Hola, hola... Lo sé, han pasado meses, soy terrible y un desastre.. Pero ahora que mi cabeza y ocupaciones están más calmadas pude ocuparme en el capítulo, acabar de escribir y editar algunas partes y heló aquí, éste cap va dedicado a las chicas de Círculo Mercenario que me dan mucho apoyo, las amo chicas y este fics para el reto Vitamina C continuara hasta acabar, lo prometo, bien.. Sin más, a leer.

Aclaración: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son de Rumiko Takahashi, la historia en cambio es mía...


Se sintió mareada y cansada, abrió los ojos pesadamente y de forma lenta comenzó mirar el lugar donde se encontraba.

— ¿Qué..? — Podía ver el blanco techo sobre ella, también sentía que estaba recostada sobre algo suave y que la cubría lo que reconoció como cálidas sabanas y mantas, lo que fue un alivió pues este invierno era en verdad frío.

— Despertaste — Oyó una voz masculina, parpadeó varias veces y giró su cabeza hacia él, identificando a un hombre alto y atractivo, ¿Quién sería?

Bankotsu suspiro al verla, las drogas aún la mantenían mareada, pero al menos ya era consciente de lo que pasaba a su alrededor.

— Quédate tranquila, ya estas a salvo — Le sonrió al estar parado junto a la cama donde ella se encontraba, obviamente no tenia ropa de mujer en su departamento, y aquellos miserables se la habían entregado solo con una fina bata de dormir que apenas la cubría, y solo por ser él quien la comprara le dieron ese privilegio, por eso tuvo que ponerle ropa suya que sobre su pequeño cuerpo se veía enorme, pero serviría hasta que le comprara ropa nueva, por estos momentos se quedaría con su pijama verde.

— Muchas gracias — Miró a quien pensaba era su salvador. — Usted me salvo de esos hombres, ¿Verdad? — Lo miró atentamente.

El moreno parpadeó de forma rápida, repasando lo que dijo. — Sí.. Algo así —Sonrió levemente, a pesar de que sabia que no era del todo cierto, ya que la había comprado, aunque sí, fue una manera de salvarla de algún otro degenerado que la quisiera comprar también.

— Muchas gracias — Repitió y sonrió un poco. — Hizo eso por mi a pesar de que soy una extraña, es usted muy buena persona — Dijo con voz suave.

— "¿Una extraña?" — Frunció el ceño, más se convenció de que no lo había reconocido por lo confundida que estaba y por el efecto de las drogas que seguía débilmente en su cuerpo.

— ¡Ah!.. Es verdad.. — Se levantó bruscamente de la cama, apartando las cálidas mantas y a causa del mareo se precipitó hacia el suelo.

Bankotsu la atrapó en sus brazos de un movimiento rápido, impidiendo que cayera y apretándola contra su cuerpo. — ¡Tonta!, no te muevas así de brusca, aun estas bajo efectos de drogas que te aplicaron al cuerpo — Explicó y miró cuando ella alzo su rostro hacia él.

— Mi primo.. Onigumo.. Él estaba conmigo en el momento que nos atacaron esos hombres — Se la veía notablemente preocupada.

Bankotsu suspiro y la tomó de los hombros, sentándola en la cama, ¿Cómo le diría de forma "suave" que su primo era una escoria de lo peor?

— Por favor, tiene que ayudarlo a él también — La mirada suplicante de a quien él sabia era una niña muy inocente a pesar de su edad lo hizo sentir algo de pena, un sentimiento extraño para él, la miro a los ojos con seriedad.

— Eso no pasará — Miró su confundido rostro y decidió continuar. — Kagome, tu primo; Onigumo Aimaina, es un estafador profesional y trabaja para los Yakuza que se encargan del tráfico de personas, él te vendió en la subasta para cubrir una deuda — Explicó con aire serio y calmado.

Kagome guardo silencio por unos minutos, tratando de entender lo que aquel hombre acababa de decirle. ¿Su primo? ¿Un estafador? ¿Un trabajador de algo tan bajo como el tráfico humano?; ¡Imposible!, y más imposible aún que la haya vendido a ella, a su familia.

— ¡Esta mintiendo! — Se levantó exaltada de la cama, sin importarle el dolor de cabeza o el mareo.

El moreno la miro con completa calma, otro sentimiento que raramente se presentaba en él, aun así soltó un suspiro y trato de darse paciencia.

