Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada, esthefybautista, porque la amo más que a nada en esta vida.
A mi Miss Swan tata favorita porque me explica FOL por audios, a mi manager hermanita porque espero que esté mejor de su dolor de cabeza, a Gen, Andrea y Bela porque son mis sobris consentidas, a Vero porque la quiero mucho, a Nadalia porque se merece lo mejor y a Victoria porque hoy es su cumpleaños y espero que todos la felicitéis.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 2 UNA ROSA SOBRE EL PECHO
Cinco años más tarde:
Amanecía lentamente, el sol iba iluminando poco a poco los verdes prados, las angostas colinas y cristalinos ríos de la región, la brisa soplaba cálida y suave, removiendo las pocas hojas que habían caído de los árboles en el final de esa primavera de ensueño.
El paisaje idílico, como extraído del más bello de los cuadros fue apareciendo, mientras todos los habitantes de esa cárcel al aire libre empezaban su jornada, el panadero horneaba, los mercaderes luchaban por un lugar en el mercado donde vender sus productos, ajenos a que no a mucha distancia, sobre la verde hierba yacía un muchacho, su tez pálida y fría, ojos cerrados y sin aliento que saliera de su pecho, vestido con los colores de los Swan el dorado y el blanco, sus cabellos negros como la noche se mecían con el viento y daba la impresión de dormir apaciblemente, su capa extendida sobre el verde que le servía de mullido colchón presentaba el escudo de la realeza, el cisne en llamas y sobre su pecho una mancha escarlata, escondida ras una rosa roja impecablemente colocada.
No dormía, cualquiera que se acercase lo suficiente podría ver que ese joven había dejado la vida atrás.
Un pastor que salió a buscar su rebaño dio de bruces con el macabro espectáculo y, reconociendo al pobre muchacho que ahí yacía, corrió con prisa a las puertas del palacio, los Swan debían saber que Killian Jones, prometido de la princesa Emma, había sido asesinado.
Los reyes de Toletum, custodiados por un centenar de guardias, salieron en busca del joven caído, con el rostro contrariado pues no esperaban dicha afrenta. Casi a galope tendido se presentaron en el lugar donde el pastor indicó que lo encontrarían y una mueca de horror se pintó en sus rostros al reconocerlo, en ese mismo parado hacía exactamente un año se libró una de las peores batallas que tuvieron con los Mills, muchos de sus enemigos cayeron en esa reyerta pero no podían imaginar que se cobrarían venganza de forma tan mezquina.
Con solo echar un vistazo al cuerpo del muchacho elegido para gobernar junto a Emma en un futuro adivinaron quién fue su verdugo, no era muy difícil pues solo una persona firmaba sus delitos con una rosa sobre el pecho, Regina Mills.
Desde que había vuelto de su largo exilio por tierras lejanas, los campos se regaron con cuerpos adornados con la rosa, era implacable e imbatible, tanto que desde ese momento habían escondido a su posesión más preciada, su princesa, entre los muros del castillo, negándole cualquier contacto con el exterior, intentando evitar lo inevitable, que algún día aquella hermosa mujer de ojos chocolate reclamase un trono que no le pertenecía, asesinando sin piedad a su única heredera.
Los monarcas ordenaron a sus hombres que retirasen el cuerpo, custodiándolo hasta la fortaleza donde se le daría un funeral por todo lo alto e intentando descifrar las palabras que compartirían con la joven princesa al anunciarle que su prometido había sido asesinado, justo un año después de que Regina Mills perdiera a su amor en aquella cruel batalla.
Al llegar a su palacio, a los ojos verdeazulados de Emma no acudieron las lágrimas. ¿Cómo llorar por alguien a quien apenas conocía? Encerrada en su torre miraba el horizonte con demasiadas preguntas sin respuesta, mientras su prima, confidente y mejor amiga Diana guardaba silencio a su lado, haciéndole muda compañía. Finalmente la princesa rompió el silencio buscando respuestas.
-¿Está mal que no sienta dolor por la pérdida del joven Jones?
-"Es una gran pérdida majestad, mas vos no lo amabais, no tenéis que fingir un dolor que no existe"
-No me llaméis majestad, lo detesto
-"Sois mi princesa, mi futura reina, es vuestro título mi señora"
-¿Sabéis quién lo ajustició?
-"No se me está permitido contároslo majestad"
-Pero lo haréis, por algo sois mi única amiga en esta cárcel de piedra
-"Se le encontró con la rosa sobre el pecho mi señora"
-Regina Mills, ella fue su verdugo pero ¿Por qué? Jones no es Swan
-"Portaba vuestro escudo, iba a convertirse en vuestro esposo, razones de peso para que la asesina Mills acabara con él"
-¿Así la llaman? ¿Asesina Mills?
-"Otros la llaman la asesina de la rosa"
-Me pregunto por qué deja las rosas… Sigo sin entender por qué mató a Jones, y justo en ese prado donde nosotros vencimos hace solo un año ¿Es una provocación?
-"Más que provocación creo que es venganza mi señora"
-¿Venganza?
