Si crías cuervos te sacaran los ojos, a menos que seas un Yato.

La actual capitana caminaba en dirección a sus aposentos para poder finalmente descansar todo lo que ella quería luego de una mañana asquerosa leyendo papeles de trabajos que eran realmente asquerosos ante sus ojos, pero era el tipo de cosas que hacía la organización en la que actualmente trabajaba. Al final de cada trabajo siempre se preguntaba porque no se iba a otro lugar a trabajar pero… ¿quién aceptaría a semejante monstruo?

Aquella habitación de gran ventanal que mostraba el espacio recordaba en la inmensa locura en la que estaba pero prefería callar sus pensamientos y ponerse a dormir de una vez para que cuando llegara él no la molestara tanto como siempre.

Recordó como había llegado ahí, cuando vieron a la mocosa que había terminado con la vida de varios de sus compañeros quisieron netamente matarla pero el hombre a su lado daba más miedo que enfrentarse al Umibozu y al antiguo Rey de la Noche. Ella se encontraba entre los dos mayores para que no se le ocurriera nada loco a ella ni a su bestia interna.

Dio un paso al frente para seguir el camino que seguía el idiota de su hermano pero no le gusto para nada la mirada de desprecio que tenían cada uno de los integrantes de esa organización criminal, bah… como si a ella le gustara estar ahí rodeada de idiotas que no tenían ni la mitad del cerebro que tenía Gin-chan (que si era una escaza cantidad).

Pero uno fue el valiente de decir lo que quería, se acercó a ella tomándola de un mechón de cabello la levanto como si solo fuera un trozo de madera seca de un bosque.

-¿Qué hace esta mujer aquí, capitán?-Ella con arrogancia y la fuerza que le estaba dando su bestia quebró la muñeca fácilmente para bajar.

-Oi yo no estoy feliz de estar aquí y no me trates como si fuera una cucaracha.

Todos se le quedaron viendo con desprecio e impresión por su muestra de valentía, pero ella ni se inmutó y siguió caminando a paso tranquilo con su hermano delante de ella. En su mente se regañaba porque cada segundo que pasaba con Kamui más se parecía a él.

La puerta de la habitación se abrió de repente y ella maldijo a lo bajo por no poder haber conciliado el sueño rápido, apretó sus puños con fuerza e intensidad hasta el momento en que sitió que las uñas traspasaban su piel.

El sucio colchón se hundió al peso de otra persona a su lado, pero no duro tanto tiempo cuando en el mismo lado en el que se encontraba ella llegó a mayor profundidad.

-Eres un grano en el culo, vete a dormir a otro lado.-Murmuró ella con sus labios apretados en la cama.

-No quiero.-Respondió de manera fuerte.

Se acercó al cuello de la chica debajo de él para besarle un poco de carne que estaba a la vista acerco sus boca a ese lugar y al parecer el cuerpo de ella reaccionó de buena forma a su cálido aliento, porque los pequeños bellos se erizaron él sonrió con gracia para proseguir a lo que quería hacer, besó la nuca con ansía y desespero como si no lo hubiera hecho en bastantes años (cosa extraña porque era rutina de tarde y noche).

Continuó pero en otros lugares, se encontraba moviendo el cabello de Kagura a su antojo para dejarle saber que era lo que realmente él quería, pero al parecer a su mujer no le daba ni la menor importancia ya que seguía bajo él tratando de tomar camino a los brazos de Morfeo. De un momento a otro ese deseo de dormir desapareció de su mente para darse vuelta rápido y quedar encima de él mirándolo con deseo y lujuria.

-Eres un muy mal hombre, Bakamui.-Dijo mirándolo con suficiencia para llegar a los labios de él y poseerlos como siempre lo hacía.

Si pensaban que los besos húmedos que repartía el mayor por la nuca de ella eran hambrientos cuando se besaban los labios era una especie de quien come más del otro, ambos jugaban con sus labios tirándoselos o simples mordiscos suaves que algunas veces no había sentido de sutileza y los dejaban sangrando, cosas comunes candentes para ellos. Cuando Kamui se disponía a arrancar el cheongsam del delgado cuerpo frente a él la puerta se volvió a abrir solo que de par en par.

-¡Papá! ¡Mami! ¡Abuto-san dio a Kazuma muuuuuucha comida y creo que gomitaré!-Dijo animosa una cabeza rosa a los pies de la cama.

Kamui en estos momentos estaba maldiciendo por no haber tenido condones aquella vez en la que engendraron a Kazuma pero con tanta credibilidad que su cerebro omitió los gritos de su hijo de tres años por unos segundos pero volvió aparecer ahí.

La joven madre salió de su posición para abrocharse nuevamente el cheongsam y darle una sonrisa a su primogénito que la miraba con admiración, para él su mami era mucho mejor que su papi, porque mami siempre le permitía dormir con ellos.

-Kazu-chan ven aquí y mami te sobará la pancita.-Ella sacó a relucir su tono mimoso de madre para agacharse y quedar unos centímetros más alta que el infante.

-Gasha mami, ti amo.-Murmuró entre risa para abrazar a su madre.