— Tienes que aceptarlo, él te vendió, ¿Sabes por qué?; porque compró una mujer con dinero que no tenía — Dijo mirándola fijamente. — Y para cubrir el pago que costaba esa mujer te entregó a ti, seguramente porque eras su mejor opción — Dijo con voz dura, le molestaba y le daba celos que ella recordara a la escoria de Onigumo y que se preocupara por éste mismo, en cuanto él; sólo era un desconocido. Eso le molestaba y mucho.

La niña de cabellos azabaches apretó los dientes molesta, negándose a creer en lo que ese hombre decía.

— ¡Él no haría eso!, somos familia, usted esta mintiendo o quizás esta confundido — Lo miró con algunas lágrimas empañando sus ojos. — Tengo que ir a salvarlo, debe estar en peligro — Caminó unos pasos pero no llego muy lejos.

Apretó los dientes y endureció su rostro, claramente molesto, la tomó de los hombros con brusquedad y apretó los mismos, haciendo que ella soltara un quejido leve.

— Kagome, estoy tratando de ser paciente contigo, pero sería genial que pusieras de tu parte — Dijo con voz dura, tratando de advertirle que su poca paciencia se estaba yendo.

— Usted.. ¿Cómo sabe mi nombre?.. ¿Esos hombres se lo dijeron? — Preguntó su reciente curiosidad al notar ser nombrada por él más de una vez.

— No — Respondió secamente, estaba confirmado; Kagome no lo recordaba, ¡Ella no lo recordaba!. — "No me recuerda, pero si recuerda perfectamente en ir a salvar a esa basura" — Apretó los dietes y el agarre en sus hombros.

— M-me lastima — Dijo incómoda, queriendo soltarse de él, ese hombre si que tenia fuerza. — Por favor.. Tengo que ir a ayudarlo.. Él es mi primo, ¡No lo puedo dejar solo! — Comenzó a moverse de forma desesperada para librarse de su fuerte agarre.

— Basta, si vas haya será en vano, ¡El bastardo se largo! ¡¿Entiendes?! — En ese instante, la chica libero uno de sus brazos con fuerza que no supo de donde sacó y lo abofeteó, se quedó inmóvil, ninguna mujer se había atrevido ni a intentar golpearlo jamás, y esta niña..

— ¡Cállate! ¡Tú no sabes nada! ¡Sólo eres un desconocido! — Alzó la voz mientras algunas lágrimas bajaban por sus mejillas suaves.

Otro quejido femenino se oyó en la amplia habitación. Bankotsu la arrojó a la cama y se puso sobre ella, rompiendo los botones de la camisa que formaba el pijama al abrir el mismo con fuerza excesiva. Kagome lo miró con confusión y temor al ver su rostro frío y amenazante.

— Me parece que no has entendido tu posición, mocosa, yo te compré, me perteneces por completo y me debes respetar — Dijo con su dura voz masculina mientras retiraba por completo la camisa de la pijama y seguía con la parte de abajo.

— ¿Qué.. Hace? — Intentó salir de debajo de él pero le fue imposible, aquel hombre no se lo permitió, además de que ella tenía aún mareo y sentía que las fuerzas la dejaban y ya no estaban, y aunque las tuviera jamás se lo podría quitar de encima.

— No seas inocente.. — Sonrió, estaba molesto y mucho, pero eso no le impediría disfrutar de ella y enseñarle quien mandaba aquí al mismo tiempo.

Le quitó la ropa completamente y la tiró aun lado, se relamió los labios al mirar su bello y apetecible cuerpo.

— N-no.. No me vea así.. — La chica intento cubrir su desnudes inútilmente con sus brazos, se sentía sumamente avergonzada de la situación en la que estaba. — Por.. Favor — El nerviosismo se reflejaba en su expresivo rostro sonrojado y su voz temblorosa.

— Jajaja.. Calma — Llevó sus manos a los brazos que apenas cubrían un poco de su cuerpo y los apartó al abrirlos, la chica dejó sus brazos caer a los lados de su cuerpo, se sentía sin fuerzas, débil. Bankotsu sonrió triunfante y atrapó uno de sus medianos senos entre sus dedos, apretándolo un poco. — Eres virgen, ¿No?, entonces no te preocupes, seré amable contigo — Con su mano libre abrió sus piernas.

— N-no.. — Comenzó a moverse de forma insistente, estaba asustada, nerviosa y con sensaciones extrañas en todo su cuerpo, pues no sólo lo sentía débil, era algo más que no reconocía.

