La chica de cabello castaño, se bajó de la bicicleta, y miró el reloj de su muñeca, eran las siete ¿y ya estaba oscuro?, entró al vestíbulo, de su apartamento.

-hola Josh- dijo la chica, mirando a la persona que se encontraba a su lado, era un chico de no más de veinte ocho años, pensaba la chica. Este le respondió con un saludo amistoso con su mano.

subió hasta el piso de su apartamento, que era el número cuatro, al llegar a la puerta, se tocó la espalda, notando que su mochila, donde tenía sus llaves, no estaba, asustada y ya entrando en pánico, bajó corriendo las escaleras de mármol ignoró, completamente a Josh que le quería pasar el correo, y apenas salió del vestíbulo un viento fuertemente salió chocando con su rostro, indiferente, la chica salió corriendo, caminó hasta las tienda, pero no encontró su mochila-oso, estaba ya nerviosa, recordaba que tan solo hace media hora ese chupa sangre extraño, se había ido en la otra dirección, y quería preguntarle si se había llevado su mochila de oso alvino.

La chica corrió en esa dirección, y notaba el gran sendero, de las casas más alejadas, la chica, tocó su bolsillo donde habían dos monedas, eh izo parar al taxi, no sabía a dónde dirigirse, pero algo la llamaba por ese sendero.

-y ¿donde planes ir?- dijo el hombre del taxi sonriéndole.

-quiero que me lleve… por ese…sendero- la chica no parecía muy convencida de lo que decía y el hombre encogiéndose de hombros siguió a pedido de su clienta de cabello castaño y puntas de colores afables y dulces.

La guió por el sendero, que estaba rodeado de arboles frondoso, las estrellas aparecían y la luna brillante deslumbraba en el oscuro paisaje. La chica notó un tipo de mansión con rejas y muchas, muchas rosas rojas, la chica algo temerosa, le pagó al señor que solo dio la vuelta bajando el sendero, la chica no sabía por qué se dirigía allí, si lo único sabia era que el extraño peli-morado, se había ido por aquel sendero, abrió las rejas de color negro, mientras sentía, gotas de agua caer en su cuerpo, miró el cielo, que antes estaba plagado de estrellas ahora estaba nublado, mientras grandes gotas de agua caían.

La chica corrió, por el jardín de las rosas, hasta llegar a la gran puerta de roble torpemente subió por los escalones, parpadeo un poco, y tocó la puerta lo suficientemente alto para que alguien la escuchara… pero nada.

Tammi se estremecía de frio y temblaba su piel estaba pálida y su nariz estaba roja, mientras que sus labios estaban ahora teñidos de un lindo morado.

La chica volvió a tocar ya algo molesta, su corazón latía fuertemente como si se saliera de su pecho, escalando por la garganta.

Frunció el ceño y cuando pensaba hacer su tercer intento, la puerta se abrió, misteriosamente.

La chica entro cuidadosamente, por el umbral de la robusta puerta de roble, que crujía, la decoración de la casa, hacía pensar a Tammi en un lugar antiguo, lujoso y muy formal.

-¿¡hola!?- preguntó con su voz quebrada, por el frío se sobaba sus delgados brazos, mientras sus pies temblaban, ya que solo contaba con una falda y un suéter azul, la chica miraba curiosa, por todas partes-¿hola?- lo último lo decía en un susurro miraba, ya algo asustada mientras caminaba lentamente en busca del peli-morado, de esa tarde.

Luego de caminar perdidamente en el vestíbulo alfombrado, su espalada choco, la chica asustada se dio vuelta, pálida, mientras la figura de un persona, destacaba, la chica asustada solo por voluntad propia, retrocedió unos pasos, el chico tenía una sonrisa, arrogante dejando ver sus dos colmillos y sus ojos verdes, su cabello caía despreocupadamente de un color rojo, mientras que en su cabeza reposaba un sombrero negro, la chica tragó, lo que quedaba en su garganta seca, y lo miró nerviosa.

