Wow! Vaya recibimiento ha tenido el primer capítulo. ¡Yo también os echaba de menos!
Antes de nada, he de decir que los personajes no me pertenecen sino que son de OUAT ABC, así como algunas de las historias.
geralove: Como hice en la primera parte, seguiré las historias principales de la serie e iré añadiendo cosas mías.
kykyo-chan: Sí! A base de los recuerdos irán reviviendo todo lo que pasó durante ese año.
Quiero agradecer a LyzzSQ, venus1485, sobeyda S. Dracul, yara sosa, aquarius7 por vuestro recibimiento, y a todos los que me seguís y leéis aunque no me dejéis reviews, gracias igualmente. Hacéis que esto valga la pena.
Como siempre podéis seguir dejando vuestra opinión del capítulo en los reviews, que estaré encantada de leer.
Sin más dilación, podéis empezar a leer.
-Y si es inmortal entonces, ¿qué propones? –preguntó Mary Margaret, provocando que ambas mujeres dejaran de mirarse para mirarla a ella.
-Enviarla a donde no provoque daño –le contestó Regina con voz ronca.
Fueron a la mansión de la alcaldesa. Emma observó las paredes. Sabía que había estado allí antes, pero esa casa le parecía su segundo hogar, como si hubiera estado allí mucho tiempo.
Regina fue directa a un armario, del cual sacó un gran estuche de piel marrón y lo colocó sobre su escritorio. Emma observó detenidamente aquella mesa. Le resultaba familiar. Antes de abrir el estuche Regina la miró atentamente.
-¿Henry le pidió que me protegiera, Emma? –parecía sorprendida.
-Sí –contestó sin más la rubia. Regina la sonrió amablemente. No hizo falta que hablaran pues sus ojos lo decían todo.
La alcaldesa acarició el estuche antes de abrirlo y sacar un sombrero. Emma lo reconoció en seguida. Era del Sombrero Loco. La fabricación de otro sombrero igual que ese le había llevado miles de quebraderos de cabeza. Incluso casi le cuesta su vida.
-Así que, lo tenía usted –observó Emma, sin dejar de mirar el sombrero.
-¿De qué habla? –Regina pretendió no entender a lo que se refería. ¿Emma sabía la existencia de aquel objeto mágico?
-Del sombrero de Jefferson.
-¿Quién es Jefferson? –pero Emma ya no la escuchaba. Blancanieves y su príncipe habían entrado en la sala y portaban escobas que pretendían utilizar como antorchas.
-¿Cómo funciona? –preguntó Blanca mirando el sombrero.
Regina lo cogió entre sus manos y lo dirigió a otra sala más amplia. Mientras caminaba les iba explicando:
-Abrirá una puerta hasta nuestro reino. Nos bastará con enviar allí al espectro –Colocó el sombrero en el suelo, ante la atenta mirada de los asistentes. Emma se puso nerviosa. Presentía que algo no iba a salir bien.
-No lo entiendo, nuestro reino ya no existía.
-Así es, y si lo enviamos a un lugar donde ya no existe, lo relegaremos al olvido –comentó Regina mientras intentaba girar el sombrero. Entonces todo se apagó y empezó a temblar el suelo. Todo se volvió más frío y Regina recordó el frío y la tristeza que había sentido ante la presencia del espectro en la celda. Pero el sombrero no funcionaba, por más que lo giraba, nada pasaba.
-Regina –llamó Emma preocupada.
-Lo intento –contestó esta, sintiéndose cada vez más frustrada ante el inútil objeto.
Las puertas se abrieron de golpe y Regina tembló de miedo. Allí estaba el espectro, dispuesto a absorberla el alma, otra vez, pero ahora estaba segura de que conseguiría su objetivo. Apenas tenía fuerzas para hacer girar el sombrero. Sus manos temblaban y su corazón latía fuertemente. Tenía ganas de salir huyendo. No, no era una cobarde. Tenía que conseguirlo.
-Regina –volvió a llamar Emma.
-Lo sé.
Blancanieves y David movían las escobas ardientes para espantar al espectro, pero se les acababa el tiempo. En cualquier momento los derribaría e iría directo a su presa. Regina seguía temblando y el sombrero no parecía tener intención de girar. Sus piernas se empezaban a entumecer y su cabeza estaba a punto de estallar por el dolor. Aquella bestia iba a acabar con ella si no hacía algo. Emma se dio cuenta del temblor de Regina y se agachó a ayudarla.
-¡No funciona! –gritó Regina desesperada. David había incendiado la barandilla y había creado una barrera de fuego que envolvía a Emma y a ella.
-¿Cuál es el problema? –preguntó Emma.
-Que aquí la magia es diferente –la miró. Emma percibió su dolor en sus ojos. Colocó una mano en su hombro y Regina consiguió hacer girar el sombrero. Ambas se miraron y en su mente apareció un recuerdo. El recuerdo de la mina, cuando juntas consiguieron salvar a Henry de las piedras. Juntas. Recordaron entonces que si trabajan en equipo eran más fuertes. Invencibles. Por el amor común que compartían hacia su hijo Henry. Entonces otro recuerdo las invadió. Estaban en la cocina de Regina. La morena de espaldas. La rubia le decía que se diera la vuelta y la morena, a pesar de estar temblando por los nervios, la obedecía. Para después besarse. Todas las dudas de Regina desaparecían. Vieron como poco a poco iban desnudándose y acababan haciendo el amor en la alfombra del salón.