Bankotsu sonrió arrogante, mirándola con deseo. — ¿Te gusta? — Llevó su mano hasta su intimidad y la roso con los dedos, sintiéndola tensarse de inmediato.

— No.. Ya basta — Siguió removiéndose y algunas lágrimas empañaron sus ojos.

Bankotsu ignoró sus palabras y comenzó a acariciar su intimidad, pasando sus dedos entre sus labios vaginales, los cuales comenzaban a humedecerse lentamente.

— ¡No!.. No toque ahí — Llevó sus manos hacia la de él para detenerlo, más el moreno fue más rápido y atrapó ambas de sus muñecas, aprisionando las mismas por encima de su cabeza con una sola mano.

— Quieta — Dijo con voz demandante y apretó sus pequeñas muñecas, haciendo que se quejara de dolor.

Kagome miró el techo con sus ojos llorosos, ¿Por qué tenia que pasarle esto a ella? ¿Qué había hecho de malo?, sintió ese hombre tocándola, recorriendo su cuerpo con sus grandes y cálidas manos, haciéndola sentir extraña y avergonzada, intentaba librarse al moverse pero solo lograba que sus muñecas dolieran más, soltó más lágrimas por eso.

— Por favor.. Pare — Suplicó al sentir que comenzaba a lamer sus senos mientras pasaba de forma insistente sus dedos por entre sus labios íntimos y presionaba su clítoris, eso le incomodaba por las raras sensaciones que le causaba, le parecía incorrecto.

— ¿Cómo me pides que pare si estas tan húmeda? — La miró de forma arrogante mientras alzaba el rostro y su mano con los dedos húmedos de su esencia, los cuales se llevo a la boca y los lamió.

La joven miró confusa esta acción, sintiéndose más avergonzada aún, ¿Acaso este hombre era un depravado que se quería aprovechar de ella?. Oír su risa burlona y arrogante le confirmó sus dudas.

— Kagome.. ¿En verdad eres así de inocente o finges para seducirme? — Preguntó con voz calma mientras introducía un dedo en su intimidad.

— ¡Agh! — Gimió de sorpresa al sentirlo. — N-no.. Sácalo.. — Dejó caer más lágrimas al sentir que sufría un ultraje a su integridad física.

Bankotsu sonrió de lado, soltó sus muñecas y movió un poco el dedo en su interior, sintiendo su estrechez, tomó su rostro con su mano ahora libre y se acercó al mismo, tomando sus labios en un beso algo brusco.

— "Tengo miedo.." — Pensó mirando a ese hombre con los ojos entrecerrados. — "Ni siquiera sé su nombre" — Se sintió mal, pues de alguna forma comenzaba a sentirse bien sus caricias, le gustaba y asustaba al mismo tiempo.

— "Haré que me recuerdes.. Aunque sea a la fuerza" — Pensó decidido, mordiendo su labio inferior, apretó con algo de fuerza hasta que abrió la boca y aprovechó, introduciendo su lengua en su pequeña cavidad bucal y recorriéndola con intensidad. Al sentir que ella se quedaba sin aire la liberó del apasionado beso, deshaciendo el enredo de su apasionada lengua con la de ella que intentaba alejarlo y así lo hizo, pero solo para mirarla y reír.

Mantuvo su sonrisa ladina mientras disfrutaba viendo su tierno rostro. Simplemente le encantaba ver sus mejillas rojas por la vergüenza, sus ojos cristalinos y llorosos además de su rostro confundido y temeroso, le parecía simplemente hermosa, oír sus jadeos y quejas le divertían un poco ya que parecía una niña gimoteando, pero le encantó oír un leve gemido de su parte, no de dolor, sino de placer y lo reconoció bien. Comenzó a lamer y morder sus bancos pechos de nuevo, primero atendió uno, succionando el pequeño botón rosado y mordiéndolo suavemente, mientras con su mano libre se quitaba la corbata. Oyó complacido sus jadeos y gemidos, luego de probar a placer el dulce sabor de la piel de sus pechos se alzo, mirando de nuevo su rostro mientras metía un segundo dígito en su interior, comenzando a moverlos, metiendo y sacando los mismo en repetidas veces mientras su pulgar estimulaba su ya sensible clítoris.

— Y-ya.. Basta.. — Dijo apenas entre fuertes jadeos y suspiros. — ¡Para! — Sintió que más lágrimas salían de sus ojos, apenas y podía hablar entre su respiración y sus jadeos.