Él desconocido de Tammi empezó a reír, mientras se acercaba a ella, mientras la dejaba acorralada en la muralla, la chica era muy pequeña, adoptando una forma inocente, para la mente pervertida de "atacante", la chica pestañeo, dulcemente, con un movimiento muy extraño, el chico acercó su nariz hasta su cuello, oliendo la sangre de bajo de la piel de la bella chica, de cabello de colores dulces, la chica se espantó y en su espalda paso un frio, cuando su atacante paso su lengua por el cuello de la chica.

-¿Qué harás conmigo?- preguntó la chica asustada, pero su voz permanecía bastante dulce. El chico sonreía tan pervertidamente haciendo que la chica se sonrojara extremadamente, el tocó su cuello, pero su sonrisa desapareció cuando noto los dos orificios, de colmillos en el cuello de la chica.

-así que tu eres la tal Tammi, de Kanato-kun- dijo arrogante el chico pelirrojo.

La chica se sonrojo aun más, escuchaba la lluvia del exterior, seria todo un reto salir de allí con ese clima, pero primero tenía que idear un plan de cómo salir primero de las garras de su atacante.

-yo no soy de nadie- dijo la chica con su voz inocente y dulce.

-vaya, la perrita tiene dientes- dijo el mirándola a los ojos.

-yo no soy una perra. Dijo la chica ya enojada- yo solo quiero mi mochila- Tammi intentaba salir de los brazos de ese tal pelirrojo, pero su fuerza era mayor.

-hueles extraño- dijo mientras acercó sus colmillo hasta el cuello de la chica, mientras esta cerraba los ojos para sentir esa filosa agonía de colmillos y sangre, que nunca llegó

-Raito, podrías dejar a nuestra visita- dijo otra figura de brazos cruzados usaba lentes, y parecía enfadado.

Y al parecer "Raito" saco sus brazos liberando a la chica.

-¿te podemos ayudar en algo?- dijo el chico de lentes- soy Reiji y el es Raito.

-estoy buscando a kanato-kun- dijo la chica entrecerrando sus lindos ojos.

-¿Tammi?- el recién mencionado apareció detrás de la chica- ¿Por qué… me vienes a buscar?- decía entre alagado y molesto.

-Kanato-kun… yo hem solo quería, ya sabes, mi mochila la que deje junto a… Teddie-

El chico pareció entrecerrar sus ojos morados- estas sonrojada…- dijo como si fuera lo más normal del mundo, mientras que Tammi se sonrojaba aun más- no hagas eso- dijo fríamente- sígueme. Dijo pasando entre sus dos hermanos, la chica sin dudar lo siguió pero sintió un apretón muy fuerte en su muñeca.

-no veremos pronto Perrita- la chica entrecerró lo ojos y siguió a Kanato, que la miraba, algo enojado.

Subieron a las escaleras, de mármol de la gran casa hasta llegar a unos pasillos, alfombrados, habían varias puertas todas del mismo color, la chica apreciaba todo, mientras que su guiador gruñía de vez en cuanto.

-gracias- dijo la chica no sabía por qué pero algo en su interior le decía eso.

-que bien, no eres como la otra- dijo este pero en la mente de Tammi se enredo con lo de la otra, ¿a qué se refería con lo de otra?, pestañeo, con su forma tan extraña de hacerlo, quería preguntar sobre eso, pero decidió mejor no preguntar, y aunque no conocía del todo a Kanato, sabía que se enojaba con facilidad, y eso era algo que no quería. Se toparon con una puerta el peli-morado, entró a la habitación seguido de la chica, era muy amplia, pensó Tammi, y allí a un lado de su cama estaba Hoshi, se dirigía a tomarla, pero sintió como caía en la cama, mientras algo caía sobre ella, la chica desconcertada, parpadeo rápidamente.

-me gustan tus ojos- la chica se sonrojo al extremo y sin aviso el chico puso sus colmillos al otro lado de su cuello, la chica, competía para que sus lagrimas no salieran, le dolía demasiado, sentía la sangre caliente correr por su piel, la chica miró al chico que estaba muy entretenido absorbiendo sus sangre- eres solo mía, que no se te olvide eso- dijo tomando la sangre de la chica.

Mientras ella caía en un gran sueño