El recuerdo acabó y ambas seguían mirándose. Emma seguía con su mano en el hombro de la alcaldesa. Ambas habían separado sus labios y recortado la distancia que separaba sus bocas. Necesitaban del beso de la otra. Necesitaban saciar esa sed que las consumía.
Pero un fuerte viento las empujó, separándolas. Procedía del interior del sombrero.
-¡Se os echa encima! –gritó David. Emma observó a la criatura volando velozmente hacia Regina. Con todas sus fuerzas empujó a la morena lejos del camino del espectro, para ponerla a salvo. Sin embargo, el viento del sombrero cambió y empezó a absorber, quedando atrapada en su interior. Mary Margaret que había observado la escena, saltó dentro del sombrero sin pensárselo dos veces para salvar a su hija.
Todo se quedó tranquilo tras el salto de Mary Margaret. Ya no hacía frío en la habitación porque el espectro había desaparecido y tampoco hacía viento, ya que el sombrero no estaba tampoco. En su lugar quedaron una maltrecha Regina, quien había quedado en shock tras la visión del recuerdo y un derrotado David que había perdido en tan solo un segundo a su mujer y a su hija.
Pasó un minuto antes de que alguno de los dos reaccionase. En este caso fue David, quien con lágrimas en los ojos, se levantó para enfrentarse a la mirada de Regina.
-¡¿Dónde están?!
Regina observaba con la respiración entre cortada el lugar donde habían desaparecido ambas mujeres.
-No tengo ni idea –dijo lo más serena que pudo. David se acercó amenazante, pero Regina adoptó la postura serena y fría que tanto la caracterizaba.
-¿Han muerto?
-El hechizo destruyó todos los reinos.
-¡CONTESTA, REGINA! –David lloraba por la impotencia.
-Que no lo sé –contestó entre dientes. Ella todavía no había reaccionado ante lo que acaba de pasar. Seguía en shock.
-¡Tendría que haberte matado yo mismo! –David fue a coger a Regina del brazo pero ella fue más rápida y le empujó con una fuerza sobrehumana contra la pared.
-¿Y qué te lo ha impedido? –David chocó fuertemente contra la pared desde donde salieron unas ramas que lo inmovilizaron. Regina acababa de recuperar sus poderes- ¿A caso crees que eres un heroico príncipe? Por favor, no eres más que el hijo de un pastor. Debía haberte matado cuando tuve ocasión –Regina volvía a sentir la magia recorriendo su cuerpo. Había olvidado aquella sensación- Y ahora la tengo –se acercó con intención de ahogarle con sus propias manos pero la voz de su hijo se lo impidió.
-¡Mamá!
-Henry, ¿qué haces tú aquí?
-¿Qué estás haciendo? –preguntó el niño observando a su abuelo colgado de la pared.
-Tranquilo, ya estás a salvo –las ramas liberaron a David que cayó al suelo y comenzó a toser estrepitosamente.
-Oye, dónde está mi madre, dónde…
Regina recordó lo que acababa de ocurrir hace apenas dos minutos. Parecía que todavía no lo asimilaba.
-Se han ido –contestó con un tono de dolor- Han atravesado una puerta –Sentía cómo los ojos se le iban llenando de lágrimas- Henry, créeme, lo siento.
-No, no es cierto. Sí que eres la Reina Malvada –el comentario del niño fue la gota que colmó el vaso. Regina no podía aguantar tantos sentimientos y dejó escapar una lágrima- No quiero volver a verte.
-No, no digas eso –sentía que se ahogaba- Yo te quiero.
-Pues demuéstralo. Rescata a Emma y a Mary Margaret. Hasta entonces, déjanos a todos en paz.
-¿Y a dónde vas a ir?
-Irá conmigo –respondió David, que ya se había recuperado.
Le desafió con la mirada mientras se acercaba a su nieto y se lo llevaba lejos de ella. Regina se quedó paralizada. Había vivido demasiadas sensaciones en muy poco tiempo.
Regina seguía de pie en aquella habitación vacía. Notaba cómo sus ojos no paraban de llorar, pero no sentía su corazón latir y tenía la mente en blanco. ¿Por qué cuando Emma la había tocado había tenido aquel recuerdo? ¿Era de verdad o producto de su imaginación? ¿Se estaba volviendo loca? ¿Qué era lo que sentía por Emma y qué sentía Emma por ella? La había salvado dos veces en menos de 24 horas. ¿Habían tenido una aventura el año pasado? ¿Por qué no conseguía recordarlo? En su cabeza empezaron a llover las preguntas, pero la más importante de todas era, ¿Cómo iba a salvar a Mary Margaret y a Emma, si no tenía ni idea de dónde estaban?
Tenía demasiadas preguntas sin contestar y muy poco tiempo para analizarlas una a una. Necesita un trago para aclararlo todo.
¿Qué os ha parecido? ¡Dejádmelo en los reviews!