— Puedo ver que lo disfrutas — Sacó los dedos de su húmeda entrada y los lamió de nuevo, tomando ahora su corbata que se había quitado y tomando sus manos, amarrando sus muñecas con la prenda, abrió más sus piernas y acercó su rostro hacia entre sus muslos.

— ¿Qu-qué..? — Miró confundida su acción. Por instinto intentó cerrar sus piernas, pero él las mantenía abiertas al usar sus manos. — O-oye.. — Intentó cerrarlas de nuevo pero apenas y pudo moverlas por la poca fuerza que tenía.

— Calma, te gustará — Dijo al sonreír, mirando su intimidad atentamente y con deseo.

Kagome se tensó y tembló un poco al sentir la escurridiza lengua de él lamiendo entre sus labios íntimos.

— ¡N-no! ¡Detente! — Se quejó, eso era más extraño y vergonzoso aún.

Bankotsu ignoró sus palabras y lamió su intimidad de forma intensa, sujetando sus muslos con algo de fuerza para mantenerlos abiertos mientras disfrutaba de su dulce sabor.

— "No es.. Normal.." — Pensó mientras apretaba los dientes para ya no dejar salir algún sonido vergonzoso, jamás se había sentido así antes y mucho menos pensó que alguna vez un hombre fuera a hacerle algo como eso. — "Pero esta pasando.." — Entrecerró sus ojos, creía que estaba absolutamente mal que algo como esto le estuviera pasando.

Bankotsu lamió con deleite su intimidad, introduciendo su lengua en su interior y oyendo sus suaves gemidos y jadeos, jamás había experimentado algo así con ninguna otra mujer, Kagome era tan dulce y pura, aún le sorprendía lo inocente que era, pero no pensaba detenerse por nada del mundo hasta hacerla completamente suya.

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— Uuh.. ¿Y esa cara de asesino serial? — Preguntó divertido el muchacho afeminado al ver a su mejor amigo y casi hermano en ese estado de humor.

— Calla Jakotsu, no tengo humor para tus idioteces — Dijo fastidiado mientras se apoyaba en su cómoda silla frente al escritorio caoba de su oficina.

— ¿Mala noche? — Cuestionó sonriendo al sentarse sobre el otro lado del escritorio.

— Pésima — Contestó al suspirar y mirar el techo.

Había sido una de las peores noches de su vida, se sentía un idiota y un degenerado, antes no le hubiera importado admitirlo y hasta lo habría dicho con gracia, pero se trataba de Kagome con quien lo había sido y eso era más que un pecado, porque Kagome era un ángel en todos los sentidos, un ángel al que él le quería cortar las alas. Es cómo si él fuera un demonio sediento de sangre y ese pequeño ángel se hubiera cruzado en su camino para saciar su sed, caminando como la inocente presa que era y sin notar que su depredaron la podría devorar en cualquier momento. Le frustraba recordar como había acabado la noche anterior.

FlashBack::

Se alzó de entre sus muslos con una sonrisa de satisfacción, relamiéndose los labios y mirándola fijamente, su rostro sonrojado y con algunas lágrimas empañando sus ojos, con un rostro que era una mezcla de sentimientos y con los labios entreabiertos, soltando suspiros y jadeando por el cansancio.

— "Hermosa" — Pensó con una mirada dulce, ella lo miró e hizo lo que supuso él se le vino a la mente primero y fue cubrirse el rostro con sus manos que seguían amarradas con la corbata. Río levemente ante su infantil acción, alzó sus muñecas por sobre su cabeza al sostenerlas de la cinta de la corbata. — Trata de relajarte — Susurró mientras desabrochaba su pantalón y dejaba salir su ya excitado miembro, el cual se alzaba duro y grande, listo para entrar en ella.

Notó como ella bajaba la mirada por su cuerpo hasta llegar a su miembro el cual parecía ver con temor. Sonrió divertido ante esto.

— Calma — Tomó su miembro y lo acercó a su entrada, rozando la punta con tras los labios íntimos de ella y sintiendo como la chica se estremecía levemente. — Te dolerá un poco — Con calma, comenzando a introducir su miembro en su apretada entrada, suspiró, sólo había entrado la punta y estaba totalmente ansioso, podía sentir como ella arqueó la espalda y ahogó un gemido entre sus jadeos. Miró su rostro que ahora tenia un sentimiento definido; sufrimiento, con sus mejillas llenas de lágrimas y su boca abierta, tratando de dejar salir su ahogado gemido de dolor. Fue cuando su mente hizo un "click" y sintió que su conciencia se despertaba.