-¡Kazuma a entrenar!-Dijo Kamui severo para tomar de la pequeña trenza a su hijo y caminar.

-Quieto ahí y suelta a mi hijo.-La voz que imponía respeto en ella salió.

-Nuestro hijo.-Corrigió él.

-Suelta a Kazuma, Kamui.-Volvió a amenazar.

-Nunca hacemos eso por culpa del mocoso, soy hombre y necesito de tus encantos de mujer para satisfacerme.

-Te recuerdo que gracias a eso salió esto.-Miró a su pequeño que intentaba zafarse del agarre de su padre.

Él pelirrosa mayor bufó para tomar de un pie a su hijo y cargarlo hasta estar bien lejos de su mami, él mismo le iba a enseñar a su pequeño que en ciertos horarios no debía interrumpir las actividades de papi y mami, aunque le costara debería colocarse los pantalones y enfrentar a los problemas que acechaban en su humilde nave (que de humilde tenía poco y nada). ¿Y quién se imaginara de que un día su pequeño mocoso entrara a la habitación para encontrar a sus padres teniendo relaciones sexuales como los conejos nocturnos que son? No creía en dioses humanos pero rezaba a ellos para que le entregaran la fuerza suficiente para tener la charla con su pequeño de tres años.

Abuto que curiosamente miraba por la puerta hacia el pasillo vio cómo su capitán llevaba a su hijo con una cara seria que nadie se la podría creer mientras que el mocoso jugaba animosamente con el pelo de su padre sin importarle la situación. Por la mente del segundo al mando pasó la edad del mocoso y a lo que haría su capitán porque cara de entrenarlo no tenía.

En una sala vacía los dos cuerpos estaban presentes ambos frente a frente y uno jugaba con sus dedos y el otro pensaba en que decirle a su mini yo.

-Bien… Kazu-kun.-Habló y fue ignorado, una vena se marcó.-Kazu-kun.-Nuevamente, y más sangre.-Kazuma-kun.-¿Tengo que repetirlo?-Kazuma.-…-¡Kazuma mamá está preparando pollo!

Y finalmente su dignidad como padre quedo en las primeras semanas de nacido de Kazuma, o conocido por Kamui: la época en que los hijos respetaban a sus padres. Vamos… él no fue el hijo del año ni su padre tampoco, pero Kamui era mejor padre para Kazuma que en los diez años que había vivido con el Umibōzu incluso Kagura se lo había dicho y si Kagura se lo dijo era porque era mucho mejor padre.

-Kazuma tengo que hablar contigo un tema de padre a hijo.

-¿Tradiciones de can?-Preguntó confiado.

-No, algo más terrenal.-Tomó aire suficiente y soltó.-Veras… cuando los papás se aman mucho el papá le da muchos besos a la mamá y ella también lo hace, entonces cuando ya llegan a un punto máximo cuando los besos ya no los satisfacen… eh… cómo te lo explico… como cuando ya no te sientes bien golpeando, así; bien ahí ellos comienzan a tocarse, luego de un rato el papá penetra con su pene a la mamá, y bueno… eso es en resumen, eso es lo que hacemos con mami cuando estamos solos así que no queremos que te… eh… ¿quedes impactado? Sí eso, así que tienes que tocar la puerta y si no te responden irte.

-Mami ya me había contado como se hacen los bebés.-Respondió infantilmente.

Los ojos de Kamui estaban desorbitados, sus puños temblaba, sus ojos cerrados por la impaciencia, y que decir de su sonrisa fingida.

-Kazuma tápate los oídos.-Le dijo gentil, a lo que él niño obedeció en la acción.-¡IMOUTO-CHAN!

Y Desde ese día Kazuma no entró en la habitación de sus padres sin llamar, Kamui no veía a su hijo como un niño desentendido y Kagura no tenía más secretos con su hijo ya que su "esposo" se le zafaban las cosas. Por eso, si crías cuervos te sacaran los ojos a menos que seas un Yato, pero al más fuerte de ellos no le resultó este dicho.


Bien, ustedes querían continuaciones ¡AQUÍ TIENEN UNA! Y la vengo pensando desde ayer y luego de tres borradores a mano y cinco archivos borrados en mi pc tenemos el resultado de un bonito y "chistoso" fanfic. No es algo común en mi que escriba algo tan ¿entretenido? (al menos me reí escribiéndolo) ¿dinámico? Porque suelo escribir angustiosos o dolorosos así que como siempre no se acostumbren a las cosas que yo se que son raras en mí. Bien espero que lo disfruten tanto como yo y puedan reír un poco con Kazuma.

MINI HISTORIA DE MADDO-SAN.

-bajo, bajo, bajo por página de nombres-

¿Qué nombre debe ser para el hijo de Kamui y Kagura? Debe ser con Ka... pero -Aparece el nombre "Kamui" y dos más abajo Kazuma"- No tiene el mismo Kanji... pero meh... hablamos español y no me pondré a ver la escritura.

Fin.

El dicho que use para el título es un dicho muuuuuuuy común en mi país solo que es así: "Cría cuervos y te sacaran los ojos" y significa (para quién no entendió) que uno recibe lo que cosecha. (sí lo hice con otro y fin)

Hasta la próxima.