-"Hace un año Regina perdió a su prometido en ese mismo lugar, supongo que creyó justo quitaros al vuestro, yo no debía deciros esto majestad, me lo prohibió vuestra madre"
Emma no pronunció palabra, sus ojos verdeazulados se perdieron nuevamente más allá de los bosques, de la línea invisible que separaba su mundo del mundo de los Mills, el mundo de Regina. Llevaba cinco años escuchando ese nombre entre susurros, sabiendo por Diana quién era ella, la joven morena de ojos chocolate que quería su corona.
Sabía que debía odiarla, en muchas ocasiones lo hacía mas en esos momentos solo pensaba en cómo sería su rostro, sin tan angelical como la describían, en si ella había podido elegir a su amor y por eso buscó venganza, esa mujer era una incógnita, casi una obsesión… Sabía que jamás podría ver su rostro pues el día que estuviese ante ella sería para recibir a la muerte y aún así se preguntaba cómo sería mirar el rostro de aquella que en solo cinco años había descolocado su mundo por completo.
Lejos de ahí, sin imaginar que la joven princesa pensaba en ella, Regina andaba tranquila por las calles que componían su pequeño pueblo, lugar donde todos los fieles a su familia moraban, parecía imperturbable, andando con paso altivo y seguro, la cabeza alta y su mano enfundada en ese guante negro, sobre la rosa que adornaba su espada. La capa con el escudo de su familia ondeaba jugando con el viento y, pasara por donde pasara, el tintinear de las monedas de oro que portaba anunciaba su llegada, la llegada de la mujer más importante del lugar, por lo que los aldeanos agachaban la cabeza para no enfurecerla.
Custodiada por dos guardias fieles a su causa paseó sin prisa, mirando las mercancías expuestas y disfrutando de la cálida mañana cuando notó que alguien tiraba de su capa y el grito de uno de sus guardias mientras atrapaba a un muchacho con fuerza por el brazo.
-Mi señora, este brabucón os estaba robando
Regina miró al muchachito, no parecía tener más de siete años, sus ojos empañados en terror intentando librarse del agarre de su hombre. Se puso a su altura mirándolo intensamente, sabiendo que no se atrevería a mentirle de ningún modo.
-"¿Es eso cierto? ¿Querías robarme?"
-No, no he robado nada
-"Te creo, habrías sido un ladrón muy estúpido al tirar de mi capa para llamar mi atención"
Miró a sus hombres con los ojos encendidos en ira, estos al verla empezaron a temblar pues no por nada tenía la fama que tenía en Toletum.
-"Soltad al muchacho, no es un ladrón, y marchaos no quiero veros"
-Pero mi señora…
-"¿Queréis trasladaros a vivir junto a mi caballo? Os he dicho que os marchéis"
A buen paso, desaparecieron de su vista intentando no enfadarla más mientras el pequeño se frotaba el brazo herido y la miraba con una mezcla de respeto y gratitud. Ella lo miró y sonrió, una sonrisa amable ya que todos los niños que correteaban por el lugar le producían una ternura infinita, sobre todo tras saber que eran nacidos en Toletum, condenados a ese encierro sin ser conscientes.
-"¿Cómo te llamas?"
-Henry mi señora, como vuestro padre
-"¿Sabéis quién soy muchachito?"
-Todos lo saben
-"Tiraste de mi capa ¿Necesitabas alguna cosa?"
-No, yo no, pero a usted se le cayó la bolsa, quería devolvérsela cuando ese hombre dijo que le estaba robando
El muchacho le entregó una de las bolsas que solía llevar al cinto llenas de oro por si encontraba alguna cosa que le gustara poder comprarla, Regina miró a ese chiquillo harapiento y sucio completamente asombrada pues no se había dado cuenta de que se le había caído y tampoco habría importado, podía conseguir cuanto oro quisiera.
-"Aquí dentro hay cerca de cien monedas de oro Henry ¿Por qué devolverlas?"
-Son suyas mi señora
Enternecida, cogió su pequeña mano y deposito la bolsa que el muchacho le había entregado sobre ella, devolviéndosela.
-"Ahora es tuya, por tu honor pequeño"
Dibujó en sus rasgos una profunda sorpresa al recibir dicho regalo, sin llegar a creerlo pues los nobles no solían ser gentiles con él jamás, con un gracias efusivo salió corriendo, quizás a buscar a sus padres y darles la noticia, tampoco le importó. Ella era una asesina, el terror de los Swan y el público, la audiencia la adoraba por esos detalles, esos momentos en los que salía a la luz su humanidad.
Sin sus eternos guardaespaldas persiguiéndola, se dirigió con paso seguro a la salida del pueblo donde esperaba Rocinante de forma fiel, montando sobre él y cabalgando hacia el bosque, hacia una cabaña donde habitaba el leñador con su familia.
Al llegar bajó del caballo de un salto para acto seguido recibir a dos niños idénticos que saltaron sobre ella gritando de alegría, mientras en la puerta una mujer morena de rostro amable hacía aparición, limpiándose la harina que llevaba en las manos en un delantal y saludándola.