— "¿Qué estoy haciendo?" — Pensó entrecerrando sus ojos, mirando los de ella y oyendo los leves sonidos que dejaba ir, que eran como agudos gemidos. — Kagome — Susurró y la abrazó, apoyando su frente contra la de ella, viendo como la chica cerraba los ojos y soltaba un par de sollozos. Salió de su interior, no había alcanzado a romper su dulce himen, y agradeció por ello, pues quizás no hubiera podido detenerse y habría sido peor.

Luego de unos momentos se levantó, acomodando su ropa y cubriendo el cuerpo de Kagome con las sábanas, la cual se había abrazado así misma y se había colocado en posición fetal, tenia algunas marcas en su suave piel las cuales tomaban un color morado.

— "Su piel es demasiado delicada.." — Pensó afligido, apartándose luego de cubrirla.

— Po-por favor.. — La oyó susurrar. — Deje que me vaya.. — Frunció el ceño ante sus palabras y cerró los ojos, intentando calmarse, entendía que ella querría alejarse de él luego de esto, pero no podía evitar sentirse furioso, ¿Por qué ella no lo recordaba?, no entendía eso, y él que durante estos años se había alejado para esperar a que se independizara y pudiera estar a su lado sin peligros, se sentía un idiota.

— Claro.. — Sonrió y la miró de lado. — No tengo problemas en que te vayas, siempre y cuando me pagues lo que gaste en comprarte — Dijo con su porte arrogante, no sabia porque le decía todo esto, pero sentía temor de que se fuera, de estar solo de nuevo.

— ¿Qu-qué..? — Preguntó ella con incredulidad.

— Lo que oíste, pagué Cien millones de yenes por ti — Miró atentamente su rostro, viendo cómo ella se levantaba de la cama, arrodillándose en la misma y mirándola mientras se cubría con las sábanas. — Además de las molestias que gaste por pagar en efectivo, tómalo como unos intereses extras que lo resumiríamos a unos cinco millones de yenes — Sabia que lo que hacia era de lo más despiadado, pero solo quería que ella se quedara. — Ah, casi lo olvido.. Tu adorado primito que trabajaba para mi y me convenció de invertir en el "hermoso" negocio del tráfico humano me estafó, ¿Sabes?, rompió una de mis cuentas en el banco y me robó cincuenta millones, supongo que querrás salvarlo de que vaya a cazarlo y le saque de los órganos lo que me robó, así que tu deuda aumenta además de otros cinco millones por los problemas en el banco que me causo como intereses extra, así que tu deuda queda en una totalidad de… — No pudo terminar al ser interrumpido.

— Ciento sesenta millones de yenes.. — Susurró ella mirando hacia abajo. — Imposible.. — Susurró afligida y desesperada, obviamente no tenia esa cantidad ni formas de recaudarla, supuso que se sentiría acorralada.

— Pero no te preocupes —Se acercó a ella y le alzó el rostro al llevar una mano a su mentón. — Yo te daré un buen trabajo con el que podrás pagar tu deuda — Miró su rostro confundido e incrédulo y por alguna razón le generó algo de ternura.

— ¿Un.. Trabajo..? — Cuestionó ella con su voz suave.

— Así es — La miró fijamente a los ojos. — Te pagaré diez mil yenes por cada beso que des.. — Comenzó, sonriendo tranquila y arrogantemente. — Pero serán veinte mil si me besas de forma mas apasionada. Treinta mil yenes por cada vez que te muestrea con muy poca ropa frente a mi , pero debes ser muy amable conmigo, y también.. — Sonrió al ver su expresión desconcertada. — Te pagaré cien mil yenes por cada vez que te acuestes conmigo, claro, para hacer el amor — Dijo viendo ahora una expresión de temor. — Sólo de esa forma pagarás tu deuda y podrás irte — Fue lo último que le dijo antes de levantarse y salir de la habitación, dejando allí sola a la muchacha.

Fin del Flashback::

— Hermano — La voz de su contrario llamo la atención del moreno. — Hoy estas más distraído de lo normal y dudo que haya sido porque te pasaste de tragos anoche y alguna puta intento seducirte — Lo miró de forma atenta el joven afeminado.

— Jakotsu — Lo nombró y miró el techo de su oficina. — ¿Es bueno amarrar a una persona a ti en contra de su voluntad? — Preguntó de pronto.

