26 de Diciembre.
Emma se despertó con un ligero dolor de cabeza del que culpó al ponche de la noche anterior, pero no creía que hubiera bebido tanto. Miró la hora y ya eran pasadas las doce. "¡Santo cielo, me he dormido!". Corrió a la ducha. Se vistió, se puso el collar y se peinó un poco. Bajó a desayunar pero ya no había nadie, así que cogió lo primero que vio para comer por el camino y se fue corriendo a la comisaría, pensó que David ya estaría ahí desde hace rato.
Cuando entró por la puerta lo vio sentado en su mesa tomando un café.
-Vaya, vaya. Pero si es la marmota número uno…- Dijo David en un tono de burla.
-¿Por qué no me habéis despertado? Y te juro que anoche no bebí tanto, un par de vasos a lo sumo, pero…
-No pasa nada Emma, no es que esta ciudad fuera el núcleo del crimen y por si no lo recuerdas tu madre ahora es la alcaldesa, no hay de qué preocuparse.
-Sí, lo sé, pero aun así me podría haber llamado alguien, creo que mi alarma no funciona.- Dijo mientras miraba su móvil y se frotaba la sien, el dolor de cabeza no había disminuido en lo que llevaba despierta.
-¿Despertarte? Lo he intentado, sólo me ha faltado tirarte un cubo de agua por encima, pero creo que no estabas por la labor de despertar.
-Lo siento, no sé qué me ha pasado, me gusta dormir, pero si tengo que trabajar…- David la interrumpió.
-Que no pasa nada, en serio.- Dijo acercándose y cogiéndola por los hombros.- Bueno, ahora que estás aquí, vamos a hacer un poco de papeleo que ya me estaba aburriendo de hacerlo yo sólo.
Emma sonrió y se pusieron a ello.
En la mansión ya estaban despiertos desde bien pronto por la mañana y Regina se llevó a Henry a su cripta para poder investigar lo que le había dado Emma.
-Mamá, ¿estás segura de que lo tendrás todo lo que pone ahí?- Dijo el crío ojeando el cuaderno que le dio Emma a Regina la noche anterior.
-No estoy segura, pero espero que sí- dijo mientras rebuscaba en sus cosas.- Algunas cosas las podemos encontrar aquí, en este mundo, pero otras son precisas de donde yo vengo y que con suerte tuve la anticipación de traerme algunas plantas y objetos que sólo se pueden encontrar ahí.- Cogió una caja vieja y la abrió, parecía que no había nada pero pasó la mano por encima y aparecieron montones de frascos y cajitas más pequeñas. Henry se la quedó mirando asombrado.- No podía arriesgarme a que alguien bajara aquí por casualidad y encontrara mi "arsenal".- Dijo Regina riéndose de la cara que había puesto su hijo.
-Es alucinante, ¿algún día me enseñarás magia?- Preguntó con miedo.
-Tal vez, algún día, si a Emma le parece bien. No veo por qué no, pero recuerda…
-Si, si, si… Toda magia tiene un precio. Creo que eso lo pillo.- dijo a modo de burla, pero realmente lo entendía. Henry sabía perfectamente lo que había pagado su madre.
-Pues va a ser la hora de comer. ¿Por qué no llamas a Emma y comemos los tres juntos?
-¿En serio?- no salía de su asombro.
-Sí, así aprovecharé para preguntarle sobre el cuaderno.
Henry llamó a Emma y quedaron ya en Granny's. De camino al restaurante aprovecharon para comprar algunas semillas y especias que necesitaban para el contra-hechizo.
Emma por su parte cuando salía de la comisaría no se encontraba bien del todo, pero no quiso anular la comida, era una oportunidad para relacionarse con su nueva amiga "Que raro suena" pensó. Pasó por la farmacia a comprarse algo para el dolor de cabeza y se encaminó a Granny's.
Cuando entró por la puerta vio a Regina y Henry sentados en la barra esperándola para sentarse juntos. Emma caminó hacia ellos mientras la miraban y de repente cayó a plomo al suelo.
Pasaron demasiadas imágenes por su cabeza: sangre, gritos, llantos, dolor… mucho dolor.
Abrió los ojos y estaba en una habitación de hospital.
-¡Emma!- gritó Regina.
-¿Qué ha pasado?- dijo Emma ahogando un llanto que ni sabía por qué lo estaba aguantando.
-¿Estás bien? Entraste a Granny's y nada más vernos te desmayaste.
-Sí, estoy bien. ¿Dónde está Henry?
-Henry está con tus padres, han estado un rato y se lo han llevado, les he dicho que cualquier cosa les llamaba, así que..
