse los labios.

—¿Dónde está el expediente de los Cullen?

—Se lo dejé justo aquí. —Levantó papeles y lo sacó de debajo del montón.

—Mis disculpas —sonrió con lascivia.

—¿Algo más?

—¿Quieres ir a cenar? —Ella sacudió rápidamente la cabeza.

—No, mi papá me espera en casa. —Era una vil mentira, pero era lo único que había estado salvándola de las garras de su jefe.

—Bien —gruñó quitándole el expediente de las manos—, un día caerás. Todas lo hacen.

No en mi caso, pensó dándose la vuelta, y corriendo literalmente de ese lugar.

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El macho cerró los ojos pero todo fue peor.

Imágenes del verdugo y sus demás ayudantes destrozando el cuerpo de su hermana amenazaban con mandarlo a la locura. Ella había sido violada por todos esos machos frente a sus ojos, mientras que él había sido violado también por Tanya, para que Rosalie viera la humillación de una forma cruel y despiadada, todo por su estúpida obstinación. Si hubiera bebido cuando se le dijo, si hubiera follado a su ama correctamente, si tan solo no se hubiera matado de hambre, hubiera tenido fuerzas para ayudarla, para salvarla…

Gruñendo, tiró de su larga cabellera deseando sacar los recuerdos por un momento, solo por un momento. Deseó con todas sus fuerzas que alguien lo lanzara al sol, que alguien le destrozara el cuerpo y lo calcinara. Sin pensarlo, estrelló su cabeza una vez más contra los barrotes, deseando que las imágenes de su hermana siendo violada pararan.

—De nada sirve que hagas eso. —Victoria entró en su celda, algo que ninguna carcelera había hecho, y para su asombro se agachó hasta quedar al nivel de sus ojos—. Solo harás que todo empeore.

—Nada puede ser peor que lo que he vivido —gruñó desde lo más profundo de su garganta.

—Tonto —sonrió la hembra—, ¿es que en todos estos años con Tanya no lo has entendido? —El vampiro frunció el ceño—. Ella puede hacer las cosas peor, te lo juro. En los pocos meses que tengo aquí lo he visto todo.

—Entonces mátame, por favor mátame —suplicó impulsándose hasta los pies de la hembra, lágrimas desbordándose de sus ojos. Ella pareció sorprendida pero no asustada.

—Pobre hermosa y débil criatura. —Acarició con suavidad su cabello, con una ternura que lo asustó empujándose hacia atrás.

—Mátame.

Lágrimas bañaban todo su rostro. Las carceleras que lo habían tocado a lo largo de los años nunca habían cedido, nunca nadie lo había siquiera escuchado, estaba prohibido. Tanya era una hembra celosa y no quería que ninguna se le acercara, que Victoria estuviera tomándose tantas libertades, y que incluso ahora estuviera dudando, despertó en él algo que nunca había sentido, ¿esto era la esperanza?

Sin perder el tiempo, el macho se estiró hacia ella haciendo acopio de fuerzas que no tenía, se incorporó de forma torpe hasta quedar hincado frente a ella. La vampira no retrocedió, no le tenía miedo. No había forma que en su estado esquelético y además encadenado, alguien le temiera, jamás nadie lo había hecho de todos modos.

—Déjame complacerte. —La miró con deseo—. Déjame hacerte sentir bien y luego mátame.

—No —murmuró acariciando de nuevo su abundante cabello. El macho no contuvo el sollozo que resonó en el pequeño espacio—. Pero haré algo por ti, solo tienes una oportunidad, tienes que decidir.

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Bella estaba cansada de no tener dinero ni siquiera para pagar el colectivo.

Caminando sin prisas, se dijo que algún día sería más rica que el estúpido libidinoso de su jefe, se repitió que algún día no necesitaría de ese empleo. De pronto el hilo de pensamientos fue interrumpido por un escalofrío. La chica se estremeció desde la médula hasta los pies. Buscando el origen de su repentino miedo, volteó hacia todos lados, hasta que sus ojos se posaron en una figura tirada en el callejón.

Se llevó las manos a los labios, intentando no gritar ante la escena. El hombre parecía que había sido golpeado por un montón de maleantes, y sabía que no debería pero se encontró caminando hacia él. El cuerpo estaba tan enflaquecido que las ropas harapientas le quedaban volando sobre la piel.

—¿Señor, se encuentra bien? —No obtuvo respuesta, estaba muy nerviosa mientras buscaba en su bolso el móvil—. ¿Señor, puede escucharme?

Diablos. Ni siquiera tenía batería, mirando hacia todos lados, buscó por ayuda, pero dada la hora y un martes por la noche, la avenida se encontraba desierta. Algo en su mente le pedía a gritos que huyera, una vibración de maldad alrededor del tipo moribundo le puso la piel de gallina, pero su corazón sensible y lleno de bondad, le dijo que ningún ser humano se merecía ser asaltado como estaba claro le había pasado al hombre.

Un gemido lastimero abandonó los labios del hombre, robándole un grito. El impulso de salir pitando de ese lugar la recorría con una calidad de urgencia que resultaba turbadora.

—¿Señor, puede oírme? —Con cuidado se arrodilló frente a él, sin importarle llevar vestido y costosas medias.

—A-Ayuda… —La morena parpadeó aturdida ante su voz ronca.

—¿Quién le hizo esto?, ¿puedo llamar a su familia? —No podía verlo bien ya que que tenía una capucha puesta, pero el gemido lleno de terror y dolor que abandonó sus labios, quedaría grabado a fuego en sus recuerdos.

—No por favor, no llame a nadie.

—No puedo dejarlo aquí.

—No llame a nadie —sollozó—, solo déjeme aquí… —Y la voz quebrada y rota del pobre hombre, por alguna razón que nunca entendería, también rompió su corazón.

—No llamaré a nadie. —Estiró la mano, pero cuando él se encogió con horror, la joven desistió, y aunque no era consciente todavía, las siguientes palabras cambiarían para siempre su vida—. ¿Puede levantarse?, iremos a mi casa.