— ¿Hablas de un secuestro? — Le devolvió la pregunta, mirándolo más que interesado.

— No idiota, bueno, es algo parecido — Suspiró pesadamente. — Digamos que quieres mucho a una persona pero ella no tiene idea de quien eres o más bien; no te recuerda, y para protegerla debes mantenerla aferrada a ti, tú eres una buena persona que solo la quiere ayudar pero aun así la otra persona se niega y quiere huir de ti, ¿Qué debe hacerse? — Preguntó pensativo aun con la mirada en lo alto.

Jakotsu guardo silencio unos momentos al estar algo mareado por todo ese palabrerío, ¿Acaso su amigo hablaba de sí mismo?, le pareció imposible, pues los conceptos de "Buena persona" y el querer "ayudar" no encajaban del todo con Bankotsu, pues sabia lo cruel y despiadado que podía llegar a ser y pocas veces lo había visto siendo "amable" y casi no las recordaba. Se encogió de hombros y se decidió a contestar.

— Pues, de ser yo, le daba una buena lección a esa "persona" y lo dejaba encerrado, después de todo es por su bien, ¿No? — Se encogió de hombros desinteresado y miró por el gran ventanal que daba a la ciudad desde esa oficina.

— Mm.. Lo tendré en mente — Bajó la mirada del techo y se dispuso a trabajar.

— Dime, ¿A qué vino esa pregunta? — Apoyó su rostro entre sus manos y sus codos en el escritorio para sostener las anteriores.

— Eso no es asunto tuyo — Dijo cortante mientras encendía su computadora.

— ¡Que malo eres! — Hizo un puchero de lo más infantil, siendo ignorado olímpicamente por el hombre de ojos azules.

Bankotsu trabajó de forma eficiente como todos los días, estando pensativo pero atento, después de todo su compañía de publicidad no era cualquier cosa, era una de las más importantes de Japón y del mundo también, no por algo tenía esa impresionante fortuna de la cual era el único beneficiario, su hermano no contaba, era su hermano sí, pero jamás había podido confiar en Renkotsu, por algo su padre lo había desheredado, trabajaba con él en su empresa y le iba bien, pero jamás se gano su confianza, no como Jakotsu, que si bien no era su hermano de sangre lo apreciaba mucho, aunque no lo dijera, y si tuviera que poner las manos en el fuego por él no lo dudaría ni un segundo.

La tarde pasó volando para el joven Shichinintai, además de que había decidido regresar temprano a su departamento, pues había dejado sola a Kagome y debía cerciorarse de que no haya escapado o de que estuviera bien. Mientras conducía miraba pensativo el camino. ¿Qué iba a decirle cuando la viera? ¿Cómo reaccionaría ella al verlo luego de lo que pasó anoche?, suspiró y trató de relajar su mente, esta niña lo estaba enloqueciendo, ¿Desde cuando se cuestionaba tanto?, las cosas pasarían como tenían que pasar y punto.

Aparcó su auto en la zona del estacionamiento bajo techo del gran edificio departamental y se dirigió al ascensor con aire arrogante y determinado, típico de él.

Por suerte no se cruzó con nadie en el ascensor, no estaba de humor para las habladurías de los vecinos, la verdad jamás lo estaba, así que sin ninguna parada del ascensor al éste no ser solicitado llegó directamente a su apartamento que ocupaba todo el quinto piso, bajó del ascensor y caminó por el pasillo hasta la puerta que daba al interior de su "hogar", al entrar miró hacia todos lados, sin notar nada fuera de lo común.

— ¡Kagome! — La llamó alzando la voz y entonces oyó un ruido que venía de la cocina, cómo de algún cristal rompiéndose. Apresuró el paso rápidamente hacia allí, encontrando a la chica junto al fregadero y un vaso roto frente a ella. — No te muevas de allí — Dijo rápidamente al notar que estaba descalza y con la pijama que le había dado la noche anterior al la otra quedar dañada.

— L-lo siento.. Enseguida lo limpiaré — Se inclinó frente a los cristales para comenzar a juntarlos con sus manos.

— Espera, vas a… — No pudo acabar al oír un pequeño quejido por parte de ella. — .. Cortarte — Acabó y suspiró, acercándose e inclinándose junto a la chica. — Deja que te ayudo — La chica lo observó y al verlo demasiado cerca se levantó de inmediato, retrocediendo hacía atrás unos cuantos pasos hasta que su cintura chocó con un almacén en ese rincón.