-No, espera. Regina, he visto algo.- le dijo cogiéndola del brazo, para que no se fuera.-Y tengo miedo.
-Emma, ¿seguro que estás bien?- no pudo evitar sonar preocupada.
-No sé si mientras me desmayaba o ya inconsciente, he visto algo que me ha aterrado.- dijo con lágrimas rodando por sus mejillas.
-¿Y se puede saber qué ha sido eso?- Regina empezaba a ponerse nerviosa.
-He visto a alguien que…- tragó saliva- alguien que mataba a todo el mundo que quiero. Ha sido tan real Regina, no podía parar a esa cosa y sólo había sangre y gritos… y yo, yo no podía pararlo.- Se echó a llorar con ganas y sin pensarlo se echó a los brazos de Regina. Esta reaccionó extraña al abrazo, pero entendió que era lo que la rubia necesitaba y la estrechó fuerte entre sus brazos.
-Emma, tranquilízate, sólo fue un mal sueño, no les va a pasar nada a nadie. Te lo prometo.
-Pero fue tan real…
-Bueno, pero ahora estás despierta y no en un sueño horroroso, así que recomponte que voy a llamar a tus padres para decirles que ya estás despierta. Hablaré también con Whale para ver si te dejan irte a casa.- le dijo mientras salía por la puerta.
-Regina.- esta se paró en el marco de la puerta.- Gracias.
-De nada Emma- le dijo dándole una sonrisa amistosa.
Otra vez ese escalofrío.
Cuando llegaron todos al apartamento dejaron a Emma dormir tranquila y al poco rato Henry también se fue a dormir, quería quedarse ahí esa noche para asegurarse que Emma estaba bien. Snow dejó acostado al bebé y se fueron los tres a la barra de la cocina a tomarse un café.
-Gracias Regina, de verdad por haberle hecho compañía a Emma esta tarde.- empezó Snow pasándole el azúcar.
-No creo que dejarla tirada en el suelo de la cafetería me hubiera dejado en buen lugar delante de Henry.
-Eso es verdad. Además, ¿no sois ahora amigas?- preguntó este con aire divertido.
-Sí, bueno, se nota que es vuestra hija, nunca pierde la esperanza con nada.- dijo dándole un sorbo a su café.
-Pues los médicos dicen que todo estaba bien, que no entienden el desmayo.- intervino Snow, que notaba a la morena algo incómoda.- No entiendo qué puede ser.
-Cuando despertó me dijo que tuvo una especie de visión.
-¿Una visión?- preguntó David ya serio.
-Sí, una especie de sueño donde alguien o algo mataba a todo el mundo que quiere.
-Qué horror. ¿Crees que pueda significar algo?- preguntó preocupada Snow.
-No sé si significará algo o sólo ha sido un mal sueño. Le preguntaría a Gold, pero está "de viaje".- dijo acordándose de lo que le contó Belle en la tienda.
-Espero que no le pase más. Yo creo que hemos tenido suficiente con tanta maldición y enemigos inesperados por ahora. Un descanso no nos vendría mal.
-Estoy de acuerdo.- le dio la razón a su mujer dándole un beso en la coronilla.
-Bueno, creo que debería irme.- dijo Regina cogiendo su abrigo.
-Está cayendo una buena nevada ahí fuera, ¿seguro que no te quieres quedar?- le dijo Snow.
-Tranquila, dejo el coche aquí y ya lo vendré a buscar mañana.- y desapareció en una nube de humo dejando con la palabra en la boca a la pareja.
-No acabo de acostumbrarme a eso- dijo Snow dirigiéndose a la habitación. Le seguía David riéndose y pronto acabaron dormidos y la casa en profundo silencio.
Cuando Regina ya se había bañado y puesto el pijama se dispuso a meterse en la cama e intentar dormir. Pero no paraba de darle vueltas a lo que le había contado Emma, es cierto que la intentó tranquilizar diciéndole que fue un mal sueño, pero en el fondo sabía que no era todo tan sencillo y que algo pasaba. Las tres de la mañana se le hicieron hasta que consiguió quedarse dormida. Mañana sería otro día.
Emma, sumida en un profundo sueño, se levantó de la cama como llevada por una fuerza y se paseó por todas las habitaciones observando a Henry y luego a sus padres hasta llegar al pequeño Neal, se quedó un rato mirándolo "Pronto, pequeñín. Pronto".
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He tenido que escribir todo otra vez, porque se me ha borrado xD Así que paciencia. Voy escribiendo sobre la marcha así que es muy probable que se me vaya mucho la pinza. Viendo como ha acabado este capítulo, no sé como acabará esto... =P