-Regina, August vendrá en seguida, pasa hice pastel
-"Gracias Tamara, la verdad es que un trozo de pastel me sentará genial"
Casi arrastrada por los pequeños terremotos entro en esa casita pequeña pero acogedora. Tamara, la esposa del leñador, mandó a sus hijos a jugar fuera ya que estos parecían demasiado interesados en molestar a Regina ya que adoraban a esa morena y siempre que acudía a visitarlos se convertía en una fiesta.
Una vez a solas, Tamara le sirvió un trozo de pastel casero y se sentó frente a ella, estudiando sus facciones.
-Te conozco morenita, ¿Qué te pasa por la mente?
-"Nada, es solo que ya hace cinco años que entré"
-¿Cinco ya? Que rápido pasa el tiempo, parece que fue ayer cuando te perdiste en el bosque y tuvimos que tenerte entre nosotros al menos dos días
-"Maté a Killian Jones"
-Debías hacerlo
-"Ese muchacho no me hizo nada, pero me llegó la orden y tuve que acatarla"
-Por eso has venido, porque te sientes culpable
-"Cada vez tengo más sangre en las manos… me cuesta dormir por las noches"
-Todos sabemos a lo que nos enfrentamos cuando firmamos esos papeles Regina
-"Bueno, siempre me quedará el pastel Tamara"
En ese momento entro August en la cabaña, encontrando a su esposa y a su mejor amiga riendo a carcajadas.
Regina se levantó y lo abrazó con ganas, dejando que este aliviara un poco la pesadez de su alma. Este revolvió sus cabellos, haciendo burla con ella mientras besaba a su mujer suavemente y se sentaba mientras Tamara se marchaba, dejándolos solos pues sabía que su esposo y Regina tenían una obsesión en común, el exterior.
-Escuché lo de Killian ¿Cómo te sientes?
-"No lo sé, no muy bien la verdad"
-¿Dejaste la rosa?
-"Siempre la dejo, es lo menos que puedo hacer… presentar mis respetos pues sus muertes me permiten seguir con vida"
-En el exterior te llaman la asesina de la rosa, estás en los índices más elevados de popularidad, te adoran
-"Me adoran por asesinar…"
-Te adoran porque muestras la mujer que se esconde tras la máscara. La historia se pone interesante, Killian Jones en el aniversario de la muerte de tu querido Robin
-"Otra muerte que llevo a mis espaldas, firmé su sentencia al entrar en Toletum"
-¿Cómo crees que se lo tomará Emma Swan?
-"No lo sé, ¿Crees que lo amaba?"
-Lo dudo, ese muchacho solo era un cabeza de turco para que el juego se vuelva interesante, ¿Sabes que el Gobernador quiere eliminar a Emma?
-"¿Por qué eliminar a la princesa?"
-Porque es nacida en Toletum, algún día se hará preguntas ¿No crees?
-"El público adora a la princesa…"
-¿Y tú? ¿La odias?
-"No puedo odiar a alguien que no conozco"
-Se supone que debes, ella tendrá la corona que tú ansías
-"Sé que cuando nuestros caminos se crucen será su vida la que termine August, pero no puedo decir que me alegre de ello, realmente me da lástima esa muchacha, toda su vida aquí encerrada, pendiente de una guerra amañada e irreal, siguiendo los caprichos de un hombre que juega a ser Dios"
-Cuidado con tus palabras Gina, nunca sabes quién puede estar escuchando
-"No, pero hay algo que sí sé, sé donde jamás graban, cortesía del Gobernador y esta cabaña amigo mío es uno de los lugares más privados de Toletum… Esta cabaña, el cobertizo que hay tras mis caballerizas y la cueva del riachuelo"
Entre risas, ambos terminaron de degustar el pastel que Tamara había cocinado y Regina se despidió, montando a Rocinante hasta su hogar, el palacio Mills.
Dejando a su caballo en su lugar, vio por el rabillo del ojo un pañuelo blanco, colocado en la verja de entrada a las caballerizas y sonrió. Dirigiendo a paso disimulado a ese cobertizo donde sabía que jamás grababan, donde sabía que tenía intimidad.
Entró y tardó unos segundos en acostumbrarse a la penumbra, cuando alguien se abalanzó con rabia sobre ella, provocando que cayeran al suelo. Unos labios buscaron los suyos con hambre y se entregó a un beso furioso, descargando su dolor, su culpabilidad y todas sus frustraciones con aquella mujer que la había citado en ese rincón secreto.
No había amor en sus caricias, en la manera salvaje y violenta con la que se poseyeron hasta quedar exhaustas, liberadas de alguna manera pues ambas arrastraban sus propios fantasmas.
Regina acarició la mejilla de aquella muchacha que desde hacía algunos meses se servía de ella para no pensar en la auténtica dueña de sus sentidos, recogiendo una lágima.
-"¿Pensabas en ella Luci?"
-Siempre lo hago… lo sabes
-"Lo sé… como sé que es injusto que no puedas correr a sus brazos por los deseos del Gobernador"
-Duele Gina, duele saber que está ahí, que me ama, que la amo y esa línea inexistente nos separa
-"Ten fe, algún día esa línea dejará de existir, algún día alguien se levantará contra esta prisión disfrazada de Medievo y ese día nada podrá separaros".