— No.. No es nada — La azabache tomó su mano que tenia uno de sus dedos heridos entre la otra y se mantuvo con la mirada baja luego de decir esto.

Bankotsu la miró algo desconcertado, luego entendió su rechazo: ella le tenía miedo y con mucha razón. Se levantó del suelo olvidando los vidrios y se acercó a ella, acorralándola contra aquel mueble al poner sus manos a cada lado de su cintura y colocarlas sobre los bordes del almacén, mirándola fijamente, sintió como se tensaba aun más y cerraba los ojos.

— Kagome — Susurró. — No te haré daño, déjame ver — Pidió con voz suave, entendía que debía ser más delicado con ella.

— No es necesario — Dijo ella al abrir los ojos y verlo con inseguridad.

— Sí lo es, anda, muéstrame — Tomó de forma delicada la muñeca de la mano que ella cubría y se obligó a tener paciencia.

Kagome apretó los labios y alzó su mano y su dedo herido un poco, mostrando la pequeña cortada en esté último y la sangre que comenzaba a salir, lo miró en espera de alguna acción de su parte.

El moreno miró atentamente la pequeña cortada de aquel dedo índice y sin pensarlo mucho alzó mas la mano al aun sostener su muñeca y atrapó aquel pequeño dedo entre sus labios, introduciéndolo en su boca y lamiendo y succionando la herida, sintiendo el metálico sabor de la sangre y notando como la joven se tensaba más e intentaba apartar su mano, más no lo logró hasta que el mismo la soltó, ella volvió a cubrir su mano con la contraria y bajo nuevamente la mirada con un sonrojo en sus mejillas.

Se mantuvieron de esa forma por eternos segundos hasta que un ruido rompió el incómodo silencio, era el estómago de Kagome que rugía exigiendo alimento.

— ¿Comiste mientras no estaba? — La miró atento, pero la chica guardó silencio y se mantuvo con la mirada baja en una clara respuesta. — ¡Maldición Kagome!, el refrigerador y la despensa están llenos, ¿Por qué no tomaste algo? — Frunció el ceño.

— Po-porque esta no es mi casa y-y esa comida no es mía — Contestó de forma entrecortada y con nerviosismo.

— ¿O sea que estuviste sin alimentarte durante todo el día? — Al ella sólo asentir levemente con la cabeza inhaló y exhaló el aire de forma algo ruidosa para calmarse un poco, eran las nueve quince de la noche y esa niña tonta no había comido nada, le podría hacer daño. — Bien, comerás de inmediato y no te quiero oír chistar — Dijo serio y luego notó que el cuerpo de la azabache temblaba levemente y que sus mejillas sonrojadas se estaban poniendo más rojas de lo común. — ¿Qué pasa? — Llevó su mano a la frente de la chica para medir su temperatura. — Kagome.. — Frunció más su ceño de ser posible. — ¡Tienes fiebre tonta! — La cargó de inmediato en sus brazos y caminó hasta la escalera, subiendo algo apresurado para luego de recorrer el pasillo llegar a su habitación y recostarla en la cama, cubriéndola con las mantas y pareciendo notablemente preocupado.

— Quédate aquí, conseguiré alguna medicina y te prepararé algo de comer — Caminó de forma rápida a la puerta que se mantenía abierta para salir e ir hacia las escaleras.

— Creo que exageró un poco.. — Susurró al mirar por donde desapareció aquel hombre. — "Es verdad.. Aun no me a dicho su nombre" — Pensó mirando el techo pensativa.

Bankotsu prácticamente corrió hacia la sala para tomar el teléfono y marcarle al servicio de portería del edificio, quizás ellos tendrían medicina para la fiebre, él no tenia eso en su casa ya que nunca se enfermaba, pero ahora si que las necesitaba y con urgencia.

— Sí, se lo agradezco… — Agradeció luego de unos momentos de hablar con el portero. — Por favor dese prisa — Dijo esto último y cortó la llamada sin esperar respuesta, dirigiéndose ahora a la cocina. — "Quizás una sopa bien cargada le haga bien" — Pensó al desajustarse la corbata y quitarse el saco, tirándolo aún lado mientras doblaba las mangas de su camisa hasta los codos para ponerse manos a la obra.

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— ¿Ya lo tenemos? — Le dio una larga calada a su cigarrillo mientras miraba hacia el exterior a través de ese gran ventanal que le ofrecía la maravillosa visión de la gran cuidad de Tokyo.

— Sí señor, lo atrapamos en Kyoto, intentaba huir tomando un microbús — Informó su lacayo, aun sin verlo sabia que él lo observaba de forma atenta. — En unas pocas horas lo tendrá aquí —.

— Mph — Sonrió torcidamente, sus ojos de un inusual color rojizo se mantuvieron fijos a las luces y movimientos de la ciudad. — "Pronto estarán de regreso.. Mis niñas" —.

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Entró en la habitación con una bandeja mediana y rectangular en sus manos, la cual tenia patas de soporte abajo para poder apoyarla, ya había pasado media hora desde que la recostó en esa cama y había hecho todo lo posible para acabar todo rápido.

— Kagome — La llamó mientras se acercaba a la cama.

La nombrada lo miró al mantener su vista fija en el techo, saliendo de su ensimismamiento y prestándole atención a aquel hombre que se acercaba a ella.

Se sentó al borde de la cama y puso la bandeja en las piernas de la chica, tomó un pequeño frasco de allí y lo abrió.

— Éste jarabe es muy bueno según el portero, espero que te haga bien — Dijo su voz masculina mientras vertía la cantidad indicada por las instrucciones en la tapa que era para medir el contenido y lo acercó a los labios de la chica, no era común para él hacer este tipo de cosas, pero con Kagome era diferente y eso era obvio, pues sentía que era lo menos que podía hacer por esa chiquilla.

La misma chiquilla lo miró sorprendida, no esperaba estas atenciones y menos de parte de él, había olvidado cuando fue la última vez que alguien cuidó de ella de esta forma afable, se sintió dichosa por unos momentos, así que abrió sus labios y bebió el jarabe sin objeciones, manteniéndose en silencio.

— Bien — Sonrió al verla tomar la cantidad de la medicina que le ofrecía, volvió a tapar el frasco. — También conseguí esto — Tomó una caja pequeña con banditas en su interior para la cortada de su dedo, estaba seguro que si alguno de sus empleados o su hermano, y si hasta el mismo Jakotsu lo vieran siendo de esta forma con la chica estarían con la boca abierta por el asombro, pero poco importaba eso ahora. Tomó una de las banditas del interior de la caja y tomó la mano derecha de la pelinegra, encontrando el dedo herido y colocando con cuidado allí la bandita, sacando los plásticos que cubrían la pegatina que se adheriría levemente a su piel mientras la colocaba y enrollaba alrededor de su dedo.

Kagome miró sus manos de forma atenta. — También te cortaste — Susurró al ver una cortada en el costado de su pulgar izquierdo.

— Ah, descuida, solo fue un pequeño accidente mientras cocinaba — Sonrió despreocupado, viendo las siguientes acciones de la joven, la cual una vez vio liberada su mano derecha tomó la caja y sacó otra bandita, sujetando la mano de él y rodeando con la pequeña bandita la cortada, dejando ajustada la pegatina y sonrió levemente.

— O-oye… — Lo llamó la chica con la mirada baja. — Tú… No me has dicho.. Tu nombre — A pesar de todo lo que había pasado quería saberlo, pues ahora se estaba portando como una buena persona y aunque estuviera pensando que tuviera segunda personalidad quizás… La razón fuera otra y una que quizás fuera agradable.

El moreno la miró atentamente, guardando silencio por unos momentos y pensando. Esa chica seguía tan rara y hermosa como cuando la conoció e inconscientemente el recuerdo de una torpe y dulce colegiala le vino a la cabeza, arrebatándole un suspiro, pues sabia que su tierna colegiala seguía allí, solo tenia que hacerla recordarlo.

— Soy Bankotsu, mocosa bonita.. — Dijo con una sonrisa arrogante, tal como se presentó hace ya algunos años, viendo atentamente su próxima reacción, quería saber si al menos generaba algún sentimiento en ella… Algún recuerdo de ese día que cambió su vida para siempre.

Continuará…


Y aquí concluimos el capítulo de hoy xd, espero que les haya gustado y aunque sé que no compensa tantos meses de inactividad al menos que de algo sirva jajaja, bien, agradezco comentarios a:

~rogue85~ ~simazame~ ~Luz Lozano~ ~Tsukihime28~ ~ ~ ~Angeel O~ ~Sichel~ ~frangarrido 1993~ ~Yumaika Higurashi~

Les agradezco mucho su opinión y les digo que pondré todo mi empeño para que el próximo cap esté lo más pronto posible, y sin más me despido, ¡Sayonara y nos leemos pronto!, besos.

KW